El Comercio
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Protesta en Cornellana
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-03-2017 | 06:18| 0

No me cansaré de repetir que el occidente de Asturias también existe. No me cansaré de recordar que Cornellana representa sobre todo un territorio que da cuenta de lo que pudo haber sido y no fue. Para ello, es suficiente con darse un pequeño paseo desde el monasterio de San Salvador, siguiendo río arriba, el cauce del río Narcea, donde el paseante se encontrará con los restos de un proyecto ferroviario que nunca llegó a concluirse, proyecto ferroviario que pretendía unir Cangas del Narcea con San Esteban de Pravia, proyecto que, de haberse llevado a término, hubiera cambiado la historia de estas comarcas.

Fíjense: cuando Pepiño Blanco, entonces ministro de Fomento del Gobierno de Zapatero, paralizó las obras de la autovía de la Espina en 2010, las pilastras que se habían instalado para el tramo Doriga-Cornellana de la referida autovía representaron también la Asturias más paralizada. Pilastras de una autovía aún inconclusa, que se prometía terminar en 2009, unidas a ese hormigón de mencionado proyecto ferroviario. Enclave pluscuamperfecto para representar la geografía del abandono.

Pasaron los años, y en 2014, el Gobierno de Rajoy reanudó las obras en el tramo Doriga-Cornellana. Y ahora resulta que, a la salida de este tramo, donde estaba prevista una glorieta, parece ser que se modifica tal cosa, y que habrá una salida peligrosa en lugar de la rotonda, lo que conlleva un peligro innegable para quienes circulen por estos parajes. A resultas de esto, acaba de tener lugar, el pasado sábado, una manifestación en Cornellana, reclamando el fin del oscurantismo en este trazado y la glorieta de marras. Y la referida manifestación estuvo apoyada por el PSOE, Podemos y Foro. Veremos en qué da esto.

De todos modos, estaría muy bien, que doña Mercedes Fernández, tras su aplastante victoria en clave interna en el PP llariego, fuese coherente con lo que declaró en su momento acerca del compromiso del PP con esta autovía y, en consecuencia, plantease al Gobierno de su partido que no racanease en la seguridad de los habitantes de esta zona que sufre un declive poblacional inquietante. Tampoco estaría de más que Foro Asturias se plantease hasta qué punto puede resultar digerible su coalición en el PP mientras el Gobierno de don Mariano sea tan poco sensible a las necesidades de esta tierra. Y, en fin, celebro que el PSOE reivindique la seguridad de este tramo, así como la finalización de esta autovía, cuando fue este partido el que la ralentizó y la paralizó en su momento. Lo cierto es que no andamos muy sobrados de coherencia.

Algún día, Cornellana ofrecerá como atractivo turístico una ruta por lo que pudo haber sido y no fue. Algún día, puede que haya quienes se den cuenta de la potencialidad de esta comarca y de esta localidad, potencialidad que lleva décadas y décadas sepultada en lo que vengo llamando geografía del abandono.

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Félix Millet: Realidad y ficción
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-03-2017 | 06:20| 0

«Los pueblos, amigo mío, tienen los gobiernos que toleran, aunque no se los merezcan». (Unamuno)

Lo sé, no es nada novedoso plantear que, en muchas ocasiones, es la realidad la que se empeña en imitar a la ficción; es la realidad la que, a veces, se muestra menos creíble que la inventiva más delirante. Recordemos aquel episodio en el que, compareciendo Jesús Gil en un juzgado, detuvieron a su letrado. Estoy por asegurar ni a Dostoievski ni a Kafka se les habría ocurrido una lance tan grotesco y disparatado. Pero vayamos a nuestra sublime actualidad, al caso Palau, a lo que declaró hasta el momento el señor Millet.

De entrada, el asunto está muy claro. Se supone que hay alguien que se presta a la sublime tarea de hacer de recaudador para el partido político de turno y, claro, como no podría ser de otro modo, en maletas con cierres tan defectuosos, algo se pierde por el camino, volanderos billetes, escurridizas monedas.

De entrada, el asunto está muy claro: este excelso ciudadano tendría cabida –mutatis mutandis– en nuestra literatura picaresca más clásica, también en algunas novelas de Mendoza. ¡Lástima que no lo haya investigado su conocido y descacharrante detective!

Realidad y ficción, digo, de un tiempo y un país (o varios países, tal y como están las cosas) en el que la ciudadanía no castiga con severidad electoral determinados comportamientos que inciden en el saqueo de las arcas públicas.

Realidad y ficción de un tiempo y un país en el que los hechos diferenciales, en lo que toca a la honestidad en el manejo del dinero de todos, por mucho que se quiera negar, no existe.

¡Lo sublime! ¡La música que nos eleva, que nos hace soñar! ¡La armonía de acordes geniales! ¡Las voces que nos transportan a esferas celestiales! Todo eso en el Palau, sí, pero también todo aquello: lo que huele a podrido, los presuntos fraudes, las supuestas comisiones, las sospechadas y sospechosas corruptelas.

Pero no pasa nada: estamos en la sociedad del espectáculo. No habrá ningún terremoto político, vendrán otras escandaleras que taparán ésta, y el señor Millet será uno más dentro de una larga lista de personajes que tienen no sólo sus deudas con lo público, sino también con lo más granado de nuestra literatura picaresca, que, en tales lides, tampoco hace distingos diferenciales.

En un país en el que los casos de corrupción se juzgan varios años después de que estallen, no es posible, aunque lo acabe de sugerir don Mariano Rajoy en el Congreso, no mirar hacia atrás: la propia agenda mediática nos conduce a ese pasado que muchos quisieran borrar.

Al final, tantos por ciento en comisiones. Al final tontos por ciento que lo pagamos y que encima, mayoritariamente hablando, no nos indignamos.

Al final, en lo que toca a decencia y ejemplaridad, no hay hecho diferencial que valga.

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¿El testamento político de Villa?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-03-2017 | 06:34| 0

«Apaga la vela, que no necesito ver el color de mis ideas». (Zola).

Tras leer de principio a fin las respuestas de Maese Villa a las preguntas de su abogada, publicadas en EL COMERCIO, en la comparecencia en sede judicial del que fuera todopoderoso líder sindical en Asturias, no puedo decir que me haya sorprendido la sordidez que se desprende de sus palabras, pero sí debo y quiero asegurar que para cualquier persona que conozca mínimamente el devenir político de esta tierra en los últimos años tiene que ser muy duro aceptar la realidad, esto es, que el exsecretario general del SOMA haya tenido tanto poder en Asturias.

Puros, rosas, coches, firmas supuestamente amañadas, puestas en escena chabacanas. ¿Y qué más? ¿El mundo minero asturiano, históricamente hablando, con su épica y con su lírica, se merece un representante así?

¿De qué puede sentirse orgulloso este ciudadano, aparte de hacer alardes retóricos del inmenso poder del que disfrutó? ¿Y qué hizo con ese poder, aparte de quitar y poner a unos y a otros, y no sólo en el sindicato?

Dice estar escribiendo sus memorias. ¿Qué libro de cabecera tendrá para ello? Desde luego, no será ‘Germinal’, de Zola, pues cabría en lo posible que la ira resucitase al novelista francés.

¿Y cómo serán esas memorias, lo que lleva escrito de ellas? ¿Podrá haber algo más que intrigas y gazmoñerías? Y, aparte de eso, no habrá sitio para grandeza alguna, aunque sí todo el grandonismo que se quiera.

¿El testamento político de Villa? ¿Qué estarán pensando, sintiendo y hasta padeciendo todos aquellos que lo adularon de forma estomagante, que le escribieron discursos y artículos de prensa, que tomaron la palabra en distintos ámbitos para describir al señor Villa como un hombre providencial para Asturias?

¿El testamento político de Villa? Imaginemos, aunque solo sea por un momento, que llega a escribir esas memorias y que encima, bien se trate de un borrador o de una versión definitiva, se publican. Estoy por asegurar que serían muchas las personas que irían, con temor y temblor, al índice analítico, porque, aparte de otras muchas consideraciones, no olvidemos que las relaciones de este ejemplar ciudadano con gentes de la derecha asturiana fueron excelentes.

¿El testamento político de Villa? Fíjense, ni siquiera entro ya en el origen de su fortuna presuntamente irregular. Me es suficiente con su palabra para caer en la cuenta de inmediato de esa sordidez que lo envuelve a la que hice alusión más arriba.

¿Qué podrán estar pensando los personajes que, políticamente hablando, se lo deben casi todo a Maese Villa? ¿Y qué puede estar pensando la ciudadanía asturiana en su conjunto al saber que estamos hablando de un personaje que gozó de un poder tan enorme en nuestra historia más reciente?

Lo dicho: sordideces, que alcanzan y salpican nuestra vida pública.

¿Y si nos preguntamos cómo se juzgará en el futuro una etapa política en la que alguien como Fernández Villa tuvo tanto mando en plaza?

¿No es para sonrojarse?

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Salas y el reto demográfico
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-03-2017 | 14:32| 0

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Escribo desde el concejo de Salas, a orillas del Narcea, desde un territorio al que el Gobierno autonómico no incluye en el suroccidente asturiano, con el que compartimos los principales problemas de despoblación e infraestructuras paralizadas, ni tampoco en la llamada ‘área central’, de la que estamos a un paso gracias a los tramos finalizados de la autovía del occidente. Podría decirse que nos encontramos en tierra de nadie. Por tanto, quedamos a la espera de saber si el ejecutivo llariego tiene algún ‘plan’ para este concejo cuya decadencia es manifiesta.

Lo cierto es que el Gobierno asturiano planteó en su momento que iba abordar el problema de la despoblación en el suroccidente de Asturias, se dijeron generalidades, pero, que se sepa, no hay una serie de políticas concretas que, con mejores o peores resultados, esté combatiendo esa amenaza de un futuro para esas comarcas, como poco, inquietante. Lo cierto es que, con respecto al área central, se planteó la cuestión, que suscitó sus reservas, pero, hasta donde sé, el verbo concretar no se ha conjugado al respecto, pese a que contemos con una consejera de Infraestructuras tan eficaz y resolutiva.

Por otra parte, acabamos de tener noticia de una reunión muy reciente que mantuvieron doña Edelmira Barreira, que es la comisionada del Gobierno central para el reto demográfico, y el consejero de Presidencia, don Guillermo Martínez. Esperemos que la susodicha reunión vaya más allá de las declaraciones retóricas y resulte útil.

Sea como sea, falta hace que los dirigentes políticos asturianos no se ciñan al cortoplacismo y tomen conciencia de la importancia del problema demográfico que, a estas alturas, cobra una gravedad extrema en todo el territorio asturiano, pero especialmente, en el mundo rural.

Y la primera cuestión que se plantea al respecto es, al mismo tiempo, clara y compleja. Es decir, el abandono del entorno rural viene siendo constante y creciente en los últimos años. Por tanto, no cabe abordar el reto demográfico sin aplicar una serie de medidas que reviertan en que el entorno rural cuente no sólo con atractivos paisajísticos y medioambientales, sino también con posibilidades de trabajo no sólo en la agricultura y ganadería, sino también en sector de los servicios y en ese tipo de tareas que las nuevas tecnologías facilitan el trabajo desde casa. Y, sin ánimo de ser derrotista, sería casi milagroso que las condiciones mínimas para fijar población cambiasen lo suficiente y se paralizase el éxodo rural.

De todos modos, el primer paso está dado en el sentido de reconocer la existencia del problema. Pero a continuación tiene que haber algo más que vaguedades y buenos propósitos.

Y, en cuanto a este concejo en tierra de nadie, alguien tendría que levantar la voz y exigir respuestas para su futuro, tan incierto en inquietante como el resto, pero más solo que ninguno. Y, por otro lado, escenifica el parón en las infraestructuras. Conviene recordar que el tramo de la autovía entre CornellanaSalas lleva paralizado más de cinco años, y que de la segunda calzada entre Salas y La Espina nadie tiene a bien acordarse, aunque burlas no faltan, burlas que hablan de llevar a León o a Portugal esta autovía que, todavía, no llegó a Cornellana.

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¿Hay debate ideológico en el PSOE?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-02-2017 | 09:37| 1

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Tras el último acto político protagonizado por Pedro Sánchez, sobre la teoría, sabemos que el exsecretario general apuesta por recuperar unas señas de identidad ideológicas que llevan mucho tiempo abandonadas en los desvanes de la memoria. Distinta cosa es que nos merezca credibilidad su discurso, si tenemos en cuenta que semejantes planteamientos no los hizo cuando pactó con Ciudadanos y cuando declaró su admiración por Felipe González.

Por su parte, el otro candidato a la secretaría general del partido, Patxi López, también dice decantarse por un discurso de izquierdas nada descafeinado, al tiempo que puso de manifiesto su desacuerdo con la abstención del PSOE en el Parlamento que facilitó la investidura de Rajoy.

Por otra parte, está por confirmar la candidatura de doña Susana Díaz para liderar el PSOE, si bien no solo se da por hecho que dará el paso, sino que además su discurso estará sustentado en lo que podemos considerar ‘vieja política’.

Desde luego, no sólo es lógico, sino que, además, resulta necesario que el PSOE, en el momento que atraviesa, tenga un debate ideológico. Distinta cosa es la credibilidad de los discursos, no solo por sus imprecisiones y vaguedades, sino también por la falta de credibilidad de quienes los esgrimen. Hay que recordar que, en la anterior campaña de primarias, don Pedro Sánchez no combatía con tanto ímpetu el neoliberalismo económico y se negaba a reconocer errores mayúsculos de su partido desde el felipismo a esta parte. Hay que recordar también que el expresidente del Gobierno vasco no se decantó a lo largo de su trayectoria por plantear postulados de izquierdas en lo social.

Así pues, lo que sucede es que el supuesto debate ideológico que se anuncia no despierte demasiado interés por la falta de credibilidad de quienes dicen estar dispuestos a plantearlo. Y es que el PSOE que salga del próximo congreso tiene, entre otras, dos importantes batallas por delante. La primera de ellas es convencer y entusiasmar a la militancia. La segunda –todavía mucho más dificultosa– es convencer al país, a los millones de votantes que vinieron perdiendo desde 2011 a esta parte.

No solo se trata, insisto, de ganar una batalla interna, sino de recuperar la credibilidad perdida ante la ciudadanía. El reto que tiene ante sí el partido más antiguo de España está muy claro. Lo que sucede es que no parece fácil que las personas que aspiran a liderar el partido sean las más idóneas para ello.

¿Hay un verdadero debate ideológico en el PSOE? ¿Se apuesta de verdad por la socialdemocracia? ¿O se acepta el pensamiento único y no se está por la labor de plantear una Europa distinta en lo que a sus políticas socioeconómicas se refiere? ¿Tiene izquierda socialista confianza en Pedro Sánchez hasta el extremo de que esta corriente no presente un candidato a liderar el partido?

¿Hay un verdadero debate ideológico en el PSOE? ¿Podrá tener futuro este partido si sigue anclado en la vieja política, o si se pone en manos de dirigentes que no vayan más allá de la consigna y de los topicazos?

¿Tan difícil es dejar atrás la vieja política y distanciarse del PP?

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Urdangarín y el sistema
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-02-2017 | 10:06| 0

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Habrá quien diga que, con la sentencia que acaba de hacerse pública y que condena al yerno del anterior jefe del Estado, se demuestra que, en efecto, en nuestro país existe la igualdad ante la ley. Habrá quien plantee que se trata de un episodio aislado, siempre inevitable. Habrá quien se frote las manos dando cauce a su afán de linchamiento, por lo común, muy selectivo.

Lo cierto es que, ante todo y sobre todo, no hay que perder de vista que en la inmensa mayoría de los casos de corrupción suele haber vasos comunicantes, y, desde luego, no estamos ante una excepción. En el que nos ocupa, en los presuntos fraudes que se llevaron a cabo hubo, entre otros, colaboradores necesarios que desempeñaban cargos en instituciones autonómicas. Es decir, había un campo abonado o, en todo caso, personas dispuestas a ser secuaces y beneficiarios de fraudes.

Miren, lo que se pone de manifiesto con el caso que nos ocupa es la podredumbre de un sistema con –insisto– sus vasos comunicantes.

Por otra parte, esta sentencia está siendo comentada hasta el hartazgo en la opinión publicada, y, salvo excepciones, nos encontramos, sobre todo, con topicazos que no solo no van al fondo de las cosas, sino que además descuidan también algo no menos importante: las formas.

Sí, las formas. Por ejemplo, el culebrón que supusieron los correos electrónicos filtrados del señor Torres. Por ejemplo, lo que vino diciendo el señor Matas.

Miren, si las formas cumplen los ingredientes del culebrón, estamos ante un sistema marcado estéticamente por la ramplonería, y esta sociedad es cada vez más zafia.

Y es que, desde hace mucho tiempo, nuestra vida pública no es un gran relato, sino un culebrón gazmoño a más no poder. Y, ante semejante panorama, las conclusiones que se pueden extraer no resultan ciertamente nada alentadoras.

Un culebrón, digo. El juez Castro con su moto y su afán de esclarecer y hacer justicia. La puesta en escena en el juicio en la que las cercanías físicas de varias personas imputadas plasmaban lejanías anímicas tremebundas. La acusación particular y todo lo que se supo después.

Y, en fin, por mucho que se esté cumpliendo el guion a la hora de declarar el respeto absoluto por las decisiones judiciales, el busilis del asunto está en preguntarse acerca de las salpicaduras que el llamado ‘caso Nóos’, es decir, hasta qué punto es un mazazo para la Monarquía en particular o para todo el sistema político en general.

La podredumbre está ahí, por mucho que se quieran aislar las responsabilidades, por muchos topicazos que se suelten, por grande que sea el afán de focalizar toda la crítica en personas individuales.

Y la asignatura pendiente por excelencia, esto es, la regeneración de nuestra vida pública, no llega ni de momento se le espera al menos en el horizonte más inmediato.

Mientras tanto, continúa (y continuará) el espectáculo.

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La Asturias oficial y José Maldonado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-02-2017 | 06:00| 0

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Casi nadie lo sabe, pero febrero es, históricamente hablando, un mes republicano. Un 11 de febrero de 1873 se proclamó la 1ª República. Un 20 de febrero de 1937 se produjo el fusilamiento de Leopoldo Alas y García-Argüelles, hijo de Clarín, rector de la Universidad de Oviedo, intelectual y jurista comprometido con la República. Con su asesinato se puso fin a la época más gloriosa de la Universidad de Oviedo. Otro 11 de febrero, en este caso de 1985, falleció don José Maldonado, último presidente de la República en el exilio.

Y, a propósito de recuerdos y olvidos, ¿tiene la Asturias oficial conocimiento del significado de la figura de don José Maldonado? Si lo desconoce, sería imperdonable y desolador. Si, aun conociéndolo, decide no implicarse en lo que se refiere a la recuperación de su memoria, así como a rendirle el homenaje que se merece, más allá de lo imperdonable, nos situaríamos en lo escandaloso e insultante.

Hablemos de don José Maldonado y hablemos en serio. ¿Alguien puede explicarse que, habiendo estado gobernada Asturias durante más de treinta años por un partido que se reclama socialista en sus siglas, la figura de Maldonado no haya sido puesta en el sitio que históricamente le corresponde?

Más allá de la polémica resultante de que la autoridad eclesiástica de turno no haya permitido que se coloque una placa en la tumba del que fuera presidente de la República en el exilio, lo grave y escandaloso es la inhibición de la Asturias oficial a la hora de reivindicar el legado moral de un personaje de la categoría de Maldonado. Y esta inhibición –conviene decirlo muy claro– viene de lejos, tiene un largo recorrido.

Maldonado fallece en Oviedo siendo alcalde de la ciudad Antonio Masip, y es enterrado en la capital. Pero, años más tarde, sus restos se trasladan a La Espina, es decir, la Asturias oficial no se hizo cargo de que don José contase con una sepultura definitiva en el cementerio de Oviedo. Pero una cosa es hacerse la foto y otra muy distinta dar el paso a los hechos.

¿Cómo no recordar aquella exposición en 2011 en el Archivo histórico a cuya inauguración no acudió ningún representante de la Asturias oficial?

¿Por qué la FSA se empecina en dejar que sobre la mejor Asturias siga habiendo olvido y desconocimiento?

Lo dicho: más allá de la polémica que se suscitó entre los organizadores del homenaje a Maldonado y las autoridades eclesiásticas llariegas, lo más inquietante e injusto de todo esto consiste en la renuncia de la FSA, hasta ahora formación política hegemónica en Asturias, a reivindicar y poner en su sitio a quienes, históricamente hablando, representan la mejor Asturias, entre ellos, don José Maldonado.

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El discreto encanto de Javier Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-02-2017 | 06:28| 0

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Rajoy no es Giménez y Fernández, ni siquiera estoy convencido de que don Mariano tenga conocimiento de la trayectoria de aquel político de la CEDA. Desde luego, nuestro Javier Fernández, todo un hombre de orden, no es Azaña, ni puede ni quiere serlo. Confieso, sin embargo, que, al tener noticia del último sondeo del CIS que, entre otros resultados, pone de manifiesto que nuestro presidente llariego es el líder político mejor valorado, recordé una anécdota que Azaña consigna en sus ‘Memorias’, cuando le dice al señor Giménez y Fernández que los de la CEDA «no se dan cuenta de que la derecha de la República soy yo, y ustedes unos aprendices». No está nada mal recordar esto, vive el cielo que no.

Y se da la circunstancia añadida de que, según este sondeo, don Javier también sale muy bien parado entre los votantes del PP, que lo aprueban. ¡Casi nada! Y, por otro lado, siguiendo con el susodicho sondeo, tal y como publicó EL COMERCIO, los votantes de Ciudadanos en Asturias le dan más nota a don Javier que los propios votantes del PSOE. Así pues, no hay duda, don Javier es un hombre de orden.

Pero vayamos a los datos en el ámbito estatal. Está claro que el país en su conjunto tiene la percepción de que fue Javier Fernández, en tanto presidente de la gestora socialista, el principal artífice de que el grupo parlamentario socialista facilitase con su abstención la gobernabilidad a Rajoy. Y, por otro lado, sus posiciones beligerantes frente al independentismo catalán y al radicalismo de Podemos lo convierten también en un referente que tranquiliza al mundo conservador.

Pues bien, dejando de lado que sigue sin saberse si la militancia del PSOE está o no conforme con la abstención socialista que permite a Rajoy gobernar, lo cierto es que esa valoración estatal de nuestro presidente llariegu, se funda en la gestión de Javier Fernández al frente de la gestora, que no en su trayectoria política en Asturias, trayectoria inseparable de lo que ha venido siendo la FSA en esta tierra, donde, a decir verdad, las sombras no son pocas ni pequeñas.

El discreto encanto de Javier Fernández tiene mucho que ver con la vieja política, con un líder que se afana y se desvela por alargar la vida del bipartidismo. Y, por otro lado, ante el periodismo declarativo que está tan en boga, el especial cuidado que pone nuestro presidente en cuidar la frase, en enmarcar lo obvio mediante una retórica tan formal, contribuye, sin duda, a esa valoración tan favorable en el ámbito estatal.

Y, en fin, aunque el PSOE haya recuperado un porcentaje de votantes con respecto a la última consulta del CIS, el hecho es que se encuentra por detrás de Podemos, que es tercera fuerza política por vez primera desde la transición a esta parte. Y es que el lamentable episodio de últimos de septiembre no hizo más que añadir desprestigio a una formación política sin discurso y sin proyecto.

Y, en estos tiempos de tribulación, ser y parecer un hombre de orden da prestigio, aunque no se sabe bien ni el hasta qué ni el hasta cuándo.

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TRAS LA COMISIÓN SOBRE LAS LISTAS DE ESPERA DE LA SANIDAD ASTURIANA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-02-2017 | 19:15| 0

Tras la comisión sobre las listas de espera en la sanidad pública asturiana, acudió a mi mente un verso genial de Lope de Vega: «Creer sospechas y negar verdades». Cierto es que el bueno de Lope se refería a muy distinta cosa al escribir esto, se refería al amor, pero, en todo caso, tan feliz hallazgo poético es perfectamente aplicable al asunto que nos ocupa. Y digo esto, sobre todo, porque tuve la impresión de que un número no pequeño de comparecientes se dedicó a echar balones fuera, seguro que por distintas razones según los casos. Pero, sin duda, ello contribuyó a que las cosas no se clarificasen todo lo que se podía desear.

Seamos claros: el prestigio de la sanidad asturiana está fuera de duda. No era eso lo que, según interpreto, se dirimía en la mencionada comisión, sino que se trataba de analizar la gestión de las listas de espera gracias a los testimonios de personas que tuvieron cargos de responsabilidad en ello, y, a decir verdad, no todo el mundo estuvo a la altura de lo esperado y no todo el mundo hizo propuestas que pudieran resultar útiles en este sentido.

Y es que, partiendo de la base del prestigio y buen funcionamiento de nuestra sanidad pública, algo que nos llena de orgullo, es indudable que, a mayor transparencia en la gestión de las listas de espera, las luces superarán con mucho a las siempre inevitables sombras.

Lo más pintoresca de la comparecencias fue, a mi juicio, la del exconsejero de Foro Asturias: a lo que parece, la causa de todos los males que padece la sanidad asturiana viene dada por la rojez ideológica tan reticente ella a desviar pacientes a la sanidad concertada, o sea, privada. ¡Madre mía!

Por otra parte, la presencia en la comisión del exconsejero de Sanidad don Faustino Blanco que, si no estoy mal informado, se sitúa últimamente en posiciones muy críticas con la gestora del PSOE, me hizo recordar a aquel primer Gobierno de Javier Fernández que aplicó con rapidez los recortes impuestos por Rajoy en materia sanitaria y en materia educativa. Y, más concretamente, me hizo recordar aquella huelga de médicos como respuesta a determinadas medidas del susodicho Ejecutivo autonómico.

Y, en fin, dejando de lado todo lo que pudo alterar el funcionamiento de la sanidad asturiana el traslado al HUCA, no estaría nada mal que, previa consulta a los profesionales, se diesen los pasos para tomar una serie de medidas que, además de reducir en lo posible los tiempos en las listas de espera, fuesen útiles y eliminasen las congojas resultantes de unas esperas que, en determinados casos, pueden estar al límite.

Uno de los parlamentarios más jóvenes de la Junta removió conciencias y nos hizo ver carencias que deberían ser subsanadas.

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Aquella televisión loca (En la muerte de Paloma Chamorro)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-02-2017 | 07:19| 0

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Entre el 83 y el 85, Paloma Chamorro, cuyo fallecimiento acaba de tener lugar, presentaba el programa ‘La Edad de Oro’. Recuerdo que era por la noche, recuerdo que, sin necesidad de oírlo, quedaba muy claro que lo transgresor había llegado, también, a la pequeña pantalla.

A última hora de la noche, más allá del himno y la despedida enlatada que tantos años duró en la televisión pública, podían verse programas como el que presentaba Paloma Chamorro: puro desenfado, la movida tal cual era, vanguardia musical, colorido, descaro.

Eran los primeros años de Gobierno del PSOE, eran los años en los que las gentes de orden echaban pestes contra Calviño, eran los años en los que las libertades, más allá de papeles y de leyes, se dejaban sentir –y no poco– en la atmósfera. Con la muerte de Paloma Chamorro, aquella ‘movida madrileña’, aquella música tan variada y atrevida, se queda aún más huérfana.

Hablamos –insisto– de un país que se sentía confiadamente libre, hablamos de un país que quería divertirse, hablamos de un país en el que las noches eran un espacio de culto para la juerga. Hablamos de un país, al mismo tiempo, ingenuo y transgresor.

La política –hay que reconocerlo– iba por su lado, y empezaba a sospecharse que aquello no estaba tomando el rumbo más deseable. Pero, al mismo tiempo, en aquel ‘carpe diem’ continuo, en aquella atmósfera de libertades, lo oficial ocupaba un segundo plano, y además rendía culto a la movida.

¿Cómo no recordar aquellos guiños de Tierno Galván a los rockeros? ¿Cómo no recordar aquel Madrid que despertaba de un letargo de décadas? ¿Cómo no recordar que, de repente, importaba más la música que la letra, que contaba más la puesta en escena que lo propiamente representado?

Tierno Galván sobrevivió un año al programa televisivo por el que Paloma Chamorro se convirtió en un referente obligado de la movida. En el 86, empezaría la llamada transición económica, pero ésta es otra historia. Con ‘La edad de Oro’, la tele pública se hizo cómplice de la movida. Con ‘la Edad de Oro’, la televisión pública vivió un periodo irrepetible, que no podemos no añorar. Era el suyo un programa que escandalizaba, que no resultaba del gusto de un gran sector del público, pero era también la apuesta de aquel tiempo, una apuesta que, como se diría hoy, se hizo visible.

¡Cuánto desgarro produce confrontar aquella televisión con la actual!

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