El Comercio
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Fecha: noviembre, 2016
ALDEANOS
Pilar Arnaldo 28-11-2016 | 9:31 | 0

Recientemente, en el transcurso de un debate parlamentario, la presidenta del PP de Asturias, Mercedes Fernández, zanja la discusión sobre la idoneidad del nuevo patrono de la Fundación Cajastur con la expresión “a ver si no somos aldeanos” referida a la objeción que algunos ponían a este señor por el hecho de no ser asturiano. Me parece, señora Fernández, que no pudo usted emplear una expresión más desafortunada. Desafortunada porque, al llamar aldeanos a quienes usted considera llevados por prejuicios, cortos de miras u ofuscados, está ofendiendo a muchos asturianos. Sí, nos ofende a los que de verdad somos aldeanos, es decir, habitantes de la aldea, que es el recto significado de la palabra. Pero también ofende a la gran mayoría que, aunque no habiten en la aldea, proceden de ella o descienden de aldeanos y a quienes los respetan y valoran. Con esta expresión parece usted abundar en la idea de que la persona que vive en el pueblo está en un grado de inferioridad cultural e intelectual con respecto a los habitantes de las urbes. El viejo prejuicio, que hoy creíamos superado, de que lo rural es sinónimo de pobreza y atraso subyace en sus palabras.
Los habitantes de las aldeas nos sentimos humillados con esta expresión desacertada. Y más cuando es pronunciada en la más alta institución de nuestra comunidad autónoma. Flaco favor le hace usted al maltratado mundo rural con expresiones así. Hoy, cuando a todos se les llena la boca con proyectos para combatir el abandono y despoblamiento de los pueblos, viene usted con su inoportuna manifestación a estigmatizar un poco más nuestros desatendidos núcleos rurales.
Discutan y peléense ustedes todo lo que quieran pero, por favor, dejen en paz a los aldeanos que, a menudo, suelen demostrar bastante más cordura y sentido común que los habitantes de la ciudad. Es posible que, si esas instituciones que sus señorías ocupan estuviesen gobernadas por aldeanos, nos fuera bastante mejor. Porque peor ya es difícil, especialmente en lo referido a este mundo rural al que no demuestra usted mucho aprecio.
“Las palabras nunca son inocentes ni impunes”, afirmaba José Saramago. Pues cuídenlas. Son ustedes nuestros representantes y nos deben respeto.

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TIEMPO DE ESFOYONES
Pilar Arnaldo 14-11-2016 | 4:34 | 0

El pasado sábado se celebró en Navelgas el XXI Festival del Esfoyón y el Amagüesto, una de las citas festivas más importantes del otoño en el Suroccidente. También en el Concejo de Tineo, pero en el otro extremo, en el Cuarto la Riera, desde donde esta columnista escribe, celebramos nuestro esfoyón particular, mucho más modesto pero seguramente más cercano a la tradición.
Nos reunimos los vecinos de La Pontecastru y aquí, a la vieja usanza, realizamos esta tarea ancestral que culmina el ciclo del maíz. El esfoyón -o esfoyaza en otros lugares de Asturias_ consiste en la confección de las riestras que cuelgan de los corredores de hórreos, paneras y casas. Es, como muchos otros trabajos del campo, una tarea colectiva y festiva. Tradicionalmente participaban en ella todos los miembros de la familia y se iba rotando de casa en casa.
Se comienza preparando las panoyas para poder tejer la riestra . Para ello se le quitan las hojas de fuera, y se dejan una pocas -dos o tres- más fuertes dobladas hacia atrás para después poder trenzarlas. Una vez realizada esta tarea, se procede a confeccionar la riestra, tarea que realizan principalmente los hombres. Por cada “enrestrador” se necesita un “apurridor” que le va pasando las panoyas. El enrestrador va colocando tres o cuatro piezas en cada vuelta sujetas con carrizos que previamente, por el mes de agosto, se habían recogido en los prados y se ponían a secar a la sombra. Había dos formas de enrestrar: la llamada “de renazo de burro”, que iba formando nudos y la “de cuadriel.lu”, que teje una coleta. Las hojas restantes –la padana- se metían en sacos, ya que se usaban para confeccionar jergones.
Finalmente, las riestras del maíz se subían al hórreo donde tenían que quedar perfectamente colocadas a la misma altura. Para ello un observador, desde abajo, evaluaba la tarea y comprobaba si estaban alineadas. En la casa campesina asturiana la apariencia no era algo baladí. En que todo quedara perfecto iba el prestigio de sus moradores, especialmente del cabeza de familia. Y tras la tarea venía el convite. Como el esfoyón se realizaba después de la cena y se prolongaba durante unas horas, al finalizar se ofrecía a los asistentes una sobrecena con sidra, castañas, nueces y algún dulce elaborado en la casa.
Pero el esfoyón, además de servir para preparar un producto básico en la dieta campesina para su almacenamiento y posterior consumo, constituía un acontecimiento social relevante por ser una de las reuniones especiales para el cortejo. Las largas noches de otoño eran el momento propicio para entablar las necesarias relaciones entre los jóvenes que, en algún momento futuro, culminarían en matrimonio. Todos, solteros y casados, jóvenes y viejos, participaban de las bromas. Tirar granos de maíz a las mozas, lanzar a algún hombre la panoya rabuca –con el significado implícito que este gesto tenía- era habitual. Como en otras muchas tareas campesinas, trabajo y diversión iban de la mano.
Hoy, unos pocos resistentes que quedamos en las aldeas hacemos grandes esfuerzos por preservar estas tradiciones, navegando a contracorriente en un mundo que prefiere el bullicio del centro comercial o la comodidad de sofá y televisor. ¿Seremos los últimos románticos?

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POR AMOR A LOS RÍOS
Pilar Arnaldo 07-11-2016 | 12:45 | 0

Un banzáu es, en Asturias, una construcción que se hace en un río para embalsar el agua que, después, se conduce por canales hacia los prados de regadío. Otro de los admirables sistemas de aprovechamiento de recursos que utilizaron nuestros antepasados, verdaderas obras de ingeniería que crearon paisaje y beneficios y que aún perviven en algunas zonas.
Pero El Banzao, con mayúsculas, es una importante asociación de pescadores surgida en Tineo en el año 2003 y que, en la actualidad, cuenta con unos 750 socios. Ellos fueron los principales promotores del proyecto de recuperación de la Laguna del Arenero y su misión es el cuidado de los ríos, las repoblaciones, las actividades relacionadas con la pesca o la concienciación sobre la importancia de nuestros ecosistemas fluviales… Pero sobre todo quiero destacar aquí la importante labor de limpieza de basuras que realizan, no solo en los ríos de la comarca, sino en otros del resto de Asturias y otras comunidades vecinas. Llevan los hombres del Banzao, junto con sus compañeros de Fuentes del Narcea, sacadas de nuestros cauces toneladas de plásticos y otros despojos que, de forma intencionada, dejan bien visibles junto a los contenedores para que la gente los vea y se conciencie con el problema. Porque la retirada de residuos es una de las grandes asignaturas pendientes del mundo rural. Los ayuntamientos tiene que gestionar mucho mejor las recogidas, especialmente de los grandes plásticos de las ganaderías, pero los habitantes de los pueblos tenemos que mentalizarnos de nuestra responsabilidad en el cuidado del entorno. No se trata de echar balones fuera. Las basuras que salen de los ríos las tiran, en su mayor parte, los habitantes de estas zonas. Me comenta Pablo Osendi, responsable de comunicación de la asociación, que si consiguen que una sola persona se conciencie, por cada jornada de limpieza que realizan, creen que esta ya valió la pena. Pues no se puede decir que pidan mucho para tanto como aportan.
Pero nuestros ríos tienen más enemigos que los que lanzan sus basuras a ellos. Creen los miembros de la asociación que las políticas conservacionistas que se aplicaron hicieron mucho daño a estos cauces fluviales. La prohibición de cortar árboles o arbustos de ribera alteró profundamente los hábitats. Una vez más, la visión urbanita del mundo rural, el legislar desde una oficina con bastante desconocimiento del lugar para el cual se legisla, trajo mucho mas daño que beneficio. Se aplicó en Asturias la misma normativa que, pongamos por ejemplo, en Castilla o Andalucía, cuando los ecosistemas son completamente distintos. Así es que en treinta años los ríos sufrieron una alteración total. Un error más del conservacionismo mal aplicado. Pero como a menudo ocurre, la iniciativa particular suple muchas de las deficiencias o errores de las administraciones. Y este es un magnífico ejemplo de ello. Un grupo de hombres que aman nuestros ríos, que los conocen a fondo y que ponen buena parte de su energía y su tiempo libre al servicio de ellos. Muchas gracias por vuestra labor. Todos estamos en deuda con vosotros y especialmente los que habitamos estas maravillosas riberas y nos dormimos todas las noches al arrullo de estas aguas.

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional