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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Mujeres frente a la barbarie

La manifestación de Gijón, justo antes de su salida de la plaza del Humedal. / DAMIÁN ARIENZA

Las matan, las maltratan, las humillan, las esclavizan sexualmente, tienen que sufrir una brecha salarial de la que hablan los datos… Ante semejante estado de cosas que no cesa, los matices hay que dejarlos en el perchero y apoyar, activa y presencialmente, todas aquellas iniciativas que se alzan contra semejante barbarie. Acaso por eso, los clamores del pasado 8 de marzo en las calles de las principales ciudades del país fueron tan unánimes y masivos.

No, no vale apartarse o ponerse al margen, ante una realidad que habla de mujeres continuamente asesinadas en sus domicilios o en las calles. No, no vale considerar inevitable la esclavitud sexual que sufren muchas mujeres. No, no vale dejar en las omnipotentes manos del dios de los mercados la injusticia que supone la brecha salarial. No, no vale, que todo esto que sucede sea visto como algo ajeno y lejano. Nos concierne a todos y sucede al lado de nuestras propias casas. Desde luego, las manifestaciones masivas del pasado 8 de marzo no sólo pusieron de manifiesto la indignación de millones de personas que salieron a las calles a desgañitarse contra lo que está sucediendo, también marcaron un punto de inflexión: cuando los clamores son masivos, la cuestión no se puede dirimir en términos de ideología política, sino que tiene que ir mucho más allá: nos va en ello nuestra redención como sociedad.

Un punto de inflexión, digo. Lo mejor que podría pasarnos sería que, de una vez por todas, se enterrase definitivamente toda esa caspa y toda esa mugre que rodea a lo que se viene conociendo como macho celtibérico: el que más grita, el que los tiene más grandes, el mayor matón de su entorno, el individuo temido por su fuerza física y por su agresividad, el que perdona la vida a todo el mundo, el que ignora por completo lo que es la materia gris, el que considera que la sensibilidad no es propia de los machos, el que se crece ante toda la chabacanería con la que se adorna. Ciertamente, la barbarie que sufren las mujeres no es sólo un mal que aqueja a este país, pero no estaría nada mal que el prototipo del que vengo hablando fuese ya historia, una historia de pesadilla, pero historia. Mujeres contra la barbarie. Ellas siempre han estado ahí, lo seguirán estando, luchando en la mayor parte de los casos, más por los suyos que por sí mismas, compatibilizando esto y aquello, dando lo mejor de sí.

Las matan en la práctica totalidad de los casos a resultas de un machismo cobarde y ruin que no acepta no los derechos ajenos ni la propia inferioridad de la miseria de su discurso. Las esclavizan, aprovechándose de la miseria que a ellas les toca sufrir. Les imponen brechas salariales sirviéndose de una legislación que hay que modificar ya.

Mujeres frente a la barbarie. Gracias por su valentía, por la defensa de una dignidad que a todos nos compete, que todos necesitamos. Y lo dicho: los matices aparcados hasta que esta barbarie no se acabe.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/

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