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Autor: luisariasarguellesmeres_72
Asturias y los presupuestos generales del Estado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-04-2017 | 3:30| 0

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Según parece, los números dejan muy claro que la inversión en Asturias por parte del Estado, en el caso de que el Gobierno de Rajoy consiga aprobar sus presupuestos, sufrirá un recorte severo. Y, como era de esperar, sólo el Partido Popular considera que no salimos mal parados. Y, como era de esperar, el Ejecutivo autonómico pone el grito en el cielo. O sea, puro sucursalismo por parte de los dos grandes partidos. El calcetín al que se le da la vuelta dependiendo de quién gobierne en la capital del reino.

Lo curioso es que ahora el Gobierno sostenido por la FSA pone el acento en las infraestructuras, algo que no hizo cuando gobernaba el PSOE y cuando tenía como principal representante en el Parlamento español a don Álvaro Cuesta, al que costaba no poco creer, en lo tocante a sus afanes y desvelos por el bien de Asturias.

Se diría que la historia se repite de una forma un tanto pintoresca. Cuando Cascos era ministro de Fomento, iba en el guion el escepticismo que mostraba la FSA en cada obra que se inauguraba con avasalladores despliegues mediáticos. O sea, lo que antes no era prioritario cobra ahora una importancia suprema. Y, encima, salvo excepciones, no estamos hablando de un cambio generacional en los dirigentes de antaño, pues hogaño siguen ahí casi todos los de entonces, que, en esta materia, se diría que ya no son los mismos. ¡Qué cosas!

También resulta muy llamativo que el actual Gobierno autonómico ponga en énfasis en las infraestructuras, algo que en sí mismo es muy razonable; lo que sucede es que no fue su principal prioridad a lo largo de décadas a la hora de negociar con los gobiernos de turno en Madrid.

Por otra parte, tengo mucha curiosidad por observar los movimientos que hará Foro Asturias a partir de este momento, pues se coaligaron con el PP bajo el planteamiento de defender los intereses de esta tierra. Hasta el momento, parece ser que ganaron la batalla del ancho del AVE, con su correspondiente polémica. Pero está por ver si aceptarán unos presupuestos que no parecen muy favorecedores para Asturias. Al tanto estaremos.

¿Y cómo no referirse a la necesidad de poner de relieve con toda la contundencia posible la necesidad que tiene Asturias de contar con recursos que frenen la despoblación y el envejecimiento, así como la encrucijada que supone que las personas jóvenes en su mayoría tengan que abandonar nuestra tierra por falta de oportunidades para sus proyectos de vida en el orden laboral?

Asturias y los Presupuestos del Estado. Parece imposible que haya un acuerdo generalizado entre las fuerzas políticas para elaborar un listado conjunto acerca de nuestras necesidades más urgentes. Pero, al menos, habría que exigir que no se discrimine a esta tierra en los presupuestos generales del Estado.

¿Es mucho pedir?

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Azorín y Asturias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-04-2017 | 2:40| 0

“Te hallas, amigo, ahora, en mi amada Vetusta/ La noble, la sarcástica, la devota, la augusta/ Acaso sientes que esta mi ciudad te convida/ En su tácito seno a afincar de por vida”. (Pérez de Ayala. “Epístola a Azorín”).

 

El pasado 2 de marzo se cumplieron cincuenta años de la muerte de Azorín. Y, si tomamos este aniversario reciente como pretexto, acaso pueda resultar interesante recordar lo más esencial de su relación con Asturias.

Si, por un lado, Azorín no tuvo empacho alguno en considerar  que la obra poética de Campoamor representaba uno de los ejemplos de mayor chabacanería en la historia de nuestra literatura, lo cierto es que sintió mucha admiración por Clarín. Y, a su vez, el autor de “La Regenta”, que tampoco se prodigaba mucho en elogios, fue muy generoso con el joven Azorín.

Por otra parte, tiene su interés el poema que Pérez de Ayala le dedicó a Azorín cuando visitó nuestra tierra a  principios del siglo XX.

A  ello vamos.

Azorín y Leopoldo Alas

En 1897, el crítico literario entonces más temido en España, Leopoldo Alas,  hace un encendido elogio de Azorín poniendo de relieve que el escritor alicantino «tiene más enjundia literaria que muchos afectados escritores festivos que hacen alarde de no tener ni pizca de sustancia». Y hay que decir que la fascinación fue mutua, pues el autor de “La Voluntad” escribiría páginas deliciosas sobre Clarín, no sólo sobre su obra literaria, sino también acerca de su día a día, de su talento y de su envergadura intelectual.

En lo que se refiere a la obra literaria de Clarín, es muy significativo que Azorín considerase que la novela “Su único hijo” tenía mayor interés literario que “La Regenta”. Hasta tal punto esto fue así que llegó a afirmar con respecto a esta última que «puede ser reducida a un volumen». A este respecto, conviene tener presente que “La Regenta” no fue considerada una auténtica obra maestra de la narrativa hasta que Cabezas escribió su memorable  e imprescindible biografía sobre Clarín.

Por otro lado, no hay que perder de vista que en la que es quizás la novela más noventayochista de Azorín, “La Voluntad” se puede ver la presencia de nuestro Leopoldo Alas en el maestro Yuste.

Hay que decir también que Azorín se percató de la genialidad de Clarín a la hora de describir paisajes, concretamente el que se puede disfrutar en “Doña Berta”, descripción que es uno de los mejores textos que plasman el encanto de Asturias y que habla de aquel lugar donde ningún invasor ni colonizador puso lo pies. Azorín considera que Clarín en “Doña Berta” «ha expresado el paisaje, el ambiente, el espíritu de Asturias con más hondo sentir».

Por otro lado, Azorín fue uno de los primeros literatos de su generación que percibió la maestría de Clarín como autor de relatos, y en todo momento valoró la envergadura intelectual de Alas, que prodigaba en sus artículos.

Hablamos, claro está, de un joven Azorín, lector entusiasta de Nietzsche y tremendamente crítico con la realidad de su país. Hablamos del primer Azorín.

Pérez de Ayala como anfitrión de Azorín

 

Es en 1905 cuando Azorín visita Oviedo, y escribe deliciosos textos sobre Clarín. Además, en esta visita tiene un anfitrión de lujo que es Pérez de Ayala, quien le dedica un poema en el que habla de Oviedo, en el que manifiesta con ironía y ternura lo que es la vida en  nuestra ciudad. Al referido poema pertenecen los versos que encabezan el presente artículo.

Y, por otra parte, es obligado ocuparse del episodio en el que Pérez de Ayala, Azorín y Melquíades Álvarez caminan por el Paseo de los Álamos.  Veamos lo que consignó tan ilustre visitante:

«Los Álamos es un viejo paseo, dos largas filas de estos finos, esbeltos, sutiles árboles lo bordean. A un lado se extienden unos sombríos jardines. Seis, ocho, diez paseantes marchan lentamente, en silencio, uno de ellos avanza hacia nosotros.
-Querido Melquíades, ¿qué pasa en la ciudad?
-Nada, –dice sonriendo el gran orador que viene todos los días a esta alameda–

La mejor España, la mejor Asturias, intelectual y literariamente hablando. Hablamos de un Azorín descreído y rompedor, del primer Azorín. Hablamos de la talla intelectual de Pérez de Ayala y hablamos también no sólo del sucesor de la Cátedra de Clarín, sino también de un personaje que ya se había ganado la fama de gran orador y que sería el fundador del Partido Reformista, formación política que sería el vivero de la 2ª República, donde militaron Ortega, Azaña, el propio Ayala y Augusto Barcia, entre otros.

En realidad, tanto en el poema ayalino como en la memorable caminata por el Paseo de los Álamos se está homenajeando a Clarín, a su Vetusta, a la ciudad que seguía sesteando.

Una noche en san Esteban de Pravia y en san Juan de la Arena

 

Pero Azorín no sólo visitaría Oviedo en aquella estancia suya en Asturias. En compañía de Pérez de Ayala, iría a San Esteban de Pravia y a San Juan de la Arena  a visitar nada menos que a Rubén Darío, y algunos rincones de nuestra costa serían glorificados literariamente.

José Luis Cano  recuerda el texto en el que Azorín da cuenta de su desplazamiento entre San Esteban de Pravia y San Juan de la Arena a ver al poeta nicaragüense. Hacen la travesía de noche y Azorín habla de que “el chocar de los remos en el agua hacía saltar un reguero maravilloso de chispas fosforescentes, lívidas, que brillaban y desaparecían en un segundo”.

Recordatorio de Clarín, encuentros con Pérez de Ayala y Melquíades Álvarez, y, por último, la noche de verano en la que la magia y la fuerza del Cantábrico se visten de gala para Rubén Darío.

Azorín, pues, es un referente de primer orden a la hora de evocar un tiempo en el que Asturias contaba con grandes literatos como Pérez de Ayala y brillaba gracias al luminoso magisterio, entonces aún reciente, de Clarín.

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Candidaturas socialistas
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-03-2017 | 7:37| 0

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Tras la puesta en escena de Susana Díaz el pasado domingo en Madrid, la cuenta atrás para las primarias del PSOE ya echó a andar. Y lo cierto es que, si se analizan los discursos y las trayectorias de las tres candidaturas, no resulta fácil ver el futuro inmediato del partido más antiguo de España con optimismo.

Empecemos por doña Susana. Que haya tenido en su puesta de largo el apoyo de la vieja guardia es, en el mejor de los casos, un arma de doble filo. De entrada, contar el parabién de Felipe González y Guerra conduce, por un lado, a la época de mayores triunfos del partido, pero también a bochornosos escándalos de corrupción, así como a la traición al legado moral de esta formación política. Para seguir, la presencia de Zapatero (muy sonriente, por cierto), nos retrotrae a sus vaivenes y a su falta de consistencia. De hecho, el hundimiento del PSOE comenzó a producirse tras su último Gobierno.

En una palabra, se diría que la presidenta andaluza quiere estar aupada por quienes representan el pasado del PSOE. A este respecto, hay que preguntarse si esto le puede resultar provechoso, teniendo en cuenta no solo que el escenario político ha cambiado mucho, sino que además los antiguos líderes que la arropan cuentan con importantes episodios negativos que se pueden volver en contra de doña Susana.

Y, a propósito de pasado, cabe preguntarse, cuando la candidata alude a sus afanes contra las injusticias sociales, si el balance en Andalucía, donde su partido viene gobernando desde hace casi cuarenta años, es, en tales materias, satisfactorio, ello por no hablar también de la necesaria autocrítica con determinadas corruptelas sobradamente conocidas.

Y, en cuanto a su discurso, la candidata habla de un PSOE ganador que, al mismo tiempo, no quede fagocitado por Podemos. Entiendo perfectamente que no desee estar al albur de la formación morada. Dicho esto, cabría preguntarse por qué no marca las distancias con no menor ímpetu con respecto al PP. ¿No se plantea doña Susana que una de las causas del desmoronamiento del PSOE puede estar en que, a la hora de la verdad, sus políticas no se diferenciaron tanto del PP? ¿Es necesario recordar quién empezó con los recortes y con las reformas laborales?

Y, en fin, está en su perfecto derecho de desear que el PSOE vuelva a ser un partido hegemónico. Lo que sucede es que los tiempos de las mayorías absolutas, como mínimo, tardarán en volver.

En cuanto a Pedro Sánchez, aun reconociendo, como escribí más de una vez, que la forma en que fue defenestrado lo dotó de motivos para reivindicarse, ahí están también sus vaivenes que le restan mucha credibilidad. Las hemerotecas atestiguan, entre otras cosas, su pacto con Ciudadanos, sus recetas neoliberales, su puesta en escena con eslóganes de Adolfo Suárez en la pasada campaña electoral, su ausencia de autocrítica con respecto al pasado más inmediato del PSOE. Aunque en este momento ocupe el espacio más izquierdista de las tres candidaturas, sus incoherencias están ahí.

Por último, el que menos ruido viene haciendo es Patxi López. Salvo sorpresas, parece el candidato con menos posibilidades. Por una parte, es un político muy vinculado al ‘aparato’ del PSOE. Por otro lado, plantea que no quiere un partido descafeinado, algo que no pequeña parte de la militancia aceptará. En cualquier caso, no parece que haya grandes apuestas en su favor, porque, posiblemente, pese más el pasado que el discurso presente.

Candidaturas socialistas. No es justo echarle la culpa a Sánchez de que, en cada convocatoria electoral, el PSOE haya ido empeorando sus resultados, porque esa cuesta abajo empezó con Rubalcaba, y no hay garantía alguna de que, con otra persona al frente, las cuentas electorales fuesen distintas.

Y, ante las incógnitas que se abren, la más inquietante de todas para el PSOE es que, en esta ocasión, no está garantizada la cohesión del partido ni del grupo parlamentario tras las primarias, ello con independencia de la candidatura que triunfe.

Quede para otra ocasión la necesidad de que el PSOE tenga un discurso ideológico creíble, así como un proyecto de país más allá de las vaguedades y lugares comunes.

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Cherines frente al asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-03-2017 | 7:25| 0

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«Debo de ser una sirena. No tengo miedo de la profundidad, pero temo enormemente la vida superficial» (Anaïs Nin)

La gratitud de Javier Fernández a la lideresa del PP astur, por mucho que se guarde de manifestarla, tiene que ser infinita. Últimamente, le hizo dos regalos de incalculable valor. El primero de ellos fue aprobarle los presupuestos. A resultas de ello, se evitó que un Gobierno en minoría, cuyo apoyo en el Parlamento llariego no llega a un tercio de los escaños, no se haya visto obligado a mostrar su fragilidad teniendo que prorrogar los presupuestos durante dos años consecutivos.

Por si ello fuera poco, doña Mercedes arremetió duramente contra el tímido avance en favor del asturiano que la Consejería de Educación acaba de aprobar, tímido avance que estará circunscrito a muy pocos centros docentes y que además no tendrá obligatoriedad.

Pero, por encima de todo, lo más llamativo del caso es que, a poco que se conozca la trayectoria de don Javier Fernández, sin demasiados esfuerzos, se caerá en la cuenta de que nuestro presidente autonómico no es precisamente un abanderado del asturianismo, sino más bien todo lo contrario.

De modo y manera que la dirigente asturiana del PP consiguió hacer pasar a Javier Fernández por un defensor del asturianismo, y eso, pueden creerme, roza lo milagroso. Tanto es así que, cuando en el último debate en la Junta Cherines arrancó unas palabras en llingua llariega a nuestro presidente, confieso que me quedé, de un lado, boquiabierto y, de otra parte, en un estado de hilaridad difícilmente descriptible.

Por otra parte, dejando de lado el inmenso favor que le hizo a nuestro jefe de Gobierno autonómico, no resulta fácil comprender que a estas alturas un partido político que aspira a gobernar esta tierra siga manteniendo una hostilidad, diría que cavernaria, hacia la llingua llariega. ¿No se puede dar cuenta doña Mercedes que, con su beligerancia hacia el asturiano, lo que provoca es una politización con respecto a la cuestión lingüística que, en lugar de unir separa y resta?

No hace falta ser expertos en sociología para percatarse de que, en el momento actual, el asturianismo está muy lejos de sus etapas más combativas, y que, con esta cerrazón, lo que se suscita es despertarlo con el malestar que tales posturas provocan.

Nunca comprenderé que se considere más apropiado decir ‘mazorca’ en lugar de ‘panoya’, ‘urraca’ en lugar de ‘pega’, ‘higuera’ en lugar de ‘figal’. Nunca entenderé que haya tantas personas en Asturias que se avergüencen de que sus padres o abuelos calzasen madreñes y calasen boinas. Nunca encontraré una explicación convincente a que determinadas personalidades de nuestra tierra le tengan tanta inquina a la llingua que hablaron nuestros antepasados y que muchos deseamos que no desparezca.

En una palabra, solo nos quedaba por ver a Javier Fernández reclamándose defensor del asturiano, usando la llingua en el parlamentín. No era fácil de conseguir, pero Mercedes Fernández lo logró.

¿Hay que darle la enhorabuena?

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Villa y compañía
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-03-2017 | 7:17| 0

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Las informaciones que viene publicando Ana Moriyón en EL COMERCIO sobre las múltiples y variadas compras que, según parece, hizo Villa con cargo a su sindicato dan de sí mucho más de lo que parece, pues, chascarrillos y risas al margen, muestran a las claras no solo los usos y costumbres del personaje de marras, sino también el funcionamiento de un sindicato que no parece que se haya caracterizado por el rigor ni tampoco por el más mínimo atisbo de lo que podríamos llamar democracia interna. ¡Madre mía!

Lo tengo escrito más de una vez: ¿Cómo no tener presente la omnipresencia de lo que fueron las empresas públicas franquistas en nuestra tierra? ¿Cómo no reparar en que personajes como Villa y Gabino de Lorenzo forjaron no pequeña parte de sus trayectorias biográficas en empresas públicas del franquismo y, andando el tiempo, adquirieron un gran protagonismo en nuestra vida política, ya en el periodo democrático? ¡Ay!

Y es muy significativo preguntarse a qué pudo obedecer el caudillismo de Villa en su sindicato. De no ser así, alguien habría pedido cuentas de lo que se gastaba, alguien habría exigido rigor. Pero, por lo que se ve, a Maese Villa no se le discutía en la organización social que lideraba con mano de hierro.

Villa y compañía. No solo la pléyade a la que aludí muchas veces de aduladores, escribidores y demás coristas que lo acompañaron y ensalzaron hasta el sonrojo, sino también todos aquellos que, estando bajo su mando, jamás osaron ni siquiera balbucir la más mínima crítica a sus comportamientos.

Villa y compañía. Por lo que leímos en EL COMERCIO, no solo nos encontramos ante un cinéfilo de pro, también ante un melómano muy refinado, sino también ante un personaje que compraba compulsivamente.

Pero aquí echo me menos algo. ¿Se imaginan ustedes que se hubiera publicado una hagiografía sobre Villa? Seguro que semejante cosa estuvo en la mente de alguien, pero, ¡ay!, no hay ningún libro publicado que se titule ‘Villa, ese hombre’, o algo similar.

Pues bien, en ese caso, al lado de los puros, las rosas y otros presentes, seguro que el mostachudo líder sindical llevaría a cada reunión un lote de ejemplares de esa hagiografía para dedicarlos de su puño y letra. ¡No me negarán que, de haberse producido ese lance, sería algo enternecedor!

¿Cómo olvidar aquella movilización última de Villa, en la que, tras una quema de neumáticos, salía su rostro enrojecido? ¿Quién se enrojece ahora, y no precisamente con tintes políticos, sino con tonalidades de vergüenza propia y ajena?

¿Nadie echó de menos que, entre las compras de Villa, no estuviese un libro que le hubiera entusiasmado, me refiero a la ‘Fenomenología del espíritu’, de Hegel? ¿Acaso no iba en el guion que nuestro personaje bucease en esa obra filosófica tan profunda?

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