El Comercio
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“Epistolomanía” unamuniana
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-01-2018 | 10:43| 0

“Yo no sé hasta dónde llegaría si dejara correr libremente la pluma, llevado de mi espistolomanía”. (De una carta de Unamuno a Clarín en 1895).

La Universidad de Salamanca acaba de publicar el primer tomo del “Epistolario”, de Unamuno que abarca el periodo comprendido entre 1880 y 1899. Se trata de 303 cartas, de las que 60 son inéditas. La edición está al cuidado de los hispanistas Colette y Jean-Claude Rabaté, que en 2009 acometieron la biografía del autor que nos ocupa.

El presente epistolario es imprescindible para quienes sientan interés por comprender cómo se fue forjando el Unamuno poeta, ensayista, novelista  y autor dramático, el Unamuno iberista, interesado también la literatura hispanoamericana, el Unamuno filólogo con puntos de vista realmente originales y llamativos, el Unamuno, en fin, que llegaría a liderar la generación literaria que marcó el camino de lo que se viene llamando la Edad de Plata de nuestras letras.

Cartas que son en muchas ocasiones confidencias propias de un diario íntimo, cartas que son en no menos ocasiones auténticas hojas de ruta de la creación literaria del autor, cartas que son también fidedignas fuentes de información de cuáles fueron las lecturas que más marcaron a nuestro escritor, cartas que son, en fin, inequívocas muestras de cómo interpretó el propio Unamuno acontecimientos que marcaron nuestra historia y su propia vida: pongamos que el Desastre del 98, pongamos que los conflictos sociales y políticos en Cataluña.

En estas cartas  está el primer Unamuno, autor de la novela “Paz en la guerra, la única narración suya en la que describe paisajes, en la que todavía no llegó a lo que más tarde serían sus “nivolas”.

A propósito de su novela “Paz en la guerra”, es digno de mención el hecho de que don Miguel esperaba ansiosamente que Clarín escribiese una reseña de este libro, Sin embargo Alas ni siquiera  le habló al respecto en la correspondencia que mantuvieron ambos escritores, por mucho que Unamuno le había manifestado que anhelaba conocer su opinión al respecto.

Tuvo que conformarse don Miguel, en lo que a nuestra tierra se refiere, con una reseña que escribió Rafael Altamira que en 1897, año de publicación de “Paz en la Guerra”, obtuvo su cátedra en la Universidad de Oviedo, y se integraría en la época dorada de nuestra Alma Máter.

Pero, a pesar del silencio de Clarín sobre “Paz en la guerra”, Unamuno le siguió profesando respeto y admiración tal y como se manifiesta en el conjunto de cartas dirigidas a Leopoldo Alas y que figuran en este volumen.

Y ya que estamos con Unamuno y Asturias en este tomo I del Epistolario, acerca de Palacio Valdés, sólo emite juicios positivos sobre la novela “Maximina”. El resto de la producción novelística del autor de “El Maestrante” la encuentra muy floja.

También es obligado consignar que Unamuno muestra interés por los estudios sobre el bable que se publicaban en periódicos y revistas de nuestra tierra.

Nos encontramos, en definitiva, con un volumen plagado de textos muy valiosos no sólo por la calidad literaria que atesoran, sino también porque nos ayudan a entender la obra y la trayectoria pública de uno de nuestros escritores contemporáneos más prolíficos y de mayor talento, cuya mirada se proyectó también sobre Asturias y sobre los asturianos más ilustres de entonces.

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Sobre el discurso navideño de Javier Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-01-2018 | 09:53| 0

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Para el coordinador de IU en Asturias, el discurso de fin de año de Javier Fernández fue «autocomplaciente, previsible y decepcionante». A mi juicio, fue, sobre todo, un paso más en su ritual de despedida que comenzó tras el resultado de las primarias en el PSOE. Veamos: doy por hecho que cumplirá su mandato hasta 2019, lo que no impide que se vea ya en la fase final de su trayectoria política. Y el tiempo que queda hasta las próximas elecciones autonómicas y municipales será un cumplimiento del deber. Nada más y nada menos. De principio a fin, en la música y la letra de su discurso, la despedida estuvo omnipresente. Enumeró los que son, a su juicio, los retos más importantes de Asturias, entre ellos, el declive demográfico, cuya solución, según manifestó, depende ante todo de España y de Europa. Apostó por la importancia de la industria en Asturias y pidió flexibilidad con la minería del carbón.

Si bien manifestó su preocupación ante las consecuencias del cambio climático, no pareció estar muy alarmado por los altos índices de contaminación en determinadas localidades de Asturias, ni tampoco planteó un fuerte empeño en que se termine la obligada emigración de los jóvenes ante la tesitura de una tierra que apenas les ofrece opciones de puestos de trabajo acordes con su formación.

Javier Fernández y la vieja política. Un matiz: no estoy totalmente convencido de que la nueva FSA sea tan nueva política como a sí misma se reclama. No descarto que pueda haber en esto su no sé qué lampedusiano. No obstante, por razones generacionales e ideológicas, lo que Javier Fernández representa es la vieja política, el bipartidismo, el inmenso poder del SOMA en Asturias, su entendimiento con el PP que llegó hasta los anteriores presupuestos, su apuesta, en el ámbito estatal, por el PSOE más conservador, sin que ello signifique que los nuevos dirigentes del partido sean, de verdad, tan izquierdistas como se autoproclaman.

No hubo tampoco en el discurso de Javier Fernández una apuesta concreta de futuro en la que manifestase entusiasmo alguno. No hubo palabras que nos hiciesen pensar en que está dispuesto, en la medida de sus posibilidades, a que se frene la decadencia en las alas, a que se intenten corregir las desigualdades en servicios públicos que se sufren en esos territorios que forman parte de la geografía del abandono.

Javier de despide sabedor de que a la política asturiana y española llegan otros tiempos y otros discursos, sabedor, por tanto, de que su tiempo se está acabando. En tales circunstancias, el tiempo que le queda al frente del Gobierno asturiano será, como dije más arriba, un cumplimiento del deber.

Así las cosas, no cabe esperar que, en lo que le queda de mandato, «lo mejor esté por venir».

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Recuerdos de Oviedo: Por el Hotel de la Reconquista
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-12-2017 | 11:23| 0

“La melancolía no es más que un recuerdo que se ignora”. (Flaubert).

“Quien no encaja en el mundo está siempre cerca de encontrarse a sí mismo”. (Hermann Hesse).

Fue en el verano de 1974 cuando acudimos por vez primera a la cafetería del Hotel de la Reconquista. Dada la prestancia y el poderío del edificio, estábamos convencidos de que aquella cafetería tenía que estar marcada por una declarada voluntad de estilo. También dábamos por hecho que cualquier consumición que allí se sirviese tendría garantizada no sólo la calidad sino también el cuidado estético en su presentación. En efecto, así fue.

Una mañana de un martes del mes de agosto en la cafetería del Hotel de la Reconquista. Vacaciones en un Oviedo en el que en pleno verano la actividad menguaba mucho, en el que el turismo no abundaba. Desayunamos café con bollería, sin prisa, observando aquel espacio tan amplio dentro de un hotel lujoso. Amplitud entre mesa y mesa. Amplitud de una barra cómoda y enorme.

El mayor encanto consistía en que, a pesar de que había bastantes clientes en la cafetería, no se percibía sensación de lleno. Se diría que todo armonizaba, que todo estaba en su justa medida.

Sentíamos curiosidad por conocer por dentro el imponente edificio. Se hablaba mucho en Oviedo acerca del lujo que allí habitaba, lujo con solera, y una rehabilitación que, respetando la deslumbrante estética, le daba funcionalidad al hotel.

En el verano de 1974, el Hotel de la Reconquista llevaba más de un año abierto, aunque su inauguración oficial, por parte de la mujer del dictador, había tenido lugar, si los datos no me fallan, unos pocos meses antes, concretamente, en junio.

Desde luego, era un lujo para la ciudad contar con un hotel de esa envergadura que, en lo que se refiere a su poderío estético, en nada tenía que envidiar a los Paradores nacionales. Y, para quienes vivíamos en Oviedo, resultaba muy agradable conocer muchas de sus estancias, sin necesidad de hospedaje.

Lo cierto es que, a la hora de rememorar mis recuerdos sobre el Hotel de la Reconquista, me resulta muy significativo el hecho de haber conocido y frecuentado la cafetería del establecimiento del que venimos hablando en plena adolescencia, a los diecisiete años, y que unos cuantos años después, principiando la década de los ochenta, ya en plena veintena, encontrase un encanto especial en otra cafetería mucho más pequeña a la que se accedía desde el interior del mismo hotel, que era un lugar pintiparado para conversar, por lo común, a primera hora de la tarde, con tazas de café por el medio.

Recuerdo haber leído en EL COMERCIO en octubre de 2014 que “el bar americano” se reabría tras haber estado cerrado desde 2011. Y aquella noticia me reconfortó por tratarse de un lugar de referencia en los primeros años ochenta.

Y vuelvo a aquellos primeros años ochenta, cuando en “el bar americano” era frecuente encontrase también con fuerzas vivas de la ciudad, cuando nuestra generación estaba convencida de que lo deseable no era imposible, cuando no existía un desapego tan grande hacia lo que viene siendo la vida pública.

Nunca olvidaré la comodidad de la que allí disfrutábamos. Hablábamos de cine, comentábamos los libros que leíamos con avidez, deteniéndonos en muchas ocasiones en determinados pasajes de aquellos libros que daban mucho de sí a la hora de interpretarlos. Versos y frases que interiorizábamos con una intensidad no menor que el resto de las vivencias nuestras de cada día.

Allí, podíamos ser –y lo éramos- una isla, ajenos a cuanto teníamos alrededor, disfrutando de la comodidad a la que ya aludí. Pero, de vez en cuando, reparábamos en determinadas celebridades astures que por allí deambulaban. Era realmente llamativo estar –a la vez- tan lejos de aquellas conversaciones más o menos conspiratorias. Tan lejos de su mundo y tan cerca compartiendo el mismo espacio.

¡Cuántas tardes pasamos allí entre 1980 y 1983! Desde la agonía de UCD, hasta los principios de la era felipista, pasando por el fallido golpe de Estado del 81. Y, en nuestro más acá, desde la etapa de Riera Posada como Alcalde al primer mandato del Masip al frente del Consistorio. A veces, antes, a veces, después de grabar un programa radiofónico que hacíamos en una emisora de Oviedo sobre la Universidad.

¿Cómo olvidar aquella tarde de octubre de 1981 en la que nos adentramos en uno de los ensayos más estremecedores de Unamuno que tiene por nombre “Soledad”? Aquellas frases subrayadas donde el gigante del 98 habla de que se distanciaba de la multitud precisamente por amor a ella. Frases subrayadas sobre un papel amarillento y ajado que rascaba la piel. El volumen lo había publiado la bendita y venerable colección Austral, y, en su momento, estuvo prohibido en España. Había llegado a manos de mi padre desde el Uruguay.

“Bar americano” en el Hotel de la Reconquista, un enclave lujosamente atopadizo, un lugar de referencia de los tiempos inmediatamente anteriores a nuestra incorporación a la profesión docente.

La cafetería estrenada en la adolescencia.
El “bar americano” frecuentado en los primeros años de una década que, a pesar de su desenfado y colorido, marcaría el camino a un mundo en el que todo sería – y es- “pos”: desde la Posmodernidad hasta la “posverdad”. Lo que va después, sin especificar destino.

Como mínimo, inquietante.

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MÁS QUE TABARNIA, CELTIBERIA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-12-2017 | 11:25| 0

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La nación, y la historia con ella, es el capullo que protege la vida del patriotismo en larva, pero si ha de convertirse en mariposa espiritual que se bañe en luz y sea fecunda, tiene que romper y abandonar el capullo”. (Unamuno).

Si hay una herramienta imprescindible para que la inteligencia no se oxide, es, sin duda, la ironía. Ya no entro, en el caso que nos ocupa, si lo de Tabarnia es brocha gorda o es algo más sutil de lo que parece. Sea como fuere, está sirviendo para quitar dramatismo a la situación de Cataluña y, de paso, baja la estridencia.

Con lo de Tabarnia, se plantean, sobre todo, dos cosas. Primero, es un buen ejercicio dialéctico a la hora de combatir el argumentario de los que enarbolan el llamado derecho a decidir, eso sí, sobre el territorio y no sobre otras muchas cosas. Y, en segundo lugar, pone de manifiesto que, les guste más o menos a los independentistas, en todo lo que viene ocurriendo con el llamado movimiento soberanista, está omnipresente lo celtibérico como denominador común sofocando supuestos «hechos diferenciales». Hechos y derechos.

Bien mirado, si se invoca el llamado a decidir de Cataluña con respecto a España, con el mismo planteamiento dialéctico podrían hacerlo determinadas provincias y territorios catalanes con respecto a esa unidad de destino que reclaman los independentistas. Se entraría así en un laberinto retórico y dialéctico bastante hilarante.

Por otra parte, las reacciones que ha despertado este invento llamado Tabarnia son, en su mayor parte, celtibéricas. ¿Acaso no es celtibérico el señor Rufián, con sus intervenciones tan pintorescas? ¿Acaso no son igualmente celtibéricas las reacciones a lo de Tabarnia, tanto las que lo celebran con sentido del humor, como quienes montan en cólera?

Lo cierto es que, en un escenario alarmante tanto para España como para Cataluña, lo de Tabarnia –insisto– está contribuyendo a rebajar la tensión dramática no sólo por todo lo que vengo apuntando, sino también porque se pueden intuir respuestas a ello que pretenden ser contundentes y sesudas pero que no pueden evitar que, en algún momento, se asome cierta retranca, incluso por parte de quienes se sienten ofendidos ante este engendro tan celtibérico.

¿Saben? Lo de Tabarnia no está lejos de ser una especie de sainete que se podría haber inventado Boadella. Y, desde luego, Rufián parece responder a un personaje imprescindible en esta obra.

Más que Tabarnia, Celtiberia. A ritmo de fandango. Todo ello, como contrapunto celtibérico a una crisis inquietante, a una encrucijada de muy difícil solución.

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¿Tiene salida el problema catalán?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-12-2017 | 15:18| 1

Se diría que, parafraseando a Brenan, lo que tenemos ante nosotros es «el laberinto catalán», esto es, que el laberinto español ha hecho parada y fonda en Cataluña, y todo parece indicar que irá para largo.

Ante todo y sobre todo, teniendo en cuenta que se ha llegado a un frentismo entre constitucionalistas y secesionistas, si nos moviésemos en el mejor de los mundos posibles, se debería mover ficha por ambas partes para no seguir polarizando a la sociedad catalana. Cuentan que Puigdemont, cuando estaba decidido a convocar elecciones, su discurso llevaba un preámbulo que consistía en afirmar que su voluntad era la de ser el presidente de todos los catalanes, no solo de los independentistas. Bueno sería que, pasada la euforia de estos días, lo retomase. Por su lado, tampoco estaría mal que la señora Arrimadas, en tanto es la candidata más votada, se expresase en términos similares.

Miren, la cosa está muy clara: hemos pasado de «las dos Españas» a «las dos Cataluñas». Y sería un apoteósico triunfo para todos que esas «dos Cataluñas» intentasen entenderse. El frentismo solo alargaría y agravaría el conflicto.

Escribí recientemente que, por mucho que los independentistas se mostrasen pletóricos por su mayoría parlamentaria, no pueden obviar que el reparto de votos, trasladado a un referéndum, no supondría un triunfo de la independencia. Les toca salirse de la unilateralidad y mostrarse dialogantes.

¿Y qué le tocaría a Ciudadanos como fuerza más votada? Desde luego, no sería excluyente mantenerse en sus convicciones no separatistas y, al mismo tiempo, intentar por todos los medios el diálogo con sus adversarios frentistas en busca de una salida al conflicto.

Seamos realistas: los votos independentistas del 21 de diciembre no otorgarían, en términos numéricos, la mayoría absoluta a los secesionistas en un referéndum, pero tampoco se quedaron muy lejos de sus deseos y no es de descartar que el independentismo se siga incrementando. Tampoco lo contrario.

Laberinto catalán: lo primero el imperativo de diálogo. Además de un conflicto entre Cataluña y España, lo es también, y sobre todo, entre la ciudadanía catalana. Sería fantástico que se produjese una lección de madurez y de talante democrático por parte de todos, especialmente por parte de aquellos que se empecinan en falacias como vino haciendo Puigdemont.

Pero, si nos situamos en lo más inmediato, el panorama ofrece una complejidad gigantesca. En el caso de que las fuerzas independentistas, apuesten por el señor Puigdemont, ¿qué pasará si no regresa para estar presente en la sesión de investidura? ¿Qué pasará si regresa y es encarcelado? ¿Se resolvería el problema convirtiéndolo en mártir de su causa? ¿Sabemos hasta cuándo seguirá en prisión Junqueras? Imaginemos que continúa encarcelado cuando se forme el Parlamento. ¿Cómo se afrontará eso políticamente?

No solo estamos ante la necesidad de una tregua y de un entendimiento que se antojan muy difíciles, sino también ante un proceso judicial que puede complicar hasta lo indecible la situación.

Laberinto catalán, nada borgiano, sino muy español, muy celtibérico.

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DESDE EL MÁS ACÁ DE LOS PRESUPUESTOS AUTONÓMICOS
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-12-2017 | 06:13| 0

El presupuesto naufraga y Asturias irá a la prórroga en 2018

«La vida sólo se comprende mirando hacia atrás, pero sólo puede ser vivida mirando hacia delante». (Kierkegaard).

Se confirmó lo que se esperaba, esto es, que no habrá presupuestos en Asturias para 2018, pues, al final, no hubo acuerdo entre el Gobierno autonómico y la formación morada. Confieso que, de todo esto, lo que no acaba de encajarme es que el busilis estuviera en la apuesta de Podemos por la gratuidad de la escuela de 0 a 3 años. No porque esto no sea importante, sino porque se me ocurren otras muchas cuestiones para el desacuerdo y la discrepancia.

Sea como sea, resulta muy llamativa la reacción de Javier Fernández, al hablar de “vetocracia”, culpando a Podemos de converger con la derecha con su enmienda a la totalidad. Y me sorprende porque, en lo que se refiere a votar con la derecha, nuestro Presidente tiene experiencia, sin ir más lejos, eso ocurrió con los presupuestos del pasado año. Y tengo para mí que, si no hubo acuerdo con el partido conservador este año, fue, sobre todo, porque la actual FSA no lo vería con buenos ojos y se escenificaría un desencuentro entre el partido y el Gobierno que ambos quisieron evitar.

En ese “más acá” del implorado pacto presupuestario con las formaciones de izquierda, está, a mi juicio, el dramatismo del actual Presidente, al que no parece entusiasmarle pasar a nuestra pequeña historia como un dirigente socialista que no fue capaz de entenderse con todas las fuerzas de la izquierda. De ahí que se quiera responsabilizar a la formación morada con la onerosa carga de que estuvo en su mano que Asturias tuviese en el año entrante unos presupuestos de izquierda, o, al menos, pactado entre formaciones que son izquierdistas en sus siglas.

No exagero cuando hablo del dramatismo que sufre un Presidente que rehúye analizar el pasado más inmediato y que responsabiliza en exclusiva a la otra parte, en este caso a Podemos, de la falta de acuerdo, por mucho que un acuerdo sea siempre cosa de dos.

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Tras las elecciones catalanas: Hagamos números
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-12-2017 | 05:17| 0

 

Lo que en verdad toca, tras las elecciones catalanas, es hacer números, números que dicen claramente que los partidos no independentistas lograron más votos que las formaciones políticas que se decantan por la secesión. Frente a ello, está el dato de que, a la hora de contabilizar los escaños, a resultas de la ley electoral, tienen mayor representación los grupos políticos que están por la independencia.

Pero, ante todo y sobre todo, si se extrapolasen los votos del 21 de diciembre a un referéndum, la independencia no triunfaría. Por tanto, nunca se debe perder esto de vista a la hora de interpretar los resultados.

A partir de aquí, las incógnitas que se plantean son enormes. Habrá que dar por hecho que llegarán a un acuerdo las dos fuerzas independentistas más votadas, esto es, Junts Per Catalunya y ERC y, tras ese acuerdo, necesitarían también el apoyo de la CUP. Por otro lado, no se sabe qué hará el ex Presidente Puigdemont, ni tampoco tenemos noticia del tiempo que seguirá en prisión el señor Junqueras.

¿Toca seguir hablando del conflicto entre Cataluña y España, sin poner sobre la mesa que la madre de todos los conflictos está en la sociedad catalana, ya que lo que dicen los números es que no hay una mayoría aplastante que esté por la independencia ni tampoco por continuar formando parte de España? Y esto último, sobre el papel, debería obligar a un diálogo entre las fuerzas políticas catalanas, buscando un acuerdo que se antoja muy difícil de conseguir, pero que tienen el imperativo de buscar.

Desde luego, el resultado electoral del 21 de diciembre no despeja en modo alguno el panorama. Sin embargo, el no hacer caso a lo que dicen los números se volvería a la larga en contra de quienes se empecinasen en obviarlo.

Por otra parte, el enorme batacazo sufrido por el PP no es atribuible, por mucho que se insista en ello, a la aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución. ¿Acaso se puede negar que el partido político que consiguió mayor número de votos y de escaños no sólo apoyó la referida aplicación, sino que fue el primero en pedirla?

Lo que queda por delante es sobre todo incertidumbre. Y lo deseable sería que se abandonasen por parte de todos frentismos que impiden un diálogo que dé salida a un conflicto social y político que amenaza con ir a más, si las partes implicadas se enquistan en la rigidez.

Por último, es irremediable consignar que la debilidad de Puigdemont por el efectismo de sus proclamas le lleva a proferir disparates insostenibles. Por ejemplo, su afirmación de que la República catalana le ganó la partida a la Monarquía del 155. ¿No es consciente el mandatario huido a Bruselas que la vertebración territorial de España va más allá de la monarquía o la república como formas de Gobierno? ¿Acaso no existe un republicanismo no independentista?

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¿LA REFORMA CONSTITUCIONAL COMO PUENTE?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-12-2017 | 18:47| 0

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«Es urgente respetar el principio básico de la igualdad ante la ley en materia territorial»

Me sorprende que no se haya reparado en la metáfora que supone que los fastos constitucionales vayan asociados a un puente, toda vez que dos días después del día de la Carta Magna se rinde culto a la Inmaculada Concepción. La coincidencia, teniendo en cuenta el fervor mariano de España, es innegablemente llamativa, pues se une una efeméride cívica a una festividad religiosa. Esto, a Ganivet, no le hubiese pasado desapercibido.

Parece indiscutible que hay que reformar la Carta Magna y adaptarla al momento presente, corrigiendo y actualizando muchas cosas, que eviten, además de los desgarros y rupturas en el ámbito territorial, el desapego hacia la vida pública por parte de la ciudadanía que se viene incrementando en los últimos años.

Desde luego, una de las cuestiones más urgentes es ese principio básico, teóricamente irrebatible, de la igualdad ante la ley también en materia territorial. Se está debatiendo acerca de lo que debería ser un nuevo sistema de financiación. Pues bien, antes que ninguna otra cosa, lo que se pone de manifiesto es que se acaben las diferencias en materia impositiva, así como en los sueldos de los funcionarios públicos, por territorios. No es de recibo que, en la práctica, en asuntos de este calado, se rompa ese principio de igualdad.

Otro aspecto transcendental es la igualdad en materia de servicios públicos. En su momento, Maragall, siendo presidente de la Generalitat, habló de «un federalismo asimétrico». Esto habría que traducirlo con toda claridad: el busilis del asunto no está en quién y dónde gestione esos servicios públicos, sino en su calidad. Podría aceptarse que no todas las comunidades autónomas haya la mismas competencias, pero sería innegociable que hubiese diferencias en la calidad de los servicios públicos como la sanidad o la enseñanza.

A todo esto, debería añadirse otro asunto de la máxima urgencia, como es la necesidad de una regeneración política. ¿Sería mucho pedir que se alcanzase un pacto para acabar con los privilegios de la mal llamada clase política? ¿Acaso no es prioritario que en instituciones y organismos públicos como el Consejo General del Poder Judicial y RTVE, entre otros muchos, dejasen de ser los partidos políticos los que decidan unos nombramientos que despiertan sospechas acerca de la necesaria neutralidad que exige que no haya condicionamientos?

El problema está no solo en la capacidad de llegar a acuerdos necesarios, sino también en la voluntad de corregir y de evitar situaciones que llevan al desapego y al escepticismo. Sin duda, se podrían apuntar otras muchas necesidades de cambio y reforma, pero, como punto de partida, me limito a señalar lo que considero más urgente.

Así pues, no estaría mal plantearse la reforma constitucional como un puente hacia los acuerdos que demandan los tiempos para una mejora imprescindible de nuestra vida pública.

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¿Puigdemont tiene un plan?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-12-2017 | 05:07| 0

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¿Habrá leído Puigdemont a Hegel? ¿Entre sus asesores, alguien le habrá explicado lo que significa «el espíritu objetivo» dentro del sistema del pensador alemán? ¿Se dará cuenta el sucesor de Artur Mas de que, a fuerza de repetir la expresión ‘Estado español’, como algo opresivo y tiránico, está incurriendo en el error democrático de considerar que el Estado viene a ser un lastre para los derechos y libertades?

Desde luego –y perdón por la perogrullada– hay Estados totalitarios. Desde luego, cualquier Estado democrático es manifiestamente mejorable. Pero estar contra el Estado sin matices solo es sostenible desde el anarquismo, lo que no creo que tenga mucho que ver con la ideología del señor Puigdemont.

Y, a este propósito, la arenga de Puigdemont en Bruselas, apostando por la Europa de los ciudadanos, frente a los Estados, aparte de la carga demagógica que ello implica, pone de manifiesto que parece desconocer por completo cuál es el papel del Estado, democráticamente entendido, como garante de los derechos y libertades. ¿Cuántos Estados fuera de la Unión Europea son un modelo de perfección democrática? O dicho de otro modo: ¿acaso los Estados de la Unión europea, con todos sus defectos y limitaciones, no son democráticos? ¿Acaso encontraría Cataluña su democracia pluscuamperfecta fuera de la Unión Europea?

¿Puigdemont tiene algún plan que vaya más de improvisar continuamente? ¿En algún momento piensa tomarse la molestia de explicar a la sociedad catalana por qué se volvió atrás a la hora de convocar elecciones, lo que habría evitado la aplicación del famoso artículo 155? Si va a hacer su campaña electoral desde Bruselas, ¿regresará a Cataluña cuando le toque tomar posesión como diputado del Parlament? ¿O lo hará antes con lo que conseguiría una baza importante para el victimismo?

Por otra parte, da la impresión de que Puigdemont no solo no reconoce sus errores, sino que además – lo que es aún mucho peor– no parece haber aprendido gran cosa de ellos. Si la hoja de ruta es la independencia, o, en todo caso, consiste en que la ciudadanía catalana en su conjunto tenga la oportunidad de pronunciarse acerca de su continuidad en España, queda un largo camino por recorrer. Y, de entrada, de nada sirve enrocarse en argumentos a todas luces inconsistentes, sobre todo, seguir sosteniendo que en el referéndum del día 1 de octubre el pueblo catalán se manifestó claramente por la independencia. El problema de ese referéndum no fue solo su ilegalidad, sino también las condiciones en que se celebró, condiciones que no permiten considerarlo válido democráticamente. Lo único que se puede argüir al respecto es que el Gobierno de Rajoy se negó a negociar sus condiciones y celebración.

Lo dicho: a Puigdemont y a todo el independentismo catalán les queda un largo camino por recorrer, y no es de recibo reanudar la hoja de ruta con actuaciones circenses, con negación de los errores y con silencios injustificables a la hora de explicar derivas y bandazos.

Mientras tanto, sería muy conveniente que Puigdemont se documentase sobre «el espíritu objetivo» del que habló Hegel.

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Malestar en la docencia
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-12-2017 | 15:16| 0

Profesores y alumnado de los institutos Vallín, Jovellanos y Jimena se concentran a las puertas de este último centro. / CITOULA

«En nuestro país, haría falta que el maestro fuera el primer hombre de la aldea, que supiera responder a todas las preguntas del mujik, que los mujiks reconocieran en él una fuerza digna de atención y de respeto, que nadie se atreviera a gritarle, a humillarlo como lo hacen todos: el policía, el tendero rico, el pope, el comisario y este funcionario al que llaman inspector de escuelas, pero que sólo se preocupa de si se cumplen escrupulosamente las circulares de su distrito y no de mejorar la educación» (Extracto de una carta de Chéjov a Gorki).

Leo en EL COMERCIO que el profesorado asturiano se moviliza reivindicando que se regrese a la situación anterior a 2012 en lo que se refiere a las horas lectivas semanales que le toca impartir a cada docente. Y es que, por mucho que hasta ahora se siga hablando de recuperación económica, sus consecuencias no se tradujeron en eliminar los recortes que el primer Ejecutivo de Javier Fernández aplicó en consonancia con lo dictado por el Gobierno central.

¿Cómo olvidarnos de aquellos recortes que, entre otras cosas, supusieron pérdidas de puesto de trabajo de docentes, además de un aumento en muchos centros del número de alumnos por aula? Así pues, sobraron profesores, pero no cargos políticos digitales. ¡Faltaría más!

Y, a propósito de ese aumento de carga lectiva que se lleva soportando en los últimos seis cursos académicos, incluido el actual, siempre me pregunté cómo llevarían esto nuestros supuestos representantes sindicales, exonerados de dar clase, pues todo el tiempo del mundo es poco para defendernos. Seguramente, ampliaron también en dos horas su presencia en los despachos, porque, en la mayor parte de los casos, apenas van por los centros y cuando lo hacen suelen desearnos suerte vendiendo lotería de sus respectivos sindicatos. No todo iba a ser defensa laboral, también el espíritu calvinista debe ser compartido. ¡Qué bien!

Asimismo, según leí en este periódico, se cuadriplican las amenazas y agresiones a nuestro colectivo. Esto completa la situación límite que se vive en la docencia. O sea, en 2010, al igual que al resto de los empleados públicos, se nos bajó el sueldo, que estuvo congelado a partir de ahí unos cinco años. En 2012, como acabamos de consignar, se aumentó la carga lectiva. Y, por si todo ello fuera poco, las condiciones de trabajo no dejan de empeorar.

Así las cosas, sin ánimo de incurrir en victimismo, es lógico que se viva un malestar creciente y que haya un hartazgo grande al ser tratados profesionalmente como el muñeco de pimpampum.

Por otro lado, alguien tendría que preguntarse qué se puede esperar de una sociedad que dispensa un trato cada vez más desfavorable a su profesorado, qué se puede esperar de la mejoría de un sistema educativo en el que, además, no se cuenta con el criterio de los docentes. Y, por otra parte, no deja de ser desolador que un Gobierno que se reclama de izquierdas no solo haya aplicado los recortes, sino que, cinco años después, a pesar de pintarnos un panorama optimista de estar remontando la crisis, no tenga a bien eliminar esos recortes, ni tampoco se esmera a la hora de defender los acosos y ataques crecientes que padece el colectivo de la tiza.

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