El Comercio
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¿El adiós de Cajastur?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-03-2016 | 02:30| 0

Día 28 de marzo, hora del vermú, Cornellana. Desde la terraza de la cafetería que está frente a la oficina de Cajastur, veo a unos operarios cambiando los rótulos. Finalizan su tarea y lo que más salta a la vista es un nuevo nombre: Liberbank.  Hay poco trasiego. Pero, aun así, no puedo dejar de preguntarme cómo asumirá la mayoría de la clientela este cambio. Y, sobre todo, lo verdaderamente notorio del caso es que, cuestiones formales aparte, esto se vive como un adiós a una entidad financiera omnipresente en Asturias a lo largo de muchísimo tiempo.

En este caso, no se trata de un episodio que tenga como protagonista a la piqueta cometiendo una barbaridad estética. Es muy distinta cosa. Se trata de la consecuencia de una decisión política que se tomó hace ya unos cuantos años en virtud de la cual las Cajas de Ahorro ya no tienen continuidad tal y como fueron concebidas. Decisión política, conviene repetirlo, a nivel estatal. Lo notorio del caso, como ya escribí, es que en Asturias se haya aceptado con tanta docilidad sin poner el más mínimo reparo, al menos teórico, a ello.

Miren, no es nostalgia el sentimiento que me suscitó contemplar esa operación de cambios de rótulos, sino algo mucho menos dulce: de un lado, el convencimiento de que en esta tierra apenas quedan referentes empresariales de largo recorrido en el tiempo. No sostenemos lo nuestro. Y, por otra parte,  no me puede resultar indiferente la resignación general ante el referido cambio.

No llovía en Cornellana el 28 de marzo a la hora del vermú. El Narcea y el Nonaya bajaban crecidos y sus aguas presentaban la inequívoca tonalidad que es propia de días de deshielo. Y, a pesar de su enorme caudal, se percibe que las piedras del río relucen por su blancura.

De vez en cuando, se dejaban notar –y mucho- rachas de viento endiabladas, que, al menos, acompañaron a los malestares que podían provocar los cambios de rótulos en la referida oficina bancaria.

Y es que no puedo dejar de pensar en la confusión que muchas personas sentirán al ver que su oficina de toda la vida exhibe un nombre extraño, que suena raro,  que nada tiene  que ver con lo que conocieron e hicieron suyo desde siempre, incluso sus antepasados.

¿Por qué en tiempos como los presentes, marcados por una crisis que está muy lejos de quedarse atrás, se toman decisiones estatales que van en detrimento de los fines sociales de unas entidades bancarias nacidas sobre todo para la protección de las personas más desfavorecidas?

Y, además, el haber presenciado esto que les cuento en una localidad perteneciente a un mundo rural que se va despoblando hace aún más fuerte la zozobra que provocan acontecimientos de este tipo.

Un señor se baja de la bicicleta al lado de la oficina bancaria. Observa en silencio el resultado final de la tarea. Veo que no entra en la entidad bancaria. Conversa con un viandante, mirando los dos el cambio que acaba de tener lugar.

El sol se abre camino. Dejo la terraza. Al arrancar el coche, echo un último vistazo.

Algo cambió en Cornellana. Y en Asturias

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Caso Renedo: El tamaño sí que importa
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-03-2016 | 13:03| 0

Estamos en vísperas de un juicio que, en muchos sentidos, nos sobrepasa. De entrada, don José Antonio Soto-Jove, presidente de la Audiencia Provincial de Asturias, declara que el espacio del que se dispone se quedará pequeño, por lo que habrá que arbitrar otras medidas para albergar todo lo que el caso conlleva. Y, por otra parte, según se van conociendo noticias acerca de las facturaciones irregulares en muchos centros de enseñanza, además de sonrojo e indignación, nos vamos haciendo a la idea de las dimensiones escandalosas del asunto que aquí nos trae.

Miren, sin entrar en otras consideraciones que ya habrá ocasión de abordar, estamos hablando de un tiempo en el que se cerraron colegios rurales, aduciendo para ello que el número de escolares no era el suficiente para mantenerlos abiertos, y, al tiempo que se hacía eso, se perpetraban las presuntas irregularidades con pagos y obras. De aquello no se beneficiaba la comunidad escolar, desde luego, sino empresas y cargos públicos, cargos públicos que además se reclamaban de izquierdas y se declaraban heroicos defensores de la enseñanza pública. Si esto no es vomitivo, que vengan los referentes históricos de la izquierda y lo vean, los dirigentes históricos y el gran número de personas que lucharon por defender unas ideas, arriesgando en ello en su momento sus libertades, cuando no sus vidas.

En efecto, el tamaño sí que importa. Asturias es muy pequeña para que determinados comportamientos hayan generado un juicio de esta envergadura. En efecto, se cerraron colegios en localidades muy pequeñas como el que había en el pueblo tinetense de Los Semellones, obligando a los escolares a madrugar más para acudir al colegio donde los destinaron. Y aquello en su momento provocó que el entonces alcalde de Tineo, que pertenecía también al PSOE, se manifestase en contra de semejante medida a la que, según atestiguan las hemerotecas, calificó de «ratería». ¡Qué cosas!

Lo dicho: el tamaño sí que importa. En una comunidad autónoma, pequeña y ya entonces en pleno declive demográfico, tuvo lugar un descomunal saqueo a las arcas públicas. Y tiene un enorme significado simbólico que esta tierra no cuente con espacios los suficientemente amplios para dar cabida a la liturgia judicial que el caso que nos ocupa provocó. Y es que, si dejamos de lado, carencias y necesidades, que, desde luego, también hay, se supone que carecer de unas infraestructuras que cuenten con la cabida que el caso requiere, además de otras cosas, significa que se trata de algo que, también en cantidad, nos sobrepasa. Digo en cantidad, porque la mera existencia de una sola irregularidad financiera con el dinero público destinado a la escuela es algo lesivo, intolerable y crispante. Pero aquí los excesos son cuantitativos y cualitativos.

¿Cómo podrá vivir internamente esto la cúpula de la FSA, que, a su vez, llegado el momento, no le tembló el pulso a la hora de aplicar recortes tanto a las necesidades de la escuela pública como al profesorado?

Vergüenza y oprobio que diría el Zola del ‘Yo acuso’. Vergüenza y oprobio que nos sobrepasan, también en cantidad.

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Tecnología y barbarie
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Luis Arias Argüelles-Meres | 28-03-2016 | 13:52| 0

“Los persas de Heródoto pensaban que todo el mundo se equivocaba menos ellos; nosotros, occidentales modernos, no estamos lejos de pensar que todo el mundo tiene razón, salvo nosotros. Esto no es un desarrollo del espíritu crítico, siempre deseable; esto es su abandono total”. (Jean-François Revel).

Una máquina de matar, impulsada por el odio, el fanatismo y la ignorancia, que además sabe utilizar tecnologías de ocasión para convertir sus acciones en auténticas masacres, es quien protagoniza los episodios de horror que acaban de tener lugar en Bélgica, que ocurrieron antes en París, Londres, Madrid y Nueva York. La cosa está muy clara: aprovechar la tecnología de ese mundo infiel al que hay que exterminar para que el terror y la impotencia afloren en nosotros, en todos nosotros.

Tecnología y barbarie, digo. El asunto, a poco que se piense, es tremendamente paradójico. Desde luego, sin ella, sin esa tecnología, no podrían conseguir sus objetivos de matar masivamente, de ensangrentar aeropuertos y estaciones de metro, de asesinar a personas que acuden a un concierto. Y así sucesivamente.

Pero, más allá de eso, si se tiene en cuenta el conocido tópico de que lo malo y lo terrible de los adelantos científicos y tecnológicos no son ellos en sí mismos, sino el uso que se haga, habría que preguntarse hasta qué punto tenemos perdida la batalla para que prevalezcan esas conquistas que nos hacen mejores y que dignifican nuestras vidas. Hablo, claro está, de los derechos y libertades, del valor supremo de la vida humana, de la condena, sin fisuras, de cualquier barbarie.

Fíjense: es éste un mundo en el que las llamadas tecnologías (entre paréntesis, una impertinencia filológica: ¿por qué no ‘técnicas’, si ‘tecnología’ es, sensu stricto, estudio de la técnica?) tienen mucha mayor importancia que las ciencias, que el conocimiento. O sea, en términos clásicos, la tecné por delante de la episteme. Tengo para mí que a Platón y a Aristóteles, sobre todo al primero, le horrorizaría esto no menos que poner por delante la opinión que el saber.

Estamos, en tal sentido, en un mundo al revés, o, en todo caso, en un mundo que trastoca las jerarquías del saber y el pensar de nuestra civilización. Convendría no perder de vista semejante anomalía, que quizás podría explicar ciertas miserias de nuestro tiempo.

Tecnología y barbarie. Da respingo tener que asistir en el espectáculo mediático a tibiezas cuando se trata de pronunciarse acerca de los horribles atentados que venimos sufriendo. Es de Perogrullo condenarlos sin matices, y molesta que haya puestas en escena en la vida pública solemnizando lo obvio. Pero es mucho más irritante que se quiera aprovechar el horror para sacarle partido, políticamente hablando. Ahora bien, lo más indignante de todo es tener noticia de pronunciamientos que, en lugar de intentar explicarse lo sucedido, lo que buscan es justificarlo con una frivolidad inaceptable.

Es una perogrullada reconocer que el odio y el fanatismo tienen su casuística. Dicho lo cual, el hecho de intentar siquiera mostrarse comprensivos con iluminados sanguinarios es propio de cretinos y de frívolos, de inconscientes y demagogos.

No olviden lo obvio, por favor: lo que se pretende es destruir lo mejor que esta civilización occidental, con todas sus contradicciones y cinismos, supo atesorar, y lo hizo con sangre, sudor y lágrimas. No es mucho pedir que sepamos ser dignos herederos de esos derechos y libertades que nos permiten tener conciencia histórica y dignidad.

Hay cosas que no se debe permitir que se cuestionen con discursos desaprensivos que nos ofenden hasta la indignación.

Nos queda el coraje de defendernos a nosotros mismos, tal y como planteó Tucídides: «Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje».

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Cátedras de Instituto
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-03-2016 | 02:53| 0

Confieso que me sorprendió que el consejero de Educación y Cultura anunciase que, en lo que queda de Legislatura, se convocarán oposiciones para cátedras de Instituto. Pues bien, al margen de que el asunto debe ser tomado con cautela dado que hablamos de un Gobierno que no cuenta ni siquiera con un tercio de los escaños en el Parlamento, lo cierto es que lo manifestado por Genaro Alonso es una buena noticia, quiero creer que puede serlo.
Desde principios de los noventa, los sistemas educativos aparcaron la excelencia en todos los órdenes apostando (pido disculpas por la crudeza de la expresión) por un profesorado chusquero, es decir, por los años de servicio, y no por las publicaciones e investigaciones que los docentes lleven a cabo. En efecto, a poco que se repare en los criterios de puntuación para el concurso de traslados, se verá lo poco que se valoran las publicaciones. Lo cierto es que la cátedra de Instituto fue durante mucho tiempo el paso previo a la docencia universitaria. De hecho, la mayoría de los catedráticos universitarios más prestigiosos en distintas ramas pasaron antes por la cátedra de Instituto. Pero llegó el momento en el que la endogamia se hizo dueña del mundo universitario. Pero llegó el momento en el que la enseñanza media, ahora denominada secundaria, no tenía salida. Pero llegó el momento en que la carrera docente dejó de existir, al menos fuera del ámbito de la enseñanza universitaria.
Y no vendría mal recordar aquel acceso a cátedra de principios de los años 90 que no consistía stricto sensu en una oposición , ni siquiera en un concurso de méritos, sino en la presentación de una “memoria” que se puede considerar una especie de antecedente del “copia y pega”. Quienes conocieron aquello saben muy bien de lo que hablo.
Es decir, a medida que se fue orillando el conocimiento en el sistema educativo, se hizo lo propio con los criterios tradicionales de lo que podía entenderse como carrera docente. Por tanto, no es nada extraño que el llamado “cuerpo de catedráticos” de Instituto se haya venido considerando algo a extinguir.
De ahí que el anuncio hecho por Genaro Alonso me haya sorprendido tanto, porque no sé muy bien cómo pueden encajar nuevas cátedras de Instituto en un sistema educativo que no es fácil que llegue a apostar por la excelencia en el profesorado y por el conocimiento para el alumnado.
Y cuando digo excelencia, más allá de su significado tradicional, me refiero a aquella parte del profesorado que va mucho más allá de los manuales y libros de texto, que profundiza cuanto puede en su materia y que aporta sus creaciones e investigaciones en publicaciones prestigiosas. Y que, a la hora de formarse y ponerse al día, no acude a cursos oficiales que en ocasiones imparten personas de las que no se conoce que atesoren una trayectoria académica deslumbrante.
Siempre está pendiente el debate acerca de que un buen docente no tiene por qué ser necesariamente un conocido investigador y viceversa. Siempre habrá que tener en cuenta que, al lado del conocimiento de la materia que se enseñe, el didactismo (no entendido al modo de la LOGSE) es obligado e imprescindible. Pero, en todo caso, es difícilmente discutible que todo ello debe ser valorado en una carrera docente que, reitero, fuera del ámbito universitario, casi ni existe.
Insisto en que me produjo nostalgia el anuncio del consejero, nostalgia acerca de un modo de concebir la enseñanza que se enterró hace décadas. Y quiero creer que esa convocatoria para cubrir cátedras de Instituto podría ser un primer paso por y para recuperar lo que nunca se tendría que haber perdido. O que, al menos, esa voluntad existe.

Sería fantástico.

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EL PP ASTUR O LA GRESCA QUE NO CESA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-03-2016 | 06:24| 0

Cuando ganaron las elecciones, sólo dos veces desde el 83, tuvimos que asistir al espectáculo de sus peleas goyescas, sin tregua ni piedad. El resto del tiempo, o bien se conformaron con lo inane, o bien, de vez en cuando, se produjeron intentos de mover a determinadas personas de sus sillones, desvencijados y nada lustrosos. Y poco más. Triste balance para casi cuatro décadas de presencia política entre nosotros.

La gresca que no cesa. Dejando aparte las sonadas y sonoras rupturas durante los mandatos de Marqués y Cascos, ¿recuerdan ustedes aquella espantada que dio Cascos como militante del PP en Asturias a resultas de que doña Pilar Fernández Pardo no puso en los altares a la actual lideresa conservadora, a doña Mercedes Fernández? ¿Recuerdan ustedes cómo se las gastaron estas buenas gentes peperas cuando el señor Morales le hizo frente en su momento a esa luminaria política que atiende al nombre de Ovidio Sánchez? ¿Recuerdan ustedes las elecciones generales de 2008 cuando Gabino de Lorenzo decidió encabezar la candidatura del PP al Parlamento español, con su boina y su asturianismo de sainete, con sus recados despectivos hacia el mencionado don Ovidio?

Y, ahora tras la coalición entre el PP y lo que queda de Foro, es don Gabino de Lorenzo quien sale a la palestra apostando por un político imputado, al tiempo que pide que se celebre un congreso que le dé a la militancia su voz y su voto. Eso lo defiende la misma persona que no sólo no aceptó la celebración de un cónclave del partido cuando Cascos lo pidió, sino que además, en asambleas chigreras, protagonizó los lances y episodios que muchos recordamos, encaminados todos ellos a que doña Isabel Pérez-Espinosa fuese la candidata del PP astur a las elecciones autonómicas de 2011. Esto es coherencia y lo demás cuento.

¿Y qué decir de doña Mercedes, blanco de las iras de no pequeña parte de la vieja guardia del PP astur? ¿Quién le dio una canonjía en la sindicatura de cuentas? ¿A la sombra de quién hizo su carrera política? ¿Cómo puede explicar la señora Fernández haber pasado de un entusiasta apoyo a Cascos frente al aparato del PP astur, a convertirse más tarde en la principal dirigente del partido en Asturias para apoyar a Javier Fernández?

¿Cómo olvidar, por otro lado, la cicatería con la que actuó en Gijón contra Pilar Fernández Pardo, una víctima del casquismo que, sin embargo, no se sometió a la disciplina del partido que prefería que la Alcaldía de Gijón recayese en el PSOE? ¿Cómo olvidar, asimismo, aquel congreso del PP gijonés con todas sus irregularidades?

Pues bien, ahora que Foro es un partido testimonial tras la retirada de Cascos, el PP se las ingenia para pelearse de nuevo internamente. Una pelea liderada entre un Gabino de Lorenzo que parece delirar y no tener en cuenta imputaciones frente a doña Mercedes Fernández que, tras haber sido la muleta del PSOE frente a Cascos, se está enfrentando ahora a los políticos peperos que el exministro de Aznar quería defenestrar, eso sí, defenestrarlos, como ya dije, tras haberlos dejado como guardeses de su cortijo en el PP astur después de la ruptura con Marqués.

¿Nunca se cansarán estas buenas gentes de dar el espectáculo? ¿Tienen en su ADN lo goyesco?

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La esgrima parlamentaria de Javier Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-03-2016 | 03:11| 1

Para mí la acción política es un movimiento defensivo de la inteligencia, oponiéndose al dominio del error(…)  Dentro del orbe en que se mueve, el pensamiento que no se incorpora en hechos, en una creación, aborta; y más que en ninguno en el orbe político, donde la especulación pura trasciende al mundo moral y a la vida práctica”. (Azaña).  

Pues no, don Javier, determinados juegos de esgrima parlamentarios ni corrigen ni resuelven la inacción política que esta tierra padece desde que usted asumió el Gobierno de Asturias con menos de un tercio de los escaños de la Junta, a los que hay que sumar otros cinco que le proporcionó muy generosamente el grupo que encabeza don Gaspar Llamazares.

Mire, no debería usted conformarse con referirse a la crisis del PP llariego con símiles históricos que, por otro lado, dan cuenta de episodios que no fueron nada favorecedores de las libertades en España. La mejor manera de acallar a la oposición consiste en gobernar bien, en afrontar los retos y en poner los medios para servir a los intereses de la ciudadanía.

Cuando sabe que determinada ley o propuesta suya va a ser rechazada por el Parlamento, en lugar de defenderla, la retira. Cuando la situación de Asturias demanda soluciones, usted se encoge de hombros y siempre tiene a quién culpar, o sea, lo del infierno sartriano.

Sus dotes parlamentarias, don Javier, debería lucirlas argumentando y persuadiendo desde la tribuna. Mire, parodiando a don Miguel de Unamuno, es mejor convencer que vencer. Pero, en lo que va de legislatura, usted no logra ni lo uno ni lo otro.

El buen parlamentarismo, don Javier, va mucho más allá de lanzar pullas previamente estudiadas a los adversarios políticos. El buen parlamentarismo es la buena política, que, al decir de Azaña, consiste en una disputa entre el acierto y el error, disputa en la que la inteligencia tiene que resultar no sólo convincente y disuasoria, sino también ganadora.

Cuando usted habla en el Parlamento, don Javier, lo que la ciudadanía espera no es que nos cuente cosas acerca de los problemas internos del PP llariego, sino que nos hable de sus propuestas para resolver las necesidades, muchas de ellas acuciantes, que tiene esta tierra.

No tiene usted la socarronería de Indalecio Prieto, ni vamos a esperar que cuente con una lucidez como la de Azaña. Pero sí podemos esperar de usted que sea consecuente con algo que proclamó Ortega en las Cortes republicanas el 30 de julio de 1931 y que usted citó haciendo suyas las palabras del filósofo. ¿Las recuerda?: “Porque es de plena evidencia que hay tres cosas que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí”.

Desde luego, no hace el payaso. Tampoco, el jabalí, por mucho que en alguna ocasión en la anterior legislatura se le viese muy airado contra Cascos. Pero, me temo, señor Fernández, que a veces si hace el tenor, entendiendo por tal en este caso adornarse con una cita erudita con la que ataca a sus antagonistas y despierta entusiasmo entre los suyos.

El buen parlamentarismo no es pedantería, sino todo lo contrario. Recuerde usted a Unamuno: “Un pedante es un estúpido adulterado por el estudio”.  No caiga usted en eso, por favor.

Lo dicho, don Javier, la inacción no se encubre con citas eruditas. Lo dicho, don Javier, esfuércese usted cuando sube a la tribuna en la Junta o cuando replica desde su escaño.

Por otro lado, tiene usted mucha suerte al contar con Gaspar Llamzares como aliado, pues es un excelente parlamentario que, de estar a la contra, le daría muchos quebraderos de cabeza, si bien es cierto que hay  intervenciones de Emilio León en las que denuncia muchas de las miserias políticas de Asturias, donde sus réplicas adornadas y barnizadas se vuelven inoperantes y estériles.

Queremos un gobernante y no un erudito a la violeta, que diría Cadalso.

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¿TIENEN ‘SUS SEÑORÍAS’ ALGO QUE DECIR?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-03-2016 | 06:25| 0

«Los vencedores son estos hombres reptantes, torcidos y mañosos, inhábiles para toda creación: suyo es el poder, la fuerza política, el apoyo de las grandes oligarquías financieras, y esas enormes paletas para hacer la lluvia y el buen tiempo que llamamos la gran prensa: todo es suyo. El vencido es este hombre solitario y sin compromisos, pobre y sin embargo constructor, edificador de la conciencia patria, que desde un rincón de España, con el instrumento de su existencia pura y valerosa fabrica honor nacional. ¿Por quién os decidís?» (Ortega y Gasset).

 

Las redes sociales ardieron cuando transcendió la noticia de que doña Ana Mato, ex ministra y ex diputada, solicitaba una ayuda de 2.800 euros mensuales, al estar sin trabajo remunerado. Horas después, se supo que eran más de 60 personas las que, acogiéndose a lo mismo, correrían la misma suerte. Y, como era de esperar, en tal conglomerado hay gentes de varios partidos y, cómo no, también hay gentes de la política llariega,.

Miren, no hace falta un esfuerzo intelectual agotador para percatarse de que aquí lo de la regeneración de nuestra vida pública, que todos los partidos predican, es papel mojado. La cuantía de marras es manifiestamente superior al desempleo que puede cobrar la inmensa mayoría de las personas que pierden su trabajo.

¿Y qué dicen de esto las formaciones que representan, o dicen representar, la nueva política, esto es, Podemos y Ciudadanos? Cierto es que se los mencionados partidos no son responsables, ni siquiera por omisión, de esta medida que supone un privilegio inaceptable para la mal llamada clase política. No lo es menos que ya están tardando en solicitar la convocatoria de un Pleno en el Congreso donde se aborde este asunto, asunto que, a todas luces, pone de relieve que en momento alguno fue erróneo hablar de «la casta» política, es decir, de unas organizaciones y unas gentes que no dejaron de legislar en pro de sus intereses al margen de los ciudadanos, y que no están dispuestos a apearse de los susodichos privilegios en unos tiempos como éstos marcados por una tremenda crisis y por una desigualdad galopante.

Entre todas las medidas que deben ponerse en marcha para que la regeneración política sea algo más que retórica, acaso la más ejemplarizante de todas ellas sea la de terminar de una vez con los privilegios de la mal llamada clase política, privilegios que siguen siendo toda una provocación a una ciudadanía que se las ve y se las desea para hacerle frente a las consecuencias de una crisis que no acaba de ser combatida.

Es falaz y hasta insultante que se siga hablando de la igualdad ante la ley cuando no rige lo mismo para unos que para otros. Es inaceptable que, por el mero hecho de haber tenido un escaño, conseguido en la mayoría de las ocasiones por haber adulado al dirigente de turno que incluyó en las lista a determinadas personas, se disponga de una protección económica con la que el resto de la ciudadanía no cuenta si se ve en el amargo trance de haber perdido su empleo.

¿Tienen, pregunto, algo que decir sus señorías ante esto? ¿Es de recibo mirar hacia otro lado y enmudecer ante los clamores de indignación?

Insisto, esperando estoy que los partidos emergentes se pronuncien. Mientras tanto, exigimos que quienes aprobaron semejantes medidas no tengan la desfachatez de hablar de regeneración y de cambio.

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Carta abierta a la consejera Belén Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-03-2016 | 02:59| 0

Doña Belén:

Usted no deja nunca de sorprenderme. Se lo digo porque, al escuchar su última o penúltima intervención en el Parlamentín, descubrí su debilidad por los adverbios de modo. En cada frase, se dejaba oír, al menos una vez, el sufijo “mente”. García Márquez se hubiese horrorizado, se lo aseguro. Pero, más allá de esta cuestión morfológica, me tomo la libertad de decirle, sin ánimo de cargar las tintas en contra suya, que sería un alivio que usted dimitiese. Y digo dimitir porque doy por hecho que don Javier Fernández, al haber decidido continuar contando con su concurso, no está por la labor de cesarla. Le resultaría muy fatigoso a nuestro Presidente tener que dar explicaciones al respecto.

Me pregunto, señora Consejera, cómo se las apaña usted para no dar respuestas convincentes y soluciones reales en asuntos del calado de la contaminación que se genera en El Musel. Me pregunto, por otro lado, si tras la sesión Parlamentaria en la que se habló de lo que está pasando en Sogepsa, es usted incapaz de hacer la más mínima autocrítica ante algo que está sangrando nuestro ya de por sí menguado erario público.

Me pregunto, asimismo, hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué habrá que seguir aguardando para que se acometa ya el saneamiento de los pueblos ribereños del bajo Narcea. Me pregunto por qué es usted tan severa a la hora de definir normativas medioambientales para la gente del campo, al tiempo que se muestra tan generosa con empresas mineras que vienen sufriendo sanciones de la Confederación Hidrográfica.

Desde luego, doña Belén las políticas medioambientales de Asturias dejan mucho que desear, pero se diría que usted está convencida de que gracias a su gestión vivimos en el mejor de los mundos imaginables.

Y le confieso que me siento incapaz de entender que usted no sea consciente no sólo de las continuas críticas que su gestión viene generando, sino que además se comporte como si formase parte de un Gobierno con mayoría absoluta.

Lo suyo, doña Belén, es palabrería, acompañada de gestos previsibles que están en el guion. Lo suyo es un ejemplo de libro de ineficacia y autosuficiencia.

Por mucho que siga afeando con sus rictus y mohines las críticas que le hagan en el Parlamento autonómico, por mucho que siga insistiendo usted en que el infierno son siempre los demás, la realidad es más terca aún, doña Belén.

Me permito, por último, sugerirle que se dé una vuelta sin prisa por el occidente de Asturias, que recorra el cauce del río Narcea, con todos sus valles y entorno natural. Y que, a partir de ahí, saque alguna conclusión.

Haga esa excursión, por favor, si es sin anteojeras, mucho mejor.

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La incesante burla de la autovía de la Espina
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-03-2016 | 03:31| 0

No les basta con haber mentido desde que arrancaron las obras de esta autovía. No se sonrojan cuando las hemerotecas les recuerdan que hablaban de tener concluida esta infraestructura “en el horizonte de 2009”. No se corrigen en periodos electorales recientes en los que volvieron a hablar de llevar esta autovía hasta Ponferrada y, ya puestos, hasta Portugal. No se abochornan por haber tenido parada esta autovía desde el verano de 2010 hasta el otoño de 2015. No se empapizan cuando se les recuerda que, al haber habilitado una sola calzada en el tramo entre Salas y la Espina, sin apenas opciones de adelantamiento, la tomadura de pelo es hiperbólica.

Y la última calamidad de esta autovía consiste en que a la altura de Porciles, esto es, entre Salas y la Espina, se están produciendo hundimientos continuamente, que llevaron a cortar la calzada y que, según los vecinos, amenazan con el hundimiento de las casas más cercanas.

Claro, estamos hablando del suroccidente, de unas comarcas cada vez más despobladas, en las que no parece que nuestros políticos consideren que valga mucho la pena molestarse en contentar a su habitantes que, en número de votos, no constituyen nada decisivo.

Claro, estamos hablando de una autovía en la que, a día de hoy, alguien tendría que explicar no sólo los continuos retrasos, sino también los tremendos errores que se cometieron, al tener que cambiar en más de un enclave el recorrido de esta infraestructura. Por ejemplo, en Doriga, donde se habilitó otro trazado alternativo con el inicial ya empezado, donde la montaña amenazaba con venirse abajo.

Claro, estamos hablando de una autovía que discurre por lo que vengo llamando desde hace tiempo la geografía del abandono de esta tierra, algo que a la Asturias oficial parece importarle más bien poco.

Miren, lo grave no es sólo que llevemos casi una década de retrasos y que los estudios geológicos, que seguro que se pagaron religiosamente, hayan fallado tanto. Lo verdaderamente terrible es que, al final, en lugar de vertebrar el occidente de Asturias mediante esta autovía, lo que se está produciendo son hundimientos y otros percances que constituyen, además de burla, peligros añadidos.

¿Es esto de recibo? En la Asturias oficial, sólo el Alcalde de Salas (sería el colmo que no lo hiciese) reclama soluciones de inmediato. Nadie del Gobiernín se pronuncia al respecto. Tampoco se dejó ver por estos lares el Delegado del Gobierno en funciones. Seguro que tienen asuntos de los que ocuparse mucho más importantes.

Una autovía que no sólo no se concluye, sino que además provoca hundimientos y peligros. Ante ello, silencio, indiferencia, desinterés.

¿No cabe, así las cosas, hablar de burla, de una burla afrentosa e intolerable?

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Asturias, ínsula abaratada
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-03-2016 | 06:24| 0

«Es inútil callar la verdad. Todos estamos mintiendo al hablar de regeneración, puesto que nadie piensa en serio en regenerarse a sí mismo» (Unamuno).

Andrés Suárez se hace eco en EL COMERCIO de la zozobra interna que sacude a los dos grandes partidos de esta tierra a resultas de los escándalos de corrupción que salpican a ambas formaciones, entre otras cosas, porque, tanto la llamada ‘trama del agua’ como el ‘caso Villa’ aún pueden dar mucho más de sí en cuanto a salpicaduras y mazazos. Desde luego, oficialmente, cada partido tiene su relato para sacudirse de encima cualquier atisbo de responsabilidad. Lo malo es que llega un momento en que las declaraciones oficiales pierden su credibilidad hasta un extremo inquietante para los interesados.

Asturias, la ínsula abaratada. Miren, nuestra insularidad existencial, que nos habita desde hace tanto tiempo, sirve, eso es cierto, para que las escandaleras que por estos pagos acontecen rara vez transciendan más allá de Pajares. A este respecto, recordemos, aunque sólo sea por un instante, el bochornoso espectáculo que vivimos cuando se tuvo noticia de la detención del exconsejero Iglesias Riopedre. Es indudable que, de haber acontecido algo así, en otra comunidad autónoma, el asunto hubiera tenido un alcance mediático infinitamente mayor.

Pero, aun suponiendo que se pueda considerar ventajoso que nuestras miserias apenas tengan eco mediático en el resto del país, la casuística que explica el fenómeno es tan desoladora como preocupante. No es bueno no existir, si se me permite la hipérbole, para el resto de España. No es bueno un aislamiento mediático que plasme que apenas contamos.

Asturias sería, así las cosas, una ínsula, una ínsula que, a resultas de su decadencia, abaratada, desbaratada, casi agónica, cada vez más envejecida, cada vez más inexistente. Y esto, como cualquier otro fenómeno sociológico, no puede obedecer, claro está, a una sola causa, pero no cabe ninguna duda de que tiene responsables, más de uno, empezando por el partido político que ha venido gobernando esta tierra desde la preautonomía hasta el momento presente, con las excepciones del periodo de Marqués y el brevísimo y malogrado mandato de Cascos. Es decir, no llegan a 5 años las excepciones en una etapa de casi cuatro décadas.

Asturias, la ínsula abaratada. Nos viene gobernando una izquierda de siglas que fue siempre muy sumisa y condescendiente con los gobiernos nacionales de su propio partido que desatendieron más de lo tolerable a esta tierra. Y actualmente tenemos un Gobierno, cuya representación en el Parlamento autonómico no llega a un tercio de los escaños. Un Gobierno que, en lugar de debatir sus propuestas y proposiciones, las retira para que se escenifique lo menos posible su debilidad. Y esto tampoco transciende más allá de Pajares.

Asturias, la ínsula abaratada. Tenemos una derecha que se vino peleando al goyesco modo y que ahora parece que volvió a unirse, obviando los brutales enfrentamientos que se vivieron entre el PP y el partido del señor Cascos, ya que este último vino sosteniendo un discurso en virtud del cual tanto el PP como el PSOE eran tremendamente lesivos para Asturias. ¡Cuánta coherencia!

Asturias, la ínsula abaratada. Lo tengo escrito muchas veces. Hemos pasado de formar parte de la vanguardia en España a convertirnos en parte del furgón de cola. Alguien debería reflexionar muy seriamente al respecto, empezando por nuestro partido hegemónico que, tras haber gobernado esta tierra durante casi cuatro décadas, sus logros están en una despoblación creciente y en una decadencia agónica.

Asturias, la ínsula abaratada. ¿Y cuál es el relato de los dos principales partidos? En cuanto al PSOE, cierto es que suspendió de militancia a Villa de forma fulminante. Pero eso no le exime de varias cosas nada insignificantes. Si nos atenemos a la versión oficial, que nadie se haya enterado del proceso de enriquecimiento de su principal dirigente no constituye atenuante, sino todo lo contrario. En segundo lugar, ¿se puede negar que hay cierto olor a podrido en una formación política cuyo principal mandamás actuó de esa guisa? Y, por otro lado, ¿nada tienen que decir todas aquellas personas que, políticamente hablando, se lo deben casi todo al sindicalista de marras?

¡Qué relatos, Dios mío, qué relatos! Fíjense: 1991, huelga general en Asturias para defender la minería, contra los planes que entonces tenía el ministro Solchaga. Un periódico de Madrid, que actualmente no se publica, concretamente, el diario El Sol, llamaba a Villa en un editorial «el Hamlet asturiano», por aquello de pertenecer a la Ejecutiva Federal del PSOE y, al mismo tiempo, convocar aquella huelga contra la política industrial del Gobierno de su propio partido. La comparación vive el cielo que se las trae.

¡Qué relatos, Dios mío, qué relatos! Y, miren ustedes por dónde, el partido hegemónico llariego, que nunca estuvo por la labor de la normalización lingüística del asturiano, no fuera a ser que ello nos aislase más, no es capaz de frenar nuestra decadencia y, con ella, nuestro aislamiento. Paradoja gigantesca a decir verdad.

Asturias, la ínsula abaratada. Ni siquiera la nueva política fue capaz hasta el momento de desenmascarar muchas de las miserias que nos golpean, y no digo que le falte voluntad para ello, sino que la inercia, cuando está consolidada, cuesta mucho romperla.

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