img
Fecha: marzo, 2017
SEMENTERA
Pilar Arnaldo 20-03-2017 | 3:28 | 0

Amanece un día espléndido de primavera y, por estas aldeas del Suroccidente astur, nos preparamos para una de las tareas más importantes del año: la siembra de las patatas. Es sabido que la patata ocupa un lugar primordial en la casa campesina y una buena cosecha es siempre un motivo de alegría y orgullo. Es alimento principal en nuestra mesa, de hecho es uno de los ingredientes del plato mas típico de esta zona: el pote. La patata en Asturias se come a diario en variadas recetas y acompaña siempre a cualquier plato de carne o de pescado. Pero es usada además para la alimentación de los animales, especialmente de los cerdos. También la comen las gallinas y, en ocasiones, se daba a las vacas.
Así que lo primero es preparar la semilla. Las patatas del año anterior, “gal.lizadas”, es decir con yemas o brotes, se parten en dos o tres trozos. Cada uno de ellos dará lugar a una nueva planta. Después, a abonar bien la tierra. Ya lo dice el refrán: “Dios ya´l cuitu pueden muitu/pero sobre todo, el cuitu”. La siembra es un trabajo complejo, como todos los del campo, y se requiere de varias personas. Es necesario arar la tierra -l.labrar-, lo que, tradicionalmente, se hacía con l.labiegu romano movido por tracción animal -una pareja de vacas o un caballo, asno o mulo-. La labor de l.labrar corresponde normalmente al cabeza de familia. Otra persona tiene que dirigir los animales – “andar delantre las vacas”-. Se necesita también alguien que meta el cuitu en el riego y, finalmente, la persona que siembra, labor que suele realizar la mujer de la casa. Con gran cuidado de que no vayan ni muy juntas ni muy separadas, concentrada, atenta, digna y muy convencida de que le va en ello el bienestar de su familia, deposita en el surco las semillas. Después, a comer o merendar –según la hora- y celebrar la alegría de la siembra. La conversación de esos días, en los encuentros con los vecinos, siempre será “si las patatas llevaron, o no, buena sementera”.
Posteriormente vendrán los sucesivos trabajos. Primero, acachar, unos quince días después. Se deshacen los terrones que quedaron y se deja la tierra bien lisa. Entre tres semanas y un mes, aproximadamente, dependiendo del tiempo que haga, nacerán las plantas. Ahí ya se ve si estaban bien sembradas. Cuando estas están a media altura, hay que sal.lar. Se trata de remover la tierra y arrimarla al tallo, así como de arrancar las malas hierbas. El último trabajo es arriandar, que consiste en remover ligeramente la tierra. Y, finalmente, a principios de septiembre, se recolecta el fruto.
Esta tarea es de las que todavía se mantienen muy vivas en nuestros pueblos. Hoy es posible comprarlas a precios muy asequibles, pero la calidad es bien distinta. Sin contar con la satisfacción de la cosecha, esa emoción ancestral de sembrar, ver crecer y recolectar nuestros alimentos. Mientras podamos y no nos llegue la famosa polilla guatemalteca o cualquier otra plaga bíblica de esas que pululan por este nuestro mundo globalizado.

Ver Post >
MALA LECHE
Pilar Arnaldo 06-03-2017 | 9:40 | 0

Hay un proyecto, ya muy avanzado, para construir en Soria la mayor granja lechera de todo Europa. Se trataría de un auténtico monstruo lácteo con 20.000 vacas y unas cifras de mantenimiento que ponen la piel de gallina a cualquiera que tenga una mínima sensibilidad medioambiental: un gasto de cuatro millones de litros de agua al día y 368.000 toneladas de excrementos generados, como una ciudad de cuatro millones de habitantes.
Pero tiene más costes que los ambientales este macroproyecto. Los promotores venden a bombo y platillo la idea de que van a crear 250 puestos de trabajo. Pero, si se crean estos y se destruyen tres veces más, poca ventaja va a traer. Porque inventos de este tipo son la puntilla que va a acabar definitivamente con el campo español. Una explotación así supone el cierre de muchas empresas familiares de leche que no van a poder resistir esta competencia desleal.
Dice Paul Samuelson, un prestigioso economista estadounidense, que el mercado no tiene corazón. A esta frase algunos añaden la coletilla “y los gobiernos no tienen cabeza”. Pues nunca mejor dicho. Porque lo que está fuera de duda es que unas pocas explotaciones de este tipo, lácteas o de carne -que ya hay planes para ellas, sin ir mas lejos aquí en Asturias- y de nuestro sufrido mundo rural no va a quedar nada. Desaparecerá de la faz de la tierra como desapareció el Macondo de García Márquez, pero con la diferencia de que el nuestro está poblado de seres reales que sienten y padecen.
Por una parte, nuestros gobernantes desde hace una temporada nos están vendiendo la moto de la preocupación de la despoblación rural con comisionados, reuniones, proyectos… y, por otra, permiten este tipo de explotaciones más propias de lugares como China o EE.UU. que van a acabar con lo poco que queda de nuestros pueblos. Decimos una cosa y hacemos justo la contraria. De esquizofrenia total.
Anda un sector amplio de la población muy preocupado por la supervivencia del lobo y el oso. Pues yo creo que estas dos especies, afortunadamente, no tienen ningún peligro de extinción. Pero sí lo tienen los pequeños ganaderos de los pueblos que mucho me temo que no lleguen a la mitad del siglo en curso. ¿No se los podrá declarar especie protegida y dedicar grandes recursos a su supervivencia? A lo mejor es la solución para ellos. Quizá dentro de unos años, los promotores de turismo organicen actividades de avistamiento de ganaderos y poder fotografiar a uno de ellos sea todo un triunfo. ¡Cosas veremos!

Ver Post >
Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional