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Mis invisibles
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Víctor Manuel Márquez Pailos | 31-03-2017 | 08:33

Los han vuelto invisibles pero yo no puedo dejar de verlos. Me gustaría seguir creyendo en el bien común, visible y ondeante con los colores de la patria antes de las elecciones y decisiones transcendentales para todos menos para ellos. Y es que ellos, los invisibles, no van a votar. No cumplen con su deber en las urnas los que han perdido su derecho a la vida. Tan solo, embalsamado en el papel de las proclamas con letra de molde e indeleble tinta, se reconoce su derecho a existir, pero sin nombre ni rostro a la vista. Lo que no se puede ver por la distancia, ¿cómo mirarlo sin ver nada?

Para no verlos ni de lejos, para olvidarlos como el menor de los recuerdos, se les ha abierto una sima en el pasado, una cueva sin salida. No se asfixiarán, así, por falta de aire nuevo, ni volverán tampoco allí donde su mera presencia es ofensiva. El futuro, si perseveramos, es dorado. Inspira, como la espiga que espera la cosecha con su fruto bien granado y su moraleja, hermosos pensamientos. Es de pocos perseverar en el esfuerzo. De muchos, sin embargo, en la dulce indiferencia. Y yo no puedo, ni siquiera, permitírmela.

A mí España no me duele tanto como algunos españoles, ésos que veo cada día a las puertas de mi iglesia. Los veo y los miro, tomo sus manos en las mías y pienso que de ellos es también el Reino de los cielos. Cada vez que paso por la calle hacia su encuentro me distraen escaparates y las mesas a placer de algunos restaurantes. Si esto es lo que hay que ver yo prefiero volverme invisible como ellos. Tanta espiga bien granada no es el futuro en que creo. Por eso, ante las urnas cualquier día, votaré en consecuencia.