El Comercio
img
Autor: luisariasarguellesmeres_72
¿Deconstrucción o reconstrucción en Cataluña?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 31-10-2017 | 8:20| 0

Desde que Rajoy compareció dando noticia de que el 21 de diciembre habría elecciones en Cataluña, a resultas de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la madre de todas las preguntas consistía en saber si los partidos independentistas se presentarían a esos comicios convocados, dada la excepcionalidad de la situación, por el Gobierno de España. Y, tanto ERC como el PDeCAT, ya confirmaron que, en efecto, concurrirían. Sobre la CUP, siempre es pronto para saber algo definitivo.

Y era la madre de todas las preguntas porque, de no concurrir a las elecciones las formaciones independentistas, se antojaría casi imposible la más mínima esperanza del retorno a la normalidad política en Cataluña.

Aun así, las incógnitas son muchas. De entrada, habrá que ver cómo reaccionan los miembros del Gobierno autonómico cesados por la aplicación del mencionado artículo de la Constitución, sin perder de vista el proceso judicial al que se enfrentarán.

Será, sin duda, una campaña electoral muy atípica, marcada por los acontecimientos que vinieron sucediendo. Y, en todo caso, hasta que se conozcan los resultados, solo habrá, en el mejor de los casos, un compás de espera.

¿Deconstrucción o reconstrucción? No es fácil asimilar, socialmente hablando, haber vivido una situación ficticia. No es fácil que quienes no fueron capaces de alcanzar acuerdos cambien su disposición y se vuelvan dialogantes. No es fácil recuperar el sentido de la realidad y reconstruir la convivencia social.

Y no hablo solo de los puentes rotos entre Cataluña y España, sino también del conflicto interno dentro de Cataluña. No hay que descartar el descontento social de quienes pueden llegar a sentirse engañados. No hay que perder de vista que no se puede llevar a cabo una secesión con una mayoría parlamentaria exigua y atípica.

Sería muy deseable que todos hayan aprendido algo para que el problema no se agrande ni se enquiste. Se llegó demasiado lejos, se incurrió en algo quimérico. De un sueño de muchas personas, antes de convertirlo en pesadilla, hicieron un folletín, o, si se prefiere, un culebrón. Se jugó con fuego, sacando a relucir odios de los unos de los otros. Se puso de manifiesto la capacidad de tomar como asidero algo tan inconsistente como el resultado del referéndum del 1-0, de tan triste recuerdo para unos y para otros.

Es hora de recuperar la cordura, el diálogo y el respeto.

Cataluña es algo muy serio, algo muy importante, y no es de recibo convertir su vida pública y su futuro más inmediato en un galimatías que roza lo esperpéntico.

Ver Post >
Por la escalera de incendios
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 28-10-2017 | 5:49| 0

Resultado de imagen de Puigdemont, DUI

Tras continuas idas y venidas del  Presidente de la Generalitat, el Parlament de Cataluña aprobó la resolución para declarar la famosa DUI. Lo han hecho, sí, pero la actitud de Puigdemont  fue, en el mejor de los casos, pusilánime, optó por zanjar el asunto saliendo por la escalera de incendios. Acalló, eso sí, a quienes podían reprocharle que al final los había traicionado. Pero, con su actitud hamletiana, a lo que da paso es a la incertidumbre y al caos.

No es de recibo declarar una DUI cuando los votos que representan sus partidarios no superan la mitad de los sufragios. No es de recibo afirmar que el referéndum de 1-O refleja la voluntad de la mayoría del pueblo catalán, entre otras razones, porque no se dieron ni de lejos las condiciones mínimas para considerarlo válido. Se podrá argüir que tampoco se les permitió hacerlo. Pero entonces tocaría abrir un periodo de negociaciones en busca de acuerdos mínimos. Lo que resulta insufrible es esa cerrazón de aferrarse a una falacia.

Tampoco cabe tomar como pretexto la aprobación de la puesta en marcha encaminada a aplicar el famoso artículo 155 de la Constitución. Cuando esto no estaba aún sobre la mesa, el discurso era el mismo.Se sabe que la DUI no sería efectiva. Pero es indudable que, con ella, la conflictividad  está garantizada.

Por la escalera de incendios se salió Puigdemont. Quienes apostaron por la independencia se sirvieron del descontento que no sólo es fruto del desapego entre Cataluña y España. Y se condujeron con un frenesí apabullante y abrumador hasta un extremo que hacía muy difícil reconducir la situación hacia un escenario de diálogo. Cuando fueron a darse cuenta, ya era muy difícil retroceder. Y, así, se decantaron por lo fácil, sin grandeza alguna.

En efecto, estamos viviendo la mayor crisis desde la muerte de Franco a esta parte. Y además esto sucede en un momento en el que la mal llamada clase política es más mediocre que nunca.  Todos –unos más que otros- nos han conducido al atolladero en que nos encontramos.

De todas las opciones disponibles, sin duda, la mejor hubiera sido convocar elecciones por parte del Ejecutivo catalán, unas elecciones con garantías, que, desde luego, tampoco garantizarían la resolución del conflicto, pero, al menos, nos hubiéramos ahorrado huidas hacia adelante como las protagonizadas por todo el bloque independentista y también la situación excepcional que se creará a partir de ahora con la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Me gustaría creer que no se va a seguir jugando con los sentimientos de las personas, que no se va a enfrentar a una sociedad, que de esta situación límite saldremos fortalecidos. Pero no hay motivos fundados para el optimismo, cuando el principal responsable político de Cataluña no da la cara tras continuos titubeos, cuando en el ámbito estatal la torpeza no está ausente.

Seguiremos asistiendo a continuos desencuentros, que sería deseable que al menos sirviesen para que el electorado tomase la palabra poniendo a cada cual en su sitio. Pero está por ver hasta cuándo se va a seguir celebrando la ceremonia de la confusión, hasta cuándo se va seguir esperando para que la ciudadanía recupere su protagonismo.

Ver Post >
Grotesca vida pública
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2017 | 9:45| 0

Resultado de imagen de Hermógenes Fernández Villa, el comercio

Ese rostro airado de don Hermógenes Fernández Villa, amenazando a un fotógrafo de EL COMERCIO, representa, además de otras cosas, lo grotesca que puede llegar a ser nuestra vida pública. Se entiende que a este versallesco ciudadano le incomodase tener que acudir como testigo ante la juez que investiga el origen de la fortuna de su hermano. Estaba en su perfecto derecho de no querer hacer declaraciones a la prensa, es obvio. Pero no es admisible bajo ningún concepto esa actuación tan fuera de lugar.

Alguien dijo que, de entre todas las enfermedades de transmisión sexual, la verdaderamente incurable es la familia. Por eso, nadie está libre de tener familiares impresentables. Distinta cosa es que, tratándose del asunto que aquí nos trae, la sociedad tenga que tragarse lances como el protagonizado por don Hermógenes.

¡Ay, la familia! O sea, que también nos toca sufrir a los familiares de determinados personajes de la vida pública. En algunos casos, por el nepotismo de ciertos mandamases. En otros, por los comportamientos que observan. De verdad, esto no es justo.

No sólo tenemos que padecer las consecuencias, morales y materiales, de todas las corruptelas que en Asturias vienen siendo en los últimos años, sino que además, a todas esas grandes alegrías, se suman espectáculos tan grotescos como el que tuvo lugar el 23 de octubre a las puertas de la Audiencia Provincial. La ciudadanía nada malo les ha hecho. Nada les debemos. Pero nos cae la desgracia de tener que soportarlos.

Así las cosas, nos toca pagar y nos toca como propina tener noticia de episodios que no sólo reflejan la picaresca de la vida pública, sino también la chabacanería a la que se ha llegado.

La imagen de la que venimos hablando, la de este honorable señor con su amenaza, con su ira, se suma a la larga serie de episodios desmoralizadores y de brocha gorda que vienen sucediendo en Asturias en los últimos tiempos.

Al final, lo único que sabemos es que otro familiar del otrora poderoso sindicalista y político, que también acudió a declarar, doña Asunción Fernández Villa, desmiente a don José Ángel, pues, según ella, cada hermano heredó 30.000 euros, cifra sensiblemente inferior a la que señaló el antiguo líder del SOMA.

O sea, que tenemos motivos para la indignación y para el bochorno, por mucho que nos pueda resultar hilarante el circo que se nos brinda.

Ver Post >
¿EL 15-M ERA ESTO?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 24-10-2017 | 11:59| 0

«A menudo encontramos nuestro destino en los caminos que tomamos para evitarlo» (Jean de la Fontaine).

No puedo dejar de preguntarme cómo es posible que, para Podemos, el hecho de hablar en catalán llegase a ser una suerte de salvoconducto que librase a quienes utilizan ese idioma de pertenecer a lo que ustedes llamaron, con acierto, la casta política. No sólo entiendo, sino que además suscribo la inmensa mayoría de las críticas que su partido viene haciendo tanto al PP como al PSOE. Pero le aseguro que soy incapaz de encontrar una explicación cabal a su ausencia de crítica al movimiento independentista en Cataluña.

Por lo que vengo leyendo, sólo hay un desacuerdo importante entre su partido y el bloque independentista catalán, y ese desacuerdo se refiere a que ustedes no se suman a esa especie de mantra en virtud del cual hay que considerar que el resultado del referéndum del uno de octubre es un mandato democrático que obliga a proclamar la famosa DUI, algo tan insostenible como delirante.

Para ustedes, el PP, el PSOE y Ciudadanos forman un ‘bloque monárquico’, del que se sienten claramente alejados. Yo también. Pero, según ese planteamiento, habría que concluir que el resto de las formaciones políticas son republicanas, especialmente su partido. Lo cierto es que acerca de su teórico republicanismo se suscitan muchas dudas. Lo cierto es que, en estos momentos, ERC, que tuvo tantos vínculos con el republicanismo español, no tiene a bien liderarlo, puesto que sus afanes y desvelos vienen dados por la independencia de Cataluña, y no por un Estado republicano en España.

¿EL 15-M era esto, señor Iglesias? ¿Tanto les cuesta a ustedes reconocer que el nacionalismo catalán, especialmente CIU, que actualmente se denomina PDeCAT, incurrió a lo largo del tiempo en trapisondas, corruptelas y caciquismos de forma no menos descarada que los dos grandes partidos en el ámbito estatal?

Como usted sabe, hace 40 años, un 23 de octubre, regresaba a Barcelona Tarradellas, al frente de la Generalitat, por cierto, la única institución existente en la II República, que tuvo cabida en la Restauración borbónica que comenzó tras la muerte de Franco. Y, desde luego, lo del tres por ciento, el caso Palau, las fortunas en Andorra y demás historias nada tienen que ver con lo que representaba aquella legendaria figura del catalanismo.

Por otra parte, no es fácil entender que aquel movimiento del 15M del que ustedes fueron abanderados haya cambiado tanto en tan pocos años. ¿Dónde hay que poner el énfasis, señor Iglesias? ¿Acaso todos los sufrimientos que acarreó y sigue acarreando la crisis tienen que aparcarse dejando sitio a su ausencia de crítica hacia unas formaciones independentistas que culpan de todos los males a los partidos estatales y que, llegado el momento, sostienen, que se diría ahora, un relato cuyo guion se está volviendo mucho más complejo de lo anunciado?

¿El 15 M era esto, señor Iglesias? ¿La casta política atañe a sólo a los que hablan la lengua del imperio? ¿Se ha tomado la molestia de leer a un asturiano residente en Cataluña, a un asturiano que responde al nombre de Gregorio Morán, cuyo cese como colaborador en un prestigioso diario catalán le fue comunicado por burofax?

Ver Post >
La verdad sospechosa: Sobre el libro “Renedo no es un caso”, de Ramón Muñiz
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 21-10-2017 | 2:02| 0

Resultado de imagen de renedo no es un caso

Lope de Vega, en uno de sus sonetos memorables, hablaba de que, entre las muchas contradicciones que nos puede provocar el amor más desquiciante, podíamos llegar a “creer sospechas y negar verdades”. Pues bien, en Asturias, a partir del ingreso provisional en prisión de los principales encausados en el llamado caso Renedo, a principios de 2011,  la percepción de la política llariega dejó de ser ingenua. La verdad, que diría Ruiz de Alarcón, se hizo sospechosa.

Y es que la imagen de Riopedre entrando en prisión, además de estupor y sorpresa, supuso un mazazo mucho más fuerte que el sufrido muchos años antes por el desolador ridículo que padecimos a resultas del llamado Petromocho.

“Renedo no es un caso” va mucho más allá de los hechos propiamente dichos, contextualizándonos admirablemente desde las primeras páginas en las que recuerda aquella Asturias de 2007, en la que Areces ganó por tercera vez las elecciones autonómicas, en la que los datos del paro no eran, ni de lejos, tan angustiosos como ahora, en la que las pensiones que aquí se percibían estaban entre las más altas de España. Y la corrupción política, según se decía oficialmente, no nos golpeaba. Pero sería al final de aquella última Legislatura de Areces cuando todo esto se destaparía, de tal manera que ningún doctor Pangloss sería bien recibido por la opinión pública.

Y, en efecto, el llamado caso Renedo es mucho más que un caso cuantitativamente hablando, pues, de entrada, estamos hablando de dos consejerías que, eso sí, comparten, en los hechos que fueron juzgados, las mismas empresas que fueron colaboradoras necesarias e imprescindibles de lo acontecido.

Pero también es mucho más que un caso aislado de corrupción cualitativamente hablando, entre otras cosas, porque, a la vista de lo conocido y sentenciado, cabe albergar la sospecha de que haya podido haber episodios similares tanto en la Administración Autonómica, como también -¡ay!- en la Administración Local. Sin ir más lejos, el empresario de Igrafo le contó al autor del libro que habían tratado con casi todos los Ayuntamientos asturianos.

Por otra parte, entre los muchos aciertos de este libro, hay que anotar que están muy bien contados los lances y percances que tienen que ver con las personas que utilizó la señora Renedo para operar con cuentas bancarias que tenían la identidad de dos ciudadanas que desconocían por completo que se estaban utilizando sus nombres como tapadera. Tanto la anciana que vivió sus últimos años teniendo que utilizar una silla de ruedas como la empleada de unos grandes almacenes nos son presentadas en esta ópera prima de Ramón Muñiz como personajes que despiertan ternura y admiración.  Lo mismo podría decirse del inspector de policía que investiga quién puede estar detrás de estas operaciones bancarias.

Leyendo este libro, no sólo obtenemos una información muy completa y clara de lo acontecido, sino que, siguiendo el relato que aquí se nos cuenta, nos adentramos en el sentir y en el pensar de los principales protagonistas, de quienes hace semblanzas memorables, especialmente de la personalidad de la alta funcionaria, subida siempre a unos vertiginosos tacones, angustiada cuando puede ser descubierta, derrotada tras su destitución.

En cuanto a Riopedre, mucho más hermético, se describe su trayectoria pública, sus silencios, su aparente sobriedad, sin perder de vista las maniobras que llevó a cabo relacionadas con la empresa de su hijo. Se nombraban 69 asesores en la Consejería sin concurso de méritos, sin dar explicación alguna, al tiempo que se tramaba lo que en el juicio se puso de manifiesto.

Asimismo, están envidiablemente descritos las personalidades y avatares de los dos principales empresarios encausados. No se pierdan conocer cuál es la lectura preferida del señor Muñiz.

De las sospechas a las verdades. En 2007, persistía un discurso idílico y en 2011, la prosaica realidad lo enterró por completo.

De las sospechas a las verdades. No sólo hemos sido ingenuos colectivamente hablando, sino que además no supimos o quisimos ver –unos mucho más que otros- que la forma de operar en la Administración autonómica permitió que pudieran suceder estos acontecimientos que nos abochornaron.

El libro de Ramón Muñiz, más allá de la crónica periodística, da cuenta de forma pormenorizada, contextualizada, ágil y amena, de unos episodios que forman parte de nuestra historia más reciente. De obligada consulta para conocer el final de días y años de vino y rosas, un final que acabó con el bipartidismo en Asturias, un final en el que Cascos irrumpió de nuevo en la vida política asturiana, prometiendo acabar con aquel “pacto del duernu” que, sin duda, existió.

Libro, en fin, logrado literariamente, sobradamente documentado, a lo que hay que añadir ambición narrativa, voluntad de estilo y rigor.

Ver Post >