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¿Una jornada electoral histórica?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 20-12-2015 | 02:48| 0

Los españoles no heredamos ninguna sabiduría. Cada cual aprende que el fuego quema cuando pone las manos en las ascuas”. (Azaña).


“Ciertos pueblos, como el ruso y el español, están tan obsesionados por sí mismos que se erigen en único problema: su desarrollo, en todo punto singular, les obliga a replegarse sobre su serie de anomalías, sobre el milagro o insignificancia de su suerte”. (Cioran).

 

La llamada “jornada de reflexión” transcurre con viento sur, caliente, sí, pero nada perezoso  como el que soplaba en la Vetusta clariniana que sesteaba en el arranque de “La Regenta”. El de hoy es un viento que desasosiega y que amenaza con zarandear el ánimo de quienes tenemos el sistema nervioso proclive a determinadas zozobras.

Viento sur, digo, con rachas fuertes, de las que ululan y levantan tantas y tantas tempestades. Reflexionamos, pues, sin contar con una atmósfera en lo climático de calma chicha. Reflexionamos, ante todo, convencidos de que, muy probablemente, la jornada de mañana será histórica, pues, más allá de los pronósticos, lo que parece seguro es que entraremos en una nueva etapa en la que tocará que este país se reinvente una vez más. Una nueva etapa en la que lo viejo no va a desaparecer aún y en la que lo nuevo tampoco conseguirá imponerse definitivamente, pero, aun así, tendrá presencia. No lo duden.

¿Jornada de reflexión o jornada de indecisión? Jornada, así pues, hamletiana. Literariamente, es sugestivo pensar que ésta es una jornada hamletiana y que habrá muchas personas que no decidan su voto hasta el último momento. Y – no lo olvidemos- no serán pocas las gentes que votarán, sobre todo, a la contra.

¿Una jornada histórica? Sin duda, lo será, bien porque las elecciones de hoy cambiarán la actual inercia de lo que vino siendo la política en las últimas décadas, bien porque se recordará siempre la tentativa y la oportunidad que brindó la fecha.

No puedo dejar de preguntarme acerca de las lecturas que se harán hoy, lecturas que, o bien pueden resultar evasivas y descontaminantes ante el continuo runrún de la campaña, o bien habrá quienes se decanten por transitar libros que se ocupan con profundidad y lucidez sobre nuestro país. La bibliografía al respecto es oceánica y siempre viene bien. Y –no lo duden-, además de arrojar luz, asombraría a muchas personas la sorprendente actualidad que tienen muchos de los textos clásicos que se escribieron sobre España, que, en algunos casos, se remontan, como poco, a cien años vista. Y no es que Galdós, Unamuno, Ortega, Azaña, Américo Castro y un largo etc. fueran profetas, es que, simplemente, conocían muy bien su país, lo conocían amargamente.

Una jornada histórica. No se recordará tanta incertidumbre con respecto al resultado final. No se recordará un día de elecciones con tantas cábalas acerca de lo que pueda ocurrir a partir del día después en lo que respecta a la gobernabilidad del país.

Una jornada histórica. Dos dudas metafísicas. La primera, acerca de los resultados. La segunda, mayor aún, acerca de la capacidad de los actores llamados a interpretar la voluntad del pueblo soberano expresada en las urnas.

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“Molinos de viento en Brooklyn”: Entre la picaresca y el quijotismo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-12-2015 | 13:49| 0

Hoja de Lata vuelve a acertar con la publicación de ‘Molinos de viento en Brooklyn’

«¿Quién puede resistirse a empezar una novela de doscientas páginas que lleva por título ‘Molinos de viento en Brooklyn’?». Esto es lo que se preguntó Gregorio Morán en el primer artículo que leí acerca de del libro que nos ocupa. Tengan en cuenta que nuestro paisano no suele prodigar demasiados elogios en sus columnas y libros. Y, por lo demás, es cierto que estamos ante un título muy logrado.

El autor comparte con el muy plomizo  don José María, no sólo apellido, sino también origen cántabro, pero no tengo constancia de parentesco alguno entre don Prudencio y el narrador naturalista. Por cierto, según Jardiel Poncela, los chinos habían descubierto que obligar a leer libros de José María de Pereda constituía un método muy útil de tortura. Pero no se inquieten: “Molinos de viento en Brooklyn” no sólo no es una lectura tortuosa, sino que además se trata de una excelente novela con un trasfondo histórico conmovedor.

Desde la perspectiva cándida de un niño, asistimos al retrato que hace de sus abuelos. Quijotesco el primero. Áspera y desengañada la segunda. El narrador muestra de principio a fin una enorme pasión por el patriarca de su familia. Y a esta estructura, tan cervantina y española, que encarnan los abuelos, hay que añadir otro personaje que representa también algo omnipresente en nuestra literatura. Se trata de Agapito, todo un virtuoso a la hora de hacer pasar por puros habanos tabacos de mucha menor calidad. Agapito es la picaresca. A don Américo Castro le hubiera entusiasmado que en una misma novela confluyesen Cervantes y Mateo Alemán.

Pero Agapito, a los ojos del narrador, es un hombre entrañable con los suyos, que obtiene sus ingresos vendiendo sus habanos falsos a individuos sórdidos que no despiertan la más mínima simpatía al lector. A quienes se dedicaban a semejantes actividades se les conocía como teverianos. Agapito es uno de ellos. Se trata del oficio con el que se familiariza el narrador que, sin embargo, sabe que no va a ejercerlo nunca.

Siguiendo con el abuelo, resultan conmovedoras las confidencias que hace acerca de sus recuerdos como camarero en Tánger. Allí las circunstancias torcieron su futuro. Se agarra a los sueños, así como a la especial relación que mantiene con su nieto. De la abuela, no conoceremos hasta casi el final de la novela su mejor historia, que la redimirá.

Por otro lado, aunque se trata de una novela no muy extensa, se estructura en dos partes claramente diferenciadas. En la primera, el protagonismo se reparte entre el abuelo del narrador y Agapito, personaje con claroscuros y contrastes muy logrados literariamente, y hay episodios asombrosos, donde la maestría narrativa del autor se manifiesta claramente.

En la segunda parte, asistiremos, de un lado, a lo que sería la iniciación en el sexo del joven narrador, y, por otra parte, a la realización de los sueños del abuelo, de un perdedor que sabrá despedirse de la vida con un desquite memorable.

En cuanto a lo primero, nos encontramos ante un proceso que tardará en cristalizar, pero que, al mismo tiempo, se trata de una especie de “educación sentimental” que alcanza momentos cumbre narrativamente hablando. Y, en lo que se refiere a los lances de gloria de su abuelo, guardan mucha relación con una vieja celebridad de la farándula española, que, curiosamente, atiende al nombre de Manolín y que, como no podría ser de otro modo llamándose así, era asturiano, un asturiano, para nuestro gusto, españolizado en exceso. Sea como fuere, la novela le hace sitio a que un perdedor como el abuelo, quijotesco y admirable, pueda saborear la gloria. Todo un logro como justicia poética.

 

Una vez más, la editorial Hoja de Lata acierta en su elección. Y, para los curiosos acerca de la trayectoria literaria del autor, el epílogo de Jorge Ordaz no sólo está escrito con oficio, sino que además proporciona una información muy valiosa acerca de un escritor que sigue siendo un gran desconocido en nuestro país.

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¿UN DEBATE VERDADERO?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-12-2015 | 06:27| 0

De entrada, cuando se tiene la certeza de que hay, al menos, cuatro fuerzas políticas estatales que obtendrán una representación nada marginal en el próximo Parlamento, el hecho de haber repetido un cara a cara entre los candidatos de los dos partidos hasta ahora mayoritarios supone una falta de respeto al electorado en su conjunto. Por tanto, hemos asistido a un episodio que se niega a ver la realidad del aquí y el ahora de este país. Y eso es grave e indigno.

Para seguir, si nos centramos en lo que dio de sí el debate, tengo para mí que cabría hablar de mediocridad, marrullerías y zafiedades. Desde luego, no puede decirse que ni Rajoy ni Sánchez hayan dado muestras de grandes dotes de persuasión, ni que tampoco hayan sido capaces de exponer la líneas básicas de un proyecto de país que pudiese captar la atención del respetable.

Y, por otro lado, este debate tenía su trampa, además de la señalada más arriba con respecto a la ausencia de los candidatos de otras formaciones políticas. Fíjense ustedes: la apariencia era que estaban frente a frente un político veterano, desgastado por una acción de Gobierno con menos luces que sombras, ante un nuevo líder que acaba de ganar unas primarias, sin hipotecas de bochornosos lances relacionados con la corrupción. Pero, en realidad, el busilis del debate no fue la confrontación dialéctica y retórica entre dos generaciones, sino que se trató de muy distinta cosa: de una discusión entre dos dirigentes en cuyos partidos habita la podredumbre, lo que inevitablemente lleva al tan manido ‘y tú más’.

Se ponga como se ponga, es incontestable que, tras la publicación de los mensajes de texto con Bárcenas, Rajoy tendría que haber dimitido, por estética o, si se prefiere, por decencia. Por tanto, no es que el señor Sánchez lo haya derrotado en el debate televisivo, sino que a don Mariano, en cuanto a ese asunto, no lo queda otra que comparecer como vencido de antemano.

Cierto es también que el señor Sánchez no puede sacar pecho por la honestidad de su partido, toda vez que se le pueden poner muchos ejemplos que lo desautorizarían moralmente.

Por si todo ello fuera poco, los logros de los que alardea Rajoy no resultan suficientes para salvar una legislatura salpicada por los escándalos, también en campaña, y ennegrecida por la dureza de una crisis que llevó a muchos ciudadanos a una miseria desesperante. Añádase a ello la prepotencia con la que el Gobierno utilizó su mayoría absoluta.

¿Y qué decir del señor Sánchez? Don Pedro no puede negar que la España de hoy es en no pequeña parte consecuencia de los veintiún años de Gobierno de su partido. Rajoy no se hizo cargo de una España maravillosa. Y es que, siguiendo con el candidato socialista, no estamos hablando de un político que esboce un discurso de renovar y regenerar su partido.

Y, en cuanto a los proyectos presentados, más de lo mismo por parte de un Rajoy cansino y agotado. Y, de otro lado, el señor Sánchez no concreta las ventajas de sus propuestas, que no digo que no las tengan, en lo que se refiere a la vertebración territorial, ni tampoco en lo tocante a regeneración política: puertas giratorias, designaciones digitales, sueldos de los políticos, endogamias, privilegios, listas abiertas, financiación de los partidos, y así un largo etcétera.

Otro problema del señor Sánchez es el ideológico. Está muy claro que el PP y Ciudadanos son la derecha, lo que da pie a la duda es que el PSOE sea de izquierdas en algo más que en sus siglas. Y tiene difícil, de una parte, convencer de sus propuestas regeneracionistas frente a Ciudadanos. Y, de otra parte, convencer a los votantes de Podemos y de IU que, desde la perspectiva de la izquierda, es más útil votar al PSOE.

Bien mirado, en las horas más bajas del bipartidismo, un debate entre sus respectivos candidatos no puede dar mucho más de sí que lo antes expuesto: mediocridad y marrullerías.

Salvo para los muy entregados y muy convencidos de antemano, el debate de ayer fue un capítulo más en el ya largo inventario de decepciones del bipartidismo.

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¿LA CAMPAÑA DEL GATILLAZO POR PARTIDA DOBLE?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-12-2015 | 06:30| 1

¿Sufrirá el bipartidismo un tremendo gatillazo ante su intento desesperado de solapar a los llamados partidos emergentes? Y, a su vez, ¿se encontrarán estos últimos con unos resultados que no constituirán una severa derrota del tan denostado y mencionado bipartidismo? ¿Será este doble revés lo más distintivo y definitorio de las elecciones que se celebrarán en 20 de diciembre? Todo parece indicar que sí.

En esta suerte de juego de la oca de las distintas encuestas que venimos conociendo, todo parece indicar que, a pesar de tantos pesares, el PP amenaza con ser el partido más votado. Y no es nada descartable que el PSOE ocupe el segundo lugar en las preferencias ciudadanas en las urnas. Ante esa tesitura, siendo innegable que ambas formaciones tendrán un importante descalabro electoral con respecto a los anteriores comicios nacionales, los llamados partidos emergentes se quedarán muy lejos de alcanzar sus objetivos de acabar con el bipartidismo, o que, en todo caso, las susodichas formaciones políticas tendrán que afrontar que sus expectativas no habrán sobrepasado gran cosa lo meramente especulativo y, sobre todo, desiderativo.

Cierto es que el declive del bipartidismo no ha hecho más que empezar, entre otras cosas, por los datos que tenemos acerca de la franja de edad de sus votantes. Cierto es que el llamado ‘régimen del 78’ continúa su imparable declive a resulta de una corrupción generalizada que está muy lejos de conjurarse. Cierto es que los llamados partidos emergentes no han dispuesto de mucho tiempo para explicar sus discursos de manera que calen hondo en la sociedad española.

Sea como sea, y prescindiendo de criterios de equidad y meritocracia, se diría que, salvo sorpresas de última hora, el electorado tradicional de los dos grandes partidos no dará una espantada tan grande como podría pensarse tras aquel inolvidable aviso a navegantes y caminantes que se vislumbró en las elecciones europeas.

Y, en cuanto a los partidos emergentes, no solo tendríamos que hablar del gatillazo que supondría que el bipartidismo siguiese vivo, sino también de las idas y venidas en sus discursos en busca de votos masivos. En este sentido, el caso más llamativo es el de Podemos con sus guiños al centro, con sus ambigüedades y, sobre todo, con haber desandado en gran medida la senda de la ruptura para decantarse por la reforma ante la presente coyuntura.

Seamos claros: sobre el papel, Podemos debería tener muy fácil convertirse en el partido de referencia de una izquierda social que tiene muy pocos motivos para confiar en el PSOE, en un PSOE que es de izquierdas sólo en sus siglas, en un PSOE que facilitó la privatización de las cajas de ahorros, que sigue teniendo a Felipe González en una hornacina andante, que no resolvió en 21 años de Gobierno asuntos como la religión en la escuela pública y que fue dócil en exceso a las llamadas exigencias del mercado; ello por no hablar de sus tremendos y numerosos casos de corrupción, que lo desautorizan para erigirse en referente moral ante el PP. Pero, ambigüedades aparte de Podemos, también es cierto que hay un voto muy fiel al PSOE, sin perder de vista tampoco que el grado de conformismo de la sociedad española es muy alto, mucho más de lo deseable, sin duda.

Y en cuanto a Ciudadanos, tengo escrito que parece indiscutible que es una buena noticia que en España haya un partido de derechas que no sea heredero del franquismo, una derecha civilizada, europea no sobrevenida, una derecha no casposa. ¿Qué tendría que haber hecho el partido del señor Rivera para que pudiese tenerse la certeza de que iba a desbancar a un PP carpetovetónico, rancio y salpicado por bochornosos casos de corrupción? Del mismo modo que a Podemos le sobró ambigüedad, el discurso de la formación naranja, salvo en el tema territorial, está muy falto de concreción. Por decirlo al orteguiano modo, le falta pedagogía política para que se conozcan y se entiendan sus propuestas masivamente hablando.

Así pues, la campaña del gatillazo, con encuestas que van y vienen, pero que mantienen al PP como el partido que va a ser más votado. Así pues, si los sondeos se confirman, la regeneración y la democracia serán víctimas de sendos gatillazos.

Nos lo fían muy largo, la verdad. Nos presentan un panorama muy poco excitante, a no ser que la madre de todos los gatillazos sean las propias encuestas. ¡Ay!

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EL ‘SIOLA’ EN MI MEMORIA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-12-2015 | 13:29| 0

La noticia publicada en EL COMERCIO acerca del fallecimiento de Manuel Menéndez Martínez, fundador de la Confitería Siola de Pravia, fue un mazazo por partida doble. Primero, porque estamos hablando de un hombre afable en el trato cuya conversación siempre era provechosa. Puedo y debo decir que tuve la suerte de conocerlo hace ya muchos años y que siempre  se mostraba con cordialidad. Segundo, porque, aunque no podría determinar la fecha con exactitud, la última vez que lo vi fue en Cornellana hace poco tiempo y, en modo alguno, presentaba un aspecto que diese a entender que su salud se había resquebrajado de repente. Confieso que me dejó helado la noticia de su muerte.

No sólo estamos hablando de un gran profesional en su oficio, sino además de un establecimiento que constituye una referencia de primer orden en la vida praviana en las últimas décadas. En efecto, el Siola viene siendo uno de los principales puntos de encuentro de Pravia, y, desde los primeros recuerdos personales que tengo del referido lugar, recuerdos que datan de 1972, lo cierto es que el Siola no sólo se integró en la vida de la villa, adaptándose a su personalidad, sino que además aportó lo suyo a la hostelería de la zona no sólo por la calidad de los productos y servicios, sino también por haber sabido crear una atmósfera muy grata y elegante, atmósfera grata y elegante acorde con lo más definitorio de la personalidad praviana. La vida social de Pravia se dio cita en gran parte en el Siola a lo largo de las últimas décadas.

Pero, más allá de todo esto, ¿cómo no recordar las tardes de muchos domingos tomando café en el Siola? ¿Cómo no recordar, asimismo, su terraza en primavera y verano desde donde nos podemos dar el placer de contemplar ese cogollo del centro de Pravia que es un auténtico regalo estético?

’Pravia, como recuerdo haber escrito en algún momento, más que estructura de pasillo, se acomoda sobre todo a lo que es un salón, confortable y elegante. Y, sin duda, el Siola fue siempre un enclave de privilegio para contemplar el centro de una villa que cautiva por su atractivo estético.

La terraza del Siola, siempre con enormes sombrillas, es un referente, sobre todo, veraniego para disfrutar de una villa que se sabe cerca del mar, para disfrutar de una villa que cautiva por su señorío.

El Siola forma con toda justicia parte de la reciente historia e intrahistoria de Pravia. A ello contribuyó también Manuel Menéndez Martínez dando lustre a un establecimiento omnipresente en Pravia, al tiempo que su trayectoria como confitero debe ser un orgullo para sus vecinos y personas más próximas.

Hasta siempre, Manolo.
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Hilda Farfante
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-12-2015 | 02:46| 0

Resultado de imagen de Hilda Farfante, el comercio

“Que mi voz suba a los montes, / que baje a la tierra y truene. / Eso pide mi garganta/ desde hoy y para siempre”. (Miguel Hernández).

 

Leo en EL COMERCIO que Podemos propone a Hilda Farfante para el Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. A este respecto, sólo cabe decir que resulta imposible estar en desacuerdo, teniendo en cuenta lo que esta ciudadana ejemplar y coherente representa, esto es, la lucha por la dignificación de la memoria de las víctimas del franquismo en general y de los maestros republicanos en particular. Como se sabe, Hilda es hija de dos maestros de la República que fueron asesinados en plena guerra civil a resultas de la profesión que desempeñaban. Maestros de la República a los que el inefable Pemán tildó en su momento de “envenenadores públicos”.

Las tropas franquistas detuvieron a su madre el 9 de septiembre de 1936 cuando iba a abrir la escuela de la que era directora en  un centro del concejo de Cangas del Narcea donde su padre ejercía también como maestro, al que fue apresaron al día siguiente, cuando fue a interesarse  por el paradero de su mujer. Ese mismo día les dieron muerte a los dos. La madre quedó enterrada en una cuneta, mientras que a su padre lo arrojaron por un barranco.

Hija de maestros republicanos, de la misma estirpe vocacional y republicana que Alejandro Casona, a pesar de haberse quedado sin padres a los cinco años, consiguió ejercer como maestra durante la dictadura. Y, pasados los años, en un acto de reivindicación de la memoria de las víctimas del franquismo, el grito de esta mujer, implorando dignidad, fue –y no hay exageración en lo que digo- una suerte de “yo acuso”, esta vez en pro de una justicia poética que no se hizo aún a pesar de que Franco lleva ya cuarenta años muerto.

El grito de Hilda Farfante, que concluyó con los versos de Miguel Hernández que encabezan este artículo, tuvo lugar en el pueblo natal de Casona, en Besullo, en 2001, y fue en un homenaje a la memoria de los maestros republicanos.

Su vinculación al occidente de Asturias es un motivo más para que el referido premio le sea concedido. Con ello, no sólo se reconocería una trayectoria ejemplar, sino que además se escenificaría una vez más el largo recorrido del occidente de Asturias en pro de la mejor Asturias y de la mejor España desde Rafael del Riego a esta parte. La mejor Asturias y la mejor España que apostaron siempre por la justicia y las libertades, lo que, inevitablemente, desembocó en que nuestras comarcas occidentales sigan formando parte de los principales viveros del republicanismo español.

¡Por favor, premien a Hilda Farfante, den solemnidad a su grito, pura justicia poética, pura justicia histórica!.

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¿Quién ganó el debate?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-12-2015 | 06:25| 1

«El silencio del pueblo declara su tristeza y su indignación; pero la voz del pueblo puede sonar terrible como las trompetas del juicio ¡Que mis palabras no resbalen ligeramente sobre corazones frívolos y que penetren en el vuestro como dardos de fuego!». (Azaña).

Doña Soraya, en todo momento, con ira contenida. Sabía que los reproches, casi siempre irrebatibles, iban en el guión. El señor Rivera amagó unas cuantas veces planteamientos que podrían resultar muy persuasivos, pero le faltó darles salida. El líder de Podemos fue el que más contrastes tuvo. Muy efectista fue su intervención final, tras haber patinado con los datos, citando mal y confundiendo un plebiscito sobre la autonomía con un referéndum de autodeterminación en Andalucía. Por último, don Pedro Sánchez no pudo defender lo indefendible, es decir, presentar a su partido como una formación política impoluta en asuntos de corrupción y de recortes, sin perder de vista tampoco que, tras 21 años de gobiernos socialistas, cuesta mucho creer que sus dirigentes sean de izquierdas en algo más que en las siglas.

Lo que más se dirimió fue la dicotomía entre vieja y nueva política, dicotomía que planteó Ortega en 1914, lo que da idea, en primer término, de lo poco que cambió este país, o, si se prefiere, de que hay problemas que parecen no resolverse nunca en España. A propósito de Ortega, bueno sería que los candidatos conocieran aquello que dejó escrito nuestro filósofo siguiendo a Renan y que tiene que ver con la idea de nación como un sugestivo proyecto de vida en común.

Pero vayamos a la vieja y nueva política: lo cierto es que los llamados partidos emergentes saben bien que se espera de ellos que dejen atrás viejos vicios que, más allá de los casos más sonoros de corrupción, se acabe de una vez con los privilegios de los que goza la mal llamada clase política, privilegios no sólo injustos, sino también indignantes. Y es cierto que se lanzaron señuelos de posibles acuerdos al respecto.

Por otro lado, mientras que don Pedro Sánchez quiso en todo momento dejar claro que PP y Ciudadanos eran la derecha, doña Soraya no metió en el mismo saco a Podemos y al PSOE. Ella estaba allí para encajar ataques de todos y para parapetar al ausente Rajoy.

Según pudo verse ayer, partido único el PP como gestor eficaz contra la crisis. Partido único también el PSOE como la solución a poner fin a los recortes de todo tipo de Rajoy. O sea, que el PP ya da por hecho que la crisis se quedó atrás, también doña Soraya se mostró como una abanderada contra la corrupción y se permitió el lujo de defender la LOMCE. Se necesita valor por ambas partes para esgrimir semejantes reclamos. Por su parte, se diría que, según el señor Sánchez, los recortes y la corrupción no van con el PSOE. ¡Madre mía! ¿Alguien se puede creer que el partido de los ERES y que tiene como reina madre a Felipe González es una formación política de izquierdas? De lo que acontece en Cataluña, doña Soraya no establece relación entre sus políticas y el aumento del independentismo en ese territorio, ni tampoco el señor Sánchez parece ser consciente de lo mucho que contribuyeron los bandazos de Zapatero al malestar catalán. Todo vale y todo les vale.

¿Y qué decir de los cambios de discurso que viene teniendo Podemos desde su irrupción en la vida pública a esta parte? Desde luego, Pablo Iglesias ya no está por la ruptura con respecto a lo que el propio partido definió como «régimen del 78». En menos de un año, el cambio de discurso es llamativo. Y, por otro lado, no le vendría mal cuidar más la precisión en los datos. El domingo día 6 de diciembre en un artículo que publicó en un diario nacional reproducía unas palabras de Azaña que dató en 1924 cuando pertenecían a un discurso de 1933. Y en el debate a cuatro, cuestiones fonéticas al margen, incurrió en los errores apuntados. La precisión en los datos es obligada siempre, máxime en un profesor universitario. Y la coherencia en el discurso es una exigencia ineludible si se pretende acabar con la vieja política.

En cuanto al señor Rivera, como dije más arriba, da la impresión de que, al final, no da salida a sus propuestas, lo que le perjudica, sin duda, electoralmente. Y, por otro lado, se podría intuir que el ascenso continuo que las encuestas le vaticinan lo ponen nervioso. También sería interesante que despejase incógnitas respecto a sus políticas económicas y sociales, que dan cierta inseguridad. Tiene muy fácil presentarse como una derecha menos casposa y carpetovetónica que el PP. Pero falta hace que sea consciente de que el país, tan castigado por la crisis, no está para aventuras en política económica que ahonden aún más en las desigualdades y en la pobreza.

La palabra cultura apenas se pronunció. La importancia de la investigación científica también estuvo ausente. Por otro lado, nadie se mostró por la labor de acabar con las diferencias en materia de impuestos y de sueldos públicos en función de la autonomía donde se resida.Nunca da tiempo a abordarlo todo, pero bien es verdad que las ausencias son tan significativas como las presencias.

Y, por último, tan imperdonable fue la ausencia de Rajoy, como injustificable resultó la exclusión de Garzón y de UPyD. Con independencia de lo que vaticinan las encuestas, la ciudadanía tiene derecho y hasta necesidad de conocer las propuestas de los partidos que se presentan.

Y, en fin, no creo que el debate a cuatro haya sacado de su indecisión a la mayoría de quienes aún no saben por qué papeleta optar el 20 de diciembre.

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El agrio debate entre Emilio León y Javier Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-12-2015 | 06:59| 0
Emilio León.

«Una vez admitido que el Tesoro tiene importancia, la vida humana deja de tenerla. La cosa es clara y meridiana». (Albert Camus).

Hay que reconocerlo claramente: el impuesto sobre las bolsas de plástico en los supermercados que pactaron don Javier Fernández y don Gaspar Llamazares, con vistas a los presupuestos autonómicos de 2016, será, andando el tiempo, una de las grandes glorias en la historia de la izquierda, tras la toma del Palacio de Invierno y la victoria de Castro y los suyos en la revolución cubana. Miren ustedes por dónde: Asturias se sumará una vez más a los grandes episodios de la izquierda política en la civilización occidental. Fastuoso, a decir verdad.

Así las cosas, nada tiene de extraño que nuestro izquierdista presidente llariego se mostrase cariacontecido primero y agrio después con Emilio León, pues el líder de Podemos en Asturias, lejos de mostrarse asombrado y lleno de emoción ante semejante pacto, no hizo más que poner reparos a los presupuestos que el Gobiernín pretende que sean aprobados por la Cámara autonómica. Estas gentes astures de Podemos no acaban de reconocer que estamos ante el mejor de los gobiernos posibles gracias al rojerío de la políticas de don Javier Fernández que con tanto entusiasmo apoya don Gaspar Llamazares.

Cuando Javier Fernández llegó a decirle a Emilio León que le tocaba optar entre el apoyo a los presupuestos de la izquierda o decantarse por adoptar la misma posición que PP y Foro, he de confesar que me quedé perplejo. Primero, porque se necesita tener valor para declararse de izquierdas con todo lo que viene arrastrando en su mochila la FSA. Segundo, porque de ello se deduce que, para el presidente astur, Podemos no tiene derecho a mantener y a sostener criterios y posiciones propias. Y, añadido a ello, don Javier se tomó la libertad de criticar los bandazos de Podemos desde que el partido de Pablo Iglesias irrumpió en la escena pública hasta el momento. Incoherencias que saltan a la vista y son innegables. Lo que me permito preguntarme es si alguien del PSOE tiene autoridad moral para criticar tales cosas, porque los bandazos que dio este partido fueron y siguen siendo antológicos. Y, por otro lado, lo que se discutía eran los presupuestos en Asturias, presupuestos que, según don Javier, hay que tomarlos o dejarlos, pero no cambiarlos. Eso es talante, que diría Zapatero, y todo lo demás serían monsergas.

¿Por qué se enfada tanto don Javier, ahora que ya no tiene a Cascos para sacarlo de quicio? ¿Tan duro es ser consciente de su debilidad parlamentaria? ¿Tan insoportable le resulta que haya un grupo parlamentario que se haya desmarcado desde el principio de la vieja política? ¿Tan escasa es su capacidad de aceptar las críticas y de asumir que la sociedad asturiana no le otorgó un respaldo que le permita hacer las políticas que desea?

¿Presupuestos de izquierdas por parte de quienes cierran chiringuitos sólo cuando los votos de la Cámara les obligan a ello? ¿Presupuestos de izquierdas con envoltorio ecologista cuando no hay más resoluciones medioambientales que el impuesto a las bolsas de plástico de los supermercados? ¡Anda ya!

Un agrio debate, sí. Nos esperan muchos así. Un agrio debate entre la vieja y la nueva política. Y conste que se trata de algo que va mucho más allá de lo que es mantener discrepancias en los presupuestos. Y conste que aún no conocemos bien qué proyecto presupuestario tiene Podemos. Pero lo que en verdad se dirimía es lo mal que lleva y sobrelleva don Javier que alguien intente desenmascarar izquierdismos que son mucho más apariencia que realidad.

Ésa es la cosa. No lo duden.

 

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La campaña electoral más contradictoria
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-11-2015 | 06:22| 2

Demasiadas contradicciones en la campaña electoral del 20 de diciembre, muchas más de las que el guion más laxo podría contemplar, especialmente en el ámbito llariego. Tiene razón don Javier Fernández al poner de relieve que no es fácilmente justificable que el PP y FAC hayan acordado una coalición electoral, cuando la formación casquista se pasó toda la legislatura cargando las tintas contra el Gobierno de Rajoy por hacer unas políticas lesivas para Asturias. Y que esa prédica tan duradera haya sido sólo ruido. Lo malo es que el propio presidente parece querer soslayar que, frente a ello, el entendimiento entre el PSOE y el PP llariegos fue manifiesto desde el momento mismo en el que se formó el Parlamento autonómico tras la victoria electoral de Cascos en 2011. ¿Hace falta recordar una vez más que el grupo parlamentario de la FSA confundió a don Fernando Goñi con Besteiro y le dio la presidencia de la Junta? ¿Hace falta recordar, otrosí, que hace un año el Gobierno que presidía don Javier pactó con el PP los presupuestos autonómicos?

¿Y qué decir de IU? ¿Puede resultar creíble que el señor Orviz esboce un discurso izquierdista al tiempo que, de puertas adentro, su coalición sea el principal apoyo del PSOE? ¿Se puede ser izquierdista antisistema en Madrid y segunda marca del PSOE en Asturias? ¡Ay!

Cierto es que la coalición entre PP Y FAC es tremendamente contradictoria, máxime cuando tuvieron la oportunidad de haber llegado a un entendimiento en 2011, para lo que hubiesen contado con una mayoría absoluta más que holgada. Cierto es que, hasta que Cristina Coto respaldó la candidatura de Mercedes Fernández a presidir el Gobierno de Asturias, la gresca entre ambas formaciones fue encarnizada. Y tendrían mucho que explicar a sus votantes ambas formaciones. No siempre es suficiente con poner tierra de por medio, sobre todo, tras haber implicado a tanta gente en discursos y batallas que se quedaron en nada. ¿Hace falta recordar que en FAC, con su discurso teóricamente transversal, se implicó mucha gente que nunca se hubiese sumado a las filas peperas? ¿Hace falta recordar, de otra parte, que los dirigentes peperos que fueron los máximos detractores de Cascos cuando se produjo la ruptura entre el exministro de Aznar y el PP, se habían dedicado a ensalzarlo desde la crisis que tuvo lugar cuando se cargaron a Sergio Marqués? ¿Y en qué queda el llamado ‘pacto del duernu’, señor Cascos? Intragable.

No menos contradictorio es que, entre los partidos hasta ahora mayoritarios, se crucen acusaciones de corrupción, cuando las escandaleras propiciadas por los unos y por los otros, también en Asturias, son de campeonato. ¿Es necesario recordarle al PSOE no sólo el caso de Fernández Villa, sino también todos aquellos que se vinieron y se vienen dando en municipios donde gobernaron y gobiernan? ¿Hace falta refrescarle la memoria al PP acerca de los episodios que se redican en Oviedo? Ayunos están canovistas y sagastinos de autoridad moral para reproches en tal sentido.

Hasta uno de los partidos emergentes como es Ciudadanos incurre en contradicción si se tiene en cuenta que su lista por Asturias la encabeza el señor Prendes, que llegó a la política asturiana bajo las siglas de la formación magenta que presidió Rosa Díez. Don Ignacio empezó apoyando la investidura de Javier Fernández. Poco tardó en romper el idilio. Y, más tarde, se fue del partido en el que militaba. Muchas zozobras en tan corto viaje político.

Curiosamente, Podemos, que rehúye, según dicen sus principales dirigentes, las etiquetas más clásicas, como izquierda y derecha, puede presentarse sin llevar demasiadas contradicciones en sus alforjas, entre otras cosas, porque tampoco dispuso de tiempo para acumularlas. Pero, más allá de contradicciones y ambigüedades en el discurso de sus líderes estatales, poco hay que reprochar a este partido desde las elecciones autonómicas hasta el momento, pues sus apuestas por la regeneración de la vida pública van más allá de la retórica.

Las elecciones del 20 de diciembre estarán, pues, cargadas de contradicciones a la hora de argumentar razones para pedir el voto a la ciudadanía. Más cargadas que nunca.

Así pues, el quid de la cuestión está no ya en ganarse la confianza de votantes remisos, sino de refrendar el apoyo de aquella parte del electorado que pueda compartir ideología con el partido de turno. Porque, tengo para mí, que no se lo merecen.

Lo dicho: demasiadas contradicciones en la inmensa mayoría de las candidaturas, contradicciones nada hegelianas, ciertamente.

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Lo que queda de Franco (y del franquismo)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-11-2015 | 06:35| 0

«Siempre somos responsables de lo que no tratamos de impedir». (Sartre).

«Franco madruga mucho y enseguida le afeitan. Fácil, porque es de poca barba, aunque muy negra. Lo más delicado, el bigotillo, un bigotillo entre Hitler y Chaplin, un bigotillo que se insinúa, que manifiesta una personalidad o la oculta en la indecisión. A los hombres se les conoce por el bigote como a las mujeres por la manera de pintarse la boca. O de no pintársela». (Francisco Umbral).

Franco lleva cuarenta años muerto tras haber gobernado el país durante casi cuatro décadas, inquietante coincidencia. Y, al tiempo que eso sucede, estamos en vísperas de unas elecciones generales, que, en no poca medida, parecen destinadas a formar unas Cortes constituyentes. Así las cosas, es ineludible plantearse hasta qué extremo la huella del franquismo sigue presente. Y no perdamos de vista algo muy esencial: la transición saldrá mejor o peor parada en la medida en que se considere que, a día de hoy, el franquismo sólo es historia, o que, antes al contrario, se saque en conclusión que aquí hubo una continuidad, más o menos lampedusiana, de aquel régimen dictatorial.

Todo el mundo que vivió aquello no olvidará nunca la omnipresente dicotomía que se planteaba en el debate público entre reforma y ruptura. Los hechos confirman que se optó por lo primero y que, desde esa aceptación más o menos explícita de la mayoría de los partidos políticos, se llegó a las primeras elecciones de 1977, en las que hubo un partido político cuyos principales dirigentes fueron ex ministros de Franco. Vendría a continuación el periodo en el que gobernó UCD, partido que fue creado para hacerle sitio al principal artífice de aquella transición, es decir, a Adolfo Suárez.

Pero, tras el declive de Suárez, que dimitió cuando en su partido se le hizo inviable seguir gobernando, vino el 23- F en el 81. Y, poco más tarde, el irrepetible y apoteósico triunfo del PSOE liderado por Felipe González en 1982. Ése fue el momento de la ruptura, ése fue el momento en el que la sociedad española le confió al partido fundado en su día por Pablo Iglesias la tarea de iniciar una nueva etapa política y dejar para siempre atrás no sólo las amenazas golpistas, sino también lo que quedaba del franquismo. No es éste el momento de analizar la larga etapa de González al frente del Gobierno español. Baste con decir que en modo alguno se llevó a cabo aquella ruptura que, en teoría, el PSOE había defendido desde la muerte del dictador. El PSOE, lejos de llevar a cabo un proyecto de izquierdas para España, aun estando respaldado electoralmente para ello, se decantó por hacer de Sagasta en una especie de Segunda Restauración borbónica, en la que los partidos ‘turnantes’ cada vez se parecían más. Ahí estuvo, sin duda, la oportunidad perdida de una ruptura que no se llevó a cabo.

Pero volvamos al momento mismo en que se produjo la muerte de Franco. Como escribí en más de una ocasión, los clamores que pedían amnistía y libertad llenaban las calles, olvidando que amnistía y amnesia tienen la misma raíz etimológica, olvidando también que no era precisamente la España exiliada y represaliada la que tenía que implorar perdón alguno.

Regresaron, sí, exiliados muy ilustres, desde Sánchez Albornoz a Rafael Alberti. Salieron de las catacumbas de la oposición líderes políticos históricos. Y regresaron veteranos dirigentes como Santiago Carrillo. En lo que se refiere a los primeros, tengo para mí que muchos pudieran hacer suya la frase que en su momento pronunció Max Aub, cuando volvió a pisar suelo español, aún en vida de Franco: «He venido pero no he vuelto».

Tras la muerte de Franco, tocaba recuperar las libertades y apostar por una reconciliación, reconciliación que ya existía en gran medida, pero que necesitaba un marco político en el que se escenificase, es decir, un régimen democrático.

¿Y qué pasó, y qué sucedió? En la memoria estaban los horrores de la guerra, así como la extrema dureza represiva de la posguerra. En cuanto a lo primero, siendo innegable que se cometieron asesinatos infames en ambos bandos, la diferencia, que sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la democracia en España, estriba en que, mientras que fueron reconocidas las víctimas del lado vencedor con todos los reconocimientos oficiales, quienes sufrieron represión, muerte, cárceles y exilio fueron tratados como inexistentes y, a día de hoy, hay quienes se siguen oponiendo a que se rescate y se dignifique su memoria. El sistema político nacido de la Transición aún tiene pendiente reconocer a la España errante y represaliada a resultas de una de las dictaduras más largas y cruentas que en el siglo XX han sido.

Por otro lado, cuarenta años después de la muerte de Franco, es tiempo ya de que no sea un tabú abrir el debate sobre la forma de Gobierno, es decir, sobre la República, asunto sobre el que el pueblo español no tuvo oportunidad de pronunciarse en un referéndum.

Y, en otro orden de cosas, sociológicamente hablando, no pocas veces da la impresión de que hay comportamientos corporativos que recuerdan al sindicalismo vertical, así como caciquismos que parecen toda una continuidad del régimen anterior.

Lo que queda de Franco (y del franquismo). Mientras que el principal partido de la derecha española es hasta el momento una formación política fundada y refundada por un exministro del dictador, ni en Francia tuvo sitio nadie vinculado a Petain, ni en Alemania, a Hitler, ni en Italia, a Mussolini. Si esto no es atípico, que venga Dios y lo vea.

Y, por último, nunca me cansaré de repetir que la mejor España en lo intelectual, en lo científico, en lo literario y en lo artístico, formó parte activa y cómplice del único Estado no lampedusiano de nuestra historia contemporánea, esto es, de la tan denostada Segunda República.

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