El Comercio
img
Autor: luisariasarguellesmeres_72
“Epistolomanía” unamuniana
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 06-01-2018 | 11:43| 0

“Yo no sé hasta dónde llegaría si dejara correr libremente la pluma, llevado de mi espistolomanía”. (De una carta de Unamuno a Clarín en 1895).

La Universidad de Salamanca acaba de publicar el primer tomo del “Epistolario”, de Unamuno que abarca el periodo comprendido entre 1880 y 1899. Se trata de 303 cartas, de las que 60 son inéditas. La edición está al cuidado de los hispanistas Colette y Jean-Claude Rabaté, que en 2009 acometieron la biografía del autor que nos ocupa.

El presente epistolario es imprescindible para quienes sientan interés por comprender cómo se fue forjando el Unamuno poeta, ensayista, novelista  y autor dramático, el Unamuno iberista, interesado también la literatura hispanoamericana, el Unamuno filólogo con puntos de vista realmente originales y llamativos, el Unamuno, en fin, que llegaría a liderar la generación literaria que marcó el camino de lo que se viene llamando la Edad de Plata de nuestras letras.

Cartas que son en muchas ocasiones confidencias propias de un diario íntimo, cartas que son en no menos ocasiones auténticas hojas de ruta de la creación literaria del autor, cartas que son también fidedignas fuentes de información de cuáles fueron las lecturas que más marcaron a nuestro escritor, cartas que son, en fin, inequívocas muestras de cómo interpretó el propio Unamuno acontecimientos que marcaron nuestra historia y su propia vida: pongamos que el Desastre del 98, pongamos que los conflictos sociales y políticos en Cataluña.

En estas cartas  está el primer Unamuno, autor de la novela “Paz en la guerra, la única narración suya en la que describe paisajes, en la que todavía no llegó a lo que más tarde serían sus “nivolas”.

A propósito de su novela “Paz en la guerra”, es digno de mención el hecho de que don Miguel esperaba ansiosamente que Clarín escribiese una reseña de este libro, Sin embargo Alas ni siquiera  le habló al respecto en la correspondencia que mantuvieron ambos escritores, por mucho que Unamuno le había manifestado que anhelaba conocer su opinión al respecto.

Tuvo que conformarse don Miguel, en lo que a nuestra tierra se refiere, con una reseña que escribió Rafael Altamira que en 1897, año de publicación de “Paz en la Guerra”, obtuvo su cátedra en la Universidad de Oviedo, y se integraría en la época dorada de nuestra Alma Máter.

Pero, a pesar del silencio de Clarín sobre “Paz en la guerra”, Unamuno le siguió profesando respeto y admiración tal y como se manifiesta en el conjunto de cartas dirigidas a Leopoldo Alas y que figuran en este volumen.

Y ya que estamos con Unamuno y Asturias en este tomo I del Epistolario, acerca de Palacio Valdés, sólo emite juicios positivos sobre la novela “Maximina”. El resto de la producción novelística del autor de “El Maestrante” la encuentra muy floja.

También es obligado consignar que Unamuno muestra interés por los estudios sobre el bable que se publicaban en periódicos y revistas de nuestra tierra.

Nos encontramos, en definitiva, con un volumen plagado de textos muy valiosos no sólo por la calidad literaria que atesoran, sino también porque nos ayudan a entender la obra y la trayectoria pública de uno de nuestros escritores contemporáneos más prolíficos y de mayor talento, cuya mirada se proyectó también sobre Asturias y sobre los asturianos más ilustres de entonces.

Ver Post >
Sobre el discurso navideño de Javier Fernández
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 04-01-2018 | 10:53| 0

Resultado de imagen de javier fernández, discurso el comercio

Para el coordinador de IU en Asturias, el discurso de fin de año de Javier Fernández fue «autocomplaciente, previsible y decepcionante». A mi juicio, fue, sobre todo, un paso más en su ritual de despedida que comenzó tras el resultado de las primarias en el PSOE. Veamos: doy por hecho que cumplirá su mandato hasta 2019, lo que no impide que se vea ya en la fase final de su trayectoria política. Y el tiempo que queda hasta las próximas elecciones autonómicas y municipales será un cumplimiento del deber. Nada más y nada menos. De principio a fin, en la música y la letra de su discurso, la despedida estuvo omnipresente. Enumeró los que son, a su juicio, los retos más importantes de Asturias, entre ellos, el declive demográfico, cuya solución, según manifestó, depende ante todo de España y de Europa. Apostó por la importancia de la industria en Asturias y pidió flexibilidad con la minería del carbón.

Si bien manifestó su preocupación ante las consecuencias del cambio climático, no pareció estar muy alarmado por los altos índices de contaminación en determinadas localidades de Asturias, ni tampoco planteó un fuerte empeño en que se termine la obligada emigración de los jóvenes ante la tesitura de una tierra que apenas les ofrece opciones de puestos de trabajo acordes con su formación.

Javier Fernández y la vieja política. Un matiz: no estoy totalmente convencido de que la nueva FSA sea tan nueva política como a sí misma se reclama. No descarto que pueda haber en esto su no sé qué lampedusiano. No obstante, por razones generacionales e ideológicas, lo que Javier Fernández representa es la vieja política, el bipartidismo, el inmenso poder del SOMA en Asturias, su entendimiento con el PP que llegó hasta los anteriores presupuestos, su apuesta, en el ámbito estatal, por el PSOE más conservador, sin que ello signifique que los nuevos dirigentes del partido sean, de verdad, tan izquierdistas como se autoproclaman.

No hubo tampoco en el discurso de Javier Fernández una apuesta concreta de futuro en la que manifestase entusiasmo alguno. No hubo palabras que nos hiciesen pensar en que está dispuesto, en la medida de sus posibilidades, a que se frene la decadencia en las alas, a que se intenten corregir las desigualdades en servicios públicos que se sufren en esos territorios que forman parte de la geografía del abandono.

Javier de despide sabedor de que a la política asturiana y española llegan otros tiempos y otros discursos, sabedor, por tanto, de que su tiempo se está acabando. En tales circunstancias, el tiempo que le queda al frente del Gobierno asturiano será, como dije más arriba, un cumplimiento del deber.

Así las cosas, no cabe esperar que, en lo que le queda de mandato, «lo mejor esté por venir».

Ver Post >
Recuerdos de Oviedo: Por el Hotel de la Reconquista
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 31-12-2017 | 12:23| 0

“La melancolía no es más que un recuerdo que se ignora”. (Flaubert).

“Quien no encaja en el mundo está siempre cerca de encontrarse a sí mismo”. (Hermann Hesse).

Fue en el verano de 1974 cuando acudimos por vez primera a la cafetería del Hotel de la Reconquista. Dada la prestancia y el poderío del edificio, estábamos convencidos de que aquella cafetería tenía que estar marcada por una declarada voluntad de estilo. También dábamos por hecho que cualquier consumición que allí se sirviese tendría garantizada no sólo la calidad sino también el cuidado estético en su presentación. En efecto, así fue.

Una mañana de un martes del mes de agosto en la cafetería del Hotel de la Reconquista. Vacaciones en un Oviedo en el que en pleno verano la actividad menguaba mucho, en el que el turismo no abundaba. Desayunamos café con bollería, sin prisa, observando aquel espacio tan amplio dentro de un hotel lujoso. Amplitud entre mesa y mesa. Amplitud de una barra cómoda y enorme.

El mayor encanto consistía en que, a pesar de que había bastantes clientes en la cafetería, no se percibía sensación de lleno. Se diría que todo armonizaba, que todo estaba en su justa medida.

Sentíamos curiosidad por conocer por dentro el imponente edificio. Se hablaba mucho en Oviedo acerca del lujo que allí habitaba, lujo con solera, y una rehabilitación que, respetando la deslumbrante estética, le daba funcionalidad al hotel.

En el verano de 1974, el Hotel de la Reconquista llevaba más de un año abierto, aunque su inauguración oficial, por parte de la mujer del dictador, había tenido lugar, si los datos no me fallan, unos pocos meses antes, concretamente, en junio.

Desde luego, era un lujo para la ciudad contar con un hotel de esa envergadura que, en lo que se refiere a su poderío estético, en nada tenía que envidiar a los Paradores nacionales. Y, para quienes vivíamos en Oviedo, resultaba muy agradable conocer muchas de sus estancias, sin necesidad de hospedaje.

Lo cierto es que, a la hora de rememorar mis recuerdos sobre el Hotel de la Reconquista, me resulta muy significativo el hecho de haber conocido y frecuentado la cafetería del establecimiento del que venimos hablando en plena adolescencia, a los diecisiete años, y que unos cuantos años después, principiando la década de los ochenta, ya en plena veintena, encontrase un encanto especial en otra cafetería mucho más pequeña a la que se accedía desde el interior del mismo hotel, que era un lugar pintiparado para conversar, por lo común, a primera hora de la tarde, con tazas de café por el medio.

Recuerdo haber leído en EL COMERCIO en octubre de 2014 que “el bar americano” se reabría tras haber estado cerrado desde 2011. Y aquella noticia me reconfortó por tratarse de un lugar de referencia en los primeros años ochenta.

Y vuelvo a aquellos primeros años ochenta, cuando en “el bar americano” era frecuente encontrase también con fuerzas vivas de la ciudad, cuando nuestra generación estaba convencida de que lo deseable no era imposible, cuando no existía un desapego tan grande hacia lo que viene siendo la vida pública.

Nunca olvidaré la comodidad de la que allí disfrutábamos. Hablábamos de cine, comentábamos los libros que leíamos con avidez, deteniéndonos en muchas ocasiones en determinados pasajes de aquellos libros que daban mucho de sí a la hora de interpretarlos. Versos y frases que interiorizábamos con una intensidad no menor que el resto de las vivencias nuestras de cada día.

Allí, podíamos ser –y lo éramos- una isla, ajenos a cuanto teníamos alrededor, disfrutando de la comodidad a la que ya aludí. Pero, de vez en cuando, reparábamos en determinadas celebridades astures que por allí deambulaban. Era realmente llamativo estar –a la vez- tan lejos de aquellas conversaciones más o menos conspiratorias. Tan lejos de su mundo y tan cerca compartiendo el mismo espacio.

¡Cuántas tardes pasamos allí entre 1980 y 1983! Desde la agonía de UCD, hasta los principios de la era felipista, pasando por el fallido golpe de Estado del 81. Y, en nuestro más acá, desde la etapa de Riera Posada como Alcalde al primer mandato del Masip al frente del Consistorio. A veces, antes, a veces, después de grabar un programa radiofónico que hacíamos en una emisora de Oviedo sobre la Universidad.

¿Cómo olvidar aquella tarde de octubre de 1981 en la que nos adentramos en uno de los ensayos más estremecedores de Unamuno que tiene por nombre “Soledad”? Aquellas frases subrayadas donde el gigante del 98 habla de que se distanciaba de la multitud precisamente por amor a ella. Frases subrayadas sobre un papel amarillento y ajado que rascaba la piel. El volumen lo había publiado la bendita y venerable colección Austral, y, en su momento, estuvo prohibido en España. Había llegado a manos de mi padre desde el Uruguay.

“Bar americano” en el Hotel de la Reconquista, un enclave lujosamente atopadizo, un lugar de referencia de los tiempos inmediatamente anteriores a nuestra incorporación a la profesión docente.

La cafetería estrenada en la adolescencia.
El “bar americano” frecuentado en los primeros años de una década que, a pesar de su desenfado y colorido, marcaría el camino a un mundo en el que todo sería – y es- “pos”: desde la Posmodernidad hasta la “posverdad”. Lo que va después, sin especificar destino.

Como mínimo, inquietante.

La imagen puede contener: 2 personas, personas sentadas, mesa e interior

Ver Post >
MÁS QUE TABARNIA, CELTIBERIA
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 30-12-2017 | 12:14| 0

Resultado de imagen de Tabarnia, el comercio

 

La nación, y la historia con ella, es el capullo que protege la vida del patriotismo en larva, pero si ha de convertirse en mariposa espiritual que se bañe en luz y sea fecunda, tiene que romper y abandonar el capullo”. (Unamuno).

Si hay una herramienta imprescindible para que la inteligencia no se oxide, es, sin duda, la ironía. Ya no entro, en el caso que nos ocupa, si lo de Tabarnia es brocha gorda o es algo más sutil de lo que parece. Sea como fuere, está sirviendo para quitar dramatismo a la situación de Cataluña y, de paso, baja la estridencia.

Con lo de Tabarnia, se plantean, sobre todo, dos cosas. Primero, es un buen ejercicio dialéctico a la hora de combatir el argumentario de los que enarbolan el llamado derecho a decidir, eso sí, sobre el territorio y no sobre otras muchas cosas. Y, en segundo lugar, pone de manifiesto que, les guste más o menos a los independentistas, en todo lo que viene ocurriendo con el llamado movimiento soberanista, está omnipresente lo celtibérico como denominador común sofocando supuestos «hechos diferenciales». Hechos y derechos.

Bien mirado, si se invoca el llamado a decidir de Cataluña con respecto a España, con el mismo planteamiento dialéctico podrían hacerlo determinadas provincias y territorios catalanes con respecto a esa unidad de destino que reclaman los independentistas. Se entraría así en un laberinto retórico y dialéctico bastante hilarante.

Por otra parte, las reacciones que ha despertado este invento llamado Tabarnia son, en su mayor parte, celtibéricas. ¿Acaso no es celtibérico el señor Rufián, con sus intervenciones tan pintorescas? ¿Acaso no son igualmente celtibéricas las reacciones a lo de Tabarnia, tanto las que lo celebran con sentido del humor, como quienes montan en cólera?

Lo cierto es que, en un escenario alarmante tanto para España como para Cataluña, lo de Tabarnia –insisto– está contribuyendo a rebajar la tensión dramática no sólo por todo lo que vengo apuntando, sino también porque se pueden intuir respuestas a ello que pretenden ser contundentes y sesudas pero que no pueden evitar que, en algún momento, se asome cierta retranca, incluso por parte de quienes se sienten ofendidos ante este engendro tan celtibérico.

¿Saben? Lo de Tabarnia no está lejos de ser una especie de sainete que se podría haber inventado Boadella. Y, desde luego, Rufián parece responder a un personaje imprescindible en esta obra.

Más que Tabarnia, Celtiberia. A ritmo de fandango. Todo ello, como contrapunto celtibérico a una crisis inquietante, a una encrucijada de muy difícil solución.

Ver Post >
¿Tiene salida el problema catalán?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 27-12-2017 | 4:18| 0

Se diría que, parafraseando a Brenan, lo que tenemos ante nosotros es «el laberinto catalán», esto es, que el laberinto español ha hecho parada y fonda en Cataluña, y todo parece indicar que irá para largo.

Ante todo y sobre todo, teniendo en cuenta que se ha llegado a un frentismo entre constitucionalistas y secesionistas, si nos moviésemos en el mejor de los mundos posibles, se debería mover ficha por ambas partes para no seguir polarizando a la sociedad catalana. Cuentan que Puigdemont, cuando estaba decidido a convocar elecciones, su discurso llevaba un preámbulo que consistía en afirmar que su voluntad era la de ser el presidente de todos los catalanes, no solo de los independentistas. Bueno sería que, pasada la euforia de estos días, lo retomase. Por su lado, tampoco estaría mal que la señora Arrimadas, en tanto es la candidata más votada, se expresase en términos similares.

Miren, la cosa está muy clara: hemos pasado de «las dos Españas» a «las dos Cataluñas». Y sería un apoteósico triunfo para todos que esas «dos Cataluñas» intentasen entenderse. El frentismo solo alargaría y agravaría el conflicto.

Escribí recientemente que, por mucho que los independentistas se mostrasen pletóricos por su mayoría parlamentaria, no pueden obviar que el reparto de votos, trasladado a un referéndum, no supondría un triunfo de la independencia. Les toca salirse de la unilateralidad y mostrarse dialogantes.

¿Y qué le tocaría a Ciudadanos como fuerza más votada? Desde luego, no sería excluyente mantenerse en sus convicciones no separatistas y, al mismo tiempo, intentar por todos los medios el diálogo con sus adversarios frentistas en busca de una salida al conflicto.

Seamos realistas: los votos independentistas del 21 de diciembre no otorgarían, en términos numéricos, la mayoría absoluta a los secesionistas en un referéndum, pero tampoco se quedaron muy lejos de sus deseos y no es de descartar que el independentismo se siga incrementando. Tampoco lo contrario.

Laberinto catalán: lo primero el imperativo de diálogo. Además de un conflicto entre Cataluña y España, lo es también, y sobre todo, entre la ciudadanía catalana. Sería fantástico que se produjese una lección de madurez y de talante democrático por parte de todos, especialmente por parte de aquellos que se empecinan en falacias como vino haciendo Puigdemont.

Pero, si nos situamos en lo más inmediato, el panorama ofrece una complejidad gigantesca. En el caso de que las fuerzas independentistas, apuesten por el señor Puigdemont, ¿qué pasará si no regresa para estar presente en la sesión de investidura? ¿Qué pasará si regresa y es encarcelado? ¿Se resolvería el problema convirtiéndolo en mártir de su causa? ¿Sabemos hasta cuándo seguirá en prisión Junqueras? Imaginemos que continúa encarcelado cuando se forme el Parlamento. ¿Cómo se afrontará eso políticamente?

No solo estamos ante la necesidad de una tregua y de un entendimiento que se antojan muy difíciles, sino también ante un proceso judicial que puede complicar hasta lo indecible la situación.

Laberinto catalán, nada borgiano, sino muy español, muy celtibérico.

Ver Post >