El Comercio
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¿Es Moriyón el mayor problema de la izquierda asturiana?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-07-2017 | 02:49| 1

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Leo la encuesta que publica EL COMERCIO en la que 6 de cada 10 votantes de izquierda en Gijón rechazarían que la actual regidora de la ciudad fuese apartada de la Alcaldía tras una moción de censura. El dato resulta ciertamente curioso, si se tiene en cuenta que la falta de acuerdo entre las fuerzas de la izquierda tras las elecciones de 2015 provocó un clima muy enrarecido que continúa en el ecuador del mandato. Y, por otro lado, se pone de manifiesto en la referida encuesta el descontento de parte importante de los votantes de la izquierda con la gestión que han venido haciendo estos partidos en el Ayuntamiento de Gijón.

No obstante, ante todo, hay que preguntarse si, en verdad, es Carmen Moriyón el principal problema no sólo de la izquierda en la ciudad de Jovellanos, sino en el ámbito asturiano. Y hay que hacerlo, entre otras cosas, porque el propio Javier Fernández, actualmente en retirada, no hace mucho que planteó un pacto entre las fuerzas de la izquierda llariega que contemplase la moción de censura contra la Alcaldesa de Gijón. Y, cuando puso tal cosa sobre la mesa, volvió a reiterar que no se olvidase que Moriyón representaba a la derecha más rancia.

Ciertamente, la trayectoria de Álvarez-Cascos es inequívoca desde el punto de vista ideológico, lo que no es óbice para tener en cuenta que, en el momento en que creó su partido, hubo personas que se sumaron a él, que ni eran profesionales de la política ni tampoco habían acompañado al ex ministro de Aznar en anteriores etapas, entre estas personas, destaca claramente la doctora Moriyón.

Y habría que preguntarse si las políticas llevadas a cabo por la regidora desde 2011 al frente del Consistorio gijonés estuvieron marcadas por un sesgo ideológico de extrema derecha, y si, de ser Alcalde José María Pérez, habría otras políticas más sociales y avanzadas.

Sería muy interesante recordar que en Oviedo fue posible un pacto entre las tres formaciones de izquierdas, pacto que llegó a pesar de las directrices de la FSA, pacto que se alcanzó  gracias a la generosidad de Ana Taboada, que, encabezando  la lista más votada de la izquierda carbayona, decidió darle la Alcaldía a Wenceslao López evitando así la continuidad del gabinismo en el Ayuntamiento de Oviedo.

Y es que –perdón por la perogrullada- aunque José María Pérez y Wenceslao López pertenezcan al mismo partido, sus trayectorias son completamente distintas, pues el actual regidor de Oviedo no es un profesional de la política, y encabezó la lista del PSOE en Oviedo sin apadrinamiento alguno de la FSA.

Por otro lado, Xixón sí puede se negó desde el primer momento a apoyar al señor Pérez, a resultas de que don José María es un inequívoco representante, cuestiones generacionales al margen, de la vieja política.

Termino el artículo con dos preguntas básicas.

¿Carmen Moriyón representa de verdad a la derecha más rancia? ¿Es de izquierdas José María Pérez en algo más que en las siglas de su partido?

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¿La hora de la izquierda en Asturias?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-07-2017 | 01:37| 0

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El primero en proponer  un pacto entre los partidos de izquierda en Asturias fue Javier Fernández en un pleno en la Junta. Luego, el coordinador general de IU llariega remitió una carta a Podemos en la que planteaba que, juntos, tenían el mismo número de escaños en el parlamento autonómico. Y, por último, Daniel Ripa deja claro en su respuesta a IU que Podemos no confía en la FSA, al tiempo que invita a la coalición de izquierdas a un proyecto político para Asturias que apueste contra el inmovilismo y las inercias.

Así las cosas, el guion se está cumpliendo en el sentido de que es casi impensable que haya en Asturias  un acuerdo entre las tres fuerzas políticas que se reclaman de izquierdas. Cierto es que nunca tuvieron las izquierdas una mayoría tan amplia en el Parlamento asturiano. Algo que, curiosamente, nos hace recordar que, en 2011, las derechas en Asturias  contaban con una amplia mayoría en la Junta y, sin embargo, no hubo entendimiento posible. O sea, se repite la historia pero al revés. Y ya se sabe lo que pasó en las elecciones anticipadas de 2012.

De todos modos, sorprende que Javier Fernández haya hecho esa propuesta, cuando tiene plena constancia de que es prácticamente inviable, no sólo por su falta de entendimiento con Podemos, sino también porque IU ya no espera que pueda llegar a acuerdos con el actual Gobierno asturiano. De ahí que esta coalición le haya planteado a la formación morada una postura común para negociar con el PSOE. A este respecto, habría que preguntarse por qué no hizo eso desde el inicio mismo de la Legislatura.

¿La hora de la izquierda en Asturias? No deja de ser llamativo que Javier Fernández, tras haber anunciado que no se presentará a liderar la FSA, haya hecho semejante propuesta, como si no hubiese pactado los presupuestos con el PP, como si no se sintiera derrotado por el resultado de las primarias de su partido en mayo.

Por su lado, IU, sin decirlo explícitamente, está haciendo autocrítica al reconocer que su apoyo a Javier Fernández para que formase Gobierno no sirvió para que algunas de sus condiciones se hubiesen respetado.

Y, en cuanto a Podemos, está claro que su proyecto político se encuentra a años luz de Javier Fernández.

¿La hora de la izquierda en Asturias? ¿Es de izquierdas la FSA que aún lidera Javier Fernández en algo más que en sus siglas? ¿En IU, hay disposición para dejar atrás el tiempo en el que fue la muleta del PSOE? ¿Y Podemos está dispuesto a renunciar a sus postulados contra el bipartidismo y la vieja política?

No, salvo sorpresas mayúsculas, no es la hora de la izquierda, si por tal cosa se entiende una especie de gobierno llariego tripartito.

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Referéndum unilateral en Cataluña
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-07-2017 | 03:40| 0

Tras el cese de un miembro del Gobierno catalán, que, según parece, puso en duda que, al final, el referéndum independentista llegase a celebrarse, se hace público que el resultado del plebiscito será vinculante al margen de que haya un menor o menor grado de participación. Así pues, tras el verano, si se cumple el guion de los independentistas, tendremos un referéndum unilateral.

Ante ello, más allá de las cuestiones jurídicas, parece que los partidos estatales, sobre todo el PP, siguen sin dar acuse de recibo ante un problema político de envergadura. Mientras tanto, hay una realidad incontestable como es el incremento del independentismo en Cataluña desde que el Tribunal Constitucional invalidase el Estatuto que la ciudadanía catalana refrendó en 2006.

Los dos grandes partidos estatales son en no pequeña parte causantes del auge del independentismo en Cataluña. Y, siendo obvio que no hay vuelta atrás posible, no se puede decir que hayan hecho mucha pedagogía política en los últimos años para cambiar las cosas.

¿De verdad alguien puede creerse que el auge del independentismo en Cataluña sólo puede resolverse apelando a la ilegalidad del referéndum que se ha convocado? ¿No quieren ser conscientes los partidos estatales, sobre todo el PP, de que se perdió desde hace unos cuantos años aquella ‘conllevancia’ de la que hablaba Ortega entre España y Cataluña, entre Cataluña y España?

Tal y como están las cosas, se diría que el asunto se pretende ventilar con argumentos en contra de los partidos independentistas y de sus líderes, cuando el verdadero y grave problema está en que la ciudadanía catalana nunca estuvo tan desvinculada de España.

Volvamos a Ortega, al Ortega que planteó, siguiendo a Renan, que un país era «un sugestivo proyecto de vida en común». Pues bien, para gran parte de la ciudadanía catalana, su pertenencia a un país llamado España ha dejado de ser tal cosa.

Ante ello, lo que toca, además de otras cuestiones, es que los partidos estatales hagan el esfuerzo de intentar convencer a la ciudadanía catalana de que es posible ese sugestivo proyecto de vida en común.

Pero la realidad que tenemos delante es muy distinta: un referéndum unilateral, que, con independencia de que sea o no legal, puede generar aún más desapego y frustración.

Mientras tanto, el Gobierno español se escuda en el marco legal, sin proponer a esa ciudadanía catalana, cada vez más alejada de España, nada que pueda resultar convincente.

Insisto: el busilis del asunto no está en los dirigentes políticos catalanes, sino en la ciudadanía de ese territorio, a la que nada se le ha propuesto desde el ámbito estatal.

¿Es esto de recibo?

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IU Y SUS SEÑAS DE IDENTIDAD
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-07-2017 | 03:55| 0

Gaspar Llamazares vota en la sede de la organización en la plaza de la Catedral de Oviedo.

La militancia de IU en Asturias acaba de pronunciarse en un referéndum en el que se preguntaba si la coalición de izquierdas debería preservar sus señas de identidad.  Lo cierto es que, más que un refrendo, parece una pregunta retórica, pues, si se milita en una formación política, se da por hecho que se pretende que tenga y mantenga principios, siglas y proyectos.

En todo caso, sí que puede ser conveniente que tanto la militancia como los dirigentes de IU hagan balance y autocritica, recordando, entre otras cosas, que la referida coalición se gestó en gran parte por la oposición a la entrada en la OTAN, así como por la crisis del PCE, cuando Carrillo y Gerardo Iglesias tenían enfrentamientos continuos.

Transcurrieron desde entonces muchos años. Hubo una etapa en el que la coalición estuvo liderada por Anguita, tiempo en el que los descontentos generados por los sucesivos Gobiernos de Felipe González no repercutieron en un aumento del votos para IU, tiempo en el que a Anguita se le descalificaba considerándolo un iluminado y un dirigente fuera de su tiempo, tiempo en el que IU no fue una muleta para el PSOE.

Tras esa etapa, las cosas cambiaron mucho, y, en Asturias, IU pasaría a convertirse en una especie de muleta del PSOE. Y fue muy significativo el momento en el que, tras el estallido del caso Renedo, los consejeros de la coalición que estaban en el último Gobierno de Areces no dimitieron. Poco tiempo más tarde, en las elecciones adelantadas en 2012, volvieron a apoyar al PSOE, esta vez sin entrar en el Gobierno. Y, en 2015, en la segunda votación de investidura tras las elecciones, IU, de la mano de Llamazares, fue el pilar para que Javier Fernández pudiera formar Gobierno.

Con el 15-M y la irrupción de Podemos, a IU le tocaba elegir entre la nueva y la vieja política. Y, en el caso de Asturias, está claro que optaron por la segunda, que se entendieron mejor con Javier Fernández que con la formación morada.

La coalición electoral que se formó a nivel estatal entre Podemos e IU tuvo un difícil encaje en Asturias. Si a eso le añadimos que, llegado el momento, Javier Fernández pactó los últimos presupuestos con el PP, hay algo que no cuadra en IU, no resultando nada fácil presentar su apoyo al PSOE llariego como algo coherente.

La coalición, para sobrevivir, tiene que evitar, por una parte, ser la muleta del PSOE y, por la otra, que la fagocite Podemos. Sin duda, la encrucijada no es pequeña. Pero en esta coalición sigue habiendo dirigentes y militantes con capacidad discursiva y con proyecto. Lo que hace falta es que se les oiga y se les escuche. Y, sobre todo, que no olviden que vienen de un descontento social para el que siguen sobrando los motivos.

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¿Volver a empezar?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-06-2017 | 22:28| 0

En la toma de posesión de Fernando Lastra como nuevo consejero de Infraestructuras, Javier Fernández se lamentó de la mezquindad de quienes ni siquiera esperan un tiempo prudencial para valorar una gestión que aún no empezó. La duda es un beneficio que no siempre se concede. Pero, al mismo tiempo, el consejero de Presidencia y portavoz del Gobierno de Asturias declara que se remitirá a las fuerzas de izquierdas del Parlamento autonómico un documento en el que se concreta esa oferta de acuerdos que planteó don Javier en el último Pleno de la Junta.

Por su parte, el coordinador de IU declara haber remitido un documento a Podemos encaminado a forzar un giro a la izquierda en las políticas del Gobierno asturiano. Lo llamativo del caso es que da la impresión de que, sobre el papel, se pretende retomar un diálogo entre las fuerzas de izquierdas que o bien no hubo hace dos años, o bien fracasó estrepitosamente.

Desde luego, nunca es tarde para alcanzar acuerdos, si bien no es fácil aventurar que todas estas iniciativas cristalicen, entre otras cosas, por la falta de sintonía y de credibilidad entre las tres fuerzas políticas de las que venimos hablando.

En el momento mismo en que se cumple la mitad de la legislatura, se diría que, aparentemente, se escenifica un ritual de «volver a empezar», del que, a priori, no cabe esperar grandes cambios con lo que vino aconteciendo hasta el momento.

Si Javier Fernández pone de manifiesto que su paciencia tiene un límite, si Llamazares proclamó «con solemnidad» su política de oposición al Gobierno autonómico, si Podemos no tiene ninguna confianza en el Ejecutivo asturiano, lo previsible es que todo esto se quede en una declaración de intenciones que, andando el tiempo, generará reproches por parte de todos.

Lo cierto es que el número de escaños que suman Podemos e IU en el Parlamento es el mismo que tiene el PSOE, y que, con esa realidad sobre la mesa, se pudo haber negociado mucho antes. Pero no hay que olvidar que tampoco hubo un gran entendimiento entre Podemos e IU en el arranque de la legislatura. De hecho, Llamazares apoyó, en segunda votación, a Javier Fernández, mientras que la formación morada se abstuvo. Y ambas fuerzas no negociaron, como ahora propone Argüelles, una postura común para ponérsela sobre la mesa al PSOE asturiano.

Y, en todo caso, declaraciones aparte, no parece fácil que ese entendimiento entre las fuerzas de la izquierda se llegue a hacer realidad.

Mientras tanto, la soledad del Gobierno de Javier Fernández es cada vez más sonora.

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¿Javier Fernández se atrinchera?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-06-2017 | 01:45| 0

La FSA confirma la celebración del 32 Congreso Autonómico para los días 29 y 30 de septiembre y 1 de octubre

No deja de ser paradójico que Javier Fernández, al mismo tiempo que proponía un pacto de las fuerzas de izquierda basado en siete posibles acuerdos, resolviese la última dimisión de su Gobierno nombrando a uno de sus más fieles colaboradores. Y, a decir verdad, todo parece indicar que el actual Presidente de Asturias se atrinchera no sólo frente a la oposición política, sino también ante la nueva etapa que se abre en su partido tras las últimas primarias en las que se reeligió al secretario general.

Y, por otra parte, ante las semblanzas que se están escribiendo sobre la consejera dimisionaria y su sustituto, lo que más llama la atención, lisonjas aparte, es que, por un lado, no se haga balance de la gestión de doña Belén y que, por otro lado, se dedique mucho espacio a la trayectoria de Lastra que a los retos que tiene por delante su consejera. Tales ausencias pueden obedecer al hecho de que ya estamos ante el final de un periodo en el que, más que los balances, lo que en verdad tiene peso son las incertidumbres.

La ex consejera en todo momento fue fiel a sí misma y se caracterizó, sobre todo, por adoptar una postura de defensa férrea de una gestión que siempre tuvo flancos y frentes que, sin embargo, no la llevaron nunca ni a la autocrítica ni tampoco a la rectificación. Rocosa y resistente doña Belén, con decisiones muy arbitrarias y laxas en asuntos medioambientales, que hacían albergar muchos temores ante los poderes que concentraría en su persona en ese proyecto de la Asturias metropolitana.

Y, en cuanto a Fernando Lastra, a quien no se le puede negar su habilidad como buen parlamentario, así como sus capacidades organizativas, todo parece indicar que su papel será mucho más político que técnico y que su presencia en el Gobierno autonómico servirá para que don Javier se sienta más reforzado en su última etapa.

Javier Fernández, pues, se atrinchera, sabedor de que, en lo que toca a su gestión al frente del Gobierno asturiano, no le tocará sufrir embestidas por parte de las personas que están al frente del partido. Sabedor también de que tendrá que tragarse muchos sinsabores en el día a día, sinsabores que tendrán que ver con el continuo flujo de noticias acerca del “caso Hulla”, que tendrán que ver con la polvareda mediática que se levante cuando se conozcan las sentencias del llamado caso Renedo, que tendrán que ver con las planteamientos de la nueva dirección socialista que colisionan con sus convicciones más arraigadas en materia de política territorial.

Todo ello tras la convulsa etapa al frente de la gestora del PSOE, todo ello tras la caída de uno de los principales mitos de la FSA, esto es, de Maese Villa.

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¿GIRO A LA IZQUIERDA O CEREMONIA DE LOS ADIOSES?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-06-2017 | 14:08| 0

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¡Cuánto daría de sí un análisis perspicaz del lenguaje gestual de Javier Fernández en el último pleno de la Junta! Mientras, hacía su propuesta de «pacto de izquierdas», planteando un número de acuerdos nemotécnico, esto es, siete, faltaban pocas horas para que se hiciese pública la ‘dimisión’ de Belén Fernández y para que uno de sus hombres de máxima confianza pasase del Parlamento al Gobierno, o sea, Fernando Lastra, que se encargará de la consejería a la que le toca gestionar los asuntos medioambientales y las infraestructuras. Seguro que su pulso no temblará.

Atrás se quedó la etapa al frente de la gestora del PSOE. Atrás se quedaron también aquellos años de vino y rosas en los que en la FSA las discrepancias, como mucho, eran anecdóticas. En el momento presente, la militancia socialista asturiana se pronunció mayoritariamente en contra de la candidatura preferida de don Javier. Otro PSOE, pero, sobre todo, otro tiempo.

Y, en esa cuenta atrás nunca reconocida explícitamente, don Javier fue fiel a sí mismo, repitiendo su voluntad de pactar con las fuerzas de la izquierda asturiana, aun a sabiendas de que el entendimiento con Podemos es poco menos que imposible, aun a sabiendas de que, a pesar de la buena voluntad de Llamazares, hay cosas que la coalición de izquierdas no puede apoyar.

Vayamos, telegráficamente, a los siete pactos: presupuestos, fiscalidad, regeneración, área central, demografía, política estatal y la situación en el Ayuntamiento de Gijón. En cuanto al primero, hay una experiencia reciente de fracaso; sobre la fiscalidad, lo acordado con el PP acerca de la rebaja del impuesto de sucesiones hace difícil considerarlo viable. Sobre la llamada área central, habría que ser más ambiciosos, buscando un pacto más amplio, y no perder de vista que tal cosa no podría acarrear el abandono de las restantes comarcas. En el asunto demográfico, el declive es imparable en los últimos años y habría que concretar si existe un proyecto más allá de declaraciones retóricas. ¿Y qué decir en torno a la regeneración de la vida pública? Habría que preguntarse hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente en asuntos como las puertas giratorias, las sinecuras, los nombramientos a dedo, y un largo inventario de asuntos que, sin ser ilegales, habría serios reparos que oponer a su supuesta legitimidad.

Que Moriyón sea la regidora de Gijón es algo que no soportan ni la FSA ni el propio don Javier. ¿Pero hay argumentos para demostrar que, en lo social, sería más avanzado e igualitario un equipo de gobierno liderado por el candidato socialista? ¿Estaría dispuesto Fernández a tener la misma generosidad que demostró Taboada en Oviedo, o sea, a que gobernase la izquierda, aunque no fuese el grupo municipal de la lista más votada? O sea, una declaración de intenciones, «sin esperanza, con convencimiento», parafraseando al poeta.

Y, por otro lado, le tocó una crisis en el Gobierno autonómico, con dos consejeros dimitidos.

En medio de todo esto, declaración de intenciones que no puede ocultar una sensación de cuenta atrás con su hartazgo y agotamiento.

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A propósito del concejo de Salas
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-06-2017 | 12:31| 0

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La presidenta del Foro Asturias, según leo en EL COMERCIO, se personó por estos parajes para anunciar una enmienda de su partido a los Presupuestos Generales del Estado encaminada a que se pongan de nuevo en marcha las obras del tramo entre Cornellana y Salas perteneciente a la autovía del Occidente. Conviene recordar que las tales obras llevan paralizadas desde julio de 2010, cuando Pepiño Blanco vino a inaugurar el tramo Grao-doriga y, de paso, mandó parar. (Entre paréntesis: nunca olvidaré que, tras el ceremonial de cortar la cinta, el entonces diputado socialista en la capital del Reino, don Álvaro Cuesta, escanciaba sidra con entusiasmo para el entonces ministro de Fomento).

Así pues, de llevarse a cabo esa reanudación del tramo referido, se haría tras siete años de parálisis, tras siete años de bajón demográfico en el concejo de Salas, tras siete años de abandono no solo en la infraestructura de la que venimos hablando.

El concejo de Salas, al que, como ya tengo escrito, no se le incluye ni en eso que llaman «área metropolitana» de Asturias, ni tampoco en el plan del Suroccidente, continúa siendo el fiel reflejo de la particular geografía del abandono que viene sufriendo el Occidente de Asturias desde hace Dios sabe cuántas décadas.

Esta autovía del Occidente que, teóricamente iba a estar en servicio en 2009, era el instrumento perfecto para que, de un lado, el municipio de Salas se acercase al área central, y también para vertebrar las comunicaciones en el Occidente de Asturias. Pero, como se sabe, los retrasos no hicieron más que incrementarse, y, en el mejor de lo casos, podría estar terminada en su totalidad en 2020, o sea, once años de retraso. No me negarán que no está nada mal.

En fin, hablamos de  años y años de retraso, que, en realidad, son muchos más si se piensa en que el proyecto de esta autovía tendría que haberse puesto sobre el tapete mucho antes, lo que, sin ser la panacea para resolver todos los problemas, hubiera evitado tanta despoblación, tanto abandono y tanto declive.

Como coda, una pregunta a todos los grupos parlamentarios de la Junta: ¿Les parece de recibo a todos ustedes que el concejo de Salas, grande en extensión y en recursos, se quede en tierra de nadie, que sus habitantes sean, no ya de segunda, sino de tercera, al no estar incluido en ningún proyecto?

¿Alguien se atreverá a responder?

Prometo estar muy atento.

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¿Un “nuevo” PSOE?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-06-2017 | 05:30| 0

«Con el comienzo de la década de los 80, los socialistas estrenaron un nuevo lenguaje político, cuyos conceptos claves no eran ya la clase obrera como sujeto histórico, el socialismo como nueva sociedad ni la República federal como forma de Estado, sino la modernización de la Administración pública, la consolidación de la democracia y la redistribución de la riqueza». (Santos Juliá).

En el 39º Congreso del PSOE, las viejas glorias del felipismo se quedaron fuera de juego y, con ellas, Susana Díaz, que basó su candidatura a las primarias en la continuidad de las políticas que se fueron llevando a cabo en los 21 años de gobiernos socialistas. Hay otra razón más para hablar de «un nuevo» PSOE, y es el cambio generacional.

En la opinión pública, se da por hecho que el centro izquierda se quedará atrás y que se apostará, nítidamente, por políticas de izquierda. Primero, habría que ver si don Pedro tendrá la oportunidad de llevarlas a cabo. Y, en segundo lugar, no hay que perder de vista que el flamante e indiscutible ganador de las primarias se fue escorando a la izquierda tras los resultados de las pasadas elecciones generales de junio. Hasta entonces, se había venido decantando por lo políticamente correcto.

Este partido dejará de estar en manos de baronías y de notables y tendrá un protagonismo muy grande la militancia. Y hay una importante lección aprendida: hacer políticas de derechas con siglas de izquierdas es un salvoconducto a la irrelevancia, tal y como acaba de suceder en Francia.

Ante el problema catalán, que se vino incrementando desde el famoso Estatuto que tumbó el Constitucional, hace falta, sobre todo, plantear propuestas a la ciudadanía de ese territorio que, mayoritariamente, está votando a partidos independentistas. Lo que Pedro Sánchez propone es la famosa declaración de Granada. No sé si podría servir como punto de partida, pero sospecho que es momento de concreciones y no de generalidades, y que el mencionado problema les viene demasiado grande a los políticos actuales.

Cunde el escepticismo cuando se ve que entre las personas de confianza del nuevo secretario general, hay también profesionales de la política que no destacaron precisamente por discursos brillantes ni tampoco por una coherencia a prueba de hemeroteca. Sin ir más lejos, podríamos poner como ejemplo a más de una persona del PSOE de Asturias que forman parte de la nueva Ejecutiva.

Y, al final, si el PSOE quiere recuperar la credibilidad perdida y paralizar su continuo declive, no necesita extremismo alguno, sino claridad, coherencia y proyecto de país, partiendo de planteamientos irrenunciables en una formación que se reclama de izquierdas: combatir desigualdades, ahondar en derechos y libertades y redefinir la vertebración territorial de España, eliminando privilegios, también en ese sentido.

No nos confundamos, aquí no hay un nuevo ‘largocaballerismo’, sino un cambio generacional, que está por ver si cumple su misión, o si va a ser una decepción más.

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Tras la moción de censura
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-06-2017 | 10:10| 0

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Irene Montero, desde la indignación, desplegó todos sus argumentos para dejar claro que el PP, salpicado de continuo por casos de corrupción, no debe continuar en el Gobierno. Pablo Iglesias, además de abundar en lo mismo, planteó las líneas básicas de lo que sería su proyecto de país. Además, se percibió claramente una diferencia en el tono. Pasaron de la asamblea o el mitin al discurso parlamentario propiamente dicho.

Y, a la hora de valorar lo que supuso la moción de censura, es obvio que no se trata de considerar que fracasó por el hecho de haber cosechado muchos menos votos a favor que en contra. Lo que hay que preguntarse es si el líder de Podemos se ha ganado mayor confianza entre la ciudadanía.

Por otro lado, el señor Ábalos no solo no defraudó, sino que además sus planteamientos acerca de la Transición facilitaron un debate muy necesario, precisamente en un momento en el que se cumplen cuarenta años de aquellas primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977. No le faltó razón cuando habló de lo que era el afán de aquel momento: la necesidad de reconciliación de aquellas dos Españas de las que había hablado Machado en un memorable poema, poema que, por cierto, citó. Distinta cosa es que, a pesar de aquel afán de reconciliación, sin duda alguna necesario, el sistema político que se vino construyendo haya permitido la desafección política que ahora padecemos, así como un desprestigio creciente de la mal llamada clase política. Y, por otra parte, ni el señor Ábalos –ni ningún líder socialista– puede desconocer que el PSOE permitió y alentó una forma de hacer política que, en determinados episodios, trajo corrupción y enfangó la vida pública. No lo pueden desconocer, pero tampoco es previsible que lo reconozcan.

En otro orden de cosas, cuando tuvo lugar el enfrentamiento dialéctico entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, se confirmó una vez más la falta de entendimiento entre los dos líderes de los partidos que, sobre el papel, encarnan la nueva política, por mucho que compartan la urgencia de regenerar nuestra vida pública. Va en el guion que no se pongan de acuerdo en cuestiones socioeconómicas, pero cabría esperar que hubiese una mayor sintonía frente a la llamada vieja política.

Por último, la intervención del señor Hernando no solo fue inoportuna, sino que contribuyó a agriar y a crispar innecesariamente. Su falta de elegancia solo puede volverse en su contra. ¿Tan difícil es mantener las formas?

Tras la moción de censura, se intuye un mayor entendimiento entre el PSOE y Podemos a la hora de hacer frente al PP, lo que no significa que desparezcan los recelos y los antagonismos entre dos partidos que compiten por los votos del mismo espectro político. Y se pone también de manifiesto que toca hacer propuestas para intentar desbloquear los abismos que hay en lo que se refiere a la vertebración territorial del país.

No fue solo circo. Y tampoco cabria hablar de éxito, pero sí de expectativas.

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