El Comercio
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Con Fidel se fue el siglo XX
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Luis Arias Argüelles-Meres | 28-11-2016 | 06:42| 0

Hay quienes afirman que la historia no lo absolverá. Aun así, es innegable que en la trayectoria de Fidel Castro la gloria se dio cita. No fue un muñeco en manos de la multinacional de turno para defender intereses bastardos. Su revolución lo glorificó. Su negación de las libertades y sus persecuciones a cualquier tipo de disidencia constituyen sombras tan innegables e imborrables como sus grandes, a veces gigantescas, luces.

Fidel Castro. Con él, la guerra fría alcanzó la mayor intensidad y las temperaturas más tórridas. Fue el triunfo de David contra Goliat. De un David que, en su momento, por la dialéctica de su tiempo, encontró la protección de uno de los grandes bloques que en el siglo XX han sido.

Fidel Castro sobrevivió al comunismo internacional, incluso a sí mismo. Con su muerte, se va el último personaje del siglo XX. Precisamente ahora, cuando casi todo lleva el prefijo ‘pos’, comienza el poscastrismo, toda una incógnita para quienes no conocemos las claves de lo que en esa amada isla bulle y se cuece.

Fidel Castro, con su revolución mandando parar, con su estética tan siglo XX, con el poder de fascinación que tuvo con personajes como García Márquez, Hemingway y otros muchos.

De la revolución que asombró al mundo a la dictadura. De las luces a las sombras, de la gloria a las miserias.

¡Cuánto cinismo por parte de quienes repudiaban a Castro sus políticas dictatoriales al tiempo que silenciaban las injusticias y las miserias en muchos países de Hispanoamérica! ¡Cuánta ceguera la de quienes reivindicaban las libertades en todo el mundo menos en Cuba!

Pero, ante todo y sobre todo, más allá de los panegíricos y de los obituarios más severos, falta lo esencial en la mayoría de las necrológicas que se están escribiendo sobre Fidel Castro. Y lo esencial es que estamos hablando de un personaje que sobrevivió al siglo XX. Su muerte simboliza lo mismo que aquel cisne al que le retorcieron el cuello y puso fin a la literatura modernista, dando paso a las vanguardias del siglo XX.

Su muerte es el adiós definitivo al siglo XX.

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Unamuno desterrado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-11-2016 | 06:24| 0

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“¡Ésta es mi Atlántida! ¡Ésta es mi Ínsula Barataria! Aquí me vistan en larga estantigua, en procesión de almas doloridas, todos los que  en los largos siglos sufrieron la pasión trágica de mi España; aquí vienen, aves consoladoras a la par que agoreras, las almas de todos aquellos que sufren persecución por su Justicia, por su espíritu de Justicia y verdad, las almas de todos aquellos que sucumbieron al poder infernal del Santo Oficio de la inquisición, y esas almas me orean con su aleteo la frente enardecida de mi alma, esas almas me orean la inteligencia”. (Palabras de Unamuno en su destierro en Fuerteventura).


Acaba de estrenarse una película que da cuenta del destierro de Unamuno en Fuerteventura, ‘La Isla del viento’. Don Miguel fue uno de los ciudadanos más incómodos para el dictador Primo de Rivera y también para Alfonso XIII. Por ello, el 20 de febrero de 1924, cuando la dictadura no había cumplido aún su primer año, se le comunica al rector Salmantino su destierro, suspendiéndolo de empleo y sueldo en la Universidad. Se cuenta que en el día anterior a su obligada partida les dijo a los alumnos: «Para el próximo día, la lección siguiente». O sea, como fray Luis, pero al revés.

No fue la primera medida represiva que sufrió don Miguel. De hecho, en 1914, pretextando una anomalía administrativa a resultas de la convalidación del título de bachillerato a un estudiante colombiano, Unamuno fue destituido como rector el 24 de agosto de aquel año, destitución que contó con la rúbrica de Alfonso XIII. Aquello levantó una enorme indignación. Giner de los Ríos le remitió una carta a Unamuno donde manifestaba su malestar, explicando que Unamuno «para todos era consustancial con su Universidad sobre la cual vibraba su penetrable espíritu con tan intensas llamaradas de energía». Por su parte, Ortega, a pesar de que había tenido fuertes polémicas con él, se puso al frente de las protestas ante aquel atropello. Pero volvamos al destierro. Unamuno, desde el principio, arremetió contra la dictadura de Primo de Rivera, frente al silencio de muchos intelectuales de entonces. De hecho, Azaña escribió que don Miguel había sido el único intelectual español de su tiempo que no miró hacia otro lado tras el golpe de Estado que contó –y mucho– con la aquiescencia de Alfonso XIII.

Unamuno en Fuerteventura, Unamuno en las islas Canarias. Hay un libro suyo, “Paisajes del Alma”, que recoge los principales escritos de ese episodio de su destierro. En este sentido, el fragmento que encabeza este artículo, aparte de la belleza del texto, pone de manifiesto que, de algún modo, relacionando ese territorio con la Atlántida y con la quijotesca Ínsula Barataria, don Miguel sienta las bases de una suerte de utopía española asentada en el proceso que Azorín llamó “la reinvención del Quijote”, proceso que Unamuno había iniciado en 1905 con su ensayo “Vida de don Quijote y Sancho”, genuina guía espiritual según acertó a decir María Zambrano con envidiable intuición poética.

Cada vez que pienso en este destierro que sufrió Unamuno, que le llevaría de Fuerteventura a París, donde escribió uno de sus ensayos más conocidos, ‘La agonía del Cristianismo’, no puedo dejar de relacionarlo con la estancia, no deseada, de Jovellanos en Bellver. Es decir, en esa maldición de este país que condenó a la inteligencia al exilio, al destierro, a las cárceles y al silencio obligado. La diáspora de la inteligencia, omnipresente en nuestra triste historia.

Pero, ante todo y sobre todo, soy consciente de la importancia de este episodio, decisivo en la utopía española, así como de la accidentada, tortuosa y contradictoria biografía de don Miguel, que regresó a España en 1930, y que, en su momento, se pensó en él para presidir una República a cuya proclamación había contribuido tanto, de la que, sin embargo, no tardó en distanciarse.

Y, en el año de su muerte, en 1936, apoyó en su momento la sublevación militar contra la República, hasta que se enfrentó a Millán Astray en aquel memorable y dramático acto en el Rectorado de la Universidad salmantina.

Unamuno en Fuerteventura. Unamuno en su Atlántida. Unamuno en su Ínsula Barataria. Unamuno y su utopía española, utopía más quijotesca que Cervantina.

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¿TIENE FELIPE VI UN RELATO?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-11-2016 | 10:59| 0

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«La monarquía es una institución y no puede pedirnos que adscribamos a ella el fondo inalienable, el eje moral de nuestra conciencia política. Sobre la monarquía hay, por lo menos, dos cosas: la justicia y España» (Ortega y Gasset).

Solemne inauguración de la legislatura. Discurso regio, besamanos y desfile. Sin embargo, se escenificó más que nunca la disconformidad con la Monarquía. Y es que, dejando al margen muchas consideraciones que podrían hacerse, el actual monarca se encuentra con un problema nada fácil. Y es que le va a resultar muy dificultoso encontrar un relato que pueda esgrimir para avalar su papel.

Me explico: su padre tuvo un relato que le favoreció mucho, el de erigirse en «motor del cambio». Dejemos aparte que sin una solución democrática no hubiera tenido futuro. Dejemos aparte también que se pueden esgrimir argumentos que sustenten que la Transición no fue tan idílica y modélica como se vino sosteniendo. El hecho es que el nieto de Alfonso XIII contó con un relato que lo favoreció, y que además subió enteros tras el 23-F, por mucho que haya versiones muy distintas a las oficiales. Así las cosas, tuvo un relato que le sirvió de asidero para sostenerse en su papel.

Sin embargo, el actual Monarca lo tiene mucho más difícil, porque, ante los principales desafíos que tiene este país, entre ellos, la necesidad de una regeneración de la vida pública, problema al que aludió en su discurso en las Cortes, así como la vertebración territorial, esto es, el auge del independentismo en Cataluña, Felipe VI carece de poder para hacerles frente.

Ya no se trata sólo de que la actual Monarquía fue restaurada por Franco, es decir, de un problema de origen, sino también de problemas del presente más acuciante, que, dentro del marco constitucional, no está llamado a resolver.

Así pues, desde mi punto de vista, el problema regio no reside en que haya grupos parlamentarios que no le aplaudan, entre otras cosas, porque no todos los partidos son cortesanos y dinásticos. Distinta cosa es que –y esto lo dice un republicano convencido– haya sido más o menos afortunada la forma en la que expresaron los descontentos con la Monarquía en la sesión inaugural de la Legislatura.

Ya ven: en una inauguración de legislatura en las Cortes, el joven Sagasta no aplaudió a Su Majestad, y, andando el tiempo, sería el dirigente de un partido dinástico. Y, en términos históricos mucho más recientes, algo similar hizo Alfonso Guerra en su momento, el mismo que últimamente estaba a favor de que su partido se abstuviese para permitir a Rajoy que gobernase.

Es decir, hay puestas en escena que acaso no vayan más allá de lo anecdótico. Sin embargo, la ausencia de relato del actual Monarca es una carencia inquietante para el interesado y para los monárquicos.

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LA GESTORA DEL PSOE Y EL PSC
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-11-2016 | 06:19| 0

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«El convivir de los individuos y las colectividades se basó en Occidente en un almohadillo de cultura moral, científica y práctica, pues en otro caso hay opresión y no convivencia. Castilla no supo inundar de cultura de ideas y cosas castellanas a Cataluña, como hizo Francia con Provenza y luego con Borgoña» (Américo Castro).

¡ Ay, aquel Estatuto que se aprobó en tiempos de Maragall, y que Zapatero pactó, sin embargo, fundamentalmente con Mas! ¡Ay, aquel Estatuto que, según Alfonso Guerra, «no lo reconocería ni madre que lo parió», tras su paso por la correspondiente Comisión de las Cortes, marcó un punto de inflexión en las siempre complejas relaciones entre España y Cataluña, entre Cataluña y España!

Si el independentismo en Cataluña no hizo más que aumentar tras aquella sentencia del Constitucional, la falta de entendimiento entre Rajoy y Mas puso la guinda.

Conviene, entre otras cosas, no perder de vista que, si el PP es casi residual en Cataluña, el PSC corre un riesgo similar si las cosas no son llevadas en la forma debida, si falta mano izquierda y flexibilidad. Y, en este sentido, está muy claro que tanto don Javier Fernández como doña Susana Díaz no parecen estar muy dispuestos a mostrarse generosos con el PSC tras persistir en su ‘no’ a Rajoy.

De un lado, si los diputados del PSC hubiesen seguido las consignas de la gestora absteniéndose en la investidura de don Mariano, el camino de este partido hacia lo residual en su tierra estaría expedito. Por otra parte, de consumarse una ruptura entre el PSC y el PSOE, este partido tendría un grupo parlamentario aún más reducido.

Así las cosas, el presidente de la gestora del PSOE sabe que pisa un terreno muy vidrioso y que además se encuentra con una de sus obsesiones, que casi nunca son buenas fuera del ámbito estético, del ámbito de la creación literaria o artística, que es muy distinta cosa a la que don Javier pertenece.

Nuestro presidente llariego se enfrenta, pues, a sus propios demonios, en tanto cabeza visible de la gestora socialista. Esperemos que no nos haga abandonar toda esperanza, esperemos que aún sea posible el entendimiento entre Cataluña y España, entre España y Cataluña, que no se malogre todo.

A este respecto, me atrevo a recordarle a don Javier unas declaraciones que hizo Ossorio y Gallardo a una revista portuguesa en 1933: «Si España vive una política de pequeñeces insinceras, falta de ideales, el separatismo catalán cobrará auge y dará muchas pesadumbres. Si España alcanza a encontrar, nobles propósitos, grandes empresas, todos los españoles, sin excluir a los catalanes, estarán cada vez más unidos».

Sólo cabe desear que a don Javier no le jueguen una mala pasada sus propios demonios. Sería algo nocivo para el país sacar del mapa político español al socialismo catalán.

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¿Debate de orientación o liturgias de desencuentros anunciados?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-11-2016 | 15:06| 0

“Nadie tiene el derecho de monopolizar el patriotismo, y que nadie tiene el derecho, en una polémica, de decir que su solución es la mejor porque es la más patriótica; se necesita que, además de patriótica, sea acertada”. (Azaña).

Los desencuentros estaban cantados. Si en su discurso del lunes, Javier Fernández arremetió contra Podemos por pedir un pacto político en España que la aritmética no permite, al tiempo que en Asturias lo rehúye, la réplica de Emilio León fue la esperada, recordándole que aquí solicita un pacto de izquierdas, mientras que en Madrid facilitó a Rajoy la investidura sin exigir nada a cambio.

Casuístico don Javier, en lo que toca a España y Asturias. Sin embargo, -¡ay!-, no lo fue en Oviedo donde estaba dispuesto a que continuase gobernando el gabinismo a resultas de que en Gijón el partido morado no le dio la Alcaldía al candidato socialista.

Desencantado Llamazares no sólo como consecuencia de lo que sucedió en el Parlamento español, sino también con la gestión de determinadas consejerías. Don Gaspar, aunque no retiró todos sus apoyos, está inevitablemente más escéptico y distante. Puso el dedo en la llaga el dirigente de IU al vaticinar una Legislatura sin grandes acuerdos y sin presupuestos.

O sea, que en lo que respecta a la izquierda, la falta de entendimiento entre Podemos y el PSOE, en el mejor de los casos, se mantiene. Y, por su lado, a IU cada vez le resulta más difícil seguir apoyando al Gobierno de Javier Fernández.

Y, en lo tocante, a la derecha, lo más sainetesco del debate estuvo en las réplicas de ida y vuelta ente don Javier y doña Mercedes. En esto, no hubo novedad alguna digna de resaltar.

Más dura fue la intervención de Cristina Coto. Sin embargo, vengo constatando que a don Javier la nueva lideresa de Foro no le saca de quicio como lo hacía Cascos, aunque no sea menos contundente en muchas de sus intervenciones la dirigente forista.

Si en la primera sesión del debate, las arremetidas más punzantes fueron dirigidas contra Podemos, en la segunda, la historia se repitió, al hablar nuestro Presidente de quienes buscan basura.

Javier Fernández está incómodo cuando discute con los parlamentarios de Podemos, y no hay motivos para creer que tal cosa pueda reconducirse. Se diría que, por una parte, no dejará de pedir a la formación morada que apoye sus presupuestos, mientras que, por otro lado, la descalificación, diría que apriorística, va en su discurso cuando se dirige a la formación morada. Conjugar ambas cosas puede ser no menos dificultoso que dar con la cuadratura del círculo.

En el conjunto del debate, hemos visto a un Javier Fernández a la defensiva, que tiene como horizonte unos presupuestos muy difíciles de pactar entre las fuerzas de la izquierda a las que las siglas, que no las políticas, de su partido pertenecen.

A todos los marasmos que sufre Asturias, cabe vaticinar el presupuestario un año más, salvo sorpresas.

Y, como coda, para entender un poco más lo que sucede en la política llariega, no vendría mal analizar la cuestión desde planteamientos generacionales, que también ayudarían a atisbar mejor lo que diferencia, más allá de las etiquetas, a unos y a otros, a la vieja y a la nueva política.

 

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¿Orientación política?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-11-2016 | 06:20| 0

«Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia» (Kundera).

Orientación política? Javier Fernández, en su discurso en la Junta, que inaugura el llamado debate de orientación política, plantea que el número de escaños de la izquierda en el Parlamento llariego es de 28. O sea, ni por asomo pone en duda que su partido y su Gobierno son de izquierdas no sólo en sus siglas, sino también en sus políticas. Sin duda, un acto de fe.

Acto seguido, lanza andanadas a Podemos, acusando a sus dirigentes de «indigencia moral», al tiempo que les reprocha no haberse comprometido en los presupuestos, así como la postura que tiene la formación morada en el ámbito estatal con respecto al independentismo catalán. Es decir, si no hubo acuerdo presupuestario en Asturias fue por culpa de Podemos.

Habrá que sacar en conclusión que se trataba de unos presupuestos de izquierdas que habrían sido beneficiosos para las personas más desfavorecidas. Y, por supuesto, no había nada mejorable, ni negociable. Eran pluscuamperfectos.

¿Orientación política? ¡Cuánta bipolaridad en la yenka política de don Javier! En el tiempo, un año antes, en 2015, pactó con el PP los presupuestos de Asturias. En el espacio, como presidente de la gestora del PSOE, favoreció la abstención que permitió que Rajoy fuese investido presidente del Gobierno. Pero en su horizonte astur sólo contempla actualmente un pacto entre las izquierdas, de las que dice formar parte.

¿Orientación política? Hubo que permitir que se formase Gobierno por aquello de la necesaria estabilidad institucional que haga frente al independentismo catalán. ¿Se tomó don Javier en algún momento la molestia de pararse a pensar que el susodicho independentismo se incrementó a lo largo de los cuatro años de Gobierno de Rajoy? ¿De verdad puede estar convencido de que ese problema territorial se resolverá con Rajoy al frente del Ejecutivo de todas las españas?

¿Orientación política? Habló don Javier en su discurso de «pretextar tácticas» basadas en la política estatal para que la izquierda le niegue su apoyo. Un poco de rigor, señor Fernández: ¿acaso no fue la madre de todas las tácticas permitir que Rajoy fuese investido para evitar que el PSOE sufriese un descalabro aún mayor en unas terceras elecciones? ¿Las tácticas sólo son legítimas cuando convienen al PSOE?

¿Orientación política? Se necesita un optimismo desmesurado para negar que está en peligro de extinción la ciudadanía que aún reside en el medio rural. Y se necesita desmemoria para no admitir lo evidente: que la mayor parte de las políticas que se vinieron aplicando forzaron ese despoblamiento. Y lo siguen haciendo.

¿Orientación política? La paradoja, don Javier, es que usted y doña Mercedes Fernández coincidan en considerar que es nocivo el discurso de Podemos, con la única diferencia de que, aun así, usted pide a la formación morada el apoyo.

¿Orientación política? ¿Puede hablarse de tal cosa sin propuestas y con una autocomplacencia que provoca, a un tiempo, asombro e hilaridad?

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Previsible Rajoy
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-11-2016 | 10:24| 0

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«La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser» (Ortega y Gasset).

No percibo, en contra de lo que se vino diciendo en los últimos meses en la opinión publicada, un infinito suspiro de alivio a resultas de que, por fin, tenemos Gobierno, del que, por cierto, en un colectivo alarde de ingenio y originalidad, se dice que es continuista. ¿De verdad podría esperarse otra cosa? ¡Qué país, Dios mío, qué país!

Resulta que, entre los ministros que continúan, está don Íñigo Méndez de Vigo, el mismo que ordenó la retirada de un retrato de Unamuno. Y estamos hablando, para mayor baldón, del responsable de Educación y Cultura, al que además se le asigna la tarea de portavoz del Gobierno. Y, por cierto, no habrá tampoco Ministerio de Cultura. ¿Para qué? La cultura es, para la política de Rajoy, algo que figura en una agenda, y eso porque no queda más remedio.

De otro lado, De Guindos y Montoro, virtuosos de las políticas de recortes, continuarán en sus tareas. O sea, que aquí nada se reconduce. ¿Para qué?

Y no me negarán que el nombramiento más literario de todos es el de doña María Dolores de Cospedal al frente de Defensa. ¡Para marcialidad, doña Dolores! Prietas las filas ante ella, ante una dirigente que fracasó estrepitosamente en Castilla-La Mancha, ante una dirigente que le dio sus zarandeos al idioma de nuestro imperio. Habrá que verla con mantilla, habrá que verla en su puesto de mando. Habrá que verla en sus nuevas liturgias.

¿Y qué decir de la continuidad al frente del Ministerio de Trabajo de doña Fátima Báñez, la ministra rociera? No pongo en duda que seguirá haciendo plegarias marianas para que el paro disminuya, que continuará lo milagrero en este Gobierno.

Y ya que hablamos del Ministerio de Trabajo, puestos en clave asturiana, toca lamentar –y mucho– que esa cartera no se la haya dado Rajoy a Ovidio Sánchez, dada su infatigable actividad desde que está en la política. Con él, habría presencia asturiana en el nuevo Ejecutivo. Una lástima que no se haya contado con su concurso.

Pero, ante todo y sobre todo, creo que Rajoy se supera a sí mismo en lo que se refiere a su ausencia de solemnidad. Todo lo llevó en secreto. Y se comunica a la prensa la lista del nuevo Gobierno, sin puesta de largo, sin presentación, sin nada. Como un trámite más, como una prueba irrefutable de que para don Mariano la política no pasa nunca del mero trámite. ¡Qué escandalosa ausencia de ambición estética la de este buen hombre!

En cuanto las reacciones que se vienen suscitando tras conocerse la formación del nuevo Gobierno, don Javier Fernández, nuestro profundo presidente llariego, no deja de asombrarme. Manifiesta que se teme que el nuevo Gobierno no sea dialogante ni flexible. ¿En realidad, se esperaba otra cosa el presidente de la gestora del PSOE?

Pues eso: ‘habemus’ Gobierno. El país ya no está bloqueado. Desde luego, quienes no estamos celebrando por todo lo alto la buena nueva somos unos sosainas.

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Cronicón de una investidura agónica
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-11-2016 | 04:27| 0

«Los otros días iba caminando muy entretenido y me encuentro con el arroyo más raro del mundo: figúrese que la orilla de este lado la tenía del otro» (Macedonio Fernández).

La tarde del último sábado de octubre, horas antes de que se produjese el controvertido cambio en el horario, Rajoy, tras haber estado más de trescientos días como presidente de un Gobierno en funciones, consiguió ser investido para una nueva legislatura. Así pues, tras cuatro años al frente de un Ejecutivo con mayoría absoluta, a los que hay que sumar el tiempo que estuvo en funciones, los historiadores tendrán que revisar la etiquetas, porque, para «Gobierno largo» el que más méritos reúne es el de don Mariano y no el de Maura.

El órdago de Rajoy

De entrada, Rajoy les dejó muy claro a los partidos que le dieron, por activa o por pasiva, el plácet, que, para que la investidura no fuese una pantomima, deberían apoyarlo en su acción de Gobierno. De no ser así, se colige que puede adelantar las elecciones so pretexto de que no le permiten gobernar, y parece estar persuadido de que la jugada le saldría bien. O sea, que, tras más trescientos días, sin apoyos, cuando consigue ser investido, lanza un órdago. ¡Y lo siguen llamando ambiguo!

La opinión publicada de este país sigue instalada en los topicazos. Así nos va.

El PSOE como protagonista

¿Y qué me dicen de don Javier Fernández, sentado en la tribuna de invitados, siguiendo el debate, como principal autoridad del que es todavía segundo partido político de España en número de votos? Atento y circunspecto, presenciando algunos comportamientos díscolos de sus diputados que no siguieron la consigna («el imperativo», creo que nada categórico) de abstenerse. Don Javier, como representante máximo de un sector de PSOE que decidió permitir que Rajoy gobierne. ¡Cuánta costura rota! ¡Cuántos chirridos en la intrahistoria del partido!

En todo caso, lo cierto es que la mayor parte de las intervenciones de los portavoces que se opusieron a Rajoy, en la sesión del sábado, arremetieron sobre todo contra el PSOE, como principal responsable de que tengamos Gobierno del PP una legislatura más.

Era la parte más débil y vulnerable no sólo porque el partido está en horas bajas, sino también porque, con la defenestración de Sánchez, la militancia y los votantes de ese partido fueron tratados como convidados de piedra.

Se escenificó, pues, una sesión parlamentaria en la que el muñeco de pimpampum fue el PSOE.

Y esto alcanzó su grado más alto en la intervención de Rufián, la que más dio que hablar. Al parlamentario de ERC hay que reconocerle que su capacidad de síntesis para poner el dedo en la llaga, lanzando preguntas demoledoras, es proverbial. Frente a él, la respuesta del ahora portavoz parlamentario del PSOE, malherido en su credibilidad, resultó entre lastimosa y lastimera.

Las medias verdades

Me pareció deplorable la intervención del señor Matute, portavoz de Bildu. Y –entiéndaseme bien– estoy de acuerdo casi al cien por cien en la crítica tan severa que le hizo al PSOE. Lo que sucede es que, habiendo hecho un recorrido por lo que vino aconteciendo en las últimas décadas en el País Vasco y en España, sin hacer una sola mención a tiros en la nuca, a atentados en las calles y en grandes superficies, ese relato resulta intragable e inaceptable. La ceguera, la mudez y la sordera ante un terrorismo que duró décadas y que amedrentó a una sociedad es inadmisible e indignante. Al horror hay que mirarlo cara a cara. Siempre.

Rifirrafes

El terrorismo y la memoria. Hora va siendo ya de que no haya matices en cuanto a reconocer los estragos de ETA. Hora va siendo ya de que los unos no miren para otro lado cuando la historia muestra los crímenes y represiones del franquismo. Hora va siendo ya de que los otros dejen de ser generosos y olvidadizos con la barbarie que supuso el terrorismo etarra. Hora va siendo ya de que se reconozca el dolor y el horror de quienes lo sufrieron, y que esto no suponga algaradas en un parlamento democrático.

Y, a la hora de las puestas en escena, bueno sería que la vieja y la nueva política hiciesen suyo aquello que dijo Ortega en las Cortes Constituyentes de 1931: «Porque hay tres cosas que no hemos venido a hacer aquí: ni el tenor, ni el payaso, ni el jabalí».

Ténganlo presente, por favor.

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El PARIPÉ DE LA INVESTIDURA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-10-2016 | 09:46| 0

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“Existe una vieja fábula española que narra cómo los hombres de España resultaron gratos a la Virgen bendita y cómo ella  pretendió interceder ante el Todopoderoso  para cualquier cosa que pudieran desear. Ellos pidieron el mejor clima del mundo y el Todopoderoso concedió el deseo. Ellos pidieron los mejores caballos, espadas y cosas similares, y ellos las recibieron. Ellos pidieron las mejores canciones y los bailes más nobles, y éstos les fueron otorgados. Pidieron las mujeres más bellas y los hombres más valerosos, y éstos también les fueron concedidos. Finalmente pidieron el mejor Gobierno del mundo. El Todopoderoso volvió la cabeza   ¿Quién se creen que son?, preguntó a la llorosa Virgen. (Frank Jellinek).

Salvo sorpresas con las que no se cuenta, hoy tendremos un presidente de Gobierno que dejará de estarlo en funciones. Para ello, como bien se sabe, en el PSOE tuvieron que torcerle el cuello al cisne del ‘no’, decantándose por una abstención que saldrá a escena en el último momento. Y tal cosa se hace, según esgrimen, por responsabilidad, por visión de Estado, por patriotismo.

Fue un sábado, ya por la noche, cuando Pedro Sánchez dimitió tras perder sus bazas. Será un sábado cuando salga el humo de que, por fin, tendremos Gobierno. ¡Qué alivio! Fiebre sabatina en la política española, eso sí, sin baile.

Y, por otro lado, a poco que se haya seguido el debate del jueves en el Congreso, resulta muy difícil no preguntarse hasta qué extremo está siendo este país consciente de que estamos asistiendo a un paripé.

Veamos: el PSOE se sacrifica por España para que el país tenga un Gobierno, y ello lo hace orillando sus principios más sagrados. ¡Ay! Pero, al mismo tiempo, insistieron en todo momento en que van a ser la oposición, en que las políticas que defienden estos izquierdistas insobornables son antagónicas a las de Rajoy. ¡Madre mía!

Pero, miren ustedes por dónde, el propio Rajoy se encargó de dejarles claro de qué va esto, es decir, que permitir que se forme un Gobierno, sin que el tal reciba el más mínimo apoyo de quien lo facilita, al final, puede ser todo ello pólvora mojada, si llega a darse la circunstancia de que no consiga sacar adelante ninguna de las medidas de su programa.

¿No es una contradicción en toda regla posibilitar un Gobierno que, al final, no pueda gobernar?

Claro, siempre les quedarán coartadas de corto alcance, como decir que, gracias a ellos, se consiguieron Dios sabe cuántas cosas.

Pronto veremos si el PP y el PSOE, esto es, la vieja política, se entienden, escenificaciones aparte. En caso negativo, en caso de que Mariano Rajoy tire la toalla por falta de acuerdos, la ciudadanía tendrá que responder cuando sea convocada a una pantomima bufa y esperpéntica, que, en el mejor de los supuestos, sólo habría servido para algo táctico y no patriótico, o sea, para que el PSOE gane tiempo.

A propósito de patriotismo, sería muy recomendable que alguien leyese lo que el padre Feijoo escribió al respecto y que tanto asombró a Pérez de Ayala.

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LO QUE QUEDA DEL PSOE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2016 | 05:23| 0

Dejemos el solar del que habló don Javier Fernández y del que me ocupé en un artículo reciente. Ahora la decisión –o la indecisión– de facilitarle gobernar a Rajoy ya está tomada. Desde ese mismo momento, la cuenta atrás que dé salida –o lo emparede en una encrucijada– al PSOE se puso en marcha. Y las incógnitas se multiplican más que el pan y los peces.

De entrada, imperó, por decirlo de algún modo, la democracia orgánica. O dicho de otro modo, no se estaba por la labor de ‘podemizar’ el partido dando la palabra al conjunto de la militancia. Hay decisiones –o indecisiones– que corresponden a las altas esferas, se diría.

En un segundo término, el Comité Federal partía con un lastre del que resultaba imposible librarse. A saber; la forma en que se defenestró a Pedro Sánchez. Y, por otro lado, ese mismo comité meses antes había determinado un ‘no’ a Rajoy. Así pues, no es la coherencia la que parece imperar.

Se decidió, pues, una abstención incondicional, que, según cabe barruntar, es, sobre todo, táctica, pues ahí está el temor a un resultado catastrófico en el supuesto de que se celebrasen una terceras elecciones. Y, en ese caso, todos los argumentos que se esgrimieron desde el seno del partido contra el ex secretario general, argumentos basados en la pérdida continua de votos, quedarían manifiestamente invalidados.

En medio de todo esto, la crisis interna del PSOE está lejos de resolverse. Ahí están los parlamentarios que seguirán con su ‘no’ a Rajoy, salvo sorpresas de última hora, y ahí está el malestar de la militancia, que viene dado sobre todo por el hecho de que no se contó con ella.

Todo son incógnitas, repito. Más temprano que tarde, tendrá que celebrarse un congreso del partido. Está por ver si el señor González podrá seguir ejerciendo de reina madre. Está por ver si lo que salga de ese congreso será favorable a las tesis que vino sosteniendo la gestora. Está por ver quién ganará las primarias que tendrán que convocarse. Está por ver, incluso, si habrá o no escisiones.

Lo que queda del PSOE, de un partido que, desde mi punto de vista, en el que, insisto una y otra vez, hace mucho tiempo que sólo es de izquierdas en sus siglas. Porque, cuando se habla de Rajoy, como campeón de los recortes y de la corrupción, parece que se pretende soslayar lo obvio: que fue Zapatero quien se estrenó en materia de recortes y que el PSOE está salpicado por casos de corrupción desde el felipismo.

Lo que queda del PSOE. Se diría que esta abstención supone, además de otras cosas, un intento desesperado por preservar la vieja política, sí, la vieja política, que, entre otras cosas, no atiende a los cambios generacionales que llaman a la puerta, cambios generacionales a los que el partido de mayor recorrido en el tiempo en la historia de España les da la espalda.

Lo que queda del PSOE: un solar en el que no se sabe bien qué cimientos se pretenden instalar, cimientos que vayan más allá de tácticas de urgencia y de cegueras por pretender continuar algo que ya no se sostiene.

Veremos.

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