El Comercio
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La última deriva de Gabino de Lorenzo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-12-2013 | 22:21| 2

“Y mandar no es gesto de arrebatar el poder, sino tranquilo ejercicio de él. En suma, mandar es sentarse. Trono, silla curul, banco azul, poltrona ministerial, sede. Contra lo que una óptica inocente y folletinesca supone, el mandar no es tanto cuestión de puños como de posaderas. El Estado es, en definitiva, el estado de la opinión: una situación de equilibrio, de estática”. (Ortega)

 

No voy a insistir en lo mucho que tiene que sorprendente que el ex Alcalde de Oviedo y actual Delegado del Gobierno se dedique a dar instrucciones a su partido acerca de la conveniencia de que se alcance un pacto presupuestario con el Ejecutivo autonómico. Porque, más allá de eso, lo que en verdad llama la atención es que, desde la plaza de España de Vetusta, este hombre venga ejerciendo de Alcaldón de todas las Asturias. Como si el Estado fuese él, y el resto de las instituciones llariegas estuviesen bajo su mando.
Ya no hablamos del Gabino disfrazado de don Hilarión. Ya no hablamos del Gabino que lideró aquella campaña sainetesca al Congreso de los Diputados encabezando con su boina la lista del PP. Se diría que todo aquello se quedó atrás y que ahora se ve con hechuras de hombre de Estado en Asturias, eso sí, a su peculiar modo y manera. Y se ve así y se muestra así desde un puesto al que llegó por obra y gracia de la mayoría absoluta que alcanzó su partido en el Gobierno de España. Y se ve así y se muestra así desde un puesto al que accedió tras haber perdido la mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Oviedo, pero -¡ay!- no fue derrotado por su teórico adversario de siempre, el PSOE, sino por la irrupción de Cascos en la política asturiana liderando un nuevo partido. El mismo Cascos al que tanto había adulado y condecorado el ex primer edil de Vetusta. ¡Qué cosas!
Y es que, por mucho que tras conocerse los resultados de 2011, dijese que estar al frente del Ayuntamiento de Vetusta sin mayoría absoluta le motivaba políticamente, tras continuas ausencias de los Plenos en las legislaturas anteriores, en cuanto pudo, dejó la Casa Consistorial de Oviedo pasando a ocupar el cargo de Delegado del Gobierno con el muy coherente Mortera como hombre de su confianza.
Y. desde la Plaza de España, dado que pocas buenas nuevas puede anunciar acerca de las medidas que toma el Gobierno de Rajoy con respecto a Asturias, parece que decidió hacer de Alcaldón o de Virrey llariego. Lo suyo es puertas adentro haciendo declaraciones en cualquier acto institucional al que acude. La confusión es máxima. El galimatías conceptual que esto supone resulta hilarante. Pero Gabino no ceja en su empeño.
Se diría que para el actual Delegado del Gobierno las hemerotecas no existen, porque, si se confronta mucho de lo que está diciendo ahora con lo manifestado a lo largo de su trayectoria, las contradicciones saltan por los aires. Y, por otro lado, todo esto que viene sucediendo nos lleva a preguntarnos quién manda en el PP astur. Porque fácilmente puede colegirse que, para el Gobierno de Rajoy, esta tierra apenas existe.
Así las cosas, desde el aislamiento existencial astur, Gabino actúa por libre, como un verso suelto, que diría la ex lideresa madrileña de su partido. Y, con esta forma de conducirse, deja a todo el mundo perplejo, incluso, aunque menos, a quienes conocemos la vida pública asturiana, donde tenemos la experiencia de que un Presidente autonómico ejerciese de Alcaldón, pero no un Delegado del Gobierno.
Gabino se plagia, pues, a sí mismo, desde un puesto político concebido para algo muy distinto, es decir, para representar al Gobierno de la nación.
Así las cosas, no puedo dejar de preguntarme si se habrá planteado que, hasta ahora, todas sus aventuras y desventuras políticas que intentó al margen de la Alcaldía de Oviedo fracasaron. Y que esta especie de plataforma previa a la jubilación política signifique en su trayectoria una especie de caricatura de sí mismo.
Ya saben: de la tragedia a la ópera bufa.

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Invoquemos la política
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-12-2013 | 22:48| 2

Nosotros no podemos concebir la política más que como una emoción del bien público regida con lucidez”. (Azaña).

Toca, en esta Asturias sin apenas pulso, que diría don Francisco Silvela, y sobrada de crispación, hacer una seria e inaplazable invocación a la política. Toca que la ciudadanía, a través de los correspondientes debates parlamentarios, conozca los criterios de los grupos políticos de la Junta acerca de la propuesta presupuestaria del Gobierno autonómico. Toca saber si de verdad estamos hablando de política, o si tanto ruido y tanta furia no pasan de ser chascarrillos para salir del paso, o circo declarativo protagonizado por gentes que sólo buscan titulares para que la pantomima y el narcisismo más ramplón no decaigan.
Ahora resulta que Gabino de Lorenzo se dedica, según parece, a dar instrucciones a la señora Fernández para que alcance un pacto en materia presupuestaria con el PSOE. Teniendo en cuenta que, en teoría, estamos hablando del representante del Gobierno de España en esta tierra, no se sabe bien si tal pronunciamiento es consecuencia de indicaciones recibidas, o si se olvida de las servidumbres de su cargo y se apunta al espectáculo.
Ahora resulta que el señor Prendes da la impresión de estar permanentemente crispado, al tiempo que no deja de recibir continuos ataques por parte de don Javier y doña Mercedes.
Ahora resulta que el partido liderado por Álvarez-Cascos encuentra que la tramitación parlamentaria de los presupuestos se está haciendo de un modo tal que colisiona con la normativa vigente y anuncia que acudirá a las instancias judiciales.
Ahora resulta que el señor González de IU, por esta vez, no nos regaló ninguna perla cultivada y dice estar a la expectativa.
En este toma y daca del asunto presupuestario, son muchos los ciudadanos que se preguntan por qué no se hizo el mismo esfuerzo buscando el acuerdo cuando el Gobierno de Cascos presentó sus cuentas ¿O es que no había por dónde cogerlas, y, sin embargo, las de este Gobierno tienen mucho más rigor? Y, en ese caso, ¿no sería todo un detalle que se argumentase semejante planteamiento con razones y datos? En principio, damos por hecho que la política no es una cuestión de fe, es decir, que no basta la descalificación ni la alabanza sin argumentos. Así pues, por higiene intelectual y, sobre todo, por consideración a los ciudadanos, estamos esperando análisis al respecto que aún no se han esgrimido.
De verdad, basta de circo. Gabino de Lorenzo y Cherines se manifiestan en contra de subidas de impuestos. Y, sin embargo, el primero de ellos protagonizó el castastrazo más sonado y sonoro en Asturias, mientras que doña Mercedes no osó manifestarse nunca en contra de los graves incumplimientos en materia impositiva del Gobierno que preside su jefe político don Mariano.
¿Y qué decir de las propuestas que en esta materia hizo IU en sus escarceos negociadores con el Gobierno? Es muy coherente que, desde la izquierda, se plantee que pague más quien más tiene y que se cotice por herencias y patrimonios. El problema es dónde se pone el listón, es decir, en los verdaderamente ricos, o en una clase media que está sufriendo de manera desproporcionada las consecuencias de la crisis. El problema es también aquello tan clásico de la izquierda de que “el ser social determina la conciencia”, es decir, alguien tendría que preguntarse si de verdad se creen que esquilmando a la clase media la sociedad sería más justa.
En cuanto al partido del señor Álvarez- Cascos, ¿no sería mucho más lógico que se volcase en el debate parlamentario, defendiendo los presupuestos que en su día fueron rechazados, frente a los que ahora presenta don Javier? Eso también sería hacer política, dejando claros ante la ciudadanía sus criterios al respecto. Estamos ávidos de debates, señor Cascos, y sería una lástima que se pusiese más interés en las acciones legales que en la discusión parlamentaria.
Invoquemos la política, digo, y no el circo. Y, puestos en el mejor de los mundos posibles, debería transmitirse a la ciudadanía una voluntad inequívoca de pacto. Cierto es que, desde el punto de vista ideológico, hay planteamientos irrenunciables que también pueden y deben ser explicados. Pero, en todo caso, ello no debería ser un obstáculo para mostrar un indiscutible afán de acuerdo que tiene sus límites, sin duda.
Invoquemos la política sin circo. Asturias no sólo lo necesita, sino que además se lo merece.

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La vocación de una geografía
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-12-2013 | 22:08| 1

El domingo a última hora de la tarde, al consultar la edición digital de este periódico, me encontré con la noticia del fallecimiento de José Cosmen Adelaida. No me toca a mí glosar su trayectoria empresarial, ni tampoco escribir en el tono elegiaco propio de quienes formaban parte de su círculo más próximo. Lo que pretendo poner de relieve es la vieja dicotomía, tan propia del occidente asturiano, que consiste en esa asombrosa vocación de trascender que vienen manifestando muchos de los nacidos en estas comarcas, orográficamente aisladas, económicamente decrépitas, demográficamente en declive. Trascender, digo, no quedarse en el ensimismamiento, asomándose a otras historias y a otras geografías, que se encuentran más allá de las montañas que nos circundan. Bien pensado, esto de lo que estoy hablando supone un desgarro que, al mismo tiempo, tiene un enorme atractivo literario.
¿De qué desgarro estoy hablando? Fíjense en esto que les digo: las faldas de las montañas vienen a ser el asidero al que muchas aldeas se agarran como el niño que está acabando de gatear a su madre. Ese más allá que no se ve atrae la curiosidad, sin duda, pero, al mismo tiempo, produce cierta zozobra, propia de la reserva que tenemos ante lo desconocido.
Pues bien, no sin cierto temor y temblor, hay personas que dieron ese paso, empujados por la curiosidad y el afán viajero, no sólo en lo geográfico. Y tengo para mí que en la aventura empresarial de Cosmén Adelaida puede haber algo de esto.
Fíjense ustedes: la empresa que formó parte del proyecto vital de este ciudadano fue fundada en su día en Luarca y, llegado el momento, otro hijo del occidente de Asturias tomó el testigo de ese proyecto. De Luarca a Leitariegos. De la costa occidental asturiana, al occidente más tierra adentro que busca su desahogo río abajo, ríos abajo, hasta el centro mismo de esta tierra, hasta la villa avilesina, que siempre formó parte del destino del occidente astur.
En la educación sentimental de muchas generaciones de asturianos, están esos autobuses grises en el que tantos y tantos viajamos.
La vocación de una geografía, cortado el cordón umbilical con un ensimismamiento del que nunca llegamos a desprendernos del todo, porque quedan los ayes, porque nunca enmudece la llamada del valle y la montaña, del marco y el cuadro de unos paraísos perdidos geográficamente y hallados en el hondón de quienes nos sentimos parte del occidente de Asturias. Vocación viajera que lleva en la retina el punto de partida del que nunca marchamos del todo porque viaja con nosotros y nos hace volver.
La vocación de una geografía que impulsa a sus hijos a un viaje que siempre tiene billete de vuelta y que, al mismo tiempo, no renuncia a ir de asombro en asombro avistando esos mundos que también nos habitan.
Acaso no sea descabellado pensar que el proyecto empresarial de Cosmén Adelaida representase también la metáfora visible de la vocación de una geografía, la que late en el occidente de Asturias. Vocación viajera que sigue el curso de regueros y ríos, que, sorteando obstáculos continuamente, se hacen camino hacia el mar.

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A propósito de la LOMCE. (La ceguera de unos frente a la cerrazón de otros)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 03-12-2013 | 23:04| 2

“Los bárbaros exigen que cada uno de nosotros se aliste en sus bárbaras mesnadas; pero una vez que se ha instalado uno en una de ellas le hacen allí imposible toda vida de libertad. Exigen que se barbarice”. (Unamuno).

 

No sólo suscribo al cien por cien la práctica totalidad de las proclamas que se esgrimen contra la LOMCE de Wert, sino que además hay cuestiones en las que mi rechazo va aún más allá. Sin embargo, no soy capaz de sobrellevar con paciencia la falta de autoridad moral y la cerrazón de muchos de sus detractores. ¿Con qué cuajo se erigen en defensores de la Enseñanza pública personajes y colectivos que son en no pequeña medida responsables de un sistema educativo como el actual que orilló el esfuerzo y que renunció al sapere aude kantiano, cuyas consecuencias se están manifestando de continuo en informes y datos que dan cuenta del paupérrimo bagaje de conocimientos que se alcanzan en los distintos niveles educativos? ¿Cómo es posible que den a entender que la defensa de la Enseñanza pública pasa por el mantenimiento del actual sistema educativo? Cierto es que la LOMCE, de una parte, puede conseguir algo tan difícil como empeorar lo que hay, y que, para mayor baldón, no garantiza en modo alguno que la calidad de la enseñanza frene su creciente deterioro.
Ceguera o cinismo de quienes consiguieron desprestigiar la enseñanza pública, es decir, del PSOE, con su LODE, su LOGSE y su LOE, así como de unos sindicatos mayoritarios cuyos dirigentes huyeron de la tiza y se convirtieron poco más que en visitantes de ocasión en los centros docentes en los que suelen vender lotería. Con ellos no reza el aumento de horas lectivas que se nos impusieron a los docentes. Y, ante los acosos y ataques que viene sufriendo el colectivo, no se les vio ninguna preocupación especial. Es decir, negar los males del actual sistema educativo es, en el mejor de lo casos, ceguera, y, en el más probable de los supuestos, cinismo. Y en ello están la divina izquierda de siglas y sus sindicatos afines.
¿Y qué decir de la cerrazón de Wert? El ínclito señor ministro no tuvo a bien siquiera consultar con el profesorado acerca de la situación que vive la enseñanza. ¿Para qué? El prepotente titular de Educación del Gobierno de Rajoy nos retrotrae con su ley a décadas atrás, desde el momento mismo que eleva la presencia de la religión católica en la enseñanza obligatoria. El sonriente don José Ignacio va más allá aún del franquismo a la hora de decidir que las pruebas de reválida puedan ser evaluadas por profesorado de la enseñanza privada. La LOMCE no apuesta por la calidad de la enseñanza, sino por los recortes, con más carga lectiva para el profesorado y con mayor número de discentes por aula. La LOMCE tampoco ambiciona el esfuerzo y el conocimiento, sino un resultadismo en las reválidas que sólo servirá para que los centros docentes rivalicen entre sí. La LOMCE de Wert nace fracasada desde el momento mismo en que tiene como fundamento único la actual mayoría absoluta del PP, y ni siquiera el propio ministro tuvo a bien esgrimir argumentos mínimamente convincentes sobre las supuestas bondades de la ley de marras.
¿Qué país es éste en donde la izquierda (de siglas) con tal de no reconocer errores, se instala en el inmovilismo ante un sistema educativo como el actualmente en vigor cuyas consecuencias negativas las avalan de continuo los datos? ¿Qué país es éste donde un Gobierno antepone su mayoría absoluta a la elaboración de un sistema educativo que –velis nolis- tendría que buscar el acuerdo y el debate entre todas las partes implicadas?
Así las cosas, ¿quién puede alardear de conducirse según las necesidades y dictados del interés general, o, si se prefiere, del patriotismo cívico?
¿Hay un solo partido político en este país que haya propuesto acabar con la endogamia universitaria, madre de muchos de los males que nos aquejan en materia de calidad de enseñanza? ¿Hay un solo partido político en este país que se haya escandalizado ante el hecho de que un diez en una oposición docente no garantice la obtención de una plaza, con lo que ello supone de agravio para el opositor y de desaprovechamiento de los mejores por parte de la sociedad?
Ceguera y cinismo de los unos, cerrazón y prepotencia de los otros. ¿Cómo no desgañitarse contra tal estado de cosas, mientras el profesorado que acude cada día al aula tiene que soportar el deterioro en sus condiciones de trabajo y la demagogia de un sistema en el que, a la hora de la verdad, lo que menos cuenta es la sesión docente propiamente dicha, porque de lo que se trata es de escribir informes plagados de una jerigonza que insulta al idioma, a la inteligencia y a la profesión?
Quien esto escribe lleva toda su vida asistiendo ininterrumpidamente al aula primero como alumno y a continuación como profesor. Por tanto, no puede no sentirse indignado por vivir en un país que no apuesta por el aprendizaje y el conocimiento, que aparta la meritocracia y que no cumple con el deber de poner todos los medios necesarios para que la ciudadanía cuente con la herramienta de una formación académica lo más óptima posible. Y hasta imposible.

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La Asturias paralizada (Carta abierta a Javier Fernández)
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-12-2013 | 00:22| 1

¿Y si, al final, el Gobierno que usted preside se viese obligado a una prórroga presupuestaria? Bien mirado, no sería algo nuevo para usted si tenemos en cuenta en qué condiciones se hizo cargo del Ejecutivo autonómico en mayo de 2012. Se diría, don Javier, que las cosas se le complican más de lo previsible. De entrada, sus relaciones con IU son manifiestamente peores que las que sostuvo la coalición de izquierdas con Areces. Añadamos a esto que el parlamentario de UP y D que le dio su apoyo desde la investidura hasta hace muy poco tiempo, según declaraciones del propio interesado, se encuentra sumido en una decepción importante. Y, fíjese, si a día de hoy su soledad política es más que sonora, cabría conjeturar que, a medida que se vaya acercando el fin de esta complicada Legislatura, las distancias que tomarán los que hasta ahora fueron sus aliados se irán incrementando.
Cierto es que la historia nos proporciona lecciones asombrosamente magistrales de políticos que, desde su debilidad parlamentaria, fueron capaces de vencer obstáculos y sacar adelanta proyectos de forma admirable. Esperemos que sea su caso, don Javier.
No obstante, la precepción que se tiene de la vida política llariega en el momento presente es, ante todo y sobre todo, de parálisis. No parece fácil que usted pueda ir llegando a pactos puntualmente con distintas fuerzas políticas más allá de los que consiguió hasta el momento con sus otrora aliados, distintos y distantes, pero aliados al fin.
Porque no se trata sólo de conseguir aprobar los presupuestos, meta que se puede considerar prioritaria, sino que además es insoslayable el día a día de la agenda política para ir sacando adelante propuestas y soluciones.
Sus adversarios más enconados le vienen acusando de indolencia en las tareas de gobierno, así como de sumisión con respecto al Gobierno de Rajoy que convendrá conmigo en que no se está volcando precisamente con nuestra tierra. En cuanto a lo primero, rehúyo las apreciaciones psicológicas, máxime cuando me faltan datos. No obstante, sí es cierto que desde la FSA no se controló mucho lo que hubo en el arecismo de despilfarros y megalomanía. Sí es cierto también que hubo demasiada laxitud con respecto a agrupaciones locales de su partido que incurrieron en caciquismos superlativos, pero ustedes miraron para otro lado, pues los tales ganaban elecciones. Puede que sea en esa etapa donde la supuesta indolencia que le aqueja se manifestase con mayor claridad.
Creo que su mayor problema como gobernante es que usted se conduce sobre todo como hombre de partido, o, para decirlo con más exactitud, de aparato. Y esto lo demostró a la hora de formar Gobierno. ¿Cómo explicarnos nombramientos como el de doña Belén Fernández y el de don Graciano Torre como consejeros de su Ejecutivo, así como el de don Álvaro Álvarez en la parte alta del organigrama de una Consejería muy importante? Y esa debilidad por contentar al aparato del partido pone de relieve otro problema acuciante de la vida pública actual, como es la firme voluntad de que la mal llamada clase política siga parasitando unos privilegios que están muy por encima de lo que es el día a día de sus teóricos representados.
En las elecciones adelantadas de 2012 usted obtuvo mejores resultados que los que había cosechado un año antes. La ciudadanía estaba harta de que se viviese un ambiente bronco y de que la derecha astur fuese tan goyesca. Se pensaba que, a pesar de todo, la izquierda (de siglas) no estaba por la labor de que Asturias fuese ingobernable mientras pudiera evitarlo. Tengo la impresión de que ese mito se está desmoronando porque la realidad así lo certifica. Y con este desmoronamiento la sensación de parálisis va a más.
Así las cosas, el grado de dificultad al que se enfrenta se va incrementando. Sólo nos queda albergar la esperanza de que usted se crezca ante la adversidad en lo que queda de Legislatura. Sin embargo, tendrá que aceptar que estemos instalados en el escepticismo que se refuerza al comprobar que usted no dio muestras ahora de apostar por la meritocracia ni siquiera en el seno de su propio partido. Tampoco dio muestras inequívocas de regeneración interna. Y el tiempo de espera está ya en su cuenta atrás.

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Geografía del abandono
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-11-2013 | 23:21| 0

El caciquismo viene de abajo arriba. Es un arrecife de coral.”. (Azaña)

Imagine el lector del centro de Asturias un viaje para iniciarse en el conocimiento del occidente de esta tierra. Pongamos que se sitúa en Grao (sin la “d” intervocálica) y que se encamina, como en su momento hizo Jovellanos, a Belmonte de Miranda. Se encontrará muy cerca de la villa con una placa que testimonia el paso del ilustrado. Estoy por asegurar que se sorprenderá al percatarse de que el viaje no es tan largo como pensaba. Y no me cabe ninguna duda de que le invadirá una fuerte melancolía al comprobar tanto el desaprovechamiento de estas vegas como el deprimente aspecto que presentan las obras paralizadas del tramo de autovía entre Doriga y Cornellana. Pilastras que nada sostienen y que, a medida que el tiempo avance, se irán deteriorando.
Demos un paso más allá y planteemos la hipótesis de que ese viajero, tras la agridulce experiencia del viaje, agria por el abandono, dulce por la belleza y fertilidad de estos parajes, decide interesarse por la casuística que llevó a esta geografía del abandono.
Dos fuentes de investigación elementales: hablar con la gente e introducirse en las hemerotecas. De la primera de ellas, obtendrá, como es de todo punto previsible, interpretaciones encontradas, en este caso, entre la resignación ante el abandono y las promesas incumplidas, hasta la desesperación creciente ante lo que viene sucediendo. De la segunda, saldrá indignado al comprobar la cantidad de mentiras que se vinieron diciendo: asegurar que la autovía de la Espina estaría concluida “en el horizonte de 2009” y que el Monasterio de Cornellana se encontraría totalmente rehabilitado en el presente 2013. Acerca de lo primero, Pepiño Blanco paralizó esa autovía en el verano de 2010 y suspendió las obras de la segunda calzada entre Salas y la Espina. Lo único que se hizo desde entonces fue poner en marcha la primera calzada entre Salas y la Espina. Y, con respecto al Monasterio de Cornellana, para mayor baldón, no sólo están las promesas incumplidas, sino también el dato de que las partidas presupuestarias habían sido aprobadas, aunque no se haya movido ni una sola teja.
Otro añadido nada baladí: si lo que se prometió desde afuera fue una continua sucesión de falacias, la política que se vino haciendo puertas adentro, con Alcaldes en la mayor parte de los casos perpetuados en el poder, haciendo del paternalismo caciquil la política nuestra de cada día, no es menos lesiva y deprimente.
Adéntrese en el occidente astur, para bañarse de melancolía e indignación, para encontrar el escenario pintiparado de lo que pudo haber sido y no fue, para comprobar las consecuencias del aislamiento exterior e interior. Y para llegar a la conclusión de que urge llevar a cabo la madre de todas las reconversiones, esto es, la de la mal llamada clase política.

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El día en el que el Café Dindurra dijo su adiós
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Luis Arias Argüelles-Meres | 26-11-2013 | 12:01| 1

No tardó en cubrir mi frente una nube de melancolía, pero de aquellas melancolías de que sólo un liberal español en estas circunstancias pueda formar una idea aproximada» (Larra).

 

Entre Trubia y Oviedo, a la salida de un túnel de la inconclusa autovía de la Espina, el arco iris compareció instantáneamente, efímera alegría en una jornada plúmbea. Tarde fría y lluviosa, la del día en que se cerró el Café Dindurra. Al llegar a Gijón, ¿cómo no recordar a Jovellanos que tantas veces habrá sentido en su frente la nube de melancolía de la que habló Larra, adelantándose a los liberales que durante casi todo el siglo XIX y primeras décadas del XX hicieron de su vida un insobornable e irrenunciable empeño por un país más justo y menos desigual, más culto y menos fragmentado socialmente? Empeño que nada tiene que ver con algunos de los que ahora se proclaman liberales y que, sin embargo, son herederos del absolutismo y las cadenas.
Confieso que me invadió la melancolía, vivencia agridulce recordando lo mucho que disfruté en el viejo Café. Allí, la imaginación se ponía en marcha, pues el marco y el cuadro resultaban pintiparados para ello. No pude dejar de preguntarme si ese cierre era un mensaje más que daba cuenta del fin de una época en la que establecimientos del empaque del Dindurra tuvieron un protagonismo en la vida social y literaria que iba mucho más del ocio, o, en todo caso, que allí el ocio, como en la Grecia clásica, tuvo una fecundidad asombrosa. Es insoslayable que en la intrahistoria contemporánea de Gijón el Dindurra ocupa un lugar privilegiado.
No deja de ser llamativo que tan infortunado lance hubiese tenido lugar en uno de esos frecuentes días en los que el clima convierte el paisaje astur, tanto urbano como rural, en escenario de ensimismamiento y melancolía, cuando la tristeza nos busca huyendo acaso de su tremenda soledad.
Por su parte, la vida pública asturiana tampoco imprimía mayor velocidad a las nubes viajeras para que dejasen espacio a claridades y certezas. Rotas, al menos, de momento, las negociaciones sobre el presupuesto para 2014 entre el Gobierno autonómico y uno de sus aliados, nos encontramos ante una encrucijada en la que no es fácil atisbar salida.
Y es en semejantes situaciones cuando necesitamos tocar algo firme para no perdernos en ingravideces melancólicas. Cerramos los ojos y no podemos no imaginarnos a Jovellanos frente a su mar Cantábrico y también frente al mar que tenía en su confinamiento en Bellver, implorando las luces de la clarividencia.
De regreso a Lanio, ya de anochecida, persistente lluvia y el verde del paisaje se volvía grisáceo y fantasmagórico. ¿Saludaba la tristeza a la tarde, o la tarde a la tristeza? Tersa, pasajera y silente tristeza que, sin embargo, nunca silenciará el bullicio que hubo en el Café Dindurra. Allí, como en el inolvidable verso de Blas de Otero, siempre quedará la palabra, la luminosa palabra que a menudo acierta y da esplendor.

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