El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
El autismo de la FSA en el Occidente asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-01-2014 | 12:29| 0

 

¿Hablamos de autismo o de complicidad? ¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo piensa la FSA seguir desentendiéndose de lo que vino pasando (y, en algunos casos, sigue sucediendo) en determinados concejos del occidente asturiano gobernados por el PSOE? Tres ejemplos, como mínimo, inquietantes: Cudillero y su eterno culebrón, el puesto de trabajo creado por el regidor de Grandas de Salime para el señor Cuesta y el informe del Tribunal de Cuentas sobre la situación contable del Ayuntamiento de Salas.

Si les parece, vamos por partes. Cierto es, a propósito del serial político de Cudillero, que no sería de recibo que el PP o FAC gobernasen un municipio en el que el PSOE obtuvo mayoría absoluta en 2011. Dicho lo cual, no podemos dejar de preguntarnos por qué se permitió el continuo deterioro de la vida pública en ese concejo tras la dimisión del sucesor de Francisco González (Quico) cuando obtuvo su controvertida acta de diputado llariego. Cacicada tras cacicada, despropósito tras despropósito con el apoyo del casi regidor perpetuo del concejo y de la FSA, personificada por don Jesús Gutiérrez, con sus rizos, su cazadora y su “cráneo privilegiado”, que diría el personaje valleinclanesco. Como si fuera un cortijo particular, deciden nombramientos de personas que ni siquiera estaban en la lista electoral. Y, que sepamos, la FSA no sólo no mandó parar, sino que hasta el momento vino apoyando decisiones arbitrarias y atrabiliarias.  ¿Cuánto bochorno nos hubiéramos evitado con una nueva convocatoria electoral que aún no se decidió?

En cuanto al nombramiento del señor Cuesta como coordinador y director del patrimonio arqueológico del Concejo de Grandas de Salime, ¿cómo no preguntarnos, dejando aparte otras cuestiones como el fantástico sueldo que percibe, a qué puede obedecer que, para cubrir ese puesto, no se hubiera convocado un concurso-oposición al que pudieran acceder los muchos titulados en la materia que ahora mismo engrosan las largas listas del paro? Si en política es un clásico la importancia del parecer, ¿no se presta el citado nombramiento a pensar que puede guardar relación con las filias y las fobias, sobre todo estas últimas, tan conocidas del señor Revilla? ¿Acaso podemos soslayar que Cuesta Toribio fue nombrado a dedo director del Museo de Grandas tras la trapacería que se cometió con la destitución de Pepe el Ferreiro? ¿Nada tiene que decir la FSA a este respecto? ¿O es que, como escribí más de una vez, todo vale con tal de ganar elecciones? ¿Ganar elecciones es una carta blanca para el caciquismo, máxime en un partido político que se creó, entre cosas, para luchar con no menor fuerza que don Joaquín Costa contra ese mal?

¿Y qué decir de lo que acaba de dictaminar el Tribunal de Cuentas sobre la gestión que se vino haciendo en el Ayuntamiento de Salas en las últimas legislaturas, donde, según parece, el caos contable es apoteósico? Mientras el ex regidor salense obsequiaba a los vecinos con “informes de gestión” salpicados de fotografías y textos suyos que hacían gala de una cursilería y petulancia sonrojantes,  el rigor estaba muy lejos de presidir el quehacer de estas buenas gentes que, de paso, no encajaban con mucha elegancia las críticas que se les hacían. Y ahora nadie pide disculpas, ni por los desbarajustes anteriores, ni tampoco por no haber enmendado la situación el actual Alcalde de FAC que amenaza en la prensa con acciones legales contra sus predecesores en el Gobierno municipal  que no consta que haya llevado a cabo. De hecho, tampoco parece que entre en sus planes pedir una auditoría que clarifique de una vez el proceso que llevó a este concejo a una situación económica tan delicada.

¿Y qué decir también de episodios muy recientes que parecen querer convertir determinadas comarcas del occidente asturiano en un enclave del oso Yogui con una sobrecarga de noñez e irresponsabilidad hiperbólica? Guaridas del oso Yogui, al tiempo que las políticas medioambientales dejan mucho que desear. Por ejemplo, invasiones eólicas, sin ninguna ponderación hasta hace muy poco. Por ejemplo, manga ancha con empresas más o menos potentes y todo tipo de pegas a los poquísimos agricultores y ganaderos que quedan en las comarcas. Ecologismo de boca pequeña que tan a la perfección encarna la consejera Belén Fernández.

¿Qué tendría que suceder en el occidente asturiano para que la FSA –repito- mandase parar y cortase de raíz la política caciquil de muchas de sus agrupaciones locales con responsabilidades de Gobierno actuales o, en todo caso, muy cercanas en el tiempo?

Porque aquí no se trataría ya de pedir políticas de izquierda (¡ji, ji, ji!), sino de imponer que impere la decencia.

Caciques, reyezuelos, aprendices de déspotas, ciertamente poco ilustrados. Y esto viene ya de muy lejos. Lo que importa es que las estadísticas digan que un número importante de Ayuntamientos están gobernados por unas siglas de partido que, para mayor baldón, se reclama de izquierdas.

Mientras tanto, don Javier, con su altura de miras de estadista, se afana y se desvela por hacerle frente al independentismo catalán. Mientras tanto, don Jesús Gutiérrez nos deleita con su carga de profundidad política, heredera de las más altas cumbres del pensamiento occidental. Mientras tanto, las ingenierías chapuceras continúan en la política pixueta; mientras tanto, el señor Revilla demuestra quién es el jefe político del concejo. Mientras tanto, el occidente asturiano se despuebla y se arruina.

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Azaña y los sucesos de Casas Viejas (A propósito del libro de Tano Ramos)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-01-2014 | 12:10| 0

Rojas ha venido esta noche a las once. Su aspecto no predispone en favor suyo; la hechura de la cabeza no delata al hombre inteligente. Yo tengo la copia de la declaración, o más bien informe, dado por Rojas al director general sobre los hechos de Casas Viejas; en su escrito niega que recibiese órdenes monstruosas y niega también que fusilase a nadie”. (Azaña. “Memorias políticas y de Guerra”).

 

 

“¡Tiros a la barriga!”. Una frase jamás proferida por Azaña, aunque se repitió hasta la saciedad que había dicho tal cosa cuando le informaron de lo que estaba sucediendo en Casas Viejas. Claro, aquel rancio reaccionarismo español,  al que no le había temblado el pulso a la hora de aplicar la ley de fugas, se propuso desprestigiar a la cabeza más visible y clarividente de la República por un abuso de autoridad, auténtica marca de la casa de sus calumniadores. ¡Qué cosas!

Cuando escribí mi primer libro, que fue un ensayo biográfico sobre Azaña, allá en 1990, me encontré con que no había constancia oficial de que el autor de “La Velada en Benicarló” hubiese dado tal orden, tan contraria, por lo demás, a su pensamiento. Y el libro del periodista asturiano Tano Ramos, del que se ocupó EL COMERCIO el domingo 12 de enero, confirma y demuestra que, en efecto, Azaña nunca dijo semejante cosa.

Sí es cierto que don Manuel  cometió un error mayúsculo en el Parlamento cuando, al ser interpelado sobre los mencionados sucesos, respondió: “En Casas Viejas, no ha pasado, que sepamos, más que lo que tenía que pasar”. En ese momento, no estaba en el banco azul el Ministro de Gobernación, y dio semejante respuesta tras consultar con el subsecretario de ese Ministerio. De aquello no sólo se derivó la caída del Gobierno, sino que además se disolvieron las Cortes Constituyentes. El destacado jurista Jiménez de Asúa reconoció que el desconocimiento de lo ocurrido no eximía al Gobierno de responsabilidad. Y le sobraba razón.

En todo caso, a propósito de la propagación de una orden que nunca fue dada, conviene poner de manifiesto que Azaña, que en su momento se definió como un burgués, no sólo fue más odiado por la derecha que la izquierda más extrema, sino que además su trayectoria pública fue objeto de graves tergiversaciones que, a día de hoy, continúan presentes en la leyenda, atroz, que sus enemigos le forjaron.

Pondré sólo dos ejemplos. El primero de ellos deviene de su famoso discurso en octubre del 31 que tiene por título “España ha dejado de ser católica”, discurso que, por lo demás, es una obra maestra de la oratoria, pero que se interpretó como un ataque demoledor a la religión católica, cuando, en realidad, se trataba de legislar la laicidad del Estado en la Constitución. Bien es verdad que, a la hora de poner título a su texto, influyó más su condición de ateneísta que la de político en ejercicio. Pero no lo es menos que se puso aquel discurso suyo como prueba irrefutable de cruento y despiadado perseguidor de la Iglesia Católica.

El segundo ejemplo también guarda relación con su religiosidad. Y es que, desde aquella derecha montaraz y ultramontana que tanto lo odiaba, y que pretendía traerlo de Francia para fusilarlo, se propagó con insistencia que, al final de sus días, en la localidad francesa de Montouban, donde vivía en un modesto hotel cuyos gastos sufragaba la Embajada de México, se había confesado por voluntad propia con el obispo Monseñor Theas, con quien le gustaba conversar. No hay confirmación, ni siquiera por parte de su viuda, que le sobrevivió muchos años, de que se hubiera confesado. Pero, en todo caso, no deja de ser paradójico que los mismos que deseaban capturarlo y fusilarlo se inquietasen tanto por su salvación eterna.

Manuscritos que se perdieron durante décadas, algunos de ellos llegaron a manos de Franco, calumnias que, a fuer de repetirse, calaron. Canalladas como una especie de memorias apócrifas escritas desde el odio por Joaquín Arrarás, todo eso sigue pesando sobre un personaje histórico que, para gran parte de la España de hoy, sigue siendo un desconocido, tal y como tituló su cuñado Rivas Cherif el libro que escribió sobre Azaña.

 

Lo cierto es que el libro de Tano Ramos contribuye no sólo a reparar una injusticia histórica, sino también a poner a Azaña en su sitio.

 

Luis Arias es autor del libro Azaña o el sueño de la razón”. Nerea. Madrid, 1990.

 

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Esa fotografía (Sobre la última aparición pública de Fidel Castro)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-01-2014 | 3:49| 0

 

“En la aldea no hacían más que hablar de Cuba ¡Ave María, en España siempre se habla de Cuba! Antes por la huida de los emigrados como yo y ahora por la Revolución. Por la una o por la otra, el español siempre tiene a Cuba en los labios.  (Miguel Barnet. Gallego)

 

Más allá de su otoño, se diría que, intuyendo el final de la andadura, apoyado en una muleta, acabamos de ver a un Fidel Castro cabizbajo y decrépito. Más pendiente de sus cuitas internas que de ese mundo exterior que se sigue interesando por él, el legendario dictador cubano comparece públicamente. No, no parece que esté posando en un ritual de despedida: se diría que su ceremonial de los adioses ya tuvo lugar. Más bien, cabría pensar que se presta a no ocultar su decadencia, incluso su agonía en el sentido unamuniano, luchando, esta vez, contra el dolor y la enfermedad, más que contra sus enemigos externos e internos que, bien es verdad, nunca consiguieron derrocarle, aunque voluntad para ello nunca les faltó.

¿Qué queda de aquel héroe de una revolución que conmovió al mundo? ¿Por qué se torció tanto el guion para que el referido héroe se fuera convirtiendo en un dictador inmovilista, cuyos logros se quedaron atrás en el tiempo, transformándose en un mandatario opresor que cercenó las libertades en su país  y no evitó la miseria de su pueblo? Seguro que Castro respondería a esto, todavía hoy, con un discurso interminable, pero el fracaso está ahí.

Estremece ver el declive de un personaje que ocupa un lugar nada baladí en la historia del siglo XX. Pero estremece más la visión del ocaso vital del representante máximo que encarna una revolución que, en sus inicios, fue mucho más saludada que repudiada.

Más allá del crepúsculo de una trayectoria pública de primer orden, lo inevitable ante esta foto es la paradoja que supone que alguien como Castro, que ejerció un magnetismo innegable  entre el mundo literario, esté protagonizando ahora una especie de versión apócrifa y nunca autorizada de la novela de García Márquez que tiene por título “El Otoño del patriarca”, por mucho que haya constancia más que sobrada de la admiración del Premio Nobel colombiano por el personaje que nos ocupa.

Es inevitable preguntarse, parodiando a Vargas Llosa, más que cuándo, por qué se jodió la revolución cubana, y, aunque la respuesta a ello no es muy difícil, será un lamento permanente que se haya malogrado así.

Nunca olvidaré el final de una de las mejores novelas escritas en castellano en el siglo XX. Se trata de “La Consagración de la Primavera”, de Alejo Carpentier. Siempre tengo presente dónde se ubicaba la “Utopía”, de Tomás Moro, según sus estudiosos. Jamás soslayaré la importancia que tuvo Cuba en la emigración asturiana del siglo XX, con su traslado a la literatura. Por todo ello, reproduje en el encabezamiento de este artículo esas palabras de la célebre novela de Barnet.

Esa fotografía de un Fidel Castro agónico simboliza, entre otras muchas cosas, el estado en que se encuentran las ansias revolucionarias. Y no es que estemos en el ocaso de las revoluciones que anunció Ortega en “La Rebelión de las masas”, sino que, a día de hoy,  no es fácil verles un buen final. Tal vez por eso no es de recibo resignarse a semejante determinismo. Se trataría de muy distinta cosa: de aprender, una vez más, de la madre de todos los fracasos, con ese poderoso armamento al que seguimos llamando inteligencia.

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Si yo fuera monárquico
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-01-2014 | 3:21| 0

 

“Proclamamos una vez más la majestad de nuestra República, la inquebrantable voluntad de nuestro civismo y la permanencia de las glorias españolas cifradas en sus instituciones libremente dadas por la nación” (Azaña).

 

Si yo fuera monárquico, no me apresuraría a plantear que la imputación a la infanta puede ser consecuencia del empeño de un juez que busca celebridad o que es excesivamente severo. Si yo fuera monárquico, insistiría en aquello que dijo en su momento el actual Monarca de que  la Justicia es igual para todos, que debe serlo. Porque, en un momento como el presente, en el que la Corona no goza de gran credibilidad, cualquier atisbo de planteamiento cortesano del que pudiera desprenderse que debe haber impunidad para la hija del Rey se volvería en contra de lo que teóricamente se pretendería defender.

La pervivencia de la Monarquía no podrá sustentarse en discursos cortesanos, y eso deberían tenerlo muy en cuenta los interesados en ello, por mucho que para el bipartidismo hasta ahora imperante la Monarquía haya sido intocable. Y, por otro lado, hace mucho tiempo que este país dejó de creer en conspiraciones judeomasónicas.

Quienes ya apostamos por la República mucho antes de que la imagen de la Monarquía comenzase a deteriorarse seguimos teniendo claro que el Estado republicano se defiende por sí mismo,  sin necesidad de episodios como los protagonizados por el señor Urdangarín.

Nadie puede garantizar que en un Estado republicano sea imposible la corrupción, pero sí se puede afirmar con total certeza y legitimidad que dicho Estado se concibe sin resquicio para lo impune, incurra en ello el Presidente (o la Presidenta) de la República o cualquier ciudadano anónimo.

En un momento como éste en que se conoce el saqueo que sufrieron muchas entidades bancarias públicas, en que se tiene constancia de  las estafas que sufrieron montones  de ahorradores, en que se conocen sonrojantes casos de despilfarros,  en que los privilegios de la mal llamada clase política no sufrieron merma alguna a pesar de la crisis, en que la indignación ciudadana está muy lejos de apagarse, la Monarquía no tiene ciertamente fácil garantizar una regeneración política que los clamores ciudadanos piden a gritos.

Por eso, no vale atrincherarse en espera de que todo escampe. Por eso, no basta con seguir viviendo de las rentas de la supuestamente modélica transición. Por eso, aquí y ahora no sirven topicazos del tres al cuarto.

Este país no puede seguir soportando una continua escandalera que salpica a todas las instituciones, desde pequeños Ayuntamientos hasta la misma institución monárquica.

La vida pública necesita ser dignificada. Por eso un Estado republicano, desde el legado histórico del republicanismo español, pide paso, de entrada contra la impunidad y los privilegios. Soslayar esto sería  negar la realidad.

Si yo fuera monárquico, pediría un esfuerzo contra la impunidad, en espera de que tal planteamiento pudiese aún resultar creíble.

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Abandono y caciquismo en el occidente asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-01-2014 | 11:49| 0

Ya estamos en 2014 y el culebrón pixueto continúa sin resolverse. Ya estamos en 2014 y sigue sin saberse cuándo se reanudarán las obras de los tramos aún pendientes de la autovía de la Espina, si es que algún día va a llegar a hacerse. Ya estamos en 2014 y no acaban de entenderse bien los criterios que sigue el señor Revilla en materia de nombramientos en Grandas de Salime. Ya estamos en 2014, y a pesar de que todos los partidos dicen apostar por la transparencia y la austeridad, no hay forma de explicarse que, en un Ayuntamiento tan endeudado como Cangas del Narcea, sea imprescindible la labor que desempeña en ese Consistorio el señor Guerrero, perteneciente al mismo partido que el Alcalde, es decir, al PP.  Ya estamos en 2014, y muchos nos seguimos preguntando si el actual Alcalde de Salas piensa en algún momento pasar de las declaraciones en la prensa a los hechos en lo que se refiere a toda la casuística de la gigantesca deuda que tiene el Concejo que vio nacer al fundador de la Universidad asturiana. Ya estamos en 2014, y ni siquiera se ve que haya voluntad de acabar con el abandono y el caciquismo que sufre el occidente asturiano. Ya estamos en 2014 y no se conoce la existencia, no ya de un plan, sino de una mínima voluntad de sinergia entre los ayuntamientos del occidente asturiano para combatir el abandono y la despoblación. Tampoco consta en acta que ningún partido con representación parlamentaria en Asturias haya tenido a bien proponer un intento de acuerdo para hacer frente al incesante bajón demográfico que sufre toda esta tierra en su conjunto y, particularmente, el occidente asturiano.

¿Quién les iba a decir a los muy destacados prohombres del occidente asturiano que, pasado el año 2000 y viviendo en una régimen teóricamente democrático, estas comarcas acabarían siendo víctimas del caciquismo y el abandono? Pensemos en Álvaro Flórez Estrada, en el Conde de Campomanes, en Rafael del Riego, en Augusto Barcia, en Álvaro de Albornoz, en José Maldonado y otros, que tuvieron el enorme mérito de captar lo que pasaba en el mundo desde el aislamiento geográfico, adelantándose a su tiempo, mientras clamaban por la culturización del país y las libertades.

Hablo de caciquismo, sí, de políticas locales donde se vino fomentando el clientelismo y el nepotismo por parte de muchos Ayuntamientos que, en número de empleados, son la mayor empresa del concejo. Hablo de caciquismo, sí, por parte de Ayuntamientos que, a la hora de las contrataciones, no siempre se siguió el criterio del concurso de méritos y de la correspondiente convocatoria de oposiciones, puesto que la dedocracia funcionó en muchos casos sin rubor.

Y hablo también de abandono, de un doble abandono. De un lado, el que se sufre por parte de otras Administraciones donde el apoyo a las necesidades suele brillar por su ausencia. Y, de otro lado, el de los centros de decisión de los respectivos partidos políticos que, con tal de que se  ganasen elecciones, miraron para otro lado cuando se incurrió en despilfarros, arbitrariedades de todo tipo y presiones inadmisibles.

¿Qué decir llegados a este punto? ¿Qué puede pasar por la cabeza de luminarias como don Jesús Gutiérrez, que no tuvo reparo en alguno en personarse en aquel Pleno de Cudillero donde se nombró Alcalde a un señor que ni siquiera había ido en las listas? ¿Cómo es posible que doña Mercedes Fernández, al tiempo que pedía reducción del número de diputados de la Junta, no haya tenido nada que decir acerca de la contratación del señor Guerrero en el Ayuntamiento de Cangas del Narcea?

Y, por otro lado, no dejo de preguntarme si existe el occidente asturiano para don Javier Fernández. ¿Para un ex director general de minas, para un ex consejero de Industria, no hay nada que decir acerca de los proyectos de extracción de oro en Tapia, de la proliferación de canteras en todo el occidente y de lo que vino siendo la invasión eólica en casi todo el occidente asturiano, sin que nada de esto haya servido para frenar el envejecimiento de la población y el declive demográfico?

¿Y qué decir de la Consejera Belén Fernández que no se pronuncia sobre los pueblos ribereños del Narcea que no tienen saneamiento y que es muy permisiva con las industrias y muy poco con los lugareños en materia ecológica?

¿Y qué decir de todas las personas que están contratadas a dedo por los Grupos parlamentarios de la Junta? ¿Alguna vez tuvieron a bien darse una vuelta por el occidente de Asturias?

He aquí unas comarcas de enorme potencialidad que, en plena posmodernidad, se les niega la modernidad.

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