El Comercio
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Fecha: abril, 2018
“2222”, de P.L.Salvador: Situación límite
Luis Arias Argüelles-Meres 15-04-2018 | 12:29 | 0

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P.L. Salvador firma en esta novela una fábula moral atípica

Fue todo un hallazgo la lectura de “Nueve semanas (justas justitas)”, de P.L.Salvador, por el desenfado, por el descaro y por el riesgo que supone alejarse de lo convencional en la narrativa. Y de ello me dice eco en su momento en una reseña en este mismo suplemento.

Con respecto a su segunda novela, “2222”, puedo decir que, tratándose de una obra muy diferente, tanto en lo temático como en lo estilístico, que no sólo no me defraudó, sino que además su lectura resultó provechosa y grata.

El título da cuenta del momento en que se ubica la acción de esta historia. Una historia que plasma una situación límite en eso que llamamos humanidad. Y, desde esa tesitura, hay una serie de personajes que deciden qué hacer para salvar lo que parece inevitable.

Podríamos hablar de ciencia ficción, de una novela futurista, de una novela que plasma una hecatombe. Pero –fíjense-, me atrevería a afirmar casi todo lo contrario. Aunque la acción se sitúe en un futuro lejano y muy imperfecto, aunque deambulen androides por esta novela, lo que veo es, ante todo y sobre todo, una fábula, eso sí, muy genuina, en la que no son los animales quienes representan lo mejor y lo peor de nosotros mismos como especie, sino los androides y seres futuribles.

Y lo que veo también como uno de los principales rasgos distintivos de esta novela es que esa fábula tan atípica nos lleva a un tiempo muy lejano, pero también hacia atrás, nada menos que al relato bíblico, nada menos que a una especie de Arca de Noé donse refugian y viajan aquellos que quieren salvarse y salvar la especie.

Fábula moral extraordinariamente atípica en la que lo más esencial es algo muy conocido: o sea, hay alguien que decide salvarse y salvar a la especie, y actúa desde el convencimiento de lo irremediable, reparando más en los fines que en los medios. Los androides y los seres robotizados se contagian de lo peor de nosotros mismos y actúan, por lo común, sin reparar en daños más o menos colaterales, sin demasiados escrúpulos. Suena mucho, ¿verdad? Y, por último, la distopía, todo un clásico, que, en este caso se nos presenta no solo con lo polifónico en la alternancia de narradores, sino que también nos remite a esa literatura de denuncia y alarma cultivada, entre otros, por Huxley, aunque, en el caso que nos ocupa, el cuadro y el marco sean distintos y distantes.

Moraleja: lo peor no es que nos hayamos robotizado, sino que los robots y los androides se humanizasen. Toda una lección.

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EL PP Y OVIEDO
Luis Arias Argüelles-Meres 13-04-2018 | 5:18 | 0

«Donde no puedo ser yo prefiero no estar». (Pessoa).

Resulta curioso que alguien que lleva varias décadas en política, como es el caso de Mercedes Fernández, le corresponda llevar a cabo una profunda renovación en su partido. De hecho, antes de la dimisión de Gabino de Lorenzo, por decisión propia, según el interesado, los antiguos dirigentes del Partido Popular astur se fueron alejando de la primera línea política. Así, Ovidio Sánchez anda agazapado en la Cámara Alta, lo mismo que el señor Goñi, mientras que del avilesino Aréstegui apenas se tiene noticia en los últimos tiempos.

Y, si nos centramos en el caso de Oviedo, doña Mercedes Fernández anunció hace muy poco que habría novedades en las candidaturas de las principales ciudades astures. Además, en el caso concreto de nuestra ciudad, la imputación de Caunedo en los juzgados de Lugo hace difícil que sea el próximo candidato.

Se sabe, por otro lado, que las relaciones entre Mercedes Fernández y Gabino de Lorenzo no fueron muy cordiales en los últimos tiempos. Con todo ello, el panorama que se presenta en el PP ovetense está marcado por el fin del gabinismo. Es altamente probable que la persona que encabece la candidatura conservadora para la Alcaldía carbayona no represente en modo alguno la continuidad del gabinismo.

Así las cosas, al no haber conseguido la Alcaldía Agustín Iglesias Caunedo a resultas de la decisión de Ana Taboada de votar a Wenceslao López como primer edil, la continuidad del gabinismo se hacía difícil. Si a ello añadimos, aparte de lo ya apuntado, las tensas relaciones de ‘Cherines’ con el núcleo duro del gabinisnmo, se concluye claramente que el PP vetustense está en vísperas de entrar en una nueva etapa, relevo generacional incluido.

A partir de aquí, todo son incógnitas cuando nos encontramos a poco más de un año de las próximas elecciones municipales y autonómicas. Al grupo municipal del PP en Oviedo le queda echar pestes contra lo que llaman ‘el tripartito’ y, en tal tesitura, continuarán contando con el apoyo mediático que tuvieron desde el primer momento. Por lo demás, estarán a verlas venir.

Fin del gabinismo decretado y decidido no solo por la ruinosa herencia que dejó para la ciudadanía de Oviedo, sino también por el relevo generacional que, paradójicamente, lo llevará a cabo una persona que pertenece de lleno a la vieja política.

Estaremos –lo estamos ya– expectantes.

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Transparencia y vieja política
Luis Arias Argüelles-Meres 12-04-2018 | 5:27 | 0

Lo más generoso que se puede decir en torno al famoso máster de doña Cristina Cifuentes es que todo lo relacionado con el asunto está salpicado de irregularidades. Irregularidades que no sólo le conciernen a la interesada, sino también a la Universidad Rey Juan Carlos donde supuestamente ‘cursó’ el referido máster.

Por muy salerosa que haya sido su comparecencia en el Parlamento de su comunidad autónoma, todo lo que seguimos sabiendo sobre ese asunto nos lleva, en el más favorable de los supuestos, no sólo a tener serias dudas acerca de todo lo que la todavía Presidenta madrileña aduce en su defensa, sino también a la sospecha de que el rigor académico no es precisamente un rasgo distintivo de la Universidad que expidió el dicho máster.

Fíjense: lo que se pone aquí de manifiesto es que, siendo muy magnánimos, aquí hubo un chanchullo. Lo que se puso aquí de manifiesto desprestigia fundamentalmente a la Universidad Rey Juan Carlos, pero, con ella, a la Universidad española en su conjunto. Esto último no es justo, pero resulta tremendamente duro.

El relato, que diría Benedetti, es muy sencillo: hubo un momento en el que la mal llamada clase política se consideraba por encima del resto de los mortales y se creía con derecho a obtener favores a todas luces impensables para el conjunto de la ciudadanía.

Eso fue en pleno auge del bipartidismo, cuando cada uno de los grandes partidos tenía una Universidad con la que mantenían respectivamente grandes vinculaciones. Flaco favor se hizo con eso la Universidad como institución.

Pero vayamos al meollo de la cuestión: de un lado, la puesta teórica por la transparencia que abanderó doña Cristina Cifuentes. Frente a ello, por la forma en la que obtuvo el Máster, se infiere claramente que se sirvió de los privilegios con los que creía contar para obtener un Máster sin necesidad de asistir a clase, sin necesidad de que haya constancia documental de su defensa y un largo cúmulo de irregularidades.

Apostar por la transparencia sin abandonar la mochila de los privilegios de la época triunfante del bipartidismo es una contradicción en toda regla que, al final, estalló.

¿Se habrá tomado la molestia doña Cristina Cifuentes de pensar en el enorme mazazo moral que esta escandalera está suponiendo para la sociedad española en su conjunto y también para la Universidad? ¿Habrá pensado en esto mismo don Mariano Rajoy que, hasta el momento, la apoya sin fisuras, al menos, aparentemente?

¿Alguien puede sorprenderse de que cunda la indignación? ¿Cómo no pensar en todos aquellos estudiantes que, para obtener un máster, tienen que hacer un esfuerzo económico afrontando el coste de las matrículas, asistiendo cada día a las clases y estudiando?

¿Alguien puede contradecir el discurso podemita cuando tuvo el acierto de plantear la existencia de toda una casta política en España?

¿Y qué decir de una Universidad en la que todo un rector se vio envuelto en un escándalo por plagio, en la que hay graves acusaciones de falsificar firmas y actas? ¿Cómo no va estar indignados los estudiantes de esa institución?

Y, ya que en ello estamos, ¿no va siendo hora de reflexionar seriamente acerca del modelo de Universidad que tenemos?

La transparencia no puede viajar con la mochila de la vieja política, señora Cifuentes.

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JEROGLÍFICO CATALÁN
Luis Arias Argüelles-Meres 07-04-2018 | 11:26 | 0

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«Mi realidad, mi sentido está detrás de mí. Para llegar a él tienes que no fiarte de mí, que no tomarme a mí como la realidad misma, sino, al contrario, tienes que interpretarme y eso supone que has de buscar como verdadero sentido de este jeroglífico otra cosa muy distinta del aspecto que ofrecen sus figuras». (Ortega y Gasset).

En efecto, nada es lo que parece. Sin duda, el llamado conflicto catalán no podrá resolverse sólo desde el ámbito judicial. Es innegable que la puesta en libertad de Puigdemont decidida por la justicia alemana, además de constituir un auténtico problemón para el Gobierno español, marca una hoja de ruta que, velis nolis, tendrá que ser transitada: la de la negociación, la buscar un acuerdo político, por muy dificultoso que se presente.

Un problema político, digo, que siempre estuvo ahí: el hecho de que una gran parte de la ciudadanía catalana, cercana a la mitad de la población, quiere la independencia de su tierra y viceversa. Un problema político bidireccional, pues ambas partes deben tenerse en cuenta mutuamente.

Es obvio que el problema se presenta peliagudo. Por un lado, el Gobierno español se niega, con la Constitución en la mano, a negociar una hoja de ruta que tiene como destino la independencia. De otra parte, el independentismo en su conjunto se dedicó hasta el momento a ignorar a esa mitad de la población que no está conforme ni con su punto de partida ni con sus objetivos finales. Desde luego, en puridad democrática, es inadmisible que se tenga más en cuenta a una mitad que a la otra. Y además está la tozudez de eso que llamamos realidad: ambas partes tienen que ceder en busca de un pacto, pues es lo que dicta el estado de la cuestión.

Por otra parte, que la Justicia alemana haya dictaminado que no hay delito de rebelión en el ex Presidente de la Generalitat es un aldabonazo que llama a esa negociación, a ambas partes, sin duda.

El Gobierno de Rajoy no puede ni debe desentenderse del asunto dirigiéndolo al ámbito judicial. Los independentistas, a pesar de haber ganado una importante batalla con la puesta en libertad de Puigdemont, no sólo deben ser conscientes de su responsabilidad social y política, sino que además están obligados a pensar en Cataluña en su conjunto.

Ocurrió lo inesperado para muchos con la puesta en libertad del señor Puigdemont. Y lo inesperado lleva a desandar el camino, pues lo que España y Cataluña tienen ante sí es una negociación pendiente, que deben afrontar con flexibilidad y realismo.

La batalla que ganó el Gobierno español en cuanto a la falta de apoyo de los Gobiernos europeos al independentismo catalán la perdió ahora con esta sentencia. Y viceversa.

¿Sabrán los unos y los otros que Azaña dejó escrito que ‘lo más difícil de administrar es una victoria política’? Que cada cual administre sus victorias y derrotas en esta historia que se alarga demasiado. Y, para administrarlas, sólo hay una salida: negociar.

Y es que, insisto, aquí nada es como parece, como les parece a las dos partes en liza.

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