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Autor: luisariasarguellesmeres_72
Ante una encrucijada política sin salida
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-06-2016 | 5:44| 0

Elecciones generales 2016, en imágenes

En contra de lo que todas las encuestas vinieron anunciando, no hubo “sorpasso”, esto es, la coalición Unidos Podemos no dejó atrás al PSOE.  Tampoco hubo sorpresa, es decir, los incesantes escándalos de corrupción del PP no le pasaron factura electoral al partido que lidera Rajoy. Ítem más: el partido conservador mejoró en votos y en escaños. Moraleja: la corrupción no castiga electoralmente  en este país como cabría esperar. Hondo, muy hondo, respirarán (y suspirarán) Rajoy y Pedro Sánchez. El primero, por haber conseguido más escaños que en diciembre. El segundo, por no haber sido sobrepasado por el partido que lidera Pablo Iglesias. La vieja política resiste.

No sólo cabe preguntarse acerca de las razones que hacen que la vieja política se mantenga ahí, con los dos principales partidos de esta Segunda Restauración borbónica en cabeza. También hay que intentar buscar explicaciones a los fracasos de Podemos y de Ciudadanos. El primero, aunque mantiene el número de escaños, salió derrotado en lo que se refiere a las expectativas que tenía puestas. El segundo sufrió una pérdida considerable de diputados.

La vieja política tarda en irse, aunque su agonía es innegable, si se tiene en cuenta, la media de edad de su franja de votantes, así como los resultados en los feudos que marcan la pauta electoral. En cuanto a Podemos, acaso no se hayan dado cuenta de que, por un lado, no todo suma, esto es, que la coalición con IU supuso que haya habido votantes de la formación morada que retiraron su confianza a este acuerdo electoral. Y lo mismo se podría decir con respecto a IU. Y, en esto que planteo, el caso de Asturias es muy claro: no todo el mundo pudo ver  con buenos ojos la presencia del señor Orviz en una candidatura que apuesta en teoría por acabar con la vieja política.

En cuanto a la formación política de Albert Rivera, se ve que cierta franja de votantes no vio con buenos ojos el acuerdo que alcanzó con el PSOE. Puede que su líder esté equidistante entre el PP y el PSOE, pero no así su electorado.

Y, en fin, el panorama no queda, ni mucho menos, despejado a la hora de formar y conformar mayorías. Por su lado, Rajoy y Sánchez, de no haber sorpresas, se libran de ser derrocados en sus propios partidos, mientras que a Iglesias y a Rivera les tocará, de entrada, verlas venir.

¿Y qué me dicen del Senado? Ahí sí que la vieja política en Asturias sigue omnipotente.

Sin “sorpasso” y sin sorpresas. Sobre todo, sin aparente salida a una encrucijada política irrespirable.

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Sobre el “Brexit” y otras impertinencias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-06-2016 | 3:53| 0

«Si no hubiese en Inglaterra más que una religión, sería de temer el despotismo; si hubiese dos, se cortarían mutuamente el cuello; pero como hay treinta, viven en paz y felices». (Voltaire).

«Los ingleses tienen sólo tres cosas buenas: el té, que viene de la India, y Oscar Wilde y yo, que somos irlandeses». (George Bernard Shaw).

Ante las hornacinas que se adoran en el abigarrado altar de los datos, son muchas las voces que, a propósito del resultado del referéndum en Inglaterra donde se preguntó al pueblo soberano si quería seguir formando parte de la Unión Europea, advierten de los grandes peligros que acechan a todos los países que formamos parte de tan excelso club. Incluso hubo quienes, por estos lares patrios, consideraron que los plebiscitos son peligrosos. ¡Cuánta democracia transcendiendo en tan sabias y graves palabras!

Seamos serios. Más allá de las muchas consecuencias indeseadas que tendrá la salida de Inglaterra de la Unión Europea, más allá de la demagogia espantosa de ciertos discursos que defendían la salida de Europa, más allá de la crisis que se avecina todo esto, acaso convendría preguntarse acerca de la casuística del malestar ciudadano, no sólo en Inglaterra con respecto a la Unión Europea.

¿Acaso no es pertinente recordar en este momento que en Francia en 2005 se rechazó la Constitución Europea? ¿Acaso no resulta aconsejable preguntarse si hay razones para ese malestar con una Unión Europea que vino sirviendo de pretexto, en nuestro aquí y ahora, a la hora de aplicar recortes y de desangrar económicamente a quienes no estamos protegidos por ingenierías financieras que liberan impositivamente a muchos privilegiados?

Resulta innegable que, a veces, en el fondo y en las formas, en la letra y en la música de ciertos discursos, se viene nombrando a Europa como una especie de curia vaticana de nuestras instituciones, pronunciándose de modo infalible e inapelable como una especie de Sumo Pontífice de la política comunitaria hablando ex cátedra. ¿No es así?

Por tanto, sin discutir la conveniencia, incluso la necesidad de la Unión Europea, sin poner ni siquiera en cuestión que nos favorece pertenecer a ella, toca preguntarse por las razones de un malestar que no sólo existe en Inglaterra, aunque haya sido en este país donde un referéndum acaba de abrir una brecha difícilmente subsanable, que no sabemos si podrá reconducirse.

Hablamos de una Unión Europea cuyos dirigentes no se caracterizan en este momento ni por su altura de miras ni tampoco por su capacidad para resolver problemas, sin perder de vista que, salvo excepciones, no parecen tener mucha sensibilidad para ser conscientes de la gravedad del momento histórico en Europa y en el resto del mundo.

Y, claro, toda parece indicar que le tocaba a Inglaterra dar el campanazo, no sólo contra la Unión Europea sino quizás también contra sus propios intereses. La misma Inglaterra donde se produjo la Revolución Industrial, donde se firmó ‘El manifiesto comunista’, donde la música moderna tuvo allí su cuna.

A ese país, tantas veces pionero, le tocó ahora, mediante el referéndum que acaba de celebrarse, poner en un brete a la Unión Europea, a una Unión Europea que, además, le toca reinventarse.

¿Dónde está el proyecto que recoja lo mejor de la vieja Europa, y que lo recoja en algo más que en vaguedades? ¿Dónde están sus grandes mentores a la altura de las cimas de su historia?

A Inglaterra le tocó una vez más ser diferente. No sólo se trata de seguir conduciendo por la izquierda, sino también de oponerse desde su insularidad a las políticas continentales.

Toca repensarse, reinventarse y replantear el significado de la vieja Europa. El legado histórico está ahí. Lo que toca es estar a su altura.

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¿La Foguera electoral?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-06-2016 | 9:10| 0

Cuando escribo estas líneas, horas antes de que ardan las ‘fogueras’ de San Juan, no puedo dejar de preguntarme en lo que se pueden estar planteando muchos electores de nuestra tierra cuando contemplen el espectáculo nocturno de un solsticio en el que se dejan atrás muchas cosas, por ejemplo, el curso académico.

¿No habrá muchas personas que se planteen que se conviertan en cenizas las corruptelas, las injusticias, los atropellos a los menos favorecidos, los nepotismos, los caciquismos, la mediocridad y mezquindad que presiden la vida pública? ¿Cabe soñar, mientras se contempla la ‘foguera’, con un tiempo nuevo en lo que a la vida pública se refiere?

Me conformaría con que la posesión del carnet de un partido político no constituyese el mayor de los méritos a la hora de acceder a un puesto de trabajo. Me alegraría un montón que, a propósito de esto, la meritocracia fuese algo más que una palabra. Me encantaría que todo el mundo se percatase de que hacen falta grandes acuerdos que vayan más allá de los que se necesitan para formar un gobierno. Grandes acuerdos para un sistema educativo que apostase por el conocimiento sin orillar el esfuerzo. Grandes acuerdos para que paguen más los más potentados, y que las ingenierías financieras no nos sigan desangrando. Me daría por satisfecho si se deja de insultar tanto al idioma como a la inteligencia de los ciudadanos. Me haría feliz, y no al flaubertiano modo, que la igualdad, también en el ámbito territorial, se considerase irrenunciable.

¿Arderán en la ‘foguera’ los peores vicios de nuestra vida pública? ¿Habrá una ‘foguera’ electoral el próximo domingo?

¿Dónde está el sobre electoral que no lleve dentro papeletas de profesionales de la política que no serían nada ni nadie fuera de ella? ¿Dónde estará el sobre electoral que no lleve dentro la plutocracia asentada o aspirantes a ello? ¿Dónde estará el sobre electoral que diga un ‘no’ rotundo a la mediocridad que nos acecha? ¿Dónde estará el sobre electoral que abra un tiempo en el que tenga protagonismo una ciudadanía exigente y orgullosa de serlo?

No sólo sonrisas, no sólo lágrimas, no sólo soflamas, no sólo proclamas, no sólo consignas, no sólo recetarios. Quiero que en este país la política vaya tan en serio, también en su lado dramático, como la vida, según Gil de Biedma.

¿Es una quimera aspirar a tanto? ¿Quimera y ‘foguera’ electoral?

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Grandes ausencias en la campaña
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-06-2016 | 9:02| 0

«El silencio no es una ausencia de sentido; al contrario: aquello que no se puede decir es aquello que más nos toca» (Octavio Paz).

Esta campaña electoral pasará a la historias por sus grandes –y difícilmente explicables– ausencias. ¿Por qué no se habla de si se opta o no por la apertura de un periodo preconstituyente a partir del 26 de junio? ¿Por qué no se ponen sobre la mesa medidas que garanticen la igualdad de toda la ciudadanía en materia impositiva territorialmente hablando? ¿Por qué no se concretan propuestas que aborden asuntos apremiantes en lo que toca a la vertebración territorial? ¿Por qué no se plantean reformas de calado en la elección de los cargos de mayor relieve en las instituciones del Estado, de manera tal que nadie esté en deuda con el partido político de turno?

¿Y Europa? ¿Acaso no hay nada que decir sobre el papel de este país en la Unión? ¿Acaso no hay un modelo de Unión Europea por el que luchar? ¿O es que todo va bien, incluso en este momento en el que la ciudadanía inglesa está a punto de decidir si continúa o no?

¿Se quiere un Estado federal, más allá de enunciarlo, o se sigue apostando por el actual Estado autonómico? ¿Hasta cuándo va a seguir siendo casi un tabú proponer el debate entre monarquía y república? ¿Se puede entrar en escenario de nueva política sin reformar a fondo todo el entramado de la vieja política? ¿Dónde está el proyecto de país de cada formación política que concurre a las elecciones más allá de vaguedades y recetarios de ocasión?

Consignas, recetarios, topicazos, maniqueísmos, frases hechas, que encima se leen en muchos casos de forma torpe y atropellada.

Más allá de las encuestas, más allá del anecdotario de cada día, más allá de los debates que rara vez despiertan interés, hay que preguntarse si estamos asistiendo a una campaña que se muestre a la altura de las circunstancias, es decir, de unos cambios generacionales que ya están aquí, cambios y relevos.

Siempre es lo mismo: plantearse el poder como sustantivo o el poder como infinitivo. Sabemos que prevalece lo primero. Pero sabemos también que nada es más terco que la realidad. Y la realidad llama a la puerta anunciando y exigiendo cambios. No querer verlo, no querer oírlo no sólo resulta frustrante, sino que supone incurrir en una necedad inútil.

Por favor, tomen nota. Por favor, tomemos nota.

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La Consejería de los prodigios
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-06-2016 | 9:06| 0

«Entiéndase bien: no todas las democracias son iguales. Pero precisamente la diversa relación entre la moral y la política debería servir también para distinguir las democracias buenas de las malas, las mejores de las peores» (Norberto Bobbio).

Don Arturo Verano, en su comparecencia de ayer, 20 de junio, adelantó la estación de su apellido, o casi. Y la anticipó, entre otras cosas, porque el día nos regaló un cielo azul y un sol propio del estío. Días de fin de curso en ese calendario escolar que, en lo que concierne a ejercer la docencia, le queda muy lejano a nuestro testigo. Días últimos de una campaña electoral septembrina, aunque sea en junio, que produce hastío.

Allí estaba don Arturo, en una de esas mañanas excepcionales de cielo azul en nuestra heroica ciudad. Y se le preguntó por el pago de un coche, que, según declaró, costeó el propio interesado, lo que, añadió, puede probar toda vez que obra en su poder el correspondiente justificante de pago. Sin embargo, se dice que el abono de esa compra figura también en la contabilidad de APSA. Otro prodigio más en el interminable relato del caso que nos ocupa.

Como era de esperar, en su declaración no lanzó don Arturo dardos hacia ninguna de las personas que se sientan en el banquillo. Escueto, lacónico y contundente. Tenía dinero en su casa, un dinero muy reciente a resultas de la venta de unos bienes en Galicia, y con el susodicho se compró el coche.

No era un coche barato, bien es verdad, pero resulta innegable que, tras tantos afanes y desvelos en pro de la enseñanza en Asturias, defendiendo también al colectivo que nunca salió de las aulas, don Arturo se merece un vehículo a la altura de su peso en nuestra vida pública y, más concretamente, en el oficio de la tiza, al que ayudó desde afuera, sin pisar las aulas durante mucho tiempo. Tarea admirable la suya.

Tampoco olvidemos que, por otro lado, don Arturo formó parte del grupo de personas que se hicieron cargo de abonar la cantidad que se determinó en su momento para que el señor Riopedre abandonase Villabona. Filantrópico y muy amigo de sus amigos el señor Verano.

Y, por otra parte, siguen los prodigios en los relatos de las comparecencias, pues hay un viaje a Cancún cuyo coste, vaya usted a saber por qué, figura en la contabilidad de la empresa Igrafo, aunque el propio interesado también aseguró que los susodichos gastos de tan placentero periplo corrieron a su cargo.

¡Cuántos prodigios a la hora de pagar coches y viajes! Estoy por asegurar que, si Eduardo Mendoza, recabase información sobre este caso lamentaría no haber llegado a tiempo para incluir algunos de ellos en su memorable y excelente novela ‘La Ciudad de los Prodigios’.

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