El Comercio
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Para después de un debate
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-11-2017 | 09:55| 0

Acaso hayamos asistido al Debate de Orientación Política más atípico de los últimos años. Primero, con un presidente del Gobierno cuya despedida ya está anunciada. Segundo, con un nuevo secretario de la FSA que, aunque presente en la sesión, y siguiendo lo esperado, hizo de convidado de piedra. El cambio generacional que representa en la FSA el ex alcalde de Laviana supone, entre otras cosas, aparcar para la nueva legislatura un programa político que, al menos sobre el papel, será sustancialmente distinto al que intenta seguir Javier Fernández. Tercero, desde el primer momento, dio la impresión de que por parte del actual presidente hay un intento, al menos retórico, de desandar el camino e intentar de nuevo un pacto entre las tres formaciones de izquierdas que suman en la Junta una mayoría abrumadora que probablemente no se repetirá en lo sucesivo.

Mientras esto sucede, se pone claramente de manifiesto la desconfianza de Podemos e IU con respecto a los planteamientos de Javier Fernández. Desconfianza que, en el caso de la formación morada, no es ninguna novedad, pues desde el comienzo mismo de la legislatura se vio una falta de entendimiento total con la FSA; pero, en el caso de IU, podría decirse que esta desconfianza se vino forjando desde entonces, pues, según manifestó el propio Llamazares, el llamado pacto de investidura no fue cumplido por el Gobierno de Javier Fernández.

Aún así, al menos en materia presupuestaria, son posibles una serie de pactos que hasta ahora no se habían alcanzado, si bien, por parte del grupo parlamentario que apoya al Gobierno, está claro que ponen muchas reservas a la gratuidad de las escuela de 0 a 3 años, y que discrepan aún más con las propuestas del partido morado en materia sanitaria.

Por otro lado, el PP solo contó con el apoyo de Ciudadanos en su propuesta de rechazo a la oficialidad del asturiano.

Dos grandes soledades, la de un Gobierno que se va y la de un PP que ni siquiera tiene el apoyo de Foro Asturias en una de sus propuestas más rotundas en este debate.

No habrá oficialidad del asturiano mientras gobierne Javier Fernández, pero, ante la nueva ejecutiva de la FSA, también se descarta que el PP y el PSOE repitan su pacto presupuestario.

Lo que pudo haber sido y no fue, la imposibilidad de un gran pacto entre los partidos de izquierda, una atmósfera de ritual de despedidas.

A todo ello hay que sumar la incertidumbre en torno a modelos de financiación autonómica que se están pergeñando fuera de aquí.

Para después de un debate. Asignaturas pendientes que pasan su trámite de examen, sin esperanza y sin convencimiento.

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¡QUE CEDAN ELLOS!
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-11-2017 | 05:53| 0

Un aire frío que cortaba; un cielo luminoso que, sin embargo, no servía para crear un ambiente cálido. A la puerta de la Junta, protestas de los bomberos contra el partido gobernante. Intramuros, todo en orden, para escuchar el discurso de un presidente que, sobre todo en el tono de su perorata, parecía estar ya con un pie en el estribo.

Desde ese planteamiento, advirtió al resto de los grupos parlamentarios que se acababa el tiempo para alcanzar acuerdos. Tal mensaje iba sobre todo dirigido a los partidos de izquierdas. Tras haber pactado con el PP los presupuestos en el ejercicio anterior, invocó a Podemos y a IU a que esta vez el acuerdo fuese entre ellos. Ahora bien, no parecía muy dispuesto a ceder en lo que a su programa electoral se refiere. Se diría que les tocaba a los otros renunciar, si bien se mostró dispuesto a aceptar una de las propuestas de Podemos referida a la puesta en marcha de una Unidad Anticorrupción. Veremos.

Desde luego, las invocaciones a la consecución de acuerdos fueron continuas. También es cierto que, aun con autocomplacencias en la letra que no compaginaron mucho con el tono, no eludió enumerar los problemas más graves de Asturias, entre ellos, el declive demográfico. A este respecto, habló de las propuestas de su Gobierno, que, esperemos, tengan utilidad, porque lo cierto es que hasta ahora la despoblación sigue aumentando y cada vez son menos los alumnos que se matriculan en los centros docentes.

Sin necesidad de que lo reconozca, lo cierto es que, año tras año, perdemos población. Pues bien, si en el año y medio largo que le queda al frente del Gobierno lograse paralizar el referido declive, podría darse por satisfecho. Desde luego, fácil no lo tiene.

También se refirió a la necesidad de estructurar el área metropolitana, algo que está en la mente de todo el mundo, pero que ahí sigue como asignatura pendiente. Para ello, no solo habría que contar con el apoyo mayoritario del Parlamento autonómico, sino también con los ayuntamientos implicados. Y esto debería llevarse a cabo sin menoscabo de las alas. El equilibrio al respecto no está nada fácil.

Por otro lado, me parece muy optimista considerar que es historia el aislamiento de Asturias en lo que se refiere a las infraestructuras, del mismo modo que se echó de menos que fuese un poco más autocrítico en materia de políticas medioambientales, teniendo en cuenta no solo las alarmas por contaminación, sino también que, al mismo tiempo, se pretende promocionar Asturias como el Paraíso Natural del que tanto se viene hablando durante décadas.

Y, en fin, Javier Fernández, ya con un pie en el estribo, se quiere ir de la política pactando con la izquierda, con una izquierda que desconfía de su discurso. No tuvo a bien reconocer que pudo formar Gobierno gracias a IU, ni tampoco se tomó la molestia de admitir la incoherencia que supuso haber pactado con el PP los presupuestos.

Por último, una mera cuestión de cómputo. Al asturiano le dedicó unas pocas palabras, a la autocrítica, diría que ninguna, mientras que con la cuestión catalana se explayó a gusto.

Pues eso, ¡que cedan ellos!

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EL LARGO CAMINO DE LA OFICIALIDÁ DEL ASTURIANO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-11-2017 | 14:54| 0

La oficialidad del asturiano vuelve a demandarse en el Día de Les Lletres

Si no recuerdo mal, fue en 2008 cuando se planteó la oportunidad de modificar el Estatuto de Autonomía de Asturias, planteamiento que no fue más allá de una mera declaración de intenciones, pues la referida reforma no llegó a hacerse. No obstante, en las primeras reuniones de aquella tentativa, se acordó que el asturiano fuese considerado «patrimonio lingüístico». Como se ve, la originalidad de tal aserto es deslumbrante.

Pues bien, en pleno ecuador de lo que será la última legislatura de Javier Fernández al frente del Gobierno llariego, la nueva Ejecutiva que salió de la FSA se marca como objetivo que la ‘oficialidá’ del asturiano llegue a tener carta de naturaleza. Entre otras cosas, está muy claro que tal cosa no ocurrirá durante el mandato del actual presidente del Ejecutivo autonómico, que nunca estuvo a favor de la ‘oficialidá’. Y, más allá de cualquier otra consideración, el cambio que esto supone en el discurso de la FSA da muestras del final de un ciclo político, que se remonta a los inicios de nuestra autonomía, pues, como bien se sabe, el PSOE viene siendo el partido hegemónico en Asturias. Y, según las últimas noticias que vamos conociendo, esa oficialidá tendrá un largo camino antes de que llegue a ser aprobada.

Ciertamente, a estas alturas, lo único que no hay al respecto es prisa, y sería muy deseable que ello no suscitase agrias polémicas y que fuese el resultado del mayor acuerdo posible. Tengo escrito en muchas ocasiones que, con respecto al asturiano, sobran prejuicios. No hay ningún motivo para considerar inapropiado que tenga carácter oficial una lengua que está tan cerca del latín y que su uso se encuentra tan cercano a nosotros en el tiempo. Y, desde luego, la mejor manera de evitar su desaparición es la ‘oficialidá’.

Sobran prejuicios, digo. Quienes argumentan que el asturiano académico no existe, tendrían que preguntarse antes cómo es posible que se hayan escrito novelas, relatos, poemas y obras teatrales, parte de ellas de gran calidad literaria, en un idioma inexistente. Ante quienes aducen la variedad del asturiano, hasta en los libros de texto de la ESO y Bachillerato, se habla de las diferencias diatópicas que se producen en cualquier idioma.

Ante quienes arguyen que es mucho más práctico aprender inglés que asturiano, convendría que reparasen en el hecho de que en las comunidades autónomas en las que existe cooficialidad, los alumnos no tienen un nivel inferior en su manejo de cualquier lengua moderna por el hecho de estudiar también su lengua autóctona. Los datos están ahí.

Ante quienes ponen el grito en el cielo advirtiendo de los enormes costes que provocaría la ‘oficialidá’, estaría bien que echasen un vistazo a los territorios con dos lenguas oficiales, comprobando que en ninguno de ellos la cuestión lingüística causa bancarrota en sus cuentas.

Prejuicios aparte, dado que el camino será largo, sería deseable que, en lo posible, se evitasen las polémicas enconadas, sin perder de vista que la ‘oficialidá’ del asturiano no tiene por qué seguir al pie de la letra lo que está legislado en otras comunidades autónomas. Se trataría de buscar el acuerdo internamente.

Y, como punto de partida, desde mi punto de vista, habría que dejar muy claro desde el principio que el castellano es tan nuestro como el asturiano, es decir, no se trata de confrontaciones, sino de sumas.

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¿INDEPENDENTISMO DE FICCIÓN?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-11-2017 | 09:53| 0

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Vicente Verdú, en el ensayo que tiene por título ‘El estilo del mundo’ (‘La vida en el capitalismo de ficción’), plantea que el capitalismo, desde la caída de la antigua Unión Soviética, aspira, sobre todo, a fabricar realidad, una realidad que sirva para el entretenimiento, que no está marcada en modo alguno por el rigor ni por la veracidad. Y lo cierto es que esta tesis podría extrapolarse, sin demasiado esfuerzo, al independentismo catalán. No sería en modo alguno inapropiado hablar de un independentismo de ficción, ficción en la que muchas personas han creído y siguen creyendo.

Se viene hablando del «relato independentista». ¿Relato? Si aceptamos el término, habría que añadir que tiene un componente muy fuerte de mito y de leyenda. Un territorio sofocado por un Estado asfixiante y que además se muestra intolerante con su lengua, con sus tradiciones, con su identidad. Como guinda, un Estado que es injusto a la hora de hacer balances económicos. Esto en el presente. Y, en cuanto al pasado, tienen referentes a la hora de hacer comparaciones, sobre todo la figura de Companys.

Todo parecía ir en serio, especialmente en el Gobierno de la Generalitat y en el Parlament. Todo desembocó en esa DUI tan rocambolesca que, al final, no la proclamó el Ejecutivo presidido por Puigdemont, sino el Parlament en una votación supuestamente secreta.

¿Y la realidad? Más allá de la aplicación del famoso artículo 155 de la Carta Magna, que suspendió al Gobierno de la Generalitat y que convocó elecciones, más allá de la fuga del señor Puigdemont a Bruselas, más allá de los encarcelamientos de Junqueras y otros consejeros, encarcelamientos que favorecen el llamado relato independentista, ¿qué se espera que acontezca a partir de las elecciones de diciembre?

Desde luego, el llamado relato independentista no llegó, ni mucho menos, a su fin. Desde luego, todo parece indicar que se trata de un relato sin desenlace, en el mejor de los casos, con un final abierto, que, antes de que concluya, se parece mucho más a un culebrón.

Desde luego, el nacionalismo catalán, históricamente hablando, tuvo sus héroes y su épica, pero aquello no era ficción, no era relato, sino tragedia. Y ya se sabe lo que puede pasar con la tragedia en el caso de que la historia se vuelva a repetir: más bien, una comedia bufa o un culebrón.

Puigdemont en Bruselas, probablemente candidato de su partido para presidir el Gobierno de la Generalitat. Exconsejeros en prisión, no sabemos durante cuánto tiempo. Clamores independentistas en las calles de Cataluña. Todo ello alentado por un independentismo de ficción que se viene fabricando desde hace décadas.

El ‘relato’ continuará. Servirá para que se hable menos de corrupción generalizada en toda la piel de toro. Servirá para fabricar héroes y villanos, que se intercambian sus papeles a ambos lados del Ebro. El ‘relato’ continuará, la comedia bufa también, usurpación de mitos, apropiación indebida de admirables personajes históricos. Para ellos, la historia y la realidad política no van en serio, pues forman parte de la ‘posverdad’.

¿Habrán leído a Gil de Biedma? ¡Ay!

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¿Deconstrucción o reconstrucción en Cataluña?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-10-2017 | 07:20| 0

Desde que Rajoy compareció dando noticia de que el 21 de diciembre habría elecciones en Cataluña, a resultas de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la madre de todas las preguntas consistía en saber si los partidos independentistas se presentarían a esos comicios convocados, dada la excepcionalidad de la situación, por el Gobierno de España. Y, tanto ERC como el PDeCAT, ya confirmaron que, en efecto, concurrirían. Sobre la CUP, siempre es pronto para saber algo definitivo.

Y era la madre de todas las preguntas porque, de no concurrir a las elecciones las formaciones independentistas, se antojaría casi imposible la más mínima esperanza del retorno a la normalidad política en Cataluña.

Aun así, las incógnitas son muchas. De entrada, habrá que ver cómo reaccionan los miembros del Gobierno autonómico cesados por la aplicación del mencionado artículo de la Constitución, sin perder de vista el proceso judicial al que se enfrentarán.

Será, sin duda, una campaña electoral muy atípica, marcada por los acontecimientos que vinieron sucediendo. Y, en todo caso, hasta que se conozcan los resultados, solo habrá, en el mejor de los casos, un compás de espera.

¿Deconstrucción o reconstrucción? No es fácil asimilar, socialmente hablando, haber vivido una situación ficticia. No es fácil que quienes no fueron capaces de alcanzar acuerdos cambien su disposición y se vuelvan dialogantes. No es fácil recuperar el sentido de la realidad y reconstruir la convivencia social.

Y no hablo solo de los puentes rotos entre Cataluña y España, sino también del conflicto interno dentro de Cataluña. No hay que descartar el descontento social de quienes pueden llegar a sentirse engañados. No hay que perder de vista que no se puede llevar a cabo una secesión con una mayoría parlamentaria exigua y atípica.

Sería muy deseable que todos hayan aprendido algo para que el problema no se agrande ni se enquiste. Se llegó demasiado lejos, se incurrió en algo quimérico. De un sueño de muchas personas, antes de convertirlo en pesadilla, hicieron un folletín, o, si se prefiere, un culebrón. Se jugó con fuego, sacando a relucir odios de los unos de los otros. Se puso de manifiesto la capacidad de tomar como asidero algo tan inconsistente como el resultado del referéndum del 1-0, de tan triste recuerdo para unos y para otros.

Es hora de recuperar la cordura, el diálogo y el respeto.

Cataluña es algo muy serio, algo muy importante, y no es de recibo convertir su vida pública y su futuro más inmediato en un galimatías que roza lo esperpéntico.

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Por la escalera de incendios
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Luis Arias Argüelles-Meres | 28-10-2017 | 03:50| 0

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Tras continuas idas y venidas del  Presidente de la Generalitat, el Parlament de Cataluña aprobó la resolución para declarar la famosa DUI. Lo han hecho, sí, pero la actitud de Puigdemont  fue, en el mejor de los casos, pusilánime, optó por zanjar el asunto saliendo por la escalera de incendios. Acalló, eso sí, a quienes podían reprocharle que al final los había traicionado. Pero, con su actitud hamletiana, a lo que da paso es a la incertidumbre y al caos.

No es de recibo declarar una DUI cuando los votos que representan sus partidarios no superan la mitad de los sufragios. No es de recibo afirmar que el referéndum de 1-O refleja la voluntad de la mayoría del pueblo catalán, entre otras razones, porque no se dieron ni de lejos las condiciones mínimas para considerarlo válido. Se podrá argüir que tampoco se les permitió hacerlo. Pero entonces tocaría abrir un periodo de negociaciones en busca de acuerdos mínimos. Lo que resulta insufrible es esa cerrazón de aferrarse a una falacia.

Tampoco cabe tomar como pretexto la aprobación de la puesta en marcha encaminada a aplicar el famoso artículo 155 de la Constitución. Cuando esto no estaba aún sobre la mesa, el discurso era el mismo.Se sabe que la DUI no sería efectiva. Pero es indudable que, con ella, la conflictividad  está garantizada.

Por la escalera de incendios se salió Puigdemont. Quienes apostaron por la independencia se sirvieron del descontento que no sólo es fruto del desapego entre Cataluña y España. Y se condujeron con un frenesí apabullante y abrumador hasta un extremo que hacía muy difícil reconducir la situación hacia un escenario de diálogo. Cuando fueron a darse cuenta, ya era muy difícil retroceder. Y, así, se decantaron por lo fácil, sin grandeza alguna.

En efecto, estamos viviendo la mayor crisis desde la muerte de Franco a esta parte. Y además esto sucede en un momento en el que la mal llamada clase política es más mediocre que nunca.  Todos –unos más que otros- nos han conducido al atolladero en que nos encontramos.

De todas las opciones disponibles, sin duda, la mejor hubiera sido convocar elecciones por parte del Ejecutivo catalán, unas elecciones con garantías, que, desde luego, tampoco garantizarían la resolución del conflicto, pero, al menos, nos hubiéramos ahorrado huidas hacia adelante como las protagonizadas por todo el bloque independentista y también la situación excepcional que se creará a partir de ahora con la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Me gustaría creer que no se va a seguir jugando con los sentimientos de las personas, que no se va a enfrentar a una sociedad, que de esta situación límite saldremos fortalecidos. Pero no hay motivos fundados para el optimismo, cuando el principal responsable político de Cataluña no da la cara tras continuos titubeos, cuando en el ámbito estatal la torpeza no está ausente.

Seguiremos asistiendo a continuos desencuentros, que sería deseable que al menos sirviesen para que el electorado tomase la palabra poniendo a cada cual en su sitio. Pero está por ver hasta cuándo se va a seguir celebrando la ceremonia de la confusión, hasta cuándo se va seguir esperando para que la ciudadanía recupere su protagonismo.

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Grotesca vida pública
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2017 | 07:45| 0

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Ese rostro airado de don Hermógenes Fernández Villa, amenazando a un fotógrafo de EL COMERCIO, representa, además de otras cosas, lo grotesca que puede llegar a ser nuestra vida pública. Se entiende que a este versallesco ciudadano le incomodase tener que acudir como testigo ante la juez que investiga el origen de la fortuna de su hermano. Estaba en su perfecto derecho de no querer hacer declaraciones a la prensa, es obvio. Pero no es admisible bajo ningún concepto esa actuación tan fuera de lugar.

Alguien dijo que, de entre todas las enfermedades de transmisión sexual, la verdaderamente incurable es la familia. Por eso, nadie está libre de tener familiares impresentables. Distinta cosa es que, tratándose del asunto que aquí nos trae, la sociedad tenga que tragarse lances como el protagonizado por don Hermógenes.

¡Ay, la familia! O sea, que también nos toca sufrir a los familiares de determinados personajes de la vida pública. En algunos casos, por el nepotismo de ciertos mandamases. En otros, por los comportamientos que observan. De verdad, esto no es justo.

No sólo tenemos que padecer las consecuencias, morales y materiales, de todas las corruptelas que en Asturias vienen siendo en los últimos años, sino que además, a todas esas grandes alegrías, se suman espectáculos tan grotescos como el que tuvo lugar el 23 de octubre a las puertas de la Audiencia Provincial. La ciudadanía nada malo les ha hecho. Nada les debemos. Pero nos cae la desgracia de tener que soportarlos.

Así las cosas, nos toca pagar y nos toca como propina tener noticia de episodios que no sólo reflejan la picaresca de la vida pública, sino también la chabacanería a la que se ha llegado.

La imagen de la que venimos hablando, la de este honorable señor con su amenaza, con su ira, se suma a la larga serie de episodios desmoralizadores y de brocha gorda que vienen sucediendo en Asturias en los últimos tiempos.

Al final, lo único que sabemos es que otro familiar del otrora poderoso sindicalista y político, que también acudió a declarar, doña Asunción Fernández Villa, desmiente a don José Ángel, pues, según ella, cada hermano heredó 30.000 euros, cifra sensiblemente inferior a la que señaló el antiguo líder del SOMA.

O sea, que tenemos motivos para la indignación y para el bochorno, por mucho que nos pueda resultar hilarante el circo que se nos brinda.

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¿EL 15-M ERA ESTO?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-10-2017 | 10:01| 2

«A menudo encontramos nuestro destino en los caminos que tomamos para evitarlo» (Jean de la Fontaine).

No puedo dejar de preguntarme cómo es posible que, para Podemos, el hecho de hablar en catalán llegase a ser una suerte de salvoconducto que librase a quienes utilizan ese idioma de pertenecer a lo que ustedes llamaron, con acierto, la casta política. No sólo entiendo, sino que además suscribo la inmensa mayoría de las críticas que su partido viene haciendo tanto al PP como al PSOE. Pero le aseguro que soy incapaz de encontrar una explicación cabal a su ausencia de crítica al movimiento independentista en Cataluña.

Por lo que vengo leyendo, sólo hay un desacuerdo importante entre su partido y el bloque independentista catalán, y ese desacuerdo se refiere a que ustedes no se suman a esa especie de mantra en virtud del cual hay que considerar que el resultado del referéndum del uno de octubre es un mandato democrático que obliga a proclamar la famosa DUI, algo tan insostenible como delirante.

Para ustedes, el PP, el PSOE y Ciudadanos forman un ‘bloque monárquico’, del que se sienten claramente alejados. Yo también. Pero, según ese planteamiento, habría que concluir que el resto de las formaciones políticas son republicanas, especialmente su partido. Lo cierto es que acerca de su teórico republicanismo se suscitan muchas dudas. Lo cierto es que, en estos momentos, ERC, que tuvo tantos vínculos con el republicanismo español, no tiene a bien liderarlo, puesto que sus afanes y desvelos vienen dados por la independencia de Cataluña, y no por un Estado republicano en España.

¿EL 15-M era esto, señor Iglesias? ¿Tanto les cuesta a ustedes reconocer que el nacionalismo catalán, especialmente CIU, que actualmente se denomina PDeCAT, incurrió a lo largo del tiempo en trapisondas, corruptelas y caciquismos de forma no menos descarada que los dos grandes partidos en el ámbito estatal?

Como usted sabe, hace 40 años, un 23 de octubre, regresaba a Barcelona Tarradellas, al frente de la Generalitat, por cierto, la única institución existente en la II República, que tuvo cabida en la Restauración borbónica que comenzó tras la muerte de Franco. Y, desde luego, lo del tres por ciento, el caso Palau, las fortunas en Andorra y demás historias nada tienen que ver con lo que representaba aquella legendaria figura del catalanismo.

Por otra parte, no es fácil entender que aquel movimiento del 15M del que ustedes fueron abanderados haya cambiado tanto en tan pocos años. ¿Dónde hay que poner el énfasis, señor Iglesias? ¿Acaso todos los sufrimientos que acarreó y sigue acarreando la crisis tienen que aparcarse dejando sitio a su ausencia de crítica hacia unas formaciones independentistas que culpan de todos los males a los partidos estatales y que, llegado el momento, sostienen, que se diría ahora, un relato cuyo guion se está volviendo mucho más complejo de lo anunciado?

¿El 15 M era esto, señor Iglesias? ¿La casta política atañe a sólo a los que hablan la lengua del imperio? ¿Se ha tomado la molestia de leer a un asturiano residente en Cataluña, a un asturiano que responde al nombre de Gregorio Morán, cuyo cese como colaborador en un prestigioso diario catalán le fue comunicado por burofax?

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La verdad sospechosa: Sobre el libro “Renedo no es un caso”, de Ramón Muñiz
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-10-2017 | 00:02| 0

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Lope de Vega, en uno de sus sonetos memorables, hablaba de que, entre las muchas contradicciones que nos puede provocar el amor más desquiciante, podíamos llegar a “creer sospechas y negar verdades”. Pues bien, en Asturias, a partir del ingreso provisional en prisión de los principales encausados en el llamado caso Renedo, a principios de 2011,  la percepción de la política llariega dejó de ser ingenua. La verdad, que diría Ruiz de Alarcón, se hizo sospechosa.

Y es que la imagen de Riopedre entrando en prisión, además de estupor y sorpresa, supuso un mazazo mucho más fuerte que el sufrido muchos años antes por el desolador ridículo que padecimos a resultas del llamado Petromocho.

“Renedo no es un caso” va mucho más allá de los hechos propiamente dichos, contextualizándonos admirablemente desde las primeras páginas en las que recuerda aquella Asturias de 2007, en la que Areces ganó por tercera vez las elecciones autonómicas, en la que los datos del paro no eran, ni de lejos, tan angustiosos como ahora, en la que las pensiones que aquí se percibían estaban entre las más altas de España. Y la corrupción política, según se decía oficialmente, no nos golpeaba. Pero sería al final de aquella última Legislatura de Areces cuando todo esto se destaparía, de tal manera que ningún doctor Pangloss sería bien recibido por la opinión pública.

Y, en efecto, el llamado caso Renedo es mucho más que un caso cuantitativamente hablando, pues, de entrada, estamos hablando de dos consejerías que, eso sí, comparten, en los hechos que fueron juzgados, las mismas empresas que fueron colaboradoras necesarias e imprescindibles de lo acontecido.

Pero también es mucho más que un caso aislado de corrupción cualitativamente hablando, entre otras cosas, porque, a la vista de lo conocido y sentenciado, cabe albergar la sospecha de que haya podido haber episodios similares tanto en la Administración Autonómica, como también -¡ay!- en la Administración Local. Sin ir más lejos, el empresario de Igrafo le contó al autor del libro que habían tratado con casi todos los Ayuntamientos asturianos.

Por otra parte, entre los muchos aciertos de este libro, hay que anotar que están muy bien contados los lances y percances que tienen que ver con las personas que utilizó la señora Renedo para operar con cuentas bancarias que tenían la identidad de dos ciudadanas que desconocían por completo que se estaban utilizando sus nombres como tapadera. Tanto la anciana que vivió sus últimos años teniendo que utilizar una silla de ruedas como la empleada de unos grandes almacenes nos son presentadas en esta ópera prima de Ramón Muñiz como personajes que despiertan ternura y admiración.  Lo mismo podría decirse del inspector de policía que investiga quién puede estar detrás de estas operaciones bancarias.

Leyendo este libro, no sólo obtenemos una información muy completa y clara de lo acontecido, sino que, siguiendo el relato que aquí se nos cuenta, nos adentramos en el sentir y en el pensar de los principales protagonistas, de quienes hace semblanzas memorables, especialmente de la personalidad de la alta funcionaria, subida siempre a unos vertiginosos tacones, angustiada cuando puede ser descubierta, derrotada tras su destitución.

En cuanto a Riopedre, mucho más hermético, se describe su trayectoria pública, sus silencios, su aparente sobriedad, sin perder de vista las maniobras que llevó a cabo relacionadas con la empresa de su hijo. Se nombraban 69 asesores en la Consejería sin concurso de méritos, sin dar explicación alguna, al tiempo que se tramaba lo que en el juicio se puso de manifiesto.

Asimismo, están envidiablemente descritos las personalidades y avatares de los dos principales empresarios encausados. No se pierdan conocer cuál es la lectura preferida del señor Muñiz.

De las sospechas a las verdades. En 2007, persistía un discurso idílico y en 2011, la prosaica realidad lo enterró por completo.

De las sospechas a las verdades. No sólo hemos sido ingenuos colectivamente hablando, sino que además no supimos o quisimos ver –unos mucho más que otros- que la forma de operar en la Administración autonómica permitió que pudieran suceder estos acontecimientos que nos abochornaron.

El libro de Ramón Muñiz, más allá de la crónica periodística, da cuenta de forma pormenorizada, contextualizada, ágil y amena, de unos episodios que forman parte de nuestra historia más reciente. De obligada consulta para conocer el final de días y años de vino y rosas, un final que acabó con el bipartidismo en Asturias, un final en el que Cascos irrumpió de nuevo en la vida política asturiana, prometiendo acabar con aquel “pacto del duernu” que, sin duda, existió.

Libro, en fin, logrado literariamente, sobradamente documentado, a lo que hay que añadir ambición narrativa, voluntad de estilo y rigor.

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DE FALACIAS Y CENIZAS
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-10-2017 | 08:43| 0

«Y el ser viviente sufra el infierno de estar vivo en medio del fuego inicial sin espacio respirable, ése que cuando estaba arriba en su inmediato cielo era lo que ante todo y sin pena alguna se le daba: su morada». (María Zambrano).

El lunes 16 de octubre podría llegar a ser definido, en Asturias y en Galicia, como el día en el que el amanecer se resistió tanto y tanto a manifestarse. La víspera estuvo marcada por los prolegómenos anunciados: la respuesta de Puigdemont al requerimiento del Gobierno de Rajoy.

Víspera de falacias, cuando el Presidente catalán, en un alarde de ceremonial de la confusión, dijo torticeramente que Companys había sido víctima en su momento de la legalidad establecida, cuando en realidad aconteció todo lo contrario: fue el bando de los sublevados contra el Estado Republicano quien decidió dar muerte al expresidente de la Generalitat. Desde luego, no son comparables aquella República y el actual Estado, pero no resulta admisible el planteamiento del dirigente catalán 24 horas antes de su respuesta a Rajoy.

Víspera de falacias y día de fuego y cenizas en Asturias. Sobrecogedor resultó el olor a humo y las partículas grises cubriendo los coches. Desolador fue un amanecer en el que los pájaros no cantaron, en el que la noche no podía irse a resultas de unos incendios horrendos.

La Asturias del suroccidente, esa geografía del abandono a la que me vengo refiriendo desde hace años en mis artículos, está siendo arrasada por el fuego. Colegios cerrados, pueblos cercados, bosques ardiendo. La Asturias del suroccidente en situación similar a la que vienen sufriendo Portugal y Galicia. El fuego es invasor y se cobra víctimas fáciles como son los territorios en los que cada vez es menor la presencia humana.

¿Cómo no recordar cuando ardió el Valledor? ¿Cómo no tener presente que la despoblación creciente convierte el terreno en yesca tan pronto el fuego se le acerca?

Porque, aquí, tenemos dos grandes problemas. Primero, los desaprensivos que parecen gozar quemando lo que es de todos. Segundo, la despoblación creciente que convierte en matorral terrenos fértiles y hasta paradisíacos. Contra los primeros, sólo cabe que la ley se encargue de ellos, una vez mostrada su culpabilidad. Contra lo segundo, resulta desesperante que se hable de políticas contra el declive demográfico, cuando la realidad demuestra que la despoblación no sólo no se detiene, sino que además aumenta cada año. Cuando la realidad demuestra que la madre de todas las reconversiones sigue pendiente en Asturias, esto es, la reconversión de la mal llamada clase política.

Falacias de Pugdemont en la víspera de un día en el que la congoja se adueñó de Asturias: las cenizas llegaron a las localidades más pobladas y céntricas de nuestra tierra. Se diría que eso fue un SOS desesperado y desesperante del suroccidente asturiano, porque, en día como hoy, podría aplicarse el tópico de que el 16 de octubre todos somos esa geografía del abandono, esa agonía lenta y cruel de una Asturias despoblada a resultas, entre otras cosas, de determinadas políticas que, desde hace décadas, no hicieron más que incidir en un aislamiento suicida de determinadas comarcas.

Estamos asistiendo no sólo al circo de una política demencial y falaz, sino que además hoy nos tocó presenciar escenas de un futuro devastado.

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