El Comercio
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Confederación hidrográfica, versus Gobierno de Asturias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-03-2014 | 19:34| 1

 

¿Se ha pronunciado el Gobierno de Asturias sobre las sanciones impuestas por Confederación Hidrográfica a la multinacional minera por los vertidos o filtraciones detectados en las proximidades de Boinás? ¿Se puede poner en duda que la legalidad en materia medioambiental debe aplicarse no sólo a los ganaderos que vierten sus purines a los ríos, tal y como le sucedió a un ciudadano llanisco, sino a todo aquel que las incumpla? ¿Pedir que toda explotación se ajuste a la legalidad equivale a estar contra la empresa de turno? Se habla de puestos de trabajo, que ciertamente no sobran en los tiempos que corren y menos aún en comarcas que están perdiendo de continuo población.  Ahora bien, eso no puede implicar de ningún modo que sea de recibo que determinadas empresas puedan tener  carta blanca y no estén obligadas a respetar la legalidad. No basta, como dijo la Alcaldesa de Belmonte, que la multinacional de turno se comprometa a hacer todo lo posible para que no se repita lo que dio lugar a las sanciones de la Confederación hidrográfica. Lo que hace falta es que se ajuste escrupulosamente a lo que está estipulado por ley. Y eso no admite medias tintas.

Nadie en su sano juicio puede oponerse a actividades empresariales que generen y mantengan puestos de trabajo. Tan indiscutible es esto como la exigencia de que la ley no sea vulnerada. Insisto en algo tan obvio habida cuenta que, según  determinados discursos, todo lo que sea pronunciarse contra vertidos o filtraciones peligrosas supone estar contra una empresa. Y se da por hecho que esos vertidos o filtraciones existieron desde el momento en que Confederación Hidrográfica impuso sus sanciones.

Y, a propósito de Confederación Hidrográfica y de explotaciones mineras de oro, fue muy aleccionadora la reciente intervención de la Consejera Belén Fernández en el Parlamento asturiano a propósito de los reparos que esgrime la citada institución con respecto al proyecto minero de Salave. Se diría que esta buena señora parece ignorar lo que es el Estado, o sea, que el Gobierno autonómico está tan obligado a hacer cumplir la ley como cualquier otra institución oficial.

Y me pregunto también qué pensará nuestro Presidente Javier Fernández acerca de todo esto. Resulta curioso que un político que manifiesta de continuo un rechazo tan frontal a los discursos nacionalistas se inhiba tanto en un asunto en el que el Estado al que su Gobierno representa en Asturias tiene la obligación no sólo de hacer cumplir la ley, sino también de preservar los tesoros medioambientales de esta tierra, todos ellos, desde el río Narcea hasta todo el entorno de Salave.

Ciertamente, sería muy difícil entender que, desde una posición ideológica que se declara de izquierdas, el Estado deje de cumplir su papel, plegándose a la voluntad de una multinacional a la que cabe exigirle el cumplimiento de la ley lo mismo que al resto de empresas y ciudadanos.

Y, por favor, basta ya de demagogias. Aquí nadie está en contra de ninguna iniciativa empresarial. Aquí se está a favor de que la ley se respete y de que sea igual para todos. Aquí se está a favor de que se preserven tesoros medioambientales que son, además de otras cosas, garantía de futuro. Aquí no todos aceptamos mirar hacia otro lado y guardar silencio.

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Entrañas del occidente astur
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-03-2014 | 02:29| 2

Cómo no estremecerse ante el reportaje publicado por EL COMERCIO sobre esos detonadores que acaban de aparecer en la Mina Conchita, cuando está a punto de cumplirse una década de aquel horrendo atentado del 11-M? Resulta inevitable que la vista se detenga un momento en esa especie de osamenta de la Asturias ignota y desentrañada, en la que las zarzas abrigan los despojos de una actividad minera que se paralizó hace tiempo.  Produce espanto recordar que desde allí partieron en su momento los explosivos para una matanza tan escalofriante.

Entrañas del occidente astur abiertas en su momento para extraer caolín. Tras ello, ninguna cirugía en el paisaje. Tras ello, la herida abierta. Tras ello, el abandono, instrumental mortífero incluido. Tras ello, tan macabro desguace.

Entrañas del occidente astur, yacimiento arqueológico de una historia que está por escribir, la de la minería del caolín por estos contornos, breve y fugaz, provisional y efímera si se piensa en un ciclo económico. La amarga paradoja es que la historia no sólo hablará en este caso de la explotación minera, sino también de los explosivos sustraídos, para sorpresa y horror de todos, por haber formado parte de un cronicón de los horrores que tanto y tanto recuerda a aquellos golpes tan fuertes que suceden en la vida tan maravillosamente versificados por César Vallejo.

Mina Conchita, anatomía de un paisaje rocoso, que parece tener voluntad de ofrecer resistencia a mostrarse accesible y sumiso. Suelo abandonado, subsuelo herido.

Despojos de anciana habitación, parodiando un hipérbato quevedesco donde la ruina y lo decadente son protagonistas, donde los muros patrios se desmoronan. Y desorden, todo desorden. Porque si el suelo y el subsuelo parecen, como dije, ofrecer resistencia a toda invasión, los regueros, las torrenteras, las aguas que se abren paso van camino del centro de Asturias con el Narcea como apeadero y ruta. Aguas que, poco más arriba, son retenidas para producir energía. Aguas, las del suroccidente de Asturias, que en su momento fueron aprovechadas para el progreso industrial de esta tierra.

Huella indeleble la de los materiales explosivos que ya no estaban destinados a abrir las entrañas de estos rincones del suroccidente para extraer caolín. Sobrantes los que acaban de encontrarse de un ceremonial tétrico. Y, en medio de todo ello, una amplia batería de preguntas que difícilmente tendrán respuestas adecuadas. Pero, en todo caso, es injustificable e inexplicable que, diez años después de aquella matanza, aún permaneciesen en el lugar en el que se robaron los explosivos detonadores y material de ese tipo. Nada tiene de extraño en tal sentido que Pilar Manjón se pregunte en la entrevista publicada en EL COMERCIO cómo es posible semejante cosa.

A quienes contaron más los supuestos votos perdidos que las muertes en aquel día de horror, a quienes tuvieron la responsabilidad institucional por controlar el estado en el que quedan las minas cuando cesan en su actividad, habría que preguntarles muchas cosas y exigirles, como mínimo, responsabilidades políticas.

Pero, por lo que se ve, se da la paradoja de que por estos lares la única dinámica es el abandono. Y las entrañas del occidente astur sufren desatención real y metafórica. Y  nadie parece inmutarse por ello.

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En el 75 aniversario de la muerte de Antonio Machado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-02-2014 | 19:20| 3

El 22 de febrero de 1939 fallecía en Colliure don Antonio Machado. Se fue de la vida, como había escrito, ligero de equipaje. Dejaba tras de sí una España derrotada en la que el poeta no podía tener sitio. De su último y agónico periplo da noticia con precisión Corpus Barga. Últimos versos mirando al mar. Últimos suspiros por y para España. Envejecido y derrotado, se murió don Antonio. Acaso el poeta por excelencia a la hora de buscar el legado moral de un tiempo y un país que se despedía de su segunda edad de oro acosado y perseguido por un afán destructivo que conmovió al mundo.

Aliño indumentario descuidado, versos contados con los dedos, sin la pulcritud juanramoniana, sin la musicalidad de Darío. Pero viendo claro pasado y presente. Pero haciendo de la tarde una cita poética ineludible. Todos los tópicos del 98, la Castilla miserable y terrible, la sangre de Caín. La España que bostezaba. El hombre del casino provinciano. El desgarro ante la muerte de Leonor.  El erotismo difícilmente contenible transmitido a Guiomar. La apócrifa verdad de Mairena, apócrifa y lúcida, socrática, sabia, irónica.

El tiempo que somos entre Bergson y Heidegger. La agonía unamuniana. La envidiable inspiración para retratos poéticos nunca superados. El compromiso cívico. El legado institucionista. La bienamada y soñada república. La espectral noche en la que asesinaron a Lorca, eternamente fantasmagórica, inolvidable pesadilla el oprobioso crimen.

El tiempo que somos, digo. Bergson, insisto, el tuno del que tanto aprendió del que le habló a su querido don Miguel. El tiempo, la historia, el amor, la leyenda, lo terrible, la miseria.

Tres cuartos de siglo después de su muerte, don Antonio Machado es, ante todo y sobre todo, un poeta necesario, por ética y por estética, por forma y contenido, la forma que, según Flaubert, era la hoguera que provocaba el fondo.

Un poeta necesario, en efecto, para pensar España, para repensar la historia, para añorar referentes lúcidos y honestos, para ver que lo bello y lo sublime no son necesariamente, con permiso de Kant, incompatibles con una expresión austera, sencilla.

Un poeta necesario para que la izquierda se mire en su propio espejo. Un poeta necesario para demostrar que la mejor poesía no está reñida con un compromiso ético insobornable. Un poeta necesario para estos tiempos de orfandad intelectual.

Soria, el río Duero, el viejo olmo, el Dios Ibero, Leonor, Guiomar, Abel Martín, Mairena. ¿Cómo explicarnos España sin ellos? ¿Cómo hacer calas en nuestra mejor literatura sin todos esos apeaderos de lujo?

Flechas de Cupido, Mañara, rosas con fragancia poética. Y, en medio de todo ello, sobriedad, ninguna estridencia, poesía sin torbellinos, sin mezcolanzas empalagosas, sin sobrantes. Poesía sin excesos barrocos, directa al corazón, regalo al entendimiento. Cita con la intrahistoria que en su día atisbó Unamuno. Machado es el siempre de nuestra poesía, el ayer no acabado, el presente no menos imperfecto. Y el futuro que está por escribir, pero que tendrá que contar con la obra machadiana, con la España que quiso y no pudo ser, la de la rabia y la de la idea. Con el manantial sereno, pero vivo y permanente, del que brota esa cumbre poética que es su obra.

Repito: un poeta siempre y todavía necesario. Y esos versos últimos que hablan de mar y de la infancia, en los que se sumergió camino de aquella muerte que cruzó la frontera.

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La Concha de Artedo después de la batalla
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-02-2014 | 02:07| 3

 

Decidí aplazar  la visita que no podía rehuir a la Concha de Artedo. No dejé de pensar durante los últimos temporales en el estrépito que estarían haciendo las piedras inmediatamente después de que cada ola gigante se retirase. En todo momento me pregunté por la relación entre la profundidad de esta playa, a poco que uno se adentre en ella, y lo vulnerable que es a los vientos y tempestades. ¿Siempre es vulnerable lo más profundo?

Concha de Artedo, pedregosa, rebelde a toda mansedumbre. Concha de Artedo, profunda, no se sabe bien cuánto. Concha de Artedo que se niega a brindar comodidad de acceso al visitante. Concha de Artedo, escenario de mi primera novela, publicada en 1998. Concha de Artedo, bravía, tempestuosa, sonora.

Sus piedras, como trincheras que parecen tener vocación de defensa de ese aislamiento al que propende. Quizás tenga voluntad de ser contemplada desde lo alto. Tal vez se niegue a ser invadida por viandantes, o, al menos, se lo pone difícil.

La Concha de Artedo después de la batalla, tras esa locura que se apoderó del mar asturiano en los pasados temporales. ¡Cuánto arrasó, qué huella más larga ofrece! Seguro que las piedras que en gran medida la cercan sintieron que sobre ellas caía la fuerza de un río enloquecido, de un río en el que los rabiones se crecieron y multiplicaron.

Lo cierto es que uno de los diversos encantos del paisaje asturiano radica en que son muchos los rincones en los que lo ñoño no puede tener presencia, no puede quedarse. Y uno de esos enclaves imposibles para cualquier nadería es la playa de la Concha de Artedo.

Romanticismo, sí, con todo el brío, con toda su autenticidad, que nada tiene de cursi, ni de empalagoso, que es el propio de esas almas atormentadas a las que tanto les debe la literatura. Hablo de ese romanticismo que, literal y literariamente, inventó el paisaje. El mismo que algún momento tendría que hacer justicia a ciertos escenarios asturianos, entre los que esta playa sería uno de los enclaves más pintiparados.

Paisaje para el desgarro y los desgarrones, paisaje para lo profundo, paisaje para los embates de esa angustia que a veces nos atosiga con firme determinación de arrasar. Paisaje para esa belleza de lo tumultuoso, de lo turbulento, de lo agitado, de lo febril, de lo delirante. Paisaje para la música wagneriana. Paisaje para lo aguardentoso, que rasca, sí, pero que también limpia y libera. Paisaje para lo agónico en el sentido unamuniano, para la lucha interna, para el traqueteo que forman y conforman nuestras contradicciones más zozobrantes.

La Concha de Artedo después de la batalla ofrece al visitante un espectáculo digno de ser interiorizado, capaz de contribuir a recuperar energías adormecidas, pero nunca muertas. Paisaje para las heridas, no cicatrizadas, que dejó el temporal a su paso.

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Carta abierta Pilar Fernández Pardo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-02-2014 | 02:04| 2

 

Estimada Pilar:

Era de esperar que tus comentarios en una red social acerca de los vaivenes del PP gijonés tuviesen tanta repercusión. Porque, por mucho que se pretenda lo contrario por parte de ciertos dirigentes políticos, la gente tiene memoria. Da la casualidad de que fuiste tú la que en su momento le plantaste cara a Cascos, mientras que los que te defenestraron hace un año lisonjeaban al actual líder de FAC con una adulación un tanto sonrojante.

Y los avatares de la política te llevaron precisamente a ti a dar la Alcaldía gijonesa al partido de Cascos, pues la abstención del grupo popular mantendría al PSOE en el poder municipal en le villa de Jovellanos. Y, desde ese momento, no te concedieron tregua lo mandatarios populares asturianos.

Convencido estoy, Pilar, de que, en el momento en que tomaste la decisión de no seguir las consignas de tu partido, pensaste más en tus votantes que en las consecuencias de no acatar lo que te pedían los dirigentes llariegos del PP. Y que, desde ese mismo instante, las cejas ya habían sido arqueadas por las autoridades partidarias competentes para dejarte fuera de la política. Sólo faltaba ponerle fecha a una decisión que estaba cantada.

Y entonces llegó Cherines como principal dirigente del PP astur. No deja de ser paradójico –y hasta grotesco- que la persona que fue la manzana de la discordia en tu rifirrafe con Cascos terminara por ser la que decidió ponerte e imponerte una gestora para ningunearte.

Algún día se contarán las razones (y también las sinrazones) de esta derecha asturiana, tan goyesca, que impidieron un acuerdo entre Cascos y el PP que la aritmética parlamentaria les permitía sobradamente. Pero, volviendo a tu caso, no deja de ser llamativo que primero sufrieras las embestidas de Cascos y, andando el tiempo, te llegaran también de Cherines. El primero, por no haber apoyado a la segunda. La segunda por haber permitido que el partido del primero alcanzase la Alcaldía de Gijón. Todo un sainete, Pilar, en el que tú te negaste en los distintos actos de esa pieza a actuar con servilismo.

Tal y como están las cosas, aunque falte algo más de un año para las nuevas elecciones autonómicas y municipales, lo predecible y previsible es que el PP en Gijón sufra un batacazo mayúsculo, sobre todo, por el comportamiento que observó contigo, que parece que tiene que ver con ostentaciones de poder y enfrentamientos personales, y no con el sentir y el pensar de la ciudadanía gijonesa en general y de los votantes conservadores en particular.

En todo caso, no puedo dejar de felicitarte por tu dignidad y por tu coherencia, frente a unos dirigentes de tu partido que, tras el caso Marea, preferían, como mal menor, que en Gijón siguiese gobernando el PSOE. Y, sobre todo, por demostrar con hechos que pensaste antes en tus votantes que en los agravios de los que fuiste objeto cuando Cascos era el político a quienes le rendían pleitesía precisamente aquellas personas que, de un tiempo a esta parte, lo aborrecen, sin haberse molestado en ningún momento en haber dado explicaciones de sus bandazos, sin tener en cuenta aquello que Kant dejó escrito sobre lo que procede hacer con el uso público de la razón privada.

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Cajas de ahorro: mucho más que un saqueo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-02-2014 | 00:17| 7

Ante el incesante goteo informativo acerca de las nefastas gestiones en unas cuantas cajas de ahorro que las han dejado en la ruina, al tiempo que sus máximos responsables se fueron con indemnizaciones aprobadas por ellos mismos realmente escandalosas, hay tres preguntas que muchos no podemos dejar  de hacernos. 1ª) ¿Cómo es posible que se haya permitido que esas entidades financieras públicas que se concibieron para ayudar socialmente a las personas y colectivos más desfavorecidos y también para respaldar las iniciativas culturales más importantes del ámbito territorial correspondiente hayan sido destruidas por la desaprensión de unos cuantos depredadores sin que nada ni nadie lo haya impedido? 2ª) ¿Cómo se puede explicar que los partidos políticos y los sindicatos a los que pertenecían muchos de los responsables que aprobaron medidas ruinosas para esas entidades financieras no hayan dado explicaciones sobre el particular y en muchos casos no hayan tomado las medidas oportunas cuando se tuvo conocimiento de ello?. 3ª ¿Qué credibilidad puede tener el discurso de un partido político o de un sindicato que esgrimen una profunda sensibilidad por lo social cuando consintieron que determinadas personas, amparadas en sus siglas, diesen el visto bueno a ciertas operaciones financieras que constituyeron un atropello a los derechos que dicen defender, así como a las señas de identidad de las cajas de ahorro?  ¿No supone un cinismo hiperbólico militar en partidos que dicen estar contra los desahucios al tiempo que se cobran buenos sueldos con cargos en entidades financieras que vinieron aplicándolos? ¿A quién pretenden engañar?

Mucho más que un saqueo, digo. Convirtieron las cajas de ahorro en viveros de canonjías para políticos que, en la mayor parte de los casos, vinieron cobrando dietas más que generosas por sentar sus traseros en unas sillas que los enriquecían, al tiempo que en la inmensa mayoría de los casos los susodichos representantes políticos no tenían ni idea de economía. A nadie se le ocurrió proponer que los representantes de las instituciones fuesen funcionarios conocedores de la materia que defendieran los intereses del Ayuntamiento de turno. Las utilizaron para operaciones tan delirantes como ruinosas. Y aquí, salvo muy contadísimas excepciones, no pasó nada, sobre todo en lo tocante a la asunción de responsabilidades políticas.

Mucho más que un saqueo, porque las cajas de ahorro no volverán a ser aquello para lo que fueron creadas. ¿De verdad tiene sentido que las estén convirtiendo, más o menos, en bancos privados? ¿Y cómo es posible que desde la izquierda de siglas nadie se haya escandalizado por el hecho de que fue un Gobierno socialista, el de Zapatero concretamente, el que más apostó por ello? La mal llamada clase política, tras haber estado parasitando esas entidades financieras durante décadas, las desvirtuó para siempre.  Y aquí no pasa nada, ni siquiera un reconocimiento de los hechos, ni siquiera un replanteamiento conducente a que las cajas de ahorro recuperen sus señas de identidad.

Entre los muchos episodios vergonzantes de la política de los últimos años, lo que vino sucediendo en las Cajas de Ahorro es uno de los mayores ejemplos de parasitismo y corrupción, tan imperdonable como indignante. Sin duda, la historia tomará nota de esto. Lo que hace falta es que la ciudadanía lo haga también, sin demora.

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Desvalido río Narcea
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-02-2014 | 00:12| 0

Hay paraísos idealizados por el inevitable empuje del paso del tiempo y también –lo que no resulta en modo alguno menos persuasivo- por los desgarros y desgarrones que toda trayectoria vital acumula. Pero también hay paraísos perdidos porque aquello que se recuerda responde a veces a la exactitud más rigurosa. Les hablaré de uno muy personal: del río Narcea que conocí en mi infancia, garcilasianamente limpio, dando el espectáculo de truchas y reos cebándose cada atardecer, repleto de anguilas en sus crecidas y turbiadas. La realidad de las últimas décadas dista mucho de ser así, y, al final, puede que inconscientemente, uno acaso de vaya resignando. Pero hay episodios que encienden todas nuestras alarmas y también nuestra indignación. Les hablaré de los dos más cercanos.

Un buen día de septiembre de 2013, soleado y limpio, el Narcea desde la ría de Miranda en adelante bajaba llamativamente terroso. Todo el mundo se preguntaba qué podía estar sucediendo, hasta que, pocas jornadas después, se tuvo noticia de que se harían las investigaciones pertinentes. Ignoro si las tales pesquisas se llevaron o no a término, pero no se tiene constancia de ello hasta el momento.

Mucho más cercano en el tiempo, concretamente la pasada semana, se hace público que Confederación hidrográfica multa a la multinacional que lleva a cabo explotaciones mineras auríferas en los concejos de Salas y Belmonte. La sanción obedece a vertidos a un arroyo que va a parar primero al Narcea.

Bien está que se aplique la legislación. Lo que uno se pregunta es si, más allá de las correspondientes sanciones, no se podía y se debía plantear a la empresa concernida en esto que bajo ningún concepto se va a permitir que se repitan situaciones como ésta, nocivas no sólo para los pocos peces que van sobreviviendo y reproduciéndose, sino también para todo lo que guarda relación con filtraciones y salubridad ambiental del río y sus vegas.

Contamos en Asturias con un Gobierno autonómico cuyas siglas lo declaran socialista. Nuestro Ejecutivo llariego está presidido por un ingeniero que atesora conocimientos universitarios sobre el particular. La Consejera del ramo que se responsabiliza de esto se declara muy ecologista en materia de planes costeros. Sin embargo, ni en esta etapa, ni tampoco cuando estuvo en el Gobierno de Areces, llevó a cabo proyectos de saneamiento para los pueblos ribereños de este río en el municipio salense.

¿Al final va a ser verdad que lo menos dignos de protección para nuestras insignes autoridades políticas somos los habitantes de estos pueblos? ¿Qué determinadas empresas –y no me refiero sólo a la multinacional minera- son más merecedoras de afanes y desvelos por parte de las autoridades políticas llariegas que los pocos ciudadanos que habitamos estos parajes?

¿Al final habrá que seguir repitiendo que el futuro también hay que cuidarlo, no mirando hacia otro lado cuando se trata de hacer concesiones presentes que puedan arruinarlo aún más?

Desvalido río Narcea, sin el saneamiento en no pocos pueblos ribereños, sin que las autoridades políticas demuestren voluntad de garantizar su futuro.

Una excursión por gran parte de su recorrido despertará la alarma. Y no sólo sufre vertidos peligrosos, sino que hay rincones en su entorno de vegas llamativamente fértiles, como la de la Rodriga que lleva más de un año convertida en basurero. Allí donde el anterior Alcalde salense  cifraba no pequeña parte del futuro del municipio con un polígono industrial que a día de hoy no existe. Un político que no se caracterizó precisamente por mostrar una especial sensibilidad en asuntos medioambientales.

Desvalido río Narcea, digo. A lo mejor, un buen día el ingeniero que preside nuestro Gobierno autonómico se interesa por el Narcea y se convierte en su principal valedor.

¿No quedamos en que todo es posible?

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Carta abierta a Xuan Cándano
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-02-2014 | 19:47| 0

 

Amigo Xuan:

Tan pronto me dirijo a ti, nos imagino hablando en San Esteban de Pravia, entre el ruido y la furia de los continuos temporales que nos están viniendo sin apenas tregua. Sí, el ruido y la furia que, en este invierno alocado, no son sólo climáticos.

Resulta, Xuan, que te sancionan, y que tal cosa sucede tras la publicación de un amplio reportaje en la revista que diriges que plasmaba determinados comportamientos de un sindicato nada acordes ciertamente con lo que vinieron siendo sus señas de identidad desde que Pablo Iglesias lo fundara. Resulta, Xuan, que, a pesar de que las actitudes pusilánimes ante atropellos como el que estás sufriendo, son cada vez más frecuentes, se están dejando oír voces y ecos que claman por la dignidad irrenunciable del oficio de informar al que llevas dedicándote tanto tiempo.

Resulta, Xuan, que cada vez se quiere tener menos en cuenta desde ciertos ámbitos que el oficio de informar tiene como objetivo irrenunciable no ocultar al público lector noticias que pueden resultar molestas para algunos “poderinos” muy poco interesados en se difundan datos que no digan mucho en su favor. Por lo que parece, cuando no se puede amordazar al mensajero, lo que se hace es castigarlo para que otros muchos tengan claras las consecuencias que pueden derivarse si alguien comete la osadía de no considerarlos intocables.

Resulta, Xuan, que, en episodios como el que estás sufriendo, lo que se ventila no son opiniones encontradas que todo el mundo, y especialmente los aludidos, tienen derecho a refutar. No, aquí se trata de muy distinta cosa. El busilis no está en una discusión basada en argumentos más o menos sostenibles. Tampoco parece encontrarse en salir al paso de supuestas inexactitudes ante una determinada información. Por lo que se ve, el asunto es muy otro: hay que demostrar poderío, un poderío que no se sustenta en razonamientos y en hechos, sino en dejar muy nítido  con quién se la está jugando uno.

Oficio y beneficio de informar frente a todo tipo de presiones más o menos latentes que se juramentan contra quienes publican noticias que les resultan engorrosas.

Se diría que se defiende el beato sillón al que muchos no están dispuestos a abandonar de ninguna de las maneras y se defiende atacando al mensajero de turno, de paso que se envía, como dije líneas más arriba, un inequívoco mensaje a caminantes: no se le ocurra a usted ventilar determinadas informaciones.

Hay quienes tienen muy claro, querido Xuan, que el periodista y el columnista mantienen un sagrado compromiso con el lector, le pese a quien le pese. Compromiso que tú trayectoria avala. Ante ello, ni siquiera el silencio es excusa. Sólo cabe salir a la palestra en defensa de quien no se arredra.

Imagina, Xuan, como lo estoy haciendo yo, que, en medio de vendavales que no cesan, hablamos alto y claro sobre este asunto. Y que, tras ello, ponemos por escrito lo abordado. Es el acta notarial de un compromiso con la opinión y la información, compromiso por la libertad y la independencia, irrenunciable para quienes nos negamos a ser complacientes y sumisos.

Y en casos como éste, repito, no vale el silencio. Hay que alzar la voz, hay que hacerse oír, hay que hablar claro. No queda otra. No nos queda otra.

Desde el bajo Narcea, recibe un abrazo tricolor.

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Rajoy: Vencer y convencer
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-02-2014 | 18:53| 1

“La característica del tradicionalismo español es, en efecto, su vaciedad de contenido político y social, vacío que se llena cono pura retórica, hasta como tal retórica de ordinario mala”. (Unamuno).

 

Como hubiera dicho Unamuno, Rajoy venció sin convencer en las elecciones de noviembre de 2011. Venció, sobre todo, porque una amplia mayoría de este país quiso manifestar de forma inequívoca su rechazo a tanta inconsistencia y a tanto vaivén de Zapatero y su alegre, incompetente y frívola muchachada. Y, por mucha mayoría absoluta que se haya obtenido don Mariano, vencer sin convencer supone comenzar un lastre difícilmente soslayable. No obstante,  el líder pepero  se está haciendo muchos méritos  para no vencer en las próximas elecciones, por mucho que el PSOE siga no sólo sin un líder sólido, sino  que ni siquiera cuenta con un proyecto claro de país.

Y don Mariano tiene mucho terreno ganado para no volver a ganar unas elecciones no sólo por mantener en el Gobierno a ministros como Wert, Gallardón y Fernández Díaz, que colaboran en ello con denuedo, sino también y sobre todo por ejercer continuamente de don Tancredo. Y, cuando se decide a hablar, no dice más que perogrulladas y medias verdades. De modo y manera que no se sabe bien si pierde más por su inveterada costumbre de no pronunciarse cuando le toca hacerlo, o si sus fruslerías, cercanas a veces a la estulticia , le perjudican más aún.

La invectiva que le lanzó a Rubalcaba conminándolo a callar como cómplice de la ruina de España supone toda una afrenta contra el sentido común más elemental. Veamos, don Mariano, es indudable que Zapatero fue un desastre como gobernante y que sólo alguien como el político leonés podría haber nombrado ministra a Leire Pajín.

Dicho lo cual, la crisis que nos sigue azotando, por mucho que el discurso oficial del Gobierno incida en lo contrario, también la están padeciendo países como Grecia, Portugal e Italia, donde no gobernó Zapatero. Por tanto las consecuencias, en muchos casos trágicas, de la llamada burbuja inmobiliaria son achacables no sólo a Zapatero, sino también a Gobiernos anteriores como los presididos por Aznar de los que usted, don Mariano, formó parte.

Es asombroso (y también indignante) que, a la hora de pronunciarse sobre asuntos candentes, el actual inquilino de la Moncloa no sólo lo haga siempre con un retraso inaceptable, sino que además se despache con planteamientos tan insostenibles como torpes, con  vulgaridades tan afrentosas contra la inteligencia.

Insisto, por muy calamitosa que haya  resultado la etapa de Zapatero, como, en efecto, así fue, ¿alguien puede creerse que el anterior Presidente del Gobierno sea el causante de todos nuestros males en un mundo tan globalizado como el nuestro, y que el actual Ejecutivo presidido por Rajoy sea la solución a todo? ¿Cabe maniqueísmo mayor?

¿Ninguna persona próxima a don Mariano tendrá a bien plantearla que, por este camino, pasará de haber vencido sin convencer a ser derrotado con contundencia y convicción?

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Desasosiego
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-02-2014 | 18:48| 1

 

Rachas de viento que apenas conceden tregua. El Narcea muestra su bravura no sólo por la fuerte crecida sino también y sobre todo por el enrabietado empuje de la corriente que lo sacude. Las nubes parecen también moverse a fuerza de las arremetidas del fuerte temporal. El vendaval desordena y desquicia todo cuanto encuentra a su paso. Ante este panorama, no es difícil imaginar lo que está sufriendo la costa asturiana con gigantescas olas becquerianas tan bellas como desmadradas. Las mimosas ya florecidas no están en su mejor momento para lucirse, porque a nuestro alrededor nada es sereno. Los naranjos intentan proteger sus frutos que dan vida y resplandor en cada cuadro invernal por estos lares. Pero cada ventolera arranca naranjas de continuo.

Desasosiego en el paisaje, con voluntad y empeño de adentrarse en nosotros. Desasosiego el que provoca también la vida pública asturiana que es noticia sobre todo por asuntos que tienen que ver con la corrupción. Comparecencias en el Parlamento autonómico que, en el mejor de los casos, producen desconcierto. Hay quienes se niegan a declarar. Hay quienes se sienten víctimas de calumnias orquestadas desde Dios sabe qué turbios y ocultos intereses, negando todo aquello que llevó a que se diera orden de una investigación a fondo para conocer los hechos. Apoyos que se retiraron por parte de personas e instituciones que en su momento no parecieron enterarse de lo que, según se vino publicando, sucedía.

Y, por otra parte, la escandalera política no se limita a lo que supuestamente se investiga en el Parlamento autonómico. Ahí está también ese informe policial que apunta a Cascos en asuntos de comisiones y financiaciones que esperemos que se esclarezca cuanto antes.

Desasosiego, digo, que lleva a un famoso verso de Lope de Vega que habla de “creer sospechas y negar verdades”. Y es que, partiendo de la base de que es preferible no hacer conjeturas hasta que todo esto esté probado y comprobado, resulta innegable que el ambiente que se respira en nuestra vida pública está viciado y enrarecido.

En días como éstos de vendavales y turbulencias, llega uno a plantearse que cada petardazo informativo es una embestida de viento que va causando desasosiego a su paso.

Daños y destrozos por doquier al tiempo que noticias de un pasado no tan lejano salpican y pringan a responsables políticos llariegos, que se acusan entre sí, sin mostrarse por la labor de asumir responsabilidades de ningún tipo. El infierno siempre son los demás.

Mientras tanto, la inacabable pesadilla. La discusión en la vida pública no está en distintos proyectos para Asturias en función de planteamientos ideológicos encontrados, sino en acusaciones de ida y vuelta, acusaciones ciertamente lacerantes no sólo para quienes la reciben, sino también para la sociedad en su conjunto.

Desasosiego, al sentirnos vapuleados por vendavales de todo tipo. Desasosiego que nos lleva a atrincherarnos sin lograrlo del todo. Desasosiego existencial maravillosamente plasmado en la poesía de Pessoa. Desasosiego social propio de un tiempo y un país en el que la vida pública se parece cada vez al cervantino patio de Monipodio.

¿La política era esto?

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