El Comercio
img
Fecha: junio, 2016
POR SAN XUAN
Pilar Arnaldo 28-06-2016 | 1:08 | 0

 

 

Estamos en días de celebración. El solsticio de verano o su equivalente cristiano, la noche de San Xuan, es, para las culturas campesinas,  uno de los momentos del año en los que la magia y los poderes sobrenaturales eclosionan con toda la fuerza que las creencias populares les otorgaron desde tiempos inmemoriales.

En el Suroccidente de Asturias, la celebración posee una gran riqueza y complejidad por la variedad de ritos existentes. Estos se pueden agrupar en dos vertientes bien distintas: por una parte están los relacionados con la magia, destinados a cumplir deseos, ahuyentar males, curar enfermedades; y, por otra parte, están los ritos festivos que, protagonizados por los mozos de los pueblos, consisten en hacer bromas o fechorías tales como esconder objetos, cambiar cosas de lugar o quitar las portillas o cierres de los prados o tierras.

En cuanto a los primeros, además de las omnipresentes fogueras, una de las creencias más extendidas, en lo que al Valle del Ríu Xinestaza se refiere, es la de que la noche de san Xuan es el momento oportuno para coger la flor de saúco, planta medicinal por excelencia, y hacer acopio de ella para el año. Aunque se aplica a múltiples y muy variadas enfermedades, se considera particularmente eficaz para tratar las afecciones de la vista. La rosada de la noche más corta del año tiene poderes especiales y se creía que revolcándose al amanecer entre el verde cubierto de rocío se curaba la sarna. Uno de los momentos en los que la capacidad mágica de esta noche se hace más patente es con la primera luz del alba. Es entonces cuando la clara de huevo, que se depositó en un vaso con agua la noche anterior, se convierte en un barco velero y es la ocasión de pedir aquello que más se desea. Por supuesto, también existe la costumbre de enramar fuentes y puertas y ventanas de casas, especialmente aquellas en las que hay jóvenes casaderas.

De las trastadas, hay una que está presente de forma especial en la memoria de la gente de La Pontecastru. Un año un vecino se encontró a la mañana siguiente con la desagradable sorpresa de que el carro del país en el que iba a cargar la hierba curada en días anteriores no estaba en el sitio habitual. Lo buscó sin éxito hasta que alguien lo informó de que se encontraba junto a una peña, en uno de los lugares más recónditos del valle, atado en lo alto de un árbol. Tuvo que pedir ayuda a muchos de sus convecinos e incluso se dio el caso de que algunos de los que participaron en la broma tuvieron que ayudar en la recuperación, por supuesto sin que el afectado supiera nada de la curiosa coincidencia. Se necesitaron un buen numero de hombres forzudos para desenganchar el carro del lugar donde estaba y bajarlo a tierra, igual que se habían necesitado unos cuantos mozos para llevarlo hasta allí. Hoy nada de esto sería posible. Falta lo más importante en los pueblos: el capital humano.

Que todas las fuerzas mágicas de la noche de San Xuan se conjuren para salvar a nuestro mundo rural del abandono en el que se encuentra. Eso le pido a mi barco velero.

Ver Post >
Peligro de extinción
Pilar Arnaldo 20-06-2016 | 9:43 | 0

El campo asturiano está este año más verde que nunca; no en vano llevamos casi dos meses de lluvias constantes. Me asomo a la ventana y contemplo tanta belleza a mi alrededor que resulta difícil de asimilar. Será eso que llaman el síndrome de Stendhal, pero aplicado al paisaje. Vivir rodeada de naturaleza me parece un lujo extraordinario. Sin embargo, aquí estamos los cuatro de siempre. La gente parece que sigue prefiriendo el centro comercial o cualquier otro pasatiempo urbano a este prodigioso paisaje primaveral.

Leo una vieja entrevista de un diario asturiano a Yves Champetier, economista, ex director del Observatorio europeo del programa Leader y experto en desarrollo rural. Afirma que los ecosistemas tradicionales son un ingente patrimonio cultural, que en estos enclaves la inteligencia de la gente para obtener lo mejor del lugar era algo increíble. Aboga por recuperar esa inteligencia para dar una solución a estos territorios. Me gustan las cosas que dice este hombre. Pienso que si nuestros antepasados supieron gestionar de una manera tan perfecta estos hábitats, ¿cómo nosotros, con una formación mucho más amplia y con toda la tecnología y todos los avances a nuestro alcance no somos capaces?

Algo tendremos que hacer y lo tendremos que hacer entre todos: los que vivimos en el medio rural, los que viven en las ciudades, gobernantes, expertos. Todos. Hace unos treinta años, cuando se constató que el oso pardo estaba en franco peligro de extinción, se dio la voz de alarma y se pusieron en marcha importantes proyectos de recuperación. Se crearon fundaciones, asociaciones, se invirtieron enormes recursos y la situación logró revertirse. Hoy ya no parece que este animal emblemático de Asturias esté amenazado y eso está muy bien. Vaya por delante, para que no se me malinterprete, que creo que es absolutamente necesario conservar todas las especies autóctonas. Pero ahora es el campesino, el habitante del mundo rural, el que está en franco peligro de desaparecer. ¿Estamos dispuestos a hacer un esfuerzo como el que se hizo para la conservación del oso u otras especies animales? Si no lo hacemos, lo que nos espera es muy fácil de imaginar: en menos de veinte años los pueblos se vaciarán casi por completo. Asturias será una macrourbe en el centro y las alas -especialmente la zona occidental-se quedarán totalmente despobladas. Y con los campesinos desaparecerán los pueblos porque el matorral, que ya aumenta de año en año de forma imparable, acabará apoderándose de todo. Y yo pregunto: ¿es ese el paraíso natural que queremos para el futuro?

Ver Post >
El profundo Sur
Pilar Arnaldo 14-06-2016 | 9:18 | 3

Vivo en el Suroccidente de Asturias. El profundo Sur, lo podríamos llamar. Profundo no por hondo, que es zona bastante montañosa, sino por otros significados de la palabra. Recóndito, sí; intenso, también; pero sobre todo deprimido, sumergido, complicado. Y aquí se hace difícil aplicar aquello de “El Sur también existe”. Porque solo parece existir para los poquísimos que continuamos habitando en él. Apurando mucho podemos decir que también existe en el pensamiento de nuestros amigos y familiares que nos visitan de vez en cuando. O en el de cuatro entusiastas turistas que buscan algo fuera del habitual sol y playa.

Pero no parecemos existir para el complejo entramado de administraciones que legislan, dirigen y gobiernan este país. Ni este rincón de Asturias ni ningún otro de la España rural que día a día vemos morir sin sentir siquiera un atisbo de remordimiento ante una pérdida irreparable en muchos aspectos. Bien es verdad que de vez en cuando salen a la palestra maravillosas ideas, frases rimbombantes y sesudos estudios en los que casi siempre se llega a la conclusión de que el mundo rural corre serio peligro de desaparecer, que hay que protegerlo, que es algo importante y unas cuantas cosas por el estilo. Pero en este caso sí que podemos afirmar que todo esto siempre se queda en el papel. Porque hacer, lo que se dice hacer, no se hace nada, o casi nada, para evitar la desaparición no solo de unos pequeños pueblos sino de todo un paisaje, unos ecosistemas, una forma de vida y una cultura ancestral, milenaria y sobre todo nuestra, genuinamente nuestra, aquella de la que el 90% de la población asturiana procedemos.

Ya sé que somos muy pocos. Que a la hora de votar apenas sumamos. Quizá ahí radique nuestro mayor problema. Pero también es el mayor problema al que ha llegado esta democracia que tenemos, uno de los mayores errores de nuestra clase política y una de las cuestiones por las que ha perdido mucha credibilidad y respeto por parte del pueblo. Nuestros políticos viven y actúan de cara a las próximas elecciones. Solo interesa aquello que proporciona votos. Mientras no existan unos gobernantes serios, rigurosos, con altura de miras y con unos principios éticos que estén por encima de todo interés personal o de partido, ni este ni otros muchos problemas que nos aquejan tienen la más mínima posibilidad de ser resueltos.

A todos los que tienen voz en esto, a los que nos gobiernan, desde los más cercanos de la política municipal a las más altas instituciones nacionales y europeas: hagan todo lo posible por preservar este mundo rural. No escatimen esfuerzos. Será una gran labor que los honrará en el presente y en el futuro.

Ver Post >
Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional