El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
LO QUE QUEDA DEL PSOE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2016 | 7:23| 0

Dejemos el solar del que habló don Javier Fernández y del que me ocupé en un artículo reciente. Ahora la decisión –o la indecisión– de facilitarle gobernar a Rajoy ya está tomada. Desde ese mismo momento, la cuenta atrás que dé salida –o lo emparede en una encrucijada– al PSOE se puso en marcha. Y las incógnitas se multiplican más que el pan y los peces.

De entrada, imperó, por decirlo de algún modo, la democracia orgánica. O dicho de otro modo, no se estaba por la labor de ‘podemizar’ el partido dando la palabra al conjunto de la militancia. Hay decisiones –o indecisiones– que corresponden a las altas esferas, se diría.

En un segundo término, el Comité Federal partía con un lastre del que resultaba imposible librarse. A saber; la forma en que se defenestró a Pedro Sánchez. Y, por otro lado, ese mismo comité meses antes había determinado un ‘no’ a Rajoy. Así pues, no es la coherencia la que parece imperar.

Se decidió, pues, una abstención incondicional, que, según cabe barruntar, es, sobre todo, táctica, pues ahí está el temor a un resultado catastrófico en el supuesto de que se celebrasen una terceras elecciones. Y, en ese caso, todos los argumentos que se esgrimieron desde el seno del partido contra el ex secretario general, argumentos basados en la pérdida continua de votos, quedarían manifiestamente invalidados.

En medio de todo esto, la crisis interna del PSOE está lejos de resolverse. Ahí están los parlamentarios que seguirán con su ‘no’ a Rajoy, salvo sorpresas de última hora, y ahí está el malestar de la militancia, que viene dado sobre todo por el hecho de que no se contó con ella.

Todo son incógnitas, repito. Más temprano que tarde, tendrá que celebrarse un congreso del partido. Está por ver si el señor González podrá seguir ejerciendo de reina madre. Está por ver si lo que salga de ese congreso será favorable a las tesis que vino sosteniendo la gestora. Está por ver quién ganará las primarias que tendrán que convocarse. Está por ver, incluso, si habrá o no escisiones.

Lo que queda del PSOE, de un partido que, desde mi punto de vista, en el que, insisto una y otra vez, hace mucho tiempo que sólo es de izquierdas en sus siglas. Porque, cuando se habla de Rajoy, como campeón de los recortes y de la corrupción, parece que se pretende soslayar lo obvio: que fue Zapatero quien se estrenó en materia de recortes y que el PSOE está salpicado por casos de corrupción desde el felipismo.

Lo que queda del PSOE. Se diría que esta abstención supone, además de otras cosas, un intento desesperado por preservar la vieja política, sí, la vieja política, que, entre otras cosas, no atiende a los cambios generacionales que llaman a la puerta, cambios generacionales a los que el partido de mayor recorrido en el tiempo en la historia de España les da la espalda.

Lo que queda del PSOE: un solar en el que no se sabe bien qué cimientos se pretenden instalar, cimientos que vayan más allá de tácticas de urgencia y de cegueras por pretender continuar algo que ya no se sostiene.

Veremos.

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EL SOLAR SOCIALISTA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-10-2016 | 12:43| 0

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Las declaraciones que hace Javier Fernández como máximo dirigente de la gestora del PSOE tienen –estoy seguro– un largo y tortuoso proceso en el que toca y retoca, rasca y pule, hace y rehace cada frase. Hasta me atrevería a aventurar que puede que una de sus mayores satisfacciones consista en ver en papel o en pantalla esas declaraciones concebidas para ser titulares de prensa. Busca nuestro presidente llariego el brillo desde su verbo cuantitativamente contenido, cualitativamente ambicioso.

Pues bien, entre sus últimas perlas cultivadas está la que habla de que, a pesar de todo, el PSOE conserva el solar, por mucho que el edificio esté deteriorado. He de confesar que me llamó mucho la atención que se refiriese al solar y no a los cimientos, cimientos que tienen mucho que ver con la ideología.

Pero, con todo, vayamos al solar. Pongamos que por ello entendemos el espacio social que representa, espacio que en cada elección se ve reducido. Seamos serios: la cuestión no es la de siempre, o sea, la dialéctica entre unas posiciones moderadas, frente a un izquierdismo al que algunos no quieren renunciar. No, aquí no están enfrentados y confrontados, una vez más, Largo Caballero y Prieto. Creo, antes bien, que se trata de muy distinta cosa: por un lado, se encuentran los que desean apuntalar el bipartidismo que se consolidó en 1982, y, por el otro, quienes piensan que, de una vez, hay que distanciarse claramente del PP y acercarse a lo que en términos genéricos se puede llamar nueva política, que sería apostar sin fisuras por la regeneración y abandonar las políticas de desigualdad entre territorios y entre ciudadanos, así como las concesiones al conservadurismo.

No, no se trata de radicalizarse con un discurso izquierdista. La historia es otra: acabar con los privilegios de la mal llamada clase política, romper con la desigualdad impositiva y de sueldos entre comunidades autónomas, apostar sin fisuras por la enseñanza pública, no seguir apoyando el negocio de la enseñanza concertada, combatir la corrupción con algo más que retórica, acercarse a las capas de población más jóvenes, hacer de la meritocracia proyecto irrenunciable.

Tras el ‘bluf’ que supuso Zapatero, tras todas las sombras del felipismo, entre ellas, el terrorismo de Estado y la corrupción, el partido más veterano de la política española necesita dejar claro cuáles son sus cimientos ideológicos y cuál es su proyecto de país. El futuro del PSOE no pasa por seguir siendo un partido sagastino intentando sostener un edificio político, el del sistema actual, que se está desmoronando, todo ello por mucho que Javier Fernández cite a Cánovas sin desvelar la autoría de la frase de turno.

El solar socialista no puede ampliarse mientras no dejen atrás tantas renuncias. ¿Se puede reivindicar la etiqueta socialista sin haber sacado la religión de la enseñanza pública, habiéndose cargado las cajas de ahorros como entidades concebidas para fines sociales, siendo comprensivos con la corrupción propia y ajena, habiendo sido los primeros en aplicar los recortes, y así un largo etcétera?

¡Ay! ¿Es mucho pedir que se den cuenta de que un partido socialista no puede situarse, con sus políticas, a la derecha, muy a la derecha, de la socialdemocracia?

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DYLAN Y EL NOBEL: BENDITA IMPUREZA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-10-2016 | 7:49| 0

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Si se discutiese hasta qué extremo las letras de las canciones de Dylan son merecedoras del máximo galardón literario internacional, sería un debate interesante y acaso intenso. Sin embargo, no es eso lo que más destaca en la polémica suscitada al respecto, puesto que lo que está sobre el tapete es si se puede o no considerar literatura la obra de un cantautor. Y, en este sentido, lamento decir que echo en falta un mínimo de amplitud de miras.

Y es que, miren ustedes, no hace falta atesorar una gran erudición en materia de historia de la literatura para caer en la cuenta de que los vínculos entre la poesía y la música son enormes e innegables.

Por otra parte, hay letras de canciones que son excelentes poemas. Pensemos, entre otros, en Brel, en Serrat, en Raimon, en Aute, y así un largo etcétera. A este respecto, no puedo pronunciarme en lo que a Dylan se refiere, puesto que, para ello, tendría que dominar la lengua inglesa, y, desde luego, no es mi caso.

Bendita impureza. Parece que hay muchas gentes que no quieren recordar que Croce puso en tela de juicio los cánones clásicos sobre los géneros literarios. Parece que se quiere obviar, por poner un ejemplo entre muchos, que en una obra clásica de la épica como ‘La Eneida’, de Virgilio, hay fragmentos que tienen un lirismo asombroso. Parece que se soslaya que en el teatro de Valle- Inclán las acotaciones que lo hacen tan difícilmente representable se ajustan poco a la ortodoxia del género.

¿Tanto esfuerzo cuesta salirse un poco de la ortodoxia y de los caminos trillados? ¿Hace falta volver a preguntarse qué es poesía? ¿Resulta necesario a estas alturas recordar que hay poemas clásicos que ofrecen una musicalidad extraordinaria, del mismo modo que hay otros poemas que carecen de ella, la mayoría de los que escribió Unamuno, por ejemplo?

¿Acaso los poemas de Machado a los que Serrat les puso música son por ello menos literarios? ¿Acaso la literatura sólo tiene cabida en el papel y no en la partitura musical?

Bendita impureza. Bienvenida sea la prosa poética, la poesía cantada, el teatro difícilmente representable, la narrativa mezclada con otros géneros, y así sucesivamente.

Y, por último, no negaré que me sorprende esta polémica acerca de la concesión a Dylan del Premio Nobel de Literatura, porque, desde mi punto de vista, no es éste el debate que debería estar sobre la mesa, sino –insisto– otro muy distinto: si las letras de muchas de sus canciones están o no a la altura de la mejor poesía.

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Mientras Correa canta
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-10-2016 | 3:52| 0

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«Y a menudo he pensado en otra historia/ distinta y menos simple, en otra España/ en donde sí que importa un mal gobierno» (Gil de Biedma).

Mientras Correa canta, Rajoy se prepara para una nueva sesión de investidura a la espera de que el PSOE, con su abstención, le dé vía libre para formar un nuevo Gobierno. Mientras Correa canta, el partido que en su día fundó Pablo Iglesias y que concibió como un instrumento de lucha contra la desigualdad y el caciquismo, atraviesa sus horas más bajas y críticas, al tiempo que Javier Fernández, en apariencia, más hamletiano que nunca, mide los pasos y cuida sus palabras para que todo se desatasque y, por fin, se pueda anunciar con humo que habemus Gobierno en todas las Españas.

Mientras Correa canta, el partido más salpicado por escándalos de corrupción, que es al mismo tiempo el más votado, está a la espera de salir de la provisionalidad y de buscar argucias retóricas, poco consistentes, para que el escándalo del juicio que nos ocupa no obnubile los ceremoniales que se presumen.

Mientras Correa canta, todo parece indicar que gobernará el partido de la trama que se está juzgando al tiempo que su enemigo íntimo, apuntalando el sistema, se los pondrá en bandeja.

Mientras Correa canta, sin perder de vista en ningún momento que pude haber inculpaciones y exculpaciones no muy inocentes, uno se pregunta hasta qué punto la ciudadanía se tomará la molestia de hacer la abstracción que sigue. A saber: que la podredumbre está en el sistema. Que si, según declara el personaje que aquí nos trae, el primer Gobierno de Aznar organizó sus ‘mordidas’, además de la falta de escrúpulos innegable, ello fue posible porque había un sistema que lo permitía cuando el PP ganó las elecciones en el 96, y, por cierto, el PSOE, más que a hacer oposición y seguimiento, dio entonces la batalla sobre todo en asuntos concernientes a plataformas digitales. Y el sistema con el que se encontró el PP algo tuvo que ver necesariamente con los gobiernos anteriores de González.

No, la corrupción en España no la estrenó el PP, conviene recordarlo. Y, en un momento como éste, incluso dando por hecho que hay dirigentes del PP y del PSOE que desean de verdad una regeneración política, lo que está claro es que la susodicha no es prioritaria, sino la salvaguarda de un sistema que cada vez hace más aguas por todas partes.

Mientras Correa canta, la vieja política, esto es el PP y no pequeña parte del PSOE, se protege y se las intenta ingeniar para sobrevivir. Se diría que la corrupción no va con el PP, a pesar de que el partido está procesado por financiación ilegal. Se diría que el dirigente máximo de la gestora del PSOE, que cita a Cánovas y no a Pablo Iglesias, al margen de los panegíricos que se le están escribiendo, quiere que no lleguen los intrusos a la política, quiere que la abstención derive en algo muy lampedusiano.

Mientras Correa canta, la España oficial se prepara para una nueva liturgia. Frente a ello, la España real está cada vez más al margen de la política.

¿Tiramos cohetes? Me niego.

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Memoria y venganza
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-10-2016 | 7:24| 0

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El sábado, 7 de octubre, en una solemne liturgia en la catedral de Oviedo, fueron recordadas las víctimas de Nembra. Nada tiene de extraño ni de rechazable que la Iglesia rinda homenaje a personas que entregaron su vida a aquello en lo que creían, máxime cuando se da la circunstancia de que, en el caso que nos ocupa, se les dio muerte por sus hábitos.

Se da, sin embargo, la circunstancia de que en la jornada previa a esta liturgia leímos en EL COMERCIO que el arzobispo de Oviedo arremetió con dureza contra la llamada ley de memoria histórica. Y, dado que su ataque no estaba basado en cuestiones jurídicas propiamente dichas, toca, al menos, preguntarse por qué unas víctimas merecen todo tipo de reconocimiento, incluido el martirologio cuando no la beatificación, mientras que otras, por lo que parece, no merecen ser ni recordadas por los suyos ni tampoco reconocidas legalmente dentro de un sistema de convivencia al que llamamos democracia.

Doy por hecho que su Ilustrísima sabe que en la Guerra Civil hubo víctimas en ambos bandos. Doy por hecho que la piedad también es digna de ser aplicada a personas no creyentes.

Ya no se trata de esperar que una autoridad eclesiástica como el arzobispo Sanz Montes llegase a manifestar su piedad por las víctimas republicanas. A tanto no llegan nuestras aspiraciones, pues nos conformaríamos con que respetase que cada cual pudiese llorar, recordar y homenajear a los suyos.

¿Es justo sostener que reivindicar la memoria de los republicanos represaliados equivalga a un afán de venganza? ¿Sólo son dignas de ser recordadas las víctimas que estaban del lado del bando sublevado? Lo cierto es que hay planteamientos que, por mucho que uno se esfuerce en intentar comprenderlos, resultan de todo punto inaceptables.

¿Sería de recibo decirles a quienes tienen a antepasados suyos en las cunetas que deben renunciar a averiguar dónde están sus restos y renunciar también a llevarlos al panteón familiar? ¿Sería de recibo que tuviésemos que olvidar a víctimas del franquismo cuyo trágico fin supuso en su momento escándalos internacionales, por ejemplo, García Lorca y Leopoldo Alas?

Sin la más mínima acritud, se entiende y se respeta, como no podría ser de otro modo, que la Iglesia celebre liturgias solemnes en memoria de sus víctimas, que, desde luego, las hubo. Pero es inadmisible que no merezcan ser recordadas las víctimas del franquismo. ¿Acaso alguien puede negar que tal cosa ocurrió?

El pasado domingo, Leopoldo Tolivar, con mesura, elegancia y equidad, hacía referencia a este asunto en el un artículo en EL COMERCIO. Suscribo cuanto decía en su columna.

Y, por último, me atrevería a sugerir que se recordase aquel espléndido y conmovedor discurso de Azaña, cuando, en plena Guerra Civil, imploraba la paz, la piedad y el perdón.

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