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Previsible Rajoy
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-11-2016 | 10:24| 0

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«La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser» (Ortega y Gasset).

No percibo, en contra de lo que se vino diciendo en los últimos meses en la opinión publicada, un infinito suspiro de alivio a resultas de que, por fin, tenemos Gobierno, del que, por cierto, en un colectivo alarde de ingenio y originalidad, se dice que es continuista. ¿De verdad podría esperarse otra cosa? ¡Qué país, Dios mío, qué país!

Resulta que, entre los ministros que continúan, está don Íñigo Méndez de Vigo, el mismo que ordenó la retirada de un retrato de Unamuno. Y estamos hablando, para mayor baldón, del responsable de Educación y Cultura, al que además se le asigna la tarea de portavoz del Gobierno. Y, por cierto, no habrá tampoco Ministerio de Cultura. ¿Para qué? La cultura es, para la política de Rajoy, algo que figura en una agenda, y eso porque no queda más remedio.

De otro lado, De Guindos y Montoro, virtuosos de las políticas de recortes, continuarán en sus tareas. O sea, que aquí nada se reconduce. ¿Para qué?

Y no me negarán que el nombramiento más literario de todos es el de doña María Dolores de Cospedal al frente de Defensa. ¡Para marcialidad, doña Dolores! Prietas las filas ante ella, ante una dirigente que fracasó estrepitosamente en Castilla-La Mancha, ante una dirigente que le dio sus zarandeos al idioma de nuestro imperio. Habrá que verla con mantilla, habrá que verla en su puesto de mando. Habrá que verla en sus nuevas liturgias.

¿Y qué decir de la continuidad al frente del Ministerio de Trabajo de doña Fátima Báñez, la ministra rociera? No pongo en duda que seguirá haciendo plegarias marianas para que el paro disminuya, que continuará lo milagrero en este Gobierno.

Y ya que hablamos del Ministerio de Trabajo, puestos en clave asturiana, toca lamentar –y mucho– que esa cartera no se la haya dado Rajoy a Ovidio Sánchez, dada su infatigable actividad desde que está en la política. Con él, habría presencia asturiana en el nuevo Ejecutivo. Una lástima que no se haya contado con su concurso.

Pero, ante todo y sobre todo, creo que Rajoy se supera a sí mismo en lo que se refiere a su ausencia de solemnidad. Todo lo llevó en secreto. Y se comunica a la prensa la lista del nuevo Gobierno, sin puesta de largo, sin presentación, sin nada. Como un trámite más, como una prueba irrefutable de que para don Mariano la política no pasa nunca del mero trámite. ¡Qué escandalosa ausencia de ambición estética la de este buen hombre!

En cuanto las reacciones que se vienen suscitando tras conocerse la formación del nuevo Gobierno, don Javier Fernández, nuestro profundo presidente llariego, no deja de asombrarme. Manifiesta que se teme que el nuevo Gobierno no sea dialogante ni flexible. ¿En realidad, se esperaba otra cosa el presidente de la gestora del PSOE?

Pues eso: ‘habemus’ Gobierno. El país ya no está bloqueado. Desde luego, quienes no estamos celebrando por todo lo alto la buena nueva somos unos sosainas.

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Cronicón de una investidura agónica
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-11-2016 | 04:27| 0

«Los otros días iba caminando muy entretenido y me encuentro con el arroyo más raro del mundo: figúrese que la orilla de este lado la tenía del otro» (Macedonio Fernández).

La tarde del último sábado de octubre, horas antes de que se produjese el controvertido cambio en el horario, Rajoy, tras haber estado más de trescientos días como presidente de un Gobierno en funciones, consiguió ser investido para una nueva legislatura. Así pues, tras cuatro años al frente de un Ejecutivo con mayoría absoluta, a los que hay que sumar el tiempo que estuvo en funciones, los historiadores tendrán que revisar la etiquetas, porque, para «Gobierno largo» el que más méritos reúne es el de don Mariano y no el de Maura.

El órdago de Rajoy

De entrada, Rajoy les dejó muy claro a los partidos que le dieron, por activa o por pasiva, el plácet, que, para que la investidura no fuese una pantomima, deberían apoyarlo en su acción de Gobierno. De no ser así, se colige que puede adelantar las elecciones so pretexto de que no le permiten gobernar, y parece estar persuadido de que la jugada le saldría bien. O sea, que, tras más trescientos días, sin apoyos, cuando consigue ser investido, lanza un órdago. ¡Y lo siguen llamando ambiguo!

La opinión publicada de este país sigue instalada en los topicazos. Así nos va.

El PSOE como protagonista

¿Y qué me dicen de don Javier Fernández, sentado en la tribuna de invitados, siguiendo el debate, como principal autoridad del que es todavía segundo partido político de España en número de votos? Atento y circunspecto, presenciando algunos comportamientos díscolos de sus diputados que no siguieron la consigna («el imperativo», creo que nada categórico) de abstenerse. Don Javier, como representante máximo de un sector de PSOE que decidió permitir que Rajoy gobierne. ¡Cuánta costura rota! ¡Cuántos chirridos en la intrahistoria del partido!

En todo caso, lo cierto es que la mayor parte de las intervenciones de los portavoces que se opusieron a Rajoy, en la sesión del sábado, arremetieron sobre todo contra el PSOE, como principal responsable de que tengamos Gobierno del PP una legislatura más.

Era la parte más débil y vulnerable no sólo porque el partido está en horas bajas, sino también porque, con la defenestración de Sánchez, la militancia y los votantes de ese partido fueron tratados como convidados de piedra.

Se escenificó, pues, una sesión parlamentaria en la que el muñeco de pimpampum fue el PSOE.

Y esto alcanzó su grado más alto en la intervención de Rufián, la que más dio que hablar. Al parlamentario de ERC hay que reconocerle que su capacidad de síntesis para poner el dedo en la llaga, lanzando preguntas demoledoras, es proverbial. Frente a él, la respuesta del ahora portavoz parlamentario del PSOE, malherido en su credibilidad, resultó entre lastimosa y lastimera.

Las medias verdades

Me pareció deplorable la intervención del señor Matute, portavoz de Bildu. Y –entiéndaseme bien– estoy de acuerdo casi al cien por cien en la crítica tan severa que le hizo al PSOE. Lo que sucede es que, habiendo hecho un recorrido por lo que vino aconteciendo en las últimas décadas en el País Vasco y en España, sin hacer una sola mención a tiros en la nuca, a atentados en las calles y en grandes superficies, ese relato resulta intragable e inaceptable. La ceguera, la mudez y la sordera ante un terrorismo que duró décadas y que amedrentó a una sociedad es inadmisible e indignante. Al horror hay que mirarlo cara a cara. Siempre.

Rifirrafes

El terrorismo y la memoria. Hora va siendo ya de que no haya matices en cuanto a reconocer los estragos de ETA. Hora va siendo ya de que los unos no miren para otro lado cuando la historia muestra los crímenes y represiones del franquismo. Hora va siendo ya de que los otros dejen de ser generosos y olvidadizos con la barbarie que supuso el terrorismo etarra. Hora va siendo ya de que se reconozca el dolor y el horror de quienes lo sufrieron, y que esto no suponga algaradas en un parlamento democrático.

Y, a la hora de las puestas en escena, bueno sería que la vieja y la nueva política hiciesen suyo aquello que dijo Ortega en las Cortes Constituyentes de 1931: «Porque hay tres cosas que no hemos venido a hacer aquí: ni el tenor, ni el payaso, ni el jabalí».

Ténganlo presente, por favor.

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El PARIPÉ DE LA INVESTIDURA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-10-2016 | 09:52| 0

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“Existe una vieja fábula española que narra cómo los hombres de España resultaron gratos a la Virgen bendita y cómo ella  pretendió interceder ante el Todopoderoso  para cualquier cosa que pudieran desear. Ellos pidieron el mejor clima del mundo y el Todopoderoso concedió el deseo. Ellos pidieron los mejores caballos, espadas y cosas similares, y ellos las recibieron. Ellos pidieron las mejores canciones y los bailes más nobles, y éstos les fueron otorgados. Pidieron las mujeres más bellas y los hombres más valerosos, y éstos también les fueron concedidos. Finalmente pidieron el mejor Gobierno del mundo. El Todopoderoso volvió la cabeza   ¿Quién se creen que son?, preguntó a la llorosa Virgen. (Frank Jellinek).

Salvo sorpresas con las que no se cuenta, hoy tendremos un presidente de Gobierno que dejará de estarlo en funciones. Para ello, como bien se sabe, en el PSOE tuvieron que torcerle el cuello al cisne del ‘no’, decantándose por una abstención que saldrá a escena en el último momento. Y tal cosa se hace, según esgrimen, por responsabilidad, por visión de Estado, por patriotismo.

Fue un sábado, ya por la noche, cuando Pedro Sánchez dimitió tras perder sus bazas. Será un sábado cuando salga el humo de que, por fin, tendremos Gobierno. ¡Qué alivio! Fiebre sabatina en la política española, eso sí, sin baile.

Y, por otro lado, a poco que se haya seguido el debate del jueves en el Congreso, resulta muy difícil no preguntarse hasta qué extremo está siendo este país consciente de que estamos asistiendo a un paripé.

Veamos: el PSOE se sacrifica por España para que el país tenga un Gobierno, y ello lo hace orillando sus principios más sagrados. ¡Ay! Pero, al mismo tiempo, insistieron en todo momento en que van a ser la oposición, en que las políticas que defienden estos izquierdistas insobornables son antagónicas a las de Rajoy. ¡Madre mía!

Pero, miren ustedes por dónde, el propio Rajoy se encargó de dejarles claro de qué va esto, es decir, que permitir que se forme un Gobierno, sin que el tal reciba el más mínimo apoyo de quien lo facilita, al final, puede ser todo ello pólvora mojada, si llega a darse la circunstancia de que no consiga sacar adelante ninguna de las medidas de su programa.

¿No es una contradicción en toda regla posibilitar un Gobierno que, al final, no pueda gobernar?

Claro, siempre les quedarán coartadas de corto alcance, como decir que, gracias a ellos, se consiguieron Dios sabe cuántas cosas.

Pronto veremos si el PP y el PSOE, esto es, la vieja política, se entienden, escenificaciones aparte. En caso negativo, en caso de que Mariano Rajoy tire la toalla por falta de acuerdos, la ciudadanía tendrá que responder cuando sea convocada a una pantomima bufa y esperpéntica, que, en el mejor de los supuestos, sólo habría servido para algo táctico y no patriótico, o sea, para que el PSOE gane tiempo.

A propósito de patriotismo, sería muy recomendable que alguien leyese lo que el padre Feijoo escribió al respecto y que tanto asombró a Pérez de Ayala.

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LO QUE QUEDA DEL PSOE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2016 | 05:23| 0

Dejemos el solar del que habló don Javier Fernández y del que me ocupé en un artículo reciente. Ahora la decisión –o la indecisión– de facilitarle gobernar a Rajoy ya está tomada. Desde ese mismo momento, la cuenta atrás que dé salida –o lo emparede en una encrucijada– al PSOE se puso en marcha. Y las incógnitas se multiplican más que el pan y los peces.

De entrada, imperó, por decirlo de algún modo, la democracia orgánica. O dicho de otro modo, no se estaba por la labor de ‘podemizar’ el partido dando la palabra al conjunto de la militancia. Hay decisiones –o indecisiones– que corresponden a las altas esferas, se diría.

En un segundo término, el Comité Federal partía con un lastre del que resultaba imposible librarse. A saber; la forma en que se defenestró a Pedro Sánchez. Y, por otro lado, ese mismo comité meses antes había determinado un ‘no’ a Rajoy. Así pues, no es la coherencia la que parece imperar.

Se decidió, pues, una abstención incondicional, que, según cabe barruntar, es, sobre todo, táctica, pues ahí está el temor a un resultado catastrófico en el supuesto de que se celebrasen una terceras elecciones. Y, en ese caso, todos los argumentos que se esgrimieron desde el seno del partido contra el ex secretario general, argumentos basados en la pérdida continua de votos, quedarían manifiestamente invalidados.

En medio de todo esto, la crisis interna del PSOE está lejos de resolverse. Ahí están los parlamentarios que seguirán con su ‘no’ a Rajoy, salvo sorpresas de última hora, y ahí está el malestar de la militancia, que viene dado sobre todo por el hecho de que no se contó con ella.

Todo son incógnitas, repito. Más temprano que tarde, tendrá que celebrarse un congreso del partido. Está por ver si el señor González podrá seguir ejerciendo de reina madre. Está por ver si lo que salga de ese congreso será favorable a las tesis que vino sosteniendo la gestora. Está por ver quién ganará las primarias que tendrán que convocarse. Está por ver, incluso, si habrá o no escisiones.

Lo que queda del PSOE, de un partido que, desde mi punto de vista, en el que, insisto una y otra vez, hace mucho tiempo que sólo es de izquierdas en sus siglas. Porque, cuando se habla de Rajoy, como campeón de los recortes y de la corrupción, parece que se pretende soslayar lo obvio: que fue Zapatero quien se estrenó en materia de recortes y que el PSOE está salpicado por casos de corrupción desde el felipismo.

Lo que queda del PSOE. Se diría que esta abstención supone, además de otras cosas, un intento desesperado por preservar la vieja política, sí, la vieja política, que, entre otras cosas, no atiende a los cambios generacionales que llaman a la puerta, cambios generacionales a los que el partido de mayor recorrido en el tiempo en la historia de España les da la espalda.

Lo que queda del PSOE: un solar en el que no se sabe bien qué cimientos se pretenden instalar, cimientos que vayan más allá de tácticas de urgencia y de cegueras por pretender continuar algo que ya no se sostiene.

Veremos.

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EL SOLAR SOCIALISTA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-10-2016 | 10:43| 0

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Las declaraciones que hace Javier Fernández como máximo dirigente de la gestora del PSOE tienen –estoy seguro– un largo y tortuoso proceso en el que toca y retoca, rasca y pule, hace y rehace cada frase. Hasta me atrevería a aventurar que puede que una de sus mayores satisfacciones consista en ver en papel o en pantalla esas declaraciones concebidas para ser titulares de prensa. Busca nuestro presidente llariego el brillo desde su verbo cuantitativamente contenido, cualitativamente ambicioso.

Pues bien, entre sus últimas perlas cultivadas está la que habla de que, a pesar de todo, el PSOE conserva el solar, por mucho que el edificio esté deteriorado. He de confesar que me llamó mucho la atención que se refiriese al solar y no a los cimientos, cimientos que tienen mucho que ver con la ideología.

Pero, con todo, vayamos al solar. Pongamos que por ello entendemos el espacio social que representa, espacio que en cada elección se ve reducido. Seamos serios: la cuestión no es la de siempre, o sea, la dialéctica entre unas posiciones moderadas, frente a un izquierdismo al que algunos no quieren renunciar. No, aquí no están enfrentados y confrontados, una vez más, Largo Caballero y Prieto. Creo, antes bien, que se trata de muy distinta cosa: por un lado, se encuentran los que desean apuntalar el bipartidismo que se consolidó en 1982, y, por el otro, quienes piensan que, de una vez, hay que distanciarse claramente del PP y acercarse a lo que en términos genéricos se puede llamar nueva política, que sería apostar sin fisuras por la regeneración y abandonar las políticas de desigualdad entre territorios y entre ciudadanos, así como las concesiones al conservadurismo.

No, no se trata de radicalizarse con un discurso izquierdista. La historia es otra: acabar con los privilegios de la mal llamada clase política, romper con la desigualdad impositiva y de sueldos entre comunidades autónomas, apostar sin fisuras por la enseñanza pública, no seguir apoyando el negocio de la enseñanza concertada, combatir la corrupción con algo más que retórica, acercarse a las capas de población más jóvenes, hacer de la meritocracia proyecto irrenunciable.

Tras el ‘bluf’ que supuso Zapatero, tras todas las sombras del felipismo, entre ellas, el terrorismo de Estado y la corrupción, el partido más veterano de la política española necesita dejar claro cuáles son sus cimientos ideológicos y cuál es su proyecto de país. El futuro del PSOE no pasa por seguir siendo un partido sagastino intentando sostener un edificio político, el del sistema actual, que se está desmoronando, todo ello por mucho que Javier Fernández cite a Cánovas sin desvelar la autoría de la frase de turno.

El solar socialista no puede ampliarse mientras no dejen atrás tantas renuncias. ¿Se puede reivindicar la etiqueta socialista sin haber sacado la religión de la enseñanza pública, habiéndose cargado las cajas de ahorros como entidades concebidas para fines sociales, siendo comprensivos con la corrupción propia y ajena, habiendo sido los primeros en aplicar los recortes, y así un largo etcétera?

¡Ay! ¿Es mucho pedir que se den cuenta de que un partido socialista no puede situarse, con sus políticas, a la derecha, muy a la derecha, de la socialdemocracia?

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DYLAN Y EL NOBEL: BENDITA IMPUREZA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-10-2016 | 05:49| 0

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Si se discutiese hasta qué extremo las letras de las canciones de Dylan son merecedoras del máximo galardón literario internacional, sería un debate interesante y acaso intenso. Sin embargo, no es eso lo que más destaca en la polémica suscitada al respecto, puesto que lo que está sobre el tapete es si se puede o no considerar literatura la obra de un cantautor. Y, en este sentido, lamento decir que echo en falta un mínimo de amplitud de miras.

Y es que, miren ustedes, no hace falta atesorar una gran erudición en materia de historia de la literatura para caer en la cuenta de que los vínculos entre la poesía y la música son enormes e innegables.

Por otra parte, hay letras de canciones que son excelentes poemas. Pensemos, entre otros, en Brel, en Serrat, en Raimon, en Aute, y así un largo etcétera. A este respecto, no puedo pronunciarme en lo que a Dylan se refiere, puesto que, para ello, tendría que dominar la lengua inglesa, y, desde luego, no es mi caso.

Bendita impureza. Parece que hay muchas gentes que no quieren recordar que Croce puso en tela de juicio los cánones clásicos sobre los géneros literarios. Parece que se quiere obviar, por poner un ejemplo entre muchos, que en una obra clásica de la épica como ‘La Eneida’, de Virgilio, hay fragmentos que tienen un lirismo asombroso. Parece que se soslaya que en el teatro de Valle- Inclán las acotaciones que lo hacen tan difícilmente representable se ajustan poco a la ortodoxia del género.

¿Tanto esfuerzo cuesta salirse un poco de la ortodoxia y de los caminos trillados? ¿Hace falta volver a preguntarse qué es poesía? ¿Resulta necesario a estas alturas recordar que hay poemas clásicos que ofrecen una musicalidad extraordinaria, del mismo modo que hay otros poemas que carecen de ella, la mayoría de los que escribió Unamuno, por ejemplo?

¿Acaso los poemas de Machado a los que Serrat les puso música son por ello menos literarios? ¿Acaso la literatura sólo tiene cabida en el papel y no en la partitura musical?

Bendita impureza. Bienvenida sea la prosa poética, la poesía cantada, el teatro difícilmente representable, la narrativa mezclada con otros géneros, y así sucesivamente.

Y, por último, no negaré que me sorprende esta polémica acerca de la concesión a Dylan del Premio Nobel de Literatura, porque, desde mi punto de vista, no es éste el debate que debería estar sobre la mesa, sino –insisto– otro muy distinto: si las letras de muchas de sus canciones están o no a la altura de la mejor poesía.

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Mientras Correa canta
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-10-2016 | 13:52| 0

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«Y a menudo he pensado en otra historia/ distinta y menos simple, en otra España/ en donde sí que importa un mal gobierno» (Gil de Biedma).

Mientras Correa canta, Rajoy se prepara para una nueva sesión de investidura a la espera de que el PSOE, con su abstención, le dé vía libre para formar un nuevo Gobierno. Mientras Correa canta, el partido que en su día fundó Pablo Iglesias y que concibió como un instrumento de lucha contra la desigualdad y el caciquismo, atraviesa sus horas más bajas y críticas, al tiempo que Javier Fernández, en apariencia, más hamletiano que nunca, mide los pasos y cuida sus palabras para que todo se desatasque y, por fin, se pueda anunciar con humo que habemus Gobierno en todas las Españas.

Mientras Correa canta, el partido más salpicado por escándalos de corrupción, que es al mismo tiempo el más votado, está a la espera de salir de la provisionalidad y de buscar argucias retóricas, poco consistentes, para que el escándalo del juicio que nos ocupa no obnubile los ceremoniales que se presumen.

Mientras Correa canta, todo parece indicar que gobernará el partido de la trama que se está juzgando al tiempo que su enemigo íntimo, apuntalando el sistema, se los pondrá en bandeja.

Mientras Correa canta, sin perder de vista en ningún momento que pude haber inculpaciones y exculpaciones no muy inocentes, uno se pregunta hasta qué punto la ciudadanía se tomará la molestia de hacer la abstracción que sigue. A saber: que la podredumbre está en el sistema. Que si, según declara el personaje que aquí nos trae, el primer Gobierno de Aznar organizó sus ‘mordidas’, además de la falta de escrúpulos innegable, ello fue posible porque había un sistema que lo permitía cuando el PP ganó las elecciones en el 96, y, por cierto, el PSOE, más que a hacer oposición y seguimiento, dio entonces la batalla sobre todo en asuntos concernientes a plataformas digitales. Y el sistema con el que se encontró el PP algo tuvo que ver necesariamente con los gobiernos anteriores de González.

No, la corrupción en España no la estrenó el PP, conviene recordarlo. Y, en un momento como éste, incluso dando por hecho que hay dirigentes del PP y del PSOE que desean de verdad una regeneración política, lo que está claro es que la susodicha no es prioritaria, sino la salvaguarda de un sistema que cada vez hace más aguas por todas partes.

Mientras Correa canta, la vieja política, esto es el PP y no pequeña parte del PSOE, se protege y se las intenta ingeniar para sobrevivir. Se diría que la corrupción no va con el PP, a pesar de que el partido está procesado por financiación ilegal. Se diría que el dirigente máximo de la gestora del PSOE, que cita a Cánovas y no a Pablo Iglesias, al margen de los panegíricos que se le están escribiendo, quiere que no lleguen los intrusos a la política, quiere que la abstención derive en algo muy lampedusiano.

Mientras Correa canta, la España oficial se prepara para una nueva liturgia. Frente a ello, la España real está cada vez más al margen de la política.

¿Tiramos cohetes? Me niego.

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Memoria y venganza
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-10-2016 | 05:24| 0

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El sábado, 7 de octubre, en una solemne liturgia en la catedral de Oviedo, fueron recordadas las víctimas de Nembra. Nada tiene de extraño ni de rechazable que la Iglesia rinda homenaje a personas que entregaron su vida a aquello en lo que creían, máxime cuando se da la circunstancia de que, en el caso que nos ocupa, se les dio muerte por sus hábitos.

Se da, sin embargo, la circunstancia de que en la jornada previa a esta liturgia leímos en EL COMERCIO que el arzobispo de Oviedo arremetió con dureza contra la llamada ley de memoria histórica. Y, dado que su ataque no estaba basado en cuestiones jurídicas propiamente dichas, toca, al menos, preguntarse por qué unas víctimas merecen todo tipo de reconocimiento, incluido el martirologio cuando no la beatificación, mientras que otras, por lo que parece, no merecen ser ni recordadas por los suyos ni tampoco reconocidas legalmente dentro de un sistema de convivencia al que llamamos democracia.

Doy por hecho que su Ilustrísima sabe que en la Guerra Civil hubo víctimas en ambos bandos. Doy por hecho que la piedad también es digna de ser aplicada a personas no creyentes.

Ya no se trata de esperar que una autoridad eclesiástica como el arzobispo Sanz Montes llegase a manifestar su piedad por las víctimas republicanas. A tanto no llegan nuestras aspiraciones, pues nos conformaríamos con que respetase que cada cual pudiese llorar, recordar y homenajear a los suyos.

¿Es justo sostener que reivindicar la memoria de los republicanos represaliados equivalga a un afán de venganza? ¿Sólo son dignas de ser recordadas las víctimas que estaban del lado del bando sublevado? Lo cierto es que hay planteamientos que, por mucho que uno se esfuerce en intentar comprenderlos, resultan de todo punto inaceptables.

¿Sería de recibo decirles a quienes tienen a antepasados suyos en las cunetas que deben renunciar a averiguar dónde están sus restos y renunciar también a llevarlos al panteón familiar? ¿Sería de recibo que tuviésemos que olvidar a víctimas del franquismo cuyo trágico fin supuso en su momento escándalos internacionales, por ejemplo, García Lorca y Leopoldo Alas?

Sin la más mínima acritud, se entiende y se respeta, como no podría ser de otro modo, que la Iglesia celebre liturgias solemnes en memoria de sus víctimas, que, desde luego, las hubo. Pero es inadmisible que no merezcan ser recordadas las víctimas del franquismo. ¿Acaso alguien puede negar que tal cosa ocurrió?

El pasado domingo, Leopoldo Tolivar, con mesura, elegancia y equidad, hacía referencia a este asunto en el un artículo en EL COMERCIO. Suscribo cuanto decía en su columna.

Y, por último, me atrevería a sugerir que se recordase aquel espléndido y conmovedor discurso de Azaña, cuando, en plena Guerra Civil, imploraba la paz, la piedad y el perdón.

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Al margen de Javier Fernández
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-10-2016 | 04:39| 0

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A la sociedad española le inquieta la crisis que atraviesa el PSOE, crisis que alcanzó su punto álgido el pasado sábado, 2 de octubre, cuando la sede de Ferraz acaparó la atención mediática a resultas del tremendo rifirrafe que allí tuvo lugar.

El partido político más antiguo del país, más allá de los nombres, tiene que sentirse obligado a dar una respuesta al momento que vive España. Y, desde luego, a estas alturas, ya no serviría considerar que la corrupción es algo sólo imputable al PP. Y, desde luego, hora va siendo ya de que dé respuesta a una situación límite en la que los privilegios de la mal llamada clase política son de todo punto inaceptables. Y, desde luego, un partido como el PSOE, que se concibió hace más de cien años para la consecución de una sociedad más justa, no puede soslayar que, en este momento, una de sus tareas más insoslayables consiste en presentar un proyecto contra la creciente desigualdad que sufrimos tras la crisis. Un partido como el PSOE, en el momento mismo que se reclama de izquierdas y de progreso, está obligado también a captar las necesidades más urgentes que tiene este país, en lugar de instalarse en un conservadurismo que lo desvirtúa por completo.

De todos es sabido, y en Asturias tenemos total constancia de ello, que al actual presidente de la gestora del PSOE le quita el sueño el secesionismo catalán. Lo que me pregunto es si piensan actuar como Rajoy frente a ese problema, o si están dispuestos a poner sobre la mesa propuestas que ambicionen abordar y resolver el asunto. Por ejemplo, una reforma de la Constitución que facilite la cobertura legal del Estatuto de Autonomía que en su día invalidó el Tribunal Constitucional. Por ejemplo, dirigiéndose a la ciudadanía de Cataluña con un discurso que busque persuadir a la sociedad catalana en el sentido de que no puede ser imposible un gran acuerdo que permita salir de la actual encrucijada. Porque, si hay algo innegable, es la existencia de un malestar creciente en Cataluña que se manifiesta en las urnas. ¿Alguien puede creerse que es suficiente con argumentar que todo debe seguir igual? No se puede renunciar, en política, a convencer. ¿Piensan intentarlo?

A la militancia y a los dirigentes de este partido, más allá de la herida que están padeciendo con la crisis interna que tienen ante sí, les correspondería preguntar y preguntarse sobre el papel que le toca al PSOE en la actualidad, empezando por algo muy elemental, y es si lo pertinente consiste en actuar como un partido que pretende conservar un marco político que necesita cambios importantes, o si les toca afrontar una situación en la que las exigencias de los tiempos son muy otras.

¿Cree el PSOE que su papel es apuntalar lo que hay? ¿O dará un paso más allá buscando responder a lo que el momento demanda? ¿Cree el PSOE que el problema territorial y la crisis económica y social se pueden afrontar con los mismos planteamientos con los que gobernaron durante veintiún años, con luces, sin duda, pero con muchas sombras y no pocas traiciones al legado moral de un partido político que nació para hacer de España un país menos desigual y más a la altura de los tiempos?

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PSOE: Horas bajas y ruina ideológica
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-10-2016 | 05:21| 0

Sobre la defenestración de Pedro Sánchez, cuando transcurra el tiempo, acaso se hablará más del cómo que del qué. No olvidemos que todo se precipitó a partir del momento en el que Felipe González declaró sentirse engañado por el exsecretario del PSOE. A partir de ahí, se desencadenó un proceso que culminó con la escandalera del pasado sábado.

Quienes se cargaron a Sánchez parecen estar de acuerdo en que hay que evitar como sea una nueva convocatoria electoral. Y esgrimen que tal planteamiento viene dado por «el bien de España». En su prédica no dicen moverse por el interés del partido. ¡Conmovedor!

Por otro lado, Pedro Sánchez también decía pensar en el bien del país. Todos sus movimientos estuvieron encaminados hacia tal fin, y jamás se le hubiera ocurrido pensar en estrategias para conservar su puesto. ¡Maravilloso!

Y, con el espectáculo que se dio el sábado en Ferraz, las horas bajas y la ruina ideológica que sufre el PSOE se pusieron de manifiesto con crudeza.

El camino hacia la fórmula que le permita a Rajoy formar Gobierno se abrió el pasado sábado, se puso en marcha soslayando que el PSOE está en un mal momento. Tanto es así que los batacazos sufridos en Galicia y en el País Vasco no se hubieran podido evitar con otra persona al frente de la Secretaría General. Ni el PSOE hubiese salido mejor parado en el caso de que en agosto se hubiesen abstenido para permitir gobernar a Rajoy.

La decadencia que vive el PSOE tiene un recorrido mucho mayor que la etapa de don Pedro. Negar esto significaría ceguera o cinismo hiperbólico.

Y, por último, confieso que me gustaría sumarme a quienes se prodigan en elogios a Javier Fernández, pero lamento no poder hacerlo. Si se pretende que el PSOE recupere la confianza de la ciudadanía, lo primero de todo sería distanciarse claramente del PP. Y, para ello, no parece muy adecuado coincidir con Cánovas del Castillo. Digo esto, porque el artífice de la Primera Restauración es autor de la frase que sigue: «En política, todo lo que no es posible es falso». Don Javier, por su parte, declaró muy recientemente estas palabras: «Me gustaría un gobierno entre el PSOE, Podemos y Ciudadanos, pero no es posible y en política lo que no es posible es falso, y tenemos que reconocerlo». Convendrán conmigo en que ningún dirigente histórico del PSOE pensó jamás que Cánovas pudiera ser un referente.

Un PSOE que se reclama socialdemócrata no puede parecerse tanto al PP. Un PSOE que quiere regenerar la política y combatir la desigualdad no puede tener como reina madre a Felipe González.

El cortoplacismo les lleva a la estrategia inmediata de evitar otro descalabro electoral, evitando que haya comicios en diciembre. La recuperación de la credibilidad, sin embargo, tendría que pasar necesariamente por un rearme ideológico. ¿Alguien piensa que las viejas glorias de este partido son las personas indicadas para ello?

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