El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
El año que vivimos provisionalmente
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-01-2017 | 11:56| 0

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Estoy por asegurar que Rajoy no leyó ‘La Camisa’, de Lauro Olmo ni tampoco asistió a ninguna representación teatral de este drama. Estoy por asegurar que la inmensa mayoría de nuestros líderes políticos desconoce por completo lo que significa vivir provisionalmente, al modo en que lo hacía la familia que protagoniza la obra teatral que acabo de citar. Y, sin embargo, es incontestable que 2016 fue, políticamente hablando, el año que vivimos provisionalmente, con un Gobierno en funciones que parecía un espectro de sí mismo y con una oposición fragmentada que empleó gran parte de su energía en hacerse la guerra entre sí.

Un Gobierno en funciones que apenas compareció en el Parlamento, ni siquiera para intentar formar Gobierno. Un Parlamento que sólo alcanzó protagonismo cuando sus señorías tomaron posesión de su escaño y cuando Pedro Sánchez fue derrotado. Todo lo demás fue fantasmagórico.

Llagaba la nueva política. El bipartidismo estaba más debilitado que nunca. Pero no se desbancó a Rajoy, a pesar de los recortes, del crecimiento de la desigualdad y de la continua escandalera de corrupción. Pero no se desbancó a Rajoy, a pesar de su inutilidad para hacer frente al problema territorial, al problema catalán.

Y, como bien se sabe, la provisionalidad que llegó desde las elecciones de diciembre a las de junio trajo como consecuencia, entre otras cosas, que el partido conservador mejorase sus resultados, al tiempo que el resto de formaciones lo empeoraron. Y, a pesar de que la mayoría de los españoles no votó al PP tampoco en junio, tras el verano, todo se conjuró para servirle en bandeja la gobernabilidad del país.

El año que vivimos provisionalmente, con Rajoy en funciones, más bien, en prórroga, con un partido naranja, a mi modo de ver, demasiado complaciente con el PP. Con un PSOE que defenestró con muy malos modos a su secretario general, lo que hizo que un político sin apenas consistencia y discurso se convirtiese a los ojos de muchos en una especie de epítome de la resistencia. Con un PSOE que se resquebrajó a sí mismo y que, a día de hoy, no tiene a nadie en Parlamento que esté en condiciones de liderar la oposición. Con una formación morada que, en lugar de hacer una oposición tan contundente como cargada de razón, se dedica a exhibir divisiones internas y a ofrecer espectáculos de egocentrismo que decepcionan y desencantan. Cargarse de razón, atacar con argumentos, rechazar las componendas. No hacer, como advirtió Ortega, ni el tenor, ni el payaso, ni el jabalí, sinoparlamentarismo de altura. ¡Lo que se desperdició en ese año que vivimos provisionalmente!

Más Rajoy, más conservadurismo, más privilegios para los de siempre. Menos oposición por parte de un PSOE que no sabemos en qué va dar, y también por parte de Podemos mientras no se plantee hacer política en serio para gobernar el país, con otros proyectos, sin circo, sin estridencias.

El año que vivimos provisionalmente para que, al final, Rajoy continuase. Para que, al final, parezca cada vez más difícil una solución negociada para Cataluña. Para que, al final, se confunda el ruido con la furia, la pose con los proyectos, los gestos catódicos con los discursos. Para que, al final, la provisionalidad se estabilice.

Y para que el llamado exilio económico no sea precisamente una leyenda urbana. No olvidemos que la obra de Olmo incide de lleno en el drama de la emigración, consecuencia, entre otras cosas, de una provisionalidad sin salida.

¡Ay!

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Desde la Zarzuela
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-12-2016 | 12:20| 0

No cabe esperar del discurso navideño del Jefe del Estado más que buenos deseos, palabras amables y generalidades. Y, en esta última salutación, no hubo sorpresa en tal sentido. Empezó su alocución hablando de la solidaridad que hay entre nosotros y que tantos dramas evitó. Algo tan cierto como obvio.

Tras ello, invocaciones continuas al optimismo, que también van en el guion. Distinta cosa es que se puedan ver claramente motivos para ello.

No hubo en la salutación navideña regia, salvo que me haya pasado desapercibido, alusiones a la corrupción ni al despilfarro, tampoco a la necesaria regeneración de nuestra vida pública. Inquietante ausencia que abre interrogantes.

Por otro lado, estuvo muy claro en el discurso del Rey su rechazo al soberanismo en Cataluña. Muy claro, aunque no lo concretó. Muy claro y muy esperable. Se espera que tenga y mantenga esa postura, aunque el problema no se resolverá con generalidades, sino con negociaciones, y está por ver que todos los actores implicados en semejante función observen un comportamiento a la altura de las circunstancias.

Habló el actual monarca de nuevos tiempos. Sin embargo, como correlato a ello, no hizo alusiones a los cambios que los tales nuevos tiempos demandan. Da la impresión de que confía en que el actual marco político siga siendo válido para el presente y futuro cuadro, algo que está por ver.

Desde la Zarzuela, discurso de un rey que tiene ante sí el reto de mostrase útil en una España que deje atrás la corrupción, la desafección y el desencanto. No lo tiene ciertamente fácil. Aun así, cabe preguntarse si puede confiar en que todo se vaya solucionando sin esos cambios que los tiempos demandan, sin las exigencias que reclaman los nuevos tiempos.

También me llamó la atención que se hubiese referido en su discurso a las viejas heridas, que, según parece, alguien quiere reabrir. Se puede barruntar a qué se refería, pero, en todo caso, la concreción no hubiese estado de más.

Nuevos tiempos, insisto, sí. ¿Pero compaginan los tales con el cuadro y con el marco de una decadencia y de una desafección continuas, con una vieja política que, dígase lo que se quiera, tiene los días contados?

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Pacto presupuestario
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-12-2016 | 11:41| 0

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Doña Mercedes Fernández, con el énfasis que pone en todas sus declaraciones, certificó que tendremos presupuestos para el año próximo en Asturias. Por su parte, el PSOE, con el mohín que iba en el guion, no deja de lamentarse por el hecho de que no se consiguió un pacto de izquierdas en tal materia. IU, por su lado, culpa, sobre todo, a la formación morada. Ciudadanos pide vela en este entierro. Podemos se mantuvo en sus trece. Y la formación casquista, desmarcándose esta vez del PP, rechaza los presupuestos de don Javier.

Compungidos se quedaron los dirigentes de IU al comprobar que el gobierno del señor Fernández ya no los necesita. Por su parte, se pretende negar por parte del PSOE y del PP, que este acuerdo presupuestario sea consecuencia de lo que sucedió en Madrid, cuando la gestora socialista decidió facilitar la investidura de Rajoy.

Pero, bien mirado, por muy frágil que sea la memoria, supongo que todo el mundo recuerda que los pactos entre el PP y el PSOE en Asturias tienen un recorrido mucho más largo en el tiempo. Por ejemplo, en 2011, cuando el ahora senador Fernando Goñi fue elegido Presidente del Parlamento autonómico con los votos del PSOE. Por ejemplo, en 2015, el PP aprobó los presupuestos de don Javier.

Pacto presupuestario, pacto entre la vieja política, pacto del bipartidismo. Pacto en una Asturias envejecida y cada vez más despoblada. Pacto al que llegan, según argumentan los partidos turnantes, por patriotismo, por el bien de Asturias. Pacto en el que exhiben abnegación y altura de miras. ¡Madre mía!

Es el hecho que Podemos no se avino a aprobar el presupuesto. También lo es que la formación morada e IU, a pesar de haberse coaligado en las pasadas elecciones generales, no presentaron una postura común ante los presupuestos. Y tengo para mí que a IU le aflige mucho no estar en esta ceremonia presupuestaria apoyando al PSOE. Pero la Asamblea de la formación de izquierdas rechazó tal cosa. Y el papelón que les queda no es muy alentador.

Y, miren, sin poner en duda que la aprobación de los presupuestos facilite las cosas y desbloquee asuntos pendientes, conviene no olvidar que seguiremos con un Gobierno agónico que ni siquiera cuenta con un tercio de diputados del Parlamento y que todos esos indicadores que nos viene poniendo desde hace tiempo en el furgón de cola seguirán ahí. No estamos para tirar cohetes, la verdad.

Un pequeño respiro para el Gobierno llariego, que tiene como contrapartida, para el PP y para el PSOE, explicar lo inexplicable y negar la mayor, si bien es verdad que a ello están y estamos muy acostumbrados.

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Pedro Sánchez en El Entrego
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-12-2016 | 7:24| 0

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En El Entrego, no sólo se dio  un baño de masas el último secretario general del PSOE, que fue destituido de una forma memorable tras unas declaraciones de Felipe González, sino que además escenifico el delicado momento que vive su partido. Lo cierto es que encuentro alentador y positivo ver que la militancia del PSOE pida la palabra y se reivindique. Sin embargo, es poco esperanzador ver que hay personas que se arriman a don Pedro, reivindicando un PSOE distinto y menos complaciente con el PP, cuando las tales personas hasta ayer mismo fueron puro aparato del partido.

Pedro Sánchez en El Entrego. Tanto Izquierda socialista como otros sectores del partido están en contra de la forma en que se forjó la defenestración del señor Sánchez y no pueden ver con buenos ojos el entendimiento con el PP. Lo que ocurre es que hay quienes mantuvieron siempre una posición crítica y los hay que se apuntan a última hora. Ante ello, doy por hecho que los recelos tienen que estar necesariamente ahí.

Desde luego, el PSOE tiene que redefinirse y hacer autocrítica. Desde luego, tras 21 años de Gobierno en España, no se puede mirar hacia otro lado cuando fue este partido el que alentó la privatización de las cajas de ahorro; cuando fue este partido el que apostó por eso que llaman enseñanza concertada; cuando fue este partido el que en su momento fomentó el enriquecimiento rápido, y así un largo etc.

No se trata de plantear un izquierdismo extremo, pero tampoco es el caso llamarse PSOE y tener políticas económicas muy similares al PP.

Pero mucho me temo que esa redefinición que plantea la gestora vaya en la línea de un PSOE descafeinado que sólo tenga de izquierdas sus siglas.

Si yo fuera militante del PSOE, me distanciaría de Pedro Sánchez y presionaría para que la gestora filosofara lo menos posible, a pesar de la profundidad de pensamiento que algunos misacantanos mediáticos le atribuyen a Javier Fernández.

Este partido necesita debate, necesita tener un rumbo claro y necesita proyecto de país. Para ello, la discusión interna se hace más necesaria que nunca, dejando atrás episodios que suponen traiciones a un legado moral que está ahí y que debe ser reivindicado como punto de partida.

Lo primero de todo sería que se acabase con la democracia orgánica, con los privilegios, con todos los vicios de la vieja política que los dirigentes del partido fueron poniendo en práctica hasta desvirtuarlo casi por completo.

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Una novela disparatada: “Nueve semanas (Justas-justitas)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-12-2016 | 2:38| 0

Resultado de imagen de Nueve semanas (Justas- justitas)’, de P.L Salvador

‘Nueve semanas (Justas- justitas)’, de P.L Salvador es, ante todo, un disparate literario que, de entrada, cuenta con la bendición del editor Constantino Bértolo en el papel de prologuista. Se trata de un texto que hace escarnio de principio a fin no sólo del mundo que padecemos, sino también de los tópicos literarios de un género tan sobrevalorado como es la novela actual. Todo lo contrario a esas ‘novelas’ que dicen ‘atrapar al lector’ en atmósferas más o menos envolventes, con una trama trepidante y con un desenlace asombroso, por utilizar palabras de las que tanto y tanto se abusa en reseñas de encargo y en contraportadas y solapas de ocasión.

Una chica bien y un vividor que, por avatares diversos, no sólo se conocen y sintonizan, sino que además emprenden una atípica convivencia juntos, gracias sobre todo a un irresistible afán por contar la pintoresca relación que sostienen. Novela, además, muy actual, episodios que se datan en 2012, que hacen sus alusiones a discursos políticos emergentes que irrumpen con auténtica chatarra ideológica y con topicazos de brocha gorda.

Sociedad-basura. Comida- basura. Cuchitriles-basura. Por el medio, la protagonista femenina tiene un padre que, además de ser un personaje extravagante, resulta ser también un poderoso editor. A este propósito, el episodio en el que este buen hombre pretende chantajear al protagonista para apartarlo de su hija es no sólo hilarante, sino además antológico.

En un mundo en el que la acción por la acción es el no va más en el género novela,

publicitariamente hablando, irrumpe el libro que nos ocupa burlándose de tanta estulticia.  Porque además lo hace con algo que no se sabe bien qué es, más allá de lo que supone la plasmación de una serie de aventuras y desventuras realmente disparatadas.

Un texto ácido, un texto lúcido. Un texto que busca –y lo consigue- una suerte de desquite contra tanta estupidez, contra lo políticamente correcto, contra los estragos que causa la publicidad en la que tantos y tantos creen.

Una suerte de anti- novela, protagonizada además por personajes a los que cabe ubicar en el infierno del malditismo literario, y, desde semejante emplazamiento llevan a cabo una divertida reinvención del género, sin fe alguna en ello.

Novela descreída, novela no apta para toda suerte de devotos de la publicidad literaria, novela para lectores cómplices y heterodoxos.

A modo de diario, sin lirismos en la forma, sin la liturgia de la confesión literaria, sin la penumbra envolvente con la que se pretende dar morbo al intimismo.

Todo un divertimento para quienes les gusta disfrutar de la acidez bien contada.

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