El Comercio
img
Autor: luisariasarguellesmeres_72
¿Una España plurinacional?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 08-09-2017 | 6:18| 0

Resultado de imagen de españa plurinacional

“Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos <<oprimidos>> por el resto de España. La situación privilegiada que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja hará de parecer grotesca. Pero a quien le interese no tanto juzgar a las gentes como entenderlas, le importa más notar que ese sentimiento es sincero, por muy injustificado que se repute”. (Ortega y Gasset en 1921).

Mientras se libran continuas batallas en el Parlamento catalán entre los partidarios del referéndum independentista y sus detractores, está sobre la mesa la propuesta de Pedro Sánchez que aboga por una España “plurinacional”, propuesta que también está suscitando polémicas y chanzas, incluso por parte de gentes de su propio partido. Y, en el momento en el que el líder del PSOE planteó, “al menos”, la existencia de tres naciones dentro de la madre España, hay quienes se hacen oír reclamando que sus territorios también lo son, como es el caso de Andalucía.

Antes del famoso “café para todos” de Clavero Arévalo, se hablaba de una España descentralizada con tres grandes autonomías: Cataluña, el País Vasco y Galicia. Pero se optó por un Estado autonómico, en el que unos territorios alcanzarían su techo competencial antes.

¿Cómo no recordar las declaraciones que hizo en su momento Tarradellas en las que puso de manifiesto que “Cataluña no podía ser tratada igual que la Mancha”?  Aquello originó una fuerte polémica, porque se consideró que el planteamiento del líder catalán significaba que unos territorios tendrían más derechos que otros. Y no se interpretó que los derechos de la ciudadanía son per se, es decir, que no tendrían que sufrir menoscabo alguno en función de dónde se gestionan la sanidad y la educación, que lo esencial sería que esos servicios públicos fuesen de calidad.

El hecho fue que la cuestión terminológica se resolvió al dividir los territorios en “nacionalidades” y “regiones”, terminología que trajo su polémica, pero que, con mayor o menor reparo, se acabó aceptando.

Podría haberse construido un modelo territorial con tres grandes autonomías. No obstante, se optó, como sabemos, por el modelo actual cuya base teórica podría relacionarse con las tesis que en su momento defendió Ortega y Gasset en su ensayo “La redención de las provincias”.

Pero ahora, a la espera de lo que vaya a suceder a partir del 1 de octubre,  toca reinventar la llamada vertebración territorial. Y hay motivos sobrados para poner en duda que un cambio terminológico que hable de “naciones” en lugar de “nacionalidades” vaya a resolver la situación.

Serán muchos los territorios que se reclamen “nación”, considerando que no merecer tal consideración significaría aceptar una inferioridad de condiciones que no estarían dispuestos a aceptar.

Sin embargo, la cuestión es mucho más profunda, pues, de entrada, habría que tener muy claro qué se entiende por nación. Escuchemos a Renan: “Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho juntos grandes cosas, querer hacer otras más; he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo… En el pasado, una herencia de glorias y remordimientos; en el porvenir, un mismo programa que realizar… La existencia de una nación es un plebiscito cotidiano”.

Escuchemos a Ortega y Gasset: “Repudiemos toda interpretación estática de la convivencia nacional y sepamos entenderla dinámicamente. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”.

Pregunta retórica: ¿Están nuestros políticos a la altura de plantear un proyecto de Estado en el que haya sitio para esos anhelos de nación que se respiran en determinados territorios de España? Desde luego, los conceptos que al respecto desliza Pedro Sánchez son, buenas intenciones aparte, simplistas y ñoños.

¿Alguien defiende un proyecto de Estado en el que no se paguen más o menos impuestos en función del territorio donde se vive, en el que, por el desempeño del mismo trabajo, se perciban sueldos diferentes? ¿No habría que discutir y pactar esto?

La idea de nación puede ser aplicada a más territorios de los que propugna Pedro Sánchez, entre ellos, por supuesto a Asturias, sin que esto signifique que, en nuestro caso, haya una voluntad secesionista. Urge resolver el problema territorial, y la agenda de la vida pública así lo marca.

El problema, como ya escribí, no es que haya unos políticos en Cataluña más o menos desnortados, sino que el independentismo fue creciendo en los últimos años en la ciudadanía de este territorio, y eso, desde una óptica democrática, no se puede soslayar.

Ver Post >
Sobre el debate entre Adrián Barbón y José Mª Pérez
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 06-09-2017 | 4:55| 0

Resultado de imagen de Debate FSA ENTRE BARBÓN Y PÉREZ

Si el debate entre Adrián Barbón y José María Pérez  no hubiese sido en clave de primarias, habría que calificarlo de insulso y aburrido. Pero, como se trató de un “combate dialéctico” entre dos candidatos que aspiran a liderar el partido hasta ahora casi hegemónico en Asturias, es obligado analizarlo atendiendo al momento que vive actualmente el PSOE en Asturias.

De entrada, el señor Barbón representaría al “nuevo” PSOE,  mientras que el señor Pérez  estaría en la línea del sector más oficial y oficialista de la FSA. Pero las dudas surgen por doquier.

Porque, con el candidato de Laviana están personas como María Luisa Carcedo y Adriana Lastra que, a lo largo del tiempo, no se salieron lo más mínimo  de la ortodoxia marcada por don Javier Fernández y compañía. A esto habría que añadir el apoyo del SOMA a la candidatura de Barbón, un sindicato todopoderoso en la FSA a lo largo de todas estas décadas.

Ciertamente, todo el mundo puede variar su posición política en un momento dado. Dicha tal obviedad, resulta al menos dudoso que las personas antes citadas puedan ser adalides de un partido que desea renovarse y modificar su discurso.

En cuanto a José María Pérez, es innegable que su decisión de presentarse a estas primarias anima el debate y obliga a Barbón a explicarse y a esforzarse por convencer a la militancia. Lo contrario, una sola candidatura, sería un mero trámite.

Dicho esto,  la trayectoria del candidato Pérez  está muy clara y, más que a plantear la hoja de ruta que le toca al partido a partir de ahora, lo que hizo fue poner pegas –algunas muy razonables- al discurso de su antagonista en el debate.

Ambos hablaron de principios ideológicos, de su compromiso contra la desigualdad, de la pérdida de derechos que se viene produciendo en los últimos años (soslayando que los recortes y las reformas laborales empezaron con Zapatero), de la necesidad de fijar población en Asturias y de luchar contra la despoblación sobre todo, en el mundo rural. Como declaración de principios vale. ¿Pero es suficiente?

De otra parte, no se habló de cambio generacional, algo que llega siempre sin permiso de los dirigentes políticos, ni tampoco se hizo autocrítica de la trayectoria de un partido que, insisto, vino siendo hasta el momento, hegemónico en Asturias.

Lo más clarificador del debate fue lo tocante a las relaciones que el PSOE puede y debe mantener con el resto de fuerzas políticas de izquierdas. En este sentido, Adrián Barbón se mostró mucho más predispuesto a ello.

Al final del debate, se saca en conclusión que, a las dudas que suscita el “nuevo” PSOE de Pedro Sánchez, hay que añadir que el cambio en el discurso y en el proyecto se presenta más costoso en una tierra como la nuestra en la que la presencia de determinadas personas, que a lo largo de los últimos  apoyaron sin fisuras las políticas una de las federaciones más conservadoras del partido, no es insignificante.

La duda lampedusiana, de momento, está ahí.

Ver Post >
Caso Renedo: No lo llamen caso aislado
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 04-09-2017 | 4:53| 0

Resultado de imagen de caso renedo, el comercio

«Hay que ser un héroe para enfrentarse a la moralidad de una época». (Foucault).

Como era de esperar, tras conocerse la sentencia del llamado ‘caso Renedo’, las reacciones se siguen produciendo incesantemente. Y no acierto a entender que se haya dicho que se trata de un caso aislado.

No es un caso aislado desde el momento mismo en el que estamos hablando de dos consejerías en este entramado de corrupción, de dos consejerías y de cargos políticos condenados en compañía de empresarios y de una alta funcionaria. Cuando estamos hablando de actuaciones que se prolongaron en el tiempo.

El primer lamento del partido entonces gobernante tendría que venir por el reconocimiento de que tales cosas sucedieran sin que los preceptivos controles funcionasen. Y, por parte de lo que era entonces la oposición, tampoco están como para sacar pecho por no haber seguido con rigor la acción del Gobierno. ¿Y qué decir de IU, que formaba parte de aquel gobierno en 2011, cuando se produjeron los primeros ingresos en prisión? Desde luego, nadie dimitió, desde luego todos siguieron enrocados en sus beatos sillones.

Todo este entramado se hizo, presuntamente, en detrimento de la escuela pública y de todo aquello que habla de nuestras raíces. Si algo así no es oprobioso y hasta nauseabundo, que vengan todos los referentes y que lo vean.

También me llama la atención que, desde otras trincheras, al unísono, se pidan dimisiones, y me llama la atención porque me pregunto si hacía falta la sentencia para tales pronunciamientos.

No lo llamen caso aislado, es una historia marcada por unos agravios no solo en el orden material, sino también en la moral pública. Invito al público lector a que recuerde su impresión cuando los medios se hicieron eco de este escándalo. No solo indignación, sino que también fue algo que dejó por los suelos el estado de ánimo de la ciudadanía.

Del único aislamiento que cabe hablar aquí es de nuestra insularidad. Tanto en el momento en que estalló el escándalo como en el instante en que se conoció la sentencia, esta historia apenas transcendió allende Pajares. Y, por último, como el arriba firmante no tiene madera de inquisidor, me resulta muy significativo que se estén produciendo reacciones que se pronuncien en torno a los años de prisión de las condenas. Miren: lo esencial, a mi entender, sería otra cosa: obligar a que se reponga lo presuntamente sustraído, al tiempo que esa FSA, que se reclama tan diligente y tan defensora de la enseñanza pública y de la cultura, debería pedir perdón a la sociedad asturiana y mostrarse abochornada ante lo sucedido.

No soy partidario de la humildad entendida al modo judeocristiano. Pero sí me siento un entusiasta de ese acto de grandeza humana que consiste en el reconocimiento de los errores.

Ver Post >
En torno a Francisco Umbral
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 02-09-2017 | 2:48| 0

“Lo que el padre silenció, en el hijo habla: muchas veces comprobé que el hijo era el desvelado secreto del padre”. (Nietzsche).

Según Ana Caballé, la obra de Umbral es “el autorretrato más largo de la literatura española”. Autor de 110 libros y de135.000 artículos. En tan abultada obra, el mayor protagonismo lo tiene el propio Umbral. Se inventó a sí mismo, y, sin embargo, datos esenciales de su verdadera vida, no menos literaria que su obra, permaneció oculta, o, más bien, fue inventada. Hasta después de su muerte, no se supo que su padre fue Alejandro Urrutia, abogado, republicano, intelectual y poeta modernista, padre también del poeta Leopoldo de Luis. Umbral supo quién era su padre, pero lo ocultó, y en sus libros más autobiográficos, el verdadero padre estuvo ausente.

Ausencia del padre, que nunca reconoció a su hijo, y, llegado el momento, muerte del  propio hijo, acontecimiento que trajo consigo la que es acaso mejor novela de Francisco Umbral: “Mortal y Rosa”.

Por tanto, doble ausencia, dimensión trágica de un autor que ocultó también su verdadero nombre, Francisco Alejandro Pérez Martínez, así como su año de nacimiento, que fue 1932, y no 1935.

Umbral podría haber hecho suyas estas palabras de Ortega: “El hombre es novelista de sí mismo, original o plagiario».  Un Ortega al que el autor que nos ocupa admiró mucho.

Escritor en estado puro, con su máquina de escribir, con las estrecheces inevitables de los comienzos. Escritor en estado puro que tuvo una presencia continua en la prensa, en la que escribió artículos memorables, con su prosa magistral y única.

Con ocasión del décimo aniversario de su muerte, se han escrito muchas cosas en no pocos casos exageradas, que hablan del mejor prosista del siglo XX, sin tener en cuenta la calidad alcanzada por los grandes escritores de las tres primeras décadas de la pasada centuria.

Pero, sin duda alguna, Umbral fue el columnista de referencia en la transición, un columnista que continuó una tradición que se está perdiendo: la del escritor de periódicos, la del columnismo literario. En sus artículos, lo que estaba por encima de todo era la calidad literaria, más que el análisis puntual de los acontecimientos.

Por otra parte, a la hora de pronunciarse sobre los grandes escritores contemporáneos españoles, Umbral, al mismo tiempo que dio claves esenciales sobre algunos literatos y pensadores, también incurrió en arbitrariedades e injusticias manifiestas. Por ejemplo, con la prosa de Azorín. Por ejemplo, en lo más cercano a nosotros, con Pérez de Ayala, a quien vapuleó como columnista y escritor.

Pero, con sus arbitrariedades que no fueron pocas, con su falta de rigor inevitable de quien escribe más de lo que investiga, Umbral fue, ante todo, un género literario, que, por otro lado, tuvo sus imitadores que no alcanzaron, como siempre sucede, grandes alturas.

El siglo XX fue novelado por Umbral, y no sólo en sus libros, también en muchos de sus artículos.

¿Cómo no recordar aquel retrato que hizo de Franco? “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte”.

¿Cómo no recordar el artículo que publicó tras la matanza de Atocha, instando a Alberti a que no regresase aún del exilio?

¿Cómo no perder de vista su relación con Cela, con quien compartía su debilidad por lo carpetovetónico y celtibérico, pero que, al final, le dedicó un libro donde no faltaba la acidez?

¿Cómo no tener en cuenta su desencanto con el felipismo, que lo llevó a escribir un libro excelente en el que puso sobre el tapete las contradicciones y renuncias de aquella época?

La suyas fueron, en las novelas y en los artículos, verdades literarias, “verdades” no siempre rigurosas, pero sí con un poderío estético envidiable.

No fue el Larra del siglo XX, como se dijo en su momento. No alcanzó la genialidad de Valle- Inclán, al que abordó también en un libro que, más allá de los logros en la prosa, apenas aportó claves sobre el autor de “Luces de Bohemia”. No tuvo nunca como articulista la influencia que alcanzó Ortega en su momento. Su “yo” no atesoró la profundidad de otro gran cultivador de sí mismo como Unamuno.

Pero, sin duda alguna, hablamos del columnista español más brillante de la segunda mitad del siglo XX y hablamos también de un novelista atípico que se contó a sí mismo en la práctica totalidad de su obra narrativa y que alcanzó la excelencia literaria en “Mortal y Rosa”.

Columnista de referencia de la segunda mitad del siglo XX que, por otro lado, es en no pequeña parte la consecuencia de aquella España que en los años 30 se asomó a la modernidad con trágicos resultados.

De aquella España vino a la España más contemporánea, con heridas y ocultaciones, con secretos literales y literarios que, a poco que buceemos en ellos, nos estremecen.

Ver Post >
Ante la sentencia
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 02-09-2017 | 5:40| 0

Resultado de imagen de Caso Renedo

Aquella mañana de 2011 fue un mazazo encontrarme con la noticia del ingreso en prisión del exconsejero Riopedre, de María Jesús Otero y de la alta funcionaria Marta Renedo, así como de los empresarios de Igrafo y Almacenes Pumarín. Las imágenes no eran menos heladoras que los textos.

En el verano de 2010, José Luis Iglesias Riopedre había dejado la Consejería de Educación, según declaraciones propias, por motivos de salud. También se jubiló entonces la señora Otero.

Pero antes de que Riopedre dejase su cargo, fue inolvidable la batalla que se libró contra el cierre de un colegio rural en Tineo, en los Semellones, alegando que no había alumnos suficientes para mantenerlo abierto. A los niños les tocaba madrugar más para desplazarse a otro centro docente. Aquel Gobierno y aquel consejero decían, para mayor baldón, ser defensores a ultranza de la enseñanza pública. Aquella noticia supuso el mayor mazazo que nos dio la vida pública asturiana, mayor aún que el bochorno que nos produjo el ‘Petromocho’.

Según fue trascendiendo, lo relacionado con Riopedre y con su número dos se conoció a través de escuchas telefónicas que se pusieron en marcha en las investigaciones judiciales a doña Marta Renedo.

De un lado, la implicación de Riopedre y Otero, personajes que parecían ser la sobriedad personificada. De otra parte, la señora Renedo, con sus presuntos manejos que llevaron a que alguien se encontrase, sin saber su origen, con una suma muy abultada de dinero en su cuenta. Lo de Riopedre consistió en operaciones encaminadas supuestamente a favorecer una empresa de su hijo. Lo de doña María Jesús, presuntamente, tuvo que ver con operaciones para sus negocios particulares. Lo de doña Marta, parece ser, se urdió para afrontar unos gastos personales disparatadamente disparados.

En abril de 2016 comienza el juicio. En los interrogatorios, lo más llamativo fue todo lo que salió a relucir en torno a doña María Jesús Otero. Por ejemplo, cómo se fraguó el pago del regalo de cumpleaños a Riopedre, así como las idas y venidas de materiales teóricamente destinados a centros docentes. Tintes dramáticos en las declaraciones del acusado de Almacenes Pumarín. Serenidad pasmosa la de la señora Otero. Parquedad en lo que contestó a su abogado el señor Riopedre. Desparpajo en doña Marta Renedo.

Y ahora, en el inicio del curso académico y político, se hace pública la sentencia. Ahí está el mazazo sufrido por la ciudadanía. Y ahí está también la trayectoria del señor Riopedre: del hábito frailuno, a la filosofía, a Spinoza y Hobbes. De ahí a la política. Y, al final, a este proceso en el que es condenado judicialmente.

¿Queda lugar en Asturias, tras esta sentencia, para la autocrítica y para la asunción de responsabilidades políticas?

Ver Post >