El Comercio
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DESORIENTACIÓN POLÍTICA LLARIEGA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-09-2015 | 01:36| 0

«Vivir: especializarse en el error» (Cioran).

Más allá de la bronca que se produjo en el último pleno de la Junta, originada a resultas de la solicitud de un debate de orientación política por parte de varios grupos parlamentarios, tengo para mí que la política asturiana nunca estuvo tan alejada la apariencia de la realidad como ahora. Me explico: sobre el papel, se diría que el continuismo de Javier Fernández está asegurado y, con ello, que no hay ni tampoco se esperan cambios esenciales en nuestra realidad política de cada día. La FSA, con la muleta de IU. Ante tal escenario, todo parece indicar que, una vez más, la vida pública seguirá igual. Sin embargo, bajo esa apariencia idílica para todos los que desean la continuidad, se percibe que todo esto es muy frágil y que hay un grupo parlamentario que parece decidido a no permitir que la política asturiana continúe discurriendo con la tranquilidad esperada.

Hablando de fragilidad, ¿se sabe con una mínima concreción qué proyecto tiene el Gobierno llariego para estos cuatro años? Hablando de fragilidad, ¿no parece estar muy claro que a Llamazares se le hace cada día más oneroso explicar su apoyo, se diría que incondicional, al PSOE de Villa y del ‘caso Renedo’? Hablando de fragilidad, ¿es todo el mundo consciente de que Podemos, de momento, no se doblega a retóricas rancias y apolilladas y que, por tanto, esta formación política no se va resignar a hacer de comparsa de la vieja política?

El 24 de mayo en Asturias no arrojó unos resultados que garantizasen el cambio, pero tampoco son los susodichos resultados una garantía de continuidad, de calma chicha. Y lo cierto es que la formación política que lidera Pablo Iglesias tiene ante sí un reto muy importante: la de demostrar de que, a pesar de que no cuenta con una mayoría parlamentaria, sí puede ser capaz de poner contra las cuerdas a un Gobierno que no tiene otra hoja de ruta que no sea la de seguir sesteando en sus retóricas hueras y en su inoperancia.

Y es que aquí no se trata de ganar votaciones en el Parlamento, lo que se antoja casi imposible, pero sí de poner en evidencia carencias graves y chapuzas vergonzantes, sobre todo, las que consisten en una desorientación manifiesta en lo que se refiere a afrontar con realismo y coraje los problemas que padece esta tierra.

¿Qué respuestas puede tener este Gobierno ante los problemas medioambientales derivados de la gestión de la consejera que continúa en el cargo? ¿Qué respuestas puede tener este Gobierno ante la amenaza que supone la despoblación? ¿Qué respuestas puede tener este Gobierno ante los casos de corrupción que amenazan con salir a la luz y que no conciernen todos ellos a un solo partido? ¿Qué respuestas puede tener este Gobierno ante la desatención y abandono que sufre Asturias por parte del Gobierno central, del presente y del venidero?

¿Qué respuestas puede tener Llamazares cuando le pregunten las razones de su apoyo a un Gobierno sin más proyecto que las generalidades? Si el Gobierno de Javier Fernández tuviera una hoja de ruta trazada, mínimamente concreta, ¿podría poner peros don Gaspar a que se celebrase un debate de orientación política? Si Llamazares tuviese la certeza de que sus exigencias se cumplen, ¿no sería el primer interesado en que se celebrase ese debate para escenificar qué políticas son las que cambian a resultas de su apoyo?

Bronca por pedir un debate de orientación política. Bronca originada ante una realidad de desorientación, ante una fragilidad que, más allá de las primeras apariencias, es manifiesta.

Esto promete.

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Panorama vetustense: ¿Y si hablamos del 34?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-09-2015 | 00:17| 0

El hecho de que la llamada “noche blanca” de Oviedo pretenda servir de recordatorio de la Revolución del 34 está generando una polémica mayúscula. Se habla de revanchismo y se considera inoportuno aludir a ese acontecimiento histórico que, por cierto, fue el último momento en el que Asturias estuvo a la vanguardia de la historia.

Pero vayamos por partes. No parece muy coherente que los mismos que utilizan la Revolución del 34  para justificar la supuesta inevitabilidad del alzamiento del 18 de julio se lamenten de que sea recordado institucionalmente en la ciudad que sirvió de principal escenario. Y, por otro lado, tampoco es de recibo que los mismos que entonan ahora sus lamentaciones al respecto no hayan dicho nada  a propósito de  un tiempo y un país que celebró durante casi cuarenta años la fecha en la que unos cuantos generales se sublevaron contra el Estado entonces legalmente constituido. Y, en fin, encaja mal argumentar que los sucesos de octubre del 34 en Asturias fueron un intento de Golpe de Estado, obviando al mismo tiempo que dos años antes, en agosto del 32, hubo un  general que se sublevó contra la República, el general Sanjurjo, y que dos años después de la revuelta minera, los espadones y los fusiles se alzasen contra aquel Estado.

¿Y si hablamos del 34? ¿Y si somos conscientes de que aquel acontecimiento histórico significó, entre otras cosas, que sus organizadores principales mandaron al matadero a los mineros que tomaron las armas? ¿Y si no negamos que la ciudad en su conjunto sufrió un martirio infernal y además vivió la tragedia que supuso que las llamas ocasionasen un destrozo tan terrible en la Universidad?

¿Y si hablamos del 34 como un acontecimiento que forma parte de nuestra historia más reciente que, como tal, tiene que ser recordado? Miren, lo que no es de recibo de ningún modo es que la historia pueda ser utilizada como eximente de una dictadura por parte de quienes defienden semejante periodo histórico, pero que, si la izquierda quiere recordarla, se hable de revanchismo, de venganza y de reabrir heridas.

Con la historia, señores, no cabe hacer lo mismo que en su momento ocurrió con la Biblia, que sólo pueda ser interpretada por unos pocos. La historia no es algo que deba estar sujeto a ningún “nihil obstat”. Es, además de otras cosas, algo que puede y debe ser conocido por todo el mundo.

Noche blanca, expresión que, no puedo evitarlo, me recuerda, sobre todo a una novela de Dostoievski, aunque sé que no es el caso, cuestión de número gramatical aparte. Noche blanca que puede servir de diversión y aprendizaje, con independencia de que haya sido más o menos afortunada en anteriores ocasiones.

Miren, prefiero pensar que se pretende un itinerario histórico didáctico y que,  de ningún modo, se trata de una propuesta maniquea. Y, en todo caso, lo valioso de cualquier recordatorio histórico no se encuentra en la frivolidad ni tampoco en revanchismos.

¿Y si hablamos del 34? Sí, en semejante acontecimiento son muchas las cosas que caben: desde dolores tremendos e injustos hasta heroísmos que iban en busca de la utopía. Desde aprendizajes históricos básicos, hasta paradojas trágicas, entre ellas, la del incendio de una Universidad que, décadas atrás, en su mejor época, había transcendido sus muros para llevar el saber a quienes no podían acceder a él por desigualdades económicas.

¿Y si hablamos del 34? ¿La ciudad que aún tiene en su callejero a sublevados contra la República no puede recordar el referido acontecimiento histórico? ¿Recordarlo es acaso añorarlo?

¿De qué revanchismo hablamos?

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Más allá de Ruiz-Mateos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-09-2015 | 07:30| 0

Fue un 23 de febrero. Los ‘telediarios’ informaron de la expropiación de Rumasa. Felipe González llevaba muy poco tiempo gobernando. En apariencia, más allá de matices legales y técnicos, todo parecía indicar que este país tenía un Gobierno de izquierdas, no sólo en sus siglas, que no iba a permitir heterodoxias en los comportamientos empresariales. Nadie podía imaginarse entonces que, tiempo después, el ‘holding’ del señor Ruiz-Mateos se reprivatizaría de la forma en que se hizo. Y, menos aún, podía esperarse que la relación entre González y el empresario no había sido tan mala. Presten atención a estas palabras que escribió Pilar Cernuda en su libro sobre González acerca de lo que opinaba el líder socialista de Ruiz-Mateos, precisamente la noche de su irrepetible triunfo electoral, el 28 de octubre del 82: «Felipe González estaba animado. Tomó dos whiskys y pidió puros. Habló de Rumasa con palabras elogiosas hacia Ruiz-Mateos. Le había visto durante la campaña y le había dicho: ‘Déjate ayudar por nosotros, eres un desclasado, como lo somos casi todos en el PSOE, pero déjate aconsejar, porque tienes que corregir varias cosas’».(1).

Muy sorprendente, ¿verdad? ¿Cuándo se nos jodió la vida pública? ¿A partir de qué momento lo circense ocupó un lugar que no le correspondía? ¿Qué vino representando el personaje que acaba de fallecer? ¿En qué lugar se queda el felipismo que tanto tuvo que ver en la trayectoria del empresario jerezano? ¿Dónde está, históricamente hablando, el busilis del asunto: en la expropiación de Rumasa, o, antes bien, en el proceso que se siguió de reprivatización? ¡Ay!

Lo cierto es que Ruiz-Mateos no tardó en convertirse en uno de los azotes del felipismo, azote bufonesco y circense, sin duda. Lo cierto es que aquella expropiación, que parecía propia de un Gobierno que no iba a mirar hacia otro lado ante determinadas prácticas empresariales, terminaría por ser algo que nunca dejó de plantear incógnitas que tampoco eran muy alentadoras para la imagen de aquel primer Gobierno del PSOE.

Más allá de Ruiz-Mateos. Estamos hablando de todo un fenómeno sociológico, del personaje que estrelló un trozo de tarta en el rostro de aquel gobernador del Banco de España de tan triste recuerdo, es decir, de don Mariano Rubio. Estamos hablando también del personaje que propinó un cachete memorable a Boyer. Pero estamos hablando, sobre todo, de que, con él, no sólo cobraron vida y protagonismo programas televisivos circenses, sino que, además, con RuizMateos la política acogió populismos y sainetes, pantomimas y comedias bufas. Fue el pionero en tales lides.

Más allá de Ruiz-Mateos. No se puede perder de vista en ningún momento que nos encontramos ante una trayectoria que no se puede desvincular de lo que fue la historia del felipismo, de un felipismo que con la reprivatización de Rumasa hizo algo parecido a lo que llevó a cabo con sus bandazos acerca de la presencia de España en la OTAN.

Desandar el tiempo transcurrido hasta llegar al momento en el que Ruiz-Mateos empezó a ser uno de los protagonistas de la vida pública significa transitar una senda que vino marcada por lo bufonesco y lo falaz, por las decepciones y los mazazos. Y, al respecto, alguna autocrítica debería hacer un expresidente del Gobierno que sigue pontificando y que no deja de mostrarse encantado de haberse conocido.

*Luis Arias es autor del libro “La España decabezada”, ensayo histórico que abarca el periodo comprendido entre 1982 y 1999.


[1] Pilar Cernuda. “El Presidente”. Temas de hoy. Madrid, 1994. Página 161.

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Atrapados en la insularidad
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-09-2015 | 10:37| 0

«Hay caballos asturianos, de alma asturiana, inconfundibles con sus semejantes; son los caballos de los curas de aldea, de los médicos de pueblo, animales llenos de apariencia, peludos, encanecidos, desengañados, que parecen sonreír amargamente con su belfo inferior caído bajo los dientes de color ocre. Y perros asturianos, famélicos y huesudos, como los perros del Señor en las encáusticas de Gadi y Memmi; esos perros de las alquerías, doctores en ciencias misteriosas, que tumbados bajo el hórreo ladran soñolientamente sin dignarse mirar al transeúnte, y por las noches aúllan venteando a la muerte. Por doquiera asoma un hondo sentimiento de pesimismo panteísta, romántico, opuesto a la clásica serenidad del mediodía» (Pérez de Ayala).

De nuevo, la fiesta oficial de Asturias. De nuevo, los discursos oficiales que, me temo, resultarán tan hueros y complacientes como viene siendo costumbre. De nuevo, a pesar de todo, muchos nos preguntaremos no sólo por el presente que protagoniza nuestra vida pública, a decir verdad, poco alentador, sino también por aquello que somos y, sobre todo, por cómo nos sentimos, en tanto pueblo, en tanto sociedad. De nuevo, algunos seguimos preguntándonos por qué no se habilita una conmemoración civil sin excluir la festividad religiosa. La conmemoración de un 25 de mayo, día en el que, con todos los matices que se quiera, la ciudadanía asumió el protagonismo de la vida pública.

Pero, ante todo y sobre todo, toca preguntarse cómo se siente Asturias dentro de un país al que seguimos llamando España, y toca insistir en nuestro síndrome de insularidad, que, curiosamente, hace que, sintiendo nuestro asturianismo tan a flor de piel como el territorio que más pueda reivindicar eso que llaman «hecho diferencial», no nos agobia el resto del país en la medida en que ese síndrome constituye todo un respiradero.

Una tierra que en su momento acuñó moneda propia, que llevó a cabo una revolución que la puso entonces en vanguardia de la historia, que tiene una lengua, acaso agonizante, pero no muerta como muchos desearían, que, en sus momentos de esplendor, se mostró abierta y solidaria, que siente lo agridulce en la entrañas como el paisaje otoñal, que cuenta con una hermosísima palabra («señardá») para referir el mencionado sentimiento agridulce, que se sabe alejada, tal y como dieron literariamente cuenta Clarín, en ese arranque antológico de su narración que tiene por título ‘Doña Berta’, así como Pérez de Ayala que manifiesta y percibe que lo agridulce habita hasta en los perros y los caballos que viven en nuestras tierras.

Una tierra que, al mismo tiempo, sabe disfrutar de su propia insularidad, ofreciendo a sus habitantes esa atmósfera de lo atopadizo, término del que, por cierto, se ocupó Ortega, sugiriendo, nada menos, que debería ser incorporado al discurso filosófico: «En suma, el Mundo como ‘resistencia’, a mí me revela el mundo como ‘asistencia’. Si fuese sólo ‘ubmeimlich’, desazonador, ‘infamiliar’, me hubiera ya ido, y el sentimiento de «infamiliaridad» o desazón, no existiría si no existiese su opuesto: lo atopadizo y sazonado». En atopadizo, abre Ortega una nota a pie de página que dice: «Este vocablo asturiano es el único que traduce exactamente el ‘heimilich’, el ‘gemülich’ alemán y el ‘cosy’ inglés». (Entre paréntesis: los que sienten tanto odio por el asturiano deberían reparar en estas palabras de Ortega).

Una tierra, en suma, con su historia y con su modo de sentirse en el mundo. Una tierra, cuyo discurso tendría que ir mucho más allá del covadonguismo, sin que ello implique desconsideración alguna a las creencias de cada cual, sin que ello implique tampoco que no reconozcamos el hechizo y la belleza de Covadonga.

Una tierra que sigue instalada en su insularidad y que, de otro lado, lleva demasiados años en el furgón de cola de España, furgón de cola del que no nos sacaron los gobiernos autonómicos que hemos venido teniendo desde la transición a esta parte.

Atrapados, pues, en ese bucle de insularidad que conlleva melancolía, lo que no debería ser obstáculo para pensar en nosotros mismos y en reivindicarnos, sin incurrir en chauvinismos, tal como somos, tal como nos sentimos.

Se trata de eso: de dar forma a lo que somos y a cómo nos sentimos, de dar forma a través de un discurso público en el que se nos haga sitio como pueblo, como historia, como presente y como proyecto de futuro.

Pero, me temo, un año más, que seguiremos escuchando y leyendo topicazos que nos agarrotan y nos paralizan.

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Viga azul: Conjurando fantasmas
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-09-2015 | 06:32| 0

A diferencia de lo que sucedió ante el Lugo hace dos semanas, hoy la suerte estuvo del lado del Oviedo, la misma que nos abandonó en el encuentro anterior. Y fue vital tenerla como aliada no sólo por la victoria –y perdón por la obviedad- sino también y, sobre todo, porque tras la derrota ante el Alavés, el nerviosismo, sin cundir del todo aún, no estaba muy lejos de apoderarse de la familia oviedista.

Llegó el gol de Susaeta, magnífico, con la precisión y la clase que son marca de este jugador, y, aparte del alivio y la alegría, confieso que vi, algo de lejos, eso sí, algunos fantasmas que en su momento nos desbarataron las ilusiones. Y es que estaba muy claro que en esta categoría, no podemos fiarlo todo al balón parado. Hace falta que el equipo se muestre seguro y homogéneo, lo que, a día de hoy, aún no llegó, aunque esperemos que esté cerca.

Todavía están muy cercanos en el tiempo los ayes en el Tartiere ante el temor, por no decir pánico, de que un fallo defensivo pueda dar al traste con un buen resultado. Lo cierto es que esa inseguridad se respiró en más de una jugada. Lo cierto es que el Oviedo está lejos de ser un equipo rocoso en su línea defensiva. Pero no lo es menos que hay jugadores de calidad para resolver un partido, y no sólo está Susaeta, que es toda una garantía, sino también otros futbolistas como Hervías que tiene una velocidad endiablada capaz de inclinar la balanza a favor. Velocidad y técnica, cualidades que atesora este jugador que, estoy seguro, dará muchas alegrías al oviedismo.

Conjurando fantasmas, también por el entusiasmo y por un espíritu de lucha incesante, como es el caso de Linares, que no sólo marcó un gol y tuvo sus ocasiones, sino que además peleó constantemente no sólo atacando, sino también interponiéndose ante inicios de jugadas del contrario. Hablamos de un delantero que se tiene muy merecidamente ganado el afecto de la afición.

Hoy, Vila, el tiempo que estuvo, dio seguridad, justo la que faltó en distintas fases del partido. También estuvo batallador David Fernández. Y, por su parte, los laterales, ambos nuevos en el equipo, tienen que mejorar su rendimiento. No es poco haber logrado un triunfo en el segundo partido que se disputó en el Tartiere, máxime si tenemos en cuenta que hacía falta recuperar la confianza tras el fiasco en Vitoria y el empate ante el Lugo que supo a poco. Vi flojo, para lo que es su calidad, a Font, sobre todo, en los pases. Y Borja Valle, a pesar del gol conseguido, en lo que colaboró una cantada memorable del guardameta albaceteño, hoy no estuvo todo lo omnipresente que se esperaba.

Erice, tan bregador como en él es costumbre. Esteban hizo, al menos, una parada providencial. Y, por su parte, el nerviosismo también lo acusó Egea en distintas fases del partido. Desde luego, no le falta compromiso ni entrega y sabe que hay que hacer reajustes en el juego del equipo lo antes posible.

La de hoy fue la victoria de la tranquilidad. Y, soslayando imprecisiones y despistes, estoy persuadido de que dará la confianza suficiente y necesaria para que el Oviedo encare el resto de la liga creyendo en sus posibilidades. Se trata de conjurar fantasmas y de ir ganando seguridad. Desde luego, no va a ser fácil. Pero, al machadiano modo, el camino se empezó a andar hoy.

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Esa paga extra que gotea
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-09-2015 | 18:42| 0

Ahora resulta que el Gobierno anuncia que, en septiembre, se nos devolverá un 25% de la paga extra navideña que el Ejecutivo de Rajoy quitó al funcionariado en 2012. ¡Cuánta generosidad! Sin embargo, sigue vigente el descuento del 5% de los salarios que aplicó Zapatero en 2010. Y, mientras esto se airea, hay quienes sostienen que, al fin y al cabo, los empleados públicos somos unos privilegiados por la estabilidad en el empleo y que, por tanto, no tenemos motivos ni para protestas ni para reivindicaciones.

Vamos a ver: todo el mundo podría dar por seguro que la aceptación de los recortes al funcionariado hubiera sido muy distinta si esos dineros hubiesen repercutido en menos desempleo y mejores servicios públicos. Vamos a ver: hay quienes no se percatan –o no quieren percatarse– de que llegó un momento en el que el Estado no podía hacer frente a sus necesidades fundamentalmente a resultas de un tiempo en el que la corrupción generalizada y la endogamia legalizada saquearon las arcas públicas.

¿Quiénes pagaron las consecuencias de ello? De un lado, los servicios públicos que sufrieron recortes importantes y, con ello, toda la sociedad. De otra parte, el mismo funcionariado destinado en su mayor parte a que esos servicios públicos se prestasen debidamente en calidad y en cantidad.

Miren, aquí los privilegiados no somos los funcionarios, sino la mal clase política que, entre otras muchas prerrogativas, tiene la de fijarse sus propios sueldos, así como la de nombrar a dedo asesores de turno con cargo a los dineros públicos. Miren: aquí los perjudicados hemos sido –y seguimos siendo– los empleados públicos que tenemos que trabajar más horas por menos dinero. Pero, eso sí, los privilegios de la ya mentada clase política permanecen intactos.

Miren, hablando de mi profesión, de la docencia, conviene recordar no sólo que estamos dando más horas de clase por menos dinero, sino que además, en general, aumentó el número de alumnos por aula. Miren, arremeter contra el funcionariado, topicazos aparte, es perjudicar los servicios públicos y es también mostrar que los susodichos no son prioritarios para los gobiernos de turno, incluido el que presidió el señor Zapatero.

Si sobran docentes y profesionales de la sanidad, pero no sobran políticos ni asesores, lo que ocurre es muy claro: ante todo y sobre todo, se vino legislando para que fuesen intocables las sinecuras y privilegios de la mal llamada clase política, que además de mediocre, vino siendo pródiga y, en no pequeña medida, corrupta.

Pero, claro, aquí lo que se vino haciendo fue enviar guiños falaces viniendo a decir que los privilegiados somos nosotros, y no los políticos y sus coros y danzas. Y, ahora, a pocos meses de las elecciones, se busca parchear una injusticia y un atropello, devolviendo con cuentagotas una paga que se nos quitó. Y nada se dice de acabar con los recortes ni de recuperar lo que se nos descontó. Y nadie tiene a bien rendir cuentas de lo que se hizo con los dineros que se ahorraron con sus tijeretazos. Desde luego, ni mejoraron los servicios públicos, ni tampoco disminuyó el desempleo a resultas de los susodichos recortes.

Esa paga que gotea, en parte, cosmética electoralista; en parte, mísera limosna, que no restitución de lo que nos corresponde por ley. Esa paga que gotea, mientras sigue habiendo alcaldes y alcaldesas que se subieron a su antojo los sueldos en todos estos años, mientras sigue habiendo innumerables cargos a dedo en función de poseer el carnet del partido de turno, o de haber adulado hasta el vómito al politiquillo de turno.

Todo lo demás es demagogia burda, pero que muy burda.

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Recuerdos de Oviedo: Aquellas noches en el Antiguo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-09-2015 | 09:29| 0
Foto de Luis Arias Argüelles-Meres.

« Para la mayoría de los hombres, la experiencia es como las luces de popa de un barco, que iluminan sólo el camino que queda a la espalda». Samuel Taylor Coleridge.

«La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo». Samuel Taylor Coleridge.

Se escribieron novelas sobre la noche vetustense a principios de los 80, donde los protagonistas, en muchos casos, trasuntos de personajes no muy difícilmente reconocibles, no salían muy bien parados. Lo literario en la heroica ciudad no se centraba entonces en la muy clariniana hora de la siesta, sino en la noche, alargada y juguetona, en la que tanto proliferaban los atormentados de ocasión, en la que lo frecuente era encontrarse con personas y personajes que parecían tener respuesta para casi todo. Y se cumplía con un precepto sagrado: nunca había prisa. Siempre se terminaba por encontrar algún local abierto, o, en casos extremos, algún piso de estudiantes, como refugio ante el día que llegaba sin ser, por lo común, bien recibido.
Noches en el Oviedo Antiguo, en aquella especie de Vetusta redescubierta con el horario cambiado, pero con un escenario contiguo al poema romántico de piedra’. Noches en el Oviedo Antiguo con un acompañamiento musical la mayor parte de las veces balsámico. Las copas, el tabaco y las canciones en boga. El mundo que no dejaba de cambiar. Las libertades que se recuperaban. Y, en lo tocante a lo que podrían dar de sí políticamente los nuevos tiempos, la inocencia no se había perdido en muchos casos.
Aquel Oviedo Antiguo donde la juventud había hecho parada y fonda por las noches. Antes de que se produjera una apertura masiva de nuevos locales, la mayoría con cierta voluntad de estilo, la referencia del Oviedo Antiguo, ya dejando la adolescencia, eran algunos bares donde se podía tocar la guitarra y se servía un vino que estaba al alcance de los bolsillos de la población estudiantil y que también ponía a prueba la fortaleza de los estómagos.
Confieso que, en muchos casos, el atrevimiento era notable y, recordándolo ahora, enternecedor. Hablo de personas que decían saber tocar la guitarra y, sin embargo, distaban mucho de ser unos virtuosos en tales menesteres. Bien pensado, era el mismo atrevimiento que se tenía al hablar con aparente conocimiento de causa sobre autores y libros que apenas se habían leído por encima y que no siempre se habían entendido con claridad. Pero no había límites. Nada se ponía por delante.
Noche ovetense que era todo un escenario de aparentes novedades en la música, en las lecturas, en el cine, en las informaciones que venían de lejos. Noche ovetense que puso fin a usos y costumbres recientes. Apenas frecuentábamos las discotecas, nos resultaba mucho más atractivo e interesante dialogar en un pub sobre lo divino y lo humano.
Está por escribir, digo, ‘La Regenta’ de aquellos años, sociológicamente hablando. De repente, se estaba en el convencimiento de que nuestra ciudad ya no sesteaba, de que no existía un desfase de años en la mentalidad de una juventud que buscaba su sitio en un mundo que se sabía cambiante. De repente, las consignas eran los libros, canciones y películas de moda, todo ello, de afuera, todo ello de un mundo al que se quería recibir con alborozo.
¿Pero qué mundo? Ciertamente, estaba en construcción. Ciertamente, lo que nos parecía más rompedor vivía en Europa decadencia y agonía. Nadie podía imaginarse entonces que el mundo intelectual después de Sartre, ya no iba a ser el mismo. Nadie podía imaginarse entonces que, en una década, se caería el Muro de Berlín y, con él, tantas y tantas vendas que muchos quisieron ponerse. Nadie podía imaginarse entonces que, andando el tiempo, la práctica totalidad de aquellos marxistas radicales, que en su mayoría estaban a la izquierda del PCE, terminarían por ser, en todo caso, militantes o dirigentes del PSOE llariego, es decir, izquierdistas de siglas.
Izquierdistas de café, más bien, en el caso que nos ocupa, izquierdistas de pub. ¡Con qué asombrosa precisión se acomodan en su mayor parte a caídas de un caballo que los volvió personas de orden, no sé también si temerosas de Dios, pero sí de los mercados! ¡Con qué asombrosa exactitud se convirtieron en prototipos a quienes se les podía aplicar tan a rajatabla el ubi sunt acerca de las ideas y creencias que en su momento hicieron tan genuinamente suyas!
Noches que se hicieron inolvidables, tertulias en las que, salvo imponderables, no se practicaba el derecho de admisión. Itinerarios hacia las entrañas mismas de la noche ovetense, en las que la ambientación libresca, musical y estética intentaba de algún modo suplir la carencia generalizada de haber viajado tan poco.
De pub de pub, como quien iba de parroquia en parroquia. Sin necesidad de estar pendientes de los relojes, con acuciante afán de interpretarlo todo, sin haber leído lo que al propósito escribiera Susan Sontag.
Fueron los años en los que la juventud de Oviedo descubrió la noche. Fueron los tiempos en los que las libertades se sentían a flor de piel. Fueron los tiempos de lo compartido: desde los porros hasta la música, desde los libros hasta los apuntes. No estaba en boga eso que tanto se repite ahora y que se denomina competitividad. Fueron los tiempos en los que dos generaciones, la del 68 y la nuestra, mantuvimos una relación fraternal: ellos eran nuestros hermanos mayores. Y entonces no habían entrado en una dinámica de taponar a las siguientes. Y suplían sus carencias generacionales con todo el atrevimiento que fuese del caso.
Fueron los años en los que la juventud de Oviedo no quería parecerse a la Vetusta regentiana. Fueron los tiempos en los que se forjó un fenómeno sociológico la mar de pintoresco: el mundillo intelectual, a fuerza de sentirse y declararse clariniano, terminó por ser regentiano a su pesar y probablemente sin saberlo.
Pero fueron también los años en los que la noche tuvo un protagonismo enorme en nuestras vidas. Y, al final, ocurrió lo inesperado: Vetusta cambió la hora de su puesta en escena, sólo la hora. O nada menos que la hora.

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Panorama vetustense: Llueve en Oviedo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-09-2015 | 12:20| 0

“Bruscamente la tarde se ha aclarado/ porque ya cae la lluvia minuciosa. / Cae o cayó. La lluvia es una cosa/ que sin duda sucede en el pasado”. Borges.

 

Llueve en Oviedo. Se inundan las calles de una atmósfera agridulce, propia del otoño, que siempre que se anticipa lo hace con tristeza, sabedor quizás de que su presencia apena y provoca nostalgia. Llueve en Oviedo, y, en esta ciudad, no puede ser noticia todo aquello que no  vaya más allá de  “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.  Porque tengo para mí que así recibimos el ruido y la furia de quienes arremeten – esta vez sí- a tres turnos contra el nuevo tripartido que intenta gobernar esta ciudad desde junio.

Y es que, más allá de las críticas puntuales y en muchos casos razonables, lo que se viene observando es lo mal que se lleva por parte de no pocos actores de la vida pública que no haya habido continuidad en el Gobierno de la capital. Y resulta llamativo que no parezcan percatarse de que el efecto de sus diatribas es el mismo que produce la lluvia ante todo y sobre todo, aburre, provoca desinterés.

Llueve en Oviedo, digo, y la impaciencia de quienes están deseosos de anunciar desastres y descontentos tras el cambio de rumbo político  en esta ciudad cae sobre la ciudad con la misma monotonía cansina que la lluvia. Claro está: no pueden darse cuenta de que se están diluyendo en la lluviosa atmósfera y que sus voces y sus ecos alcanzan la melodía cotidiana de las gotas de agua sobre las calles. Llueve en Oviedo. Hay un brillo en las calles a ras de suelo que contrasta con el plomizo tono que alcanza el cielo. Hay un ritmo de vida, previo al nuevo curso y a las fiestas mateínas, de espera, de paciencia, sin estridencias, de parálisis. Efecto sedante y sedoso cuando la niebla, liviana, cubre al Naranco como un velo.

Y, se diría, que en Oviedo nunca pasa nada, tal y como pensaba Melquíades Álvarez, según refirió Azorín dando cuenta de una visita que hizo a nuestra ciudad  a principios del siglo XX, visita en la que oficiaron de anfitriones  nada menos que el propio tribuno y  Pérez de Ayala. Vale la pena reproducir lo que consignó Azorín: «Los Álamos es un viejo paseo, dos largas filas de estos finos, esbeltos, sutiles árboles lo bordean. A un lado se extienden unos sombríos jardines. Seis, ocho, diez paseantes marchan lentamente, en silencio, uno de ellos avanza hacia nosotros.

-Querido Melquíades, ¿qué pasa en la ciudad?
-Nada, –dice sonriendo el gran orador que viene todos los días a esta alameda–.”

 

Lo dicho: llueve en Oviedo y llueve otoñalmente. Son vísperas de fiestas y de reanudaciones del día  a día durante la mayor parte del año. Y lo que se palpa en el ambiente es, sobre todo, que la lluvia diluye casi todas las voces y casi todos los ecos, volviendo inaudibles verborreas y gruñidos que a casi nadie sorprenden. Y lo que se espera es que escampe y que empiece el espectáculo, tanto de las fiestas de San Mateo como también el de ese día a día que durante el verano se fue de vacaciones.

Y tiene razón Borges: esta lluvia sucede en el pasado.

 

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Los tantos por ciento
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-09-2015 | 02:12| 0

«La vida se contrae y expande en proporción directa a nuestro coraje» (Anaïs Nin).

Cada vez es más habitual que las fuerzas de seguridad entren en la sede de un partido político, en el domicilio o la empresa de celebridades públicas e incluso en instituciones a cuyo frente están personas imputadas. Cada vez es más habitual el circo de una detención que, como ya escribí, rinde culto al acontecimiento mediático, pero que, al final, es tan efímera como estrepitosa. En este continuo ceremonial de la confusión y de la estridencia acaba de tocarle el turno al partido del señor Mas, con la salvedad de que nos encontramos con una escandalera que cuenta con un añadido nada baladí: aquí hay un componente «diferido», que diría la señora de Cospedal.

¿Cómo no recordar aquella intervención parlamentaria de Maragall cuando le espetó a Mas que los suyos eran los del 3%? ¿Cómo no recordar la aparente indignación que se apoderó de los afectados? Llovió –y mucho– desde entonces. Pero, precisamente ahora, en vísperas de unas elecciones en Cataluña que van a ser muy decisivas para ese territorio y para España en su conjunto, se produce este acontecimiento mediático, que, para unos, es una prueba del buen funcionamiento del Estado de derecho y, para otros –¿cómo no?– se trata de una conspiración que persigue con saña al nacionalismo catalán.

Desde luego, no hay hecho diferencial en Cataluña con respecto al resto de España en lo que se refiere a la honorabilidad de sus políticos. Desde luego, los dos grandes partidos españoles no están autorizados moralmente a escandalizarse ante la presunta financiación irregular de Convergencia.

Los tantos por ciento, esto es, aquello que pone al descubierto la financiación irregular de los partidos, esto es, aquello que muestra claramente que en este país el poder político se asentó sobre corrupción y nos encontramos muy lejos de estar libres de semejante infamia.

Miren, todo debate político, el llamado derecho a decidir entre otros, está viciado desde el momento en que se asienta sobre serias sospechas de corrupción por parte de algunos de los partidos que lo invocan. Miren, no es legítimo ningún resultado en democracia si las reglas de juego de la honestidad se incumplieron. Y aquí, en este y otros muchos debates, se jugó con trampa.

Admitamos lo obvio y lo elemental, incluso lo perogrullesco: si se jugó con trampa, el resultado está invalidado. La cosa es de una gravedad superlativa, porque, basándonos en semejante simpleza, nadie ganaría con legitimidad en las ya inminentes elecciones catalanas, ni los partidarios de la independencia que puedan estar enfangados en financiaciones irregulares de sus partidos, ni los que se oponen a semejante desafío. Por supuesto, ni en uno ni en otro frente jugaron todos con trampa, pero en ambos hay sospechas más que fundadas de que existen formaciones políticas que sí lo hicieron.

Y, fíjense ustedes, echo mucho en falta que se plantee la invalidez moral de cualquier resultado al que se llegó con trampas. Sé que a los impacientes no les gustará nada que se diga que, para afrontar algo tan decisivo como la apuesta independentista, sería necesario esperar a que se jugase limpio por parte de todos los contendientes, es decir, esperar a que se aclare todo y se depuren las responsabilidades que hubiere.

Llegados a tan idílico escenario de discusión pública, sería el momento de plantearse que ganase el mejor o el más convincente.

Porque, miren ustedes, tampoco sería legítimo un resultado contrario a esa apuesta desde el momento mismo que lo propusiesen partidos políticos que también se financiaron ilegalmente y que aún les queda mucho por aclarar.

¿Se sumaría alguien a esta acuciante necesidad de juego limpio que dejase atrás aquello que Clarín llamó con ingenio «álgebra de la marrullería política?». Porque financiación irregular, diferida o no, es juego sucio.

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DE MUROS Y MARES
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-08-2015 | 07:37| 0

‘¡Oh Roma, en tu grandeza, en tu hermosura /huyó lo que era firme, y solamente/ lo fugitivo permanece y dura!’. Quevedo.

‘Estamos en la época grave e inquieta, período de gestación de una nueva verdad de la inteligencia humana y hay, sin embargo, hombres necios y nulos que niegan lo presente y se pudren en el pequeño y nauseabundo charco de su trivialidad’. Zola.

Se cayó –bien lo sabemos y bien caído está– el Muro de Berlín que marcaba claramente de qué lado estaban las libertades. Se cayó, sí, un muro tierra adentro, un muro de la vergüenza, un muro que podría ser del gusto de quienes odian los derechos y libertades. Pero siguen en pie, paradójica y metafóricamente, en el mar otras barreras que separan muy claramente la miseria de las oportunidades, travesía que transitan náufragos que en su mayor parte acaban encontrando la muerte. Y esas barreras que siguen en pie traen como consecuencia dolor y horror, si bien, en esta vieja y desnortada Europa, lo que se impone es la indiferencia.

Miren, aborrezco la demagogia barata. Miren, me repatean los sentimentalismos ñoños. Sé que no es posible que Europa pueda hacerse cargo de toda la población mundial que padece la miseria. Sé que resulta inútil cualquier espectáculo plañidero ante el sobrecogedor espectáculo de las muertes más recientes en el mar tras una travesía trágica huyendo del hambre. Pero, dicho todo esto, ¿dónde está todo aquello que da cuenta de nosotros mismos como civilización y que no puede permitir la indiferencia ante lo que está sucediendo? Pero, dicho esto, ¿dónde están aquellos dirigentes con talla de grandes estadistas que no renunciarían a una política internacional que combatiese sin matices la miseria?

Y, por otro lado, ¿dónde está nuestra memoria? En el caso concreto de Asturias, ¿cómo no recordar que hasta bien entrado el siglo XX había casi un emigrante por familia rumbo a América que se embarcaba también en una travesía encaminada a dejar atrás la miseria y que, en muchos casos, los retornados fueron decisivos en la modernización y progreso de nuestra tierra?

Cadáveres en las playas que el mar empuja hasta la arena. Imágenes punzantes de dolor al ver rostros desesperados que desean salvar, al menos, a sus niños. Y la Europa oficial no sale, en el mejor de los casos, de declaraciones con lugares comunes que a nada comprometen y que no tienen ni siquiera voluntad de resolver nada. ¿Europa, la vieja Europa, era esto?

Podría hablarse de mares de la vergüenza, de fronteras de la decrepitud, de una Europa que recuerda al memorable poema de Cavafis, de una Europa que cada vez tiene más rasgos en común con la Roma más decadente, es decir, con un momento histórico que vivía las vísperas de un tiempo tenebroso marcado por la regresión y por la derrota de cualquier grandeza.

De muros y mares, de vergüenzas y miserias. ¿Queda algo de la vieja Europa? ¿Hay algo más en la Europa oficial que burócratas mediocres e inoperantes? ¿Hay algo más que decadencia y entreguismo en el viejo continente?

¿Y dónde está el pensamiento crítico que sonroje a la política oficial? ¿Dónde? ¿Murió de indigestión en los pesebres?

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