El Comercio
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Viga Azul: Lírica (y épica) del sufrimiento
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-03-2018 | 17:05

Un césped que no permitía florituras, un nerviosismo inevitable cuando se atraviesa una racha sin victorias, unos cambios obligados en la alineación a resultas de tener los dos únicos delanteros en punta sancionados, todo ello frente a uno de los equipos que aspiran a cambiar de categoría. Así pues, de entrada, se confesase o no, la inquietud de todos, afición y jugadores, tuvo su protagonismo. Inquietud ascendente, cuando en el primer tiempo el Granada creaba más peligro que el Oviedo. Y, como consecuencia de todo ello, llegó el gol visitante que nos hizo a todos temernos lo peor.

Pero, por fortuna, la intensidad y la lucha hicieron que el Oviedo igualase el encuentro poco antes de que concluyese el primer tiempo en una jugada desgraciada del portero visitante que, por intentar evitar un córner, el balón acabó a los pies de Hernández que lo puso en el área y, allí, Forlín, con fuerza y garra, consiguió el gol del empate, un gol decisivo en lo anímico, que nos llevó al descanso sin la angustia de la derrota.

Acertó Anquela con el cambio. Se fue Fabbrini  y entró Steven, apostando así por el hambre de gol, frente al preciosismo futbolístico. Acertó Anquela hasta el extremo de que el canterano del filial transformó la primera ocasión de la que dispuso.  Se daba la vuelta al encuentro y todo parecía presagiar que en la víspera de san José se rompería la mala racha del Oviedo. En efecto, así fue.

Más allá del relato propiamente dicho de lo que fue el partido y de sus goles, me parece obligado consignar que Anquela acertó poniendo a Mariga de titular. A mi juicio, no sólo cuajó una gran actuación, sino que además fue el mejor jugador del Oviedo en el partido. Luchó, cortó muchos balones y dio pases con sentido. Acaso esté cerca de conseguir la fortaleza física de la que careció en otros encuentros. Acaso haya asimilado bien el mensaje de la intensidad y la lucha que exige el míster.

Lírica (y épica) del sufrimiento. Una vez más, se sufrió para ganar. Una vez más, hasta que el árbitro decretó el final del partido, tuvimos el alma en vilo. Una vez más, con independencia de que jugasen mejor o peor, todos los futbolistas del Oviedo que participaron en el encuentro derrocharon intensidad y lucha. Todo ello –insisto- ante un rival difícil que demostró calidad en su juego.

Lírica (y épica) del sufrimiento. Frente al Granada, no sólo se consiguió la victoria por detalles muy puntuales, sino, sobre todo, porque este equipo, a pesar de la mala racha, nunca dejó de creer en sí mismo.