El Comercio
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Fecha: abril 12, 2018
Transparencia y vieja política
Luis Arias Argüelles-Meres 12-04-2018 | 5:27 | 0

Lo más generoso que se puede decir en torno al famoso máster de doña Cristina Cifuentes es que todo lo relacionado con el asunto está salpicado de irregularidades. Irregularidades que no sólo le conciernen a la interesada, sino también a la Universidad Rey Juan Carlos donde supuestamente ‘cursó’ el referido máster.

Por muy salerosa que haya sido su comparecencia en el Parlamento de su comunidad autónoma, todo lo que seguimos sabiendo sobre ese asunto nos lleva, en el más favorable de los supuestos, no sólo a tener serias dudas acerca de todo lo que la todavía Presidenta madrileña aduce en su defensa, sino también a la sospecha de que el rigor académico no es precisamente un rasgo distintivo de la Universidad que expidió el dicho máster.

Fíjense: lo que se pone aquí de manifiesto es que, siendo muy magnánimos, aquí hubo un chanchullo. Lo que se puso aquí de manifiesto desprestigia fundamentalmente a la Universidad Rey Juan Carlos, pero, con ella, a la Universidad española en su conjunto. Esto último no es justo, pero resulta tremendamente duro.

El relato, que diría Benedetti, es muy sencillo: hubo un momento en el que la mal llamada clase política se consideraba por encima del resto de los mortales y se creía con derecho a obtener favores a todas luces impensables para el conjunto de la ciudadanía.

Eso fue en pleno auge del bipartidismo, cuando cada uno de los grandes partidos tenía una Universidad con la que mantenían respectivamente grandes vinculaciones. Flaco favor se hizo con eso la Universidad como institución.

Pero vayamos al meollo de la cuestión: de un lado, la puesta teórica por la transparencia que abanderó doña Cristina Cifuentes. Frente a ello, por la forma en la que obtuvo el Máster, se infiere claramente que se sirvió de los privilegios con los que creía contar para obtener un Máster sin necesidad de asistir a clase, sin necesidad de que haya constancia documental de su defensa y un largo cúmulo de irregularidades.

Apostar por la transparencia sin abandonar la mochila de los privilegios de la época triunfante del bipartidismo es una contradicción en toda regla que, al final, estalló.

¿Se habrá tomado la molestia doña Cristina Cifuentes de pensar en el enorme mazazo moral que esta escandalera está suponiendo para la sociedad española en su conjunto y también para la Universidad? ¿Habrá pensado en esto mismo don Mariano Rajoy que, hasta el momento, la apoya sin fisuras, al menos, aparentemente?

¿Alguien puede sorprenderse de que cunda la indignación? ¿Cómo no pensar en todos aquellos estudiantes que, para obtener un máster, tienen que hacer un esfuerzo económico afrontando el coste de las matrículas, asistiendo cada día a las clases y estudiando?

¿Alguien puede contradecir el discurso podemita cuando tuvo el acierto de plantear la existencia de toda una casta política en España?

¿Y qué decir de una Universidad en la que todo un rector se vio envuelto en un escándalo por plagio, en la que hay graves acusaciones de falsificar firmas y actas? ¿Cómo no va estar indignados los estudiantes de esa institución?

Y, ya que en ello estamos, ¿no va siendo hora de reflexionar seriamente acerca del modelo de Universidad que tenemos?

La transparencia no puede viajar con la mochila de la vieja política, señora Cifuentes.

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