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Fecha: julio, 2016
QUE NOS LO EXPLIQUEN
Pilar Arnaldo 18-07-2016 | 8:49 | 0

Hoy me llega la noticia de que una de las aldeas de la zona pasará a engrosar la lista de pueblos abandonados el próximo otoño. Parece ser que el único vecino que quedaba tiene previsto marcharse. Uno más y ya son cuatro en este pequeño valle, cuatro de once. El porcentaje, mejor no calcularlo. Y si contamos todo el concejo son unas cuantas decenas. Y suma y sigue.
Somos ya muchas las voces que, a través de los medios de comunicación, día a día y semana a semana, estamos intentando concienciar de la magnitud del problema. No se está haciendo lo suficiente para conservar el mundo rural. Casi me atrevería a decir que no se está haciendo nada. Hago un rápido repaso a los periódicos de la semana y realmente no encuentro una sola referencia a algo destinado a mejorar la vida de la gente del campo, a atraer población, a impedir que se vayan los pocos que quedan. Nada, ni un pequeño gesto. Sin embargo leo una noticia que dice que los osos en Asturias pasan hambre. Ignoro si esto es cierto. Pero si sé que tiene una fácil solución, una solución en la que además están de acuerdo ganaderos y ecologistas, dos colectivos a los que siempre se presenta como enfrentados, aunque me consta que hay personas que tienen algo de los dos grupos sin que por ello sientan ningún tipo de esquizofrenia. La solución es tan sencilla como volver a dejar que se abandonen los animales muertos en el campo como se hizo siempre. Los osos y buitres tendrían más comida, estarían alimentados y atacarían menos a los animales domésticos. Además, los ganaderos no solo tendrían menos pérdidas, sino que se ahorrarían el coste y el trabajo de recoger las reses muertas y mandarlas a incinerar o lo que sea que se haga con ellas. Pero no hay manera. El debate está abierto desde hace tiempo pero el gobierno asturiano hace caso omiso a esta cuestión. Me pregunto por qué. ¿Alguien gana algo con ello o qué ocultos intereses hay para persistir en una situación que no parece ser buena para nadie? Por lo menos, que nos lo expliquen. Igual hasta conseguimos entenderlo.

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LANA CON NOMBRE DE MUJER
Pilar Arnaldo 11-07-2016 | 2:31 | 0

El trabajo de elaborar la lana, que fue común y generalizado en la casa rural asturiana hasta mediados del siglo XX, recaía sobre las mujeres en prácticamente su totalidad,a excepción del primer paso en la cadena, la tarea de esquilar la oveja, que realizaban los hombres. Todas las demás actividades -lavar, escarpenar, cardar, filar, torcer, tejer- eran labor femenina. Mujeres son también las que recuperaron esta actividad para el público a través del Festival de la Lana que se viene celebrando en Tuña el primer fin de semana de julio desde hace doce años.
La Asociación de Mujeres Cuarto de la Riera, fundada, entre otras, por Raquel López Tronco en el año 1997, se propuso recuperar este viejo oficio para mostrarlo y darlo a conocer al mundo, especialmente a las nuevas generaciones. Y lo consiguieron con creces. El Festival de la Lana no dejó de crecer desde sus primeras ediciones y en la actualidad es fiesta bien conocida en buena parte de Asturias e incluso traspasó fronteras autonómicas e incorpora a filanderas gallegas además de otras muchas de distintos lugares de la región. Detrás de esta excepcional muestra del viejo oficio de la elaboración de la lana hay, sin duda, muchos miles de horas de trabajo y de entusiasmo por parte de un grupo de mujeres que, a través de esta y de otras múltiples actividades, hacen que nuestros pueblos no decaigan del todo.
Existen muy variadas formas de estar en el mundo y todas son respetables siempre que ellas, a su vez, respeten. Pero yo quiero romper una lanza en favor de esta manera particular de estar y de ser, la que practican estas mujeres, la de las personas que se implican, que luchan, que tratan de mejorar su entorno, que suman y multiplican.
María Elena, Raquel, María y todas las que formáis parte de la Asociación, muchas gracias por existir. Seguid trabajando y luchando. Nuestro olvidado mundo rural os necesita.

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NO EXISTIMOS
Pilar Arnaldo 04-07-2016 | 7:23 | 0

En Asturias quienes nos gobiernan parece que solo piensan en los pequeños pueblos ese par de días que, en campaña electoral, se dignan visitar algún núcleo rural. Porque a la hora de establecer normas es evidente que no recuerdan que existimos.

Vivo en un pequeño pueblo de unos treinta habitantes. Con mucho trabajo por nuestra parte, los vecinos intentamos conservar la mayoría de las tradiciones y hacemos enormes esfuerzos porque estas no mueran del todo. Una de esas tradiciones que intentamos mantener es nuestra fiesta patronal, San Juanín, que es pequeña y humilde hasta en el nombre.
Cuando este año, como venimos haciendo desde hace muchísimo tiempo, nos dirigimos al Ayuntamiento de Tineo para solicitar el permiso pertinente de la fiesta -una misa, una comida familiar y un baile en la plaza del pueblo con un acordeonista- nos encontramos con importantes cambios respecto a años anteriores. Para que se hagan una idea, esto es un fragmento del documento que nos aportan con las exigencias para conceder dicho permiso:

Un plano ubicando de forma exacta el local o espacio abierto en el cual se celebrara la verbena.
Una memoria suscrita por técnico competente indicando todos los pormenores de la fiesta, instalaciones y localización de las mismas, orquestas, escenarios , medidas de seguridad e higiene, etc.
Plan de emergencias suscrito por persona competente.
Boletín de instalaciones eléctricas y comunicado de alta remitido a la Consejería de Industria.
Existencia de medidas o servicios de seguridad y vigilancia…

Por supuesto, el Ayuntamiento no facilita ninguna de estas gestiones ni ofrece a ninguno de los técnicos a los que el documento hace alusión. Serían los propios vecinos los encargados de aportarlo todo y pagarlo de su bolsillo.
Y yo pregunto: ¿la Administración debe estar para solucionar los problemas de la gente o para generarlos? ¿No existe alguien, entre todas las personas por las que este documento circuló antes de llegar al ciudadano, a quien se le ocurra que, exigiendo esto, lo único que se va a hacer es acabar definitivamente con las pequeñas romerías?
Señores de la Administración, si quieren hacer algo por los pueblos empiecen por pensar en ellos de vez en cuando. No se pueden establecer las mismas normas para la ciudad que para el campo, para el grande que para el pequeño. Y no solo en esto, sino en muchos asuntos más importantes que afectan al día a día de nuestros pueblos. Al fin y al cabo, la fiesta es una vez al año.
¿Creen ustedes que la pequeña comunidad de un núcleo rural puede responder a todas estas exigencias? Aunque me temo que no es una cuestión de creencias. Más bien pienso que el problema es que olvidan que existimos. Excepto en campaña electoral, que tiene un enorme poder para avivar la memoria. Así nos va.

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional