El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
EL ADIÓS DE GABINO DE LORENZO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-03-2018 | 11:29| 0

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En su momento, se pudo llegar a pensar que Gabino llevaba camino de convertirse en Alcalde perpetuo de Oviedo. Sin embargo, tras perder la mayoría absoluta en las elecciones de 2011, aunque había dicho que le motivaba una situación en la que era obligado pactar, dejó de ser regidor vetustense y fue nombrado Delegado del Gobierno. No hace mucho tiempo, declaró en la prensa que la veteranía en política no sólo tenía sus ventajas, sino que además personajes de una edad similar a la suya como la señora Clinton aspiraban a todo en la vida pública. Y, bueno, en la carta en la que presentó su dimisión planteó que acaba de cumplir 75 años, y que era un buen momento para dejar la política. Pudo sorprender más o menos la dimisión de Gabino de Lorenzo, pero lo que no puede resultar extraño es que este personaje se contradiga entre declaración y declaración.

En el adiós de Gabino de Lorenzo, una de las primeras cosas que se tienen en cuenta es que el ex Alcalde de Oviedo llevaba mucho tiempo protagonizando titulares a resultas de la herencia que dejó en el Consistorio vetustense. Iría en el guion que su presencia en los medios se debiese a su cargo en la plaza de España, pero no lo anterior.

Cuando transcurra el tiempo, Gabino será recordado por muchas cosas, entre ellas, porque su estética de abigarramiento en el mobiliario urbano, sus magnolios y sus adoquines en las calles llegaron a marcar tendencia en casi toda Asturias. No creo que se le recuerde como el abanderado de una estética afortunada, pero sí como alguien que marcó tendencia.

Cuando transcurra el tiempo, las gentes se preguntarán cómo pudo ser posible que un Alcalde que apenas acudía a los Plenos, que no le hacía ascos a los despilfarros, que no era muy cuidadoso en sus intervenciones con la elegancia, obtuviese tantas y tantas mayorías absolutas desde 1995 hasta 2007, pues, tanto en 1991 como en 2011, fue Alcalde en minoría.

Cuando transcurra el tiempo, se buscarán explicaciones para entender las lealtades inquebrantables con las que contó, entre ellas, desde ámbitos filosóficos y también desde celebridades vetustenses.

Y, por otra parte, nunca podrá entenderse la historia última de la FSA y, sobre todo de la AMSO, sin Gabino. ¿Cómo no recordar las continuas zancadillas que sufrió Leopoldo Tolivar el tiempo que estuvo al frente del Grupo municipal socialista por parte de su propio partido? ¿Cómo no recordar que, en 2015, la consigna de la FSA era permitir que el gabinismo siguiese gobernando el Ayuntamiento de Oviedo y, de no haber mediado la generosidad de Ana Taboada, así hubiese sucedido? ¿Cómo no recordar que fue el partido de Cascos quien desbancó a Gabino de la Alcaldía y no el PSOE? ¿Cómo no recordar lo mucho que se habló en su momento del llamado ‘pacto del duernu’?

¿Cómo no recordar, en fin, sus serios intentos por hacer desaparecer al Real Oviedo con aquel engendro que creó llamado Oviedo ACF?

Y, en fin, desde la plaza de España tuvo noticia día a día de lo que fue su herencia en el Ayuntamiento vetustense. Seguro que ése no fue el final más deseado para el personaje que aquí nos trae.

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Sobre la invención del asturiano y otras falacias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 20-03-2018 | 4:58| 0

Xosé Antón González Riaño, Michael Metzeltin, Santiago García Granda y Xosé Lluis García Arias, con su libro./

García Arias, como es costumbre en él, habló con total nitidez en la presentación de su última obra académica en el Paraninfo de la Universidad. En efecto, con el apoyo de su “Diccionariu Etimolóxicu de la Llingua Asturiana”, en el que se da cuenta del origen de las palabras de nuestra lengua, se puede decir muy alto y muy claro que aquí no hay invento alguno, que nuestro léxico se forma y se conforma al igual el del resto de los idiomas, con las evoluciones propias de una lengua romance, con las incorporaciones de términos procedentes de otras lenguas que nos son cercanas, con el andamiaje fonético que nos caracteriza.

Un idioma que no existe no puede nutrirse de palabras de otras lenguas. Un idioma que no existe no tiene historia, no tiene diacronía. Un idioma que no existe no puede contar con obras literarias de envergadura, como es nuestro caso. Un idioma que no existe no atesora palabras que nombran a las cosas de este mundo. Un idioma que no existe no puede tener vida más allá del papel en el que supuestamente se inventó.

Cuadraturas del círculo. Los mismos que aseguran que el asturiano no existe argumentan, sin pestañear, que es  muy plural, que hay variantes en cada valle y en cada pueblo. O sea, que, con su negación, sin saber la dialéctica hegeliana, no hacen más que afirmarlo, pues las variedades diatópicas no hacen más que fortalecer la vida de una lengua.

Argumentos falaces. Arguyen que es mucho más pragmático aprender una lengua moderna que estudiar asturiano. Y resulta que el bilingüismo desde pequeños potencia el aprendizaje de otros idiomas. Y resulta que en las comunidades bilingües el conocimiento que se alcanza de cualquier lengua europea no es inferior al que atesora el alumnado de una comunidad monolingüe.

Hablemos de invenciones. Sin duda, el lenguaje es uno de los grandes inventos de la humanidad. Y, sin duda, aquí ningún académico  inventó el término “figal”, pues viene del latín y está más cerca de la lengua de Virgilio que el  correspondiente vocablo castellano. Sin duda, toda lengua es capaz de crear nuevas palabras. De no hacerlo, no estaría viva.

Una pregunta ingenua: ¿Alguien rechaza, con autoridad filológica, con rigor académico, el término castellano “vivencia”? Y es que, miren ustedes, esa palabra la inventó Ortega y Gasset traduciendo a Dilthey. Y, en ese sentido, cabe aumentar el léxico aportando nuevas palabras, bien desde ámbitos académicos, bien desde disciplinas concretas, no necesariamente filológicas, bien desde la propia comunidad de hablantes.

No, no digan que el asturiano es un invento. No protesten airadamente en un espectáculo de ópera cuando desde la megafonía se lance un mensaje en asturiano. ¿O es que los hablantes de asturiano no son merecedores de disfrutar de la ópera?

¡Ay!

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Viga Azul: Lírica (y épica) del sufrimiento
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-03-2018 | 6:07| 0

Un césped que no permitía florituras, un nerviosismo inevitable cuando se atraviesa una racha sin victorias, unos cambios obligados en la alineación a resultas de tener los dos únicos delanteros en punta sancionados, todo ello frente a uno de los equipos que aspiran a cambiar de categoría. Así pues, de entrada, se confesase o no, la inquietud de todos, afición y jugadores, tuvo su protagonismo. Inquietud ascendente, cuando en el primer tiempo el Granada creaba más peligro que el Oviedo. Y, como consecuencia de todo ello, llegó el gol visitante que nos hizo a todos temernos lo peor.

Pero, por fortuna, la intensidad y la lucha hicieron que el Oviedo igualase el encuentro poco antes de que concluyese el primer tiempo en una jugada desgraciada del portero visitante que, por intentar evitar un córner, el balón acabó a los pies de Hernández que lo puso en el área y, allí, Forlín, con fuerza y garra, consiguió el gol del empate, un gol decisivo en lo anímico, que nos llevó al descanso sin la angustia de la derrota.

Acertó Anquela con el cambio. Se fue Fabbrini  y entró Steven, apostando así por el hambre de gol, frente al preciosismo futbolístico. Acertó Anquela hasta el extremo de que el canterano del filial transformó la primera ocasión de la que dispuso.  Se daba la vuelta al encuentro y todo parecía presagiar que en la víspera de san José se rompería la mala racha del Oviedo. En efecto, así fue.

Más allá del relato propiamente dicho de lo que fue el partido y de sus goles, me parece obligado consignar que Anquela acertó poniendo a Mariga de titular. A mi juicio, no sólo cuajó una gran actuación, sino que además fue el mejor jugador del Oviedo en el partido. Luchó, cortó muchos balones y dio pases con sentido. Acaso esté cerca de conseguir la fortaleza física de la que careció en otros encuentros. Acaso haya asimilado bien el mensaje de la intensidad y la lucha que exige el míster.

Lírica (y épica) del sufrimiento. Una vez más, se sufrió para ganar. Una vez más, hasta que el árbitro decretó el final del partido, tuvimos el alma en vilo. Una vez más, con independencia de que jugasen mejor o peor, todos los futbolistas del Oviedo que participaron en el encuentro derrocharon intensidad y lucha. Todo ello –insisto- ante un rival difícil que demostró calidad en su juego.

Lírica (y épica) del sufrimiento. Frente al Granada, no sólo se consiguió la victoria por detalles muy puntuales, sino, sobre todo, porque este equipo, a pesar de la mala racha, nunca dejó de creer en sí mismo.

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Mujeres frente a la barbarie
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-03-2018 | 11:48| 0

La manifestación de Gijón, justo antes de su salida de la plaza del Humedal. / DAMIÁN ARIENZA

Las matan, las maltratan, las humillan, las esclavizan sexualmente, tienen que sufrir una brecha salarial de la que hablan los datos… Ante semejante estado de cosas que no cesa, los matices hay que dejarlos en el perchero y apoyar, activa y presencialmente, todas aquellas iniciativas que se alzan contra semejante barbarie. Acaso por eso, los clamores del pasado 8 de marzo en las calles de las principales ciudades del país fueron tan unánimes y masivos.

No, no vale apartarse o ponerse al margen, ante una realidad que habla de mujeres continuamente asesinadas en sus domicilios o en las calles. No, no vale considerar inevitable la esclavitud sexual que sufren muchas mujeres. No, no vale dejar en las omnipotentes manos del dios de los mercados la injusticia que supone la brecha salarial. No, no vale, que todo esto que sucede sea visto como algo ajeno y lejano. Nos concierne a todos y sucede al lado de nuestras propias casas. Desde luego, las manifestaciones masivas del pasado 8 de marzo no sólo pusieron de manifiesto la indignación de millones de personas que salieron a las calles a desgañitarse contra lo que está sucediendo, también marcaron un punto de inflexión: cuando los clamores son masivos, la cuestión no se puede dirimir en términos de ideología política, sino que tiene que ir mucho más allá: nos va en ello nuestra redención como sociedad.

Un punto de inflexión, digo. Lo mejor que podría pasarnos sería que, de una vez por todas, se enterrase definitivamente toda esa caspa y toda esa mugre que rodea a lo que se viene conociendo como macho celtibérico: el que más grita, el que los tiene más grandes, el mayor matón de su entorno, el individuo temido por su fuerza física y por su agresividad, el que perdona la vida a todo el mundo, el que ignora por completo lo que es la materia gris, el que considera que la sensibilidad no es propia de los machos, el que se crece ante toda la chabacanería con la que se adorna. Ciertamente, la barbarie que sufren las mujeres no es sólo un mal que aqueja a este país, pero no estaría nada mal que el prototipo del que vengo hablando fuese ya historia, una historia de pesadilla, pero historia. Mujeres contra la barbarie. Ellas siempre han estado ahí, lo seguirán estando, luchando en la mayor parte de los casos, más por los suyos que por sí mismas, compatibilizando esto y aquello, dando lo mejor de sí.

Las matan en la práctica totalidad de los casos a resultas de un machismo cobarde y ruin que no acepta no los derechos ajenos ni la propia inferioridad de la miseria de su discurso. Las esclavizan, aprovechándose de la miseria que a ellas les toca sufrir. Les imponen brechas salariales sirviéndose de una legislación que hay que modificar ya.

Mujeres frente a la barbarie. Gracias por su valentía, por la defensa de una dignidad que a todos nos compete, que todos necesitamos. Y lo dicho: los matices aparcados hasta que esta barbarie no se acabe.

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Puigdemont y sus arrepentimientos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-03-2018 | 8:12| 0

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El arrepentimiento no es una virtud, o sea, no nace de la razón; el que se arrepiente de lo que ha hecho es dos veces miserable o impotente”(Spinoza).

Tras aquella declaración de independencia, inmediatamente suspendida o aplazada, parece ser que Puigdemont estaba decidido a convocar elecciones y además tenía preparado un discurso que comenzaría manifestando su deseo de ser el Presidente de todos los catalanes, también de los no independentistas. Pero, al día siguiente, se echó atrás, se proclamó la DUI en el Parlament, y, de repente, se supo que se había ido a Bélgica. Desde allí, hizo su campaña electoral, y estuvo hasta muy pocos días decidido a ser Presidente desde la distancia. Sin embargo, muy recientemente, se apartó, facilitando que el Parlament nombrase otro candidato.

Estamos hablando, pues, de un político que va de bandazo en bandazo, del que esperamos que en cualquier momento se arrepienta de su última (más bien, penúltima) decisión. De la decisión al arrepentimiento, todo ello con una solemnidad que nos deja estupefactos y que, inevitablemente, termina por provocar hilaridad.

Nunca transcurrió tan poco tiempo para que se pasase de una supuesta épica a la comedia bufa. Nunca transcurrió tan poco tiempo para que algo que empezó siendo dramático e inquietante se convirtiese en una especie de culebrón que cansa hasta dejarnos exhaustos.

Puigdemont y sus arrepentimientos. Seguro que desconoce la famosa Proposición LIV de la “Ética” que se reproduce en el encabezamiento de este artículo. Da la impresión de que la supuesta grandeza que escenifica  este buen hombre se sostiene sobre un grandonismo no sólo inconsistente, sino lastimoso y, sobre todo, lastimero.

Cierto es que nadie debería estar en la cárcel por defender sus ideas, cierto es que tiene tras de sí muchos votos a pesar de sus bandazos, cierto es que no le faltan razones al criticar la actuación del Gobierno de España en el famoso referéndum del 1 de octubre.

Pero, dicho todo ello, no es de recibo considerar que la sociedad catalana se manifestó mayoritariamente a favor de la independencia, tomando como referencia un referéndum que, ni de lejos, reunía las condiciones democráticas para considerarlo válido. Tampoco se sostiene el empecinamiento que tuvo hasta hace muy poco de querer desempeñar la Presidencia de la Generalitat desde Bélgica. Y resulta, a decir verdad, ridículo que pretenda que se le rindan honores como el prohombre de Cataluña, mientras hay políticos como Junqueras que están sufriendo la prisión, algo que, desde mi punto de vista, tampoco es de recibo.

De la inquietud al hastío, de la épica a la comedia bufa. De la encrucijada dramática al culebrón. Del relato histórico con el aderezo de pueblo escogido y perseguido, al sainete. De la sensatez de una noche, al pánico a las redes sociales. De la Política con mayúsculas a la pantomima.

Puigdemont y sus arrepentimientos. El culebrón amenaza con prolongarse hasta Dios sabe cuándo, hasta Dios sabe dónde.

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