El Comercio
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De pobres y ricos
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Víctor Manuel Márquez Pailos | 26-05-2017 | 09:21

Según los expertos las personas que padecen penurias económicas ven también disminuida la posibilidad de ejercitar sus facultades cognitivas. Tienen, pues, mayor dificultad que los demás para pensar y tomar decisiones con sosiego. La preocupación por la factura sin pagar o la comida sin comprar acaba siendo angustiosa para quienes llegan sin aliento a fin de mes. Por eso de la pobreza se ha escrito que es el “no descanso”. El descanso vacacional es algo que solo se pueden permitir los que gozan de cierta posición social.

Los expertos, que siempre o casi siempre tienen razón, nunca o casi nunca tienen toda la razón. Y es que suelen pasar por alto, en sus análisis, una variable imposible de medir. La ciencia habla de lo que puede medir. Del resto se abstiene. Por eso no cuenta nunca con el amor, la variable sin medida posible. Contra las preocupaciones que impiden pensar con calma sería muy triste concluir que no hay remedio y que los pobres son, pues, doblemente desgraciados: porque no tienen dinero y ni siquiera pensamientos propios, serenos, elevados. No pueden tenerlos porque hasta de la posibilidad de pensar se ven privados.

Todos sabemos, sin embargo, que no es así. Los pobres –me decía una experta en ayudarles- “no son pobres en todo”. Pobres en todo son, tal vez, los que tienen dinero, segunda vivienda cerca de la playa, vacaciones pagadas y la posibilidad de darse algún capricho de vez en cuando. Son pobres del todo porque “nadie les ha regalado nada”, antes bien se lo deben todo a su propio esfuerzo. No tener la alegría de ayudar, con el propio tiempo y dinero, a quien lo necesita es no tener nada, ser pobre del todo. No hay riqueza ni descanso como el amor, esa variable que los hombres de ciencia nunca podrán medir.