El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
¿Todavía nos queda París?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-05-2017 | 7:23| 0

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Tenemos que confesar que tras el inesperado –además de indeseado e indeseable– triunfo de Trump en Estados Unidos, el miedo se había instalado entre nosotros ante la posibilidad de que Marine Le Pen nos diera otro susto escalofriante el pasado domingo. Por eso, la victoria de Emmanuel Macron, totalmente cargada y recargada de reservas e incógnitas, supuso un alivio, y no precisamente por el hecho de que el nuevo presidente francés constituya una esperanza, sino porque, si hubiese ganado Le Pen, un fantasma estaría recorriendo ahora mismo el mundo y Europa, el fantasma del fascismo, aunque sea con sus disfraces posmodernos.

¿Todavía nos queda París? De momento, hay que anotar que, en Francia, «la vieja política», si por tal entendemos los partidos que fueron hegemónicos durante las últimas décadas, acaban de fracasar estrepitosamente, con un líder conservador enfangado en escándalos de corrupción y con un partido socialista, cuyas políticas cada vez vinieron siendo más próximas a la derecha más tradicional. Desde luego, ambas cosas en nuestro país nos suenan y no poco.

Ahora bien, eso no significa que el señor Macron represente un avance con respecto a la vieja política, o, si se prefiere, con respecto a los partidos tradicionales. De entrada, da la impresión de que, al tiempo que su discurso plantea la superación de la vieja política, su proyecto se basará en una especie de síntesis de los planteamientos de esos partidos a los que, paradójicamente, el nuevo presidente considera anquilosados.

¿Todavía nos queda París? Francia, con su nueva novela, con sus nuevos filósofos, con su nueva política, con su obsesión por la novedad, por lo común, más aparente que real. Macron no se va a caracterizar por una política más social que la que se vino haciendo hasta ahora, no parece estar sensibilizado tampoco con esa desigualdad creciente en la sociedad francesa, en cuyos guetos ya sabemos que hay auténticos polvorines, cuyos estallidos son más reales que posibles. Se decantará, probablemente, por cambios más cosméticos que reales. Pero, mientras tanto, es de esperar que la vieja política, sobre todo, el Partido Socialista reaccione y caiga en la cuenta de que su misión no consiste en ser una derecha descafeinada. Si, como cabe esperar, Macron piensa aplicar las políticas socioeconómicas que hasta el momento, además de ser injustas, constituyen un fracaso, es de suponer que represente un paréntesis en el que Francia vuelva a repensarse y a reinventarse.

No obstante, ahí queda eso: los polvorines sociales en los guetos, el alto porcentaje de votantes de Le Pen y la decadencia de los grandes partidos. El resultado de todo ello: que un personaje sin un partido fuerte que lo apoye consiga la Presidencia de la República, sin un partido fuerte que lo apoye y con recetas socioeconómicas que conocemos y también padecemos.

Y, desde estos andurriales hispanos, estaremos muy atentos, intentado aprender.

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Recuerdos de Oviedo: Aquel ascenso del Oviedo a primera división a mis quince años
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-05-2017 | 9:47| 0

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“Incierto es en verdad lo porvenir. ¿Quién sabe lo que va a pasar? Pero incierto es también lo pretérito: ¿quién sabe lo que ha pasado?”. (Antonio Machado).

¿Cómo no recordar aquella canción de Mari Trini, en la que, con cierto desgarro, se preguntaba quién no había dejado que abrazasen su cuerpo a los 15 años, al tiempo que, en honor a la verdad, lo que uno lamentaba no era eso, sino que determinada persona o determinadas personas no nos hubiesen abrazado como Dios manda, si es que el Altísimo podía permitir aquellas cosas?
¿Cómo no recordar aquella edad de 15 años, cuando “hacerse mayor” era una meta soñada y, también, temida? ¿Cómo no recordar que, por un lado, éramos conscientes de que la vida podía golpearnos al ir quedándonos desprovistos de la protección que da la infancia, pero que, por otra parte, ansiábamos amoríos, cercanías, arrullos, ternuras, vendavales de pasión y otras cercanías tórridas?
15 años, digo. 1972. Poder colarse en el cine a ver películas para mayores de 18 años, ir descubriendo una música muy distinta a aquellas horteradas que tanto y tanto se repetían en las emisoras de radio. Buscar con avidez claves pasionales en algunos libros. Por ejemplo, en la novela “Primer amor”, de Turgueniev. Descubrir lo que puede dar de sí un baile con el bálsamo de la música lenta, con las palabras de ida y vuelta entre los acordes de la canción de turno.
15 años, plena adolescencia, edad de las pasiones, una de ellas, entre las confesables, ser del Oviedo hasta los tuétanos, en medio de tantas y tantas melancolías, también futbolísticas.
El recuerdo de infancia de una tarde muy triste en el Tartiere en el que se le anuló un gol a Biempica frente al Coruña, lo que aceleró el descenso a segunda división, categoría en la que el Oviedo permaneció de aquella casi diez años, con tantos y tantos partidos sin dar grandes alegrías a la afición.
Pero, en la temporada 71-72, llegó el ascenso, con Eduardo Toba como entrenador, un médico que había sido seleccionador nacional por muy poco tiempo, un técnico que, cuando llegó al Oviedo, se tomó su tarea en serio y consiguió el ansiado objetivo.
Aquella temporada del ascenso a primera, Lombardía, el portero del Oviedo, estuvo soberbio, encajando muy pocos goles, un total de 19 en todo el campeonato. Galán, el delantero centro titular, fue el máximo goleador de la categoría, consiguió 23 goles, nada menos. Aquella temporada, si la memoria no me falla, fue la primera de Carrete en el Real Oviedo, el bravo y correoso defensa de Cabojal se ganó el cariño y la admiración de la afición carbayona desde el primer momento.
Aquella temporada, en efecto, el Oviedo nos dio, partido a partido, muchas alegrías. Y, al final, no sólo se logró el ascenso, sino que además quedamos campeones.
Los sueños, en efecto, se cumplían. Las melancolías no ahogaban, ni tampoco impedían, grandes alegrones. Campeones de segunda división.
Entonces llegó el verano. Un tiempo para descansar, disfrutar y soñar. Un tiempo para bañarse en el Narcea, cruzando el río de orilla a orilla. Un tiempo para bañarse en las playas del Aguilar, San Pedro y la Concha de Artedo. Un tiempo para ir de verbena en verbena, en el que el mayor placer consistía en que no había hora fija ni fijada de regreso a casa. Un tiempo para descubrir en la poesía claves y secretos de amor, sin cursilerías. Un tiempo para andar en bici entre Lanio y Cornellana, entre Cornellana y Lanio.
Pero volvamos a aquellos domingos en el Tartiere, en los que el público jaleaba los avances de Carrete, su furia, su garra, su compromiso, su ambición de profundidad como lateral derecho. Y, durante el descanso de los partidos, el refresco en el bar que estaba muy cerca de la grada de Preferencia, el refresco y la bolsa de patatas fritas.
Domingos de lluvia y barro, de paraguas en la grada de general, de olor a puro, domingos en el antiguo Tartiere, que, en aquella temporada, fueron, casi siempre, una fiesta, que iba camino de la primera división.
Llegar a casa, comentar brevemente el partido. Un poco de música en aquel tocadiscos que hoy sería pieza de museo con su altavoz en la tapa. Algo de merienda. Y el pensamiento en el próximo domingo, en la película que podría ver en el cine, cuando el Oviedo jugaba fuera.
A los 15 años, cargado y recargado con la melancolía de la adolescencia, melancolía en la que iba incorporado aquel Real Oviedo que parecía que nunca iba a ascender. Pero, domingo a domingo, el sueño llevaba camino de cumplirse.
Aquel Oviedo del ascenso a primera cuando cumplí 15 años. La calidad de Crispi, calidad sin furia, la veteranía de Nico, que, si no recuerdo mal, venía del Pontevedra. La seguridad que daba Tensi en la defensa, un jugador que, injustamente, colgó sus botas sin haber sido internacional, la fuerza y la lucha de Juan Manuel, el de Casomera.
Soñaba con la épica de ver pronto grandes partidos del Oviedo en primera división, soñaba con la lírica de amores adolescentes para los que buscaba canciones de las que no sonaban en la radio. Soñaba con vivencias que en verdad fuesen estremecedoras y que dejasen arrinconada aquella melancolía tan propia de la edad.
Soñaba con dejar apartado, en un rincón de la memoria, aquel párrafo de Ortega perteneciente a uno de sus volúmenes de “El Espectador”, que decía así: “Cuando no hay alegría, el alma se va a un rincón de nuestro cuerpo y hace de él su cubil. De cuando en cuando da un aullido lastimero o enseña los dientes a las cosas que pasan. Y todas las cosas nos parece que hacen camino rendidas bajo el fardo de su destino y que ninguna tiene vigor bastante para danzar con él sobre los hombros”.
El vigor y la euforia frente lo agridulce. Melancolía quinceañera que es y tiene que ser superada por entusiasmos y estremecimientos, por sueños y delirios, por el arsenal onírico que, a los 15 años, es eterno e inconmensurable.
Ascenso del Oviedo, caída en picado de lo melancólico. Y esa fuerza de los 15 años que todo lo puede, que todo lo envuelve en una suerte de abrazo inacabable y abismal.

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La cuenta atrás de Fernández Villa
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-05-2017 | 3:39| 0

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Parece que esta vez la cosa va en serio, pues el mostachudo ex sindicalista no se librará de rendir cuentas, por muchas alegaciones que haga para no verse en semejante tesitura. Tendrá que depositar una fianza importante o será embargado. La cuenta atrás de Maese Villa acaba de empezar. Ya era hora.

Lo llamativo –que no sorprendente- es su soledad. Nadie sale en su defensa, nadie se muestra públicamente agradecido. El que fuera líder indiscutible de un sindicato omnipresente y todopoderoso en Asturias no tiene quien lo avale, no tiene apoyos públicos. ¡Qué cosas!

Ya no se trata de que justifique el origen de la famosa fortuna que en su momento regularizó y que supuso su caída en desgracia. Lo que ahora le toca es devolver el dinero que, según parece, le debe a su sindicato tras tantos años de ingresos y gastos.

Por otra parte, creo que debo seguir preguntándome y preguntando cómo es posible que, en todos los años en los que estuvo al frente del SOMA, no hubiese nadie en el sindicato que se hubiese enterado de que Villa cargaba gastos tan variopintos y, por otro lado, no rindiese cuentas de los dineros que recibía cuyo destinatario no era él, sino el propio SOMA.

¿Nadie leía los estadillos remitidos por las entidades bancarias? ¿Nadie conocía lo gastos que cargaba? ¿Nadie pedía explicaciones de lo que se hacía con los dineros del sindicato?

Don Pero Grullo diría que, teóricamente, estamos hablando de una organización obrera y democrática llamada a ser cristalina en lo que se refiere a sus cuentas. Pero todo parece indicar que Maese Villa actuaba, en el sindicato y en la política, como un auténtico sátrapa.

Ciertamente, nos deja consternados esa imagen suya de decrepitud en los aledaños del juzgado. Ciertamente, nos machaca anímicamente comprobar estas miserias de nuestra vida pública. Ciertamente, nos deja desolados constatar que en qué se convirtió una organización sindical asturiana que, en el pasado, nos dejó páginas de gloria.

De alguna manera, tenemos el convencimiento de que aquí se traicionó y se desvirtuó el legado moral de una geografía que vivió sus glorias. Pero no sólo estamos hablando de una persona que se comportó de tal guisa, sino también de la pasividad, no sé si cómplice, pero sí corresponsable, de un presunto saqueo que no sólo fue económico.

Ciegos, mudos y sordos no sólo en su sindicato, sino también en su partido en el que tanto poder tuvo. Y, más allá de eso, en nuestra vida pública en su conjunto, pues estamos hablando de un personaje que siempre tuvo un grado de entendimiento enorme con los políticos conservadores asturianos de su tiempo. Por ejemplo, con Gabino de Lorenzo. Por ejemplo, con Álvarez-Cascos.

La cuenta atrás de Villa, devolviendo dinero o siendo embargado. ¡Qué capítulo más desdichado para nuestra historia!.

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Proceloso mayo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-05-2017 | 4:34| 0

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Proceloso mayo. El miércoles, sin ir más lejos, la tormenta que se desplomó a primeras horas de la tarde fue tremenda. El aguacero, en algunos momentos, cobró una asombrosa fuerza. Todo ello, en unas jornadas en las que las perturbaciones conceden horas de tregua, pero no nos abandonan.

Proceloso mayo, tras un mes de abril en el que apenas llovió en Vetusta ni en el resto de Asturias. Y, bien mirado, estas tormentas recientes, más que desquitarse de la sequía de los meses anteriores, se diría que parecen anticiparse a las veraniegas.

Incomodidades aparte, no puede negarse la estética que tienen las trombas de agua decididamente enrabietadas que, de repente, parecen inundarlo todo, que paralizan casi todo. Ante ellas, el paraguas no es suficiente, se hace necesario cobijarse pacientemente hasta que las nubes descarguen.

Proceloso mayo también en la política vetustense. Con Gabino de Lorenzo y sus avisos al Consistorio sobre la seguridad en el Tartiere. Con ese informe emitido por la Universidad a instancias del equipo de gobierno municipal que, según parece, plantea las posibles responsabilidades patrimoniales de quienes gobernaban la ciudad cuando se decidió la expropiación de Villa Magdalena.

Proceloso mayo, política y judicialmente hablando en todo el país, también en Oviedo.

Lo cierto es que en las mencionadas treguas que conceden las tormentas de estos días, es una delicia recorrer Oviedo, disfrutando de una atmósfera más limpia y preguntándonos acerca de lo que está sucediendo en la vida pública.

Y es en estas ocasiones cuando nos ronda la sospecha de que los petardazos informativos son como los truenos y relámpagos llamados a ser y resultar efímeros, porque, según parece, se cuenta con que todo escampe, con que ese ruido y esa furia se diluyan y queden como un exangüe recordatorio que propende a borrarse y diluirse.

De todos modos, quiero quedarme con la delicia de esos momentos de tregua, con el paseo por Oviedo tras la chubascada, incluso tras el granizo. Con esa calma, que es pura serenidad, con ese cielo en el que las nubes, bien se han ido, bien descansan.

Con el momento del sosiego, en el que siempre se ve más claro. Con ese paisaje urbano en el que las terrazas de los bares y cafés ofrecen su particular paisaje después de la batalla.

¡Qué grato resulta ese café a techo, contemplando la nada estridente vuelta a la normalidad, en la que la gente camina con los paraguas cerrados, en la que se sigue mirando al cielo, en la que se hace un alto en el camino en una terraza que ya vuelve a estar en condiciones de disfrutar de ella!

Sosiego, mucho sosiego. Sosiego y placidez, pero sin embotamiento alguno.

Y las nubes viajeras se van con la tormenta a otra parte, acaso muy cercana.

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¿Malos tiempos para la socialdemocracia?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-05-2017 | 7:21| 0

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Ya sabemos cómo está el PSOE de maltrecho, no ya desde la defenestración de la que fue objeto Pedro Sánchez, sino más bien desde que Zapatero fracasó estrepitosamente en sus políticas en la última legislatura que gobernó. Y sabemos también que, en la campaña de primarias en la que se encuentra inmerso el partido, la atmósfera está más enrarecida y bronca que nunca, lo que hace presagiar que no va a ser nada fácil que, tras conocerse los resultados, la integración y la armonía vayan a presidir el día a día del partido.

Si vamos por partes, está claro que la pregunta que cabe hacerse es quién ganará las primarias. Pero, a poco que se reflexione sobre el particular, lo más esencial sobre lo que cabe hacer hipótesis es cómo será el día después de las primarias. Vayamos por partes.

Doña Susana se presenta como la candidata del aparato, como ese PSOE que en sus ámbitos oficiales consideran que es el de siempre, soslayando con tal planteamiento la mayor parte de la historia de este partido. Por su lado, don Pedro comparece como el candidato de la militancia, como el político que hará girar al partido hacia la izquierda. Y, por su lado, Patxi López parece quedarse a medio camino entre ambos, al tiempo que su discurso parece el más integrador de puertas adentro. Esto es lo que parece, si bien no estaría de más preguntarse si no nos estamos encontrando, una vez más, con ese juego entre apariencia y realidad que puede acarrear mucha confusión.

Por otra parte, se reconozca o no, está claro que hay un antes y un después tras conocerse el número de avales de las tres candidaturas. Aquí, la confusión no es tan grande, es decir, a resultas de los avales conseguidos, no cabe hacer vaticinios certeros, entre otras cosas, porque está muy claro que es más fácil conseguirlos desde el aparato propiamente dicho que desde afuera.

Pero hay algo más importante aún que no podemos dejar de preguntarnos y que tiene que ver con el asunto ideológico, asunto en el que, de un lado, no todos pueden ser claros, y, de otro lado, no todos se han ganado mucha credibilidad. Partamos de una base muy clara: no es fácil el equilibrio que iría entre no parecerse al PP, pues, para eso, no tiene sentido que se sigan protegiendo bajo unas siglas de izquierdas, y, de otra parte, no competir, en lo ideológico, con Podemos.

En Francia se demostró que un partido que se reclama socialista no puede sobrevivir haciendo las mismas políticas que la derecha. Y, por otro lado, haría falta que se conocieses qué proyecto de partido y de país hay detrás de cada candidatura, proyectos que vayan más allá de obviedades y topicazos.

Sin duda, son malos tiempos para la socialdemocracia, pues no es fácil articular un discurso que no acepte los postulados del capitalismo más salvaje y que, al mismo tiempo, no incurra en demagogias y populismos. Sumemos a ello otra cuestión que no es ninguna fruslería: ninguna de las tres candidaturas tiene una gran credibilidad.

Sin ir más lejos, lo que Susana Díaz representa es al socialismo de siglas que, habiendo gobernado Andalucía desde las primeras elecciones autonómicas, no combatió el paro con éxito, no llevó a cabo una reforma agraria que es una asignatura pendiente en la historia de España y, para mayor baldón, incurrió el PSOE andaluz en corruptelas escandalosas. Por su lado, don Pedro Sánchez empezó teniendo una gran sintonía con Ciudadanos y, desde que fue defenestrado, se fue escorando, en la retórica, a la izquierda. Y, en cuanto a Patxi López, nadie puede negar que siempre fue un político muy involucrado en el aparato del partido.

Vencer en las primarias no significa necesariamente convencer al electorado para ser una alternativa de Gobierno distinta del PP, y con la regeneración como bandera. Vencer en las primarias no significa contar con un grupo parlamentario que se pliegue al ganador o ganadora. Vencer en las primarias no significa detener un declive que empezó con Rubalcaba y que continúa de forma imparable hasta el momento presente.

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