El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
Vetos, votos y marasmo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-09-2016 | 3:59| 0

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“Si quiere usted ver bien su época, mírela usted desde lejos. ¿A qué distancia? Muy sencillo: a la distancia justa que le impida ver la nariz de Cleopatra”. (Ortega y Gasset).

 

Por favor, un poco de perspectiva. Por piedad, un mínimo de distanciamiento y altura de miras. Por ética y por estética, un “misquitín” de ambición a la hora de interpretar lo que está pasando en este país. ¿Tan difícil les resulta a tantos percatarse de que lo que está sucediendo, más allá de votaciones fallidas de investidura que Rajoy protagonizó a regañadientes, es la puesta en escena del agotamiento de un sistema político que en su momento se concibió para un bipartidismo que ya es historia, todo reciente que se quiera, pero, al fin y al cabo, historia?

Miren a Cleopatra, se lo ruego, de la forma que sugiere Ortega. No sólo se trata de algo grato estéticamente, sino también de una necesidad perentoria para entender lo que está sucediendo y, hecho ello, ponerle solución a quienes tal cometido les corresponde.

Miren a Cleopatra a la distancia necesaria para que su nariz quede desdibujada. Caerán, ipso facto, en la cuenta de que hace falta un pacto amplio que, de momento, tenga como prioridad la formación de un Gobierno que se tome en serio, con los hechos, la regeneración política, así como una reforma electoral que evite este marasmo.

Supongamos, por un momento, que el señor Sánchez da el paso a presentarse de nuevo, esta vez con cinco escaños menos en el zurrón político que constituye su grupo parlamentario. Y que, más allá de un programa de Gobierno, plantea medidas claramente encaminadas a la regeneración política y a combatir la desigualdad. ¿No podrían abstenerse los grupos nacionalistas que, como Esquerra Republicana, ponen como principal condición el llamado referéndum soberanista? No haría falta que renunciasen a nada; sería suficiente con que permitiesen que se formase un Gobierno en España, un  Gobierno al que, de entrada, no considerasen hostil. Y, de paso, podrían plantearse que su llamada hoja de ruta no tendría por qué ser más lenta con un nuevo Gobierno que con Rajoy en funciones hasta diciembre.Y pongo el acento en Esquerra Republicana porque deberían percatarse de que no adelantan nada con el país entero políticamente empantanado.

Es que lo que toca ahora, más que gobernar con un programa de un partido, es formar un Gobierno de desbloqueo. Y parece muy claro que el desbloqueo no podrá llegar con Rajoy, porque don Mariano es el desbloqueo y el marasmo en estado puro.

Vetos y votos. Don Felipe González, que parece muy preocupado por la situación del país, juega ahora a las paranomasias, hablando de que el candidato más votado es, a la vez, el más vetado. No inventa el fuego con sus últimas declaraciones, pero estamos de acuerdo, con el poco entusiasmo que despierta coincidir en lo obvio.

Más allá de los vetos y los votos, lo que hay –insisto- es el agotamiento de un sistema político, agotamiento que se plasma con la presente situación de bloqueo. Y no hay que esperar que la actual parálisis la rompa el PP, con o sin Rajoy. Tal tarea les queda a otros que tienen que ver más allá y arriesgar. De lo contrario, estarán contribuyendo a una encrucijada  a la que, según dicen, quieren poner fin.

¿Se moverán en la dirección adecuada tras ver lo que acontece con la mínima perspectiva que el caso requiere?

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Constantino Cabal y Asturias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 03-09-2016 | 2:02| 0

Noventa años de existencia que fueron fecundos a más no poder, entre 1877 y 1967. Hablamos de un tiempo en el que los proyectos de vida se forjaban con menos años. Hablamos de un tiempo en el que Cuba era y estaba omnipresente en Asturias, porque fue allí donde nuestro legendario cronista  atesoró, no una fortuna económica, pero sí un destino periodístico y literario.

Constantino Cabal dijo de  sí mismo que era «un jornalero de la pluma», que lo fue, sin duda. Pero también podría haber hecho suyas las palabras de Pérez de Ayala en las que el autor de ‘Tigre Juan’ se autodefinió como «un indiano de la literatura». Tengamos en cuenta que el que fuera cronista de Asturias durante varias décadas emigró a Cuba en 1905. Y, en la Habana, en el diario ‘La Marina’, entró en contacto con una figura del calado de Curros Enríquez, a quien sucedió en ese diario al frente de la información política que venía de España. Cinco años antes de su estancia en Cuba Cabal ya había comenzado su trayectoria periodística en ‘El Carbayón’, pero su carrera en el periodismo se consolidó en el diario ‘La Marina’, en el que, andando el tiempo, cuando regresó a nuestro país, continuó su vinculación profesional desempeñando la tarea de corresponsal desde España.

Fotografía de Constantino Cabal en la portada de ‘La mitología asturiana’. Debajo, tres de sus obras más representativas.

 

Constantino Cabal podría ser considerado también algo que en su momento tuvo enorme prestigio y que en la actualidad apenas existe, esto es, podría ser considerado, además de otras muchas facetas, un escritor de periódicos, tarea que iba mucho más allá de las ataduras marcadas por la actualidad, tarea que se extendía a la divulgación de asuntos de largo recorrido en el tiempo, tarea que exigía una voluntad de estilo en lo literario, que, sin duda, la figura que nos ocupa atesoraba.

Por otra parte, si nos detenemos en su fecha de nacimiento, sería complicado adscribirlo a la llamada generación del 98, puesto que se considera que su literato más joven fue Antonio Machado, que vino al mundo en 1875. Más bien, pertenecería a la generación del 14, la de Azaña, Ortega y Pérez de Ayala, entre otros. En cualquier caso, el afán divulgativo de Cabal, así como su vinculación al periodismo, entronca de lleno con la vocación didática de las dos generaciones nombradas.

Pero, ante todo y sobre todo, cuando quedan pocos meses para que se cumpla el cincuentenario de su muerte, lo que toca –y eso se pretende en el presente artículo– es un acercamiento a una trayectoria vital y a una obra donde Asturias tiene un protagonismo mayúsculo.

Su ‘Contribución al Diccionario Folclórico de Asturias’, del que dejó varios tomos publicados, tomos que, en más de un caso, no sobrepasaron las dos voces, da idea, entre otras muchas cosas, de su facilidad para la escritura, así como de su erudición histórica y etnográfica acerca de nuestra tierra. Quien decida transitar la obra de Cabal se encontrará con una fluidez literaria que, en verdad, asombra.

Podría decirse que a Cabal no le resultaba ajeno nada de lo que se relacionase con Asturias, desde la mitología a la historia, desde la vida cotidiana hasta el léxico. Y, por otro lado, no era un hombre solo de despacho, donde pasaba horas y horas investigando y escribiendo, sino que además recorrió nuestra geografía en busca de esa realidad viva que también es de obligado conocimiento para quien sienta curiosidad por los usos y costumbres, por aquello que en su momento Unamuno definió como ‘intrahistoria’.

En el despacho en el que ahora estoy escribiendo, no sólo se encuentran la mayoría de sus libros, dedicados casi todos ellos a mi padre, sino también una fotografía del cronista con una dedicatoria muy afectuosa a Manuel Antonio Arias, Antón de la Braña. La amistad entre ambos, forjada, entre otras cosas, por compartir inquietudes intelectuales sobre Asturias, por haber recorrido juntos determinados escenarios de nuestra tierra, estuvo muy por encima de las diferencias en lo ideológico. Sin duda, la amistad que mantuvo con mi padre es razón más que suficiente para recordar al que fuera Cronista de Asturias en las vísperas del cincuentenario de su fallecimiento. Pero, más allá de esa circunstancia, en mi caso cercana y determinante, considero que es obligado que se haga un esfuerzo desde los ámbitos culturales de Asturias para que las efemérides que están tan próximas a llegar tengan la utilidad de dar a conocer hoy lo más esencial de una obra que trata de Asturias de principio a fin y que debe ser conocida y reconocida.

Una vida entre libros, una vida escribiendo, una vida dedicada por entero a conocer y divulgar Asturias. Una vida dedicada al periodismo, a un periodismo entendido como totalidad y, sobre todo, como aula para divulgar y transmitir saberes que fuesen más allá de la inmediatez. También el periodismo fue su casa. Doña Mercedes Valero, su esposa, a la que conoció en Cuba, compartió con don Constantino tan entrañable tarea. También sus hijos, Juan Luis y Mercedes, ejercieron la misma profesión.

Constantino Cabal y Asturias, una Asturias que, institucionalmente, está obligada a rendir homenaje a su legendario cronista, homenaje que debe consistir en difundir su obra, así como en el reconocimiento de un trabajo continuo que –insisto- no sólo consistió en horas de despacho, sino también en tareas peripatéticas encaminadas al mismo fin.

Escritor de periódicos, ‘jornalero de la pluma’, indiano de la literatura, autor de muchos libros en los que, siendo Asturias el denominador común, hay una gran diversidad en los géneros, desde la narrativa a la poesía, desde la mitología a la historia, desde el ensayo a la recreación histórica. También escribió textos en asturiano.

El arriba firmante, nacido en 1957, diez años antes de su muerte, recuerda a don Constantino, en una estancia aquí en nuestra casa de Lanio en compañía de su esposa, hablando con mi padre en este mismo despacho, paseando por el pueblo, departiendo con la gente en sus paseos. Y, andando el tiempo, mi padre me refirió en repetidas ocasiones la gratitud que sentía hacia el cronista de Asturias que apoyó y alentó las colaboraciones que entonces publicaba en el IDEA.

 

Constantino Cabal, una vida y una obra para Asturias, para una Asturias que esperemos que, institucionalmente, le haga justicia en las efemérides  que llaman a la puerta.

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La investidura del bostezo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-09-2016 | 10:29| 0

El candidato a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy.

Rajoy, fiel a sí mismo, más que un programa de Gobierno, desplegó una perorata justificando su etapa desde 2011. Sobre la corrupción, pasó como sobre ascuas. Apeló, en el discurso y en las réplicas, al sentido común, «esa peste que nos tiene ahogado el propio», según Unamuno. Hizo alusiones históricas que me dejaron helado, sobre todo a la Constitución de Cádiz, que, históricamente hablando, representa uno de los pocos episodios históricos en el que en este país ganaron los derechos y las libertades. No tuvo a bien ocuparse en su discurso del sufrimiento de muchas personas a resultas de una crisis de la que no son responsables. Y, por otro lado, le pidió al PSOE, en aras de la necesidad de la existencia de un Gobierno en España, al menos, la abstención. Algo que don Mariano no hizo en marzo. No, Rajoy no decepciona. No intenta persuadir, sino machacar con lugares comunes que repite hasta el agotamiento de propios y extraños.

Los argumentos que dio Pedro Sánchez para el ‘no’ a Rajoy, con ser razonables, acaso careciesen de un vigor más intenso. Pero, en este caso, no es don Pedro el problema, sino Rajoy.

Por su lado, don Pablo Iglesias estuvo, como era de esperar, beligerante con Rajoy. Lo tenía muy fácil en este caso. Sólo le faltó perfilar mejor –y con más convicción– cómo podría forjarse una mayoría alternativa, teniendo en cuenta –por decirlo al orteguiano modo– los particularismos de las fuerzas nacionalistas, especialmente en Cataluña, que llevan en su agenda el referéndum de autodeterminación como principal línea roja para pactar con alguien. ¿Valdría la pena intentar un desbloqueo de esto?

En lo que respecta al señor Rivera, confieso que me llamó mucho la atención verlo comparecer con la actitud de alguien que se siente víctima de una tomadura de pelo, o, en todo caso, de no haber sido tomado en serio. Tengo para mí que este pacto con el PP le puede restar más credibilidad que el que alcanzó hace meses con el PSOE.

¿Y qué decir de Asturias? A Oblanca, Rajoy lo despachó con demasiada rapidez. No tiene muy fácil el partido casquista seguir justificando que su pacto con el PP será beneficioso para una Asturias que no parece preocuparle en exceso a Rajoy.

La investidura del bostezo. Para quienes amamos el parlamentarismo, para quienes disfrutamos con el debate como género, estos últimos días de agosto no traen la melancolía de un fin de verano marcado también por una mediocridad que se encarga de amargarnos las últimas horas de las vacaciones.

Un treinta de agosto de 1867 fallecía Baudelaire. Uno de sus lemas, el de ser sublime sin interrupción, se nos pone muy cuesta arriba ante el espectáculo que nos brinda la vida pública. Un 31 de agosto de 2016, tras diez largas horas de debate, asistimos no sólo a una investidura fallida, sino también a la confirmación de que el bloqueo político que soportamos requiere un cambio profundo, un cambio profundo que va más allá de aritméticas parlamentarias. Un cambio profundo que pasaría por unas miradas que buscasen alcances más ambiciosos y menos sectarios.

No se va a dar alcance a una caza de un tiempo nuevo. Sectarismos, mediocridad, particularismos. Así no se reconstruye un país. Así no se abre camino a ese «sugestivo proyecto de vida en común», del que hablaba Ortega siguiendo a Renan.

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A vueltas con el tango
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-08-2016 | 11:22| 0

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«El tango es un pensamiento triste que se baila». Enrique Santos Discépolo.

«El tango nos da a todos un pasado imaginario, todos sentimos que, de un modo mágico, hemos muerto peleando en una esquina del suburbio». Borges.

Ahora –¿quién nos lo iba a decir?– es Borges quien nos mete de lleno en una referencia musical de la que nunca hemos salido. Hablamos del tango. No deja de ser paradójico que el literato más anglosajón en lengua castellana se ocupe de algo tan argentino, tan arrabalero, tan ajeno en su origen a lo que fueron las fuentes borgianas. Pero, ante todo y sobre todo, más allá de lo que puedan decir los expertos en el tango, lo que constituye un auténtico regalo al público lector es la palabra de Borges, provocativa, ingeniosa, irónica, sutil. Y, más que ninguna otra cosa, genial.

A vueltas –nunca mejor dicho– con el tango, con «el pensamiento triste que se baila», según acertó a decir Discépolo. A vueltas con una creación musical genuinamente argentina que, sin embargo, se universalizó en París. A vueltas con unos acordes que, tan pronto los oímos, no podemos no imaginar un baile, sí, un baile.

Un baile con la garra de lo desgarrado y desgarrador. Un baile donde la sensualidad es la cera que arde, donde el deseo se desparrama como lava volcánica. Un baile contra el mundo, contra el tiempo, contra la realidad. Un baile donde el deseo lo acaba apoderando todo. Un baile cuya atmósfera resulta tan poderosa que aísla a sus protagonistas, entregados a una danza del deseo. Un baile donde ese mismo deseo se convierte en la versión musical de ese Grito con mayúscula que en su momento nos regaló Munch. Es ‘El Grito’ del Arrabal.

A vueltas con el tango. Piernas infinitas de la bailarina. Miradas encendidas e incendarias entre quienes lo bailan. Medias que cristalizan muslos de ensueño. Tacones que se deslizan por lo tórrido. Brillo de un parqué o de unas baldosas por el que los pies de quienes bailan recorren un itinerario que los lleva al delirio y al frenesí.

Y, en el fondo, un lamento, una protesta, un chillido, un desgarro, un malestar, una rebeldía, un cabreo infinito, que se conduce musicalmente, que va y viene del deseo más rompedor.

A vueltas con el tango. Una mujer y un hombre escenificando una de las grandes creaciones musicales que, con independencia de sus orígenes, se hizo universal. Un lenguaje único, distinto y distintivo.

En este libro inédito de Borges, que recoge sus conferencias sobre el tango, se habla –y no muy favorablemente– de Carlos Gardel, el que, según los argentinos, «cada vez canta mejor». Seguro que habrá teorías que se opongan a lo que Borges opina de «Carlitos». Seguro que, en la trayectoria del tango, hay puntos de inflexión que se nos escapan a quienes no estamos empapados de erudición al respecto. Pero, en todo caso, es una delicia leer a Borges y recordar esa creación suprema que es el tango.

¿Cómo olvidar la escena del tango que baila Al Pacino en la película ‘Esencia de mujer’? ¿Cómo olvidar a aquel Marlo Brando, encarnando a un personaje sórdido y decrépito en la película ‘El último tango en París’, película de bajos fondos, del lado oscuro, de los arcanos más inconfesables, de lo que alguien llamó, no sin cierta petulancia, «los ínferos del alma»?

A vueltas con el tango. El espectáculo está servido, leyendo a Borges y escenificando tangos memorables, vistos o imaginados, bailados en esa realidad ardiente que es el deseo, en esa zarza en llamas.

¡Qué orfandad sentiríamos sin el tango! ¡Qué balsámico resulta leer a Borges! Conferencias díscolas sobre una música que tuvo y tiene en lo transgresor su ley, su deseo, su desgarro, su no sé qué desgañitándose mientas se baila.

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Cuando llegue septiembre
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-08-2016 | 4:26| 0

Vista general del hemiciclo del Congreso de los Diputados, sin apenas actividad.

Si no sucede lo inesperado, en la investidura prevista para el 30 de agosto, Rajoy no será elegido Presidente, pero, a trancas y barrancas, habrá cumplido con el trámite de presentarse. Mientras, los mensajes envenados al PSOE no tienen otra importancia que no sea la de cumplir el guion.

Si no sucede lo inesperado, la sesión de investidura despidiendo agosto no será más que una pantomima, más bien una farsa, valleinclanesca en el contenido que no en la forma. Porque, en realidad, los ojos de los dirigentes políticos están puestos en septiembre, sobre todo, aunque no exclusivamente, en las elecciones vascas y catalanas. El PP tiene la esperanza de obtener unos buenos resultados en Galicia que refuercen su presión para que el PSOE les deje gobernar, so capa de que en las hipotéticas terceras elecciones seguiría su ascenso.

El PSOE, por su parte, es, en este momento, el partido más obligado a ser cortoplacista.  Primero, manteniendo su negativa anunciada a Rajoy para la sesión de agosto. Hasta ahí, llegarán su vacaciones. Porque, acto seguido, tendrá que afrontar las elecciones gallegas y vascas, al tiempo que las presiones, externas e internas, se irán recrudeciendo, al tiempo que Sánchez tendrá que seguir haciendo equilibrios para seguir liderando el partido. La formación política más veterana del país sabe que tiene ante sí un laberinto y un calvario.

Mientras tanto, Podemos está a verlas venir, al tiempo que intentará recuperarse del mazazo de junio. El partido morado disfruta de la comodidad que supone saber que no le toca iniciar jugada alguna y espera tener mejores resultados en el ámbito autonómico que en el estatal.

En lo que respecta a Ciudadanos, hay que reconocerle al líder de este partido su voluntad por erigirse en una especie de Adolfo Suárez redivivo dispuesto a pactar con todo el mundo, dispuesto a mostrar un talante negociador que salta las alambradas ideológicas, dispuesto a esforzarse por hacer creer que lo primero es que España tenga un Gobierno. Distinta cosa es que eso se traduzca en un apoyo electoral mayor, caso de que adelanten las elecciones.

Cuando llegue septiembre, saldremos de esta modorra. Las cartas se pondrán sobre la mesa. Rajoy, aunque con desgana, tendrá que hacerse cargo de las suyas. Y, por otro lado, los cuchillos largos, dentro de los propios partidos, comparecerán afilados y refulgentes.

Cuando llegue septiembre, el bucle comenzará a desenredarse.

Créanme: lo del 30 de agosto será un entremés. ¿Cervantino?

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