El Comercio
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Cristina es una persona
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Víctor Manuel Márquez Pailos | 28-01-2016 | 10:45

No subir a una montaña
sino atravesarlas todas de una sola vez
fue mi primer sueño realizado.

Yo nací sintiéndome entre ellas desde que tengo uso de razón, o eso creo, y contemplándolas, perdidos la mirada y el tiempo. La ciudad de entonces era, comparada con la de hoy, poco más que un pueblo y los pueblos vecinos no eran aun barrios urbanos, aglomeraciones dispersas de la gran metrópoli a uno y otro lado de las autovías. Crecí cuando las montañas estaban mucho más cerca que ahora y las colmenas verticales de ladrillo y de cristal, ya en proyecto, no impedían verlas porque no existían.
Con la costumbre de mirar a lo lejos y a lo alto, de trepar con la imaginación ladera arriba, se me despertó la curiosidad por el más allá antes de tiempo.
Lo que había más allá de las montañas no lo había visto nunca con mis propios ojos. En los libros de literatura y de historia, en los mapas de orografía, podía verme ante un cielo claro sobre un suelo llano como la palma de la mano. Leguas de otro tiempo y kilómetros de éste entre campos de labor, inmensidad horizontal sobre la humilde gleba de los siglos. Sin una sola montaña, sin otra novedad que el heroico cerro o la trémula colina. Más allá de las montañas podía esperarlo todo. Más acá, yo era yo y no quería dejar de soñar.
Si hay una montaña infranqueable es la culpa. Más allá de la culpa es difícil soñar y ver en el culpable a un ser humano. Cristina, la infanta caída en desgracia dentro de su propia familia y ante la sociedad por su presunto delito fiscal, es una persona. Ser persona es un sueño de la fe cristiana, un sueño hecho realidad más allá de las montañas.