El Comercio
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Por la escalera de incendios
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Luis Arias Argüelles-Meres | 28-10-2017 | 03:50| 0

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Tras continuas idas y venidas del  Presidente de la Generalitat, el Parlament de Cataluña aprobó la resolución para declarar la famosa DUI. Lo han hecho, sí, pero la actitud de Puigdemont  fue, en el mejor de los casos, pusilánime, optó por zanjar el asunto saliendo por la escalera de incendios. Acalló, eso sí, a quienes podían reprocharle que al final los había traicionado. Pero, con su actitud hamletiana, a lo que da paso es a la incertidumbre y al caos.

No es de recibo declarar una DUI cuando los votos que representan sus partidarios no superan la mitad de los sufragios. No es de recibo afirmar que el referéndum de 1-O refleja la voluntad de la mayoría del pueblo catalán, entre otras razones, porque no se dieron ni de lejos las condiciones mínimas para considerarlo válido. Se podrá argüir que tampoco se les permitió hacerlo. Pero entonces tocaría abrir un periodo de negociaciones en busca de acuerdos mínimos. Lo que resulta insufrible es esa cerrazón de aferrarse a una falacia.

Tampoco cabe tomar como pretexto la aprobación de la puesta en marcha encaminada a aplicar el famoso artículo 155 de la Constitución. Cuando esto no estaba aún sobre la mesa, el discurso era el mismo.Se sabe que la DUI no sería efectiva. Pero es indudable que, con ella, la conflictividad  está garantizada.

Por la escalera de incendios se salió Puigdemont. Quienes apostaron por la independencia se sirvieron del descontento que no sólo es fruto del desapego entre Cataluña y España. Y se condujeron con un frenesí apabullante y abrumador hasta un extremo que hacía muy difícil reconducir la situación hacia un escenario de diálogo. Cuando fueron a darse cuenta, ya era muy difícil retroceder. Y, así, se decantaron por lo fácil, sin grandeza alguna.

En efecto, estamos viviendo la mayor crisis desde la muerte de Franco a esta parte. Y además esto sucede en un momento en el que la mal llamada clase política es más mediocre que nunca.  Todos –unos más que otros- nos han conducido al atolladero en que nos encontramos.

De todas las opciones disponibles, sin duda, la mejor hubiera sido convocar elecciones por parte del Ejecutivo catalán, unas elecciones con garantías, que, desde luego, tampoco garantizarían la resolución del conflicto, pero, al menos, nos hubiéramos ahorrado huidas hacia adelante como las protagonizadas por todo el bloque independentista y también la situación excepcional que se creará a partir de ahora con la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Me gustaría creer que no se va a seguir jugando con los sentimientos de las personas, que no se va a enfrentar a una sociedad, que de esta situación límite saldremos fortalecidos. Pero no hay motivos fundados para el optimismo, cuando el principal responsable político de Cataluña no da la cara tras continuos titubeos, cuando en el ámbito estatal la torpeza no está ausente.

Seguiremos asistiendo a continuos desencuentros, que sería deseable que al menos sirviesen para que el electorado tomase la palabra poniendo a cada cual en su sitio. Pero está por ver hasta cuándo se va a seguir celebrando la ceremonia de la confusión, hasta cuándo se va seguir esperando para que la ciudadanía recupere su protagonismo.

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Grotesca vida pública
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2017 | 07:45| 0

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Ese rostro airado de don Hermógenes Fernández Villa, amenazando a un fotógrafo de EL COMERCIO, representa, además de otras cosas, lo grotesca que puede llegar a ser nuestra vida pública. Se entiende que a este versallesco ciudadano le incomodase tener que acudir como testigo ante la juez que investiga el origen de la fortuna de su hermano. Estaba en su perfecto derecho de no querer hacer declaraciones a la prensa, es obvio. Pero no es admisible bajo ningún concepto esa actuación tan fuera de lugar.

Alguien dijo que, de entre todas las enfermedades de transmisión sexual, la verdaderamente incurable es la familia. Por eso, nadie está libre de tener familiares impresentables. Distinta cosa es que, tratándose del asunto que aquí nos trae, la sociedad tenga que tragarse lances como el protagonizado por don Hermógenes.

¡Ay, la familia! O sea, que también nos toca sufrir a los familiares de determinados personajes de la vida pública. En algunos casos, por el nepotismo de ciertos mandamases. En otros, por los comportamientos que observan. De verdad, esto no es justo.

No sólo tenemos que padecer las consecuencias, morales y materiales, de todas las corruptelas que en Asturias vienen siendo en los últimos años, sino que además, a todas esas grandes alegrías, se suman espectáculos tan grotescos como el que tuvo lugar el 23 de octubre a las puertas de la Audiencia Provincial. La ciudadanía nada malo les ha hecho. Nada les debemos. Pero nos cae la desgracia de tener que soportarlos.

Así las cosas, nos toca pagar y nos toca como propina tener noticia de episodios que no sólo reflejan la picaresca de la vida pública, sino también la chabacanería a la que se ha llegado.

La imagen de la que venimos hablando, la de este honorable señor con su amenaza, con su ira, se suma a la larga serie de episodios desmoralizadores y de brocha gorda que vienen sucediendo en Asturias en los últimos tiempos.

Al final, lo único que sabemos es que otro familiar del otrora poderoso sindicalista y político, que también acudió a declarar, doña Asunción Fernández Villa, desmiente a don José Ángel, pues, según ella, cada hermano heredó 30.000 euros, cifra sensiblemente inferior a la que señaló el antiguo líder del SOMA.

O sea, que tenemos motivos para la indignación y para el bochorno, por mucho que nos pueda resultar hilarante el circo que se nos brinda.

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¿EL 15-M ERA ESTO?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-10-2017 | 10:01| 2

«A menudo encontramos nuestro destino en los caminos que tomamos para evitarlo» (Jean de la Fontaine).

No puedo dejar de preguntarme cómo es posible que, para Podemos, el hecho de hablar en catalán llegase a ser una suerte de salvoconducto que librase a quienes utilizan ese idioma de pertenecer a lo que ustedes llamaron, con acierto, la casta política. No sólo entiendo, sino que además suscribo la inmensa mayoría de las críticas que su partido viene haciendo tanto al PP como al PSOE. Pero le aseguro que soy incapaz de encontrar una explicación cabal a su ausencia de crítica al movimiento independentista en Cataluña.

Por lo que vengo leyendo, sólo hay un desacuerdo importante entre su partido y el bloque independentista catalán, y ese desacuerdo se refiere a que ustedes no se suman a esa especie de mantra en virtud del cual hay que considerar que el resultado del referéndum del uno de octubre es un mandato democrático que obliga a proclamar la famosa DUI, algo tan insostenible como delirante.

Para ustedes, el PP, el PSOE y Ciudadanos forman un ‘bloque monárquico’, del que se sienten claramente alejados. Yo también. Pero, según ese planteamiento, habría que concluir que el resto de las formaciones políticas son republicanas, especialmente su partido. Lo cierto es que acerca de su teórico republicanismo se suscitan muchas dudas. Lo cierto es que, en estos momentos, ERC, que tuvo tantos vínculos con el republicanismo español, no tiene a bien liderarlo, puesto que sus afanes y desvelos vienen dados por la independencia de Cataluña, y no por un Estado republicano en España.

¿EL 15-M era esto, señor Iglesias? ¿Tanto les cuesta a ustedes reconocer que el nacionalismo catalán, especialmente CIU, que actualmente se denomina PDeCAT, incurrió a lo largo del tiempo en trapisondas, corruptelas y caciquismos de forma no menos descarada que los dos grandes partidos en el ámbito estatal?

Como usted sabe, hace 40 años, un 23 de octubre, regresaba a Barcelona Tarradellas, al frente de la Generalitat, por cierto, la única institución existente en la II República, que tuvo cabida en la Restauración borbónica que comenzó tras la muerte de Franco. Y, desde luego, lo del tres por ciento, el caso Palau, las fortunas en Andorra y demás historias nada tienen que ver con lo que representaba aquella legendaria figura del catalanismo.

Por otra parte, no es fácil entender que aquel movimiento del 15M del que ustedes fueron abanderados haya cambiado tanto en tan pocos años. ¿Dónde hay que poner el énfasis, señor Iglesias? ¿Acaso todos los sufrimientos que acarreó y sigue acarreando la crisis tienen que aparcarse dejando sitio a su ausencia de crítica hacia unas formaciones independentistas que culpan de todos los males a los partidos estatales y que, llegado el momento, sostienen, que se diría ahora, un relato cuyo guion se está volviendo mucho más complejo de lo anunciado?

¿El 15 M era esto, señor Iglesias? ¿La casta política atañe a sólo a los que hablan la lengua del imperio? ¿Se ha tomado la molestia de leer a un asturiano residente en Cataluña, a un asturiano que responde al nombre de Gregorio Morán, cuyo cese como colaborador en un prestigioso diario catalán le fue comunicado por burofax?

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La verdad sospechosa: Sobre el libro “Renedo no es un caso”, de Ramón Muñiz
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-10-2017 | 00:02| 0

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Lope de Vega, en uno de sus sonetos memorables, hablaba de que, entre las muchas contradicciones que nos puede provocar el amor más desquiciante, podíamos llegar a “creer sospechas y negar verdades”. Pues bien, en Asturias, a partir del ingreso provisional en prisión de los principales encausados en el llamado caso Renedo, a principios de 2011,  la percepción de la política llariega dejó de ser ingenua. La verdad, que diría Ruiz de Alarcón, se hizo sospechosa.

Y es que la imagen de Riopedre entrando en prisión, además de estupor y sorpresa, supuso un mazazo mucho más fuerte que el sufrido muchos años antes por el desolador ridículo que padecimos a resultas del llamado Petromocho.

“Renedo no es un caso” va mucho más allá de los hechos propiamente dichos, contextualizándonos admirablemente desde las primeras páginas en las que recuerda aquella Asturias de 2007, en la que Areces ganó por tercera vez las elecciones autonómicas, en la que los datos del paro no eran, ni de lejos, tan angustiosos como ahora, en la que las pensiones que aquí se percibían estaban entre las más altas de España. Y la corrupción política, según se decía oficialmente, no nos golpeaba. Pero sería al final de aquella última Legislatura de Areces cuando todo esto se destaparía, de tal manera que ningún doctor Pangloss sería bien recibido por la opinión pública.

Y, en efecto, el llamado caso Renedo es mucho más que un caso cuantitativamente hablando, pues, de entrada, estamos hablando de dos consejerías que, eso sí, comparten, en los hechos que fueron juzgados, las mismas empresas que fueron colaboradoras necesarias e imprescindibles de lo acontecido.

Pero también es mucho más que un caso aislado de corrupción cualitativamente hablando, entre otras cosas, porque, a la vista de lo conocido y sentenciado, cabe albergar la sospecha de que haya podido haber episodios similares tanto en la Administración Autonómica, como también -¡ay!- en la Administración Local. Sin ir más lejos, el empresario de Igrafo le contó al autor del libro que habían tratado con casi todos los Ayuntamientos asturianos.

Por otra parte, entre los muchos aciertos de este libro, hay que anotar que están muy bien contados los lances y percances que tienen que ver con las personas que utilizó la señora Renedo para operar con cuentas bancarias que tenían la identidad de dos ciudadanas que desconocían por completo que se estaban utilizando sus nombres como tapadera. Tanto la anciana que vivió sus últimos años teniendo que utilizar una silla de ruedas como la empleada de unos grandes almacenes nos son presentadas en esta ópera prima de Ramón Muñiz como personajes que despiertan ternura y admiración.  Lo mismo podría decirse del inspector de policía que investiga quién puede estar detrás de estas operaciones bancarias.

Leyendo este libro, no sólo obtenemos una información muy completa y clara de lo acontecido, sino que, siguiendo el relato que aquí se nos cuenta, nos adentramos en el sentir y en el pensar de los principales protagonistas, de quienes hace semblanzas memorables, especialmente de la personalidad de la alta funcionaria, subida siempre a unos vertiginosos tacones, angustiada cuando puede ser descubierta, derrotada tras su destitución.

En cuanto a Riopedre, mucho más hermético, se describe su trayectoria pública, sus silencios, su aparente sobriedad, sin perder de vista las maniobras que llevó a cabo relacionadas con la empresa de su hijo. Se nombraban 69 asesores en la Consejería sin concurso de méritos, sin dar explicación alguna, al tiempo que se tramaba lo que en el juicio se puso de manifiesto.

Asimismo, están envidiablemente descritos las personalidades y avatares de los dos principales empresarios encausados. No se pierdan conocer cuál es la lectura preferida del señor Muñiz.

De las sospechas a las verdades. En 2007, persistía un discurso idílico y en 2011, la prosaica realidad lo enterró por completo.

De las sospechas a las verdades. No sólo hemos sido ingenuos colectivamente hablando, sino que además no supimos o quisimos ver –unos mucho más que otros- que la forma de operar en la Administración autonómica permitió que pudieran suceder estos acontecimientos que nos abochornaron.

El libro de Ramón Muñiz, más allá de la crónica periodística, da cuenta de forma pormenorizada, contextualizada, ágil y amena, de unos episodios que forman parte de nuestra historia más reciente. De obligada consulta para conocer el final de días y años de vino y rosas, un final que acabó con el bipartidismo en Asturias, un final en el que Cascos irrumpió de nuevo en la vida política asturiana, prometiendo acabar con aquel “pacto del duernu” que, sin duda, existió.

Libro, en fin, logrado literariamente, sobradamente documentado, a lo que hay que añadir ambición narrativa, voluntad de estilo y rigor.

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DE FALACIAS Y CENIZAS
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-10-2017 | 08:43| 0

«Y el ser viviente sufra el infierno de estar vivo en medio del fuego inicial sin espacio respirable, ése que cuando estaba arriba en su inmediato cielo era lo que ante todo y sin pena alguna se le daba: su morada». (María Zambrano).

El lunes 16 de octubre podría llegar a ser definido, en Asturias y en Galicia, como el día en el que el amanecer se resistió tanto y tanto a manifestarse. La víspera estuvo marcada por los prolegómenos anunciados: la respuesta de Puigdemont al requerimiento del Gobierno de Rajoy.

Víspera de falacias, cuando el Presidente catalán, en un alarde de ceremonial de la confusión, dijo torticeramente que Companys había sido víctima en su momento de la legalidad establecida, cuando en realidad aconteció todo lo contrario: fue el bando de los sublevados contra el Estado Republicano quien decidió dar muerte al expresidente de la Generalitat. Desde luego, no son comparables aquella República y el actual Estado, pero no resulta admisible el planteamiento del dirigente catalán 24 horas antes de su respuesta a Rajoy.

Víspera de falacias y día de fuego y cenizas en Asturias. Sobrecogedor resultó el olor a humo y las partículas grises cubriendo los coches. Desolador fue un amanecer en el que los pájaros no cantaron, en el que la noche no podía irse a resultas de unos incendios horrendos.

La Asturias del suroccidente, esa geografía del abandono a la que me vengo refiriendo desde hace años en mis artículos, está siendo arrasada por el fuego. Colegios cerrados, pueblos cercados, bosques ardiendo. La Asturias del suroccidente en situación similar a la que vienen sufriendo Portugal y Galicia. El fuego es invasor y se cobra víctimas fáciles como son los territorios en los que cada vez es menor la presencia humana.

¿Cómo no recordar cuando ardió el Valledor? ¿Cómo no tener presente que la despoblación creciente convierte el terreno en yesca tan pronto el fuego se le acerca?

Porque, aquí, tenemos dos grandes problemas. Primero, los desaprensivos que parecen gozar quemando lo que es de todos. Segundo, la despoblación creciente que convierte en matorral terrenos fértiles y hasta paradisíacos. Contra los primeros, sólo cabe que la ley se encargue de ellos, una vez mostrada su culpabilidad. Contra lo segundo, resulta desesperante que se hable de políticas contra el declive demográfico, cuando la realidad demuestra que la despoblación no sólo no se detiene, sino que además aumenta cada año. Cuando la realidad demuestra que la madre de todas las reconversiones sigue pendiente en Asturias, esto es, la reconversión de la mal llamada clase política.

Falacias de Pugdemont en la víspera de un día en el que la congoja se adueñó de Asturias: las cenizas llegaron a las localidades más pobladas y céntricas de nuestra tierra. Se diría que eso fue un SOS desesperado y desesperante del suroccidente asturiano, porque, en día como hoy, podría aplicarse el tópico de que el 16 de octubre todos somos esa geografía del abandono, esa agonía lenta y cruel de una Asturias despoblada a resultas, entre otras cosas, de determinadas políticas que, desde hace décadas, no hicieron más que incidir en un aislamiento suicida de determinadas comarcas.

Estamos asistiendo no sólo al circo de una política demencial y falaz, sino que además hoy nos tocó presenciar escenas de un futuro devastado.

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TRES DÍAS DE OCTUBRE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-10-2017 | 05:46| 0

Del júbilo a las lágrimas entre los independentistas

Víspera de la comparecencia del Presidente  Puigdemont en el Parlamento catalán. Toda la atención puesta en lo que ocurriría 24 horas después no sólo por la importancia del discurso anunciado, sino también por las muchas dudas que había al respecto. Porque, si bien estaba en el guion que se proclamaría la famosa DUI, los acontecimientos de los últimos días daban pie a que pudiera haber sorpresas.

En esa jornada de máxima expectación, se puso de manifiesto una vez más la mediocridad de la mal llamada clase política, acompañada de una ignorancia manifiesta en materia histórica. Verbigracia: las declaraciones del señor Casado en las que advertía a Puigdemont que podía correr la misma suerte que Companys. Claro, se refería a 1934 cuando fue detenido el entonces President de la Generalitat, pero todo el mundo recordó el fusilamiento del que fue víctima el mandatario catalán en 1940. Asimismo, desconocía el señor Casado que en el 34 lo que proclamó Companys no fue la independencia de Cataluña, sino un Estado catalán dentro de España. Un patinazo más que nos lleva a preguntarnos de nuevo si nos merecemos estos políticos.

Y, a propósito  de octubre del 34, nadie tuvo a bien recordar que en aquellos días fue detenido don Manuel Azaña, que había acudido a Barcelona al entierro de un ex ministro suyo, del señor Carner. No había prueba alguna contra don Manuel, ni tampoco se siguió un procedimiento legal. A resultas de su detención, el estadista republicano escribió un excelente libro salpicado de lúcidas reflexiones, “Mi Rebelión en Barcelona”. Su lectura provocaría asombro por la actualidad de muchos de sus planteamientos.

10 de octubre. Día D, en el que la hora H se retrasó, parece ser que como consecuencia de la falta de acuerdo entre los socios del Ejecutivo catalán. Puigdemont, tan pronto declaró la DUI, o hizo atisbos de ello, la suspendió, según sus propias palabras, para abrir el cauce a un diálogo que incluya mediación. O sea, independencia a plazos, independencia en diferido, independencia como un suspiro, también en el tiempo. Estuvo fino el señor Iceta al plantear al Presidente catalán que no se puede suspender una DUI que, al final, no se declaró formalmente.

11 de octubre. No deja se der paradójico que el destino haya querido que precisamente el señor Rajoy le exija a alguien que conjugue el verbo concretar. Al mismo tiempo, se tienen muchas dudas acerca de los derroteros que seguirá la CUP tras el desconcierto que provocó el discurso del Presidente catalán. Por cierto, fue llamativo que la portavoz de la CUP hiciese una reivindicación de la 2ª República española como punto de partida de lo que pretenden crear en Cataluña. Desde luego, no leyó a Azaña la diputada de la CUP. Por su parte, el señor Junqueras descarta que se vayan a convocar de inmediato elecciones en ese territorio.

11 de octubre. En el Parlamento español, Rajoy abre la sesión con un requerimiento a Puigdemont. Lo dicho: el propio don Mariano requiriendo que se conjugue el verbo concretar. A la espera de ello, vendría, se supone, la aplicación o no del artículo 155 de la Constitución. Farragosa intervención de la señora Robles, que escabulló las sombras del PSOE desde la transición a esta parte. Pablo Iglesias, por su parte, más moderado que nunca en el tono, incurrió en la ironía, lo que siempre se agradece, hablando de Rivera y de Aznar como hostiles, en el fondo, a Rajoy.

11 de octubre. Alguien tendría que darse cuenta de que, con el referéndum del día 1 de octubre, no se puede emprender camino alguno, entre otras cosas, porque nadie podrá reconocer que se celebró con las garantías mínimas. Alguien tendría que saber reconducir la situación también desde las instituciones estatales.

11 de Octubre, víspera de la Hispanidad. Bueno sería, incluso fantástico, que resucitase, también en las actitudes de todos, la España plural, con la Cataluña plural dentro. Desde luego, la DUI en diferido no es la desembocadura del conflicto, sino la continuidad, una continuidad que no genera menos incertidumbres que las hasta ahora existentes.

Tres días de octubre. ¿Vísperas de qué?

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Ante la musa del escarmiento
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-10-2017 | 02:49| 0

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“A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre”. (Pio Baroja).

Sí, hablo de la musa del escarmiento, la misma que invocó Azaña en uno de sus discursos más sobrecogedores cuando imploraba la paz, la piedad y el perdón. Sí, hablo de esa musa que, en términos históricos, no parece servir de mucho ante el conflicto que se vive en Cataluña. Por ello, ante la incapacidad manifiesta de extraer lecciones de la historia, sólo cabe apelar al escarmiento más reciente, a los tensos momentos que se vivieron el uno de octubre. Escarmiento que debería servirles a los unos y a los otros para percatarse de que el problema en Cataluña no podrá ser resuelto con medidas de orden público y que, sin el diálogo, vamos camino de una encrucijada aún mayor.

Estamos asistiendo a la fractura de una sociedad, a la ruptura de un pacto político que fue operativo durante décadas. Al tiempo que esto sucede, nos vamos acercando peligrosamente a una situación en la que las banderías den paso al odio y a las peleas más pueblerinas. Ese flamear de unas y otras banderas, esos topicazos de los unos contra de los otros. Ese juego tan arriesgado que consiste en valerse de los sentimientos de las personas, sentimientos atávicos y tribales que nos retrotraen a anacronismos funestos.

Tenemos, de un lado, el histerismo de los dirigentes independentistas que están situados en plena “posverdad” en el momento mismo en que el Presidente de la Generalitat se atreve a manifestar que los resultados del referéndum del 1-O son válidos y vinculantes. Frente a ellos, contamos con un Rajoy que sólo supo responder con medidas de orden público y que no tuvo a bien dirigirse a la sociedad catalana con una propuesta mínimamente persuasiva y que, desde hace años, con su torpeza, está colaborando continuamente en que el independentismo catalán se incremente sin cesar. Y, en medio de todos ellos, están los ingenuos que hablan de un federalismo, que no siempre parecen conocer muy bien, como la solución perfecta. A estos últimos, les sugiero un tránsito por la historia para que comprueben que las cosas no son tan simples.

Y, por otra parte, la alocución del Jefe del Estado, en la que no apeló al diálogo, puede que haya servido para acallar los planteamientos que hablaban de su ausencia del conflicto, pero tampoco despeja ningún camino.

Seguramente, esto no haya hecho más que empezar. Seguramente, asistiremos a la declaración de independencia por parte de las instituciones catalanas. Seguramente, habrá más movilizaciones. Y no se vislumbra es escenario alguno de negociación, que calme el histerismo de los dirigentes catalanes y que lleve a las autoridades estatales a otras medidas distintas a las que pusieron hasta ahora en práctica.

¿Hace falta una inteligencia privilegiada para ser conscientes de que el incesante incremento del independentismo en Cataluña no se resuelve sólo con medidas de orden público y con apelaciones a la ley y el orden? ¿Hace falta insistir en el clamor de que lo que toca es la política? ¿Hace falta recordar que aquí se abrió la caja de Pandora irresponsablemente y que  tal cosa les puso las cosas muy fáciles a unos dirigentes independentistas que, en conjunto, no son menos mediocres que los políticos estatales?

Llega la hora de la Política con mayúsculas. Lo peor de todo es que necesitaríamos unos políticos que estuviesen muy por encima de la mediocridad que predomina en este momento.

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Javier Fernández y sus recordatorios
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Luis Arias Argüelles-Meres | 03-10-2017 | 09:00| 0

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En su discurso en el Calatrava, el Presidente de Asturias hizo una loa a la lealtad, se envolvió en sus recuerdos y el pasado no fue un aderezo, sino que constituyó el eje central de sus palabras. Lo llamativo del caso es que, si bien es cierto que fue un ceremonial de despedida como máximo dirigente de la FSA durante los últimos 17 años, todo parece indicar que tiene voluntad de seguir gobernando Asturias hasta el fin de la Legislatura. O sea, fue un ritual de los adioses como líder del socialismo llariego, pero no una retirada como gobernante. Y eso tiene que ser conflictivo no sólo para el propio Fernández en su fuero interno, sino también para su propio partido en Asturias.

Loa a la lealtad, alusión a traiciones, metáfora de navegación con iceberg al fondo, rechazo del maniqueísmo, renuncia a la utopía. Discurso, como casi todos los suyos, muy elaborado, sin renunciar al lucimiento oratorio. Pero, ante todo y sobre todo, expresión de sufrimiento.

No solo habló el líder del socialismo asturiano durante los últimos 17 años, también lo hizo el dirigente socialista que se puso al frente de la gestora estatal, apostando por la opción más conservadora del partido, o, en todo caso, por la más antigua.

Javier Fernández, un político de otro tiempo que transitó desde el bipartidismo hasta el momento actual. Un fin del bipartidismo que en Asturias tuvo su hecho diferencial con la irrupción de Cascos, que, como él, venía de la vieja política. Un fin del bipartidismo que tiene que seguir lidiando con lo que significa Podemos en Asturias y en España.

Por otra parte, ¡qué clarificadora fue la carga emotiva de sus palabras cuando se refirió a Martínez Noval! Porque no hay que olvidar que durante 11 años Javier Fernández apostó por la bicefalia, esto es, siendo el máximo dirigente de la FSA no presidió el Gobierno de Asturias. Daría el salto en 2011, encabezando la candidatura socialista en Asturias y sería investido presidente en 2012 tras el adelanto electoral que decidió Cascos.

Así pues, dos etapas en su mandato al frente de la FSA. Pero a partir de 2011 no solo se rompió el bipartidismo en Asturias, sino que además empezaron los escándalos de corrupción con el ‘caso Renedo’ primero, con la fortuna de Villa después, con los dineros de cursos de formación de la UGT… De todos ellos, lo más doloroso fue lo de Villa, amigo personal y mandamás del partido que lo aupó a la secretaría general de la FSA.

Seis años lleva Javier Fernández soportando que el bipartidismo ya pasó a  la historia, algo que, como bien sabe el propio interesado, es irreversible. La gran incógnita es si los dos años que le restan al frente del Gobierno de Asturias serán de resistencia, de trámite, o si, antes bien, se asomará a un presente en el que no parece sentirse muy cómodo. Lealtad a un pasado cargado de episodios que le duelen. Brega con un presente que no le resulta cómodo.

Sin duda, motivos más que sobrados tiene para la congoja.

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¿Estadistas?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-09-2017 | 04:01| 0

Al final del artículo de opinión más influyente de la historia de España, Ortega hacía una invocación a reconstruir el Estado, o sea, a reinventar España. ¿Cómo no recordar el dramático llamamiento del filósofo en la encrucijada que estamos viviendo? ¿Cómo podemos evitar la desolación ante la ausencia de verdaderos estadistas en nuestra vida pública? Por un lado, tenemos la deriva de un independentismo que no ceja en su empeño de celebrar un referéndum que no podría cumplir las más elementales garantías democráticas. Frente a ello, está un Gobierno central que lo deja todo en manos del ámbito judicial y policial, sin espacio para la política. ¿De verdad alguien puede creerse que el problema catalán es un asunto de orden público, solo de orden público?

¿Tan difícil es percatarse del cúmulo de despropósitos y torpezas que hizo que el independentismo aumentase exponencialmente en Cataluña en los últimos años? ¿Tan difícil es caer en la cuenta del escapismo del discurso nacionalista, cerrado a cal y canto a negociar con el Gobierno y los partidos estatales los cambios necesarios para habilitar un marco político que permita salir de la actual situación?

¿No tendría que haberse acordado ya una propuesta conjunta por parte de los partidos estatales para buscar acuerdos con las formaciones políticas catalanas?

¿Cabe albergar la esperanza de que, tras el uno de octubre, la situación se desbloquee? Aún así, en el caso de que llegue a buen término la más favorable de las hipótesis, siempre habrá que lamentar que se haya tenido que llegar a una situación límite para que se entablen unas negociaciones que pongan fin a una situación de bloqueo que se pudo haber evitado.

Lo cierto que, hasta el momento, ni en la política española, ni tampoco entre las formaciones políticas nacionalistas, se percibe la presencia de dirigentes con visión de Estado. ¿Se merece el pueblo catalán estar sometido a estas prisas y a estos desafíos a resultas de la efervescencia de sus dirigentes políticos? ¿Se merece el pueblo español un Gobierno que en momento alguno haya optado por ejercer mínimamente una pedagogía política que plantease a la ciudadanía catalana opciones y argumentos para que el independentismo dejase de incrementarse de la forma en que lo vino haciendo en los últimos años?

Por desgracia, en lo que se refiere a la mal llamada clase política, no hay hecho diferencial entre la política española y catalana. Por desgracia, les aquejan los mismos males, entre ellos, la alarmante mediocridad que exhiben cada día. Por desgracia, para manejar una situación como ésta, se necesitarían dirigentes con talla y hechuras de estadistas.

Cuando, a finales de 1930, Ortega hizo su invocación a reconstruir el Estado, sí había gentes con esas hechuras fuera de lo que el filósofo llamaba la España oficial. Pero  me temo que ahora habría que buscar como Diógenes a gentes con visión de Estado capaces de superar la situación. Y dudo mucho que la búsqueda resultase exitosa.

Hacen falta estadistas en un país en el que no se quiere aprender del pasado, como en su momento advirtió Azaña. Y, a resultas de ese desconocimiento, toca reinventarse una vez más, pero esta vez sin guionistas ni actores que inviten a la esperanza.

La cita con la historia y con la responsabilidad llama a la puerta, será, insoslayablemente, el 2 de octubre.

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¿Había que llegar a esto?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-09-2017 | 06:27| 1

La noticia de la detención de 12 cargos de la Generalitat por parte de la Guardia Civil, aparte de la extrema gravedad que ello supone, da cuenta de que hemos llegado a una situación que se antoja casi imposible de reconducir. Dejando de lado las cuestiones legales que han llevado a esto, estamos viviendo un momento histórico de un dramatismo tremendo en lo que se refiere a la situación política del país.

Por favor, no nos confundamos. Lo esencial aquí no es desmontar los argumentos de los políticos de turno, tanto del independentismo como de los más ortodoxos defensores de la unidad patria. Para ambas cosas no hace falta demasiado ingenio. Aquí lo que está en juego es que hay una ciudadanía, la catalana, que cada vez está más por la labor de independizarse de España. Y, para resolver el problema, no basta con que se tomen medidas amparadas en el cumplimiento de la ley.

Sería muy sencillo hacer un pequeño recorrido en el tiempo que plasmase el continuo incremento del independentismo entre la ciudadanía catalana. Y, por otro lado, no deja de ser cierto que esto está siendo aprovechado por quienes buscan su huida hacia adelante intentando tapar sus miserias y corruptelas. Pero, insisto, el busilis no está en una trifulca entre políticos, sino en el sentimiento de una ciudadanía que cada vez se decanta más por el independentismo. Y esto –perdón por la perogrullada– no se puede ignorar y cada vez es más difícil de revertir.

Por otra parte, resulta desolador que una situación como ésta se produzca en un momento en el que la vida pública, a ambos lados del Ebro, está marcada por la mediocridad más ramplona.

Victimismo de unos que, como se dice ahora, rentabilizan políticamente. Inmovilismo de otros que, como viene siendo público y notorio, no tienen a bien hacer pedagogía política dirigiéndose a la sociedad catalana. No basta con aplicar la ley desde Madrid si se pretende evitar el creciente desapego. No vale soslayar ahora que se fomentó el anti-catalanismo buscando obtener con ellos más votos en el resto de España.

Desde luego, las patrañas de uno y otro lado resultan intragables. Desde luego, no se es más de izquierdas por reclamarse más nacionalistas. Desde luego, el llamado derecho a decidir no debe ceñirse en exclusiva a los territorios, sino a otras muchas cosas que marcan nuestro día a día.

Desde luego, el haber mirado hacia otro sitio sin haberse tomado la molestia de poner sobre la mesa argumentos convincentes facilitó y está facilitando la tarea de los independentistas.

Desde luego, pase lo que pase, lo más terrible es que todo esto ya llegó demasiado lejos.

Desde luego, pase lo que pase, cuando llegue el 2’ de octubre el panorama estará muy lejos de verse despejado.

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