El Comercio
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La magia del salmón
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-04-2016 | 05:32| 0

Pez mágico y heroico cuyo itinerario discurre río arriba. Pez mágico y heroico que, hasta el momento, viene a ser una de las grandes enseñas de estas comarcas del bajo Narcea. Pez mágico y heroico que, como todo lo nuestro, viene padeciendo en los últimos tiempos las duras consecuencias que acarrea formar parte de una geografía del abandono.

Escribo estas líneas en el mismo día en el que Cornellana cobra protagonismo como capital salmonera. El  Narcea está lleno de pescadores, incluso horas después de que saliese el Campanu. Baja con mucho caudal nuestro río a resultas del deshielo y de la tremenda tormenta del pasado miércoles. Pero, aun así, no estando en las mejores condiciones para la pesca, los de siempre son fieles a su cita. No pueden dejar de acudir a esta fiesta del pez más mágico que da lustre a nuestro río, por lo demás, tan maltratado y olvidado, por mucho que quienes deberían ocuparse de cuidarlo y preservarlo no renuncien a estar por estos lares cuando de lo que se trata es de hacerse la foto.

¿Saben? Un somero vistazo a estas vegas del bajo Narcea, cada día más despobladas, nos lleva a incurrir en lamentaciones y tristezas. ¿Cómo no preguntarse acerca de las causas que impiden que estas comarcas desplieguen su enorme potencialidad? ¿Cómo no preguntarse hasta cuándo se seguirá aplazando la madre de todas las reconversiones en Asturias, esto es, la reconversión de la mal llamada clase política?

¿Saben? Levanta uno la vista hacia las montañas que se erigen sobre estos valles y uno se siente atrapado por la intensidad y belleza del verde que nos sirve de lujoso marco, al tiempo que se suspira por el momento, ya cercano, en el que los castaños luzcan ya sus hojas y añadan belleza y prestancia al paisaje.

¿Saben? Ponemos en marcha la memoria y sentimos impotencia, incluso rabia. ¿Cómo no indignarse recordar aquellos años en los que se pescaban al menos veinte salmones en la fiesta del Campanu en el Narcea? ¿Acaso se tomaron medidas para evitar esta situación de decadencia que, como bien sabemos, no obedece a una sola causa, pero que es consecuencia en no pequeña parte de la incompetencia de quienes deberían velar por la conservación de uno de nuestros mayores tesoros?

¿Saben? En este pueblo, en Lanio, que sigue sin saneamiento, a pesar de ser uno de los principales puntos de referencia de la ruta del salmón, cuando el entorno se ilumina con los baños de sol que caprichosamente vienen y van, mientras los pescadores entran y salen de continuo, mientras los ruteros se detienen a sacar fotos con sus móviles, se tiene memoria de los tiempos de esplendor en la pesca del salmón y en la agricultura y se sabe de la enorme potencialidad de estos parajes. Pero eso no evita el alarmante declive demográfico y todo lo que ello trae consigo. Pero eso no evita seguir formando parte de la geografía del abandono que aún puede ir a más.

¿Saben? Desde el puente de Lanio, es todo un espectáculo contemplar el río, sus rabiones, su fuerza, su empuje. Es el río que nos lleva. Es el río que, como los salmones, tiene que vencer cada día más obstáculos. Y no hablo de los que ocasionan las crecidas y las tormentas, sino de aquellos otros que tienen que ver con la ausencia de proyectos encaminados a que la magia del salmón y, con ella, la de estas comarcas, nos siga estremeciendo y emocionando.

Todo lo demás es política, baja y vieja política.

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EL QUIJOTE Y LA POLÍTICA, SEGÚN PÉREZ DE AYALA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-04-2016 | 13:56| 0

«Don Quijote aconsejó e instruyó a Sancho antes de que éste tomase el gobierno de la Ínsula; y así el pensamiento puro encarnó en razón práctica». (Ramón Pérez de Ayala).

En 1917, Pérez de Ayala, con su ensayo ‘Sancho en la Ínsula Barataria’, se suma al proceso de reinvención del Quijote del que en su momento habló Azorín, proceso que tiene como punto de partida la ‘Vida de don Quijote y Sancho’, de Unamuno (1905), y que concluye con ‘La invención del Quijote’, de Manuel Azaña(1930). Entre la apertura y cierre de este proceso de reinvención del Quijote hay que anotar las ‘Meditaciones del Quijote’, de Ortega, así como ‘El Pensamiento de Cervantes’, de Américo Castro, sin olvidarnos, de la ‘Guía del lector del Quijote’, de Madariaga, ni tampoco del primer Maeztu con su obra ‘Don Quijote, don Juan y la Celestina’. Toca consignar también la ‘Letanía de nuestro señor don Quijote’, de Rubén Dario (1905), que se incluye en el libro ‘Cantos de vida y esperanza’.

«Acaso mis lectores –escribe Ayala–, leyendo el Quijote, donde de rostro o al soslayo se trata de omne re scibili, hayan caído en la cuenta que, si bien don Quijote diserta no pocas veces y con raro tino sobre las normas de Gobierno, no es él quien llega a gobernar, sino el buen Sancho, y por cierto que mejor no cabe que como él lo hace. Sácanse del Quijote a este respecto muy hondas enseñanzas. Los pocos días que le duró el Gobierno de la Ínsula no hizo Sancho sino administrar justicia, y es que el gobierno no se inventó sino para eso».

Frente a lo que Ayala llamaba «la inteligencia abogacil», dentro de aquella plutocracia a la que fustigó tanto en sus escritos políticos compendiados en el volumen ‘Política y toros’, estaban el buen sentido, aunque ramplón, de Sancho, así como los elevados ideales quijotescos que harían del antihéroe cervantino todo un estadista en el plano puramente especulativo.

Pura especulación y razón práctica en el Quijote, que, según Ayala, no sólo no colisionan, sino que, antes al contrario, se complementan. Lecciones, pues, de alta política y también de política de andar por casa, pero guiada esta última por los ideales de justicia. Todo ello frente a la picaresca y las corruptelas que imperaban en aquella España de principios del siglo XX.

Pérez de Ayala, de un lado, se suma al proceso de reinvención del que venimos hablando y, por otra parte, hace una lectura en clave política de la obra maestra de Cervantes, soslayando lo que Unamuno había llamado «la burla ducal» y poniendo de manifiesto que el Quijote es «nuestra Biblia española».

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Solitaria y triste LOMCE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-04-2016 | 00:18| 0

El asunto se las trae, vaya que sí. Si, como todo parece indicar, se tienen que convocar en mayo nuevas elecciones, resulta que Rajoy se sobrevivirá a sí mismo como presidente en funciones en un país en el que no hay una sola fuerza política que no lo rechace, salvo la propia, claro. No olvidemos que no sólo estamos ante la legislatura más larga desde el 77 a esta parte, sino que además no encontramos por vez primera desde la muerte de Franco con unas Cortes que tendrán que ser disueltas a resultas de no haber sido capaces de alcanzar acuerdo alguno para que se haya podido nombrar Gobierno.

Pero resulta que Rajoy no sólo se sobrevivió a sí mismo como presidente en funciones, es que, cuando se vaya, dejará, entre otras secuelas, la LOMCE, toda vez que el próximo Gobierno, si lo hubiera tras las próximas elecciones adelantadas, se encontrará con el curso académico en marcha, por lo que difícilmente podrá suspender los libros de texto aún en vigor, así como los planes de estudio que marca la mencionada ley cuyo principal artífice fue el señor Wert.

Fíjense ustedes: salvo que el PP volviese a gobernar tras las elecciones de junio, algo que de entrada parece poco probable, la LOMCE se prolongaría, al menos durante el próximo curso académico, ayuna no sólo de apoyo social, sino también oficial.

Solitaria y triste LOMCE. Solitario y fracasado país que, por tener unos partidos políticos que no fueron capaces de pactar, se verá en la tesitura de padecer un sistema educativo que se puso e impuso a la trágala y que, sin entrar en profundidades, la susodicha ley no apuesta ni por el conocimiento ni por el esfuerzo, ni tampoco por la igualdad ni por la excelencia.

¿Qué quedó de aquella propuesta de ampliar el Bachillerato? ¿Qué decir de la merma que sufrirán materias imprescindibles en la formación ciudadana como la filosofía? ¿Se puede aceptar que la religión sea materia evaluable? ¿Es de recibo que a día de hoy no se sepa con certeza lo que tendrá que hacer el alumnado de segundo de Bachillerato para acceder a la Universidad en el próximo curso? Y cabría hacerse muchas preguntas más al respecto.

Solitaria y triste LOMCE en un tiempo y un país en el que un ciclo político languidece y agoniza dando tumbos y en el que la nueva política aún no pudo ni supo asentarse.

Solitaria y triste LOMCE que incide en muchos de los defectos del anterior sistema educativo, entre ellos, el de no fomentar una ciudadanía crítica.

Solitaria y triste LOMCE que, por otro lado, apuesta cada vez menos por una enseñanza pública de calidad, al tiempo que envía guiños a la privada.

Fíjense: hablamos de una ley que –insisto– se puso e impuso sin diálogo.

Fíjense: hablamos de una ley que el resto de los partidos políticos rechaza, pero que no son capaces de alcanzar un acuerdo de Gobierno que evite que Rajoy y su Gobierno se eternicen ejerciendo en funciones.

Solitaria y triste LOMCE.

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¿Por qué no se va Rajoy?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-04-2016 | 14:39| 0

El dato que sigue es desolador: el partido que tiene ante sí más casos de corrupción es, al mismo tiempo, el más votado en España. Dato desolador que deja muy claro nuestro ínfimo listón de exigencia ciudadana. Y, por lo visto, a pesar de los continuos petardazos, las encuestas vaticinan que el PP de Rajoy seguirá siendo el partido con mayor apoyo electoral si, como todo parece indicar, a primeros de mayo se confirma que tendremos una nueva cita con las urnas.

¿Por qué no se va Rajoy? ¿Alguien en el PP recordará el fámoso ‘¡váyase, señor González!’ que, en su momento le espetó Aznar a un Felipe González desbordado por los escándalos de corrupción?

¿Por qué no se va Rajoy? ¿Es razón suficiente seguir siendo el partido más votado para que don Mariano no dimita, obstaculizando así la necesaria regeneración de su partido? No puede negarse que, en tal caso, las razones de su empecinamiento resultan deprimentes.

Lo que acaba de suceder con el ya ex ministro Soria marca –velis nolis– un antes y un después. Hablamos de un señor que, según parece, tiene dificultades con el idioma y que se dedicó durante unos días a intentar lo inexplicable. Al final, resulta que no recordaba uno de los datos que dejaba su imagen pública por los suelos. ¿No les suena esto a don Mariano Rubio diciendo en una comparecencia en el Congreso de los diputados que no era consciente de una de las operaciones financieras de las que se le acusaba? ¡Ay!

¿Por qué no se va Rajoy? ¿No es consciente de que está sirviendo como pretexto a una oposición que, por lo general, no se caracteriza por esgrimir discursos convincentes ni tampoco por generar confianza?

¿Por qué no se va Rajoy? Lo cierto es que ya tendría que haber dimitido cuando se produjo el escándalo de sus mensajes al señor Bárcenas. Lo cierto es que, en el más favorable de los supuestos para don Mariano, por el mero hecho de no haber paralizado tanto latrocinio en su partido político, tendría que haberse ido pidiendo disculpas a la ciudadanía. El máximo dirigente de una formación política no puede seguir en su puesto argumentando que desconoce las tropelías y corruptelas en sus filas, tropelías y corruptelas que, ciertamente, no son pocas.

¿Por qué no se va Rajoy? Se atornilló al sillón en el PP tras haber perdido dos elecciones consecutivas. Y se sigue enrocando a día de hoy dispuesto a repetir como cabeza de lista, cuando no a presidir el Gobierno, si lo apoyase el señor Sánchez.

Se diría que, para Rajoy, nunca pasa nada: ni en Madrid ni en Valencia, ni en su Gobierno. Todo es inacción, todo es abulia, todo es marasmo. Así nos va.

Cierto es que el azanarismo no puede sacar pecho en la medida en que muchos de los escándalos que siguen enfangando nuestra vida pública vienen muy de atrás y que no estaría mal como ejercicio didáctico recordar a aquel Aznar que, antes de ganar sus primeras elecciones, apostaba por la regeneración política frente al olor a podrido que fueron dejando aquellos escándalos de Roldán, Mariano Rubio, el BOE, el terrorismo de Estado y un largo etc.

¿Por qué no se va Rajoy? Ahí sigue regalándonos perlas cultivadas de alcaldes y vecinos y refugiándose en una indolencia desesperante y en una lasitud perniciosa e inaceptable.

Lo seguirán votando, y, con eso, todo está justificado en esta España del todo vale y del vale todo.

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A propósito de Sartre
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-04-2016 | 09:17| 0

«Cuando le conocí, usted me dijo que quería ser Spinoza y Stendhal a la vez». (Palabras de Simone de Beauvoir a Sartre).

Literario mes de abril. Inquietante mes de abril. Mes de lluvias y vientos, mes de conmemoraciones republicanas, mes nerudiano, mes de César Vallejo, mes de explosiones primaverales que disparan alergias y ansiedades, mes que en la actualidad señala la podredumbre de la corrupción y la miseria en nuestro aquí, en nuestro ahora. Mes en el que, de vez en cuando, hay que distanciarse de lo acuciante y cobijarse en lo señero, en este caso, en la inteligencia, en este caso, en Sartre y, con ello, librarse del olor a estercolero que nos inunda. Y, con ello, atrincherarse ante los ataques de la banalidad,de lo mezquino y de lo inane.

¿Cómo no imaginarse a Sartre, a día de hoy, implicándose en las protestas sociales de su país? ¿Cómo no afligirse ante una Francia que no tiene, como el resto de Occidente, quien la acuse, quien la sacuda, quien la conmueva? ¿Cómo no imaginarse a Sartre en el enclave de dolor y oprobio que se dan cita miles de refugiados? ¿Cómo no imaginarse a Sartre pronunciándose ante todo lo que supone el mundo virtual y sus potencialidades? ¿Cómo no imaginarse a Sartre comprometiéndose con todo cuando sucede, azuzando con su presencia y, sobre todo, con su pluma? ¡Cuánta orfandad!

Al igual que César Vallejo, se murió un 15 de abril. Al igual que César Vallejo, fue, intelectualmente hablando, un gigante. Al igual que otros muchos intelectuales coetáneos suyos, representa una época en la que no existía, como hoy, orfandad con respecto a grandes referentes que se implicaban de continuo en la vida pública.

Más allá de sus errores y aciertos, más allá de sus contradicciones, algunas de enorme calado, Sartre es, sin duda, el último representante de un mundo en el que el arte, el pensamiento y las letras no podían ser soslayados en el día a día de la vida pública. Estamos hablando de un intelectual que fue recibido con honores de Jefe de Estado en multitud de países. Estamos hablando, insisto, de un gigante. No es casualidad que Bernard- Henry Lévy haya titulado su imprescindible libro sobre la figura que aquí nos ocupa como ‘El Siglo de Sartre’.

Por eso, cabe hablar de Sartre y de sus contradicciones. ¿Cómo no tener en cuenta que Sartre, a pesar de su izquierdismo, no prescindió, a la hora de elaborar su pensamiento, de Heidegger? ¿Cómo pasar por alto su ceguera ante determinados totalitarismos? ¿Cómo no tener en cuenta lo injusto que fue con Camus, del que dijo entre otras cosas que se sustentaba en una filosofía ñoña? ¿Cómo olvidar aquel existencialismo tan omnipresente en el pasado siglo que generó infinidad de obras literarias memorables?

Sartre no es un pensador que necesite elogios ni salvaciones, pues hablamos, repito, de un gigante. Sartre pretendió en todo momento que el lector lo criticase, que la ciudadanía lo analizase con criterio. Sartre fue, como Unamuno, «un agitador de espíritus».

Por eso lo añoramos. Por eso, en este abril, acudimos a él, con César Vallejo y con aguaceros, con Zola y su «yo acuso», con Beauvoir que tanto lo engrandeció sin adularlo. Y acudimos a Sartre, porque Europa es, a día de hoy, intelectualmente hablando, un erial.

Acudimos a Sartre, desgañitándonos, tras la aguardentosa lectura de César Vallejo. Acudimos a él, a su recuerdo, a su trayectoria, en busca de sacudidas que nos saquen del marasmo y de la sedación que imperan.

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Totalmente de acuerdo, señor Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-04-2016 | 09:48| 1

«Porque la memoria es algo que resiste al tiempo y a sus poderes de destrucción, y es algo así como la forma que la eternidad puede asumir en ese incesante tránsito» (Ernesto Sábato).

No es fácil, don Javier, dar con noticias que no hablen de corrupción. Y, sin embargo, hay lugar en la actualidad llariega para la memoria a resultas de unas palabras suyas replicando al PP, cuando dice que no se debe frivolizar con los muertos, con esos muertos incómodos que, digan lo que digan algunos, son merecedores de ser recordados, por mucho que determinados dirigentes peperos pretendan que no haya constancia alguna de su paso por la vida y por la historia.

Le confieso, don Javier, que me sorprende suscribir al cien por cien sus palabras. Y, mire, abundando en sus planteamientos acerca del respeto que se merecen las víctimas del franquismo, me permito recordarle una vez más que sería obligado que en algún momento su Gobierno plantease la conveniencia, por justicia histórica, de que en la actual sede del Parlamento hubiese algún día una placa en las que figurasen las personas que fueron víctimas de consejos de guerra en ese mismo lugar, entre ellos, el rector Alas. Como sabe, señor presidente, no soy el único que se manifiesta en este sentido. No es fácil entender que, habiendo sido hegemónico el PSOE en Asturias, no exista aún esa placa como recordatorio a personas que fueron víctimas de injusticia y oprobio y que, además, forman parte de la mejor Asturias, así como de la mejor España.

No es revanchismo ni venganza acabar con el afán de ocultar la historia. Hay que hacer justicia histórica y, a la vez, poética. Por eso, en consonancia con sus palabras que, repito, suscribo, me tomo la libertad de insistir en la conveniencia y necesidad de que figuren esos nombres precisamente en el mismo lugar en el que no pudieron defenderse con dignidad. Bien sabe usted, don Javier, que las siglas de su partido no deberían tener complicidad alguna con quienes desean sepultar la memoria.

Y, por otro lado,también estoy completamente de acuerdo con usted a la hora de apostar por la escuela pública, apuesta que, eso sí, me gustaría que fuese mucho más allá de las palabras y se tradujera en hechos. En todo caso, las declaraciones del PP contra la política educativa de su Gobierno resultan indignantes.

Sé, don Javier, que ni usted ni su partido llegarán tan lejos como Azaña a la hora de defender la enseñanza pública. Y, sobre todo, está a años luz de hacer suyas estas palabras del estadista republicano: «Llamarme enemigo de la Iglesia Católica es como llamarme enemigo de los Pirineos o de la cordillera de los Andes. Lo que no admito es que mi país esté gobernado por los obispos, por los priores, las abadesas o los párrocos. Tampoco me he opuesto a que las órdenes religiosas practiquen su regla y prediquen la doctrina cristiana a quien quiera oírla. A lo que me opongo es a que enseñen a los seglares filosofía, derecho, historia, ciencias».

De todos modos, también es cierto que el PP le puso a usted muy fácil oponerse a sus desaprensivas declaraciones. Pero debería ir más allá, defendiendo también con hechos la escuela rural.

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Desesperado Pedro Sánchez
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-04-2016 | 02:44| 0

Cinco días después de la ruptura de las negociaciones con Podemos, tras tener noticia de que el jefe del Estado hará una última ronda de consultas el 25 y 26 del presente mes, el secretario del PSOE acomete un último y desesperado intento para conseguir in extremis un pacto que se antoja poco menos que imposible. No obstante, este último llamamiento tiene su no sé qué de balsámico, al hacerlo ante sus parlamentarios.

Entre todos los planteamientos que vino haciendo Sánchez desde que luchó por conseguir la investidura hay un interrogante que es imposible no hacerse: ¿por qué cerró un pacto con Ciudadanos en lugar de hacerlo con Podemos? O si se prefiere: ¿por qué no lo intentó antes con Podemos? ¿Hay que concluir que el PSOE tiene más coincidencias programáticas con la formación naranja?

Distinta cosa es que hubiera sido factible ese pacto con el partido del señor Iglesias, por varias razones, entre ellas, las fuertes reticencias –y resistencias– dentro de la Ejecutiva del PSOE a un pacto con Podemos. Y, aparte de eso, cierto es que la prepotencia y el narcisismo que exhibió el señor Iglesias en su primer ofrecimiento a pactar con el PSOE no ayudaron mucho a un clima de entendimiento.

Sea como fuere, a Podemos se le planteó un acuerdo que podía tomar, dejar y, sobre todo, abstenerse, con lo que se facilitaría la investidura de Sánchez. Ya se sabe cuál fue la respuesta del partido morado en la investidura. Así las cosas, si nada ha cambiado desde entonces, no es fácil suponer que la formación política que lidera el señor Iglesias vaya a modificar su postura.

Desesperado Pedro Sánchez. Si, en teoría, nadie desea un adelanto electoral, acaso quien más lo teme sea el líder del PSOE, porque, tras los nuevos comicios, no es nada descartable que haya movimientos en su partido para apartarlo de la Secretaría General, para desposeerlo del liderazgo.

Por su parte, es de suponer que Rajoy esté encantado de la negativa del PSOE a esa gran coalición que dice proponer. Y debe estarlo en la medida de que así evitará el tremendo esfuerzo de descolgar el teléfono, hacer llamadas y consultar la agenda.

En cuanto a Podemos, todo está por ver, pero no conviene perder de vista que muchas de las personas que votaron a este partido no lo hicieron deseando que se uniese al PSOE, esto es, a la vieja política, lo que no impide que el señor Iglesias siga insistiendo sin cesar en ese gobierno a la valenciana, en su paella política, por lo demás, tan española.

Desesperado Pedro Sánchez, no sólo ante las escasísimas posibilidades de salir investido sin adelanto electoral, sino también ante las batallas domésticas que parecen estar esperándole en su propio partido.

¿Quién sería el gran derrotado si hay un adelanto electoral: el declinante Rajoy o el entusiasta Pedro Sánchez?

Ésta –y no otra– es la pregunta del momento político.

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Otra vez Mario Conde
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-04-2016 | 05:22| 0

«Si en junio de 1993, tres días después de las elecciones, Conde había organizado en torno al acto de investidura del doctorado honoris causa de la Universidad Complutense de Madrid un gran show con el rey Juan Carlos como maestro de ceremonias, en la primera decena de junio del 94 preparaba el lanzamiento de su libro como si se tratase de una bomba» (Ernesto Ekaizer).

Hay días en los que parece que no es posible que queden más vendas por caer. Hay días en los que los petardazos informativos se retroalimentan, se repiten y, sobre todo, se comunican. Fíjense: cuando escribo estas líneas, 11 de abril de 2016, detienen a Mario Conde, sale el nombre del ministro Soria en los ‘papeles de Panamá’ y EL COMERCIO se hace eco de la indignación de varios directores de centros escolares de Asturias una vez que tienen noticia de que se falsificó su firma para unas supuestas compras que no fueron tales. Desde luego, hay días que ‘fieden’, y el de ayer fue uno de ellos.

Pero vayamos a Mario Conde. ¡Ay, aquellos tiempos del enriquecimiento rápido! ¡Ay, aquellos discursos tan sorprendentes de don Carlos Solchaga, que, por cierto, acaba de elogiar la reforma laboral del Gobierno de Rajoy! ¡Ay, aquel felipismo que se deslumbró ante el mundo del dinero y que renunció a lo más esencial de su legado histórico!

Mario Conde fue en aquella España del enriquecimiento rápido uno de los personajes más admirados y que mayor atención mediática concitaron. Cierto es que el idilio entre la España oficial y el banquero que nos ocupa terminó (la cosa se las trae) un día de los inocentes de 1993, cuando el Banco de España decidió intervenir Banesto.

¿Cómo no recordar aquella imagen de don Alfredo Sáenz fumándose un puro en su automóvil cuando llegó a la sede de Banesto para hacerse cargo de la dirección de la entidad bancaria? Se diría, también por la hora que era, que le habían interrumpido la partida de mus y que, gracias a su sentido del deber, iba a cumplir con la tarea. Se trata de un episodio inolvidable que ponía fin a los días de vino y rosas del banquero hasta entonces más agasajado en aquellos años frívolos y marcados por la corrupción.

Otra vez Mario Conde. Tras haber pasado su tiempo en prisión, volvió a la palestra mediática como tertuliano de pro, incluso en los últimos años llegó a acometer un proyecto político que resultó un soberano fracaso.

Otra vez Mario Conde, vivo espectro de una época marcada por la impostura y por el deslumbramiento ante el mundo del dinero. Hoy lo denostará todo el mundo, incluso los ámbitos mediáticos y políticos que lo halagaron hasta la náusea.

Otra vez Mario Conde, figura pública que llegó al estrellado y al abismo hace ya más de dos décadas, pero que no se resignó al anonimato tras su etapa en prisión, que incluso pontificó sobre la vida pública.

Otra vez Mario Conde. Se conoce que en este país hay etapas que, lejos de cerrarse, vuelven con su no sé qué fantasmagórico.

 

* Luis Arias es autor de ‘La España descabezada’, ensayo que se ocupa del periodo de la vida pública española comprendido entre 1982 y 1999.

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No sólo Villa
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-04-2016 | 09:01| 0

cabo de leer en EL COMERCIO la noticia acerca de los cobros irregulares de Villa entre 2001 y 2012. ¡Maravilloso! Y es que, si esto fue así, no sólo se estaba saqueando al sindicato, sino que, con ello, se manchaba (y no poco) a una organización social que, con sus luces y sombras, es patrimonio de nuestra historia común como asturianos.

Pero el alcance de todo esto va aún mucho más allá. Si en el sindicato minero la bula de maese Villa era total para cuanto se le antojase, en la FSA hacía y deshacía a su gusto durante muchos años. Tanto es así que, si algún día se hace el inventario de todos los cargos políticos que deben a Villa su carrera política, el resultado sería abrumador. Es de una gravedad extrema llegar a la conclusión de que el partido político hegemónico en Asturias estuvo manejado durante décadas por un ciudadano que, presuntamente, se enriqueció de forma irregular. Y, para mayor baldón, fue el sátrapa de una organización que forma parte de la historia del movimiento obrero en Asturias.

No sólo Villa, digo, sino también los que estuvieron a su alrededor ciegos, mudos y sordos a cuanto supuestamente acontecía con este señor.

A poco que se piense en la trayectoria de maese Villa, se concluye que el olor a podrido salpicó al sindicato y al partido, sindicato y partido que, desde la preautonomía a esta parte, son omnipresentes y todopoderosos en Asturias. Algo así nos tiene que llevar al sonrojo y al bochorno de forma permanente.

Pero, si a todo lo expuesto sumamos el culebrón del llamado caso Renedo, se completa un panorama tan deprimente como desolador. Si el Principado, plazos aparte (que esa es otra, y muy grave) plantea haber sufrido un expolio de una cantidad de dinero tan elevada, la vida pública de esta tierra chapotea en el fango de una manera insufrible e insoportable.

Si en el discurso público se esgrime con orgullo la defensa, dicen que numantina, de los servicios públicos, resulta estomagante que, presuntamente, más de una persona haya cometido desfalcos con los dineros en principio destinados a la instrucción pública.

A unos cuantos y a unas cuantas no les queda vida para pedir perdón a la ciudadanía asturiana por tanta corrupción, por tanta chapuza, por tantas marrullerías. ¿Cómo no recordar –lo repito una vez más– la canallada de la que fue víctima Pepe el Ferreiro, perpetrada no mucho antes del estallido del caso Renedo? ¿Cómo no recordar – también me reitero en esto– que, siendo Riopedre la máxima autoridad educativa en Asturias se cerraron colegios rurales, mientras, según parece, determinadas personas se estaba enriqueciendo?

No sólo Villa, digo, sino un periodo que supera las tres décadas. Un periodo que llenó de fango y desprestigio a las instituciones y a la organización sindical más legendaria de esta tierra. Y hay quienes siguen ahí, sacando pecho, erigiéndose en paladines del bien común, de cruzados de la causa por la honestidad.

No sólo Villa.

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¿En busca del pacto imposible?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-04-2016 | 14:39| 0

¡Cuántos enredos! Cuántos ¡ bandazos! ¡Cuántas puestas en escena de la nada y para nada! Miren, aquí el infierno no son los demás. Aquí lo son todos los partidos que manifiestan, con mayor o menor enmascaramiento, su voluntad de alcanzar acuerdos de Gobierno. Vayamos por partes.

¿Cómo olvidar aquella primera puesta en escena del señor Sánchez, viajando a Portugal, manifestando con ello su deseo de que los partidos con siglas de izquierda alcanzasen un pacto de Gobierno? ¿Cómo olvidarlo, cuando en su fracasada sesión de investidura, afirmó que no era posible aritméticamente un Ejecutivo de izquierdas? ¿Cabe suponer, pues, que no había hecho la suma cuando se desplazó al país de Eça de Queiroz? ¡Ay!

¿Cómo olvidar, por otro lado, la ‘performance’ del señor Iglesias, postulándose como vicepresidente de un Gobierno a cuyo virtual presidente perdonaba la vida, a cuyo virtual presidente se dirigía con indisimulable conmiseración?

¿Cómo olvidar, por otra parte, al señor Rajoy que no fue más allá en ningún momento de anunciar su intención de descolgar el teléfono, al tiempo que declinaba el ofrecimiento del Jefe de Estado de ser propuesto a la investidura?

En el mismo orden de cuestiones, está claro que el señor Sánchez dio un llamativo bandazo al pactar con el partido del señor Rivera y no optó por hacerlo con Podemos. Y, según cabe colegir, el candidato socialista se siente más cerca de la formación naranja que del partido de Iglesias. Lo malo es que, cuestiones ideológicas aparte, si la aritmética no da para un Gobierno de fuerzas de la izquierda, menos alcanza aún el pacto entre PSOE y Ciudadanos.

Moraleja: el izquierdismo del PSOE no va un milímetro más allá de rechazar al PP. ¿Le toca, pues, al Partido Socialista estar equidistante entre el PP y Podemos? ¿Hablamos de izquierda, o hablamos de centro? Pregunta obligada, a decir verdad.

Y, en lo que se refiere a Podemos, sus bandazos tampoco están nada mal. Tras haber asegurado en campaña el señor Iglesias que nunca participaría en un Gobierno del PSOE, vino el tan mencionado ofrecimiento. Tras haber venido diciendo que las etiquetas de derecha e izquierda ya no eran operativas, ahora está omnipresente en su discurso hablar de «Gobierno de progreso», esto es, a la valenciana. Tras haber renunciado personalmente a la virtual vicepresidencia, ahora anuncia que consultarán a las bases. ¿No se tendría que haber hecho ya? ¿Cree el señor Iglesias que la mayoría de sus votantes vería con buenos ojos que Podemos se convirtiese en una especie de fiel infantería de un PSOE que sigue siendo de izquierdas sólo en sus siglas?

Pero el mayor de todos los problemas es que, salvo sorpresas con las que nadie cuenta, la repetición de elecciones iba a dejar un escenario político bastante similar al actual.

¿Nadie quiere percatarse de lo que llama a la puerta, más que unas nuevas elecciones, es un nuevo ciclo político que no será ni podrá ser la continuidad inerte de lo que vino siendo este periodo desde la muerte de Franco a esta parte?

¿Cabe otra cosa que no sea un pacto de mínimos previo a un tiempo nuevo en política? ¿Tan difícil es percibir esto?

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