El Comercio
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¿Una España plurinacional?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-09-2017 | 04:19| 0

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“Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos <<oprimidos>> por el resto de España. La situación privilegiada que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja hará de parecer grotesca. Pero a quien le interese no tanto juzgar a las gentes como entenderlas, le importa más notar que ese sentimiento es sincero, por muy injustificado que se repute”. (Ortega y Gasset en 1921).

Mientras se libran continuas batallas en el Parlamento catalán entre los partidarios del referéndum independentista y sus detractores, está sobre la mesa la propuesta de Pedro Sánchez que aboga por una España “plurinacional”, propuesta que también está suscitando polémicas y chanzas, incluso por parte de gentes de su propio partido. Y, en el momento en el que el líder del PSOE planteó, “al menos”, la existencia de tres naciones dentro de la madre España, hay quienes se hacen oír reclamando que sus territorios también lo son, como es el caso de Andalucía.

Antes del famoso “café para todos” de Clavero Arévalo, se hablaba de una España descentralizada con tres grandes autonomías: Cataluña, el País Vasco y Galicia. Pero se optó por un Estado autonómico, en el que unos territorios alcanzarían su techo competencial antes.

¿Cómo no recordar las declaraciones que hizo en su momento Tarradellas en las que puso de manifiesto que “Cataluña no podía ser tratada igual que la Mancha”?  Aquello originó una fuerte polémica, porque se consideró que el planteamiento del líder catalán significaba que unos territorios tendrían más derechos que otros. Y no se interpretó que los derechos de la ciudadanía son per se, es decir, que no tendrían que sufrir menoscabo alguno en función de dónde se gestionan la sanidad y la educación, que lo esencial sería que esos servicios públicos fuesen de calidad.

El hecho fue que la cuestión terminológica se resolvió al dividir los territorios en “nacionalidades” y “regiones”, terminología que trajo su polémica, pero que, con mayor o menor reparo, se acabó aceptando.

Podría haberse construido un modelo territorial con tres grandes autonomías. No obstante, se optó, como sabemos, por el modelo actual cuya base teórica podría relacionarse con las tesis que en su momento defendió Ortega y Gasset en su ensayo “La redención de las provincias”.

Pero ahora, a la espera de lo que vaya a suceder a partir del 1 de octubre,  toca reinventar la llamada vertebración territorial. Y hay motivos sobrados para poner en duda que un cambio terminológico que hable de “naciones” en lugar de “nacionalidades” vaya a resolver la situación.

Serán muchos los territorios que se reclamen “nación”, considerando que no merecer tal consideración significaría aceptar una inferioridad de condiciones que no estarían dispuestos a aceptar.

Sin embargo, la cuestión es mucho más profunda, pues, de entrada, habría que tener muy claro qué se entiende por nación. Escuchemos a Renan: “Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho juntos grandes cosas, querer hacer otras más; he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo… En el pasado, una herencia de glorias y remordimientos; en el porvenir, un mismo programa que realizar… La existencia de una nación es un plebiscito cotidiano”.

Escuchemos a Ortega y Gasset: “Repudiemos toda interpretación estática de la convivencia nacional y sepamos entenderla dinámicamente. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”.

Pregunta retórica: ¿Están nuestros políticos a la altura de plantear un proyecto de Estado en el que haya sitio para esos anhelos de nación que se respiran en determinados territorios de España? Desde luego, los conceptos que al respecto desliza Pedro Sánchez son, buenas intenciones aparte, simplistas y ñoños.

¿Alguien defiende un proyecto de Estado en el que no se paguen más o menos impuestos en función del territorio donde se vive, en el que, por el desempeño del mismo trabajo, se perciban sueldos diferentes? ¿No habría que discutir y pactar esto?

La idea de nación puede ser aplicada a más territorios de los que propugna Pedro Sánchez, entre ellos, por supuesto a Asturias, sin que esto signifique que, en nuestro caso, haya una voluntad secesionista. Urge resolver el problema territorial, y la agenda de la vida pública así lo marca.

El problema, como ya escribí, no es que haya unos políticos en Cataluña más o menos desnortados, sino que el independentismo fue creciendo en los últimos años en la ciudadanía de este territorio, y eso, desde una óptica democrática, no se puede soslayar.

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Sobre el debate entre Adrián Barbón y José Mª Pérez
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-09-2017 | 02:55| 0

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Si el debate entre Adrián Barbón y José María Pérez  no hubiese sido en clave de primarias, habría que calificarlo de insulso y aburrido. Pero, como se trató de un “combate dialéctico” entre dos candidatos que aspiran a liderar el partido hasta ahora casi hegemónico en Asturias, es obligado analizarlo atendiendo al momento que vive actualmente el PSOE en Asturias.

De entrada, el señor Barbón representaría al “nuevo” PSOE,  mientras que el señor Pérez  estaría en la línea del sector más oficial y oficialista de la FSA. Pero las dudas surgen por doquier.

Porque, con el candidato de Laviana están personas como María Luisa Carcedo y Adriana Lastra que, a lo largo del tiempo, no se salieron lo más mínimo  de la ortodoxia marcada por don Javier Fernández y compañía. A esto habría que añadir el apoyo del SOMA a la candidatura de Barbón, un sindicato todopoderoso en la FSA a lo largo de todas estas décadas.

Ciertamente, todo el mundo puede variar su posición política en un momento dado. Dicha tal obviedad, resulta al menos dudoso que las personas antes citadas puedan ser adalides de un partido que desea renovarse y modificar su discurso.

En cuanto a José María Pérez, es innegable que su decisión de presentarse a estas primarias anima el debate y obliga a Barbón a explicarse y a esforzarse por convencer a la militancia. Lo contrario, una sola candidatura, sería un mero trámite.

Dicho esto,  la trayectoria del candidato Pérez  está muy clara y, más que a plantear la hoja de ruta que le toca al partido a partir de ahora, lo que hizo fue poner pegas –algunas muy razonables- al discurso de su antagonista en el debate.

Ambos hablaron de principios ideológicos, de su compromiso contra la desigualdad, de la pérdida de derechos que se viene produciendo en los últimos años (soslayando que los recortes y las reformas laborales empezaron con Zapatero), de la necesidad de fijar población en Asturias y de luchar contra la despoblación sobre todo, en el mundo rural. Como declaración de principios vale. ¿Pero es suficiente?

De otra parte, no se habló de cambio generacional, algo que llega siempre sin permiso de los dirigentes políticos, ni tampoco se hizo autocrítica de la trayectoria de un partido que, insisto, vino siendo hasta el momento, hegemónico en Asturias.

Lo más clarificador del debate fue lo tocante a las relaciones que el PSOE puede y debe mantener con el resto de fuerzas políticas de izquierdas. En este sentido, Adrián Barbón se mostró mucho más predispuesto a ello.

Al final del debate, se saca en conclusión que, a las dudas que suscita el “nuevo” PSOE de Pedro Sánchez, hay que añadir que el cambio en el discurso y en el proyecto se presenta más costoso en una tierra como la nuestra en la que la presencia de determinadas personas, que a lo largo de los últimos  apoyaron sin fisuras las políticas una de las federaciones más conservadoras del partido, no es insignificante.

La duda lampedusiana, de momento, está ahí.

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Caso Renedo: No lo llamen caso aislado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-09-2017 | 02:53| 0

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«Hay que ser un héroe para enfrentarse a la moralidad de una época». (Foucault).

Como era de esperar, tras conocerse la sentencia del llamado ‘caso Renedo’, las reacciones se siguen produciendo incesantemente. Y no acierto a entender que se haya dicho que se trata de un caso aislado.

No es un caso aislado desde el momento mismo en el que estamos hablando de dos consejerías en este entramado de corrupción, de dos consejerías y de cargos políticos condenados en compañía de empresarios y de una alta funcionaria. Cuando estamos hablando de actuaciones que se prolongaron en el tiempo.

El primer lamento del partido entonces gobernante tendría que venir por el reconocimiento de que tales cosas sucedieran sin que los preceptivos controles funcionasen. Y, por parte de lo que era entonces la oposición, tampoco están como para sacar pecho por no haber seguido con rigor la acción del Gobierno. ¿Y qué decir de IU, que formaba parte de aquel gobierno en 2011, cuando se produjeron los primeros ingresos en prisión? Desde luego, nadie dimitió, desde luego todos siguieron enrocados en sus beatos sillones.

Todo este entramado se hizo, presuntamente, en detrimento de la escuela pública y de todo aquello que habla de nuestras raíces. Si algo así no es oprobioso y hasta nauseabundo, que vengan todos los referentes y que lo vean.

También me llama la atención que, desde otras trincheras, al unísono, se pidan dimisiones, y me llama la atención porque me pregunto si hacía falta la sentencia para tales pronunciamientos.

No lo llamen caso aislado, es una historia marcada por unos agravios no solo en el orden material, sino también en la moral pública. Invito al público lector a que recuerde su impresión cuando los medios se hicieron eco de este escándalo. No solo indignación, sino que también fue algo que dejó por los suelos el estado de ánimo de la ciudadanía.

Del único aislamiento que cabe hablar aquí es de nuestra insularidad. Tanto en el momento en que estalló el escándalo como en el instante en que se conoció la sentencia, esta historia apenas transcendió allende Pajares. Y, por último, como el arriba firmante no tiene madera de inquisidor, me resulta muy significativo que se estén produciendo reacciones que se pronuncien en torno a los años de prisión de las condenas. Miren: lo esencial, a mi entender, sería otra cosa: obligar a que se reponga lo presuntamente sustraído, al tiempo que esa FSA, que se reclama tan diligente y tan defensora de la enseñanza pública y de la cultura, debería pedir perdón a la sociedad asturiana y mostrarse abochornada ante lo sucedido.

No soy partidario de la humildad entendida al modo judeocristiano. Pero sí me siento un entusiasta de ese acto de grandeza humana que consiste en el reconocimiento de los errores.

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En torno a Francisco Umbral
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-09-2017 | 12:48| 0

“Lo que el padre silenció, en el hijo habla: muchas veces comprobé que el hijo era el desvelado secreto del padre”. (Nietzsche).

Según Ana Caballé, la obra de Umbral es “el autorretrato más largo de la literatura española”. Autor de 110 libros y de135.000 artículos. En tan abultada obra, el mayor protagonismo lo tiene el propio Umbral. Se inventó a sí mismo, y, sin embargo, datos esenciales de su verdadera vida, no menos literaria que su obra, permaneció oculta, o, más bien, fue inventada. Hasta después de su muerte, no se supo que su padre fue Alejandro Urrutia, abogado, republicano, intelectual y poeta modernista, padre también del poeta Leopoldo de Luis. Umbral supo quién era su padre, pero lo ocultó, y en sus libros más autobiográficos, el verdadero padre estuvo ausente.

Ausencia del padre, que nunca reconoció a su hijo, y, llegado el momento, muerte del  propio hijo, acontecimiento que trajo consigo la que es acaso mejor novela de Francisco Umbral: “Mortal y Rosa”.

Por tanto, doble ausencia, dimensión trágica de un autor que ocultó también su verdadero nombre, Francisco Alejandro Pérez Martínez, así como su año de nacimiento, que fue 1932, y no 1935.

Umbral podría haber hecho suyas estas palabras de Ortega: “El hombre es novelista de sí mismo, original o plagiario».  Un Ortega al que el autor que nos ocupa admiró mucho.

Escritor en estado puro, con su máquina de escribir, con las estrecheces inevitables de los comienzos. Escritor en estado puro que tuvo una presencia continua en la prensa, en la que escribió artículos memorables, con su prosa magistral y única.

Con ocasión del décimo aniversario de su muerte, se han escrito muchas cosas en no pocos casos exageradas, que hablan del mejor prosista del siglo XX, sin tener en cuenta la calidad alcanzada por los grandes escritores de las tres primeras décadas de la pasada centuria.

Pero, sin duda alguna, Umbral fue el columnista de referencia en la transición, un columnista que continuó una tradición que se está perdiendo: la del escritor de periódicos, la del columnismo literario. En sus artículos, lo que estaba por encima de todo era la calidad literaria, más que el análisis puntual de los acontecimientos.

Por otra parte, a la hora de pronunciarse sobre los grandes escritores contemporáneos españoles, Umbral, al mismo tiempo que dio claves esenciales sobre algunos literatos y pensadores, también incurrió en arbitrariedades e injusticias manifiestas. Por ejemplo, con la prosa de Azorín. Por ejemplo, en lo más cercano a nosotros, con Pérez de Ayala, a quien vapuleó como columnista y escritor.

Pero, con sus arbitrariedades que no fueron pocas, con su falta de rigor inevitable de quien escribe más de lo que investiga, Umbral fue, ante todo, un género literario, que, por otro lado, tuvo sus imitadores que no alcanzaron, como siempre sucede, grandes alturas.

El siglo XX fue novelado por Umbral, y no sólo en sus libros, también en muchos de sus artículos.

¿Cómo no recordar aquel retrato que hizo de Franco? “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte”.

¿Cómo no recordar el artículo que publicó tras la matanza de Atocha, instando a Alberti a que no regresase aún del exilio?

¿Cómo no perder de vista su relación con Cela, con quien compartía su debilidad por lo carpetovetónico y celtibérico, pero que, al final, le dedicó un libro donde no faltaba la acidez?

¿Cómo no tener en cuenta su desencanto con el felipismo, que lo llevó a escribir un libro excelente en el que puso sobre el tapete las contradicciones y renuncias de aquella época?

La suyas fueron, en las novelas y en los artículos, verdades literarias, “verdades” no siempre rigurosas, pero sí con un poderío estético envidiable.

No fue el Larra del siglo XX, como se dijo en su momento. No alcanzó la genialidad de Valle- Inclán, al que abordó también en un libro que, más allá de los logros en la prosa, apenas aportó claves sobre el autor de “Luces de Bohemia”. No tuvo nunca como articulista la influencia que alcanzó Ortega en su momento. Su “yo” no atesoró la profundidad de otro gran cultivador de sí mismo como Unamuno.

Pero, sin duda alguna, hablamos del columnista español más brillante de la segunda mitad del siglo XX y hablamos también de un novelista atípico que se contó a sí mismo en la práctica totalidad de su obra narrativa y que alcanzó la excelencia literaria en “Mortal y Rosa”.

Columnista de referencia de la segunda mitad del siglo XX que, por otro lado, es en no pequeña parte la consecuencia de aquella España que en los años 30 se asomó a la modernidad con trágicos resultados.

De aquella España vino a la España más contemporánea, con heridas y ocultaciones, con secretos literales y literarios que, a poco que buceemos en ellos, nos estremecen.

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Ante la sentencia
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-09-2017 | 03:40| 0

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Aquella mañana de 2011 fue un mazazo encontrarme con la noticia del ingreso en prisión del exconsejero Riopedre, de María Jesús Otero y de la alta funcionaria Marta Renedo, así como de los empresarios de Igrafo y Almacenes Pumarín. Las imágenes no eran menos heladoras que los textos.

En el verano de 2010, José Luis Iglesias Riopedre había dejado la Consejería de Educación, según declaraciones propias, por motivos de salud. También se jubiló entonces la señora Otero.

Pero antes de que Riopedre dejase su cargo, fue inolvidable la batalla que se libró contra el cierre de un colegio rural en Tineo, en los Semellones, alegando que no había alumnos suficientes para mantenerlo abierto. A los niños les tocaba madrugar más para desplazarse a otro centro docente. Aquel Gobierno y aquel consejero decían, para mayor baldón, ser defensores a ultranza de la enseñanza pública. Aquella noticia supuso el mayor mazazo que nos dio la vida pública asturiana, mayor aún que el bochorno que nos produjo el ‘Petromocho’.

Según fue trascendiendo, lo relacionado con Riopedre y con su número dos se conoció a través de escuchas telefónicas que se pusieron en marcha en las investigaciones judiciales a doña Marta Renedo.

De un lado, la implicación de Riopedre y Otero, personajes que parecían ser la sobriedad personificada. De otra parte, la señora Renedo, con sus presuntos manejos que llevaron a que alguien se encontrase, sin saber su origen, con una suma muy abultada de dinero en su cuenta. Lo de Riopedre consistió en operaciones encaminadas supuestamente a favorecer una empresa de su hijo. Lo de doña María Jesús, presuntamente, tuvo que ver con operaciones para sus negocios particulares. Lo de doña Marta, parece ser, se urdió para afrontar unos gastos personales disparatadamente disparados.

En abril de 2016 comienza el juicio. En los interrogatorios, lo más llamativo fue todo lo que salió a relucir en torno a doña María Jesús Otero. Por ejemplo, cómo se fraguó el pago del regalo de cumpleaños a Riopedre, así como las idas y venidas de materiales teóricamente destinados a centros docentes. Tintes dramáticos en las declaraciones del acusado de Almacenes Pumarín. Serenidad pasmosa la de la señora Otero. Parquedad en lo que contestó a su abogado el señor Riopedre. Desparpajo en doña Marta Renedo.

Y ahora, en el inicio del curso académico y político, se hace pública la sentencia. Ahí está el mazazo sufrido por la ciudadanía. Y ahí está también la trayectoria del señor Riopedre: del hábito frailuno, a la filosofía, a Spinoza y Hobbes. De ahí a la política. Y, al final, a este proceso en el que es condenado judicialmente.

¿Queda lugar en Asturias, tras esta sentencia, para la autocrítica y para la asunción de responsabilidades políticas?

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Entre clamores y abucheos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 28-08-2017 | 04:16| 0

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Por la paz, por la libertad, por la vida, por los derechos, por la ciudadanía. Seguro que todo esto lo suscribieron la inmensa mayoría de personas que se manifestaron el sábado en las calles de Barcelona, que además dejaron muy claro que no se dejarán amedrentar por la barbarie.

Sin embargo, lo más llamativo, mediáticamente hablando, fueron los abucheos contra el jefe del Estado y contra el presidente del Gobierno de España, que allí estuvieron cumpliendo con su cometido, a pesar del enorme grado de conflicto que hay entre las fuerzas políticas independentistas y las instituciones estatales.

Resulta inevitable lamentar que, en semejante lance, no quedasen aparcadas y apartadas todas las diferencias y contenciosos y hubiese una voz unánime contra la matanza que se perpetró en las Ramblas.

Con todo, por mucho que esté suscitando discusiones el asunto de los abucheos, sería injusto y erróneo perder de vista que lo esencial es que las gentes que llenaron el Paseo de Gracia estaban allí para hacer frente al terrorismo, con ese instrumento tan digno e imprescindible que es la palabra, que es la libertad de expresión.

Desde luego, en esa manifestación era obligada la presencia de las personas que representan al Estado y al Gobierno, todo ello al margen de que sea cada vez más creciente en Cataluña el clamor del independentismo. Y, del mismo modo, que, tras los atentados, dio la impresión de que los principales dirigentes estatales y catalanes estuvieron en su sitio, aquello se rompió con declaraciones inoportunas de unos y otros y se consumó esa ruptura en la manifestación del sábado 26 de agosto.

Confieso que eché de menos, dadas las circunstancias del delicado momento que atraviesan las relaciones entre las instituciones catalanas y españolas, que no se hubiese planteado que, por encima de otras muchas consideraciones que podrían hacerse, hay, tendría que haber al menos, un mensaje común que es mucho más importante que el idioma en el que se exprese, y ese mensaje es el que aglutinó a los ciudadanos en la manifestación de la que venimos hablando, defendiendo una vida digna y democrática, defendiendo la paz, los derechos y las libertades. Pero, como diría Larra, ni por esas.

Con todo, yo no hablaría ni de fracaso ni de boicot, porque lo esencial no se perdió de vista ni quedó diluido.

Por otra parte, la agenda política marca muy claramente que la relación entre Cataluña y el Estado estará y será omnipresente, al menos, hasta la fecha fijada para el referéndum, lo que no impide que la tragedia de los atentados una más a las personas con independencia de trapos en los mástiles, de indicadores de carretera y de desencuentros que nos llevaron a la actual encrucijada, desencuentros en los que las responsabilidades están amargamente repartidas.

Entre clamores y abucheos, entre las voces y los ecos de la manifestación del 26 de agosto, yo me quedo con la paz y la palabra, que diría Blas de Otero.

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Preguntas tras el horror
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-08-2017 | 18:00| 0

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«Las grandes ideas llegan al mundo tan suavemente como las palomas. Quizás, entonces, si escuchamos con atención, oiremos, en medio de la conmoción producida por imperios y naciones, un tenue aleteo, al tímido despertar de la vida y la esperanza». (Albert Camus).

Tras el terrorífico atentado de Barcelona, más allá del dolor y del desgarro, más allá del mazazo colectivo del que acaso nunca nos repondremos del todo, viendo las reacciones y valoraciones del circo nuestro de cada día en la vida pública, además de la indignación y del estupor que muchas veces provocan, se suscitan preguntas tan amargas como inevitables.

Platón en su diálogo ‘Protágoras’ sostenía a través de Sócrates que la virtud no es enseñable. Habría mucho que decir al respecto. No obstante, lo que los hechos muestran con crudeza es que no resulta difícil convertir a determinados individuos en máquinas de matar.

Saber conducir una furgoneta y seguir las sanguinarias consignas. No conceder valor alguno a las vidas ajenas y a la propia. Todo ello, tras un adoctrinamiento terroríficamente acelerado.

Y, ante todo y sobre todo, toca preguntarse, ante muchas de las reacciones que se están produciendo, si la mayor parte de los planteamientos que s eesbozan tienen una base sólida.

No solo estamos hablando de una matanza horrorosa, que, según parece, pudo haber sido mucho mayor, estamos hablando también de un discurso que pretende no solo segar vidas, sino también fulminar derechos y libertades. Y, ante ello, es obligado preguntarse hasta dónde puede y llegar la tolerancia a la hora de analizar una situación como ésta.

En efecto, ahí están los viveros del odio, que son muy fácilmente reconocibles: la miseria y la ignorancia, fundamentalmente. En efecto, ahí está una política internacional de los países occidentales con respecto al mundo árabe que es manifiestamente mejorable. En efecto, ahí está la marginación y la desesperación.

Con todo, no sobra preguntarse por las responsabilidades personales de quienes asesinan. Con todo, no está fuera de lugar el recordatorio de que el discurso que hay detrás de esta especie de guerra santa es la negación absoluta de derechos y libertades.

¿Procede, ante esto, ser tolerantes a la hora de valorar la situación?¿no es hora ya de una política europea común ante lo que está sucediendo? ¿No es hora ya de mostrar un verdadero empeño por acabar con la maldita guerra de Siria, que tantas muertes está generando, también en la huida del horror? ¿No es hora ya de dejar bien claro que se acaba la política internacional que pueda favorecer a estados que, según se dice, están financiando el terrorismo?

¿No es hora ya de dejar la consignas, las candideces ñoñas y los tópicos a la hora de pronunciarse ante lo que está ocurriendo?

¿Es de recibo mostrarse comprensivos y dialogantes con discursos que pretenden acabar con los derechos y las libertades que, por otra parte, tanto costó conseguir?

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Máquinas de matar
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-08-2017 | 03:38| 0

Los cuatro principales sospechosos para los Mossos d'Esquadra.

«El club con más socios del mundo es el de los enemigos de los genocidios pasados. Sólo tiene el mismo número de miembros el club de los amigos de los genocidios en curso» (Jean-François Revel).

Por favor, dejemos los tópicos, los mensajes encapsulados, los lugares comunes. Dejémoslos, y, así, nos toca hacer frente a la barbarie cara a cara. A esa barbarie que se sirve de las máquinas de matar que produce, máquinas de matar que parecen haber salido del laboratorio más tenebroso. Máquinas de matar a quienes se les inocula odio.

Y es que, entre los muchos aspectos terroríficos que se manifiestan tras un atentado como el de Barcelona, resulta desolador pensar que acaso, en determinadas circunstancias, no sea más difícil moldear máquinas de terror que forjar ciudadanos cabales y responsables. Máquinas de matar alimentadas por el odio, por el odio hacia el mundo occidental que, con todas sus imperfecciones y miserias, representa la civilización frente a la barbarie.

No se trata solo de asesinar a ciudadanos que en modo alguno se pueden sentir culpables de los grandes males que aquejan a la humanidad, se trata de exterminar a quienes representan un mundo en el que, a pesar de todos los pesares, los derechos y libertades existen y se ejercen. Se trata de asesinar a turistas y viajeros, a personas que recorren los enclaves más atractivos de una ciudad abierta al mundo como es Barcelona y que atesora tanto y tanto. Asesinar a viajeros y turistas, a ciudadanos que pasean y se mueven en sus horas libres. Arremeter contra el ocio y el bienestar, arremeter contra las mejores y más grandes conquistas de la humanidad.

Máquinas de matar que lo hacen utilizando la técnica de esa civilización a la que tanto odian y a la que pretenden exterminar, tal y como explicó muy bien magistralmente André Glucksmann en su libro ‘Dostoievski en Manhattan’.

Barbarie, horror que, como la réplica de un terremoto devastador, tuvo un segundo conato por la noche en Cambrils tras lo ocurrido durante la tarde en Barcelona. Y, por lo que se informa, se preparaban atentados de mayor alcance. ¿Cómo acabar con la fábrica y con los fabricantes de odio? ¿Cómo responder a estos sangrientos episodios más allá de los tópicos?

La civilización se defiende y tiene que defenderse, y en algún momento esa factoría de odio tendrá que darse cuenta de que nunca podrán acabar con un modo de vida que, insisto, con todas sus imperfecciones, es lo mejor que hemos tenido y que tenemos.

Somos, pese a todo, muy vulnerables frente a un terrorismo que no tiene miedo a su propia muerte. Pero también somos, pese a todo, conscientes de que la civilización no sucumbirá ante esta barbarie.

Un paseo por Las Ramblas que acabó en masacre. Una masacre que nos sobrecoge. Nos duele, como diría el poeta, hasta el aliento.

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¿Saben quién fue Antonio Machado?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-08-2017 | 02:36| 0

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«–Nuestro español bosteza. / ¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?/ Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?/ –El vacío es más bien en la cabeza». Antonio Machado.

En el día en que media España celebra su devoción a la Virgen, como una especie de punzada resacosa, se difunde la noticia de que en el Ayuntamiento Sabadell se plantean que desaparezcan del callejero Machado, Quevedo,  Larra, Espronceda, entre otros. Por fortuna, en una red social, el alcalde afirmó rotundamente que don Antonio «se queda» en el nomenclátor de la ciudad. O sea, que, en principio, se confirma que no se va a perpetrar semejante disparate.

Según parece, todo este revuelo obedece al dictamen de una comisión que considera que los citados son personajes hostiles a la nación y a la lengua catalanas. ¡Madre mía!

Cierto es que Quevedo escribió unos versos demoledores contra los catalanes. No lo es menos que el genial poeta no se quedó corto a la hora de denunciar los defectos españoles. Pero lo más llamativo de esta historia es que se incluya a don Antonio Machado en semejante inventario, ya que esto no solo pone de manifiesto la ignorancia de quienes informaron de tal guisa, sino también que, tras cuarenta años de supuesta democracia, este país no recuperó la memoria y no tiene presente que, en efecto, hubo otra España muy ajena a la de charanga y pandereta, de la que se ocupó precisamente el poeta del 98.

No deja de ser paradójico, por otro lado, que, a la hora de difundir la obra de Machado, haya sido decisivo un catalán de pro, Joan Manuel Serrat. Pero se ve que, con todo, esto no resulta suficiente para acabar con el desconocimiento que sigue habiendo sobre la mejor España, intelectualmente hablando, de nuestra historia contemporánea.

Hablando de nuestra literatura contemporánea, si esos sabios que hicieron semejante propuesta, conociesen un poema de Alberti que da vivas a la independencia de Cataluña, propondrían al autor de ‘Marinero en tierra’ como héroe de la causa.Pero, insistiendo en que, por fortuna, la cosa no pasó de ser un rumor que se difundió en un día festivo por excelencia en toda la piel de toro, resulta desoladora la ignorancia acerca de nuestra propia historia, también en Cataluña.

¿Qué podría estar pensando al respecto Juan Goytisolo, un catalán que tanto admiró a Machado? ¿Cómo habrá recibido la noticia Eduardo Mendoza? ¿Qué opinará sobre esto Joan Manuel Serrat? ¿Es justo que, por ignorancia o por ignominia, se meta en el mismo saco a las dos españas de las que habló el propio Machado en uno de sus muchos poemas memorables? ¿No se quiere tener presente que hubo una España receptiva y entusiasta hacia la lengua y la literatura catalanas?

¿Habrá que llegar a la conclusión de que las cavernas acaban siempre convergiendo, y que, más allá de la nacionalidad, las une el analfabetismo histórico y la brocha gorda?

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En la muerte de Terele Pávez
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-08-2017 | 17:48| 0

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“Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes”. (Nietzsche).

“Afronta el instante con valor, sé implacable con tu fatiga”. (Cioran).

Voz aguardentosa, coraje desbordado, tormento a flor de piel, continuo lamento, actriz, ante todo y sobre todo, temperamental. Así fue Terele Pávez en la práctica totalidad de sus papeles en el cine y la televisión, donde se volcaba tal como era. Así fue la trayectoria de una actriz irrepetible que acaba de fallecer.

Terele Pávez y España. Terele Pávez y nuestra historia más trágica. Todos nos estremecimos y nos sobrecogimos en el momento en que tuvimos noticia de la presunta implicación de su padre en la detención que llevó a  Lorca a la muerte. Todos pensamos en lo trágica que es nuestra historia, la de un país en el que, como escribió Gil de Biedma, todo termina mal.

Estamos hablando de una trayectoria cinematográfica y televisiva en la que asoma de continuo la España más profunda, la España más tremendista, la España más tenebrosa, los cruentos dictados del Dios ibero machadiano. Si a eso añadimos la “maldición” que tuvo que suponer que se relacionase a su padre con la detención de Lorca, detención que fue la antesala de su asesinato, lo trágico no se queda sólo en el ámbito de la teoría literaria, sino que se manifiesta de forma descarada y descarnada.

No podemos no recordar a su hermana Emma Penella, fallecida en 2007, que tampoco llevaba el apellido de su padre, que, en su momento hizo el papel de Ana Ozores, en una versión cinematográfica de “La Regenta” dirigida por Gonzalo Suárez, y que, desde luego, no era la actriz más adecuada para ver en ella mucha similitud con el personaje clariniano.

De todos modos, Terele Pávez dejará una huella mucho más profunda en la historia del séptimo arte.

 

¡Es tremendo y helador caer en la cuenta de que Terele Pávez hubiera bordado el papel de Bernarda de Alba!

En la muerte de Terele Pávez. Se fue de esta vida una actriz insustituible.

Logró, en la mayoría de sus papeles, una admirable síntesis entre el dolor y la entereza.

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