El Comercio
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¿Qué se espera del PSOE?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-01-2016 | 14:29| 0

Resultado de imagen de Pedro Sánchez, el comercio

Es mucho lo que tiene sobre sí don Pedro Sánchez. Sabe –o, al menos,debería intuir– que le toca ahora marcar una clara discontinuidad política con lo que vino haciendo su partido en todos sus gobiernos que formó desde 1982 a esta parte. Sabe que la madre de todos sus peligros sería entregarse al PP, aunque fuese por pasiva, porque con ello no haría más que reforzar el descrédito que viene sufriendo desde que no pequeña parte de la ciudadanía sospecha, no sin cierta amargura, que todos los políticos son iguales, sobre todo que entre el PP y el PSOE las diferencias llevan décadas de mengua. Pero sabe también –o tendría que saberlo– que gobernar en coalición con Podemos comporta no pocos riesgos, riesgos de ida y vuelta, porque no todos los votantes de la formación morada lo aplaudirían.

Por otro lado, también tiene que constarle al líder socialista que los pactos con los nacionalismos tienen sus rémoras y que, sobre todo, eso ya está ensayado en Cataluña, en Galicia y en España, y que además cosechó sus decepciones y chascos.

Lo que tiene ante sí el señor Sánchez no es sólo acertar en la decisión que tome en cuanto a presentar su candidatura a presidir el Gobierno, sino que, ante todo y sobre todo, le toca algo tan difícil como recuperar una credibilidad política que el PSOE vino perdiendo desde las corruptelas del felipismo, desde los bandazos de Zapatero, también desde las corruptelas en gobiernos autonómicos y ayuntamientos. No sería del caso culpar al PP de ser el único partido salpicado por la corrupción en España, por mucho que sus escandaleras sean tan continuas como nauseabundas.

¿Qué se espera del PSOE? Ante todo, tener un proyecto de país y concretarlo, un proyecto de país que intente dar respuesta no sólo a una crisis económica terrorífica, sino también a los desafíos territoriales, así como a un rechazo creciente por parte de la ciudadanía a determinadas formas de hacer política, en las que el PSOE viene incurriendo desde hace tiempo. Toca esbozar un discurso regeneracionista e inequívocamente combativo contra la desigualdad. Toca, al menos, ser socialdemócratas.

Toca recuperar la credibilidad merecidamente perdida de un partido que se reclama de izquierdas y que se cargó las cajas de ahorro, privatizándolas. De un partido que se declara laico y que, sin embargo, no parece dispuesto a reconsiderar el negocio de eso que llaman enseñanza concertada. De un partido que no puede seguir teniendo como reina madre a un ciudadano tan poco ejemplar como Felipe González. De un partido que en algún momento tendrá que plantearse su ADN republicano.

Toca la discontinuidad con lo que fue el PSOE desde 1982. Y esto no es nada fácil, aun suponiéndole las mejores intenciones al respecto al candidato socialista. Toca romper con la vieja política de la que viene formando parte desde que se constituyó el primer Gobierno socialista. Toca ser conscientes de que a este partido apenas lo votan las gentes más jóvenes y que se llevó batacazos de órdago en territorios como Madrid que vienen marcando la pauta electoral desde hace décadas.

Se espera del PSOE que rompa con Suresnes. ¿Querrá, sabrá y, en su caso, podrá hacerlo don Pedro Sánchez? Muy largo el desafío que tiene ante sí.

Es lo que toca. Es lo que le toca.

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¿REINVENTAR LA TRANSICIÓN?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-01-2016 | 13:29| 0

Felipe VI, durante el encuentro que mantuvo ayer con Patxi López.

“Para definir una época no basta con saber lo que en ella se ha hecho; es menester, además, que sepamos lo que no se ha hecho, lo que en ella es imposible» (Ortega y Gasset).

En su particular ceremonial del pasado viernes, Pablo Iglesias habló de «un ministerio de la plurinacionalidad», o sea, un nuevo café para todos sin Clavero Arévalo, en el que, según cabe suponer, se elegirá si es solo, con leche, cortado, o vaya usted a saber cómo. Por su lado, la señora de Cospedal, no repuesta aún de su fracaso como mandataria autonómica, vino a referirse a una especie de segunda transición en la que estuviesen juntos los partidos que ella llama constitucionalistas. Frágil memoria la de doña Dolores si se piensa que, en su momento, fue el PP (entonces AP) quien más reparos puso a la llamada Carta Magna.

¿Es que aquí nadie recuerda lo que dejó consignado Marx acerca del modo en que se suele repetir aquello que empieza con toda la liturgia escénica, es decir, que termina como comedia bufa? ¿Es que todo el mundo perdió aquí de vista que hay modelos que están agotados?

Y, miren, más allá de las incógnitas sobre la formación del próximo Gobierno, lo verdaderamente inquietante es que, dejando de lado consignas, maniqueísmos y topicazos, nadie puso sobre la mesa un proyecto de país aglutinador y con ambición de futuro.

¿De verdad se quiere hablar claro? ¿Cómo se puede atrever el PP a mentar siquiera la igualdad ante la ley en políticas territoriales, cuando los sueldos públicos y los impuestos varían según la autonomía donde se resida? ¿Cómo se pueden atrever algunos partidos políticos a sacar pecho por la regeneración política cuando son los primeros en no renunciar a sus privilegios? ¿Cómo tienen la desfachatez algunos otros de obviar que tenemos una ley electoral injusta donde la igualdad no se plasma en el alcance del número de votos?

¿Reinventar la Transición para repetir errores? No, gracias. ¿No llegó el momento en el que hay que poner sobre la mesa una reforma a fondo de la Constitución para poner freno a muchos de los errores que nos han llevado a la situación actual? ¿No llegó el momento de dejar bien claro quiénes son los que de verdad se suman a un proyecto común que, por una vez, posponga los particularismos? ¿O es que nadie tiene madurado ese proyecto en común? Y, si nadie lo tiene madurado, ¿no pueden, al menos, reconocer que los deberes no fueron hechos y que toca ponerse manos a la obra con espíritu de acuerdo, esto es, con el compromiso de entrar un periodo constituyente?

¿Qué pinta Rajoy declinando? ¿Qué pinta Pedro Sánchez sacudiéndose el entusiasmo no disimulado con que recibió el regalo explosivo de Podemos? ¿Qué pinta Pablo Iglesias desdiciéndose ya tan pronto de lo que afirmó en campaña acerca de su negativa a gobernar con el PSOE? Y, en cuanto a las formaciones nacionalistas, ¿no podrían presentar un proyecto de España, todo lo plurinacional que se les antojase con cabida para todos? ¿O acaso sólo hay una España posible? ¿O acaso la historia no enseña que hubo y hay otras Españas, integradoras y respetuosas?

¿Reinventar la Transición? Mejor sería reinventar España, pero el lastre es enorme y dificultoso, sobre todo, porque se supone que la solución les toca a los que son el problema.

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Estratega Pablo Iglesias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-01-2016 | 12:02| 1

Pablo Iglesias consiguió, por un lado, atenazar aún más a Rajoy que cada vez tiene más difícil prolongar su agonía política, y, de otra parte, el órdago lanzado a Pedro Sánchez no deja de tener su no sé qué de ensañamiento y prepotencia. Sigue ganando batallas mediáticas el líder de Podemos y la cosa promete tener largo recorrido.

A día de hoy, la madre de todos los consensos políticos en España estriba en que hay una mayoría absoluta más que holgada a la hora de rechazar a Rajoy. Todo lo demás son incógnitas. Y es en este campo donde el líder de Podemos se está comportando como todo un virtuoso a la hora no sólo de erigirse continuamente en noticia, sino también en ser el que mejor sabe manejar el tablero político que tenemos ante nosotros.

Lo voy a decir muy claro. No me parece que Pedro Sánchez sea un líder político con la talla de estadista que los tiempos demandan. Por si ello fuera poco, su partido no se encuentra en condiciones de erigirse en ejemplo de honestidad y coherencia. Dicho lo cual, resulta excesivo que Iglesias haya protagonizado una puesta en escena en la que perdona la vida al candidato socialista y en la que se siente con autoridad para hacer nombramientos en un hipotético gobierno de coalición entre PSOE y Podemos.

Desde luego, Iglesias tiene mucha más formación que la mayor parte de los profesionales de la política que estamos padeciendo. Ahora bien, no le conviene perder de vista que está a años luz de tener una capacidad intelectual como Azaña. No es para sacar pecho no haber leído a Kant ni tampoco citar mal a Azaña como hizo en un artículo publicado en la prensa nacional durante la pasada campaña. Y, en todo caso, Sánchez, con todas sus grandes limitaciones, consiguió más votos que Podemos, y no se puede ofrecer un pacto político desde una actitud que avasalla y que parece pretender el vasallaje.

Estratega Pablo Iglesias que, de entrada, aparta a Rajoy y pone nervioso al PSOE azuzando su división interna. Estratega Pablo Iglesias que deja pocas dudas acerca de su intención de fagocitar y engullir al PSOE en un hipotético Gobierno de coalición.

Quiere decirse con ello que no sólo consiguió paralizar aún más a Rajoy, algo de suyo muy difícil, sino que además encendió la mecha en el seno del PSOE. Así, cuando Sánchez habla de la necesidad de un «gobierno de progreso en España» parece desconocer que su partido fue el que comenzó con los recortes, que su partido privatizó las Cajas de Ahorro, que su partido, desde los tiempos del felipismo, protagonizó escándalos de corrupción gigantescos, que su partido también participó en la ola privatizadora de servicios públicos en todas las Administraciones, que su partido forma parte de esa casta a la que, con razón, fustiga Podemos. ¿No son casta gentes como Pajín o Maleni? ¿No son sonrojantes los intentos privatizadores que llegaron a negociar la venta de las loterías, siendo la señora Salgado la responsable de economía de Zapatero?

Estratega Pablo Iglesias que, insisto, azuza las disensiones internas de un PSOE que se sigue reclamando progresista y que, en sus políticas, sólo fue de izquierdas en las siglas.

¿No es una enorme contradicción mostrarse dispuestos a gobernar con esa casta a la que se vino combatiendo? ¿Hay que descartar que detrás de todas estas escenificaciones mediáticas exista una clara intención de que convoquen nuevas elecciones?

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Carta abierta a Fátima Báñez
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-01-2016 | 11:59| 0

El escritor leonés, Antonio Gamoneda

«Entre todas las calamidades de la vida humana, la más portentosa es estar el engaño en la entrada del mundo y el desengaño a la salida». (Gracián).

Convencido estoy, señora ministra, de que usted desconoce la obra de Kierkegaard. Su fervor rociero no le viene de la desesperación resultante del desempleo inasumible que padece este país, siendo usted la titular de Empleo. Resumiendo, doña Fátima, a usted no le suena de nada el libro del filósofo danés que tiene por título ‘Tratado de la desesperación’. Así pues, su devoción mariana, según puede deducirse, es puro folclorismo.

Pero resulta que ese folclorismo suyo, que esa inutilidad a la hora de luchar contra el paro, por mucho que hagan cosméticas de última hora, va acompañado de medidas tan inaceptables como lesivas e indignantes, entre ellas, la que establece que cualquier persona que se dedique a la creación y cobre su correspondiente retiro laboral no podrá percibir más de 9.000 euros de ingresos anuales so pena de tener que renunciar a su pensión.

¡Bravo, doña Fátima! ¡Bravísimo, señora ministra todavía en funciones! Ustedes, que permitieron que muchas personas que arruinaron las Cajas de Ahorro con su nefasta gestión, cuando no con sus corruptelas, se blindasen para cobrar jubilaciones de lujo, se atreven a legislar contra la literatura y la creación en general. ¿Se cree usted que algo así puede resultar tolerable?

Imagínese usted, por un momento, señora ministra aún en funciones, que Gamoneda, Caballero Bonald o cualquier autor aún vivo pueda percibir una cantidad considerable por los derechos de una obra publicada hace años. En ese caso, debería renunciar a su pensión. Fastuoso. Imagínese usted por un momento, doña Fátima, que un autor o autora en edad de jubilación escriba una obra de éxito y tenga que renunciar a su pensión sin saber por cuánto tiempo se seguirán vendiendo ejemplares. Está cometiendo usted un tremendo atropello no sólo contra personas de talento que aún pueden escribir, pintar o componer música, sino también contra la inteligencia.

Lamento decírselo con tanta crudeza, señora Báñez, pero lo cierto es que se sigue demostrando que ustedes llevan en sus genes el rechazo hacia la inteligencia, el talento y la creación.

¿Acaso no es un sarcasmo, señora ministra, que en el país en el que la SGAE se convirtió en una suerte de sórdido y pestilente Patio de Monipodio se legisle ahora en contra de la creación artística y literaria? ¿Es de recibo que poetas como Gamoneda tengan que renunciar a su pensión, mientras que los principales dirigentes de la mencionada SGAE cometieron estafas escandalosas?

Sería todo un detalle, señora ministra aún en funciones, que retirasen antes de irse semejante disposición legal. Sería todo un detalle que nos regalasen como despedida una sola rectificación.

Fíjese usted, señora Báñez, las coincidencias las suele cargar el maligno. Resulta que la escandalera y la indignación ante el asunto que venimos abordando coincide en su estallido mediático con la afirmación que se hizo en el juicio del caso Nóos en el sentido de que eso de que ‘Hacienda somos todos’ no es más que un eslogan propagandístico.

En este país de nunca jamás, de privilegios rechazables e injustificados, ustedes dejan el Gobierno arremetiendo contra la inteligencia, el talento y la creación.

Ustedes, doña Fátima, que representan al más rancio reaccionarismo carpetovetónico, a la machadiana España de charanga y pandereta, ustedes, digo, son incorregibles.

Me permito, por último, doña Fátima, recordarle las palabras que siguen que escribió Unamuno en su destierro en Fuerteventura:

«¡Ésta es mi Atlántida! ¡Ésta es mi Ínsula Barataria! Aquí me vistan en larga estantigua, en procesión de almas doloridas, todos los que en los largos siglos sufrieron la pasión trágica de mi España; aquí vienen, aves consoladoras a la par que agoreras, las almas de todos aquellos que sufren persecución por su Justicia, por su espíritu de Justicia y verdad, las almas de todos aquellos que sucumbieron al poder infernal del Santo Oficio de la inquisición, y esas almas me orean con su aleteo la frente enardecida de mi alma, esas almas me orean la inteligencia».

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Sobre el conflicto generacional y otras menudencias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-01-2016 | 02:38| 1

El diputado de Podemos Alberto Rodríguez pasa ante Mariano Rajoy.

“Podemos imaginar a cada generación bajo la especie de un proyectil biológico lanzado al espacio en un instante preciso, con una violencia y una dirección determinadas. De una y otra participan tanto sus elementos más valiosos como los más vulgares”. (Ortega y Gasset).

 

Una diputada amamantando a su bebé. Un parlamentario con rastas que, al desfilar delante de Rajoy, suscita en don Mariano una respuesta gestual de inequívoco rechazo, que viene a decir muy claramente que el mundo está perdido con esta juventud. Fue el caso que los referidos episodios acapararon la atención mediática el día inaugural de una Legislatura, que se prevé corta, aunque quién sabe. Fue el caso que lo que se escenificó, más allá de cualquier otra consideración, fue un conflicto generacional, algo tan antiguo como el mundo, pero que muchas gentes no quieren ver.

Así pues, más allá de la dicotomía izquierda/ derecha, más allá incluso de la contraposición entre vieja y nueva política, lo que, en apariencia se manifiesta más claramente es un choque generacional que, a su vez, dio lugar a respuestas tan pintorescas como casposas por parte de doña Celia Villalobos y compañía.

Digo en apariencia, porque a la formación política que lidera Pablo Iglesias hay que reconocerle que maneja con envidiable habilidad las claves necesarias para erigirse en noticia y, con ello, para poner de su parte el mayor de los protagonismos en la vida pública. Estaba en el guion que su puesta en escena daría más que hablar que ninguna otra cosa. Y en ello no tuvieron rival.

Hubo quien les reprochó que hacen de la política un plató de televisión. Muy bien, ¿Pero es ello sorprendente? ¿Cuánto tiempo hace que los actos políticos se conciben sobre todo por y para la pequeña pantalla? ¿Acaso es nuevo, por otro lado, el convencimiento de la importancia que tienen las redes sociales en la política? ¿Es que alguien va a descubrir ahora que estamos en la era de la imagen? ¿Es que ningún virtuoso de la opinión publicada leyó a Barthes y desconoce las claves de la semiología?

Prestemos, por favor, atención es estas palabras de Ortega en su libro “El Tema de nuestro tiempo”: “Ha habido generaciones que sintieron una suficiente homogeneidad entre lo recibido y lo propio. Entonces se vive en épocas cumulativas. Otras veces han sentido una profunda heterogeneidad entre ambos elementos, y sobrevinieron épocas eliminatorias y polémicas, generaciones de combate”.

En este sentido, hay pocas dudas acerca del significado de lo que ocurrió en el Congreso el día en que se inauguró la Legislatura. Distinta cosa es que cabe preguntarse cuánto hay de pose y cuánto hay de autenticidad en la puesta en escena que tuvo lugar, puesta en escena que fue, ante todo, una batalla mediática.

Y esa batalla mediática la ganó Podemos. Y la guerra entre nueva y vieja política no ha hecho más que empezar. Guerra en la que el conflicto generacional es operativo como pretexto. Casi todo lo demás es mitología, mitología entendida al modo en que Barthes la concibió. Acudan a él, al semiólogo que se reivindicó como un “descifrador de los mitos”, más aún como un “desburrador de cráneos”. Todo lo demás es telebasura. O política basura.

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Caso Marea: Un culebrón quinquenal
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-01-2016 | 08:48| 0

¿Cómo olvidar aquella mañana en la que supimos que el ya ex consejero de Educación Iglesias Riopedre había ingresado en prisión? ¿Cómo no recordar la estupefacción que se apoderó de casi todo el mundo en Asturias al tener noticia de lo que había venido haciendo doña Marta Renedo? ¿Cómo dejar de tener presente aquella imagen en la que dos empresarios desfilaban por los juzgados declarando acerca de todo aquello?

Cinco años después, sabemos que, o bien se celebrará sin tardar mucho el juicio, o bien se aceptará  lo que plantean la mayor parte de las defensas de los procesados que ofrecen reposición de dinero y colaboración a cambio de rebajas en las posibles condenas

Por lo que parece, a esta iniciativa no se suma la defensa del ex consejero Riopedre, el hombre de confianza de Areces desde su primer Gobierno autonómico, el ciudadano que abrazó en su momento los hábitos religiosos, que más tarde militaría en el PCE y que, al final de su trayectoria pública, ya se sabe cómo acabó, itinerario errático el suyo, cuando no atrabiliario.

Culebrón quinquenal, digo. El estallido de aquello se produjo casi al final del último mandato de Areces, que gobernaba en coalición con IU. Culebrón, estéticamente hablando, marcado por contrastes muy, pero que muy llamativos. Piénsese a este respecto en los suntuosos destalles externos de la señora Renedo, frente a la sobriedad aparente de Riopdedre y de su directora general, también procesada.

¿Se acuerda alguien de la magistrada López Pandiella a la que le correspondió ocuparse del caso cuando estalló? ¿Y qué decir del juez Sorando que tuvo que hacer frente al mastodóntico sumario a continuación y que terminaría siendo trasladado a Lleida?

Y es que, miren ustedes, me pareció hasta heroica la lucha que sostuvieron estos dos magistrados ante un asunto que por su magnitud los desbordaba. Y no sería inadecuado pensar que tampoco se hicieron demasiados esfuerzos para darles los medios necesarios que la situación exigía.

Dos magistrados frente a una trama de corrupción desde el poder político. Su silencio en medio de ruidos y furias mediáticos. Sus afanes y desvelos por hacer justicia en medio de tantas y tantas limitaciones.

Y ahora este culebrón quinquenal parece estar llegando a su fin en lo que al ámbito del proceso se refiere. Sin embargo, marca una época de vergüenza y oprobio de nuestra vida pública. Sin embargo, más allá de los nombres propios que más destacan en esta historia, se trata, también, de un caso de corrupción cuyas salpicaduras alcanzan a más de un partido, si se tienen en cuenta las relaciones clientelares entre Ayuntamientos y otras instituciones con las empresas que salieron a la palestra en este caso.

De un lado, la señora Renedo y sus lujos. De otra parte, Riopedre y su directora general, personajes estos dos últimos con el envoltorio de una ideología de izquierdas, así como de un compromiso serio con la enseñanza pública. En medio de todo ello, las conversaciones interceptadas que se hicieron públicas, conversaciones que llegaron a abismos de sordidez.

Culebrón quinquenal, oprobio y vergüenza de principio a fin.

Culebrón quinquenal: desde la óptica de un literato, es imposible no imaginar los gestos de los magistrados que se enfrentaron a esta historia cuando iban atando cabos. ¡Cuánto heroísmo marcado por una indignación enmudecida, por un asombro silente, por un bochorno continuo!

¿A qué olerían aquellos papeles del gigantesco sumario? ¡Qué insoportable y grimoso tuvo que ser el rechinar de las cadenas de aquellos fantasmas que pululaban entre líneasy párrafos!

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El eterno laberinto español
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-01-2016 | 12:58| 0

«Antes de la guerra de 1914, España se gobernaba a sí propia a pesar de sus políticos, prosperaba, se afirmaba en su fe y esperanza. Cierto que los políticos estorbaban, pero no valía la pena romper la jornada y hacer alto en el camino para corregir este estorbo. Pero estalló la guerra, llegó para España, como para todos los pueblos, el periodo de transición, de éxodo difícil. Revelóse a la luz la funesta incompetencia de los gobernantes, y lo que no era sino estorbo pasó a ser insoportable y maldita pesadumbre». (Pérez de Ayala).

España en su laberinto, España en su bucle, infinito y melancólico. España en su encrucijada, que tanto se repite. Este país tiene ante sí un sinfín de embrollos, que empiezan por un Gobierno en funciones presidido por un candidato a repetir en el cargo, a pesar de haber sido el partido que más votos perdió con respecto a la convocatoria anterior. A ello debe sumarse la inminente constitución de un Parlamento cuya fragmentación no pone nada fácil conformar coaliciones sólidas, aritméticamente hablando. Y, por si todo ello fuera poco, el llamado problema territorial ahí está tras una investidura ‘in extremis’ de un nuevo presidente en Cataluña. Como coda, no hay que perder de vista los vaivenes continuos que la vida pública sufre a resultas de escándalos de corrupción que sientan en el banquillo de los acusados a políticos, a sindicalistas e incluso a toda una infanta del reino de España. Laberinto español, digo, que, en este caso no sólo presenta dificultades por su endiablado itinerario a la hora de recorrerlo, sino también por un hedor a caciquismo y simonías varias.

Ante lo que está sucediendo en Cataluña, donde el Parlamento, tras ciertas negociaciones un tanto pintorescas, a decir verdad, decide investir a un presidente que declara su inequívoca intención de seguir la hoja de ruta soberanista. ¿Ante ello es suficiente la respuesta de que se hará cumplir la ley? ¿Nadie va a tener en cuenta que se hace necesario analizar las causas de un independentismo creciente, intentado alcanzar acuerdos antes de que llegue lo irreversible? Cierto es que la necesidad de buscar acuerdos no sólo es de una parte, puesto que las llamadas fuerzas soberanistas también deberían pensar que hay un amplio sector de la ciudadanía catalana que no se decanta por esa opción. No sólo se trata de un asunto entre Cataluña y España, sino también de un asunto interno catalán en el que ningún sectarismo sería de recibo democráticamente hablando.

España en su laberinto. Un Rajoy que está a la desesperada casi rogando apoyos para seguir gobernando. Un PSOE que cosechó un pésimo resultado electoral al que le toca pensar seriamente en un cambio de rumbo y de discurso. Unas fuerzas políticas emergentes que, sin haber derrotado definitivamente al bipartidismo, están obligadas a demostrar hasta dónde llega su voluntad de diálogo por el interés general.

En el caso de que no se repitan las elecciones, lo que parece fuera de duda es que el próximo Parlamento español será –‘velis nolis’– constituyente.

Y, en cuanto a las llamadas líneas rojas de los unos y los otros, si de verdad han sabido leer el mensaje de la ciudadanía, lo que está claro es que toca una regeneración que vaya más allá de la retórica, una regeneración que pasa por mostrar una voluntad inequívoca de que se acaben los privilegios de la mal llamada clase política.

A ellos hay que añadir la necesidad de mostrar altura de miras ante asuntos de Estado, empezando por la vertebración territorial, sin dejar de lado la necesidad de un sistema educativo con el mayor grado de consenso posible, sin orillar tampoco la obligación de mantener el Estado del bienestar poniendo freno a una desigualdad creciente.

La dicotomía no sólo está (aunque también) entre la vieja y la nueva política, sino que va más allá de ello si se tiene en cuenta que tocan grandes reformas. Y, a este propósito, llegó la hora de que todas las instituciones y partidos den la medida justa de su efectividad.

Lo que se está viviendo ahora en España no se encuentra muy lejos de aquello que Ortega imploró en su artículo más influyente cuando planteó sin paños calientes la necesidad de reconstruir el Estado, de reconstruir España.

Toca algo similar –‘mutatis mutandis’– 85 años después.

Por último, en cuanto a la cita de Pérez de Ayala que encabeza este artículo, si, en lugar de la Guerra del 14, hablamos de la actual crisis económica, su actualidad es asombrosa e inquietante.

¿Verdad que sí?

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“Caso Villa”: Esperando al forense
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-01-2016 | 14:47| 0

Primero fue aquel ‘síndrome confusional’ que libró a Maese Villa de dar explicaciones de su fortuna ante el Parlamento autonómico. Y ahora, cuando le toca justificar qué pasó con los ingresos de unos cuantos años que, en teoría, deberían haber ido a parar a su sindicato, al SOMA, y no a su bolsillo, la defensa del otrora todopoderoso líder sindical alega «padecimientos médicos irreversibles». Ante ello, la magistrada que lo había citado a declarar, decidió que un forense examinase en su propio domicilio al personaje que aquí nos trae.

La cosa es paradójica a más no poder. Resulta que en su momento estaba citado a declarar en la Junta General del Principado ante una Comisión que se creó ad hoc para investigar su caso. Es decir, se le convocó en una institución de la que formó parte como diputado autonómico Dios sabe cuántos años. Y ahora tendría que responder ante la Justicia a resultas de una denuncia del sindicato que capitaneó a lo largo de décadas.

Esperando al forense no sólo en su domicilio, sino también en la vida pública llariega. De lo que dictamine dependerá que continúe el silencio de alguien a quien le encantaba perorar acerca de sus trabajos y sus días, o que cumpla con la liturgia de desfilar ante un juzgado.

Cierto es que nuestra pequeña historia ya ha juzgado a Villa, y la sentencia no parece que vaya a ser, ni mucho menos, absolutoria. Cierto es también que no se trata sólo de un caso donde sólo se dirima el comportamiento público de un ciudadano, sino también de un partido político, de un sindicato y hasta de una época política, que auparon al personaje a la cúspide de la política convirtiéndolo en todo un referente.

Y, poniéndonos incluso en las hipótesis más favorables, mal parado queda un partido político que ni siquiera sospechó, oficialmente se entiende, lo que estaba sucediendo. No mejor parado queda un sindicato que, a lo largo de tantos y tantos años, no le pidió cuentas de los dineros que, en teoría, iban destinados a sus ingresos, que no a la de su indiscutido e idolatrado líder. Mal parados quedan todos aquellos compañeros de partido y de sindicato que no sólo lo adularon hasta la náusea, sino que se lo deben casi todo a él para haber llegado a ser unos auténticos profesionales de la política.

Esperando al forense. Imagine el lector por un momento que lo que dictaminase llevase a la magistrada a obligar a que Maese Villa prestara declaración y que, además, hablase. Su relato sería muy previsible. Casi toda la narración insistiría en que fue un benefactor que hizo tanto por las cuencas, por la minería y por Asturias, y que, ante tanta ingratitud y deslealtad, decidió en último término ocuparse de sus intereses. Y, como principio y final del relato, vendría que ama y amó a Asturias, a la minería y a la izquierda sobre todas las cosas.

Amén.

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¿Nos queda Portugal?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-01-2016 | 03:24| 2

El líder del PSOE visitó Portugal y, por lo que se apunta, se está planteando la posibilidad de que en España se pueda configurar un pacto entre las fuerzas de la izquierda similar al que existe en el país vecino. No sé qué podrá dar de sí la excursión con su aparejado mensaje simbólico en este momento. Pero lo cierto es que se trata de algo novedoso. España raramente miró hacia el país de Eça de Queiroz, sobre todo, desde la transición a esta parte, sobre todo, porque allí la democracia llegó de muy distinta forma. En Portugal, sí que se rompió claramente con la dictadura.

¿Nos queda Portugal? Tengo para mí que don Pedro Sánchez desconoce por completo aquel iberismo del que Unamuno fue un gran entusiasta, del que también habría mucho que decir en Asturias. Lo cierto es que en no pequeña parte la mejor España participó del iberismo. Pero, a día de hoy, si de lo que se trata es de extraer lecciones políticas o, en todo caso, referencias válidas y más o menos homologables, el asunto está muy difícil.

De entrada, el país de Camoens no se enfrenta, como España, a un problema de vertebración territorial. Añadamos a esto que el principal partido de la izquierda portuguesa no sufre las mismas disensiones internas que el nuestro.

No obstante, hay algo que me llama poderosamente la atención. Se diría que, en los últimos dos años, con mayor o menor voluntad en el empeño, las tentativas políticas más importantes de nuestro país parecen volver la vista hacia el momento histórico de la transición. Se diría que hay un impulso, más o menos consciente, pero generalizado a desandar el recorrido histórico poniendo el rumbo en aquellos años en los que casi todo parecía estar por hacer.

¿Nos queda Portugal? El país de Pessoa, del que tanto podríamos aprender, al que visitamos con enorme frecuencia, no tiene ante sí los mismos retos que nosotros, y hay una sociedad que no está dispuesta a más miserias y recortes. Aquí, sin embargo, una vez más, toca reinventarlo casi todo. Aquí, si el PSOE de verdad quisiera liderar una coalición de izquierdas, se encontraría no sólo con los escollos de los partidos nacionalistas, sino también con problemas internos de calado. Estamos hablando del mismo partido que se estrenó con los recortes. Estamos hablando del mismo partido que gobernó este país durante 21 años y que es, desde luego, en gran medida responsable de la actual situación. Estamos hablando del partido que ni resolvió en tantos años de Gobierno el problema de los nacionalismos, ni tampoco dejó atrás males endémicos ni desigualdades tremendas en territorios donde vino siendo la fuerza política hegemónica en el ámbito autonómico.

No es nada fácil esa gran coalición. Y, en cuanto a Portugal como referencia, habría que partir de la base de que ambos países siguieron trayectorias muy distintas en sus respectivas andaduras democráticas más recientes.

¿Nos queda Portugal? Quiero pensar que sí. Pero hablamos de tiempos muy distintos.

Y distantes.

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Panorama Vetustense: Los Presupuestos del tripartito
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-01-2016 | 09:32| 1

Una imagen de la reunión de los socios de gobierno para abordar el presupuesto.

Algunas personas enfocan su vida de modo que viven con entremeses y guarniciones. El plato principal nunca lo conocen”. (Ortega y Gasset).


“Lo más difícil de administrar es una victoria política”. (Azaña).

 

No se podían quedar, en los entremeses, es decir, con la derrota del gabinismo en Oviedo. Era ineludible dar el paso siguiente: pactar unos presupuestos acordes con un discurso de izquierdas, de izquierdas que, a diferencia de lo que ocurre en el ámbito autonómico, no sean sólo de siglas.

Todos sabemos, empezando por los partidos políticos que forman parte del Equipo de Gobierno carbayón, que la ciudadanía que apostó por el cambio en Oviedo se sentiría frustrada si no se hubiese logrado alcanzar un acuerdo en materia presupuestaria, porque, de haberse producido esa circunstancia, cabría preguntarse, entre otras cosas, qué sentido tiene esta coalición que situó a Oviedo en el mapa de las ciudades del cambio y que sirvió para poner fin a una pesadilla política.

Tocaba dejar los estrellatos, abandonar salidas de tono de egos, más que revueltos, crecidos y multiplicados, líbrarse y líbrarnos de incoherencias y, sobre todo, sentarse  a la mesa con el inequívoco propósito de alcanzar el acuerdo presupuestario que la ciudad necesita.

Por si ello fuera poco, no pierdan de vista esto que sigue: si no se hubiese alcanzado lograr el referido acuerdo, se hubiera hecho  de la victoria política un fracaso, tal y como escribió Azaña en uno de sus mejores libros, el que tiene por título “Mi rebelión en Barcelona”. Y, desde luego, el hipotético fracaso, que, por fortuna, no llegó a producirse, hubiera supuesto un mazazo tan indeseado como inmerecido.

Sin ánimo de buscar culpables,  tengo para mí que, en la andadura de este “tripartito”, que sigue estando en el punto de mira de los ámbitos mediáticos de la vieja política, hay algo que enrareció el ambiente desde el principio, y ese algo es IU que  no se haya sumado a sus socios de Gobierno en el apartado de las asignaciones a los ediles y a los grupos municipales. Se trata, en mi opinión, de algo tan incoherente como erróneo.

Por otra parte, tengo la impresión de que a veces puede resultar desproporcionado el afán de autobombo que se dan algunas de las formaciones políticas del Gobierno municipal. Creo que sería del caso repartir los logros, mejor aún si son más reales que supuestos.

En cualquier caso, el asunto que aquí nos trae: la necesidad de aprobar unos presupuestos pactados entre Somos, PSOE e IU era ineludible e irrenunciable. En serio, no había pretextos para que ello no se llevase a cabo.

En serio, ya es hora de que la nueva política se diferencie, también en los hechos, claramente de la vieja y marrullera política.

Toca cumplir. No lo olviden.

LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES

 

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