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Categoría: Opinión
¿Malos tiempos para la socialdemocracia?

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Ya sabemos cómo está el PSOE de maltrecho, no ya desde la defenestración de la que fue objeto Pedro Sánchez, sino más bien desde que Zapatero fracasó estrepitosamente en sus políticas en la última legislatura que gobernó. Y sabemos también que, en la campaña de primarias en la que se encuentra inmerso el partido, la atmósfera está más enrarecida y bronca que nunca, lo que hace presagiar que no va a ser nada fácil que, tras conocerse los resultados, la integración y la armonía vayan a presidir el día a día del partido.

Si vamos por partes, está claro que la pregunta que cabe hacerse es quién ganará las primarias. Pero, a poco que se reflexione sobre el particular, lo más esencial sobre lo que cabe hacer hipótesis es cómo será el día después de las primarias. Vayamos por partes.

Doña Susana se presenta como la candidata del aparato, como ese PSOE que en sus ámbitos oficiales consideran que es el de siempre, soslayando con tal planteamiento la mayor parte de la historia de este partido. Por su lado, don Pedro comparece como el candidato de la militancia, como el político que hará girar al partido hacia la izquierda. Y, por su lado, Patxi López parece quedarse a medio camino entre ambos, al tiempo que su discurso parece el más integrador de puertas adentro. Esto es lo que parece, si bien no estaría de más preguntarse si no nos estamos encontrando, una vez más, con ese juego entre apariencia y realidad que puede acarrear mucha confusión.

Por otra parte, se reconozca o no, está claro que hay un antes y un después tras conocerse el número de avales de las tres candidaturas. Aquí, la confusión no es tan grande, es decir, a resultas de los avales conseguidos, no cabe hacer vaticinios certeros, entre otras cosas, porque está muy claro que es más fácil conseguirlos desde el aparato propiamente dicho que desde afuera.

Pero hay algo más importante aún que no podemos dejar de preguntarnos y que tiene que ver con el asunto ideológico, asunto en el que, de un lado, no todos pueden ser claros, y, de otro lado, no todos se han ganado mucha credibilidad. Partamos de una base muy clara: no es fácil el equilibrio que iría entre no parecerse al PP, pues, para eso, no tiene sentido que se sigan protegiendo bajo unas siglas de izquierdas, y, de otra parte, no competir, en lo ideológico, con Podemos.

En Francia se demostró que un partido que se reclama socialista no puede sobrevivir haciendo las mismas políticas que la derecha. Y, por otro lado, haría falta que se conocieses qué proyecto de partido y de país hay detrás de cada candidatura, proyectos que vayan más allá de obviedades y topicazos.

Sin duda, son malos tiempos para la socialdemocracia, pues no es fácil articular un discurso que no acepte los postulados del capitalismo más salvaje y que, al mismo tiempo, no incurra en demagogias y populismos. Sumemos a ello otra cuestión que no es ninguna fruslería: ninguna de las tres candidaturas tiene una gran credibilidad.

Sin ir más lejos, lo que Susana Díaz representa es al socialismo de siglas que, habiendo gobernado Andalucía desde las primeras elecciones autonómicas, no combatió el paro con éxito, no llevó a cabo una reforma agraria que es una asignatura pendiente en la historia de España y, para mayor baldón, incurrió el PSOE andaluz en corruptelas escandalosas. Por su lado, don Pedro Sánchez empezó teniendo una gran sintonía con Ciudadanos y, desde que fue defenestrado, se fue escorando, en la retórica, a la izquierda. Y, en cuanto a Patxi López, nadie puede negar que siempre fue un político muy involucrado en el aparato del partido.

Vencer en las primarias no significa necesariamente convencer al electorado para ser una alternativa de Gobierno distinta del PP, y con la regeneración como bandera. Vencer en las primarias no significa contar con un grupo parlamentario que se pliegue al ganador o ganadora. Vencer en las primarias no significa detener un declive que empezó con Rubalcaba y que continúa de forma imparable hasta el momento presente.

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¿PARA CUÁNDO UN CORTAFUEGOS CONTRA LA CORRUPCIÓN?

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«Otro aspecto importante de la política video-plasmada es no solo que la televisión ha llegado a ser la autoridad cognitiva más importante de los grandes públicos, sino que al mismo tiempo atribuye un peso desconocido y devastador a los falsos testimonios» (Sartori).

El último gran escándalo de corrupción política que, entre otras cosas, ha llevado a todo un expresidente de la Comunidad de Madrid a prisión, tendría que significar un antes y un después en nuestra vida pública. Y ese punto de inflexión debería partir del convencimiento de que tienen que acabarse muchas cosas, no solo las puertas giratorias y los privilegios de la mal llamada clase política, sino que también urge legislar de tal forma que no pueda haber fisuras en lo que se refiere a que determinados nombramientos de jueces y fiscales tendrían que hacerse por criterios puramente profesionales sin que el poder político pudiese intervenir en ello.

Y es que en el caso que nos ocupa, presuntamente, no solo se ha sustraído dinero público, sino que además algunas de las conversaciones telefónicas que salieron a la luz ponen claramente de manifiesto que se pretende ejercer presión sobre el ámbito judicial desde el poder político. O sea, que se sigue asesinando a  Montesquieu. O sea, que las garantías democráticas y procesales tendrían que asegurarse mucho más.

Quede claro que no pongo en duda la honestidad y la profesionalidad de nadie. El tema no es ése, sino otro muy distinto: que el poder político no tenga influencia alguna en determinados nombramientos. Que ningún alto cargo de la Fiscalía y del Poder Judicial le deba el puesto al Gobierno de turno, al político de turno.

¿Cómo no recordar a don Eligio Hernández, cuando ejerció de Fiscal General del Estado en tiempos del felipismo? ¿Cómo pasar por alto que hubo y sigue habiendo determinados nombramientos que, a la hora de ejercer su cargo, pusieron y ponen difícil creer que su actuación es de todo punto independiente?

Y, como ven, me remonto a una época pasada para poner de manifiesto que la acuciante necesidad que planteo en este artículo tiene ya un largo recorrido, viene de muy lejos.

Y, volviendo al presente más inmediato, no sé si, al final, tendrá lugar la moción de censura que anunció el líder de Podemos. Pero, en todo caso, me parece que se dan todas las circunstancias favorables para que la mayoría de los partidos políticos acuerden modificar la legislación en lo que se refiere a determinados nombramientos. No sería un pacto ideológico, sino algo mucho más profundo: un pacto por la decencia, en el que no tendría que haber discrepancias si, de verdad, los partidos emergentes apuestan por la regeneración política; si, de verdad, lo que queda del PSOE pretende recuperar ante su electorado y ante la sociedad la credibilidad perdida.

¿Para cuándo un cortafuegos contra la corrupción que, por así decirlo, asegure la independencia del poder judicial? ¿A qué se puede estar esperando?

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A propósito de Belarmino Tomás

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«En la improvisación reside la fuerza. Todos los golpes decisivos habrán de asestarse como sin querer». (Walter Benjamin).

Leo en EL COMERCIO el magnífico reportaje que firma Daniel Fernández sobre la figura de Belarmino Tomás, cuya trayectoria biográfica será objeto de un documental a cargo del cineasta asturiano Ramón Lluis Bande. Sin duda, estamos hablando de un personaje histórico de primera magnitud en el siglo XX asturiano. Estamos hablando, entre otras cosas, del líder obrero que arengó a los suyos de una forma memorable tan pronto se neutralizó la insurrección minera del 34. Estamos hablando, asimismo, del mandatario socialista y obrero que presidió aquel Consejo Soberano de Asturias y León, en plena guerra civil, cuando nuestra tierra, una vez más, fue una isla dentro del conjunto del país, en este caso, una isla entre Galicia y Cantabria en poder de los sublevados.

A propósito de Belarmino Tomás, cuando hay territorios que reivindican, desde posiciones que tienen más que ver con la leyenda que con la realidad, hitos históricos que ponen como ejemplo de pasados gloriosos que, supuestamente, avalarían afanes independentistas, se da la circunstancia de que en la Asturias de los años 30 tuvo lugar un acontecimiento histórico que asombró al mundo (la revolución del 34) y que, sin salirnos de esa misma década, hubo un territorio en España donde se acuñó moneda.

Y, sin embargo, ya ven, aquí no se esboza ningún discurso nacionalista que busque justificación en los referidos acontecimientos históricos. Aclaremos –de paso– que sería un error pretender basar un hipotético nacionalismo astur en los referidos hechos históricos. Sería un error, sin duda. Pero está meridianamente claro que, desde otras latitudes y altitudes, se esgrimiría el referido discurso.

A propósito de Belarmino Tomás, cuando se habla de que la revolución del 34 fue un levantamiento en armas contra la República, se incurre en una falacia inadmisible, entre otras cosas, porque se sublevaron contra un Gobierno que tenía como principal objetivo cargarse todas las medidas progresistas que se habían aprobado en el bienio azañista. Distinta cosa es que la mencionada revolución no fue democrática, si por tal se entiende que se rebelaron contra un Gobierno que había salido de las urnas un año antes.

A propósito de Belarmino Tomás, aquel ‘gobiernín’ que presidió el personaje que aquí nos trae fue objeto de críticas por parte de Azaña en sus ‘Diarios’ y, muy probablemente, tampoco fue tomado muy en serio dentro de la Asturias de aquel momento. Pero, en todo caso, estaríamos hablando de un serio intento de defender la República en nuestra tierra, de luchar, desde aquella insularidad que provocó la guerra, por la República.

A propósito de Belarmino Tomás, queda por conocer lo que fue la vida del líder obrero en el exilio, así como de las circunstancias que concurrieron en los últimos días del llamado ‘gobiernín’.

Una insurrección obrera en la que el llamado ‘Lenin español’ estuvo ausente, o sea, Largo Caballero. Una insurrección minera que, llegado el momento, generó una represión tan brutal que propició no poco lo que vendría después. Una Asturias aislada en plena guerra civil. Una Asturias «sola» y, «en mitad de la tierra», como escribió Pedro Garfias en su inolvidable poema sobre nuestra tierra.

A propósito de Belarmino Tomás, dinamita y monedas acuñadas, sueños y luchas, épica y lírica, exilio y olvido.

A propósito de Belarmino Tomás, historia e intrahistoria. Antes y después, Manuel Llaneza y Rafael Fernández. La historia, con este personaje, no se confiesa, más bien, se procesa.

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Moción de censura en ciernes

«Usted puede saber lo que dijo, pero nunca lo que el otro escuchó» (Lacan).

Pablo Iglesias, rodeado de la cohorte resultante de su éxito tras el último cónclave de Podemos, anuncia su propósito de plantear una moción de censura a Mariano Rajoy tras las últimas –e insufribles– escandaleras mediáticas. Así las cosas, declara que piensa establecer contactos con partidos políticos y sindicatos para acercar posturas. Con semejante iniciativa, adquiere un protagonismo mediático que le entusiasma.

Y, en principio, parece haber unanimidad de casi todos los partidos a la hora de rechazar la propuesta del líder de Podemos. Por un lado, hay quienes ponen de manifiesto que la moción de censura de marras está abocada al fracaso. Por otra parte, se califica (más bien, se descalifica) tal iniciativa. Hay quien dice que es «una charlotada». Hay quien afirma que es «puro circo». Hay quienes le recuerdan que hace un año estuvo en su mano que se formase un Gobierno que no estaría presidido por el PP.

En cuanto a lo primero, casi todo el mundo parece haber olvidado que, en su momento, Felipe González encabezó una moción de censura contra Suárez. Perdió la moción, sí, pero se ganó un prestigio que influyó no poco en el triunfo electoral irrepetible de octubre de 1982. Y, por otra parte, Hernández Mancha, haciendo bueno aquello de que la historia, si se repite, termina en comedia bufa, desafió a González con una moción de censura en la que incurrió en un patinazo memorable cuando parafraseó un soneto muy conocido de Lope de Vega («¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?») confundiendo de forma imperdonable la autoría del poema.

Y, en lo que se refiere a la mayor o menor pertinencia de la convocatoria de una moción de censura, el problema de fondo no radica, a mi juicio, en que no sea oportuna e incluso necesaria, sino en las dudas que se suscitan a la hora de dilucidar si se trata de un intento desesperado de que la corrupción política tenga su castigo en el Parlamento, o si estamos ante operaciones mediáticas y de imagen que lo que buscan es desestabilizar aún más a la oposición, al tiempo que fortalecerían aún más al PP.

En este sentido, a nadie se le escapa que la hipotética moción de censura coincidiría en el tiempo con la campaña de las primarias en el PSOE. Por tanto, cabe preguntarse si lo que se pretende es liderar la oposición, pretendiendo diezmar aún más a un PSOE en horas bajas, o buscar un pacto de amplio espectro en pro de la acuciante necesidad de regeneración política.

El fin y los medios, los medios y el fin. Lo que se dirime no es nada nuevo, a decir verdad.

Y es, como mínimo, inquietante que la llamada nueva política padezca en tan poco tiempo, por méritos propios, problemas de credibilidad.

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El señor del ático y otras celebridades

Por mucho que la corrupción forme parte desde hace décadas del paisaje político, los petardazos informativos no dejan de causar bochorno y hasta pavor. Veinticuatro horas después de tener noticia de que todo un presidente del Gobierno tiene que declarar como testigo ante un juez que investiga la presunta financiación irregular de su partido, que, para mayor baldón, es el gobernante, sabemos que ha sido detenido un expresidente autonómico, concretamente don Ignacio González, sucesor de Esperanza Aguirre al frente del Ejecutivo madrileño. Todo un mazazo, todo un sonrojo.

¿Cómo no recordar aquel culebrón que relacionaba a este ejemplar ciudadano con la propiedad de un ático que tantos ríos de tinta provocó? ¿Cómo no horrorizarse ante lo que se está destapando en Valencia y en Madrid y que tiene que ver con las prácticas del celebridades del PP en ambos territorios?

Se habla de un blanqueo de capitales desde un ente público conocido como Canal Isabel II, que –¡oh, sorpresa!– tiene que ver, como el propio nombre indica, con el agua.

Sé que nadie se acuerda ya de aquellos venerables regeneracionistas que tanto incidieron en la escasez de lluvias en España como una de las causas de nuestra pobreza. Seguro que en su peores pesadillas ni siquiera se imaginaban que la gestión del agua iba a ser una fuente de corrupción.

El señor del ático y otras celebridades. ¿Cómo no recordar aquella fugaz retirada de la política de doña Esperanza Aguirre que la llevó, según sus propias declaraciones, a ser contratada para captar grandes talentos? ¡Madre mía! Desde luego, a la hora de elegir colaboradores políticos y sucesores, se cubrió y se sigue cubriendo de gloria.

El señor González, al que se le cerró la puerta para ser el candidato a presidir la Comunidad de Madrid por parte del propio PP, es otro peso pesado de la etapa de Esperanza Aguirre al que presuntos delitos de corrupción le pasan factura.

Pero dejemos por un momento los nombres propios. ¿Cómo es que un partido como el PP, tan amante de lo privado y tan escéptico ante lo público, pudo incurrir en supuestas triquiñuelas desde una empresa pública? ¡Ay!

Un partido, digo, que «externaliza», esto es, que privatiza, y, sin embargo, no le hace ascos a empresas públicas que, según parece, no se gestionaron de una forma modélica.

Días, digo, de petardazos informativos. Noticias de Rato, noticias del juicio sobre la financiación del PP, noticias de la Comunidad de Madrid, todas ellas relacionadas con los días de vino y rosas de aquel partido que, capitaneado entonces por Aznar, decía tener voluntad de regenerar la vida pública española tras los episodios más oscuros del felipismo, con un jefe de los guardias huyendo y con un gobernador del Banco de España ingresando en prisión.

¿Hasta cuándo seguiremos soportando tanta escandalera? ¿Hasta qué?

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EL CAMPANU, ESE MILAGRO DE NUESTRA PRIMAVERA

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«Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera». (Antonio Machado).

Luminosa mañana de domingo a orillas del Narcea, para celebrar el día en que se le rinde homenaje al pez más mágico de nuestra tierra, al salmón que entra río arriba, por estos parajes. Es el salmón, máxime en las presentes circunstancias, el milagro primaveral por el que suspiraba don Antonio Machado en su memorable poema dedicado a aquel olmo seco al que, sin embargo, le habían brotado hojas verdes.

Pido permiso para centrarme en mi río, en el Narcea, y, más concretamente, en la capital salmonera que es Cornellana. Pido permiso para compartir el asombro y la euforia que me suscita ver que el bajo Narcea es una fiesta que espera por el milagro primaveral que, por estos contornos, es el Campanu, un Campanu que se resiste a salir en este río, por el que se espera con júbilo y hasta con ansiedad.

Otro milagro de la primavera, digo, sobre todo, en tiempos como éstos en los que cada vez llegan menos salmones, en los que las políticas que deberían velar por el cuidado del río Narcea son tan manifiestamente mejorables.

¿Cómo no sentir nostalgia de aquellos años, que coincidieron con mi adolescencia, en los que el Narcea batía estaba lleno de salmones, en los que determinados pescadores de estas comarcas eran auténticos maestros a la hora de pescarlos, en los que este río rebosaba vida y magia?

¿Cómo no lamentarse del poco cuidado que se tiene con este río, en lo que respecta a los saneamientos pendientes en los pueblos salenses del bajo Narcea, tal y como sucede aquí en Lanio? ¿Cómo no preguntarse por qué no se afrontan políticas para el cuidado de estas aguas?

Dentro de una Asturias envejecida, estas comarcas que –insisto una vez más- representan la geografía del abandono, siguen celebrando, a pesar de todo, el milagro primaveral que simboliza el mágico pez.

Acceder al río Narcea desde estas vegas, cada vez más abandonadas y despobladas, sigue siendo un regalo a la vista. Contemplar los rabiones y los pozos, tanto si se va a pescar, como si se transitan como paseantes, supone una cita con la belleza de un paraíso natural que, por mucho que se intente manifestar oficialmente, necesita, desde el marco institucional, unas atenciones y cuidados que, desde luego, no tiene.

Y, a pesar de todo, cuando se inaugura la temporada de pesca fluvial, Cornellana es una fiesta. Y, a pesar de todo, aunque cada vez menos, los salmones llegan a este río tras una travesía tan larga como mágica.

Entre poeta y poeta, entre Machado y Ángel González, el milagro de la primavera se produce, y la primavera avanza.

Milagro, digo milagro, que todavía suban salmones.

¿Hasta cuándo?

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