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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

JEROGLÍFICO CATALÁN

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«Mi realidad, mi sentido está detrás de mí. Para llegar a él tienes que no fiarte de mí, que no tomarme a mí como la realidad misma, sino, al contrario, tienes que interpretarme y eso supone que has de buscar como verdadero sentido de este jeroglífico otra cosa muy distinta del aspecto que ofrecen sus figuras». (Ortega y Gasset).

En efecto, nada es lo que parece. Sin duda, el llamado conflicto catalán no podrá resolverse sólo desde el ámbito judicial. Es innegable que la puesta en libertad de Puigdemont decidida por la justicia alemana, además de constituir un auténtico problemón para el Gobierno español, marca una hoja de ruta que, velis nolis, tendrá que ser transitada: la de la negociación, la buscar un acuerdo político, por muy dificultoso que se presente.

Un problema político, digo, que siempre estuvo ahí: el hecho de que una gran parte de la ciudadanía catalana, cercana a la mitad de la población, quiere la independencia de su tierra y viceversa. Un problema político bidireccional, pues ambas partes deben tenerse en cuenta mutuamente.

Es obvio que el problema se presenta peliagudo. Por un lado, el Gobierno español se niega, con la Constitución en la mano, a negociar una hoja de ruta que tiene como destino la independencia. De otra parte, el independentismo en su conjunto se dedicó hasta el momento a ignorar a esa mitad de la población que no está conforme ni con su punto de partida ni con sus objetivos finales. Desde luego, en puridad democrática, es inadmisible que se tenga más en cuenta a una mitad que a la otra. Y además está la tozudez de eso que llamamos realidad: ambas partes tienen que ceder en busca de un pacto, pues es lo que dicta el estado de la cuestión.

Por otra parte, que la Justicia alemana haya dictaminado que no hay delito de rebelión en el ex Presidente de la Generalitat es un aldabonazo que llama a esa negociación, a ambas partes, sin duda.

El Gobierno de Rajoy no puede ni debe desentenderse del asunto dirigiéndolo al ámbito judicial. Los independentistas, a pesar de haber ganado una importante batalla con la puesta en libertad de Puigdemont, no sólo deben ser conscientes de su responsabilidad social y política, sino que además están obligados a pensar en Cataluña en su conjunto.

Ocurrió lo inesperado para muchos con la puesta en libertad del señor Puigdemont. Y lo inesperado lleva a desandar el camino, pues lo que España y Cataluña tienen ante sí es una negociación pendiente, que deben afrontar con flexibilidad y realismo.

La batalla que ganó el Gobierno español en cuanto a la falta de apoyo de los Gobiernos europeos al independentismo catalán la perdió ahora con esta sentencia. Y viceversa.

¿Sabrán los unos y los otros que Azaña dejó escrito que ‘lo más difícil de administrar es una victoria política’? Que cada cual administre sus victorias y derrotas en esta historia que se alarga demasiado. Y, para administrarlas, sólo hay una salida: negociar.

Y es que, insisto, aquí nada es como parece, como les parece a las dos partes en liza.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/

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