El Comercio
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CUATRO AÑOS Y UN MES GOBERNADOS POR RAJOY
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Luis Arias Argüelles-Meres | 03-10-2015 | 06:46| 1

«Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos» (Cioran).

Rajoy lo confirmó recientemente a una cadena de televisión: la cita con las urnas tendrá lugar el 20 de diciembre, con lo cual la presente legislatura será la más duradera desde la Transición a esta parte. En algo hay que quedar el primero, pensará don Mariano, aunque resulta muy dudoso que se pueda considerar un gran mérito destacar por eso. Pero, en fin, así son las cosas.

Cuatro años y un mes de una legislatura en la que la ciudadanía, más que votar a Rajoy, lo que hizo fue castigar severamente al partido de José Luis Rodríguez Zapatero, tras tanto bandazo, tras tanta incompetencia, tras tantas decepciones que se fueron acelerando desde 2010 de una forma tan pasmosa como indignante.

Cuatro años y un mes de una legislatura que empezó incumpliendo promesas electorales y que estuvo marcada, sobre todo, por la falta de iniciativa política del todavía presidente del Gobierno.

Cuatro años y un mes de una legislatura que pasará a la historia, sobre todo por la torpeza con que se condujo el Gobierno ante el problema catalán de principio a fin. Estoy seguro de que Rajoy incrementó más el independentismo en Cataluña que los líderes de los partidos políticos que apuestan por la ruptura con España cada vez con mayor ahínco. Apuesta –perdón por la perogrullada– que no se circunscribe a unos cuantos políticos, sino que está ganando cada vez más partidarios en la sociedad catalana.

Al Gobierno venidero y a la legislatura próxima les tocará casi seguro poner en marcha un proceso constituyente si es que se pretende mantener la cohesión territorial de España, llegando a ello mediante diálogos y pactos.

Con todo, el mayor problema no es tener que reinventar una vez más este país, sino que, a día de hoy, no se ve que haya entre la mayoría de los líderes políticos la suficiente talla para llevar a cabo un proceso que llama a las puertas del presente más inmediato de España.

Cuatro años y un mes de una legislatura marcada también por unos recortes durísimos que trajeron como consecuencia sufrimientos injustos que padecieron los más débiles y no sólo frente a los más ricos, sino también ante los privilegios de una mal llamada clase política para quienes no pareció que iba con ellos la crisis.

Cuatro años y un mes de una legislatura en la que hay menos docentes y menos personal sanitario, pero no disminuyó el número de nombramientos a dedo ni de cargos políticos a quienes no se les pide rendimiento ni eficacia.

Cuatro años y un mes de una legislatura en los que el presidente del Gobierno hizo de la indolencia todo un estilo. Cuatro años y un mes de una legislatura en los que el presidente del Gobierno soltó tamañas simplezas que dejaron boquiabierto a todo el mundo.

Cuatro años y un mes de una legislatura en la que los escándalos de corrupción no cesaron, en la que no se alcanzaron acuerdos mínimos en grandes temas.

Cuatro años y un mes de una legislatura en la que se elaboró una ley (la LOMCE) que puede conseguir, como escribí muchas veces, que el actual sistema educativo empeore, lo que, de entrada, no era nada fácil.

Rajoy es en este momento para España una rémora que deja un país tan desmoralizado como lleno de indignación.

Cuatro años y un mes de una legislatura que, seguramente, pondrá fin al bipartidismo y, con ello, a lo más esencial del sistema político que se fue construyendo tras la muerte de Franco.

Cuatro años y un mes de una legislatura que no sólo fue la más larga desde la Transición a esta parte, sino también la más sórdida. En esa sordidez creciente, Rajoy no estuvo solo, pero hizo mucho para que se viniera acrecentando.

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Senadores astures
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-10-2015 | 09:01| 1

Leo en EL COMERCIO que doña María Luisa Carcedo y don Fernando Goñi han tomado posesión como senadores, cargo al que acceden por designación de la Junta General del Principado. Sin duda, Asturias subirá el listón en la política nacional gracias a tan notorios personajes. Sin duda, el PSOE y el PP llariegos  tomaron sus decisiones persuadidos de que con estos nuevos parlamentarios en la llamada Cámara Alta nuestra tierra contribuirá a que el parlamentarismo español mejore más aún. Estamos de enhorabuena, no lo duden.

Escuché unas declaraciones de doña María Luisa Carcedo acerca de su nuevo destino en la política. Sin duda, la emoción que sentía le jugó una mala pasada a la hora de expresarse, pues sus palabras no están llamadas a formar parte de las mejores piezas oratorias que en el mundo han sido.

Por otro lado, don Fernando parece muy satisfecho con la designación. Y no cabe ninguna duda de que considera justo que su partido le haya concedido tan importante canonjía, tras tantos años de sacrificio al servicio de la formación conservadora, tras tantos años desvelándose y afanándose por el bien de Asturias.

¿Y qué decir de doña María Luisa Carcedo? No cabe poner en entredicho su veteranía en la política llariega. ¿Qué sería de su partido y de nuestra tierra sin ella? Claro está, por otro lado, que siempre contó con el afecto y confianza de los dirigentes de la FSA. Y, por supuesto, ni por un instante cabe albergar la más mínima duda de que defenderá en la Cámara Alta los intereses de esta tierra.

Podemos dormir tranquilos con la certeza de que Asturias va a estar bien representada en la Cámara Alta. Podemos respirar aliviados en el sentido de que está claro que los grandes partidos llariegos pensaron en su ciudadanía y no en premiar servicios prestados, ni tampoco en librarse de presencias más o menos incómodas. Ante todo, Asturias, oiga usted. Y nada de amiguismos, ni otras triquiñuelas.

Y, por otro lado, no hay que perder de vista que, con esta amplitud de miras demostrada por nuestros grandes partidos, se contribuye también a que el prestigio del Senado no se siga deteriorando. No perdamos de vista que, muy pronto, se verán los resultados de sus trabajos y sus días en tan imprescindible institución democrática.

Bueno, hablando en serio, acaso resultaría muy pertinente tomar nota de este hecho y, a resultas de ello, preguntarse si no va siendo hora de que nos replanteemos eso tan clásico que habla del alcance de niveles de competencia e incompetencia; si no va siendo hora de que nos preguntemos si no es el momento de forjar y forzar que desde la ciudadanía que se produzca un punto de inflexión en lo que se refiere a nuestro conformismo y resignación, punto de inflexión encaminado a esperar más y a exigir más, si no queremos caer en el desánimo de una forma inquietante.

¿No les parece?

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QUE NADIE CANTE VICTORIA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-09-2015 | 05:40| 2

«Siento un desánimo como el que puede sentir una pieza de ajedrez cuando el contrincante dice de ella: esa pieza no se puede mover» (Kierkegaard).

Que nadie cante victoria por los resultados de las elecciones catalanas. En primer término, el señor Mas, que no encabezó la lista, que enmascaró sus fracasos como gobernante bajo un independentismo sobrevenido, que, en fin, acaba de obtener, junto a ERC, menos escaños que en 2012. En segundo término, tampoco deben cantar victoria los partidos de ámbito estatal que, en su conjunto, cosechan menos escaños que sus adversarios independentistas. ¿Qué España ofrecían las formaciones estatales, juntos y por separado, a la sociedad catalana para que pudiera sentirse cómoda formando parte de ella? Ni vencieron, ni convencieron. Y, por otra parte, tampoco debería servirles de consuelo la bajada de las formaciones de Mas y Junqueras, toda vez que la CUP, también manifiestamente independentista, mejoró con claridad sus resultados anteriores.

Hay dos grandes derrotados en estas elecciones. En primer término, Rajoy, y no sólo por la pérdida enorme de escaños con respecto a 2012, sino también, y sobre todo, por haber logrado un crecimiento importante del independentismo con su inveterada tendencia a no hacerse eco de la realidad, a evadirse de cuanto sucede y a soltar perogrulladas antológicas.

El otro gran derrotado, por razones muy distintas, es el señor Mas. Y es que, en toda su deriva independentista, le faltó algo muy importante que no acierto a entender que no haya sido observado por los analistas más sesudos y por los tertulianos más conspicuos de este país. Le faltó épica. Hablamos de un gobernante que no afrontó los problemas de la sociedad a la que representaba, que se limitó a poner en marcha los mecanismos para la independencia ausentándose del día a día no menos que su oponente Rajoy. Sin épica, no hay heroísmo, no hay admiración, no hay asombro. Sólo supo afirmarse firmando decretos con pose histórica y depositando en hornacinas de ocasión la pluma de marras. Y, al final, si la CUP no le da su apoyo, su hoja de ruta corre el riesgo de formar parte de lo que pudo haber sido y no fue.

Y, aparte de esto, creo que la opinión publicada exagera tanto a la hora de proclamar a los cuatro vientos el meteórico ascenso de Ciudadanos, como en lo que se refiere a vaticinar tenebrosos horizontes para Podemos. En cuanto al partido liderado por el señor Rivera, es incuestionable que se consolida en la sociedad catalana y que también tiene mucho que decir en la política española en su conjunto. Dicho esto, sigue a una abismal distancia de los partidos nacionalistas y está muy lejos de alcanzar el techo que en su momento tenía el PSC. Y, en lo que se refiere a Podemos, me parece muy precipitado extrapolar los resultados de las elecciones catalanas a los que pueda obtener en las generales. Digamos que su discurso estaba en tierra de casi nadie, ni en el independentismo ni tampoco en todo lo contrario. Y, por otro lado, había otras candidaturas inequívocamente de izquierdas con las que tuvo que competir. Lo dicho, tanta precipitación a la hora de anunciar catástrofes para el partido de Pablo Iglesias puede ser en muchos casos más un deseo que un análisis casuístico.

Pero, por encima de valoraciones de urgencia, de sesgos que insultan a la inteligencia y de perogrulladas afrentosas, hay algo muy serio y hasta dramático en todo esto, y es el fracaso de España como nación en el momento mismo en que en un territorio como Cataluña existe un sentimiento de rechazo y hartazgo cada vez más crecientes y que roza la mayoría absoluta, también en número de votos. Para que ese fracaso no llegue a consumarse, lo que le toca a España es reconstruirse y reinventarse, a no ser que los grandes partidos se sigan resignando a vivir en una situación límite como la presente.

Tratándose, sin duda, de un problema que tiene un largo recorrido histórico, en el que Cataluña no se sintió ni conocida ni reconocida por el resto de España, lo que vino sucediendo en los últimos años no hizo más que agrandar y agravar el problema. En todo este proceso de desencuentros, todo el mundo fue colaborador necesario.

Pero, sea como sea, toca reconstruir el Estado, también en lo que a su vertebración territorial se refiere. Toca diálogo. Y tocan relevos, empezando por el PP. Porque hay que ser claros: esa diferencia exangüe y exigua de votantes que no están por la independencia no garantiza el modo alguno que se mantenga en el tiempo, si el inmovilismo continúa. Y ese diálogo y esos proyectos encima de la mesa no deben tener como destinatarios únicos a los partidos catalanes, sino también a la ciudadanía de ese territorio.

Toca altura de miras, toca enarbolar discursos mínimamente ilusionantes. En caso contrario, sólo cabe resignarse al fracaso de un país que no supo forjar un proyecto que convenciese a sus ciudadanos.

Toca, una vez más, lo que Ortega anunció en su memorable artículo de 1930: reconstruir España, reconstruir el Estado.

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Aquellos clamores contra la memoria (En torno al libro de Gerardo Iglesias)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-09-2015 | 01:59| 0

Gerardo Iglesias.

«La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido» (Milan Kundera).

«Los libros son la humanidad en tinta» (Arthur Schopenhauer)

 

¿Cómo no recordar aquel clamor de principios de la Transición que invocaba amnistía y libertad? ¿Cómo no asombrarse de la inconsciencia que aquello suponía? ¿Acaso se ignoraba que amnistía y amnesia comparten la raíz etimológica? ¿Cómo no desesperarse ante el hecho de que, en muchos casos, sin saberlo, se estaba pidiendo el olvido para la que acaso fue la mejor España que hemos tenido en nuestra historia contemporánea?

¿Nos podíamos permitir el lujo de olvidar a aquella España que había sido perseguida durante el franquismo, que, en muchos casos, tomó el camino del exilio y, en otros, sufrió aquí una brutal represión? Ni siquiera hace falta hablar de lo sucedido en la Guerra Civil, con las salvajadas que tuvieron lugar en unas y otras trincheras, con las consecuencias de una situación en la que no había ley. Aquí se trata de muy distinta cosa: de un Estado existente, vencedor de la contienda que reprimió, exterminó y expulsó a muchos compatriotas. Aquí se trata de dejar claro que no se puede seguir ocultando la historia.

Aquí se trata de un periodo histórico, el de la Transición, que no reconoció ni el dolor ni el sufrimiento de quienes tuvieron que abandonar su país, de quienes pagaron con la cárcel su disidencia, de quienes perdieron su vida luchando contra una de las dictaduras más largas de la pasada centuria. Aquí se trata de un periodo histórico en el que ni siquiera se respetaron en muchos casos las leyes vigentes a la hora de juzgar a los disidentes.

Y, por favor, no hablen de revanchismos y rencores cuando lo que se pretende es que no se oculten los atropellos y fechorías de aquel régimen político tenebroso y represivo. Y, por favor, hora va siendo ya de que la izquierda de siglas sea mínimamente respetuosa con sus grandes referentes históricamente hablando.

¿Cómo es posible, por ejemplo, que en lo que es hoy la sede del Parlamento autonómico no haya una sola placa que sirva de recordatorio a las víctimas de consejos de guerra que allí tuvieron lugar, entre ellas, al rector Alas? Esto lo sugirió hace más de un año Leopoldo Tolivar en un memorable artículo publicado en EL COMERCIO. Pero nadie quiere dejar constancia de ello. Mientras tanto, el presidente del parlamentín llariego no se da por enterado y prefiere deleitarnos con sus luminosas ocurrencias en materia sociolingüística. ¡Madre mía!

¿Cómo no recordar el momento en que regresó a España Sánchez Albornoz, emocionado al ver de nuevo el cielo de su país? ¿Había que perdonarlo a él por haberse comprometido con el saber y con la libertad a lo largo de toda su vida?

¿Cómo no tener en cuenta el sufrimiento de todas las personas cercanas a las víctimas del franquismo que, en muchos casos, ni siquiera conocen el lugar donde fueron asesinados sus seres queridos? ¿Eso es resentimiento?

No perdamos de vista algo muy grave: el olvido no es el asentamiento ideal de un modelo de país, de un modelo de convivencia. Un olvido, en efecto, cómplice. Siempre tendré presente la indignación que me produjo el entonces presidente del Senado español, el señor Rojo, cuando, en un acto de homenaje en París en 2004 a los republicanos españoles que fueron la vanguardia de la liberación de esa ciudad, ni siquiera tuvo el valor de hacer mención al Estado que ellos seguían defendiendo, es decir, a la Segunda República. Y es que, incluso a estas alturas, la palabra República sigue siendo anatema no sólo para los herederos del franquismo, sino también para muchos dirigentes del PSOE.

«La República no hace felices a los hombres; lo que les hace es, simplemente, hombres», pertenecen estas palabras a un discurso de Azaña pronunciado en Valencia el 4 de abril de 1932. Pues bien, hasta tal extremo hemos llegado que en algún libro de máximas se cita esta frase de Azaña con la particularidad de que no aparece la palabra República. En su lugar figura «libertad».

Olvido cómplice con el que hay que romper, por ética y por estética. Y, sin duda, el libro de Gerardo Iglesias contribuirá a ello.

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¿QUÉ ES ESPAÑA, SEÑOR RAJOY?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-09-2015 | 05:40| 2

«Hallábase una tarde en el banco azul el Presidente del Consejo, fatigado de un largo y enojoso debate, cuando se le acercaron dos señores de la Comisión para preguntarle cómo redactarían el artículo del Código fundamental que dice: son españoles los tales y tales… Don Antonio, quitándose y poniéndose los lentes, con aquel guiño característico que expresaba su mal humor ante toda impertinencia, contestó ceceoso: ‘Pongan ustedes que son españoles… los que no pueden ser otra cosa’» (Galdós. ‘Cánovas’).

Señor Rajoy, perdóneme mi exceso de sinceridad si le digo que es usted un presidente calamitoso también en elocuencia. ¿Es consciente del bochorno que nos hace pasar con sus perogrulladas? La última (o tal vez la penúltima) con que nos obsequió en la entrevista radiofónica en Onda Cero hablándonos acerca de lo que hay legislado en torno a la nacionalidad española fue de campeonato. Cuando tuve noticia de semejante patinazo, recordé ipso facto lo que Galdós dejó escrito en el último de sus ‘Episodios Nacionales’, en el que dedica a Cánovas y que don Benito escribió con tremenda desesperación. Resulta verdaderamente terrible lo que el artífice de la Primera Restauración pensaba de su propio país. De hecho, Azaña llegó a escribir que «nadie ha tenido de los españoles peor opinión que Cánovas».

Nos persigue una maldición tremenda, don Mariano, y es que seguimos sin saber qué es España y, por tanto, continuamos ignorando en qué consiste ser ciudadano español. Mire, un gran pensador español que no fue precisamente un revolucionario, Ortega y Gasset, se preguntaba con dramatismo en su primer libro esto que sigue: «Dios mío, ¿qué es España? En la anchura del orbe, perdida entre el ayer ilimitado y el mañana sin fin, bajo la frialdad inmensa y cósmica del parpadeo astral, ¿qué es esta España, este promontorio espiritual de Europa, esta como proa del alma continental? ¿Dónde está –decidme– una palabra clara, una sola palabra radiante que pueda satisfacer a un corazón honrado y a una mente delicada, una palabra que alumbre el destino de España?».

Sé que la metafísica no es lo suyo, pero tengo para mí que hay algo muy común en el reaccionarismo español al que usted pertenece de lleno, y que consiste en tener una pésima opinión sobre este país y su ciudadanía. De hecho, Cánovas, al que su patrón don Manuel Fraga tanto admiró, fue un caso notable de esto que le digo, lo cual me lleva a preguntarme si en España habrá alguna vez un conservadurismo civilizado que intente integrar a todos los heterodoxos que en este país han sido y siguen siendo.

Ante un problema aún sin resolver como es la vertebración territorial de este país, se puede reaccionar de muchas maneras; sin duda, las más contraproducentes serían la represión y también la inconsciencia. Lo primero espero que no lo haga nunca. En lo segundo, lleva incurriendo desde que Mas apostó por la vía independentista. A usted sólo se le ocurrió amenazar con las consecuencias de la secesión, e, insisto, en ningún momento tuvo a bien dirigirse a la ciudadanía catalana con un discurso convincente con vistas a un marco óptimo en el que Cataluña pudiera sentirse cómoda dentro de España.

Su torpeza con respecto al problema catalán se debe a que usted, siguiendo la tradición más ultraconservadora y carpetovetónica, no es capaz de articular un proyecto de país integrador y abierto. No se puede intentar convencer de las bondades y ventajas de un proyecto de país, cuando el susodicho proyecto no se tiene. He aquí el grave problema del reaccionarismo español que en usted alcanza dimensiones gigantescas. Grave problema que Azaña supo advertir, precisamente hablando de Cánovas: «Cánovas, político de realidades, ha creado el sistema más irreal de la historia española. La restauración proscribe el examen de las realidades del cuerpo español; no podía progresar dentro de sus líneas y se condenaba a la esterilidad; o si progresaba iba derecha a su propia destrucción». Pregúntese si esto es o no aplicable a usted, aquí y ahora.

El dictador Primo de Rivera dejó dicho que todo su saber en política lo había aprendido en el casino de Jerez. ¿La política es para usted aquella tarea que se hace a duras penas, descansando de ellas mediante perogrulladas? ¿La política y España son para usted tan sórdidas como los ripios de Cánovas, según Clarín?

Le dejo con Leopoldo Alas, don Mariano, en muy buena compañía:

«Cánovas ripia la vida como los versos. El ripio es, a su modo, una falsedad. Es lo opaco pasando plaza de transparente; es la piedra haciendo veces de pensamiento, la nada dándose aires de Creador. Ripiar la vida es llenar el alma de cascajo para hacerse hombre de peso… El estilo es el hombre; pero cuando el hombre es un barro cocido, el estilo es terroso».

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De egos y siglas: Carta abierta a Manuel Orviz
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-09-2015 | 05:42| 4

«La vida nos acorta la vista y nos alarga la mirada» (Juarroz).

Debo confesarle, señor Orviz, que, me dejaron perplejo sus declaraciones en la entrevista que publicó EL COMERCIO el día 20 de septiembre. Mire, para alguien que desconociese totalmente la realidad política asturiana e ignorase que llevan siendo ustedes la muleta del PSOE en Asturias desde 2003 a esta parte, sus planteamientos serían muy razonables. Lo malo, don Manuel, es que una realidad, avalada por doce años, echa por tierra lo más esencial de lo que usted afirma en la referida entrevista.

¿Acaso, señor mío, se puede soslayar que ustedes, en lugar de haber hecho un frente común con Podemos para forzar a Javier Fernández a que hiciese cambios de calado, lo que protagonizaron fue un apoyo, diría que incondicional, a la FSA? A resultas del susodicho apoyo, ahí está doña Belén Fernández, como diría ella misma, perseverando en las políticas que vino haciendo y que, en mucho casos, los tribunales se encargaron de parar.

¿Le parece a usted, señor Orviz, que alguien puede creerse que su coalición está contra la vieja política del bipartidismo? ¿Necesito recordarle que los consejeros de IU ni siquiera abandonaron sus sillones en el Gobierno de Areces cuando estalló el ‘caso Renedo’? ¿Necesito recordarle que su correligionario don Jesús Iglesias fue nombrado senador gracias a un pacto con el PSOE? ¿Hace también rememorar lo más reciente, es decir, que ustedes no se entendieron con Podemos y que apoyaron la investidura de Javier Fernández?

Mire, cuando hubo las primarias entre Llamazares y usted para elegir al candidato de IU en las elecciones autonómicas, incurrí en el error de creer que don Gaspar iba a ser más exigente con el PSOE a la hora de darle su apoyo. Los hechos demostraron que fue generoso y dócil con la FSA. Los hechos también confirman que usted no se manifestó en momento alguno en contra de ese apoyo.

Así las cosas, ¿qué credibilidad pueden tener ustedes en Asturias como abanderados de la nueva política, como juramentados contra el bipartidismo, como entusiastas portadores y valedores de un discurso antisistema?

Han elegido a la FSA como pareja de baile; de hecho, lo llevan haciendo desde 2003. Muy bien. Esto lo sabe el electorado que será quien decida qué confianza se han ganado. Pero, por favor, no pretendan que ese mismo electorado padezca una amnesia tal que le lleve a olvidarse en diciembre de todas las políticas que han venido siguiendo ustedes.

Mire, señor Orviz, el busilis no está ni en los egos ni en las siglas, sino en la insobornable realidad. ¿Cómo pueden pretender ustedes ir en una sola lista con Podemos y, al mismo tiempo, ser compañeros de viaje del PSOE?

No nos tome el pelo, se lo ruego. No son egos, no son siglas, son políticas, son apoyos, son realidades. Y, si tienen un problema de bipolaridad consistente en rechazar de boquilla el bipartidismo al tiempo que apoyan que el PSOE gobierne Asturias sin una presión de toda la izquierda, la de Podemos incluida, convendría que lo resolviesen cuanto antes si pretenden ganarse la credibilidad del electorado.

¿Por qué se refiere a egos y a siglas cuando de lo que estamos hablando es de conformismo y de entreguismo, cuando de lo que estamos hablando es de ser colaboradores necesarios para que la vieja política continúe en Asturias? ¿De verdad cree que saldrán ustedes ganando con semejante ceremonial de la confusión?

Aún están a tiempo, señor Orviz, de rectificar y de acordar propuestas conjuntas con Podemos en el Parlamento asturiano. Sólo de ese modo la vieja política podrá empezar a tambalearse en Asturias.

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FELIPE GONZÁLEZ: DEL ‘ESTILO ÉTICO’ AL ESPERPENTO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-09-2015 | 05:32| 0

«En el fondo, Felipe González Márquez era entonces, como casi todos nosotros, los de entonces que ya no somos los mismos, un joven con ambiciones, feliz consigo mismo y, como casi todos, indocumentado, lleno de lagunas que se suplían con vehemencia y fe en el futuro. … Felipe González era, en suma, ‘un estilo ético’. Y en esas tres palabras se reconciliaba toda una memoria histórica que hasta ese momento no era más que nostalgia y melancolía, desde los tiempos de la Ilustración hasta la II República, desde la tristeza del 98 a la muerte del general Franco». (J. J Armas Marcelo).

Increíblemente cierto: en 1982, Felipe González parecía un epítome del político que, ante todo, atesoraba algo tan valioso como una carga ética tan convincente como invencible. De hecho, Víctor Márquez Reviriego publicó un libro aquel mismo año, el de la irrepetible victoria de González, que tenía por título: ‘Felipe González. Un estilo ético’. ¡Madre mía! Lo más terrible del caso no es sólo que hayamos sido tan ingenuos muchos de los que vivimos aquello. Lo peor de todo es que, en la trayectoria de este personaje, se observa que pasó de ser todo un referente de lo que venimos diciendo a convertirse en una especie de caricatura de sí mismo, en un esperpento que desfigura la imagen anterior hasta límites aterradores.

Miren, no siento la más mínima admiración por Nicolás Maduro ni tampoco por su demagógico y circense antecesor. Añadiría que se cumple una vez más la regla de que la copia es peor aún que el original. Y, desde luego, no es de recibo bajo ningún concepto encarcelar a un político opositor. Semejantes prácticas dan cuenta de que en Venezuela no hay las más mínimas garantías democráticas.

Dicho esto, no acierto a explicarme el patinazo de Felipe González al haber afirmado que en el régimen de Pinochet se respetaban más los derechos humanos que en la Venezuela actual. ¿A cuento de qué necesita González comparar a Maduro con el tirano chileno para criticar al sucesor de Chávez, que hace méritos por sí mismo para dejar muy patentes tanto su histrionismo como su nula credibilidad democrática? ¿Cómo es posible que al ex presidente del Gobierno español no le abochorne mentar siquiera a un dictador que se impuso por la sangre y que llevó a cabo una represión brutal hasta el momento mismo que abandonó el poder? ¿Cómo puede atreverse González a faltar al respeto de forma tan imperdonable a Salvador Allende, principal víctima del verdugo chileno?

¿Qué le pasa a Felipe González? Porque, si de Venezuela hablamos, insistiendo en lo rechazable que resulta el chavismo tanto en lo ético como en lo estético, no podemos olvidar que el político andaluz fue muy amigo de un dirigente venezolano corrupto como Carlos Andrés Pérez, que, como González, tampoco se arredraba a la hora de declararse de izquierdas.

¿Qué se hizo de aquel Felipe González que, en su irrepetible campaña del 82, tenía como referencia de cabecera a Manuel Azaña y que decía defender el legado moral de un partido que acababa de cumplir su primer centenario? ¿Qué tiene que ver aquel personaje con el actual consejero de grandes empresas, amigo de personajes que atesoran enormes fortunas que jamás hubieran sido admirados por Pablo Iglesias?

¿Cómo es posible haber pasado del estilo ético al esperpento? ¿El estilo ético era el abrazo aristocrático que se produjo en su etapa como presidente del Gobierno? ¿El estilo ético tiene algo que ver con recomendar muy solemnemente que se alargue la edad de jubilación? Claro, lo sugiere alguien que nada en la abundancia económica y que parece que ya no tiene amigos pobres, aunque se siga declarando socialista de pro.

¿Nadie se atreverá a decirle que, salvo excepciones, cada vez que habla en público abochorna a todos, especialmente a su propio partido? ¿Nadie se atreverá a pedirle, al menos, discreción y prudencia?

Caricatura de sí mismo, digo, que, según parece, ha creado una fundación para que su ego se sienta aún más satisfecho. Deriva la suya que pasó, repito, del estilo ético, que aparentaba al esperpento que ahora representa.

Lo tengo escrito muchas veces: lo mejor que se puede decir de González es que no quiso marcharse de la política como Azaña, al que la derechona sigue odiando infinitamente, y, al final de su trayectoria pública, recuerda –mutatis mutandis– a Lerroux, a aquel personaje tan odiado por el PSOE que empezó en el radicalismo ideológico y que terminó su ciclo político enfangado por la corrupción y desprestigiado por una deriva que lo llevó al reaccionarismo.

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Viga azul: Un equipo vulnerable
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Luis Arias Argüelles-Meres | 20-09-2015 | 19:05| 0

¿Por qué no juega Nacho López, si Fernández tuvo más errores que aciertos desde que empezó la liga? ¿Por qué la defensa del equipo no deja de mostrarse vulnerable y, a resultas de ello, ya se cosecharon dos derrotas, sin perder de vista tampoco el hecho no haber ganado al Lugo, así como la suerte que tuvo el Oviedo frente al Albacete, al que se le ganó sin convencer del todo?

A estas alturas, todo el mundo tiene que ser consciente, empezando por el entrenador y los jugadores, de que toca ya apuntalar la defensa, de que no se puede seguir siendo un equipo tan vulnerable. Creo y quiero creer que la plantilla tiene la calidad suficiente para corregir esto y para encontrar un estilo de juego acorde con las características del equipo.

No, no se puede seguir así. No es de recibo que una desgracia como un penalti, tal vez un tanto riguroso, dé al traste con un partido que empezamos ganando con claridad. Es una perogrullada, lo sé, pero hace falta sosiego. Lo que ocurre es que ese aplomo tan imprescindible no podrá conseguirse mientras la defensa deje flancos abiertos para que el rival pueda hacer daño. Y, desde luego, ya no vale mantener la misma alineación e idéntico estilo de juego esperando que nos toque la lotería, esto es, que el equipo contrario resulte inofensivo en las ocasiones de peligro que se le faciliten gratuitamente.

No hay que ser alarmistas, no es eso lo que toca. El equipo atesora calidad y hay jugadores que tienen muy demostrado que son capaces de remontar y de ganar un partido con acciones individuales. Pero tampoco hay que conformarse con eso, hace falta una hoja de ruta, un libro de estilo en el que el Oviedo debe conocerse y reconocerse. Y, mientras esto no se consiga, seremos un equipo vulnerable.

Tampoco sirve escudarse, ni excusarse, en la mala pasada que supuso la lesión de Borja Valle nada más meter el gol. Hay una plantilla lo suficientemente amplia para responder con solvencia ante un revés con el que hay que contar en cualquier caso.

De verdad, hay que ir más allá de santiguarse cada vez que el balón llega a las proximidades del área del Oviedo. De verdad, si hay jugadores que, por las razones que sea, no responden a lo que de ellos se espera, lo que toca es dar oportunidad a otros futbolistas que hasta ahora respondieron con solvencia. Hablo sobre todo, del defensa Fernández. Y, en menor medida, podría apuntar también a Peña. Pero, sobre todo, al primero.

Se impone tomarse en serio la necesidad de corregir fallos que se vienen sucediendo en la práctica totalidad de los partidos que llevamos de competición. Y lo que toca no son excusas, sino soluciones, convencimiento de que las cosas no pueden seguir así.

Insisto: no hay que ponerse en lo peor, el pesimismo no debe apoderarse de nosotros. Dicho lo cual, tampoco vale conformismo alguno, tampoco vale seguir como si nada hubiese pasado.

El Oviedo, en su línea defensiva, tiene que dejar de ser vulnerable.

No queda otra.

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Recuerdos de Oviedo: Desde el Naranco
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Luis Arias Argüelles-Meres | 20-09-2015 | 09:19| 0

«Millares de siglos antes de existir Oviedo, el Naranco ya era ovetense. Cuando el hombre de Oviedo sintió viva y punzante su ansia de inmortalidad, se fue a la montaña, le dio una gran puñalada en un flanco y sacó de sus entrañas bloques de piedra; los bajó al poblado, y, con ellos, delicados artífices, llenos de fe, expresaron sus ansias inmortales en la filigrana magnífica de la Catedral» . ( Valentín Andrés Álvarez).

 

Nadie puede ponerlo en duda: Oviedo se hace y rehace de continuo teniendo presente en todo momento que su atalaya no es otra que el Naranco. Oviedo se agarra y se agarró siempre al Naranco, como se sujeta el niño a las faldas de su madre, implorando cariño y protección. Oviedo es impensable e inconcebible sin el Naranco. Oviedo espera ser vista y contemplada desde el Naranco. Sin esa ojeada, nuestra ciudad no sólo no puede ser conocida, sino que ni siquiera le cabe aspirar a ser reconocida. El Naranco, toda la épica y toda la lírica de Oviedo.

MARIO ROJAS

 

¿Qué ovetense no se asomó a su ciudad desde el Naranco? ¿Qué ovetense no buscó sus rincones desde esta atalaya? ¿Qué ovetense no lo relativizó todo gracias a la perspectiva que proporciona semejante vistazo a la geografía e historia más personales?

La primera vez que contemplé Oviedo desde esta atalaya predilecta fue asomándome a la ciudad muy cerca de Santa María del Naranco. La vista caminaba muy despacio. Buscaba las calles y, al mismo tiempo, se detenía en los tejados de los edificios más altos. La mirada resbalaba por las torres, sin vértigo, con delectación morosa, sin prisas. Todo empequeñecido, todo avistado a la distancia suficiente para hacerse una idea muy distinta de las personas y las cosas. Y, en algún momento, aparecía el suspiro, recordando algo, ansiando algo, rescatando algo. Todo un itinerario de búsquedas, tan sorprendente como caprichoso. Toda una terapia de recordatorios y anhelos. Toda una oxigenación frente a las servidumbres que pueblan y atenazan cada instante de nuestras vidas.

Estoy por asegurar que la mirada de la que les vengo hablando resulta tan balsámica que impide incomodidad alguna a las personas que padezcan vértigo, porque se produce algo verdaderamente mágico como es el hecho de que es la mirada quien viaja por los rincones de Oviedo, mientras que el cuerpo se ausenta a la espera de tan necesario viaje por tantos y tantos lugares de nuestra ciudad.

Y es que, miren ustedes, el Naranco, sin duda, forma parte de todas y cada una de las biografías de todos los ovetenses. Y no sólo en lo que se refiere a episodios iniciáticos en los que ustedes pueden estar pensando, sino también en esos momentos de soledad en los que se detienen los relojes y lo que toca es mirar, contemplar, reinventarse, contarse cada quien y cada cual a sí mismo.

Y es que, miren ustedes, no deja de ser significativo que en el Naranco se den cita monumentos de la envergadura de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, monumentos que dan cuenta de un momento histórico de referencia en el que Asturias incurrió en un universalismo al que supo darle expresión artística de manera envidiable.

Y es que, al hilo de esto último, fíjense ustedes, el acompañamiento de los citados monumentos hace que se pueda disfrutar del presente con la compañía de un pasado glorioso, al menos artísticamente hablando.

Y es que, miren ustedes, el Naranco no es sólo el pulmón de Oviedo en lo que se refiere a que resulta pintiparado para hacer la ruta del colesterol, para pasear con tranquilidad o para correr, es decir, para un largo repertorio de lo que hoy se conoce como hábitos saludables, sino que por añadidura sirve para darse un paseo de siglos por la historia que, al propio tiempo, nos permite acudir a nuestro propio pasado más inmediato buscándonos en esa calle o en esa casa que tanto protagonismo pueden tener en nuestras vidas.

Pasado glorioso legendario, pretérito imperfecto más cercano, presente histórico de más amplio recorrido y futuro que se puede ir avistando entre nieblas o entre humos que se otean. Todos los tiempos en una sola geografía. Toda una biografía que despliega tiempos propios y ajenos. Toda una suerte replegada y desplegada de prodigios.

¿Cómo no recordar los ventanales de la cocina del ático tercero derecha de la calle Toreno número 5 en el que viví con mis padres desde 1973 hasta 1985, ventanales desde donde se veía sin obstáculos la cara del Naranco en la que Oviedo siempre quiso encaramarse y encamar no pequeña parte de sus sueños?

¿Cómo no recordar la sidra espalmando en el vaso en el momento mismo en el que mi mirada vivía un recreo impagable proyectándose hacia determinados rincones de mi Oviedo desde la terraza de un merendero en el Naranco? ¿Cómo no recordar tantas y tantas lunas por encima del Naranco vistas desde las calles de Oviedo en noches oníricas sin prisa?

Mirada desde el Naranco, la que proyectó en su día, en un arranque de amor a Oviedo, don Cándido García Riesgo, sin duda, el mejor concejal de Educación que tuvo esta ciudad desde la transición política a esta parte. Mirada desde el Naranco viéndonos a nosotros mismos todos los ovetenses.

Miradas desde el Naranco y, en la misma proporción, miradas proyectadas hacia el Naranco desde el hondón de nosotros mismos, desde el meollo del Oviedo más entrañable y genuino.

Mirada desde el Naranco, avistamiento y entendimiento de nosotros mismos y de nuestra ciudad. Y, a propósito de entendimiento, vuelvo a Valentín Andrés Álvarez, al escritor que pensó Asturias con deslumbrante precisión, tal y como muestran y demuestran las palabras que siguen: «Avilés, Oviedo y Gijón forman el triángulo central en que se plasma el espíritu de la región: son las tres potencias del alma de Asturias: Avilés, la memoria; Oviedo, el entendimiento, y Gijón, la voluntad».

Oviedo, así pues, entendimiento y clarividencia. Entendimiento y clarividencia que tanto deben a su formidable atalaya, esto es, al Naranco.

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En el 50º aniversario de Alejandro Casona
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-09-2015 | 09:49| 0

«Irse es como sustituirse por el recuerdo, y puede ser peligroso» (Alejandro Casona).

«He huido tanto, que necesito contemplar el mar para poder evocar el temblor de tu boca» (Lorca).

Madrid, 17 de septiembre de 1965, muere uno de los grandes dramaturgos del siglo XX de nuestra literatura. Muere Alejandro Casona. Tres años antes había regresado a Madrid tras un largo periplo por el exilio. Se habló mucho de lo que supuso su regreso a una España que, como dijera de sí mismo Max Aub, ya no era la suya. Se habló mucho de todo lo relacionado con el estreno de ‘La dama del alma’ en Madrid, en 1962, bajo la dirección de José Tamayo. Pero, en todo caso, la trayectoria de Casona como escritor ya estaba más que consolidada. Pero, en todo caso, nos encontramos ante una obra teatral en el que toda la poética de Asturias es omnipresente. Pero en todo caso estamos hablando de una obra dramática de extraordinaria importancia en un tiempo en el que el género vivió días de gloria con autores como Benavente, Valle-Inclán y Lorca.

La niebla que se posa mansamente en los ríos, como miles de telarañas desplegadas con un hechizo visual que es pura magia. La muerte que, a pesar de todo, no puede dejar de rendir tributo a toda la poética que rodea a sus víctimas en el universo literario de Casona. La noche, con su misterio y abismos. El alba, neblinosa y melancólica. La poesía que recorre de principio a fin una obra de un calado onírico tan intenso como es ‘La casa de los siete balcones’, donde los sueños son poesía, donde los silencios son clamores que buscan otras vidas posibles, donde el día a día es una trampa que esconde tesoros y vibra bajo historias de amor estremecedoras y tórridas que ni siquiera reparan en las sordideces que intentan solaparse.

El teatro, sí, el teatro, al que la República convirtió también en aula itinerante gracias, entre otras cosas, a las ‘Misiones pedagógicas’ en las que tanto protagonismo tuvo Casona. El teatro, sí, el teatro, que también tenía que servir para despertar conciencias, para agitar espíritus y para escenificar la importancia del saber.

Las etiquetas literarias, esos adhesivos supuestamente didácticos, que simplifican siempre en exceso, sitúan a Casona entre los principales referentes del llamado «teatro de evasión». No es éste el momento de dilucidar al respecto, pero resulta obligado advertir que, con ello, no se define lo verdaderamente genuino de una obra teatral que, en su conjunto, va mucho más allá de eso y alcanza una calidad más que notable, jugando con lo onírico y lo poético de forma realmente admirable.

¿Qué razones puede haber para que la Asturias oficial no se haga eco de este aniversario de la muerte de su mejor dramaturgo contemporáneo? ¿Qué razones se pueden esgrimir para que la casa de Besullo, la de los siete balcones, no esté dignamente restaurada y no sirva, entre otras cosas, como parada y fonda que rinda homenaje al gran dramaturgo que la inmortalizó?

¿Qué pretextos cabe alegar que justifiquen el olvido y abandono de un occidente asturiano que, además de haber sido uno de los principales viveros del republicanismo español, sigue teniendo un potencial enorme a pesar de la sordera, ceguera y mudez de los máximos representantes de nuestra vida pública? ¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué se prolongará esta amnesia nociva y culpable contra lo mejor que hemos tenido, esto es, contra la mejor Asturias?

¿Se puede tolerar que no haya un solo discurso en la Asturias oficial que haya hecho mención siquiera a Casona en el 50º aniversario de su muerte?

Ruina, en la que se encuentra la casa de los siete balcones. Orgullo e indignación vivo el eco del grito de Hilda Farfante, hija de maestros que se hizo eco de todos los clamores que muchos lanzamos contra la desmemoria, tan culpable como cobarde e interesada. Desmemoria que la Asturias oficial, socialista de siglas, sólo de siglas, no abandona.

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