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Caso Renedo: Fin del relato
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-07-2016 | 02:10| 1

“Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas”. (Nietzsche).

“Cada cual exige ser inocente a cualquier precio, incluso si para ello hay que acusar al género humano y al cielo”. (Camus).

 

A la espera de que las sentencias pongan el punto final, esta historia, que tiene como mayor reclamo estar en lo más alto de los casos de corrupción política en Asturias, toca a su fin. ¿Esta historia o estas historias? ¿La que protagoniza doña Marta Renedo es la misma que la del señor  Riopedre y la señora Otero? Estamos hablando, en un caso, de una funcionaria de élite, mientras que en el otro son dos altos cargos políticos las principales personas encausadas. Todo un ejemplo de vasos comunicantes.

Doña Marta Renedo intentó dejar muy claro que contamos con una Administración autonómica que hace de las chapuzas y de los apaños costumbre. Por su lado, el señor Riopedre, cuando contestó a las preguntas de su defensa, dio la impresión de estar muy satisfecho de haberse conocido y, según barrunté, a su juicio, el hecho de haber ejercido el poder político lo elevaba por encima del resto de los mortales. ¡Cuántas consagraciones en la errática trayectoria de don José Luis, desde el abrazo a la vida religiosa a la militancia comunista, pasando por la docencia en materia de filosofía! Acaso esto último haya sido lo más alejado de la divinidad en sus trabajos y sus días.

Doña María Jesús, siempre austera, lacónica cuantas veces habló. Hubo un momento en que parecía que terminaría por apuntar hacia arriba, pero ese guion presentido no se cumplió. Doña María Jesús nos hizo recordar al señor Millet en lo que se refiere al modo en el que, según ciertos testimonios, organizaba viajes y homenajes.

Dos personajes austeros que, según las acusaciones y ciertos testimonios, hicieron lo inesperado con parte de los dineros destinados a la enseñanza pública en Asturias. Dos cargos políticos que participaron en Gobiernos que se reclamaban “de progreso”.

En cuanto a los principales empresarios que protagonizaron esta historia, los contrastes que se perciben son muy literarios. Se diría que don Víctor se propuso mantener la compostura, mientras que don Alfonso tuvo en todo momento una puesta en escena de alguien que se siente humillado y ofendido.

Y, a propósito de contrastes, ¿no es mayúsculo el que cabe establecer entre las aspiraciones estéticas de la señora Renedo frente a los atuendos y poses frailunos y monjiles de don José Luis y doña María Jesús? En estos últimos, se intuye que en algún momento pudieron hacer voto de pobreza. ¡Quién lo diría!

Fin del relato, de un relato que no despertó interés informativo más allá de Pajares. Y que, puertas adentro, nos deja asombro e indignación.

Fin del relato, cuya música de fondo es desoladora. Ni tango, ni fado, ni copla carpetovetónica. Nada.

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Y entonces llegó Adolfo Suárez
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-07-2016 | 03:10| 0

Fue un tres de julio, y de eso hace ya 40 años. ¡Madre mía!. Recuerdo el momento en el que, a través de la radio, tuvimos noticia del nombramiento de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno. Aquello fue una especie de claroscuro. Estaba claro que Arias Navarro no podía seguir al frente del Ejecutivo, si, de verdad, se pretendía democratizar el país. Pero, al mismo tiempo, no se contaba con Suárez para sucederle. Sin ir más lejos, Areilza y Fraga parecían ser los candidatos con mayores posibilidades.  En aquel momento, las referencias que tenía de Suárez eran un discurso suyo en las Cortes defendiendo una ley de partidos políticos, así como unas declaraciones en el diario “Pueblo”, donde afirmaba que la participación activa de la izquierda era necesaria en la política española. Eso lo afirmaba nada menos que un ministro del Movimiento.

¿Cómo no recordar las primeras reacciones al nombramiento de Suárez? Por ejemplo, la de un publicista del franquismo, que se reclamaba historiador. Me refiero a don Ricardo de la Cierva, que dijo esto que sigue: “¡Qué error, qué inmenso error!”. Por ejemplo, el editorial de la revista “Cambio 16”, que hablaba de “un Gobierno de penenes”.

Verano del 76, en el que las huelgas y los conflictos callejeros no estaban de vacaciones. Los partidos de la oposición democrática sacaron a la luz un duro comunicado calificando al nuevo Gobierno de Suárez de reaccionario. Por su parte, aquel Gobierno presidido por Suárez declaró formalmente que la soberanía residía en el pueblo, y el nuevo Presidente solemnizó algo muy simple. Me refiero a la frase que hablaba de “elevar a la categoría política de lo normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”. Aquello no sólo no mostraba una riqueza de léxico asombrosa, sino que además tampoco llevaba a intuir grandes profundidades de pensamiento en el hombre elegido por el Rey para dirigir el Gobierno. Pero, en todo caso, la parálisis que Arias Navarro suponía se quedaba atrás, a la espera, eso sí, del rumbo que tomaría el nuevo Gobierno.

A propósito de Arias Navarro, recuerdo su llegada a Salinas, donde veraneaba. Al ser preguntado por el nuevo Presidente, no se deshizo ni en elogios ni en entusiasmo. Aquello no fue una mala noticia, vive el cielo que no.

Y entonces llegó Suárez. La reforma política se abría camino. Umbral escribía columnas memorables. Y estaba claro que el papel de Torcuato Fernández-Miranda no era sólo presidir aquellas Cortes residuales del franquismo, sino que se encontraba al frente del proyecto político oficial tras la muerte del dictador y que era el hombre de máxima confianza del sucesor de Franco.

Y entonces llegó Suárez. Se avecinaban tiempos duros y difíciles. Y, aun reconociendo que con Arias Navarro no se podía seguir, lo cierto es que no  se confiaba en la capacidad del nuevo Presidente, que había hecho toda su vida pública en el franquismo y en el que no se percibía una brillantez deslumbrante.

Era verano y había una especie de tregua, tensa y expectante, en aquel tiempo de esperanzas y miedos, en el que la dicotomía reforma/ ruptura era en aquel momento algo más que retórica.Daba comienzo la transición, para muchos sacrosanta. Para otros, lamepedusiana.

 

Un Gobierno de penenes bajo la tutela de Torcuato Fernández-Miranda. El país y el mundo entero estaban pendientes de lo que aquello podría dar de sí. El final del relato, aunque ahora sea conocido, no impide que sigamos asomándonos a aquel tiempo con interés, histórico y literario.

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Temor y temblor
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-07-2016 | 10:02| 1

«Lo peor que le puede pasar a la democracia es la indiferencia política, la apatía política, porque democracia es autogobierno». (Mario Bunge).

 

En la sesión anterior, los inspectores de Hacienda pusieron de relieve los dineros que Igrafo destinó a empresas y viviendas de la señora Otero. Pues bien, ayer por la mañana volvió a repetirse el relato con respecto a Almacenes Pumarín. Viajes, obras de decoración en apartamentos, compras de material de cocina para los susodichos. O sea, un relato en estéreo.

Así pues, al decir de unos y otros testimonios, la ex directora general de Planificación, Centros e Infraestructuras en la Consejería de Educación mantuvo una relación ciertamente atípica con las referidas empresas. Todo un ejemplo de políticas de izquierdas en lo que se refiere a dotar de medios a los centros educativos dependientes de la red pública.

Por otra parte, en el testimonio de las inspectoras de Hacienda, también hay datos que hablan de la relación entre APSA y la empresa del hijo de Riopedre, pues, por un lado, se pagaron unas máquinas para Geogal y además se menciona un documento que da cuenta de una deuda de 115.000 euros que contrajo el hijo del ex consejero con Almacenes Pumarín.

Queda fuera de toda duda que lo primero de todo era atender y cumplimentar a los mandamases de la consejería. Era el punto de partida para que los centros docentes abriesen cada día, se diesen las clases, se cumpliesen los horarios y se alcanzasen los objetivos.

¿Qué se dirá en el futuro de un tiempo en el que hubo un responsable político al frente de la política educativa de una autonomía que, además de haber nombrado en un momento de su mandato a 69 asesores, decisión que ni siquiera se tomó la molestia de justificar, parecía desconocer lo que hacía uno de sus principales cargos de confianza al tiempo que, vaya usted a saber por qué, hay documentos que parecen apuntar cierta relación entre las empresas que trabajaban para su consejería y las actividades empresariales de un familiar cercano?

¿Qué se dirá cuando se añada a este relato que el mencionado responsable político se reclamó y se sigue reclamando de izquierdas y considera además que contribuyó al afianzamiento de la democracia en un país que es el suyo y el nuestro?

Hay preguntas retóricas que, en el momento mismo de formularlas, producen, que diría Kierkegaard, temor y temblor.

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Los gastos y los gestos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-07-2016 | 08:22| 0

«Lo que consideramos como justicia es a menudo una injusticia cometida en favor nuestro». (Paul Claudel).

Los inspectores de Hacienda que testificaron ayer no pudieron dejar las cosas más claras acerca de cómo contabilizaba la empresa Igrafo los gastos concernientes a los servicios que prestaba a la Consejería de Educación en tiempos de Riopedre y Otero.

En consonancia con esos testimonios, ya no vale escudarse en mandanga alguna. Y es que, dejando aparte las consideraciones jurídicas en el ámbito meramente procesal, de lo que estamos hablando es de que los dineros que se destinaban para afrontar los gastos inherentes al funcionamiento de la enseñanza pública tenían sus incrementos, y no precisamente para mejorar la calidad educativa.

Creo que no habrá forma humana de explicar que la realización de obras de mejora en la casa de un familiar de la señora Otero, residente en Zaragoza, hubiera podido contribuir a que los centros de enseñanza asturiano contasen con más y mejores medios para cumplir su tarea.

Hablaron los inspectores de «contabilidad oculta» y, lo que es aún más eufemístico, consignaron que, tras sus pesquisas, este tipo de gastos se incluían bajo un epígrafe contable la mar de curioso: Atenciones y Liberalidades. Muy literario, a decir verdad. Atenciones, sin duda. Y, en cuanto a liberalidades, nada que objetar.

Y ahí están, en ese mismo testimonio, los viajes. Desde luego, no se puede negar que esos periplos reconfortaban el espíritu de quienes los disfrutaban y que, gracias a ello, su gestión en pro de la enseñanza pública mejoraba exponencialmente.

Floristerías, espectáculos, alimentación y hostelería e, incluso, para el pago de una animación para un cumpleaños. Todo ello figuraba en las facturas a favor de la señora Otero que los inspectores de Hacienda encontraron en sus tareas de esclarecimiento. Hay que insistir en que, con esas ‘liberalidades’ los trabajos y los días de doña María Jesús tenían que ser muy dichosos sintiéndose más motivada aún para afanarse y desvelarse en pro de la educación pública en Asturias.

Los gastos y los gestos. Pienso ahora en el señor Riopedre. Seguro que sobre su mesa de trabajo estaban informes, normativas, papeles que debería firmar y estudiar, etcétera. Lo que me pregunto es si, al tiempo que dedicaba sus esfuerzos a atender a todo aquello, acudían a su mente algunos de los muchos conocimientos que, en materia filosófica, atesoraba. Por ejemplo, Platón. Por ejemplo, Spinoza. Por ejemplo, Hobbes. Por ejemplo, Maquiavelo. Por ejemplo, Marx. Seguramente, sus onerosas tareas le tenían absorbido.

Cuántas veces observé a Riopedre en la Sala, lo vi metido en sí, ajeno, en apariencia, a cuanto se testimoniaba. También me viene llamando la atención, desde que se inició este proceso, la tranquilidad de la señora Otero.

Acaso cabe barruntar que todo iba en el cargo y en sus cargas.

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A propósito de Indalecio Prieto
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-07-2016 | 03:14| 0

“Cuando no existen las posibilidades de educarse, de levantar dentro de la masa corpórea la estatua magnífica de un espíritu cultivado, no se es hombre, y mucho menos se puede ser ciudadano”. (Indalecio Prieto).

 

La exposición que acaba de inaugurarse en Trascorrales, rindiendo homenaje a la figura de Indalecio Prieto, es una iniciativa que no sólo contribuirá a un mayor conocimiento de uno de los políticos más sobresalientes de la primera mitad del pasado siglo, sino que además hace justicia a un personaje que, en la tierra que le vio nacer, sigue siendo un desconocido, o casi.

A propósito de la tierra que lo vio nacer, voy a permitirme referir algo que me hizo saber en su momento don Juan Álvarez Corugedo, hijo del escritor y economista Valentín Andrés Álvarez. Al que fuera ministro de Obras Públicas durante la 2ª República le pusieron el nombre de Indalecio como homenaje a don Indalecio Corugedo a resultas de que un antepasado de nuestro político fue ordenanza en la Diputación provincial y sentía un gran afecto por don Indalecio Corugedo que había sido diputado en la mencionada institución.

Y, por otro lado, hay que decir que la trayectoria política de Prieto se forjó sobre todo en Bilbao, en el mismo Bilbao que noveló Unamuno en su novela “Paz en la guerra”, en el mismo Bilbao que, por cierto, hizo frente al carlismo. En aquel Bilbao culto e industrial que, además de otras muchas cosas, fue acaso una de las principales referencias del liberalismo español, liberalismo, dicho sea de paso, no concebido desde el punto de vista económico, sino como talante frente a una España asfixiada por el nacionalcatolicismo. De hecho, su famosa frase, la de que se hizo socialista a fuer de liberal, no resulta explicable fuera de ese contexto bilbaíno. Tanto es así que la susodicha declaración de principios la pronunció Prieto en uno de los templos del liberalismo y del republicanismo español en la Sociedad “El Sitio”, de Bilbao.

Yo hablaría de liberalismo bilbaíno y de socarronería asturiana. Y, a propósito del nombre que se le dio la exposición, “la razón en marcha”, es sin duda, muy acertado. Estamos hablando claramente  de un hombre de acción, pero no al barojiano modo, sino que todo su hacer en la política estuvo presidido por las convicciones, que, dentro del partido socialista, se decantaban por su ala más moderada, frente a lo que representaba Largo Caballero. De todos modos, sobre este lugar común habría muchas matizaciones que hacer.

Lo más sobresaliente de la figura de Prieto es su autodidactismo, sin títulos universitarios que exhibir, estamos hablando de un hombre culto, de un gran orador y de una persona que demostró tener una enorme capacidad a la hora de organizar infraestructuras que el país necesitaba. A este respecto, hay una frase suya muy significativa en un discurso en la Cortes: “Estoy en tan excelentes condiciones para gobernar que no me estorba ni la cultura”. Fue también Prieto quien se refería a Ortega como “la masa encefálica”.

Nacido en 1883, perteneciente por tanto a la generación del 14, la de Azaña y Ortega entre otros, esto es, a la generación que se puso al frente de la 2ª República. En este sentido, sería muy interesante entrar a fondo en sus relaciones con los intelectuales de la España de su tiempo. Tuvo sus polémicas con Unamuno en la prensa, sentía respeto, desde la discrepancia por la figura de Ortega, y fue el dirigente del PSOE que mejor relación mantuvo con Azaña. De esto último hay importantes testimonios tanto en las memorias del estadista republicano como en la correspondencia que mantuvieron ambos dirigentes.

Mantuvo la socarronería hasta su último suspiro, también su deseo de poder morir en España: “Deseo ardientemente volver a España para que, si no puedo ser útil de otra forma, sirvan mis restos para criar jaramagos en mi amada tierra”.

Indalecio Prieto, en efecto, la razón en marcha. En efecto, la socarronería asturiana. En efecto, todo un símbolo de un Bilbao culto, industrial y abierto al mundo y al futuro.

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¿Una España sin perspectiva?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-07-2016 | 09:21| 0

 «¿Por qué todo español que haya cultivado con amor y esmero el huerto sagrado de su españolidad se siente, al llegar a cierta edad, desterrado de su patria, despatriado?» (Unamuno).

«El punto de vista crea el panorama» (Ortega y Gasset).

¿Cómo no recordar aquel diagnóstico tan certero como frustrante de Francisco Silvela cuando dijo que España se había quedado sin pulso? ¿Cómo no relacionar a aquella España sin pulso del 98 con la actual situación de un país sin perspectiva? Tras el 26 de junio, políticamente hablando, este país está sin perspectiva. Aquí falló casi todo, empezando por las encuestas electorales y terminando por la lógica más elemental.

Para empezar, es cierto que, como alguien dijo recientemente con mucho ingenio, «Rajoy se quedó a un escándalo de la mayoría absoluta». Desde luego, la corrupción no castigó al partido conservador. Desde luego, no se puede decir que, desde las elecciones diciembre a las del 26 de junio, el presidente del Gobierno en funciones se haya esforzado negociando con otros partidos, ni tampoco llevó a cabo una campaña electoral frenética y dramática. Es más, hasta salió desganado al balcón de la sede de Génova tras un triunfo electoral que ni el propio interesado se esperaba. Y, por cierto, no es fácil pronunciar un discurso más ramplón.

Para seguir, aunque el PSOE se libró del ‘sorpasso’ anunciado, bajó en número de escaños, y, a mi juicio, es el partido político que tiene ante sí el panorama más dramático. Si facilitase la investidura de Rajoy, aunque fuese absteniéndose, no sería fácil que su militancia se lo perdonase. Si se niega ello, tendrá que prepararse para continuos ataques que hablarán de su ausencia de responsabilidad y patriotismo. Añádase a ello que, sin esperar mucho, ya se anuncian guerras y guerrillas desde el propio aparato contra don Pedro Sánchez. La batalla está al caer.

¿Y qué decir de Unidos Podemos? Con perdón, vuelvo a Ortega, en este caso, recordando aquello que dijo en las primeras Cortes republicanas cuando advirtió de que había tres cosas que no estaba dispuesto a hacer: ni el tenor, ni el payaso, ni el jabalí. Pues bien, ¿no se pregunta Pablo Iglesias nada el respecto? ¿Acaso no fue una payasada haber elogiado tan apasionadamente a Zapatero? ¿Acaso perdió la perspectiva el líder de la formación morada al no querer percatarse de que el electorado de la izquierda, no la de siglas, es, ante todo, crítico? ¿Acaso no fue una pantomima, cercana a la payasada, aquella puesta en escena perdonándole la vida a Pedro Sánchez y autonombrándose vicepresidente de una especie de Gobierno virtual? Aquello parecía escenificar uno de los lemas cedistas hacia su líder Gil Robles, esto es, aquello que decía «¡todo el poder para el jefe!». Y no entraré a analizar en este momento la casuística por la que la coalición con IU no sumó lo deseado. Pero, tal y como los hechos demuestran, estratégicamente no fue un gran acierto. A pesar de todo, no perdamos de vista que el revés sufrido por la formación morada no es, como muchos cantan y cuentan, irreversible.

En cuanto a los resultados cosechados por Ciudadanos, demuestran algo que, a mi juicio, resulta muy inquietante, y es lo difícil que resulta que se asiente en este país una fuerza conservadora que no sea la derechona en su versión más carpetovetónica. Pero no es éste el único problema de la formación naranja, sino que además compite también con las derechas nacionalistas. Mucho tendría que cambiar la sociedad española para que Ciudadanos pudiese ir más allá de ser un partido bisagra.

Una España sin perspectiva. Una España que, desde las elecciones de diciembre, no acaba de tomar un rumbo definitivo. Una España en la que la vieja política se resiste con uñas y dientes y en la que la nueva política no sólo se enfrenta a sus adversarios, sino también a su propia bisoñez y ñoñerías, por no hablar de egocentrismos que llevan a las payasadas.

Una España sin perspectiva en el que el partido más salpicado por la corrupción es el que más sufragios recibe. Una España en la que se vota, tal vez con convencimiento, pero, desde luego, sin esperanza.

Una España sin perspectiva. Una España que no cuenta con discursos que articulen, más allá de las consignas y topicazos, aquello que Ortega definió como «un sugestivo proyecto de vida en común».

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Ante una encrucijada política sin salida
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-06-2016 | 03:45| 0

Elecciones generales 2016, en imágenes

En contra de lo que todas las encuestas vinieron anunciando, no hubo “sorpasso”, esto es, la coalición Unidos Podemos no dejó atrás al PSOE.  Tampoco hubo sorpresa, es decir, los incesantes escándalos de corrupción del PP no le pasaron factura electoral al partido que lidera Rajoy. Ítem más: el partido conservador mejoró en votos y en escaños. Moraleja: la corrupción no castiga electoralmente  en este país como cabría esperar. Hondo, muy hondo, respirarán (y suspirarán) Rajoy y Pedro Sánchez. El primero, por haber conseguido más escaños que en diciembre. El segundo, por no haber sido sobrepasado por el partido que lidera Pablo Iglesias. La vieja política resiste.

No sólo cabe preguntarse acerca de las razones que hacen que la vieja política se mantenga ahí, con los dos principales partidos de esta Segunda Restauración borbónica en cabeza. También hay que intentar buscar explicaciones a los fracasos de Podemos y de Ciudadanos. El primero, aunque mantiene el número de escaños, salió derrotado en lo que se refiere a las expectativas que tenía puestas. El segundo sufrió una pérdida considerable de diputados.

La vieja política tarda en irse, aunque su agonía es innegable, si se tiene en cuenta, la media de edad de su franja de votantes, así como los resultados en los feudos que marcan la pauta electoral. En cuanto a Podemos, acaso no se hayan dado cuenta de que, por un lado, no todo suma, esto es, que la coalición con IU supuso que haya habido votantes de la formación morada que retiraron su confianza a este acuerdo electoral. Y lo mismo se podría decir con respecto a IU. Y, en esto que planteo, el caso de Asturias es muy claro: no todo el mundo pudo ver  con buenos ojos la presencia del señor Orviz en una candidatura que apuesta en teoría por acabar con la vieja política.

En cuanto a la formación política de Albert Rivera, se ve que cierta franja de votantes no vio con buenos ojos el acuerdo que alcanzó con el PSOE. Puede que su líder esté equidistante entre el PP y el PSOE, pero no así su electorado.

Y, en fin, el panorama no queda, ni mucho menos, despejado a la hora de formar y conformar mayorías. Por su lado, Rajoy y Sánchez, de no haber sorpresas, se libran de ser derrocados en sus propios partidos, mientras que a Iglesias y a Rivera les tocará, de entrada, verlas venir.

¿Y qué me dicen del Senado? Ahí sí que la vieja política en Asturias sigue omnipotente.

Sin “sorpasso” y sin sorpresas. Sobre todo, sin aparente salida a una encrucijada política irrespirable.

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Sobre el “Brexit” y otras impertinencias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-06-2016 | 13:53| 0

«Si no hubiese en Inglaterra más que una religión, sería de temer el despotismo; si hubiese dos, se cortarían mutuamente el cuello; pero como hay treinta, viven en paz y felices». (Voltaire).

«Los ingleses tienen sólo tres cosas buenas: el té, que viene de la India, y Oscar Wilde y yo, que somos irlandeses». (George Bernard Shaw).

Ante las hornacinas que se adoran en el abigarrado altar de los datos, son muchas las voces que, a propósito del resultado del referéndum en Inglaterra donde se preguntó al pueblo soberano si quería seguir formando parte de la Unión Europea, advierten de los grandes peligros que acechan a todos los países que formamos parte de tan excelso club. Incluso hubo quienes, por estos lares patrios, consideraron que los plebiscitos son peligrosos. ¡Cuánta democracia transcendiendo en tan sabias y graves palabras!

Seamos serios. Más allá de las muchas consecuencias indeseadas que tendrá la salida de Inglaterra de la Unión Europea, más allá de la demagogia espantosa de ciertos discursos que defendían la salida de Europa, más allá de la crisis que se avecina todo esto, acaso convendría preguntarse acerca de la casuística del malestar ciudadano, no sólo en Inglaterra con respecto a la Unión Europea.

¿Acaso no es pertinente recordar en este momento que en Francia en 2005 se rechazó la Constitución Europea? ¿Acaso no resulta aconsejable preguntarse si hay razones para ese malestar con una Unión Europea que vino sirviendo de pretexto, en nuestro aquí y ahora, a la hora de aplicar recortes y de desangrar económicamente a quienes no estamos protegidos por ingenierías financieras que liberan impositivamente a muchos privilegiados?

Resulta innegable que, a veces, en el fondo y en las formas, en la letra y en la música de ciertos discursos, se viene nombrando a Europa como una especie de curia vaticana de nuestras instituciones, pronunciándose de modo infalible e inapelable como una especie de Sumo Pontífice de la política comunitaria hablando ex cátedra. ¿No es así?

Por tanto, sin discutir la conveniencia, incluso la necesidad de la Unión Europea, sin poner ni siquiera en cuestión que nos favorece pertenecer a ella, toca preguntarse por las razones de un malestar que no sólo existe en Inglaterra, aunque haya sido en este país donde un referéndum acaba de abrir una brecha difícilmente subsanable, que no sabemos si podrá reconducirse.

Hablamos de una Unión Europea cuyos dirigentes no se caracterizan en este momento ni por su altura de miras ni tampoco por su capacidad para resolver problemas, sin perder de vista que, salvo excepciones, no parecen tener mucha sensibilidad para ser conscientes de la gravedad del momento histórico en Europa y en el resto del mundo.

Y, claro, toda parece indicar que le tocaba a Inglaterra dar el campanazo, no sólo contra la Unión Europea sino quizás también contra sus propios intereses. La misma Inglaterra donde se produjo la Revolución Industrial, donde se firmó ‘El manifiesto comunista’, donde la música moderna tuvo allí su cuna.

A ese país, tantas veces pionero, le tocó ahora, mediante el referéndum que acaba de celebrarse, poner en un brete a la Unión Europea, a una Unión Europea que, además, le toca reinventarse.

¿Dónde está el proyecto que recoja lo mejor de la vieja Europa, y que lo recoja en algo más que en vaguedades? ¿Dónde están sus grandes mentores a la altura de las cimas de su historia?

A Inglaterra le tocó una vez más ser diferente. No sólo se trata de seguir conduciendo por la izquierda, sino también de oponerse desde su insularidad a las políticas continentales.

Toca repensarse, reinventarse y replantear el significado de la vieja Europa. El legado histórico está ahí. Lo que toca es estar a su altura.

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¿La Foguera electoral?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-06-2016 | 13:05| 1

Cuando escribo estas líneas, horas antes de que ardan las ‘fogueras’ de San Juan, no puedo dejar de preguntarme en lo que se pueden estar planteando muchos electores de nuestra tierra cuando contemplen el espectáculo nocturno de un solsticio en el que se dejan atrás muchas cosas, por ejemplo, el curso académico.

¿No habrá muchas personas que se planteen que se conviertan en cenizas las corruptelas, las injusticias, los atropellos a los menos favorecidos, los nepotismos, los caciquismos, la mediocridad y mezquindad que presiden la vida pública? ¿Cabe soñar, mientras se contempla la ‘foguera’, con un tiempo nuevo en lo que a la vida pública se refiere?

Me conformaría con que la posesión del carnet de un partido político no constituyese el mayor de los méritos a la hora de acceder a un puesto de trabajo. Me alegraría un montón que, a propósito de esto, la meritocracia fuese algo más que una palabra. Me encantaría que todo el mundo se percatase de que hacen falta grandes acuerdos que vayan más allá de los que se necesitan para formar un gobierno. Grandes acuerdos para un sistema educativo que apostase por el conocimiento sin orillar el esfuerzo. Grandes acuerdos para que paguen más los más potentados, y que las ingenierías financieras no nos sigan desangrando. Me daría por satisfecho si se deja de insultar tanto al idioma como a la inteligencia de los ciudadanos. Me haría feliz, y no al flaubertiano modo, que la igualdad, también en el ámbito territorial, se considerase irrenunciable.

¿Arderán en la ‘foguera’ los peores vicios de nuestra vida pública? ¿Habrá una ‘foguera’ electoral el próximo domingo?

¿Dónde está el sobre electoral que no lleve dentro papeletas de profesionales de la política que no serían nada ni nadie fuera de ella? ¿Dónde estará el sobre electoral que no lleve dentro la plutocracia asentada o aspirantes a ello? ¿Dónde estará el sobre electoral que diga un ‘no’ rotundo a la mediocridad que nos acecha? ¿Dónde estará el sobre electoral que abra un tiempo en el que tenga protagonismo una ciudadanía exigente y orgullosa de serlo?

No sólo sonrisas, no sólo lágrimas, no sólo soflamas, no sólo proclamas, no sólo consignas, no sólo recetarios. Quiero que en este país la política vaya tan en serio, también en su lado dramático, como la vida, según Gil de Biedma.

¿Es una quimera aspirar a tanto? ¿Quimera y ‘foguera’ electoral?

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Grandes ausencias en la campaña
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-06-2016 | 07:02| 0

«El silencio no es una ausencia de sentido; al contrario: aquello que no se puede decir es aquello que más nos toca» (Octavio Paz).

Esta campaña electoral pasará a la historias por sus grandes –y difícilmente explicables– ausencias. ¿Por qué no se habla de si se opta o no por la apertura de un periodo preconstituyente a partir del 26 de junio? ¿Por qué no se ponen sobre la mesa medidas que garanticen la igualdad de toda la ciudadanía en materia impositiva territorialmente hablando? ¿Por qué no se concretan propuestas que aborden asuntos apremiantes en lo que toca a la vertebración territorial? ¿Por qué no se plantean reformas de calado en la elección de los cargos de mayor relieve en las instituciones del Estado, de manera tal que nadie esté en deuda con el partido político de turno?

¿Y Europa? ¿Acaso no hay nada que decir sobre el papel de este país en la Unión? ¿Acaso no hay un modelo de Unión Europea por el que luchar? ¿O es que todo va bien, incluso en este momento en el que la ciudadanía inglesa está a punto de decidir si continúa o no?

¿Se quiere un Estado federal, más allá de enunciarlo, o se sigue apostando por el actual Estado autonómico? ¿Hasta cuándo va a seguir siendo casi un tabú proponer el debate entre monarquía y república? ¿Se puede entrar en escenario de nueva política sin reformar a fondo todo el entramado de la vieja política? ¿Dónde está el proyecto de país de cada formación política que concurre a las elecciones más allá de vaguedades y recetarios de ocasión?

Consignas, recetarios, topicazos, maniqueísmos, frases hechas, que encima se leen en muchos casos de forma torpe y atropellada.

Más allá de las encuestas, más allá del anecdotario de cada día, más allá de los debates que rara vez despiertan interés, hay que preguntarse si estamos asistiendo a una campaña que se muestre a la altura de las circunstancias, es decir, de unos cambios generacionales que ya están aquí, cambios y relevos.

Siempre es lo mismo: plantearse el poder como sustantivo o el poder como infinitivo. Sabemos que prevalece lo primero. Pero sabemos también que nada es más terco que la realidad. Y la realidad llama a la puerta anunciando y exigiendo cambios. No querer verlo, no querer oírlo no sólo resulta frustrante, sino que supone incurrir en una necedad inútil.

Por favor, tomen nota. Por favor, tomemos nota.

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