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Panorama vetustense: A propósito del callejero de Oviedo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-07-2015 | 08:40| 0

“¿Por qué todo español que haya cultivado con amor y esmero el huerto sagrado de su españolidad se siente, al llegar a cierta edad, desterrado de su patria, despatriado?» (Unamuno).

 

Desde que se tuvo noticia de que la Alcaldesa de Madrid pretende revisar el callejero de la capital con el fin de suprimir la presencia de personajes vinculados al franquismo, es previsible y deseable que a ello se sumen otros consistorios como el de Oviedo. Y, miren, no perdamos el tiempo haciendo caso a argumentos insostenibles. No vale decir que semejantes personajes están en la historia para justificar su presencia en el callejero. Y no vale, entre otras cosas, porque aquel régimen no sólo se propuso el exterminio físico del enemigo, sino que además se esforzó para negar la existencia de quienes consideraban díscolos. Valga como ejemplo el caso de Casares Quiroga cuyo nombre desapareció del registro civil de su ciudad, alegando la autoridad competente del momento que en tal sitio no podía figurar el político republicano.

Quiero decir con ello que la historia no es sólo el inventario de quienes fueron del agrado del régimen del invicto caudillo, sino de todas las personas que tuvieron presencia en el devenir de este país. Pongamos un ejemplo muy de Oviedo: hay una calle dedicada a Calvo-Sotelo, personaje que, en efecto, está en la historia. Y no hay nada que oponer a que su nombre figure en el callejero carbayón. Y, acto seguido, añado: Gabino de Lorenzo se negó en su momento a que Manuel Azaña tuviese una calle en Vetusta. Esto no es equidistancia, vive el cielo que no.

Sigamos con Oviedo: ¿Cómo es posible que un personaje de la envergadura de Juan Antonio Cabezas no tenga presencia en el callejero de nuestra heroica ciudad? ¿Hay que recordar su extraordinaria biografía sobre Clarín? ¿Saben que durante unos años de su vida residió en la calle Rosal y que tenía una imprenta en Martínez Marina? ¿Hay que recordar su trayectoria en el diario ‘El Carbayón’, diario del que fue director tras publicar una inolvidable necrológica sobre Blasco Ibánez? Y, por cierto, si no tengo mal los datos, el diario ‘El Carbayón’ tuvo su sede en la calle Uría 27. ¿No valdría la pena recordarlo con una placa? Y, cálmense, no hablamos de un periódico izquierdista, sino liberal, eso sí, que se opuso a la dictadura de Primo de Rivera. ¿Será eso perdonable?

Sigamos con Oviedo: ¿Cómo es posible que no haya una placa que recuerde el nacimiento de Fernando Vela en la calle Uría, que solicitamos al Ayuntamiento en 2010? Y, cálmense, el hombre de quien Ortega escribió que era la mente más clara que había conocido era un liberal conservador, no un rojazo temible.

Fíjense ustedes: que Juan Antonio Cabezas llegase a figurar en el callejero de Oviedo no sería sólo un acto de justicia histórica para una ciudad que debería sentirse orgullosa de que uno de los grandes periodistas del siglo XX residiera en Oviedo durante parte importante de su trayectoria profesional. Para una ciudad que, además, siempre estará en deuda con el autor de una de las biografías más imprescindibles sobre Clarín.

No, aquí no hay revanchismo alguno. Aquí lo que hay es un deseo de que Oviedo rinda homenaje en su callejero a personajes que forman parte de lo mejor que hemos tenido y que hicieron en nuestra ciudad parada y fonda.

Desde aquí, solicito al nuevo equipo de gobierno vetustense que dedique una calle a Juan Antonio Cabezas y que en la calle Uría tengan su placa la sede del diario ‘El Carbayón’, y Fernando Vela.

¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué año se seguirá impidiendo que lo mejor que hemos tenido no figure en el callejero de Vetusta?

Y, fíjense, Clarín, siempre Clarín: hablo de su biógrafo, Cabezas, y del intelectual que declaró que su trayectoria transcurrió entre las muertes de dos grandes hombres: Clarín y Ortega. Hablo también de Fernando Vela que, además de una calle, merece también su recordatorio en la calle Uría que lo vio nacer.

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¿Liturgia o pantomima?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-07-2015 | 10:26| 1

Viendo la duración de las reuniones mantenidas por don Javier Fernández y sus leales con IU, Podemos y Ciudadanos, tras el empate del pasado viernes en la Junta entre el candidato socialista y doña Mercedes Fernández, hay que reconocer que nuestro presidente en funciones no escatima esfuerzos para lograr un Gobierno estable en Asturias y que sus afanes y desvelos encaminados a tal fin ocupan gran parte de su precioso tiempo. Cierto es que, para evitar este clima de incertidumbre y provisionalidad, podría haber aprovechado el amplio margen que hubo para tan maratonianas reuniones antes de los debates de investidura.

Por ello, resulta inevitable que nos preguntemos si estamos asistiendo a la liturgia propia de un escenario político marcado por la fragmentación que obliga a buscar pactos, o si, más bien, el espectáculo que se nos ofrece es una pantomima para dar mayor emoción e intriga a una ceremonia inexplicablemente pospuesta, la de la segunda investidura de don Javier Fernández como presidente del Gobierno asturiano.

Y es que aquí no sólo se plantea la falta de voluntad política por parte del candidato socialista para haber alcanzado acuerdos antes, sino que además dio la impresión en todo momento de que nuestro presidente en funciones se condujo en todo momento con una altivez manifiesta que le impidió transmitir su inequívoca predisposición a tal propósito que podía haber empezado mostrando su interés real por escuchar propuestas y programas de las formaciones políticas a las que ahora pretende convencer.

Adalid contra la corrupción y manifiesta voluntad por superar la crisis y los graves problemas de Asturias, entre ellos, el demográfico. Eso lo puso de relieve sin explicar las políticas que pensaba llevar a cabo para conseguir tales objetivos, y, lo que es más grave, sin pedir a otras formaciones políticas que manifestasen sus propuestas para tan irrenunciables postulados.

Lo cierto es que, cuando IU manifestó, tras la última reunión con el PSOE, que la coalición impediría un gobierno de derechas, queda claro que, al menos en lo que es la investidura, Javier Fernández tendrá el apoyo del grupo de Gaspar Llamazares. Y, en fin, siendo así, cabe preguntarse por qué no se dialogó antes con toda la profundidad necesaria para que de esta forma Asturias contase ya con un Gobierno que no fuese en funciones.

Distinta cosa es que pueda o no haber Gobierno de coalición con IU, porque, aunque Emilio León no lo haya descartado por completo, parece más dificultoso el acuerdo a tres bandas, pues las mutuas reticencias entre Podemos y el PSOE son manifiestas y, para vencerlas, probablemente hagan falta no sólo más horas, sino también menos nubarrones.

Y, en fin, no parece muy fácil que se logre el objetivo de IU de un gobierno a tres bandas, si bien no hay que descartar que se reedite un ejecutivo de coalición entre el PSOE e IU.

En cualquier caso, el escollo para don Javier será conseguir más votos que doña Mercedes, lo que, a priori, no parece muy difícil.

A partir de ahí, todo es posible, desde coaliciones de gobierno, hasta un ejecutivo en solitario que puede ir cerrando pactos puntuales con quien toque.

Y, por último, más allá de las etiquetas, aquí sigue la dialéctica del momento entre vieja y nueva política, dialéctica que no se rige por el cómodo y clásico esquema izquierda frente a derecha, aunque de esto sólo Podemos habla.

¿Vieja o nueva política? ¿Liturgia o pantomima?

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¿Un pacto de izquierdas en Asturias?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-07-2015 | 08:56| 2

«La dictadura de la palabra única y de la imagen única, mucho más devastadora que la del partido único, impone en todas partes el mismo modo de vida y otorga el título de ciudadano ejemplar a quien es consumidor dócil, espectador pasivo, fabricado en serie”. (Eduardo Galeano).

 

¿Qué tendría que ocurrir para que se produjese un pacto de izquierdas en Asturias, un pacto que amalgamaría una amplísima mayoría absoluta de 28 diputados? Llamazares se ha apresurado a lanzar esta tesis y parece el más interesado en ella. Y no estuvo nada errado el líder de IU al manifestar que a Javier Fernández le sobró soberbia al no intentar siquiera negociar un pacto de Gobierno, dándose el caso, además, de que se dirigió a Podemos con una suficiencia sin lugar a dudas excesiva.

Pero vayamos por partes. ¿Es de izquierdas la FSA en algo más que en sus siglas? Claro –y perdón por la perogrullada– que se puede sacar pecho de rojerío en el sentido de estar más a la izquierda que el PP, partido fundado y refundado por un ex ministro de Franco. Algo es algo, oiga. También se puede sacar pecho si se establecen comparaciones con lo que vino sucediendo en la Comunidad de Madrid. Aquí, en efecto, los servicios públicos no sufrieron tantos ataques. ¿Pero todo ello es suficiente para que resulte incuestionable que la FSA es de izquierdas? Me temo que no.

O sea, que, para empezar, habría que tener claro qué entendemos por ser de izquierdas. Imagino que, dado su entusiasmo con la monarquía, don Javier no lee a Azaña. Pero le vendría muy bien repasar el episodio que don Manuel cuenta en sus Memorias, cuando le dijo al político cedista Giménez y Fernández esto que sigue: «No quieren darse cuenta de que la derecha de la República soy yo, y ustedes, unos aprendices».

Y, siguiendo con ello, bien sabido es que Podemos prefiere hablar de vieja y nueva política, o de los de arriba y los de abajo, en lugar de utilizar el clásico esquema de izquierdas frente a derechas. En todo caso, en el Parlamento asturiano, también hay que hablar, siguiendo la dicotomía orteguiana de hace 101 años, de «vieja y nueva política». Y, en este sentido, está muy claro que Podemos es nueva política.

Por eso, se antoja muy difícil un pacto entre PSOE, Podemos e IU, tal y como plantea Llamazares, cuando se da el caso, además, de que al PSOE le bastarían los votos de Ciudadanos para ser la candidatura más votada y, con ello, formar gobierno.

Sumemos a todo ello que ningún grupo de la Cámara, en principio, parece partidario de que se tengan que convocar nuevas elecciones.

Y, por otra parte, siendo el PSOE el partido más votado, no parece previsible que, como apuntaba en mi último artículo, ceda la Presidencia del nuevo Gobierno a IU o a Podemos. No sólo no es la única salida a la encrucijada, sino que además no cabe esperar que todo el mundo tenga la generosidad que demostró en Oviedo Ana Taboada.

¿Un pacto de izquierdas en Asturias? De momento, el PSOE está obligado por las circunstancias a abandonar la prepotencia que su líder exhibió en el debate de investidura. Pero ello no significa que Podemos e IU consideren que toque romper con la coherencia de sus discursos. Es decir, tendrán que verse conjugando el verbo concretar bien sea para un Gobierno de coalición, bien sea para un mero apoyo de investidura.

En este sentido, en el de ser coherentes con su discurso, mucho tiene que cambiar el PSOE sus líneas programáticas y también sus formas para que Podemos pueda darle su apoyo. Y también sería interesante conocer las condiciones mínimas de IU para un apoyo a Javier Fernández.

Lo dicho: no parece fácil ese pacto entre los 28 diputados y diputadas que propugna Llamazares. Tampoco lo parece que se acepten los planteamientos de Podemos, desde los sueldos y dineros de la Junta hasta las concreciones programáticas de rescate ciudadano.

Algo ha cambiado en Asturias, en efecto, desde la irrupción de Podemos, porque, salvo sorpresas inesperadas, el busilis de los pactos no serán repartos de consejerías y sinecuras, sino política, mucha política. Políticas, muchas políticas.

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Recuerdos de Oviedo: Cine Santacruz
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-07-2015 | 22:06| 0

« Si el mundo fuera claro, el arte no existiría». Albert Camus.

REPRODUCCIÓN DEL LIBRO ‘MANUEL DEL BUSTO, ARQUITECTO’, DE R. FAES, COLEGIO DE ARQUITECTOS

 

Salir del colegio a la hora taurina, con puntualidad lorquiana, y llegar con tiempo sobrado para ver la película que se proyectaba en el cine Santacruz, eso sí, con el NO-DO empezado, que, para un preadolescente carecía totalmente de interés. Teníamos interiorizado que se trataba de algo superfluo, como los intermedios en las películas y series en la televisión. Y, por fortuna, aunque sus propósitos eran muy otros, no conseguían adoctrinar. O se prescindía de ellos, o bien se les consideraba un preámbulo que no estaba destinado a quedarse en nuestra retina. O sea, usar y tirar. O sea, lo visible hecho invisible sin esfuerzo alguno.

Salir del colegio en busca de aventura y entretenimiento, así como de la chuchería que podía adquirirse allí dentro. Salir del colegio sin saber en muchas ocasiones la película que íbamos a ver. De lo que se trataba era de asistir al cine.

¿Saben cuánto costaba la entrada? Sólo diez pesetas, al menos hasta que tuve trece años, es decir, hasta 1970. No puedo decir que haya visto en el cine Santacruz muchas películas memorables a pesar de la frecuencia con la que asistía. Insisto en que lo memorable era ir al cine: un paréntesis entre el colegio y el regreso a casa. Un tiempo en que tenía el privilegio de ser solo espectador, nada menos que espectador. Un tiempo en el que lo más atractivo consistía en el ceremonial de ir al cine, en el paso de la taquilla al vestíbulo, en el recorrido por aquel patio de butacas acompañado por el acomodador y su linterna, ritual al que me referí en otra ocasión y que siempre me resultó fascinante. Recorrido con no menos misterio que llegar a un lugar enigmático por una ruta secreta, sin saber nunca de antemano con qué nos encontraríamos, sin saber, en este caso, qué iban a contarnos.

¿Cómo no recordar aquella tarde en la que me entretuve a la salida del colegio apenas unos minutos y llegué con la película empezada, película del Oeste, en la que el bueno de la historia entraba en una cantina y pedía un vaso de leche para sorpresa del cantinero y los clientes que jugaban a las cartas? Desde aquella mesa se lanzaron tiros al vaso que estalló en pedazos, en medio del estruendo de las balas y de las carcajadas de aquellos individuos a los que les parecía un insulto que todo un hombre con sombrero, pistola y cartuchera no bebiese alcohol, no bebiese algo aguardentoso y agrio como aquel mundo de tiros y duelos, de constantes enfrentamientos en los que las pistolas tenían mucho protagonismo. Un bueno, un malo, unos cuantos feos, mujeres con amargura empalagosa. El bueno con los nervios templados, el malo que nos provocaba a los espectadores. Y tiros, muchos tiros.

Cine Santacruz, tan cerca de las oficinas del Oviedo, camino de casa en la plaza del Carbayón. Como digo, un escenario destinado a disfrutar como espectador de historias y aventuras, una pausa muy grata y saludable entre unas y otras obligaciones, la de la clase, las de los deberes. Un tiempo en el que la acción entraba en letargo. Un tiempo que tampoco era para grandes reflexiones, sino mero entrenamiento. Hacíamos del tiempo pompas de jabón al asistir al cine. Hacíamos del tiempo bombas de chicle al estirarlo. Lo trepidante y efímero era la historia, o sea, eran mentira. ¿El cielo y la eternidad no eran eso?

Me gustaba salir de noche, en los meses más duros del invierno, porque la oscuridad prolongaba de algún modo aquel tiempo de escondrijo y evasión, aquel tiempo en que nadie nos observaba, sino que éramos nosotros los que asistíamos al espectáculo.

Películas de romanos, películas del Oeste, batallas entre indios y vaqueros. Alguna película americana en la que el escenario era el lugar donde se celebraba el juicio. A decir verdad, más teatro que cine. Pero, si «el medio es el mensaje» lo que en verdad contaba era que la historia se proyectaba sobre una gigantesca sábana blanca, metáfora de los sueños, de la que en su momento escribió admirablemente Fernando Vela.

Aquella película en la que la ruleta parecía decidirlo todo. Aquellas películas en la que los niños malos se volvían buenos. Aquellas películas en las que los policías estadounidenses lo resolvían todo con su ingenio. Aquellas películas en las que el final feliz tardaba tanto en llegar.

Cine Santacruz. ¡Cuánta magia en su interior, cuyas luces se encendían al final de la película! No tenía prisa para entrar, como ya dije, pero tampoco para salir. Siempre esperaba el final de los créditos. Y abandonaba despacio el patio de butacas. Al tener la historia que acaba de ver tan interiorizada en mí, se diría que también pesaba y que iba desprendiéndome de ella poco a poco, como quien saborea el final de una golosina.

Allí se quedaba la película al cuidado del lugar donde había sido exhibida, pero nunca en su totalidad. Siempre había alguna escena, alguna voz, algún eco, que se posaba en mí y que, llegado el momento, volvía a ver y a oír para mis adentros.

Cine Santacruz. No solo era para mí un lujo el ceremonial de asistir a la proyección de la película de turno. El lujo era también la amplitud de aquel espacio que, si no recuerdo mal, raras veces estaba repleto de público un día de semana en su primera función.

Con sólo diez pesetas, una entrada que servía de llave a los sueños proyectados en la sábana más grande que el arte ideó para contar historias. Historias para ver y escuchar a oscuras y en silencio. Pura fascinación.

La calle que lleva el mismo nombre que el cine se quedó sola, muy sola, desde que cerró el Santacruz. Cierto es también que sus recuerdos y fantasmas nos habitan, siguen en todos aquellos que tuvimos la suerte de poder permitirnos acudir al cine a un precio al alcance de los niños.

Cine Santacruz, un precio autorizado para todos los públicos.

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AGRIDULCE GALBANA (Carta abierta a Javier Fernández)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-07-2015 | 04:46| 1

«Frente al delicado cansancio de la tristeza, la alegría es un atletismo agotador». Cioran.

 

No es justo, don Javier, no es justo. Con Cascos fuera del hemiciclo, se veía usted disfrutando de una legislatura en la que nadie le iba a hacer montar en cólera en las sesiones parlamentarias. No es justo, don Javier, no es justo: todo parecía pintiparado para una atmósfera de ‘dulce galbana’ en la Junta. Ante las arremetidas de los portavoces de Podemos, iba en el guion la sonrisa suscitada por su profundidad de pensamiento y por su percepción de lo complejo, frente a esas almas sencillas, pero no cándidas, a quienes todo les parece tan fácil. Ante las intervenciones de doña Mercedes, tocaba el buen tono, dejando claro quién está a la izquierda. Ante las invectivas de la señora Coto, el eco de Cascos, que no su voz en directo, no golpearía sus oídos. Ante los planteamientos del hasta hace poco compañero de militancia en el PSOE, calma, mucha calma.

Éste era el panorama, en el supuesto de que Foro Asturias no le hubiese dado sus tres votos a Cherines. Entonces, no valía la pena esforzarse mucho negociando con IU y con Podemos el voto para la investidura. Se iría partido a partido, pactando con quien tocase llegado el caso. Y, así las cosas, ni Emilio León ni Gaspar Llamazares le votaron a usted para la investidura. Pero luego llegó el empate. Y toca negociar.

De modo y manera, don Javier, que la dulce galbana estival se volvió agridulce. Y lo que toca ahora es buscar el apoyo de las formaciones políticas teóricamente más afines. En realidad, necesita muy poco para el desempate. No es ése el mayor problema, sino el tener que ceder y negociar. ¿Con quién?

A primera vista, veo difícil que Podemos le dé sus votos, pues es mucho lo que exige en lo que se refiere a las demandas que plantea.

Por su lado, está claro que Llamazares no desea en modo alguno una nueva convocatoria electoral ni tampoco que gobierne el PP, con menos de un tercio de los escaños, apoyo incluido de Foro Asturias. Pero, al menos, sí le dejará claro que habrá que concretar algunas políticas que vayan más allá del continuismo y de la obediencia ciega a Rajoy, así como un poco más de ambición en políticas sociales. Y, caso de que se llegase a un acuerdo con IU, cabe conjeturar que, una vez más, la apuesta por el asturianismo quedaría aparcada y diluida. Hablo del voto, y no de la entrada en el Gobierno de IU, que obligaría a unas negociaciones más complejas. Y es que no cabe esperar, creo, un golpe de efecto. A saber, que le ofreciese a Llamazares presidir el Gobierno de Asturias, lo que podría acercar mucho más a Podemos. Pero se me antoja muy improbable esto, don Javier.

De otra parte, a priori, tampoco parece muy difícil que alcanzase un pacto con Ciudadanos, que no le pediría un giro a la izquierda, si bien es cierto que la experiencia de Prendes con usted puede que actuase como freno para el partido del señor Rivera.

En fin, don Javier, que toca ir más allá de lo que es una mera declaración de intenciones, que toca un giro a la izquierda si se pretende el apoyo de IU y de Podemos, que toca algo más que el continuismo, incluso en el caso de lograr el apoyo de Ciudadanos.

Y es que, mire, los hechos están demostrando que no fue suficiente con seguir siendo el partido más votado, que tocan cambios, no sé si sólo cosméticos, pero inevitables. Ya no basta con contentar al aparato de la FSA, hay que ir más allá.

Y, en ese más allá, hasta podrá seguir con el bagaje de proclamarse de izquierdas, pero con alguna que otra cesión y concesión a las políticas más allá de las siglas.

La derecha, que llevaba cuatro años siendo goyesca, se unió y, con ello, le toca moverse y no sé si también conmoverse.

Porque, si tuvieran que repetirse las elecciones, sería muy arriesgado exhibir como mérito un inmovilismo que obligó a ello.

Agridulce ‘galbana’ de estío, don Javier. Muy agridulce.

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Carta abierta a Cristina Coto
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-07-2015 | 10:06| 1

«Cartago lideró tres guerras: después de la primera, seguía teniendo poder; después de la segunda, seguía siendo habitable; después de la tercera, ya no está en el mapa» (Albert Camus).

 

Doña Cristina: Vaya por delante que siempre tendré presente la cordialidad que mostró conmigo las pocas veces que hablamos, lo que la convierte en una excepción en lo que se refiere a diferenciar claramente la discrepancia política del ataque personal. Puedo asegurarle que tal distingo es poco común en la experiencia que tengo con la mayoría de las personas que pertenecen a la vida pública llariega, para quienes el columnista es un enemigo si no incurre en la adulación permanente y empalagosa o en el mercenarismo más despreciable. Y, como sabe, mi republicanismo no está reñido con la independencia de criterio que vengo manteniendo desde que publico columnas en la prensa.

Dicho esto, me permito manifestarle la enorme decepción que me causó el apoyo de su grupo político a la candidatura de doña Mercedes Fernández. ¿En qué quedó aquel discurso tantas veces esgrimido por ustedes que hablaba del ‘pacto del duernu’ entre el PSOE y el PP, y que no iba del todo descaminado? ¿En qué quedó el significado de una de sus imágenes durante la campaña electoral que tenía como fondo las pilastras oxidadas de uno de los tramos de la autovía de La Espina, esto es, de la geografía del abandono tan del gusto del bipartidismo astur? ¿En qué quedó esa sensibilidad hacia las políticas sociales que vino manifestando en la pasada legislatura y en la reciente campaña electoral?

Es obvio e insoslayable, doña Cristina, que Javier Fernández representa el continuismo, un continuismo que, además, se exhibe con descaro en sus discursos y actuaciones más recientes. Ahora bien, ¿acaso no representa doña Mercedes el seguidismo a unas políticas nefastas para Asturias, las de Rajoy, que Foro vino denunciando en los últimos años?

¿Es usted consciente, de otro lado, de que, con este apoyo a la candidata pepera, el asturianismo que ustedes defendían recibe un bofetón en toda regla, y, con ello, la credibilidad de su formación política?

¿Qué se hizo de aquella transversalidad frente a la dicotomía entre izquierda y derecha que ustedes vinieron planteando desde 2011 y que recibió el espaldarazo de muchos votos? Ahora queda claro que o bien era sólo retórica o bien que decidieron abandonarla.

Y, verá, doña Cristina, quedando plenamente de manifiesto, también con los hechos, que ustedes son de derechas, le diré algo: el drama de conservadurismo asturiano desde la Transición a esta parte es el que sigue: cuando tienen mayoría se enfrentan entre sí, tal y como se produjo en el periodo de Sergio Marqués y, más tarde, con la irrupción de Cascos y su ‘nuevo’ partido. Y ahora que están en franca minoría, se unen, una unión abocada al fracaso si cualquier otro grupo apoya a Javier Fernández, sea Ciudadanos, sea IU, sea Podemos. O sea, que o bien pierden porque se enfrentan cuando lo tienen todo a su favor, o bien sólo alcanzan entendimientos cuando la vitoria se fía muy larga, por no decir imposible.

En fin, doña Cristina, apoyando a Mercedes Fernández sepultan ustedes su teórico inconformismo, su transversalidad, su afán de cambio, su sensibilidad social y su asturianismo. Masivo sepelio y raquítico cortejo fúnebre, señora Coto.

Me queda la duda de saber quién tomó en última instancia la decisión de apoyar a Mercedes Fernández, si bien doy por hecho que el señor Álvarez-Cascos no estaría en contra de este apoyo. A propósito del, a día de hoy, secretario general de su partido, creo que la frase de Camus sobre Cartago es pintiparada para plasmar la trayectoria de don Francisco desde 2011 a esta parte.

Fíjese, señora Coto: se encargaron ustedes de garantizar el continuismo, bien porque don Javier consiga más apoyos, bien porque Ciudadanos diese el ‘sí’ a la candidata del PP y se abstuvieran Podemos e IU. Con don Javier y con doña Mercedes el continuismo está asegurado.

Sólo cabe esperar que Podemos e IU no hagan con don Javier lo mismo que ustedes acaban de llevar a cabo con doña Mercedes.

Llegar Foro Asturias para acabar con el bipartidismo y, al final, cuando la nave se hunde, ser su salvavidas. La paradoja es gigantesca. La decepción, inconmensurable.

Una última pregunta, doña Cristina: ¿Con qué cuajo repetirían ustedes el discurso que vienen defendiendo desde 2011 en el caso de que se convocasen elecciones anticipadas? ¡Ay!

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Panorama vetustense: El tripartito y sus sueldos.
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Luis Arias Argüelles-Meres | 03-07-2015 | 09:23| 0

“Así como se hacía dinero fácil, así también podían hacerse novelas blandas, filosofías  débiles, arquitecturas fragmentarias y pinturas mínimas. Se confundieron el gesto con el pensamiento, la imagen y la realidad, lo versátil con lo versado”. (Eduardo Subirats).

 

El asunto de los sueldos y asignaciones económicas a los grupos municipales se está convirtiendo en un escollo, hasta ahora no superado, por los tres partidos que integran el Gobierno municipal de Vetusta. Mal asunto que algo así sea una especie de manzana de la discordia entre fuerzas políticas que se declaran y se reclaman de izquierdas.

De entrada, todo el mundo tendría que reconocer (y perdón por la perogrullada) que en unos tiempos como los presentes, lo que toca es predicar con el ejemplo. Y no es de recibo que casi todo el mundo tenga que sacrificarse  a resultas de la crisis y que los políticos consideren que eso no va con ellos.

De entrada, quiero creer que los tres partidos están de acuerdo en percibir menos dineros que sus antecesores. Y, en este caso, al menos sobre el papel, sería deseable que se llegase a un acuerdo en el que todo el mundo cediese, por así decirlo, entre los máximos y los mínimos.

De entrada, quiero creer que el panorama no es tan desolador como a primera vista se pudiera pensar, máxime teniendo en cuenta que los acuerdos sobre percepciones salariales eran los primeros en aprobarse, normalmente con cierto secretismo. Y lo que está ocurriendo es lo contrario: se pone sobre el tapete el asunto y se manifiestan las distintas posiciones al respecto.

Pero, ya que de sueldos hablamos, no me preocupa menos que se haya lanzado la acusación de que hay quienes pretenden contratar asesores o cargos a dedo cuyos emolumentos corresponderían a las arcas municipales, es decir, a todos. En este sentido, tampoco estaría mal que se diese ejemplo de transparencia y honestidad, evitando el dedo para favorecer a familiares y amigos.

Todos sabemos muy bien, en primer término los interesados, que, tras casi un cuarto de siglo de gabinismo, lo que toca es otra forma de hacer política que debe tener como punto de partida renunciar a privilegios y abusos que se vinieron denunciando durante todos estos años. Y, en este sentido, los nepotismos no deben producirse en ningún caso si se pretende evitar que la ciudadanía se lleve un mazazo más que sería de todo punto injusto.

Por otro lado, sería un excelente punto de partida que se llegase cuanto antes a un acuerdo en este asunto en el que todo el mundo cediese, pues sería el mejor modo posible de iniciar  la nueva andadura que la ciudadanía de Oviedo está, mayoritariamente, esperando.

En Vetusta tiene que poder proclamarse a los cuatro vientos que la nueva política ha llegado, nueva política que la izquierda no pudo poner en práctica en nuestra ciudad en los últimos 24 años.

Ya es hora. Ya lo es.

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ENTRE DESENCUENTROS Y PETARDAZOS
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-07-2015 | 09:14| 1

La segunda jornada del debate de investidura no sólo fue maratoniana, sino que, además, estuvo marcada por el anunciado desencuentro entre Podemos e IU. La coalición de Llamazares dejó claro desde el principio que sólo votaría una candidatura para un acuerdo tripartito, frente a Podemos, que en ningún momento contempló la posibilidad de apoyar con sus votos al todavía presidente en funciones.

Por otro lado, con las abstenciones, también anunciadas, de Ciudadanos y Foro Asturias, no se dio la circunstancia de que en esta primera sesión doña Mercedes Fernández hubiese obtenido más votos que el candidato del PSOE.

Cierto es que entre Podemos e IU no podrían haber ido más allá de un empate con el PSOE. Lo que en este sentido cabe preguntarse es si los votantes de ambas formaciones sentirían su voluntad representada si ambas formaciones apoyasen a Javier Fernández.

Cabría destacar el incisivo discurso de Cristina Coto que, sin embargo, no despertó respuestas airadas ni de Javier Fernández ni tampoco de doña Mercedes. Quedó muy clara la ausencia de Cascos, cuya presencia bastaba para sacar de quicio a ambos candidatos.

Hubo lugar para salidas de tono poco versallescas. Por la mañana, la intervención del señor Cueli me recordó, en las formas y el estilo, a su correligionario Pujalte. Y, por la tarde, el señor Lastra tuvo una intervención poco templada contra el diputado Ripa, a quien pretendió darle lecciones de saber y estar, así como de comportamiento, adoptando la actitud de un anfitrión muy poco hospitalario en consonancia con la poca generosidad con que se recibe a lo nuevo y a los nuevos.

Se habló mucho de vieja y nueva política, sin citar ni una sola vez a Ortega, como referente de tal planteamiento al haber sido el título de una famosa conferencia que el filósofo pronunció en 1914.

Al final, aunque el continuismo parezca estar garantizado, conviene no olvidar que la nueva política, con sus contradicciones y ambigüedades, llegó también a Asturias. Y ahora mismo quienes la representan son tratados como intrusos.

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DISCURSO DOLIENTE, BRINDIS AL TENDIDO Y SOPLOS DE AIRE FRESCO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-07-2015 | 06:48| 0

«El drama se sufre; la tragedia, en cambio, se merece, como todo lo grande» (Roland Barthes).

 

Un discurso doliente contra las críticas de Podemos y continuista consigo mismo, el de don Javier. Un brindis al tendido, el de doña Mercedes Fernández, sabedora de que, salvo grandes sorpresas, no se verá en el trance de tener que demostrar que su recetario resolvería algo. Aire fresco en el discurso de un Emilio León que empezó nervioso y que se fue haciendo con la situación al tiempo que expuso desde la tribuna de oradores realidades que el resto de sus señorías no estaban dispuestas a oír de buen grado.

Doliente don Javier a causa de los reproches y críticas que le vino haciendo la formación de Pablo Iglesias desde que sus representantes prometieran los cargos en el parlamentín. Es demagogia y es circo renunciar al cobro de un sueldo sin haber empezado a trabajar. Es demagogia y circo denunciar que no es de recibo mantener unos privilegios inadmisibles con respecto al resto de la ciudadanía. Continuista don Javier, que dedicó una buena parte de su discurso a repasar sus supuestos logros en sus tres años al frente del Gobierno, al tiempo que, más allá de declaraciones retóricas, no planteó estar dispuesto a apostar por políticas más a la izquierda que las practicadas hasta el momento. Doliente don Javier en el sentido de reclamarse de izquierdas aunque la mayor parte de sus políticas contradiga tal declaración. ¿Mala conciencia de alguien que implora que se le reconozca un izquierdismo que la realidad se encarga de no constatar?

Alegre y confiada en grado sumo doña Mercedes Fernández. Confiada tal vez en que es casi seguro que no vaya a tener ocasión de confrontar sus propuestas de gobierno con la realidad. Apuesta por la bajada de impuestos, cuando Rajoy hizo todo lo contrario. Lamenta la inutilidad del PSOE en casi treinta años de Gobierno en Asturias, olvidando, entre otras cosas, que tuvo en su mano evitar tal cosa en la pasada legislatura. ¿O resulta que Cascos era más rojo que el PSOE y sólo sabía eso doña Mercedes? De otro lado, fue de nota –y nunca mejor dicho– su apartado dedicado a la enseñanza. No es fácil soltar tantas simplezas en tan corto número de palabras.

Por su parte, Emilio León arrancó con cierta inseguridad en el tono de voz, que no tardó en domeñar. Puede vaticinarse que va a ser un buen parlamentario. De entrada, con su discurso, la nueva política tomó la palabra. De entrada, logró irritar al unísono al PSOE y al PP cuando habló de la necesaria cercanía que debe haber entre representantes y representados. De entrada, sin comparecer con la etiqueta asturianista, el asturiano tuvo presencia en algunos párrafos de su discurso. Bienvenida sea una normalidad por la que llevamos décadas esperando. De entrada, denunció corrupciones y despilfarros sin eufemismos. De entrada, recordó al PSOE su participación en las políticas de recortes desde Zapatero. De entrada, puso de relieve atropellos que todo el mundo acepta como la facultad que tienen los políticos de decidir sus sueldos. De entrada, se desmarcó de cualquier tipo de continuismo. Y en algún momento de su discurso la ironía compareció, lo que también es muy de agradecer. Por último, su llamamiento a IU resultó hasta emotivo, porque la coalición de izquierdas tiene que elegir ya entre nueva y vieja política. Porque, como recientemente escribí, no es momento para equidistancias. Habrá que ver si Llamazares, en sus réplicas a Javier Fernández y a Emilio León va a apostar por esa equidistancia anunciada, esto es, por la abstención.

Prolegómenos de una legislatura llena de incógnitas en la que la vieja política disfrazará su decaimiento con desesperación. Prolegómenos de una legislatura en la que está muy claro quiénes incurrirán en lo melodramático, o sea, en el dramón, frente a los que tengan las grandeza y el coraje de mostrar las muchas tragedias de una crisis que ponen en entredicho –y cómo– a la vieja política.

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Sobre la equidistancia de IU
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-06-2015 | 07:21| 0

«Emoción radical, vivaz siempre en la historia, que tiende a excluir del Estado toda influencia que no sea meramente humana, y espera siempre, y en todo orden, de nuevas formas sociales, mayor bien que de pretéritas y heredadas». (Del Prospecto de la Liga para la Educación Política)

 

Tras la consulta hecha a la militancia, parece claro, salvo sorpresas de última hora, que IU va a abstenerse en la sesión de investidura del martes en nuestro parlamento autonómico. Lo llamativo del caso es la equidistancia que adopta la coalición de izquierdas entre el PSOE y Podemos. Y, por supuesto, al margen de que estemos o no de acuerdo con semejante planteamiento, toca respetar escrupulosamente la voluntad de los militantes de esta formación política. Dicho ello, cabría preguntarse si esta equidistancia plasma no sólo la voluntad de los votantes de IU, sino también el mismo discurso de esta formación política.

En todo caso, a IU sólo le valdría un acuerdo entre las tres fuerzas de la izquierda, argumentando que es la única forma de no entrar en una dinámica que termine por derivar en un adelanto electoral, de todo punto indeseado e indeseable. Lo que nadie parece preguntarse en esta coalición es si ese acuerdo es viable y posible.

Dicho de otro modo: habría que preguntarse si cabría formar ese Gobierno tripartito con un programa inequívocamente de izquierdas más allá de rimbombancias retóricas y siglas. Y es que –perdón por la perogrullada– no sólo se trata de votar una candidatura, sino también de acordar un programa de Gobierno o, en todo caso, de apoyar un programa que convenza y satisfaga a quienes decidan dar ese paso.

Tanto Gaspar Llamazares como el resto de los dirigentes llariegos de IU saben muy bien lo que significa la FSA en esta tierra y no pueden desconocer que su izquierdismo es sobre todo de siglas. Por eso, resulta difícilmente explicable la equidistancia de la que vengo hablando.

Por otra parte, habrá que esperar a mañana para conocer las exigencias de IU para apoyar, bien al PSOE, bien a Podemos, exigencias que, insisto, es de esperar que no se queden sólo en las siglas.

¿Qué se está dirimiendo aquí en realidad: coincidencias programáticas o estrategias en espera de lo que vaya a suceder en las elecciones generales? ¿Acaso se podría aceptar que las distintas posturas entre IU y Podemos acerca de los sueldos de los cargos públicos es suficientemente importante para que no sea posible acuerdo alguno?

¿Acaso se podría aceptar, por otro lado, que IU debe confiar en el izquierdismo de Javier Fernández en particular y del PSOE en general? ¿O es que no quieren recordarse las enormes diferencias, al menos teóricas, que se vinieron manifestando desde las políticas de recortes inauguradas por Zapatero hasta la aplicación de los susodichos por parte del Gobierno de Javier Fernández siguiendo las consignas de Rajoy?

¿Puede IU considerar positivo que el electorado perciba que entre la vieja y la nueva política la coalición se decante más por la primera, o que, en todo caso, se ubique en la equidistancia?

Largo, muy largo nos lo fía, don Gaspar.

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