El Comercio
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El crimen (también) fue en Oviedo: Una placa en el Parlamento asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-03-2014 | 20:59| 0

«Y mi memoria era a veces un trémulo sistema de espejos comunicantes». (Muñoz Molina. Beltenebros).

 

Leopoldo Tolivar Alas, catedrático de Derecho Administrativo y colaborador de EL COMERCIO, acaba de remitir una propuesta al Presidente del Parlamento asturiano para que en la Junta General figure un digno recordatorio a todas aquellas personas que fueron sometidas a Consejos de Guerra durante la guerra civil a partir del 19 de octubre de 1936 en ese mismo inmueble, entonces conocido como Palacio de la Diputación. Sobra decir que esos juicios carecieron de las más mínimas garantías procesales y que las personas que fueron sometidas a semejantes atropellos tenían sobre sí la gravísima acusación de haber servido lealmente a la legalidad republicana, es decir, al Estado democrático que se había proclamado el 14 de abril de 1931.

No sólo estoy totalmente de acuerdo con lo que plantea Tolivar Alas, sino que además me pregunto cómo es posible que, tras más de treinta años de autonomía, no se haya hecho nada a este respecto.

La pertinencia de propuesta del catedrático Tolivar es difícilmente rebatible. Los

mencionados Consejos de Guerra sucedieron y nadie podría sostener que tuvieron las mínimas garantías procesales. Se antoja, por tanto, muy difícil que haya razones para oponerse a ese recordatorio, máxime cuando semejantes infamias se produjeron en el inmueble que, a día de hoy, es la sede de un Parlamento supuestamente democrático, que es la representación máxima de la ciudadanía asturiana.

Habrá quien diga que todo lo que suponga recordar a los muertos es remover heridas, que tales iniciativas obedecen a pérfidos fines revanchistas y no sé cuántas monsergas más de esa misma índole.

No se trata, perdón por la obviedad, de nada de eso, sino de muy distinta cosa. ¿Acaso una sociedad democrática está obligada a desconocer y sepultar su propio pasado? ¿No es más bien todo lo contrario? ¿No está obligada toda democracia que se precie a reconocer a quienes fueron todo un ejemplo de respeto a la legalidad del Estado al que servían?

¿Acaso se puede esgrimir un solo argumento convincente para que la historia más reciente no pueda ser conocida?

Renan concebía la nación como una continua dialéctica de glorias comunes y remordimientos.

Pues bien, esto es lo que está en la iniciativa del ciudadano Tolivar Alas. Las glorias comunes que incluyen a quienes respetaron desde sus responsabilidades  la legalidad y los remordimientos de todos ante episodios como los que tuvieron lugar en la actual sede de nuestro Parlamento autonómico durante un largo periodo de la guerra civil.

Por justicia poética, o, lo que en este caso es lo mismo, por justicia histórica, el Parlamento asturiano debe hacer suya la propuesta de Leopoldo Tolivar, aprobando que esa placa figure como recordatorio y homenaje a las trayectorias de unos ciudadanos que fueron víctimas de una locura colectiva que convirtió España en una macabra orgía de muerte y destrucción.

Una placa en el Parlamento asturiano, porque el crimen fue también en toda España, fue también en Oviedo, en nuestro Oviedo.

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Luto y orfandad (En la muerte de Faustino F Álvarez)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-03-2014 | 02:49| 1

 

Tarde primaveral a orillas del Narcea. Cantos de pájaros que atestiguan la presencia de la estación más ansiada y que le ponen música. Hermosa y pálida luna a punto mostrarse completa. Día pintiparado para saborear un fin de semana que estaba empezando.

Poco después, suena el teléfono. Recibo una llamada de EL COMERCIO. Me comunican el fallecimiento de Faustino F Álvarez. Y, en ese mismo instante, ella, la memoria, acude a mí con su repertorio de alegrías y desgarros, con su cronicón de recuerdos que nos hicieron tal como somos, que nos ponen alerta contra el olvido. Bendita memoria.

¡Cuántas imágenes me proporciona la memoria sobre el periodista que acaba de despedirse de la vida! La de verlo por Vetusta conduciendo un seat Ritmo. La de sus columnas en distintos medios a lo largo del tiempo. Las imágenes televisivas presentando y moderando programas. Repertorio que es un modelo para armar toda una trayectoria periodística de gran importancia en esta tierra. La afabilidad de su trato cuantas veces hablé con él. La de una trayectoria que derrochó vitalidad sin que ello mermase una capacidad de trabajo infatigable tan fácilmente constatable.

Eran tiempos difíciles e ilusionantes, cuando empecé a leerlo, tiempos también de esperanzas y miedos, de cambios irreversibles. Faustino había aprendido a escribir no sólo con calidad literaria y socarronería, sino también –lo que no es nada fácil- con la elegancia de un estilo literario impecable que nunca sofocó la frescura del descaro que emergía en sus artículos cuando el guion lo requería. Recuerdo aquella etapa suya admirablemente prolija, coincidente con los tiempos que acabo de mentar: artículos en prensa, cartas abiertas a personajes del momento  en emisoras de radio, también entrevistas. Recuerdo también su etapa al frente de Televisión española en Asturias en la que a veces se emitieron debates memorables que él moderó.

Su columna era una cita cotidiana. Jamás encontré  en ella textos en los que las prisas jugasen malas pasadas. Redondeaba el estilo. El lector percibía que nunca faltaba esa pasada de piedra pómez que quita los pelillos sobrantes, que presenta el texto sin los borrones de la premura.

Difuminado queda el mayor o menor grado de acuerdos y desacuerdos con lo mucho que escribió. Lo que permanece es que jamás incurrió en el fárrago, que los topicazos de forma y fondo no invalidaron sus artículos. Lo que permanece es la columna bien escrita, en lo que fue un maestro.

Faustino F. Álvarez y sus complementos circunstanciales: la pipa, como José Luis Balbín, y aquella máquina de escribir que aparecía en muchos artículos suyos en la desaparecida “Hoja del Lunes”, de Oviedo. Se ocupaba en aquella columna de las novedades de libros. Y, al margen de eso, se antoja difícil imaginar a este hombre sin tener cerca un escritorio. Vivía la vida escribiéndola y describiéndola.

Se va un gran periodista. Se queda la huella indeleble de lo mucho que publicó y de lo bien que lo hizo. Voluntad de estilo, insisto, mordacidad y descaro cuando hacía falta.

Y, antes de concluir, no puedo no recordar algunos textos suyos escritos desde una indignación memorable que dirigió a algunas vacas sagradas de esta tierra, donde miró al poder cara a cara, sin arrugas, sin rodeos, con un manejo del idioma envidiable.

Escribió mucho y bien. Y le dio intensidad a todo, a la vida y a la obra.

Luto y orfandad en el columnismo de esta tierra.

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La continua escandalera en el PP asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-03-2014 | 01:36| 1

“Si en nuestras relaciones privadas evitamos molestarnos, en la vida pública, un respetuoso temor es la principal causa de que no cometamos infracciones, porque prestamos obediencia a quienes se suceden en el gobierno y a las leyes, y principalmente a las que están establecidas a ayudar a los que sufren injusticias y a las que, aun sin estar escritas, acarrean a quien las infringe una vergüenza por todos reconocida.” (De la Oración fúnebre por la democracia, de Pericles).

¿No les abochornaron a los dirigentes peperos astures los fracasos electorales consecutivos de  Pérez-Espinosa y Mercedes Fernández? ¿No les produce rubor el modo en que defenestraron a Pilar Fernández Pardo del Ayuntamiento de Gijón? ¿No tienen suficiente con justificar lo injustificable cuando el Gobierno de Rajoy viene haciendo políticas lesivas contra Asturias, desde cortar los fondos mineros a permitir que se derrumbe el Monasterio de Cornellana, pasando por los continuos retrasos en la variante de Pajares y por el largo parón, que ya empezó el PSOE,  en la autovía de la Espina? ¿Acaso necesitan desprestigiarse más aún con los episodios que se vienen publicando en El COMERCIO relacionados con el caso Pokemon?

¿Cómo es posible que ni se tomen decisiones ni se explique nada con respecto al ex Alcalde de Pravia y actual asesor del Ayuntamiento de Cangas del Narcea, desde el momento mismo en que el señor Guerrero es contratado por un Consistorio que se encuentra en una pésima situación económica? ¿Tan imprescindible es la tarea que lleva a cabo? ¿Hay algún argumento de peso que nos convenza de que no se trata de una canonjía a un hombre de partido, a un profesional de la política, impuesta desde la cúpula pepera? Y, con respecto a las conversaciones que se filtraron acerca de las gestiones de este ciudadano que lo relacionan con el caso Pokemon, aun siendo cierto que no se firmó ningún contrato con la empresa que sale a relucir en tan platónicos diálogos, alguien tendría que salir a la palestra para borrar, si es que ello resultase posible, toda sombra de sospecha.

El PP astur tiene dos graves problemas a los que parece no querer enfrentarse.  Uno es su falta absoluta de meritocracia. Problema que arrastra desde hace mucho tiempo. ¿No es cierto que la ciudadanía conservadora se merece verse representada por dirigentes que no sean como Ovidio Sánchez, prácticamente desaparecido de Asturias desde las elecciones generales de 2011, que no sean como Fernando Goñi, al que, por cierto, los socialistas asturianos debieron confundir con Besteiro cuando lo votaron para Presidente del Parlamento llariego justo antes de que se iniciase el brevísimo mandato de Cascos, que no sean como doña  Isabel Pérez- Espinosa y como doña Mercedes Fernández, la primera sin un solo discurso consecuente, y la segunda sin que se sepa bien qué proyecto político tiene para Asturias más allá de lo que son continuos parabienes al Gobierno de Rajoy? ¿Y qué decir de la agonía política de Gabino de Lorenzo tras haber perdido la mayoría absoluta en Oviedo enfrentándose ahora a un pasado inmediato que le reclama explicaciones, entre otros asuntos, sobre el Calatrava?

Y el otro grave problema guarda relación con estas escandaleras continuas de las que venimos hablando. Lo peor de todo es que no se percibe una inequívoca voluntad de acabar con todo ello. ¿Acaso algún dirigente del PP astur tuvo a bien hasta el momento pedir disculpas a la ciudadanía por estos episodios tan sonrojantes? ¿Acaso se tomaron al menos la molestia de escenificar que ya está bien de sinecuras y privilegios en lo que de ellos depende?

El PP astur es un partido descabezado, con dirigentes mediocres, donde habita la picaresca y donde los cuchillos largos a nivel interno se asestan por motivaciones que nada tienen que ver con los intereses de la sociedad asturiana. La susodicha realidad no la presenta sólo este partido. Pero consolarse con eso es resignarse a seguir cosechando fracasos.

Y, por último, hay una paradoja en la que, a mi juicio, se repara muy poco. Este PP astur descabezado y a la deriva es la herencia que dejó Cascos tras su enfrentamiento con Marqués. La guerra entre PP y FAC es, además de otras muchas cosas, goyesca y fantasmagórica.

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Memoria del horror
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-03-2014 | 11:10| 2

 

“Porque en España matan, otros matan/ al niño, a su juguete que se para,/ a la madre Rosenda esplendorosa,/ al viejo Adán que hablaba en alta voz con su caballo/ y al perro que dormía en la escalera./ Matan al libro, tiran a sus verbos auxiliares,/ a su indefensa página primera!/ Matan el caso exacto de la estatua,/ al sabio, a su bastón, a su colega”, (César Vallejo).

 

Aquella mañana hace diez años, como de costumbre,  escuchaba la radio camino de Grao. De repente, con confusión, llegaron las primeras noticias del atentado en Madrid. A medida que el tiempo avanzaba, el horror adquiría mayores dimensiones. Gente que iba a su trabajo o a su clase no había llegado a su destino. Muertos, heridos, culpabilidades. Acebes suministraba datos.

Muchos nos preguntábamos por qué no se reunía la Junta de portavoces en el Parlamento cuando quedaban tres días para las elecciones. Helados ante la masacre, perplejos ante las hipótesis que se manejaban. Desmentidos, rumores de todo tipo, indignación creciente en las calles ante el mazazo. ¿Pero qué había pasado?

El mayor atentado terrorista de la historia de España no sólo había dejado los ánimos del país noqueados y doloridos, sino que además las informaciones oficiales abrían cada vez mayores fisuras para las dudas.

Llegó la noche y cada vez era mayor la incertidumbre con respecto a la autoría de aquella matanza. Del abatimiento a la indignación en menos de 24 horas. ¿Por qué no se hablaba claro? De hecho, las gentes que se manifestaban en las calles preguntaban quién había sido.

España era un velatorio. La cita con las urnas no fue aplazada. Nunca en la historia de la democracia hubo tantas concentraciones ciudadanas ante las distintas sedes de un partido político increpando y pidiendo explicaciones. Recuerdo haber leído que Rodrigo Rato se horrorizó  ante el rechazo que percibía en las gentes que se manifestaban en las calles.

Y, para sorpresa más o menos general, el PP perdió las elecciones. Nunca hubo una derrota política peor digerida. Entre las muchas cosas imperdonables que sucedieron en aquellos tres días que aterrorizaron a España, fue que en algún momento dio la impresión de que se ponía, por parte de algunos,  mayor atención en los votos perdidos que en las muertes que habían tenido lugar.

En el cronicón de los horrores, disputas por los votos, disputas por la autoría de los atentados. El azanarismo no pudo tener peor final. Cierto es que semejante tragedia pudo haber sucedido con cualquier Gobierno. No lo es menos que oficialmente se administró la información de forma lamentable.

Memoria del horror. Ajenos estuvimos en esta tierra a que los explosivos habían viajado desde Asturias. ¿Quién nos lo iba a decir?

Memoria del horror. No fue ciertamente difícil imaginar las terroríficas secuencias del momento en que se produjo el atentado.

Quiero creer que, para inmensa mayoría, nada silenciosa en aquella ocasión, la política con minúsculas pasó a un segundo plano. La pesadilla colectiva había sido tan desgarradora y brutal que todo lo demás, resultado de las elecciones incluido, se consideró secundario, por mucho que, insisto, en ciertos ámbitos, se contasen más los votos que los muertos.

Memoria del horror: muertos y heridos, víctimas de una matanza aberrante, que sigue produciendo ríos de tinta y que genera indignación el mero hecho de recordarla.

Herida abierta, que jamás se cerrará.

Nunca olvidaré que, en aquellos días,  en todo momento tuve presente a César Vallejo. Los golpes de la vida tan fuertes y tremendos, así como aquella España en la que la muerte no tenía pausa.

Es imposible, recordando aquello,  no hacer nuestro el verso juanramoniano: “¡Memoria, ciega abeja de amargura!”.

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Ejemplaridad política llariega
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-03-2014 | 19:39| 0

Tras la lectura de las noticias que viene publicando “El COMERCIO” acerca de algunos episodios protagonizados por el ejemplar ciudadano que atiende al nombre de Joaquín Fernández y que ejerció de vicesecretario de comunicación del PP llariego, no sólo no es imposible evitar el bochorno y la indignación, sino que además resulta inevitable preguntarse, de una parte, hacia dónde camina el partido conservador en Asturias y, de la otra, hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo se puede seguir degradando la vida pública en nuestra tierra.

Lejos estamos de haber superado el mazazo que supuso el caso Marea, reciente tenemos la experiencia de los silencios de ex responsables políticos del arecismo en sus comparecencias ante la Comisión parlamentaria que se formó para investigar lo sucedido en el Niemeyer, experiencia que no fue muy grata para quienes no nos resignamos a que los despilfarros formen parte del  día a día en la actividad pública. Ello por no hablar no sólo de silencios, sino también de chulerías inadmisibles cuando se comparece ante teóricos representantes de la ciudadanía. Se necesita categoría para respetar la ceremonia sin que ello implique tener en alta estima a los concelebrantes. Pero, claro, a tanto no llegamos.

Y ahora llegan estas conversaciones de don Joaquín que, ciertamente, no recuerdan mucho a los diálogos platónicos. ¿Tenemos que continuar soportando que sucedan estas cosas? ¿Es de recibo que nos resignemos a que los dineros públicos se sigan parasitando?

Y conste que sólo me estoy refiriendo a episodios acaecidos más allá de las conjeturas, que, de confirmarse algunas de ellas, el fango sería aún mucho mayor.

¿Es que entre los dirigentes del PP llariego no existe la más mínima disposición por parte de nadie a pedir disculpas  por los episodios protagonizados por don Joaquín Fernández? ¿Es que no existe la más mínima voluntad  política por parte de los partidos llariegos con representación parlamentaria de pactar que se ponga fin a la presencia de “conseguidores” en sus filas?

Y es que, a decir verdad, no sólo dudamos de la capacidad de acierto de estas buenas gentes a la hora de otorgar cargos de confianza a personas que luego protagonizan escandaleras, como es el caso del que estamos hablando, sino que además ni siquiera podemos tener claro que exista voluntad de que los individuos de esa catadura moral tengan cerradas las puertas de la formación política de turno.

Miren ustedes, por mucho que cada partido no haga más que cargar todas las responsabilidades en sus adversarios, esgrimiendo discursos que los hechos hacen insostenibles, lo cierto es que, a estas alturas, tras haber tenido gobiernos de distinto signo, tanto en el ámbito estatal como en el llariego, no hay lugar, no ya para la ilusión, sino ni siquiera para el margen de confianza a quienes hicieron ya méritos más que suficientes para defraudarnos.

Y lo peor de todo es que, siendo esto tan obvio, no hay el más mínimo afán corrector para poner fin a una deriva tan nociva para la vida pública. Ciegos y sordos no sólo a la decepción y el desapego de la ciudadanía, sino también a esa maestra que es la historia, que sabe dar también lecciones elementales al alcance de quien se tome la molestia de prestarle la más mínima atención.

¿En qué estarían pensando Gabino de Lorenzo y compañía cuando le ofrecieron un cargo de confianza a don Joaquín Fernández? Desde luego, se lucieron. Una vez más, se lucieron.

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Esa amarga lucidez (En la muerte de Leopoldo María Panero)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-03-2014 | 19:36| 0

Padre poeta, y oficialmente adicto al régimen. Hijos díscolos, al igual que los de Sánchez Mazas. Los Panero, una vez muerto su patriarca, fueron conocidos, sobre todo, por la película de Chavarri, afortunada en casi todo, hasta en el título, pues el desencanto que habitaba en la casa astorgana tenía mucha más solera y antigüedad que el de la transición. Lo mejor de aquella película sigue siendo el buen trato al idioma de todos sus protagonistas.

Poeta maldito Leopoldo María Panero, que no malo, toda vez que muchos de los segundos quisieron siempre refugiarse en lo primero. Y, sobre todo, poeta de amarga lucidez, sin asomo de sobriedad, ebria y delirante.

Estremece el cara a cara no sólo con la muerte, sino también con los hallazgos que pone a la vista la lucidez. Nunca olvidaré lo mucho que me sobrecogió en su momento una imagen de aquel novelista que fue un eterno segundón, Alfonso Grosso, en la última etapa de su vida, con la razón perdida. Aquel contador de historias, aquel autor de novelas que nunca alcanzaron la excelencia, pero que, sin embargo, no quedaban lejos, parecía reflejar un tormento muy hondo en el que acaso tuviera cabida una lucidez que no parecía encontrar salida. Y, en cuanto a Leopoldo María Panero, ya en la conocida película, dejando de lado los recursos no mal manejados de lo contestatario y del iniciado que parecía estar de vuelta de casi todo, apuntaba los alfilerazos de la lucidez más hiriente. Y, andando el tiempo, se fue perdiendo lo primero y cobrando intensidad lo segundo.

Mesa, silla, suelo de jardín. La soledad de un enfermo que se abisma en sí mismo, poseído e invadido por ella. Locura, delirio, dolor. Agitado todo ello, con la dosis imprescindible de talento, surgen chispazos de genialidad que tanto gustan de aflorar en la poesía, en la buena poesía, aquella que, con muy pocas palabras, expresa lo esencial de sentimientos y pensamientos, aquella que, con muy pocas palabras, da cuenta de un hallazgo que se sabe bien expresado. Parto angustioso de dolor.

No nos encontramos ante una cumbre de la poesía en nuestro idioma, pero, sin duda, muchos de sus poemas certifican muy a las claras que estaba muy por encima de lo discreto y de lo mediocre. Pero, sin duda, la genialidad le brotó en muchos de sus poemas.

Paradoja trágica la de quien se sabe desposeído de la lógica y de la razón más compartida y a ras de suelo y que, al mismo tiempo, tiene mucho que decir y  muy profundo. Ponerle letra y música a ayes y desgarrones, ponerle letra y música a una insatisfacción permanente; ponerle letra y música a un discurso tan amargo como lúcido y delirante, que es todo un himno de destrucción contra los tópicos que hacen de salvavidas y consuelo.

No hay lugar para el optimismo, no hay ambición de plenitud. Lo que se manifiesta de continuo es dolor y pérdida.

Razón perdida y acaso no rescatable. ¿Quién sabe si una poesía como la del poeta recién fallecido es  el desesperado himno que busca lo irremediablemente perdido, ese sosiego que desaparece con la razón y al que se implora desde la amargura y el dolor?

¡Qué soledad más desgarradora la de aquel que hace de orfebre de la palabra y que, sin embargo, no encuentra el cauce comunicativo conesa otredad tan desesperadamente sartriana!

Nos queda esa poesía aguardentosa, ácida, cítrica más que crítica, fuera de toda convención, provocativa y descarada, construida contra la lógica y contra el propio poeta que la sufre.

Clamores y más clamores, destellos de genialidad, tan punzantes como lúcidos. Así es la poesía de Panero, infatigablemente dolorosa, envidiablemente contestataria contra todo, contra todos, contra sí mismo.

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Confederación hidrográfica, versus Gobierno de Asturias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-03-2014 | 19:34| 1

 

¿Se ha pronunciado el Gobierno de Asturias sobre las sanciones impuestas por Confederación Hidrográfica a la multinacional minera por los vertidos o filtraciones detectados en las proximidades de Boinás? ¿Se puede poner en duda que la legalidad en materia medioambiental debe aplicarse no sólo a los ganaderos que vierten sus purines a los ríos, tal y como le sucedió a un ciudadano llanisco, sino a todo aquel que las incumpla? ¿Pedir que toda explotación se ajuste a la legalidad equivale a estar contra la empresa de turno? Se habla de puestos de trabajo, que ciertamente no sobran en los tiempos que corren y menos aún en comarcas que están perdiendo de continuo población.  Ahora bien, eso no puede implicar de ningún modo que sea de recibo que determinadas empresas puedan tener  carta blanca y no estén obligadas a respetar la legalidad. No basta, como dijo la Alcaldesa de Belmonte, que la multinacional de turno se comprometa a hacer todo lo posible para que no se repita lo que dio lugar a las sanciones de la Confederación hidrográfica. Lo que hace falta es que se ajuste escrupulosamente a lo que está estipulado por ley. Y eso no admite medias tintas.

Nadie en su sano juicio puede oponerse a actividades empresariales que generen y mantengan puestos de trabajo. Tan indiscutible es esto como la exigencia de que la ley no sea vulnerada. Insisto en algo tan obvio habida cuenta que, según  determinados discursos, todo lo que sea pronunciarse contra vertidos o filtraciones peligrosas supone estar contra una empresa. Y se da por hecho que esos vertidos o filtraciones existieron desde el momento en que Confederación Hidrográfica impuso sus sanciones.

Y, a propósito de Confederación Hidrográfica y de explotaciones mineras de oro, fue muy aleccionadora la reciente intervención de la Consejera Belén Fernández en el Parlamento asturiano a propósito de los reparos que esgrime la citada institución con respecto al proyecto minero de Salave. Se diría que esta buena señora parece ignorar lo que es el Estado, o sea, que el Gobierno autonómico está tan obligado a hacer cumplir la ley como cualquier otra institución oficial.

Y me pregunto también qué pensará nuestro Presidente Javier Fernández acerca de todo esto. Resulta curioso que un político que manifiesta de continuo un rechazo tan frontal a los discursos nacionalistas se inhiba tanto en un asunto en el que el Estado al que su Gobierno representa en Asturias tiene la obligación no sólo de hacer cumplir la ley, sino también de preservar los tesoros medioambientales de esta tierra, todos ellos, desde el río Narcea hasta todo el entorno de Salave.

Ciertamente, sería muy difícil entender que, desde una posición ideológica que se declara de izquierdas, el Estado deje de cumplir su papel, plegándose a la voluntad de una multinacional a la que cabe exigirle el cumplimiento de la ley lo mismo que al resto de empresas y ciudadanos.

Y, por favor, basta ya de demagogias. Aquí nadie está en contra de ninguna iniciativa empresarial. Aquí se está a favor de que la ley se respete y de que sea igual para todos. Aquí se está a favor de que se preserven tesoros medioambientales que son, además de otras cosas, garantía de futuro. Aquí no todos aceptamos mirar hacia otro lado y guardar silencio.

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Entrañas del occidente astur
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-03-2014 | 02:29| 2

Cómo no estremecerse ante el reportaje publicado por EL COMERCIO sobre esos detonadores que acaban de aparecer en la Mina Conchita, cuando está a punto de cumplirse una década de aquel horrendo atentado del 11-M? Resulta inevitable que la vista se detenga un momento en esa especie de osamenta de la Asturias ignota y desentrañada, en la que las zarzas abrigan los despojos de una actividad minera que se paralizó hace tiempo.  Produce espanto recordar que desde allí partieron en su momento los explosivos para una matanza tan escalofriante.

Entrañas del occidente astur abiertas en su momento para extraer caolín. Tras ello, ninguna cirugía en el paisaje. Tras ello, la herida abierta. Tras ello, el abandono, instrumental mortífero incluido. Tras ello, tan macabro desguace.

Entrañas del occidente astur, yacimiento arqueológico de una historia que está por escribir, la de la minería del caolín por estos contornos, breve y fugaz, provisional y efímera si se piensa en un ciclo económico. La amarga paradoja es que la historia no sólo hablará en este caso de la explotación minera, sino también de los explosivos sustraídos, para sorpresa y horror de todos, por haber formado parte de un cronicón de los horrores que tanto y tanto recuerda a aquellos golpes tan fuertes que suceden en la vida tan maravillosamente versificados por César Vallejo.

Mina Conchita, anatomía de un paisaje rocoso, que parece tener voluntad de ofrecer resistencia a mostrarse accesible y sumiso. Suelo abandonado, subsuelo herido.

Despojos de anciana habitación, parodiando un hipérbato quevedesco donde la ruina y lo decadente son protagonistas, donde los muros patrios se desmoronan. Y desorden, todo desorden. Porque si el suelo y el subsuelo parecen, como dije, ofrecer resistencia a toda invasión, los regueros, las torrenteras, las aguas que se abren paso van camino del centro de Asturias con el Narcea como apeadero y ruta. Aguas que, poco más arriba, son retenidas para producir energía. Aguas, las del suroccidente de Asturias, que en su momento fueron aprovechadas para el progreso industrial de esta tierra.

Huella indeleble la de los materiales explosivos que ya no estaban destinados a abrir las entrañas de estos rincones del suroccidente para extraer caolín. Sobrantes los que acaban de encontrarse de un ceremonial tétrico. Y, en medio de todo ello, una amplia batería de preguntas que difícilmente tendrán respuestas adecuadas. Pero, en todo caso, es injustificable e inexplicable que, diez años después de aquella matanza, aún permaneciesen en el lugar en el que se robaron los explosivos detonadores y material de ese tipo. Nada tiene de extraño en tal sentido que Pilar Manjón se pregunte en la entrevista publicada en EL COMERCIO cómo es posible semejante cosa.

A quienes contaron más los supuestos votos perdidos que las muertes en aquel día de horror, a quienes tuvieron la responsabilidad institucional por controlar el estado en el que quedan las minas cuando cesan en su actividad, habría que preguntarles muchas cosas y exigirles, como mínimo, responsabilidades políticas.

Pero, por lo que se ve, se da la paradoja de que por estos lares la única dinámica es el abandono. Y las entrañas del occidente astur sufren desatención real y metafórica. Y  nadie parece inmutarse por ello.

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En el 75 aniversario de la muerte de Antonio Machado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-02-2014 | 19:20| 3

El 22 de febrero de 1939 fallecía en Colliure don Antonio Machado. Se fue de la vida, como había escrito, ligero de equipaje. Dejaba tras de sí una España derrotada en la que el poeta no podía tener sitio. De su último y agónico periplo da noticia con precisión Corpus Barga. Últimos versos mirando al mar. Últimos suspiros por y para España. Envejecido y derrotado, se murió don Antonio. Acaso el poeta por excelencia a la hora de buscar el legado moral de un tiempo y un país que se despedía de su segunda edad de oro acosado y perseguido por un afán destructivo que conmovió al mundo.

Aliño indumentario descuidado, versos contados con los dedos, sin la pulcritud juanramoniana, sin la musicalidad de Darío. Pero viendo claro pasado y presente. Pero haciendo de la tarde una cita poética ineludible. Todos los tópicos del 98, la Castilla miserable y terrible, la sangre de Caín. La España que bostezaba. El hombre del casino provinciano. El desgarro ante la muerte de Leonor.  El erotismo difícilmente contenible transmitido a Guiomar. La apócrifa verdad de Mairena, apócrifa y lúcida, socrática, sabia, irónica.

El tiempo que somos entre Bergson y Heidegger. La agonía unamuniana. La envidiable inspiración para retratos poéticos nunca superados. El compromiso cívico. El legado institucionista. La bienamada y soñada república. La espectral noche en la que asesinaron a Lorca, eternamente fantasmagórica, inolvidable pesadilla el oprobioso crimen.

El tiempo que somos, digo. Bergson, insisto, el tuno del que tanto aprendió del que le habló a su querido don Miguel. El tiempo, la historia, el amor, la leyenda, lo terrible, la miseria.

Tres cuartos de siglo después de su muerte, don Antonio Machado es, ante todo y sobre todo, un poeta necesario, por ética y por estética, por forma y contenido, la forma que, según Flaubert, era la hoguera que provocaba el fondo.

Un poeta necesario, en efecto, para pensar España, para repensar la historia, para añorar referentes lúcidos y honestos, para ver que lo bello y lo sublime no son necesariamente, con permiso de Kant, incompatibles con una expresión austera, sencilla.

Un poeta necesario para que la izquierda se mire en su propio espejo. Un poeta necesario para demostrar que la mejor poesía no está reñida con un compromiso ético insobornable. Un poeta necesario para estos tiempos de orfandad intelectual.

Soria, el río Duero, el viejo olmo, el Dios Ibero, Leonor, Guiomar, Abel Martín, Mairena. ¿Cómo explicarnos España sin ellos? ¿Cómo hacer calas en nuestra mejor literatura sin todos esos apeaderos de lujo?

Flechas de Cupido, Mañara, rosas con fragancia poética. Y, en medio de todo ello, sobriedad, ninguna estridencia, poesía sin torbellinos, sin mezcolanzas empalagosas, sin sobrantes. Poesía sin excesos barrocos, directa al corazón, regalo al entendimiento. Cita con la intrahistoria que en su día atisbó Unamuno. Machado es el siempre de nuestra poesía, el ayer no acabado, el presente no menos imperfecto. Y el futuro que está por escribir, pero que tendrá que contar con la obra machadiana, con la España que quiso y no pudo ser, la de la rabia y la de la idea. Con el manantial sereno, pero vivo y permanente, del que brota esa cumbre poética que es su obra.

Repito: un poeta siempre y todavía necesario. Y esos versos últimos que hablan de mar y de la infancia, en los que se sumergió camino de aquella muerte que cruzó la frontera.

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La Concha de Artedo después de la batalla
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-02-2014 | 02:07| 3

 

Decidí aplazar  la visita que no podía rehuir a la Concha de Artedo. No dejé de pensar durante los últimos temporales en el estrépito que estarían haciendo las piedras inmediatamente después de que cada ola gigante se retirase. En todo momento me pregunté por la relación entre la profundidad de esta playa, a poco que uno se adentre en ella, y lo vulnerable que es a los vientos y tempestades. ¿Siempre es vulnerable lo más profundo?

Concha de Artedo, pedregosa, rebelde a toda mansedumbre. Concha de Artedo, profunda, no se sabe bien cuánto. Concha de Artedo que se niega a brindar comodidad de acceso al visitante. Concha de Artedo, escenario de mi primera novela, publicada en 1998. Concha de Artedo, bravía, tempestuosa, sonora.

Sus piedras, como trincheras que parecen tener vocación de defensa de ese aislamiento al que propende. Quizás tenga voluntad de ser contemplada desde lo alto. Tal vez se niegue a ser invadida por viandantes, o, al menos, se lo pone difícil.

La Concha de Artedo después de la batalla, tras esa locura que se apoderó del mar asturiano en los pasados temporales. ¡Cuánto arrasó, qué huella más larga ofrece! Seguro que las piedras que en gran medida la cercan sintieron que sobre ellas caía la fuerza de un río enloquecido, de un río en el que los rabiones se crecieron y multiplicaron.

Lo cierto es que uno de los diversos encantos del paisaje asturiano radica en que son muchos los rincones en los que lo ñoño no puede tener presencia, no puede quedarse. Y uno de esos enclaves imposibles para cualquier nadería es la playa de la Concha de Artedo.

Romanticismo, sí, con todo el brío, con toda su autenticidad, que nada tiene de cursi, ni de empalagoso, que es el propio de esas almas atormentadas a las que tanto les debe la literatura. Hablo de ese romanticismo que, literal y literariamente, inventó el paisaje. El mismo que algún momento tendría que hacer justicia a ciertos escenarios asturianos, entre los que esta playa sería uno de los enclaves más pintiparados.

Paisaje para el desgarro y los desgarrones, paisaje para lo profundo, paisaje para los embates de esa angustia que a veces nos atosiga con firme determinación de arrasar. Paisaje para esa belleza de lo tumultuoso, de lo turbulento, de lo agitado, de lo febril, de lo delirante. Paisaje para la música wagneriana. Paisaje para lo aguardentoso, que rasca, sí, pero que también limpia y libera. Paisaje para lo agónico en el sentido unamuniano, para la lucha interna, para el traqueteo que forman y conforman nuestras contradicciones más zozobrantes.

La Concha de Artedo después de la batalla ofrece al visitante un espectáculo digno de ser interiorizado, capaz de contribuir a recuperar energías adormecidas, pero nunca muertas. Paisaje para las heridas, no cicatrizadas, que dejó el temporal a su paso.

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