El Comercio
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En el centenario de Buero Vallejo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-09-2016 | 07:24| 0

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Cuando Buero Vallejo vino al mundo, un 29 de septiembre de 1916, Valle- Inclán estaba a punto de convertirse en «el hijo pródigo de la generación del 98», al decir de Pedro Salinas, mientras que a Lorca le esperaban las glorias como dramaturgo. Es decir, el autor de ‘El Tragaluz’ nace muy pocos años antes de que se fuesen estrenando las obras dramáticas que alcanzarían auténticas cumbres en el género, cumbres que no se habían conquistado desde los llamados Siglos de Oro.

Y, sin embargo, dejando de lado por el momento las circunstancias biográficas de nuestro autor, no perdamos de vista que Valle-Inclán fallece en enero de 1936, mientras que Lorca sería asesinado en agosto de ese mismo año, en plena guerra civil. Y no olvidemos que la última obra dramática de Lorca data de ese mismo año. En efecto, ‘La Casa de Bernarda de Alba’ se estrenaría póstumamente en 1945. Y que en 1936 muere Unamuno, cuya obra dramática, tan difícilmente representable, admiró Buero.

En este caso, veinte años, los que transcurren entre el nacimiento de Buero y el estallido de la guerra civil, son mucho, puesto que estamos hablando de un periodo de tiempo en el que el teatro español vivió grandes glorias y sufrió tremendas tragedias, tragedias que, en este caso, no serían género literario, sino historia, la nuestra, la que siempre termina mal, según Gil de Biedma.

Dicho esto, tengamos en cuenta algo muy esencial con respecto al autor que aquí nos trae: sería Buero Vallejo el dramaturgo que dignificó nuestro teatro a partir del estreno de ‘Historia de una escalera’ a finales de los años cuarenta. Es Buero Vallejo el autor teatral más importante de la segunda mitad del siglo XX en España.

Buero y su teatro. Buero y esa ceguera omnipresente en muchas de sus obras. Buero y su afán irrenunciable de agitar y despertar conciencias. Buero y su continua lucha contra la censura franquista y contra las miserias de la España de su tiempo. Buero y su exilio interior.

Buero y la historia de España, pues por sus dramas desfila lo mejor que hemos tenido: pensemos en Velázquez, pensemos en Larra, pensemos en quienes lucharon por las libertades. Buero, y, por decirlo al unamuniano modo, la intrahistoria de España, justo la que le tocó vivir y sufrir.

Buero y su simbología contra el franquismo. Pensemos, entre otras muchas obras, en ‘La Fundación’. Buero y su posibilismo frente a un Alfonso Sastre que apostaba por lo contrario, pero que terminaría por escribir obras posibilistas.

Buero y su existencialismo, existencialismo que era entonces omnipresente en la literatura que se escribía en Europa y en la propia España.

Buero y su afán por considerar, como Camus, que la literatura tenía que ir más allá de lo que es la exigencia estética propiamente dicha, sin renunciar a ella, y tenía que ir más allá asumiendo un papel de conciencia de su tiempo, de la sociedad de su tiempo.

Buero y el teatro español de la última mitad del siglo XX. Como digo, dignificó el género, llevó a las tablas obras que fuesen mucho más allá del divertimento más frívolo, obras con altura de miras desde la ética y desde la estética.

Buero y la España de su tiempo. Sus años en la cárcel, su militancia antifranquista. Su teatro contestatario al conformismo humano y al régimen franquista que se prolongó durante décadas.

Buero y la España de su tiempo. Al final de su vida, ya en plena transición, fue muy crítico con los apaños que se hicieron, con un PSOE que había renunciado a su legado, con un conformismo que nos haría cada vez más mediocres y estúpidos.

Buero y la España de su tiempo. La cárcel, el exilio interior y la decepción. Su obra refleja esas etapas, esa rebeldía, ese talento, ese compromiso con el género.

Buero, una cumbre en el teatro español de la segunda mitad del siglo XX.

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PAISAJE POLÍTICO TRAS LA DERROTA DEL PSOE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-09-2016 | 05:29| 0

Pedro Sánchez, esta mañana en la reunión de la Ejecutiva del PSOE.

“El que no puede lo que quiere que quiera lo que puede”. (Leonardo da Vinci).

“Ningún problema político tiene escrita su solución en el código del patriotismo”. (Azaña).

 

En la opinión publicada, el clamor es unánime: la principal lectura de los resultados electorales en Galicia y en el País Vasco es el estrepitoso fracaso de Pedro Sánchez. El señor Sánchez no destaca por una asombrosa lucidez, tampoco cabe atribuirle una capacidad de persuasión notable. No demostró ser un buen parlamentario. No resultó convincente a la hora de expresar su proyecto de país, suponiendo que lo atesore. No puede despertar entusiasmo alguien que parece mucho más un jefe de planta de un centro comercial que un líder político. Con todo, se hace necesario pedir objetividad.

El PSOE está yendo de derrota en derrota. Sin duda, la presente deriva de esta formación es la más grave que se recuerda. El discurso que viene manteniendo el secretario general no ayuda mucho a corregir tan decadente tendencia.

Dicho todo ello, se hace obligado recordar alguna que otra obviedad. El PSOE, en el tiempo en el que Rubalcaba fue el secretario general, en cada confrontación electoral a la que se enfrentó, perdió con respecto a la anterior. En segundo lugar, ningún otro candidato a presidir el Gobierno tuvo que enfrentarse electoralmente a Podemos. ¿Y si nos preguntamos por la casuística que facilitó que el partido morado fuese ganando enteros? ¿Acaso no tienen alguna responsabilidad los anteriores dirigentes del partido en la actual hecatombe del PSOE?

A Sánchez, se le reprocha casi unánimemente que no permita, con su abstención, que el PP gobierne. Al respecto, habría que formularse dos preguntas. Primero, ¿hay alguna certeza de que el PSOE hubiese obtenido mejores resultados el pasado domingo en el caso de que en el debate de investidura de agosto se hubiese decantado por la abstención? Segundo, ¿se puede asegurar que la militancia y los votantes del PSOE desean mayoritariamente que se permita gobernar a Rajoy?

También hay quienes apelan a razones de patriotismo para que Rajoy pueda gobernar. Ese argumento se vuelve contra don Mariano, pues se negó a que hubiese un Gobierno en España cuando Pedro Sánchez se presentó a la investidura.

Podemos no existiría si el PSOE, tras gobernar España durante 21 años, hubiese sido de izquierdas en algo más que en sus siglas, pues los votos de la izquierda están ahora mucho más fragmentados, y eso no es responsabilidad política exclusiva del señor Sánchez.

Y resulta, como poco, asombroso que don Fernando Lastra nos haya deleitado declarando que los resultados electorales del domingo demuestran que la ciudadanía apuesta por la estabilidad y el rigor, pues está diciendo que el PP atesora ambas cosas.

Las unanimidades en la opinión publicada no siempre están marcadas por la objetividad, máxime si se concentran en buscar una única causa o un único culpable.

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Durruti, un mito hecho novela
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-09-2016 | 23:44| 0

Paco Álvarez ha logrado crear una excelente obra sobre un personaje que fascina

Durruti, un mito, un personaje de leyenda dentro de una historia convulsa y trágica, una muerte que presenta incógnitas e hipótesis a decir verdad, muy agrias. Durruti, la encarnación española de un anarquismo que fue, de principio a fin, de derrota en derrota, con episodios épicos que lo sobrevivieron y sobreviven. No es tarea fácil novelar la trayectoria de un personaje que fascina. Y resulta más difícil aún cuando se sabe que ni siquiera la ficción resolverá determinados interrogantes. Pero les puedo asegurar que Paco Álvarez consiguió crear una excelente novela, alternando diferentes registros narrativos, situando la acción en distintos tiempos, que van desde determinados lances vividos por el protagonista a las pesquisas mucho más cercanas en el tiempo que intentan esclarecer la muerte de Durruti.

A propósito de algunos de los episodios novelados, son ciertamente notables los logros narrativos de los que el lector puede disfrutar en “Lluvia de Agosto”. Pondré como ejemplo el antes y el después del atraco perpetrado en Gijón. Ese antes con una conversación memorable que mantiene con un mendigo cerca del Dindurra. Aquel después en el que aparece un jefe de policía que tendría perfecta cabida en las mejores novelas de Eduardo Mendoza que presentan como escenario la Barcelona en la que tanta presencia tuvo el anarquismo.

A propósito de las pesquisas para esclarecer la muerte de Durruti, es antológico el episodio en el que un testimonio de alguien que vive en la antigua Unión Soviética comparece en la novela dando cuenta no sólo de la decadencia de una revolución, sino también de un fracaso estrepitoso que parece haber sepultado a la izquierda hasta no se sabe bien cuándo.

Por otra parte, no se debe soslayar el mérito que tiene este novela en el sentido de que es muestra palpable de que en asturiano se puede contar una historia sin incurrir en bucolismo alguno, una historia que no sólo recorre la trayectoria vital de Durruti, sino que además se sitúa también en tiempos muy recientes cuando se hacen las pesquisas.

En lo que se refiere a la estructura narrativa de ‘Lluvia de agosto’, es muy notable la versatilidad que el autor demuestra a la hora de pasar de lo que es la narración de la trama novelesca propiamente dicha a lo que podríamos considerar la crónica o el reportaje que cobran vida en las páginas en las que se entrevista a personas que dan cuenta de los lances más decisivos en la vida de Durruti.

Ante un personaje histórico que cautiva, no es fácil construir una novela con oficio sin incurrir en una suerte de hagiografía. Paco Álvarez sale muy airoso de tal envite y muestra al público lector la peripecia de uno de los mitos de la historia contemporánea española de tal forma que entramos de lleno en la trama y, en ningún momento, perdemos la ternura que nos suscitan los afanes y desvelos de un revolucionario que protagonizó una utopía de muy escasa duración, pero que también marcó un hito.

El hito y el mito. El anarquismo y Durriti, envidiablemente novelados.

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El nuevo curso académico y sus retales
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-09-2016 | 05:17| 0

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«Principio de educación: la escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire público en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros. Sólo cuando hay ecuación entre la presión de uno y otro aire la escuela es buena». (Ortega y Gasset)

Para ser precisos, habría que decir que el curso académico que acaba de iniciarse es, ante todo, puro saldo. De entrada, el saldo que queda de una LOMCE que, por fortuna, ni de lejos ha podido ser aplicada en su totalidad, de una LOMCE que pasará a la historia por haber conseguido algo tan difícil como poco envidiable, esto es, haber empeorado el sistema educativo anterior. Una LOMCE que va contra la filosofía y la música, contra lo público y contra la igualdad de oportunidades. Una LOMCE que fue el regalo de uno de los ministros más nefastos que tuvo Rajoy. Tampoco esto último está nada mal en lo que concierne a los retos logrados por don José Ignacio.

¿Qué se hizo de aquella propuesta que llevaba el PP en su programa planteando aumentar el bachillerato un curso más? ¿Qué se hizo de esa apuesta por mejorar la calidad de la enseñanza que va en el acrónimo, sólo ahí, de la ley del ínclito señor Wert? Pero, ante todo y sobre todo, ¿cómo es posible que nadie muestre públicamente su sonrojo, según los casos, propio y ajeno, ante el panorama con que se abre el curso académico que se acaba de iniciar?

¿Qué pasará con las famosas reválidas? ¿Llegarán a efectuarse esas pruebas? En caso afirmativo, ¿cómo se desarrollarán? ¿Alguien ha tenido a bien pensar en lo inaceptable que resulta la situación en la que se encuentra el alumnado de 2º de Bachillerato que, dado que en este momento se desconoce qué medidas se arbitrarán para su paso a la Universidad? Desaparece, dicen, la PAU, de acuerdo. ¿Y con qué criterios se accederá entonces a las carreras universitarias que hasta el momento exigían una alta nota media en el Bachiller para que pudieran incorporarse a ellas? ¿Es de recibo tanta incertidumbre, tanta indefinición cuando estamos hablando no sólo del provenir inmediato de muchísimos estudiantes, sino también del futuro del país?

Miren, aquí no estamos hablando sólo del sesgo marcadamente reaccionario del señor Wert, también de su sucesor en el Ministerio que se estrenó, por cierto, en el cargo ordenado la retirada de un retrato de Unamuno, que igual le molesta y le ofende tanto como a Millán Astray. No estamos hablando sólo de unos ministros que, en momento alguno, tuvieron a bien consultar con el profesorado, pues parece que no existimos. No estamos hablando sólo de alguna de las barbaridades de la nueva ley, entre ellas, como dije antes, la embestida que sufre la enseñanza de la filosofía.

Estamos hablando también de una torpeza manifiesta a la hora de aplicar el calendario de una ley, torpeza cuyas consecuencias pagarán los estudiantes y el futuro más inmediato del país.

Un nuevo curso académico marcado por los saldos de una ley que no se puede aplicar en gran parte y por los retales de un sistema educativo anterior que no encajan con lo que se quiso reformar.

Hay quien habla de lo mucho que apremia un pacto educativo, apremia, sí. La pregunta es si con el actual reparto de actrices y actores del panorama político cabe esperar, primero, el acuerdo. Segundo, en caso de que se alcanzase, ¿hay lugar para la esperanza de que se apueste por la calidad de enseñanza y por una sociedad que no aparque el esfuerzo, el conocimiento, la meritocracia y la excelencia?

Como coda para iniciados, don José Antonio Marina no es Giner de los Ríos.

¡Ay!

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Emilia Pardo Bazán, todo efemérides
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-09-2016 | 05:23| 0

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“Tres acontecimientos importantes en mi vida se siguieron muy de cerca: me vestí de largo, me casé y estalló la revolución de septiembre» (Palabras de Emilia Pardo Bazán, hablando de la Gloriosa de 1968).

Hace ciento diez años años, en 1906, doña Emilia Pardo Bazán fue la primera mujer que presidió la sección de literatura del Ateneo de Madrid, esto es, de ‘La Docta Casa’. Hace cien años, en 1916, no solo fue la primera mujer que alcanzó una Cátedra en la Universidad española, concretamente la de Literaturas Neolatinas en la Universidad Central de Madrid, sino que además publicó el ensayo ‘La mujer española y otros escritos’, ensayo que sería lectura obligada para hacerse una idea de la situación de la mujer en aquella España que, en gran parte, quería seguir viviendo a años luz de lo que, dicho al orteguiano modo, empezaba a ser «la altura de los tiempos». Hace 130 años, en 1886, publicó su obra maestra de la narrativa naturalista en España, ‘Los pazos de Ulloa’. Su candidatura a la RAE fue rechazada en tres ocasiones. Y, en fin, nació un 16 de septiembre de 1851.

Mujer pionera en tantas y tantas cosas, entre otras muchas, estamos hablando de la autora de una novela en la que, por vez primera en la literatura española, la protagonista era una obrera, una cigarrera gallega que leía la prensa a sus compañeras de trabajo, en su mayoría analfabetas y que representa los sueños que se vivieron en España durante la Gloriosa, en 1868, año que da nombre a la generación de Clarín, Galdós, Palacio Valdés y de la propia doña Emilia. Hablamos de la novela que tiene por título ‘La Tribuna’, que vio la luz en 1883 y que además es el libro de referencia que se mete a fondo en la intrahistoria de la Primera República.

Doña Emilia Pardo Bazán, todo efemérides, en una trayectoria tan larga, marcada no solo por su excepcional talento literario, sino también por ser una mujer pionera en una España atrasada y aislada. Mujer pionera y gallega que, a su vez, nos remite a Rosalía de Castro, otro regalo que dio su tierra a la lucha de las mujeres y también a la mejor literatura.

Algún día habrá que ocuparse a fondo, entre otras muchas cosas, de la relación de doña Emilia con Asturias, de lo que daré unos brevísimos apuntes. Sería bueno recordar, por ejemplo, que en 1890, creó, con dinero propio, una revista que se ocupaba de la sociedad y la política, revista a la que le dio el nombre de ‘Nuevo teatro crítico’, rindiendo homenaje a su paisano Feijoo, cuya trayectoria vital, como bien se sabe, transcurrió fundamentalmente en Oviedo. Por otro lado, en este mismo orden de cosas, no debemos soslayar que Clarín, en su momento, hizo una crítica muy atinada de una de las novelas de doña Emilia a la que hemos hecho referencia, de ‘La Tribuna’. Y, siguiendo con Clarín, Pardo Bazán, en un ensayo suyo sobre la literatura francesa de su época, a la hora de ocuparse de ‘Madame Bovary’, de Flaubert, con admirable perspicacia, aludía también a ‘La Regenta’, como ejemplo de una novela cuya heroína sufría vicisitudes similares, si bien es cierto que no captó la grandeza de la novela de Alas a la que ponía muy por debajo de la creación flaubertiana.

Emilia Pardo Bazán, una vida consagrada a la literatura, destacando no solo como novelista y como autora de cuentos memorables, sino también como ensayista. Y también cultivó el teatro y la poesía, sin olvidar la traducción y el género biográfico.

Emilia Pardo Bazán, una vida consagrada a la libertad y a la lucha por los derechos de la mujer.

Emilia Pardo Bazán, una vida en la que rompió moldes, descosió costuras, cuyas luchas apasionan.

Emilia Pardo Bazán, una personalidad histórica marcada por aquellos de ruptura que van desde la Gloriosa de 1868 a la proclamación de la Primera República de 1873. La libertad y las mujeres encontraron en ella las voces y los ecos que los tiempos pedían.

Emilia Pardo Bazán, en septiembre y en 2016, efemérides y aniversarios casi incontables en número, contables, muy contables, en obras y en acontecimientos.

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El escaño de Rita Barberá y otras menudencias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-09-2016 | 03:26| 0

“Hay cosas que no pueden decirse, es cierto. Pero esto que no puede decirse es lo que se tiene que escribir”. (María Zambrano).

 

Que doña Rita Barberá no pueda ser destituida como senadora es una muestra inequívoca de la decrepitud e ineficacia de nuestro sistema político. Porque, aparte de otras muchas consideraciones, esta ejemplar ciudadana no accedió a la llamada Cámara Alta por los votos de la ciudadanía, sino que se trata en este caso de una designación autonómica. Es decir, parece inconcebible que los Parlamentos autonómicos no puedan revocar determinados nombramientos cuando hay un proceso judicial que intenta dilucidar  presuntas corrupciones.

¿Por qué no se reúne el Senado para manifestarse al respecto? ¿Cómo es posible que ningún grupo parlamentario del Congreso presente de inmediato la iniciativa correspondiente para modificar la legislación? ¿O es que la actual Constitución, como los antiguos “Principios del Movimiento”, es “permanente e inalterable?

Rajoy, silente. Doña Soraya, peleada con las hemerotecas, tras los entusiastas elogios que le hizo a doña Rita en 2012. La señora de Cospedal intentando justificar lo injustificable, pero con una retórica que es cualquier cosa menos brillante.

Y es que aquí el problema no es sólo la corrupción, algo de por sí tremendo, sino una legislación que ampara, con privilegios inaceptables a los políticos. Y, a estas alturas, la susodicha legislación no sólo no se reformó, sino que ni siquiera nos constan iniciativas parlamentarias para, al menos, intentarlo. ¿O es que sus señorías no están cobrando el sueldo, aunque el Gobierno esté en funciones?

¿Y qué decir del informe de la fiscalía andaluza sobre los ERES? Entiéndase bien: Las cosas tendrán que aclararse y es cierto que los señores Chaves y Griñán hicieron las correspondientes –y creo que obligadas- renuncias. Ahora bien, el escándalo es mayúsculo y también da buena cuenta de los excesos a los que se puede llegar cuando se confunde la gestión política con el disfrute del cortijo propio. No hay motivos para afirmar que ambos ex Presidentes se enriquecieron en el desempeño de sus cargos, pero resulta afrentoso lo que, por acción u omisión, permitieron que ocurriera.

En este país de nunca jamás en lo que toca a la regeneración de la vida pública, en un mismo día se conocen las conclusiones de la fiscalía andaluza con respecto a los ERES, así como la negativa de la señora Barberá a abandonar su escaño.

Aunque doña Rita ya no pertenezca al PP, aunque los señores Chaves y Griñán ya estén fuera de la política, aunque los jueces decidirán lo que corresponda, el problema no estará resuelto hasta que, de una vez por todas, se modifiquen una leyes que son manifiestamente injustas y lesivas y que van en contra de un principio tan básico como la igualdad de la ciudadanía en materia jurídica.

Cierto es –y creo que no sobra, dadas las circunstancias incidir en el tópico- que todo el mundo, hasta el individuo más facineroso, tiene derecho a un juicio justo. Cierto es que no hay que prejuzgar, mientras los hechos no estén sobradamente probados. Dicho todo ello, resulta inaceptable que la ex Alcaldesa de Valencia se aferre a sus privilegios y no dé explicación pública alguna.  No menos inaceptable se me antoja el silencio de Rajoy que tendría que haber salido a la palestra motu proprio, como hizo luna compañera suya de partido, la señora Cifuentes.

El escaño de Rita Barberá y “otras menudencias”. ¿Hasta cuándo los privilegios de la vieja política, hasta dónde, hasta qué?

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FERNANDO VELA, MUCHO MÁS QUE UNA CALLE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-09-2016 | 04:59| 0

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El 6 de septiembre de 1966, Fernando Vela no pudo terminar la partida de ajedrez que jugaba en el Café Pinín de Llanes. Quedó inconclusa porque le sobrevino, allí mismo, la muerte. Juan Antonio Cabezas escribió una necrológica memorable acerca del hombre que, según Ortega, había sido «la cabeza más clara» que había conocido. Al final de la referida necrológica, Cabezas dejó escrito la frase que sigue: «Se murió sin haberle podido dar jaque el rey». Como fácilmente se puede barruntar, la frase de marras no salió en el artículo.

Pero, fíjense ustedes, Cabezas comenzaba su necrológica en el diario ‘Abc’ recordando que Fernando Vela era de Oviedo. Aunque el autor de ‘El Arte al Cubo’ tiene presencia en el callejero de nuestra heroica capital, podría asegurarse que, cincuenta años después de su muerte, es casi un desconocido en la ciudad que lo vio nacer.

Nacido en 1888, Vela, al hablar de su trayectoria, dijo que su vida había transcurrido entre dos muertes, la de Clarín en 1901 y la de Ortega en 1955. En efecto, aunque el autor de ‘La Regenta’ falleció en 1901, cuando nuestro personaje tenía sólo 13 años, el haber conocido a Clarín a resultas de la estrecha amistad que mantuvo con uno de sus hijos fue un hecho decisivo en el devenir intelectual de Vela.

Invito al lector a que se deleite transitando muchos textos de Vela. Por ejemplo, el que dedica a la vida cotidiana de Clarín en aquel Oviedo de finales del XIX. Por ejemplo, lo que escribió acerca de lo que representa el llar en las casas asturianas. Por ejemplo, el que aborda los trabajos y los días de Jovellanos por Gijón.

Puedo asegurar que quienes lean a Vela se asombrarán doblemente. Primero, por la calidad de su prosa Y, tras esas lecturas, se preguntarán cómo es posible que alguien que escribía con tanto ingenio y sutileza pueda ser, a día de hoy, casi un desconocido, también en la tierra que lo vio nacer.

Estamos hablando de un personaje que despertó la admiración de Ortega, hasta el extremo de que se convirtió en el alma de la publicación intelectual de mayor altura en la España del siglo XX, es decir, fue el secretario de la ‘Revista de Occidente’. Y estamos hablando también de alguien que fue editorialista de uno de los periódicos de mayor influencia en la historia de la prensa española, del diario ‘El Sol’, que, en su momento, contribuyó de forma decisiva a la proclamación de la segunda república.

Mucho más que una calle. Fernando Vela forma parte de la mejor Asturias, de la que siguió la estela de Clarín, de la que se sumó al melquiadismo en su primera etapa, de la Asturias que fue, como tengo escrito muchas veces, el principal vivero del orteguismo, afirmación que queda avalada por la nómina de discípulos del filósofo que nacieron en esta tierra.

Si Oviedo fue la ciudad que lo vio nacer, en Gijón la presencia de Vela fue notable, pues, por un lado, comenzó a escribir en el diario ‘El Noroeste’ en 1913 y además fue secretario del Ateneo Obrero. Añadamos a eso que fue en Gijón, en el verano del 14, donde se conocieron Vela y Ortega. En aquel encuentro se fraguó una amistad y colaboración que sería, por ambas partes, de por vida.

Y, sin salir de Asturias, Llanes, como su destino veraniego, también tiene un protagonismo importante en su biografía. Así, en el verano de 1955, Ortega anduvo por Asturias en compañía de Vela, pocos meses antes de su muerte, y se cuenta que el filósofo entendió que su colaborador se «perdiese» tanto tiempo por nuestra tierra.

Y también conviene recordar que hay un capítulo muy relevante en la historia del periodismo asturiano que apenas es conocido. Hablo del diario ‘España’, de Tánger, que, en su momento, fue una isla de libertad en aquella España de la más dura y represiva posguerra. Pues bien, en la redacción de aquel periódico estaban, entre otros, Fernando Vela, Juan Antonio Cabezas y Jaime Menéndez el chato, tres asturianos que forman parte del mejor periodismo español, tres periodistas asturianos que encontraron refugio y libertad en aquel rotativo.

Estamos hablando de una de las grandes figuras del periodismo y del ensayismo español del siglo XX.

Espero que algún día el Ayuntamiento ordene instalar una placa conmemorativa en el solar de la calle Uría donde nació Vela. Espero que el público lector descubra una obra periodística, ensayística y literaria que le asombrará.

 

*Luis Arias obtuvo el “Premio Fernando Vela de periodismo” en 1988 y es el coordinador del libro “En Torno a Fernando Vela”, que publicó la Universidad de Oviedo en 2013.

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En el Día de Asturias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-09-2016 | 03:34| 0

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Lo tengo escrito repetidas veces: opino que la fiesta cívica de Asturias no tendría que coincidir con una celebración religiosa. Son – deberían ser– liturgias muy distintas. Pero la realidad muestra que, a pesar de que el partido hegemónico en nuestra tierra se reclama socialista, no hay voluntad política de separar el culto religioso de la festividad cívica. Y, así las cosas, toca hablar, con la solemnidad que es propia del caso, de nosotros mismos cada 8 de septiembre.

Toca hacerlo, yendo un poco más allá de la actualidad más desbordante, aunque tampoco debemos permitir perderla de vista del todo, poniendo el horizonte en un pasado legendario, ni tampoco en un futuro inalcanzable para nuestras entendederas.

Pues a ello vamos: toca hablar de Asturias, en el mismo día en el que una comarca del occidente asturiano recibe un importante reconocimiento, si pensamos en la repercusión mediática, de la Fundación Princesa de Asturias. Hablamos de la Comarca de Los Oscos.

Y, aprovechando que la premiada comarca está en el occidente de Asturias, sin incurrir en dramatismos, hora va siendo ya de que, si no soluciones, sí veamos al menos intentos serios por parte de las instituciones y partidos de luchar contra el aislamiento y la despoblación, aislamiento y despoblación que constituyen acaso la mayor amenaza para una Asturias que no puede abandonar la mayor parte de su territorio.

Y, aprovechando que la premiada comarca está en el occidente de Asturias, una vez más, me permito recordar que estamos hablando de unos territorios que, en distintos momentos de su historia, a pesar de la miseria y del aislamiento, aportaron a la historia personajes de una importancia extraordinaria que forman parte de la mejor Asturias.

Estamos hablando de unos territorios que, además, cuentan con un paisaje que hechiza, belleza que no está reñida, por otro lado, con la potencialidad de sus terrenos. Y no cabe festejar con alborozo, ni cívica ni religiosamente, mientras la despoblación es algo más que una amenaza a largo plazo.

En el Día de Asturias, de una Asturias que lleva en vena un síndrome de insularidad que nos define, de una Asturias que tiene pendiente la madre de todas las reconversiones, que es la reconversión de la mal llamada clase política, de una Asturias que necesita, más que nunca, creer en sí misma.

Más allá de las gaitas y de los discursos hueros e insulsos, más allá de los topicazos, toca marcarse dos retos: primero, el de la supervivencia ante un despoblamiento que sigue incrementándose. Segundo, reivindicarse ante el conjunto del país como una tierra realmente existente. Y, dentro de nuestra geografía, no incurrir en el error, en el bucle infinito, de que el centro de esta tierra haga con sus alas lo mismo que hace España con nosotros: o sea, no dar acuse de recibo de nuestra existencia, como asturianos en general y como asturianos de las comarcas occidentales en particular.

Por favor, no olviden que el mayor pirómano de todo lo nuestro es el despoblamiento. Por favor, al menos tengan la decencia de convencernos de que están decididos a combatir un declive demográfico que, a su vez, simboliza todos los declives, todas las decadencias que en Asturias vienen siendo desde hace décadas.

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Gabriel Rufián en cinco minutos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-09-2016 | 06:54| 0

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«Proclamamos una vez más la majestad de nuestra República, la inquebrantable voluntad de nuestro civismo y la permanencia de las glorias españolas cifradas en sus instituciones libremente dadas por la nación». (Azaña).

De entrada, su apellido se las trae. Para seguir, yo diría que este parlamentario de Esquerra Republicana continúa la tradición de los pocos diputados díscolos que hubo en el Congreso desde el 77 a esta parte. ¿Cómo no recordar al señor Sagaseta que conseguía sacar de quicio a las gentes de orden cuando tomaba la palabra? De todos modos, se trata de estilos muy diferentes.

Gabriel Rufián en cinco minutos. Más allá de las contradicciones que acarrea declararse, a un tiempo, nacionalista y de izquierdas, contradicciones que no se pueden solventar con facilidad en un discurso que pretenda ser riguroso, lo cierto es que este joven político tiene la capacidad de poner contra las cuerdas a sus adversarios políticos, pues selecciona muy bien las preguntas retóricas que dejan al descubierto las grandes y graves lagunas no sólo de las políticas que viene siguiendo Rajoy, sino también del déficit democrático de este país, déficit democrático en el que también tiene no poca responsabilidad un partido que se reclama de izquierdas y que gobernó España durante 21 años desde el 82 a esta parte, esto es, el PSOE.

Gabriel Rufián en cinco minutos. ¡Qué bien selecciona las preguntas! Estuvo muy ingenioso al decir la frase que sigue: «¿Se dan cuenta de que son ustedes personas monolingües diciéndole a bilingües que tienen que ser trilingües?». Puso patas arriba la estética pública de un país en el que corren a sus anchas antiguos torturadores al tiempo que se llama venganza y odio al afán de recordar a la mejor España que fue fusilada, encarcelada o que tuvo que irse al exilio. En ese sentido, la alusión al cadáver de Lorca fue tan oportuna como demoledora.

Gabriel Rufián en cinco minutos. ¡Qué pena que, a la hora de dirigirse a los partidos de izquierdas, no proponga una república federal y se limite a la llamada hoja de ruta soberanista! ¡Qué pena, en tal sentido, que no recuerde a políticos catalanistas que, en su momento, antes del estallido de la guerra civil, hicieron suyo el proyecto republicano para todo el Estado!

Gabriel Rufián en cinco minutos. No pierdo de vista que, en sus discursos y comparecencias públicas, habla de una Cataluña que sólo existe en los buenos deseos, porque, a decir verdad, la llamada clase política de su tierra no es menos mediocre que la española en su conjunto; porque, para ser objetivos, la corrupción política no está desterrada de Cataluña.

Tampoco pierdo de vista que las políticas del PP y la situación del país ponen muy fácil ser demoledor. Pero no hay que negarle su destreza a la hora de formular preguntas que son auténticas sacudidas, a la hora de poner en evidencia miserias y contradicciones de nuestra vida pública. Con Gabriel Rufián en la tribuna de oradores existe la garantía de que no nos aburriremos.

Lo que lamento –insisto– es que sea tan certero y ácido en sus análisis sobre la política española en su conjunto y, en cambio, se muestre tan benévolo con muchas de las sordideces y trapisondas que sucedieron y suceden en Cataluña.

Puede que algún día se desprenda del vendaje que le impide ver lo que tiene más cerca.

Si eso llegase a acontecer, el republicanismo en toda España contaría con un excelente valedor.

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Vetos, votos y marasmo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-09-2016 | 01:59| 0

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“Si quiere usted ver bien su época, mírela usted desde lejos. ¿A qué distancia? Muy sencillo: a la distancia justa que le impida ver la nariz de Cleopatra”. (Ortega y Gasset).

 

Por favor, un poco de perspectiva. Por piedad, un mínimo de distanciamiento y altura de miras. Por ética y por estética, un “misquitín” de ambición a la hora de interpretar lo que está pasando en este país. ¿Tan difícil les resulta a tantos percatarse de que lo que está sucediendo, más allá de votaciones fallidas de investidura que Rajoy protagonizó a regañadientes, es la puesta en escena del agotamiento de un sistema político que en su momento se concibió para un bipartidismo que ya es historia, todo reciente que se quiera, pero, al fin y al cabo, historia?

Miren a Cleopatra, se lo ruego, de la forma que sugiere Ortega. No sólo se trata de algo grato estéticamente, sino también de una necesidad perentoria para entender lo que está sucediendo y, hecho ello, ponerle solución a quienes tal cometido les corresponde.

Miren a Cleopatra a la distancia necesaria para que su nariz quede desdibujada. Caerán, ipso facto, en la cuenta de que hace falta un pacto amplio que, de momento, tenga como prioridad la formación de un Gobierno que se tome en serio, con los hechos, la regeneración política, así como una reforma electoral que evite este marasmo.

Supongamos, por un momento, que el señor Sánchez da el paso a presentarse de nuevo, esta vez con cinco escaños menos en el zurrón político que constituye su grupo parlamentario. Y que, más allá de un programa de Gobierno, plantea medidas claramente encaminadas a la regeneración política y a combatir la desigualdad. ¿No podrían abstenerse los grupos nacionalistas que, como Esquerra Republicana, ponen como principal condición el llamado referéndum soberanista? No haría falta que renunciasen a nada; sería suficiente con que permitiesen que se formase un Gobierno en España, un  Gobierno al que, de entrada, no considerasen hostil. Y, de paso, podrían plantearse que su llamada hoja de ruta no tendría por qué ser más lenta con un nuevo Gobierno que con Rajoy en funciones hasta diciembre.Y pongo el acento en Esquerra Republicana porque deberían percatarse de que no adelantan nada con el país entero políticamente empantanado.

Es que lo que toca ahora, más que gobernar con un programa de un partido, es formar un Gobierno de desbloqueo. Y parece muy claro que el desbloqueo no podrá llegar con Rajoy, porque don Mariano es el desbloqueo y el marasmo en estado puro.

Vetos y votos. Don Felipe González, que parece muy preocupado por la situación del país, juega ahora a las paranomasias, hablando de que el candidato más votado es, a la vez, el más vetado. No inventa el fuego con sus últimas declaraciones, pero estamos de acuerdo, con el poco entusiasmo que despierta coincidir en lo obvio.

Más allá de los vetos y los votos, lo que hay –insisto- es el agotamiento de un sistema político, agotamiento que se plasma con la presente situación de bloqueo. Y no hay que esperar que la actual parálisis la rompa el PP, con o sin Rajoy. Tal tarea les queda a otros que tienen que ver más allá y arriesgar. De lo contrario, estarán contribuyendo a una encrucijada  a la que, según dicen, quieren poner fin.

¿Se moverán en la dirección adecuada tras ver lo que acontece con la mínima perspectiva que el caso requiere?

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