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Fecha: septiembre, 2016
LA SERONDA
Pilar Arnaldo 26-09-2016 | 10:19 | 0

Si todas las épocas del año tienen algo especial en la vida de nuestros pueblos, el otoño es, sin duda, una de las mejores. Época de recolecciones, se palpa en ella la satisfacción del aprovisionamiento, la alegría de recoger lo sembrado y cultivado. Esto, unido a la temperatura suave del equinoccio, la armonía de la regularidad de horas del día y la noche y el cromatismo de nuestros bosques caducifolios hacen del comienzo de “la seronda” un periodo muy dulce en el campo asturiano.
El cambio de estación coincide en esta zona con el punto óptimo de maduración de varios frutos, entre ellos los melocotones. Así lo ha dejado recogido nuestro magnífico refranero:

Piescos floríos ya piescos maduros
días ya nueites todo son unos

En cuanto a frutos secos, con las avellanas ya recogidas en el final del verano, la tarea se centra, ahora, en las nueces. Estas se cogen del suelo tras haber sacudido el árbol y se ponen a secar en el hórreo o panera para posteriormente quitarles el “peiro”, envoltorio de color verde que tradicionalmente se consideró venenoso en la cultura asturiana. Es también el momento de recoger el maíz, las fabas que crecen entre este y de empezar a preparar el instrumental para la recolección de las castañas, el fruto más abundante del suroccidente astur. Pero no solo hay que recoger. La vida continúa y hay que prepara la tierra para otras siembras. El alcacer para forraje y, por supuesto, el producto esencial, el trigo, un cereal tan importante en la casería tradicional asturiana que siempre se refirieron a él con el nombre de su producto final: el pan.
Hoy algunas de estas actividades se perdieron irremediablemente y otras perviven a duras penas, gracias al esfuerzo de unos pocos rebeldes y pertinaces que no nos resignamos a dejar morir todo aquello que con tanto esfuerzo nos transmitieron nuestros antepasados. ¿Ganaremos esta batalla o desaparecerá con nosotros todo este legado? El tiempo nos lo dirá… Mientras tanto, dejamos constancia de ello por escrito. Al menos, es una forma de preservarlo del olvido.

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MEJOR LAPONIA QUE EL SUROCCIDENTE ASTUR
Pilar Arnaldo 19-09-2016 | 1:07 | 0

La región de Laponia, en el extremo norte de nuestro planeta, es una de las más deshabitadas del mundo. Esto no resulta extraño teniendo en cuenta que se trata de un territorio con una climatología adversa en los confines del continente. Lo que resulta asombroso, contemplado desde nuestras latitudes, es que esta región se consolide como un referente mundial en desarrollo social y económico y que allí se haya logrado detener el abandono rural e incluso recuperar tasas de población de hace treinta años. Una, entre muchas de las medidas que se han tomado para ello, ha sido invertir en energías renovables cuyos beneficios revierten en la comunidad. Además, la cobertura móvil alcanza al 95 % del territorio.
Aquí tenemos nuestra Laponia particular en el suroccidente de Asturias, pero solo para lo malo. Porque no somos ningún referente en desarrollo social y económico sino todo lo contrario. Y eso que nuestro país ha sido durante los últimos quince años uno de los más agraciados en el reparto de fondos europeos. ¿Qué se ha hecho con ellos? Mejor no profundizar en el tema… El caso es que estamos abocados a una muerte biológica en un plazo muy corto, unos 20 años dicen los expertos. Y ya sabemos todos que 20 años no es nada…
Tal como están las cosas, una de las prioridades del gobierno asturiano en este momento debería ser este problema. Habría que estar dedicándole tiempo, esfuerzos y medios materiales y humanos. No se trata de una cuestión baladí sino de algo muy serio. Es como si nos fueran a arrebatar una parte importante de nuestra región y la dejáramos ir sin tratar de defenderla. Sin embargo, apenas se habla de ello y mucho menos se hace nada. Ni siquiera hay un proyecto serio, riguroso, que ponga sobre la mesa, un día sí y otro también, uno de los problemas más grandes que tenemos. Aquí seguimos gastando el dinero en tonterías o en monstruosidades, mientras dejamos morir una parte importantísima de nuestro territorio, de nuestro patrimonio y de nuestra cultura. Y ni siquiera nos sonrojamos.

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FERIAS DE ANTAÑO
Pilar Arnaldo 12-09-2016 | 11:51 | 0

Dos celebraciones de especial interés se repartían tradicionalmente la fecha del 8 de septiembre en el suroccidente astur. Se trataba de la romería de la Virgen del Acebo, en el concejo de Cangas del Narcea y la feria de Nuestra señora, en el Puerto de Somiedo. Según las prioridades del momento, divinas o humanas, las familias acudían a uno u otro lugar o se dividían entre ambos.
Pero como las necesidades del cuerpo suelen ser más acuciantes que las del alma, la feria del Puerto se llevaba la palma. Hasta allí se desplazaban con el ganado los hombres de las familias, adultos y niños, a veces alguna mujer, aunque era menos habitual. En la primera mitad del siglo XX el trato, en estas zonas de la montaña asturiana, era preferentemente de ganado cabrío. Reputados tratantes en castrones del valle del Ríu Xinestaza como Alonso L´Urrión, su madre, Pepa la Urriona, Jerónimo de La Troncada, Aurelio de Agosto, Pepón del Gayo o Benjamín del Homón, o, ya en la zona de Sierra, Angelín de Tabladiel.lu se desplazaban con el ganado a la feria de Nuestra Señora. Iban andando y partían con dos días de antelación. Había dos rutas, por Xinestaza a los Cadavales y hacían noche en La Rebol.lada o por L´Abedul a Cuevas y pernoctaban en Aguasmestas. Solían llegar al puerto al atardecer de la segunda jornada y allí, en un ambiente marcadamente festivo y comercial, comenzaban ya los tratos. Vendían el ganado a compradores castellanos que adquirían las reses de macho cabrío para elaborar cecina y aprovechar su piel para los pellejos de vino. Parece ser que en aquella época, entre los pastores de merino de la Meseta, la carne salada de castrón era el alimento preferido para las largas jornadas en el monte. Para ello era preciso que los animales estuvieran gordos y bien cuidados. Pero los tratantes asturianos no volvían de vacío a sus casas ya que vendían los machos adultos y compraban crías para engordar para la feria siguiente. Muchos de estos propietarios tenían los animales en régimen de aparcería con otros ganaderos a veces de pueblos bastante distantes.
En la segunda mitad del siglo XX, el ganado vacuno fue sustituyendo al caprino y los vehículos de motor comenzaron a trasladar a animales y personas a la feria. Como el viaje era más fácil se desplazaban familias enteras, bien pertrechadas de buenas meriendas, a veces simplemente para pasar un día de recreo. Hoy sigue siendo una de las grandes citas ganaderas y festivas del occidente de Asturias. Sin embargo, estoy segura de que a todos nos gustaría volver a presenciar, por un momento, las exclamaciones de satisfacción de aquellos hombres cuando asomaban a las Penas de Trabanco y por fin daban vista al Puerto, el orgullo con el que atravesaban las calles del pueblo bajo la atenta mirada de los compradores o los apretones de mano que sellaban, no solo una transacción económica, sino un pacto inquebrantable. Eran otros tiempos…

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ESCUELAS RURALES
Pilar Arnaldo 05-09-2016 | 11:41 | 0

Cuando se analizan las causas del abandono de los pueblos siempre se señala, como una de las más determinantes, el cierre de las escuelas rurales. En las tres últimas décadas del siglo XX se clausuraron un gran número de ellas en las aldeas, en muchas ocasiones trasladando a los niños a escuelas-hogar donde pasaban la semana en régimen de internado. Y ese fue uno de los motivos que movió a los padres a abandonar el campo y buscar forma de vida en la ciudad para no tener que separase de sus hijos a edades tan tempranas.
En la actualidad quedan poquísimas escuelas rurales y es opinión común que es absolutamente necesario conservar abiertas aquellas que resistieron el paso del tiempo. Al precio que sea. La situación del mundo rural es tan precaria que ya no soporta una agresión más. Sólo una voluntad absoluta por parte de los gobiernos de preservar los pocos servicios que quedan en los pueblos podría salvar a estos del abandono total. Sin embargo, esta voluntad, en lo que se refiere a la Administración asturiana, no se ve muy clara. El curso pasado se cerraron dos escuelas del Suroccidente, la de Tuña, en el concejo de Tineo y la de Mieldes, en el de Cangas del Narcea. Y en el caso de la primera, además, con una forma de actuar bien poco respetuosa. Se echó el cierre mes y medio después de comenzar el curso, de un día para otro, casi sin previo aviso. Este año parece que esta se vuelve a abrir y eso es una buena noticia que, sin embargo, no exculpa a la Consejería de educación del Principado de haber hecho las cosas rematadamente mal. Porque sacar a los niños de su entorno más próximo para trasladarlos a un lugar bastante alejado, a un colegio nuevo y desconocido, para unos meses, no parece nada acertado. ¿Era necesario tanto trastorno para tan poco tiempo? ¿Justifica el ahorro logrado tanto desbarajuste?
En cuanto a la escuela de Mieldes, este curso permanecerá cerrada aunque con la promesa de abrirla…¡dentro de dos años! Sin comentarios. Absurdo total. Parece que la Consejería cree que es un lujo mantener escuelas rurales para unos pocos niños. Pues no. No se trata de un lujo, sino de una absoluta necesidad. Hay un concepto que se denomina discriminación positiva y que nuestros gobernantes, por lo que se ve, desconocen. Hay situaciones tan graves que no pueden regirse por estrictos criterios económicos. Los pueblos se mueren y, como moribundos, requieren de un tratamiento especial. Un tratamiento en el que no se repare en gastos, en el que se apliquen todas las medicinas necesarias sin importar el coste de estas. Es cuestión de vida o muerte.

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional