El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
¿A qué juega Llamazares
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-08-2017 | 4:21| 0

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“Nunca hagas valer toda tu fuerza: que nadie crea que has llegado al límite de tu poder”. (Mazarino)

Hemos de reconocer que el último movimiento político de Llamazares creando un partido “instrumental”, pero “sin vocación electoral”, todo ello sin abandonar IU, como mínimo, sorprende.

Lo cierto es que, desde que Anguita dejó liderar IU, la coalición de izquierdas pasó a ser, sobre todo en Andalucía y Asturias, el apoyo del PSOE, su muleta. Pero ese tiempo se quedó atrás desde el 15-M a esta parte con la irrupción de Podemos, que, electoralmente, canalizó gran parte de aquel descontento, mientras que IU se quedó atrás.

Y ahora lo que le queda a IU es, o bien reinventarse, o bien alcanzar un entendimiento con la formación morada que no suponga que acabe siendo fagocitada por el partido que lidera Pablo Iglesias. Resulta innegable que ambas cosas se antojan muy difíciles.

Convendría recordar, por otra parte, que, como bien sabe Llamazares, IU nació de un descontento generalizado de la izquierda contra la deriva que tomó el felipismo, y que en ese descontento que cristalizó en el surgimiento de la coalición se integraron todas las izquierdas que en España había en aquel momento.

Aquello se prolongó durante el mandato de Anguita que, sin embargo, no logró captar electoralmente los continuos desengaños que fue creando el felipismo.

Luego, con Anguita retirado de la primera línea política, vino aquel acuerdo entre Frutos y Almunia, que fracasó rotundamente, y, más tarde, ya se sabe lo que ocurrió.

Mientras todo eso tenía lugar, en Asturias, los acuerdos entre el PSOE  e IU, salvo excepciones, formaron parte del paisaje. Y después llegó Podemos.

Fíjense: aun a pesar de que IU obtuvo 5 escaños en Asturias en las últimas elecciones autonómicas, resultado excelente comparado con lo que sucedió en el resto del país, Podemos casi le duplicó la representación parlamentaria.

El hecho diferencial desde la irrupción de Podemos es que IU se queda a medio camino entre el PSOE y Podemos y rezagado con respecto a ambos partidos. Reivindicarse y autoafirmarse es obligado. Conseguirlo electoralmente resulta en este momento casi inalcanzable.

Imagino que Llamazares considera que, con este nuevo partido que acaba de presentar, puede contribuir a ello. Pero resulta muy difícil que ésta sea una opción mejor que luchar desde dentro para que su discurso triunfe.

Y, por último, el laberinto de Llamazares no es pequeño. En Asturias, apoyó a Javier Fernández, casi incondicionalmente. Y ahora ve que su influencia en las políticas del Gobierno asturiano es irrelevante. Por otro lado, nunca desconectó de la política estatal, a pesar de haber regresado a su tierra.

¿Encrucijada? ¿Canto de cisne?

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Carta abierta a Antonio Trevín
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-08-2017 | 4:06| 0

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Estimado Antonio:

Siempre consideré muy positivo el hecho de que, siendo muchas y continuadas las discrepancias que mantuvimos a lo largo del tiempo, eso en ningún momento fue óbice para nuestra amistad. Y, en un momento como éste, en el que acabas de anunciar tu dimisión como diputado en el Parlamento español, lo primero de todo es reconocer tu coherencia. Sabes muy bien que son pocos los políticos que en este país conjugan el verbo dimitir y te honra ser una excepción.

De entrada, te tomaste con sentido del humor que te orillasen en el ‘gallinero’ en el Parlamento, al tiempo que te apartaron de todas las comisiones de las que formabas parte en el Congreso. Y no transcurrió mucho tiempo desde la condena al ostracismo que escenificaron hasta tu dimisión.

Pues bien, Antonio, volviendo a nuestras continuas discrepancias, a mí me pareció injustificable que, tras la defenestración de Pedro Sánchez, el grupo parlamentario del PSOE, mediante la abstención, facilitase a Rajoy gobernar. Tú apoyaste primero a la gestora y, más tarde, no fuiste nada ambiguo a la hora de apostar por la candidatura de Susana Díaz en las primarias, una candidata que, claramente, representa a lo que ahora llaman el viejo PSOE, o sea, el felipismo. Distinta cosa es que sea fiable y consistente el llamado ‘nuevo’ PSOE y que resulte admisible la forma en que se está actuando desde que Sánchez ganase las primarias.

De todos modos, ahora que decidiste dar un paso atrás con todo lo que ello conlleva, me permito insistir en la importancia que para mí tiene el hecho de que una amistad esté por encima de las discrepancias. Ello es así, entre otras cosas, porque nunca te condujiste de un modo sectario, frente a otras muchas personas de tu partido que tomaron y seguirán tomando la crítica como un ataque personal. Ejemplos de esto los hay muy claros, y, como bien sabes, me tocó soportarlos en más de una ocasión.

Nunca olvidaré aquellos años en los que estabas al frente de la Delegación del Gobierno y te tocaba justificar los continuos retrasos de la autovía del Occidente, al tiempo que yo escribía artículos al respecto desde la indignación. Y aquello jamás impidió la cordialidad entre nosotros cada vez que quedábamos para tomar un café. Cuando transcurra el tiempo y las cosas se puedan analizar con mayor frialdad, estoy seguro de que te pondrán como ejemplo de un político que no confundió la crítica con el ataque personal.

Y, por último, quiero dejar constancia de mi gratitud por la forma en que te volcaste en apoyo a la figura de Fernando Vela, uno de los grandes intelectuales del siglo XX en Asturias, que, lamentablemente, sigue siendo un desconocido, aunque se hayan puesto las bases para una lenta e imprescindible recuperación de su figura.

Con tu abandono de la política, aumenta la presencia del sectarismo, también en tu partido.

Recibe un abrazo tricolor.

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¿Salas como ejemplo?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-08-2017 | 5:45| 0

José Manuel Menéndez.

Leo en EL COMERCIO que el Tribunal de Cuentas ha condenado al ex alcalde de Salas, José Manuel Menéndez, y a dos exfuncionarios a pagar la suma de 132.000 euros, cantidad nada desdeñable para un concejo en declive demográfico. La condena, según la referida noticia, obedece a que no se justificaron determinados gastos que alcanzan la susodicha cantidad en 2009 y en 2010.

Pues bien, al margen de otras muchas consideraciones que podrían hacerse sobre el asunto que aquí nos trae, estaría bien que cundiera el ejemplo, es decir, que, sin necesidad de circos mediáticos que se crean a la puerta de los juzgados y que se quedan en poco más que eso, en el caso de que una determinada institución pública haya sido irregularmente gestionada, sus responsables se vean obligados a asumir los gastos que sus acciones, como mínimo, negligentes, hayan podido ocasionar. Por otro lado, no deja de ser llamativo que un municipio como Salas, condenado al declive demográfico y al abandono, sea noticia por un caso de este calado.

Con la cautela obligada que hay que tener en situaciones como ésta, lo cierto es que estamos hablando de un exalcalde que estuvo al frente del municipio durante al menos veinte años, lo que pone de manifiesto, entre otras cosas, las consecuencias de la falta de limitación temporal en los mandatos al frente de las instituciones. Cierto es que hay excepciones, pero, por lo que se ve, no es el caso de Salas. Estamos hablando de un concejo que durante muchos años fue noticia por polémicas medioambientales, y que, tras las elecciones municipales y autonómicas de 2011, lo que tuvo mayor protagonismo fue la situación económica heredada.

Y, en medio de todo ello, no hay que olvidarse del abandono de este municipio en el que se paralizaron las obras de la autovía del Occidente en 2010 por parte del último gobierno de Zapatero, parálisis que continuó con el primer ejecutivo presidido por Rajoy. Y, en este momento, se reanudaron las obras sólo el tramo entre Doriga y Cornellana. Como se ve, no hay prisa.

¿Salas como ejemplo a la hora de obligar a restituir dineros públicos? La condena del Tribunal de Cuentas que, según leo, es inapelable, parece ir en esa línea.

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¿Nuevo PSOE?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-08-2017 | 11:01| 0

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De aquella dicotomía orteguiana que hablaba de «vieja y nueva política», dicotomía que el pensador planteó en una conferencia en el madrileño Teatro de la Comedia en 1914, dicotomía que se volvió a poner en marcha con la irrupción de Podemos, hemos pasado, tras las últimas elecciones primarias socialistas, a otra dicotomía: la del viejo y nuevo PSOE.

Lo cierto es que está muy claro lo que es el viejo PSOE, esto es, el que tiene a Felipe González como reina madre del partido y a doña Susana Díaz como costurera de los rotos que se produjeron en esa quintaesencia de un PSOE que gobernó España durante veintiún años tras la muerte de Franco y que es, en no pequeña medida, responsable de la España que tenemos actualmente.

Sin embargo, tengo cada vez más dudas acerca del ‘nuevo’ PSOE, si por tal se entiende el que lidera Pedro Sánchez, dudas que me suscitan las ambigüedades en cuanto a su proyecto de país, así como la presencia de personas que llevan casi toda su vida participando en la política. Acerca de esto último, hay ejemplos muy claros en Asturias. Por ejemplo, doña María Luisa Carcedo. Por ejemplo, doña Adriana Lastra.

Hay que tener en cuenta, por otro lado, que la indiscutible victoria política que obtuvo Pedro Sánchez en las primarias vino dada, entre otras cosas, por el malestar de las bases con los barones del partido, con los dirigentes de siempre.

Pero, ante todo y sobre todo, este ‘nuevo’ PSOE, además de apostar claramente por la regeneración política, apuesta que pierde credibilidad en el momento en el que hay entre sus filas auténticos profesionales de la política que, en su momento, apoyaron las políticas más conservadoras del PSOE, tiene que plantear una reforma constitucional y un modelo territorial distinto al que tenemos, en el que en unas comunidades autónomas, son distintos los sueldos de los funcionarios del mismo nivel y son muy diferentes los impuestos.

¿Se apuesta por la igualdad impositiva y salarial? Y, por otro lado, ¿ese planteamiento de España como Estado ‘plurinacional’ lleva al federalismo? Nada tengo en contra de una opción federal, lo que no me impide preguntarme si ésa será la solución.

Bien está que se haya quedado atrás el viejo PSOE que hizo de partido sagastino de esta 2ª Restauración borbónica desde 1982. La cuestión es si, de verdad, hay un nuevo PSOE, y si este ‘nuevo’ PSOE tiene un proyecto de país acorde con la socialdemocracia y con el legado moral del partido con mayor recorrido histórico de nuestro país.

Desde luego, no faltan motivos para la duda y para el escepticismo.

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Rajoy como problema
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-08-2017 | 4:29| 0

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«Los ideales son las cosas según estimamos que debieran ser. Los arquetipos son las cosas según su ineluctable realidad» (Ortega y Gasset).

¿Cuántas personas se preguntan continuamente en España si nos merecemos un presidente como Rajoy, que elude de continuo aquello que lo puede poner contra las cuerdas y que tiene un discurso que, ni siquiera cuando deja asomar algo de sorna, va más allá de los lugares comunes?

Rajoy como problema, si por tal se entiende que, dejando al margen forofismos, no es fácil, ni siquiera en el caso de quienes puedan compartir con don Mariano coincidencias ideológicas, que pueda haber muchos ciudadanos que se sientan orgullosos de pertenecer a un país que tiene como presidente a este señor, fiel a sí mismo, previsible hasta el aburrimiento, indiferente a los episodios trágicos y dramáticos que sufren tantas personas que fueron y siguen siendo víctimas de la crisis.

Tras haber declarado en un acto judicial que a veces sus palabras no significan nada, ¿qué nos cabe esperar de un país que tiene como presidente a don Mariano? ¿Hace falta recordar que la palabra es una herramienta fundamental de un dirigente político? ¿No se da cuenta el señor Rajoy de que en cualquier momento alguien le puede refutar que el propio interesado no le concede un gran valor a la palabra?

Rajoy como problema. El PSOE y Podemos acuerdan pedir una comparecencia del presidente en el Parlamento para que se explique acerca del asunto que le llevó a comparecer en la Audiencia Nacional. ¿Cabe esperar que, en el caso de que esa comparecencia se celebre, que diga algo distinto a lo manifestado en la sede judicial? Y, por otro lado, ¡qué frustrante resultaría que, en dos liturgias de la palabra, o sea, en la Audiencia Nacional y en el Parlamento, alguien que no cree que las palabras tengan un significado importante protagonizase los actos!

Ahí tienen a don Mariano, juramentado contra los intentos de que en Cataluña se celebre el famoso referéndum y alguien que está encantado de la mejoría económica que, con tantos matices, manifiestan los datos sobre el empleo y el consumo. Para todo lo demás, sobre todo si se trata de temas escabrosos, se llama a andanas.

¿No es un problema tener como presidente a alguien a quien nada parece turbarle, a quien nada lo abochorna, cuando de escándalos de corrupción se trata? ¿Cómo no recordar aquella comparecencia ante la prensa de Felipe González tras la fuga de Roldán y el encarcelamiento de Mariano Rubio, cuando dijo sentirse abochornado y se mostraba cariacontecido de forma notoria? Desde luego, el señor González ni fue ni será nunca alguien a quien admire, lo que no impide que se trate de alguien que sabía qué actitud tomar ante determinadas situaciones. Y no hablo de sinceridad, sino de saber cuál era su papel.

Pues bien, Rajoy no llega ni a eso, ni a intentar seguir el guion. Y algo así supone que don Mariano sea, desde mi punto de vista, todo un problema para el país.

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