El Comercio
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A propósito de Pedro J. Ramírez
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Luis Arias Argüelles-Meres | 03-02-2014 | 13:04| 4

 

La libertad política significaría la liberación de los individuos de una política sobre la que no ejercen ningún control efectivo. Del mismo modo, la libertad intelectual significaría la restauración del pensamiento individual absorbido ahora por la comunicación y el adoctrinamiento de las masas, la abolición de junto con sus creadores.” (Marcuse).

El hebdomadario que, domingo tras domingo, nos vino acompañando con su epístola desde las páginas del periódico que dirigió desde hace casi 25 años, deja la dirección de “El Mundo”, y lo hace con la aureola de haber sido combativo y crítico especialmente con Felipe González y Rajoy, también con la Monarquía. Por encima de cualquier otra consideración, estamos hablando de alguien a quien no se le puede acusar de mediocridad. Así las cosas, sus luces y sus sombras no son ni pueden ser pequeñas.

Entre las primeras, no se le puede negar a Pedro J que la corrupción del felipismo fue conocida en gran parte gracias a su tenacidad y trabajo. No olvidemos que el  7 de enero de 1990 es una fecha clave en la historia de la corrupción en España, porque ese día se publica en el diario “El Mundo” la entrevista en la que el Alcalde de Barbate denuncia los comportamientos de El Hermanísimo, es decir, del ciudadano Juan Guerra. Y no olvidemos tampoco que, si se destapó el terrorismo de Estado, ello se debió a las denuncias que hizo primero en “Diario 16” en la etapa en que fue dirigido por Ramírez y, pasados los años, esa  historia se publicó corregida y aumentada en el diario “El Mundo”, digo corregida y aumentada, porque algunos de los protagonistas de los GAL como Amedo y Domínguez rompieron su silencio en el citado diario. En la caída del felipismo tuvo mucho que ver la labor de los periódicos que dirigió Pedro J. Y, más allá de partidismos y filias y fobias, a un periodista nunca se le podrá reprochar que desenmascare corruptelas y no ocultase informaciones por servilismo al poder de turno. Y, por otra parte, tampoco se le puede negar a Pedro J su talento como articulista, que lo viene demostrando desde hace décadas.

En cuanto a las sombras, no podemos soslayar su empeño en buscar en los terribles sucesos del 14-M culpabilidades que exoneraran al azanarismo, primero de los errores de comunicación cometidos tras aquella escalofriante matanza y, en segundo lugar, negando el rigor de las pesquisas judiciales.

En cualquier caso, hablamos de uno de los periodistas más influyentes de nuestra más reciente historia. En su caso, no cabe decir aquello de que “el medio es el mensaje”, es decir, que consiguió notoriedad gracias al prestigio de las publicaciones en las que trabajó, puesto que, antes al contrario, sobre todo en el caso del diario “El Mundo”, es, esencialmente, obra suya. Periodista influyente, digo, que a veces nos puede hacer recordar –mutatis mutandis- a lo que significó en su época Emilio Romero, con sombras también muy alargadas, pero, en ningún caso, mediocre.

Habría que conocer con precisión hasta qué punto puede ser responsable el periodista que nos ocupa de la alarmante situación económica en la que se encuentra su diario. En este sentido, no dejaría  de ser paradójico que alguien tan entusiasta del liberalismo económico, no haya sido tan buen gestor, si esa situación económica del  rotativo que hasta ahora dirigió es tan catastrófica como se dice. Y, por otro lado, para hacerse una idea lo más objetiva posible del personaje que nos ocupa, no vendría mal conocer cuáles fueron sus apoyos económicos a los distintos proyectos que  vino creando hasta el momento.

Azote del felipismo, defensor casi a ultranza de Aznar y sus Gobiernos; azote también de Rajoy y del PP, tras sus horas con Bárcenas a las que tanto partido informativo les sacó, este periodista tan influyente y de ideología inequívocamente conservadora, es uno de los personajes públicos más influyentes de las últimas décadas en España.

Víctima de intromisiones burdas en su intimidad, víctima también de rencores y envidias, nunca podrá negar, sin embargo, que entre Aznar y la verdad objetiva, se decantó más por el primero y que su interminable campaña con respecto al 14-M forma parte de sus más alargadas sombras. Hasta el último momento, quiso que Aznar ganase batallas en las que no pudo participar. Y su derechismo vino siendo en determinados temas demasiado extremo.

Insisto: todo menos mediocre.

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Chispazos nietzscheanos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-02-2014 | 19:01| 1

Nietzsche. Aforismos. Selección, notas y crónicas de Luis B. Pietrafesa. Prólogo de Manuel Neila. Renacimiento. Sevilla, 2013. 368 páginas.

Para Ortega, Nietzsche fue lo tórrido. Unamuno, que lo había leído a fondo, aludía casi siempre al pensador alemán en tono aparentemente compasivo. Sobejano, en su libro Nietzsche en España, elaboró un estudio profundo e imprescindible sobre la influencia de este pensador en nuestras letras. El referido título de Sobejano es de obligado tránsito para entender eso que tan genéricamente se conoce como “Edad de Plata” y que incluye a las tres generaciones literarias más brillantes y fecundas de nuestra literatura contemporánea. Y, en términos más genéricos, lo cierto es que el autor de Así habló Zoroastro le dio una sacudida al mundo del pensamiento, cuyas réplicas no terminarán de cesar nunca.
Objeto de interpretaciones no sólo diversas, sino también fuertemente encontradas, lo que nadie se atrevió a negarle nunca a Nietzsche fue su genialidad, ni siquiera quienes pretenden despacharlo como una de las grandes y perversas influencias del nazismo.
Filosofó, en efecto, a martillazos, puso patas arriba los conceptos de moral más clásicos, arremetió contra lo judeo- cristiano a degüello. Y toda su obra se sustenta en dos cimientos abusivamente sólidos para todos aquellos que pretenden soslayar la relevancia de Nietzsche en la historia del pensamiento occidental. En primer término, era un profundo conocedor del mundo clásico, a cuya enseñanza se dedicó en el ámbito universitario. En segundo lugar, la genialidad lo acompañó en todos sus escritos, incluso en los más delirantes, que pueden estar reñidos con la lógica más ramplona, pero nunca con la inteligencia.
El libro que aquí reseñamos, que compila los aforismos más definitivos y definitorios de Nietzsche, tiene un enorme interés, tanto para los conocedores de su obra, como también para todos aquellos que deseen adentrarse en su tórrido universo, tórrido y tormentoso, tormentoso y turbulento. Pero, al final, siempre brillante y genial. Se diría que el filósofo alemán provoca que colisionen las nubes de lo que Aristófanes llamó “el pensadero” socrático. De estas colisiones, se diría que surge una obra poco apta para quienes buscan lo ñoño, y, al final, vienen esos relampagazos que son auténticos destellos de genialidad. Una genialidad que se abre paso también a base de desgarros continuos, de provocaciones desquiciantes, de juegos que hacen las delicias de quienes apuestan por las emociones fuertes.
No nos conformemos con el Nietzsche de las etiquetas, transitemos su obra entre abismos, entre negaciones de lo cómodo, entre rechazos a lo establecido. Y descubramos de paso, como nos propone Manuel Neila en su excelente prólogo, la potencialidad y riqueza de este tipo de “género” al que llamamos aforismo: pensamiento alambicado, intuición poética, virtuosismo del lenguaje, descubrimiento de verdades que, fuera de todo este instrumental, estarían llamadas a no ser reveladas, a no ser captadas, a no ser conocidas. Y es que no hay que perder de vista en ningún momento que, en este “género” conocido como aforismo, Nietzsche es un auténtico maestro.
Lo profundo no sólo no está reñido con lo claro, sino que tampoco lo está con la genialidad. Se puede filosofar, ya lo hemos dicho, a martillazos, tal y como lo hace Nietzsche. Y también se puede filosofar sin fárragos ni escolasticismos, mediante el “genero” del que venimos hablando: pura esencia, pensamiento formulado con la incandescencia de la genialidad y la brillantez, con la turbulencia de un alma inquieta que va de hallazgo en hallazgo, con la fragmentación para la que hace falta un sólido dominio del lenguaje.
En el prólogo, Neila reproduce unas palabras de Nietzsche que definen a la perfección el “género” que aquí nos trae: “Es mi ambición decir en diez frases lo que todos los demás dicen en un libro, lo que todos los demás no dicen en un libro”.
Libro atractivo y provocador que sirve además para conocer y disfrutar del pensamiento de uno de los referentes de la cultura occidental.

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Querida memoria
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-01-2014 | 13:10| 0

 

 

Hay días para la memoria, días en los que una noticia, una anécdota o una mera asociación de imágenes hacen que nuestro cinematógrafo interior ponga en marcha, de forma fragmentaria, una parte de la inacabada y caótica película que hemos ido almacenando. Hay días para la evocación de personas con las que hemos perdido el contacto hace tiempo y, desde el hondón de Dios sabe cuántos y qué recordatorios, imploramos que su relato se amplíe a sabiendas de que nunca se completará.

¿Cómo no recordar a aquella legendaria amiga, de familia bien y temerosa de Dios, que los domingos, según me contaba, cuando se emitía el primer telediario, escuchaba en silencio los comentarios píos de su madre y patrióticos de su padre, mientras ella digería de muy distinta manera lo que iban contando aquellos bustos parlantes?

¿Cómo no recordarla, digo? Estudiante de historia que, tan pronto alcanzó la mayoría de edad, se fue de su casa y en aquellas interminables noches de tertulias, copas y confidencias, aludía siempre a lo que le habían transmitido las monjas e impuesto sus progenitores?

¿Cómo no recordarla en aquellos primeros años de la transición cuando aludía a aquellos “actos de afirmación nacional” que guardaban relación con las encendidas arengas de Blas Piñar, personaje muy respetado y mentado en su casa?

¿Afirmación nacional, cuando se le negaba cualquier  derecho a la España peregrina, a la España de los dos exilios, interior y exterior? ¿Afirmación nacional cuando la mejor España, intelectual y científicamente hablando, no había tenido sitio en el franquismo y se le pretendía seguir excluyendo en aquellas vibrantes arengas?.

El jersey de cuello de cisne, la faldita mona, la medalla de no sé qué Virgen, la imagen perfecta de la señorita bien educada y formada en el nacionalcatolicismo más rancio. Así veía el telediario los domingos, mientras  terminaba en familia de dar cuenta de los pasteles que se habían comprado a la salida de misa.

No estaba en el guión replicar nada. Presencia muda y respetuosa la suya, hasta que un buen día dejó todo aquello. Y su vida en libertad dio comienzo.

¿Cómo no recordarla en unas fechas en las que se tiene noticia del fallecimiento de Blas Piñar, personaje tan admirado por su padre? ¿Cómo no recordarla pocos días después de que en un acto solemne en el Senado de homenaje a las víctimas del Holocausto nazi no se honrase la memoria de los republicanos españoles que terminaron sus días en campos de concentración? ¿Cómo olvidar que en su momento Serrano Suñer declaró que los exiliados republicanos no eran españoles? ¿Cómo olvidar lo que se gestionó desde la España franquista con las autoridades alemanas de la Francia ocupada para dar caza a compatriotas exiliados y fusilarlos en el suelo patrio?

¿Cómo no recordar a mi amiga cuando me hablaba de sus impresiones sobre el libro de Clara Campoamor al tiempo que echaba pestes contra aquella educación recibida a base de estampas, beateríos rancios y otras lindezas?

Querida memoria, que no se vuelva nunca “ciega abeja de amargura”, que diría Juan Ramón Jiménez. Querida memoria, que no te distorsione, siguiendo al poeta,  ningún “corazón falaz”,  ninguna “mente indecisa”.

Querida memoria, que me permites, que nos permites, alcanzar con desgarro el recordatorio de aquella machadiana España de la rabia y de la idea, aquella España que, a pesar de todo, sigue viva en los libros y en eso que seguimos llamando historia.

Querida memoria, que me traes aquellos relatos de unas puestas en escena de unos telediarios en los que, desde el silencio, aquella entrañable y heroica amiga tejía y destejía los invisibles cortinones que darían empaque a un marco en el que el día a día enmudecido buscaba voces que lo contasen y ecos que lo hiciesen resonar y perdurar.

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Vida privada
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-01-2014 | 15:15| 0

 

Europa, la vieja Europa de los derechos y libertades. Francia, la nación de la grandeza y la revolución. Occidente, donde los ecos de los clamores en pro de una vida más digna y justa reverberaron históricamente más que en ningún otro sitio. ¿Quién nos iba a decir que en pleno siglo XXI episodios y lances la vida privada de la primera autoridad política francesa acaparasen con insultante descaro tanta atención mediática?

¿A quién le importa, más allá de los círculos más próximos en lo familiar y en las amistades, las idas y venidas sentimentales del Presidente francés? ¿A quién le importa en el ámbito de lo público que haya cesado la relación de convivencia sentimental entre dos personas? ¿Cómo es posible que algo así se convierta en escandalera internacional?

Vida privada que cada vez es una mercancía más omnipresente por los bajos fondos de eso que comúnmente se conoce como telebasura. Vida privada que es puesta a la venta por muchos personajes que no tienen otra cosa que ofrecer más que sus chascarrillos y sus vulgaridades. Y la venden –todo hay que decirlo- a quienes no tienen el menor escrúpulo en asomarse a sordideces que en muchos casos alcanzan lo nauseabundo.

Pero, en el caso que aquí nos trae, de lo que se trata es del “producto” que en su momento decidió poner en el mercado mediático una publicación francesa para dar cuenta de la vida amorosa del Presidente de la República.

No seré yo quien entre en divagaciones leguleyas acerca del asunto que nos ocupa. Más allá de lo que esté legislado en el vecino país acerca del derecho a la intimidad de toda la ciudadanía, personajes públicos incluidos, alguien tendría que preguntarse dónde están los límites que la ética y la elegancia periodística no debería traspasar nunca.

En la esfera íntima de cada persona, allí donde sus tareas profesionales se quedaron en el perchero, ¿con que autoridad moral se puede entrar para convertir lo privado en público? Y es que, del mismo modo en que se da por hecho la inviolabilidad del domicilio, de lo que hablamos aquí es de un enclave que no tiene por qué estar delimitado por paredes y techos, sino por lo introspectivo, por el escenario de lo que se siente y se piensa, sea en soledad, sea compartido con alguien.

No estamos hablando del literato que, tras ver a alguien, lo dota de una vida interior ficticia, con independencia del mayor o menor grado de verosimilitud que tenga esa invención, sino que estamos hablando de hechos reales que se cuentan y difunden, en el caso que nos ocupa, sin el consentimiento de quienes lo protagonizan.

Por todo ello, me cuesta mucho trabajo entender que en asuntos de esta índole no se invoque también la famosa igualdad ante la ley de la que tanto se habla, no pocas veces con hipocresía. ¿O es que un personaje público no tiene el mismo derecho a que se respete su intimidad que un ciudadano anónimo?

En el país en que se publicaron “Las Confesiones”, de Rousseau; en el país en que Montaigne inauguró el género ensayo construido con sentimientos y pensamientos íntimos; en el país en que Gide fue mucho más allá de las confesiones más o menos abstractas, cierta prensa entra a saco en la vida privada de su más alto dirigente político, contribuyendo de esta guisa a vulgarizar la vida pública, a agrandar la chabacanería, a elevar el cotilleo más sórdido a noticia de primera página.

Nada tiene que ver esto con el uso público de la razón privada del que se ocupó Kant en su “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”. Y lo más triste del caso es que en un país como Francia el amarillismo consigue romper en pedazos el respeto a la vida privada, algo que no logró nunca el puritanismo.

Como mínimo, es frustrante.

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Internacionalismo y “cosmopaletismo” en Asturias.
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-01-2014 | 16:44| 4

 

“Asturias piensa bien. Pero padece desde hace muchos años un grave defecto… Asturias es inteligente, pero no es transitiva… Vive recluida en sí misma, absorta en su localismo… Eso es lo que yo considero un defecto”. (Palabras de Ortega y Gasset en el Teatro Campoamor de Oviedo el 10 de abril de 1932).

 

Javier Fernández acaba de referirse en Fitur a que una de las grandes asignaturas pendientes de Asturias sigue siendo la necesidad de internacionalizarse. ¡Qué paradoja, señor Presidente,  qué paradoja! Resulta que, desde el 83 a esta parte, exceptuando la Legislatura en la que estuvo Marqués al frente del Gobierno llariego y el periodo inferior a un año de Cascos, el PSOE fue el partido gobernante por estos lares. Un PSOE, más concretamente, una FSA,  que, salvo muy contadas excepciones, distó mucho de apostar por el asturianismo, y, sin embargo, en todo este periodo, el aislamiento de Asturias, existencialmente hablando, es quizás uno de nuestros  mayores problemas. Por eso, no es fácil comprender cómo es posible que los dirigentes de la FSA no se hayan planteado la pertinencia de preguntarse a qué puede deberse que una autonomía gobernada casi siempre por la federación socialista acaso más centralista de España siga padeciendo una insularidad no sólo geográfica, no sólo en materia de infraestructuras, sino, ante todo y sobre todo, existencial. Miren ustedes por dónde: el rechazo al asturianismo no nos ha hecho más cosmopolitas. Aquí, don Javier, algo falla estrepitosamente.

Miren ustedes: no se forja una mentalidad cosmopolita sobre la base del complejo de inferioridad con respecto a lo nuestro. No se plasma una visión más universal del mundo por decir higuera en lugar de “figal”. No se encuentra fácilmente un sitio cómodo en el mundo por avergonzarse de que nuestros antepasados recientes calaban la boina y calzaban madreñas y se expresaban en asturiano.

Y, no se me entienda mal, no pretendo decir con esto nada en contra de un idioma como el castellano que también es nuestro y que nos sirvió y nos sigue sirviendo para conocer y comprender el  mundo. No se trata de confrontar, sino de no renegar de una forma de designar el mundo que forma parte de nosotros mismos como sociedad y como pueblo. Una forma de designar el mundo en una lengua todo lo minoritaria que se quiera, pero no más ajena a la romanización que el resto de las lenguas peninsulares procedentes del latín. Y, en todo caso, la insularidad existencial que padecemos no se combate desde el antiasturianismo, tal y como los hechos demuestran.

Algún día los dirigentes socialistas asturianos tendrán qué preguntarse seriamente que discurso tienen para esta tierra, más allá de generalidades vagas que hasta don Pero Grullo consideraría demasiado simples. Más o menos, 25 años gobernando la autonomía asturiana, y, a la hora de los fastos oficiales, no salieron del covadonguismo. ¿Es esto lo propio de un partido cuyos fundamentos teóricos de origen están cargados de racionalidad? ¿Es así como se forja una mentalidad cosmopolita y abierta al mundo?

Valdría la pena detenerse en las palabras de Ortega que encabezan este artículo, de un Ortega que entonces no veía con buenos ojos regionalismo alguno, tampoco el asturiano. Porque percibe a una Asturias recluida en sí misma, una Asturias que entonces contaba con unos partidos y sindicatos que sintonizaban con lo que bullía en Europa. Lo preocupante es que la Asturias de hoy, tras esos 25 años de Gobierno socialista, no sólo padece las crisis de todo tipo de las que los hechos dan cuenta continuamente, sino que además, al menos oficialmente, acusa esa reclusión, lo que ciertamente no es un buen reclamo para superar esa asignatura pendiente a la que con tanta solemnidad se refirió don Javier Fernández.

Y, por otra parte, hizo mención también el Presidente llariego a las muchas potencialidades que tiene Asturias para atraer mucho más turismo, un  turismo que no sólo nos ayudaría económicamente, sino que además podría ser un excelente instrumento para internacionalizarnos.

El problema es que el cuidado de nuestras potencialidades es manifiestamente mejorable: desde el estado en que se encuentran las joyas de nuestro patrimonio artístico, hasta el aspecto de un paisaje que, tanto por la despoblación del mundo rural, como también por políticas medioambientales muy laxas si de empresas de envergadura se trata, que merece un cuidado infinitamente mayor.

O sea, que esa asignatura pendiente tiene dos vertientes: nuestra insularidad existencial y la falta de mimo y atención a lo que jalona nuestras mayores potencialidades. ¿No le vendría bien al PSOE un poco de asturianismo? ¿No es hora de preguntárselo ya?

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Fantasmagorías astures
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-01-2014 | 14:37| 1

 

En horas 24, que diría Lope de Vega, me llega información de tres asombrosas noticias en el ámbito llariego: 1) El prestigioso arqueólogo Ángel Villa tiene que acudir a la Guardia Civil para acceder  al Chao San Martín, pues, según parece, el primer edil grandalés le veta la entrada. 2) Se difunde la rocambolesca historia acaecida en Cudillero donde el ordenador del Jefe de la policía municipal se convierte en protagonista. En el referido lance, a lo que se lee, tuvo su participación el ex Alcalde depuesto por los tribunales don Ignacio Fernández. 3) La apertura del juicio contra los encausados por sus actuaciones en la Mina de la Camocha. Tan antiguo suena esto último que parece que todo lo relacionado con ello se podría dar por prescrito.

Convendrán conmigo en que lo de Grandas de Salime, más que fantástico, es fantasmagórico. Un Alcalde contra un arqueólogo  que no es la primera vez que se las tiene que ver con cerraduras cambiadas. Y el regidor persevera en su actitud, como mínimo, obsesiva y despótica. Hablamos del mismo primer edil, al que me referí en un artículo reciente, que continúa en pie de guerra contra Pepe el Ferreiro y que, de paso, se ensaña contra un arqueólogo de renombre como Ángel Villa, lo que no le impide, claro está, ser muy generoso con el señor Cuesta, cuyo currículum no parece concitar muchas envidias.

Convendrán conmigo en que la historia del ordenador en Cudillero, más que dadaísmo, parece el guión de un serial carpetovetónico casposo. Ahora sólo faltaba este episodio de las idas y venidas de tan preciado aparato tecnológico  para acercarse más aún a un episodio de Mortadelo y Filemón, con la Tía presidiendo la trama. ¿Y cuál será la próxima buena nueva que nos deparará la vida política pixueta?

 

Convendrán conmigo en que lo de la Mina de la Camocha, más que un paso de la lírica al dramón más chirriante, es descorazonador. ¿Cómo no recordar lo mucho que nos conmovió siempre escuchar a Jerónimo Granda cantando a esta mina? ¿Cómo no estremecernos, al conocer la escandalera que generaron ciertas actuaciones, que a decir verdad no parecen haber estado protagonizadas ni por lo épico ni por lo  lírico? Aquí se pasó de lo que en su intrahistoria pudo formar parte de la novela “Germinal”, de Zola, a una trama con muy poco subsuelo, no demasiado alejada de escenarios de novela picaresca.

Y, miren ustedes,  tengo para mí que el clima de hoy se conjuró para ello. La tarde, a orillas del Narcea, no sólo fue lluviosa, sino que además estuvo marcada por esa espesura de niebla, tan conocida por estos lares, que amotina lo mágico y lo fantasmagórico. Niebla invasora que volvía mortecinas incluso las luces interiores de las casas. Niebla espesa desplomada sobre el Narcea con inequívoca intención de que el río fuese oído y apenas visto. Niebla invasora que se hacía manto en las montañas. Niebla invasora que apagó antes de tiempo la luz del día y que hizo a la oscuridad de la noche acudir con retraso  a su cita. Niebla invasora que convirtió el paisaje en pura fantasía y que todo lo hizo ingrávido.

Todo, menos estas noticias de un cronicón marcado por la chabacanería que pone ante nosotros, con no menor precisión que los espejos cóncavos valleinclanescos del Callejón del Gato, lo esperpéntico de nuestra vida pública llariega, aquí, en este occidente astur, donde la plaga caciquil denunciada en su momento por Arniches, parece ir clonándose concejo a concejo. Y creen que el sillón curul los salvaguarda de todo.

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¿A qué distancia estamos de un estallido social?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-01-2014 | 12:35| 6

Del desapego a la crispación. De ahí, a movilizaciones sociales que se paralizan cuando la instancia de poder de turno da marcha atrás. Hablo, naturalmente, de las continuas manifestaciones que tuvieron lugar en Burgos, apoyadas en otras muchas ciudades con concentraciones importantes. Por fin, el Alcalde mandó parar y se abre un periodo, más que de calma, de reflexión. Porque, más allá de la protesta ciudadana ante un proyecto que parece recordar megalomanías y sobrecostes, que en estos lares no nos son nada ajenos, lo que se dirimió con estas movilizaciones fue el mayor o menor grado de autismo del poder, de un poder que, sin duda, transcendió el ámbito de lo local y se convirtió en un referente para todo un país que cada vez está más harto de una forma de hacer política que ignora los clamores ciudadanos.

A medida que las protestas eran más sonoras y retumbaban en otras latitudes, fuimos teniendo noticia de cómo el Alcalde de la capital castellana se fue desdiciendo hasta que, al fin, cedió.

Tras ello, el alivio por partida doble. De un lado, por parte de todos aquellos que vieron que sus movilizaciones sirvieron de algo. Del otro, de los políticos que estas alturas pueden ser conscientes de que, con independencia del mayor o menor encaje legal de parte de sus decisiones, cada vez puede ser más arriesgado no tener en cuenta el rechazo social que puedan tener las susodichas.

Pero, con todo, lo más inquietante del momento que estamos viviendo es, a mi juicio, la inconsciencia de muchos políticos, que, se diría, que ni tan siquiera llegaron a preguntarse a qué distancia podemos estar de un estallido social. Como si lo que pasa en la calle no fuese con ellos. Como si no existiese más realidad que la que ellos se forjan a base de intrigas, conspiraciones, medros y así un largo etc. ¿Cómo explicarnos, por ejemplo, que, ante el paro masivo, los recortes de todo tipo, los desahucios, etc., la mal llamada clase política no haya sido capaz tan siquiera de renunciar a parte de sus privilegios? No vale seguir haciendo política como si la crisis no existiera, o sólo tuviera que sufrirla la ciudadanía. No vale apostar por proyectos megalómanos como si el dinero público sobrase.

Al margen de las hipótesis y rumores que al respecto se apuntan, es una buena noticia que alguien haya disuadido al Alcalde de Burgos de su empeño contra los clamores ciudadanos, porque eso demuestra que en algunas instancias de poder hay un mínimo de consciencia del sufrimiento de los tiempos que corren con los riesgos que eso implica.

¿Hace falta acaso ser un genio de la sociología para percatarse del dislate que supone que la clase política actual pueda vivir tan ajena a la ciudadanía como aquella aristocracia francesa que perfeccionaba buenos modales y se contemplaba  ante lujosos espejos en vísperas de unos acontecimientos que cambiaron la historia?

Pregúntenle al espejo de su alcoba a qué distancia estamos del estallido social. Los pases de modelos y lencería déjenlos para después, si les queda cuajo.

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El malestar en la sanidad pública asturiana
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Luis Arias Argüelles-Meres | 20-01-2014 | 17:20| 1

A la Consejería de Sanidad del Gobierno llariego no sólo se le acumulan problemas de calendario a resultas del traslado al nuevo HUCA, sino que además los ceses y nombramientos de estos últimos días dan cuenta, más allá de circunstancias personales, de un malestar continuo, más que creciente,  entre la profesión médica de la Sanidad pública asturiana y el Consejero señor Blanco, malestar que se remonta al momento en que el Gobierno de don Javier Fernández decidió estrenarse  con sus recortes en este sector. No sólo en este sector, pero también.

Y, en verdad, no deja de ser paradójico que un partido como el PSOE, con siglas de izquierdas, que se sigue reclamando defensor de lo público, incurra de continuo en recortes que afectan a sectores a los que dicen defender tanto y tanto como la sanidad y la enseñanza. Mucho hablar de “líneas rojas”, que no están dispuestos a sobrepasar, cuando la realidad se encarga desde hace tiempo de desmentir tales proclamas. Y es que, entre las muchas cosas que no se pueden ocultar, está el hecho constatable de que fue el Gobierno de Zapatero el primero en poner en marcha recortes a los empleados públicos y el primero en aprobar una reforma laboral, fuertemente contestada por los sindicatos, si bien es cierto que el PP superaría la mencionada reforma mermando aún más los derechos de los trabajadores. En todo caso, es sonrojante comprobar que, un día sí y otro también, la izquierda de siglas no deja de desdecirse entre el discurso que implora y las políticas que viene llevando a cabo.

Leyendo la última carta que publicó EL COMERCIO, firmada por un alto número de facultativos asturianos de la sanidad pública, resulta inevitable, como mínimo, poner en duda que la política que viene siguiendo don Faustino Blanco sea realmente la adecuada.  Y es que, a estas alturas de la película, los que venimos siguiendo la vida pública desde hace un buen número de años tenemos sobrado conocimiento de que, a veces, desde determinadas instancias oficiales, hay una descarada voluntad de desprestigiar a determinados colectivos profesionales.  Quien esto escribe es un docente, orgulloso de su profesión, que tendría muchas cosas que contar al respecto, desde que el primer titular de la Cartera de Educación con Felipe González, José María Maravall, la emprendió contra el sector de la tiza que en su momento le plantó cara con continuas huelgas y movilizaciones. Y, en el ámbito llariego, tampoco lo hizo mal Iglesias Riopedre cerrando colegios rurales, al tiempo que no se puede decir que el profesorado al que en su día perteneció este buen señor se sintiese arropado y protegido en los muchos años en que don José Luis fue Consejero de la cosa.

A estas alturas, lo más suave que se puede decir de las actuaciones políticas de don Faustino Blanco es que, como mínimo, se conduce con falta de tiento, o, si se prefiere, con torpeza, con sus colegas de profesión a la hora de explicar sus decisiones políticas, sea en materia de ceses y nombramientos, sea en materia de recortes.

Lo que sorprende es que no estamos ante un advenedizo al frente de la sanidad, sino de un profesional que conoce bien los trabajos y los días, los afanes y desvelos de sus colegas, y parecería lógico pensar que contase que, ante determinadas medidas, no todo el mundo iba a resignarse.

Contradictoria izquierda de siglas que acostumbra a entrar en conflicto con los sectores profesionales de unos  servicios de los que se declara numantina defensora, al tiempo que no parece temblarle el pulso a la hora de usar las tijeras.

Contradictoria izquierda de siglas que acostumbra, igual que la derecha, a no consultar con los colectivos profesionales afectados las resoluciones que, cuando puede, impone sí o sí.

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El autismo de la FSA en el Occidente asturiano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-01-2014 | 12:29| 3

 

¿Hablamos de autismo o de complicidad? ¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo piensa la FSA seguir desentendiéndose de lo que vino pasando (y, en algunos casos, sigue sucediendo) en determinados concejos del occidente asturiano gobernados por el PSOE? Tres ejemplos, como mínimo, inquietantes: Cudillero y su eterno culebrón, el puesto de trabajo creado por el regidor de Grandas de Salime para el señor Cuesta y el informe del Tribunal de Cuentas sobre la situación contable del Ayuntamiento de Salas.

Si les parece, vamos por partes. Cierto es, a propósito del serial político de Cudillero, que no sería de recibo que el PP o FAC gobernasen un municipio en el que el PSOE obtuvo mayoría absoluta en 2011. Dicho lo cual, no podemos dejar de preguntarnos por qué se permitió el continuo deterioro de la vida pública en ese concejo tras la dimisión del sucesor de Francisco González (Quico) cuando obtuvo su controvertida acta de diputado llariego. Cacicada tras cacicada, despropósito tras despropósito con el apoyo del casi regidor perpetuo del concejo y de la FSA, personificada por don Jesús Gutiérrez, con sus rizos, su cazadora y su “cráneo privilegiado”, que diría el personaje valleinclanesco. Como si fuera un cortijo particular, deciden nombramientos de personas que ni siquiera estaban en la lista electoral. Y, que sepamos, la FSA no sólo no mandó parar, sino que hasta el momento vino apoyando decisiones arbitrarias y atrabiliarias.  ¿Cuánto bochorno nos hubiéramos evitado con una nueva convocatoria electoral que aún no se decidió?

En cuanto al nombramiento del señor Cuesta como coordinador y director del patrimonio arqueológico del Concejo de Grandas de Salime, ¿cómo no preguntarnos, dejando aparte otras cuestiones como el fantástico sueldo que percibe, a qué puede obedecer que, para cubrir ese puesto, no se hubiera convocado un concurso-oposición al que pudieran acceder los muchos titulados en la materia que ahora mismo engrosan las largas listas del paro? Si en política es un clásico la importancia del parecer, ¿no se presta el citado nombramiento a pensar que puede guardar relación con las filias y las fobias, sobre todo estas últimas, tan conocidas del señor Revilla? ¿Acaso podemos soslayar que Cuesta Toribio fue nombrado a dedo director del Museo de Grandas tras la trapacería que se cometió con la destitución de Pepe el Ferreiro? ¿Nada tiene que decir la FSA a este respecto? ¿O es que, como escribí más de una vez, todo vale con tal de ganar elecciones? ¿Ganar elecciones es una carta blanca para el caciquismo, máxime en un partido político que se creó, entre cosas, para luchar con no menor fuerza que don Joaquín Costa contra ese mal?

¿Y qué decir de lo que acaba de dictaminar el Tribunal de Cuentas sobre la gestión que se vino haciendo en el Ayuntamiento de Salas en las últimas legislaturas, donde, según parece, el caos contable es apoteósico? Mientras el ex regidor salense obsequiaba a los vecinos con “informes de gestión” salpicados de fotografías y textos suyos que hacían gala de una cursilería y petulancia sonrojantes,  el rigor estaba muy lejos de presidir el quehacer de estas buenas gentes que, de paso, no encajaban con mucha elegancia las críticas que se les hacían. Y ahora nadie pide disculpas, ni por los desbarajustes anteriores, ni tampoco por no haber enmendado la situación el actual Alcalde de FAC que amenaza en la prensa con acciones legales contra sus predecesores en el Gobierno municipal  que no consta que haya llevado a cabo. De hecho, tampoco parece que entre en sus planes pedir una auditoría que clarifique de una vez el proceso que llevó a este concejo a una situación económica tan delicada.

¿Y qué decir también de episodios muy recientes que parecen querer convertir determinadas comarcas del occidente asturiano en un enclave del oso Yogui con una sobrecarga de noñez e irresponsabilidad hiperbólica? Guaridas del oso Yogui, al tiempo que las políticas medioambientales dejan mucho que desear. Por ejemplo, invasiones eólicas, sin ninguna ponderación hasta hace muy poco. Por ejemplo, manga ancha con empresas más o menos potentes y todo tipo de pegas a los poquísimos agricultores y ganaderos que quedan en las comarcas. Ecologismo de boca pequeña que tan a la perfección encarna la consejera Belén Fernández.

¿Qué tendría que suceder en el occidente asturiano para que la FSA –repito- mandase parar y cortase de raíz la política caciquil de muchas de sus agrupaciones locales con responsabilidades de Gobierno actuales o, en todo caso, muy cercanas en el tiempo?

Porque aquí no se trataría ya de pedir políticas de izquierda (¡ji, ji, ji!), sino de imponer que impere la decencia.

Caciques, reyezuelos, aprendices de déspotas, ciertamente poco ilustrados. Y esto viene ya de muy lejos. Lo que importa es que las estadísticas digan que un número importante de Ayuntamientos están gobernados por unas siglas de partido que, para mayor baldón, se reclama de izquierdas.

Mientras tanto, don Javier, con su altura de miras de estadista, se afana y se desvela por hacerle frente al independentismo catalán. Mientras tanto, don Jesús Gutiérrez nos deleita con su carga de profundidad política, heredera de las más altas cumbres del pensamiento occidental. Mientras tanto, las ingenierías chapuceras continúan en la política pixueta; mientras tanto, el señor Revilla demuestra quién es el jefe político del concejo. Mientras tanto, el occidente asturiano se despuebla y se arruina.

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Azaña y los sucesos de Casas Viejas (A propósito del libro de Tano Ramos)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-01-2014 | 12:10| 0

Rojas ha venido esta noche a las once. Su aspecto no predispone en favor suyo; la hechura de la cabeza no delata al hombre inteligente. Yo tengo la copia de la declaración, o más bien informe, dado por Rojas al director general sobre los hechos de Casas Viejas; en su escrito niega que recibiese órdenes monstruosas y niega también que fusilase a nadie”. (Azaña. “Memorias políticas y de Guerra”).

 

 

“¡Tiros a la barriga!”. Una frase jamás proferida por Azaña, aunque se repitió hasta la saciedad que había dicho tal cosa cuando le informaron de lo que estaba sucediendo en Casas Viejas. Claro, aquel rancio reaccionarismo español,  al que no le había temblado el pulso a la hora de aplicar la ley de fugas, se propuso desprestigiar a la cabeza más visible y clarividente de la República por un abuso de autoridad, auténtica marca de la casa de sus calumniadores. ¡Qué cosas!

Cuando escribí mi primer libro, que fue un ensayo biográfico sobre Azaña, allá en 1990, me encontré con que no había constancia oficial de que el autor de “La Velada en Benicarló” hubiese dado tal orden, tan contraria, por lo demás, a su pensamiento. Y el libro del periodista asturiano Tano Ramos, del que se ocupó EL COMERCIO el domingo 12 de enero, confirma y demuestra que, en efecto, Azaña nunca dijo semejante cosa.

Sí es cierto que don Manuel  cometió un error mayúsculo en el Parlamento cuando, al ser interpelado sobre los mencionados sucesos, respondió: “En Casas Viejas, no ha pasado, que sepamos, más que lo que tenía que pasar”. En ese momento, no estaba en el banco azul el Ministro de Gobernación, y dio semejante respuesta tras consultar con el subsecretario de ese Ministerio. De aquello no sólo se derivó la caída del Gobierno, sino que además se disolvieron las Cortes Constituyentes. El destacado jurista Jiménez de Asúa reconoció que el desconocimiento de lo ocurrido no eximía al Gobierno de responsabilidad. Y le sobraba razón.

En todo caso, a propósito de la propagación de una orden que nunca fue dada, conviene poner de manifiesto que Azaña, que en su momento se definió como un burgués, no sólo fue más odiado por la derecha que la izquierda más extrema, sino que además su trayectoria pública fue objeto de graves tergiversaciones que, a día de hoy, continúan presentes en la leyenda, atroz, que sus enemigos le forjaron.

Pondré sólo dos ejemplos. El primero de ellos deviene de su famoso discurso en octubre del 31 que tiene por título “España ha dejado de ser católica”, discurso que, por lo demás, es una obra maestra de la oratoria, pero que se interpretó como un ataque demoledor a la religión católica, cuando, en realidad, se trataba de legislar la laicidad del Estado en la Constitución. Bien es verdad que, a la hora de poner título a su texto, influyó más su condición de ateneísta que la de político en ejercicio. Pero no lo es menos que se puso aquel discurso suyo como prueba irrefutable de cruento y despiadado perseguidor de la Iglesia Católica.

El segundo ejemplo también guarda relación con su religiosidad. Y es que, desde aquella derecha montaraz y ultramontana que tanto lo odiaba, y que pretendía traerlo de Francia para fusilarlo, se propagó con insistencia que, al final de sus días, en la localidad francesa de Montouban, donde vivía en un modesto hotel cuyos gastos sufragaba la Embajada de México, se había confesado por voluntad propia con el obispo Monseñor Theas, con quien le gustaba conversar. No hay confirmación, ni siquiera por parte de su viuda, que le sobrevivió muchos años, de que se hubiera confesado. Pero, en todo caso, no deja de ser paradójico que los mismos que deseaban capturarlo y fusilarlo se inquietasen tanto por su salvación eterna.

Manuscritos que se perdieron durante décadas, algunos de ellos llegaron a manos de Franco, calumnias que, a fuer de repetirse, calaron. Canalladas como una especie de memorias apócrifas escritas desde el odio por Joaquín Arrarás, todo eso sigue pesando sobre un personaje histórico que, para gran parte de la España de hoy, sigue siendo un desconocido, tal y como tituló su cuñado Rivas Cherif el libro que escribió sobre Azaña.

 

Lo cierto es que el libro de Tano Ramos contribuye no sólo a reparar una injusticia histórica, sino también a poner a Azaña en su sitio.

 

Luis Arias es autor del libro Azaña o el sueño de la razón”. Nerea. Madrid, 1990.

 

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