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Autor: Serondina
ANTROXU
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Pilar Arnaldo | 27-02-2017 | 9:51| 0

El antroxu – antroido por esta zona- siempre fue la gran celebración del invierno en el campo asturiano. Superaba en importancia a cualquier otra, incluso a las fiestas navideñas que pasaron bastante desapercibidas en el mundo rural por lo menos hasta la segunda mitad del siglo XX. La cena de carnaval se celebraba por todo lo alto. En una época del año en la que el hórreo todavía estaba bien provisto de carne, no se escatimaba nada para un día destinado a la abundancia y el exceso. El antroxu en el ciclo anual marcaba el fin del invierno, de la época de baja actividad, para comenzar la de las siembras y el trabajo duro. Por eso era importante comer y festejar en abundancia.
El menú, evidentemente, estaba basado en la carne. El protagonismo lo llevaba la caramiel.la – cabeza del cerdo cocida- acompañada por embutidos y otras piezas del mismo animal y berzas y patatas cocidas y escurridas. De postre, freisuelos. Era un día para compartir, se invitaba y se repartía carne a las familias que menos tenían para que no quedase nadie sin celebrar.
Después de la cena venía la fiesta. Una de las costumbres de esta zona era ir a tirar una lata a la puerta del vecino y preguntar: ¿hay antroido? Si te contestaban que sí, que era lo habitual, entrabas y celebrabas con ellos. También había disfraces, semejantes a los de las pandorgadas o mascaradas de invierno aunque ahora participaban en ellos también niños, mujeres o viejos. A los disfrazados se les llamaba mazcaritos y recorrían las casas pidiendo el aguinaldo y cantando alguna copla. Las mujeres tenían un protagonismo especial en torno a esta fiesta, hasta el punto de tener sus propias celebraciones particulares, algo que no ocurría en ninguna otra época del año.
Hoy, en los pueblos, de todo esto pervive el aspecto gastronómico y poco más. Pero ya nadie espera con anhelo ese día para hartarse de carne o para tomar café, como le ocurría a aquella señora de La Troncada que, al comprar para la celebración, sabía que olvidaba algo y no caía en qué. El tendero le preguntó si podría ser café y ella contestó muy segura que no, que café le había sobrado del carnaval anterior.
¡Tiempos de austeridad! Entonces sí que había ganas de celebrar.

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UN PASTOR VIRAL
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Pilar Arnaldo | 20-02-2017 | 7:07| 0

Nel Cañedo es un joven pastor de los Picos de Europa que abandonó su Xixón natal para pastorear un rebaño de ovejas y cabras en la majada de Soñín y fabricar el delicioso queso Gamonéu del Puertu. El hecho de que un joven cambie la comodidad y los atractivos urbanos por la soledad de la vida en la montaña ya debería ser suficiente motivo para dedicarle atención en los medios. Pero Nel no se hizo famoso por este cambio a contracorriente, sino por sus vídeos en YouTube. Con gran frescura, naturalidad y buenas dosis de cabreo expone los problemas del mundo rural actual y triunfa con ello, hasta el punto de hacerse viral, es decir, difundido de forma masiva a través de redes sociales y blogs.
Los videos de Nel Cañedo son un soplo de aire fresco para este mundo campesino incomprendido. Que un pastor arrase en internet siempre es una buena noticia para el campo. Están los jóvenes rurales muy faltos de ídolos. Siempre tenemos la sensación de que todo lo que triunfa, lo que “mola” es urbano , de un mundo muy lejano a este. Por eso todos los chavales ganaderos, sin excepción, comparten entusiasmados estas publicaciones en las que se sienten reflejados. Cañedo es un pastor y quesero, con un oficio antiguo, milenario, pero que controla internet como cualquier joven de ahora y no solo lo controla, sino que triunfa en esas redes a las que ellos rinden culto.
En su último vídeo, el que definitivamente lo convirtió en viral, Nel Cañedo expone con grandes dosis de indignación la situación del ganadero cántabro al que por un resultado positivo en una sola vaca tuberculosa le obligaron a sacrificar cincuenta reses sanas. Mientras tanto, en la Comunidad de Madrid, un grupo animalista recogía 70 000 firmas para salvar de la muerte a una vaca también tuberculosa y conseguían su indulto para que siga viviendo en un santuario animal. El agravio comparativo está servido. A Nel Cañedo y a todos los que formamos parte del mundo campesino nos cuesta asimilar tanta tontería. La sensación de que vivimos en un mundo absurdo cada día se hace más patente. Así que, frente a todo este sinsentido, solo queda el grito de indignación. Y eso él lo hace como nadie. Exhibiendo grandes dosis de mala leche –no queda más remedio- y de humor y frescura ante la cámara, consigue arrancar una sonrisa a muchos ganaderos desesperados. Pero también tiene este pastor buena leche, la que le proporcionan esas cabras y ovejas que cuida con mimo para fabricar un producto de una calidad excepcional, su queso.
Nel Cañedo, sigue deleitándonos con tu buena y tu mala leche. El mundo rural la necesita. Y el urbano creo que también.

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AHORA SÍ
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Pilar Arnaldo | 13-02-2017 | 9:24| 0

Ahora sí se van a resolver los problemas del mundo rural. Cómo no, si el Gobierno, o más exactamente su Vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, acaba de crear un organismo específico para ello. Se llamará el Comisionado para el Reto Demográfico y, como su nombre indica, tendrá como función tratar de paliar los problemas demográficos de esas zonas, entre las que se encuentra todo el mundo rural español, que presentan serios inconvenientes al respecto. Al frente del mismo parece que ha colocado a una vieja amiga suya, Edelmira Barreira, a la que no se le conoce ninguna relación con el campo ni con el asunto de la demografía ni el desequilibrio poblacional.
La idea, en principio, no estaría mal, si no fuera porque lo que sobran en este país son organismos. Con una Administración absolutamente sobredimensionada a todos los niveles, crear nuevas entidades no parece la mejor idea. Hay un dicho entre la gente que reza: “si quieres que algo no se haga, crea una comisión”. Porque estamos hartos de ver todo tipo de organismos, comisiones, consejos, servicios, planes, proyectos, programas… que se llevan cantidades ingentes de recursos y cuyos resultados son, cuando menos, dudosos, por no decir nulos.
El problema de la despoblación del mundo rural no se arregla generando estructuras innecesarias. Sobran organismos desde los que tratar este tema. El problema de la despoblación del mundo rural se arregla atendiendo a este mundo rural, mimándolo, ofreciendo oportunidades de trabajo para los jóvenes, aligerando la carga impositiva y las exigencias a los pocos negocios que quedan en él, ofreciendo servicios de calidad. En fin, con una clara voluntad de discriminación positiva hacía las personas que en él habitan. Así que menos comisionados y más actuaciones. A no ser, claro, que el citado organismo tenga como prioridad colocar a una amiga de nuestra Vicepresidenta. En ese caso, no hay problema pues el objetivo ya está cubierto. No obstante, desde estas tierras olvidadas, estaremos atentos a lo que da de sí el susodicho organismo y no dudaremos en apoyarlo y aplaudirlo si realmente cumple con su cometido. ¡Así pues, Edelmira, bien venida a la España vacía… Ah no, perdona, se me olvidaba que tú lo vas a gestionar desde tu despacho de la capital y ahí no hay problemas de demografía!

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SAN BRAS: EL PRESENTE
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Pilar Arnaldo | 06-02-2017 | 6:52| 0

El viernes pasado se celebró en la localidad de Tuña, Tinéu, la feria de San Bras, la primera del año en el Suroccidente astur y una de las citas importantes para ganaderos y gente de los pueblos en general. De lo que supuso esta feria en el pasado y de cómo era ya hablé en la columna anterior, así que hoy voy a tratar la realidad de la feria en el presente.
Como mercado de ganado, San Bras ya no es ni la sombra de lo que era. Las formas de compra- venta de animales han variado bastante y cada vez menos ganaderos acuden con sus reses a las ferias. Hoy el ganado se vende prioritariamente en casa o incluso a través de contratos de venta con las distintas cadenas de supermercados. Apenas unas pocas reses de vacuno y algo de equino es lo que nos podemos encontrar en la que era, hasta hace poco tiempo, la feria que marcaba los precios del año para las siguientes.
Sin embargo, la gente sigue acudiendo en masa a San Bras. No solo los pocos que quedan en estas pequeñas aldeas sino muchos de los que emigraron en los años sesenta, setenta y ochenta a las ciudades del centro de Asturias. Estas personas, hoy jubilados en su gran mayoría, y muy apegados a la tierra que los vio nacer, son los que contribuyen a llenar este tipo de eventos que, sin su presencia, resultarían inviables por la escasa población de los lugares en los que se celebran.
Porque una feria como esta es mucho más que la compra-venta de ganado. Es ser espectador de esos pocos o muchos tratos que se produzcan, es encontrarse con los vecinos, degustar una buena merienda, recorrer los puestos de productos asturianos y sobre todo, comprar buenas naranjas, las mejores, que ya sabemos que San Bras es el patrón de las enfermedades de la garganta. Y volver a los lugares de residencia bien cargado de anécdotas e historias que amenizarán, durante unos cuantos días, los paseos por la Losa de Oviedo o las tardes en los centros sociales de los distintos barrios.
Es muy importante que sigamos todos acudiendo a las ferias y fiestas que se celebran en nuestros lugares de origen. Se trata de un pequeño gesto que contribuye a mantener estos acontecimientos tan significativos para un mundo en declive al que todos tenemos la responsabilidad de preservar. ¡Salvemos nuestros pueblos! No esperemos que otros lo hagan por nosotros.

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SAN BRAS: EL PASADO
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Pilar Arnaldo | 30-01-2017 | 12:07| 0

La primera gran feria ganadera del año en el Suroccidente astur es la de San Bras –Así, “Bras” con r ,que es su nombre tradicional y no “Blas” como se empeñan ahora en poner en carteles y otros anuncios-, en Tuña, el 3 de febrero.
Intentar siquiera dar una pequeña idea de lo que está feria significaba para la gente de la zona, en el espacio de una columna, es tarea bien complicada, pero procuraré hacer una aproximación.
San Bras siempre fue, principalmente, feria de vacuno y equino. Era muy importante porque, al ser la primera del año, marcaba los precios para las futuras. Pero para la gente de todos estos territorios colindantes con Tuña (valle del Ríu Xinestaza, parroquia de Merías, parroquia Quintana, Partíu de Sierra, parroquia de Agüera, Las Alzadas de Tinéu …) era mucho más que una feria. Presentarse en San Bras con una pareja de bueyes bien cuidados y pertrechados con sus buenos aparejos era, seguramente, el súmmum del orgullo campesino, la línea que marcaba el éxito social y profesional, el distintivo de los triunfadores.
Apenas empezaba el año, la gente de estos pueblos ponía la vista en el gran día. San Bras se pensaba, se imaginaba, se discutía, se soñaba. En el chigre, en los filazones, en los encuentros casuales en caleas y caminos era el tema de conversación. Tan importante acontecimiento trascendía, como no podía ser menos, a nuestra región. Quien circulara por la estación de Atocha madrileña en fechas cercanas al 3 de febrero podía sorprenderse si, al acercarse a un corrillo de mozos, se encontraba con que estaban todos exaltados tratando algún ejemplar de ganado vacuno. Eran los hombres de L’Abedul, que durante el invierno se marchaban a Madrid de mozos de estación para aportar un dinero muy necesario para la economía familiar. Trabajaban allí buena parte del año y regresaban en verano para las tareas fuertes del campo. Pero, faltaría más, hacían un paréntesis en su ocupación invernal para venir a San Bras. Y, por supuesto, con el entusiasmo de la venida empezaban allí mismo, entre ellos, los tratos de las reses que los esperaban en sus cabañas asturianas. Que luego el animal respondiese o no a las expectativas ya era otra historia.
San Bras era también una buena merienda. La fecha lo propiciaba, ya que estaban las matanzas recientes y había abundancia de carne. Por supuesto, el lacón llevaba el protagonismo. Quien no dispusiera de un buen lacón cocido y un potente bollo preñado mejor no se dejaba ver por la feria. Eran épocas de escasez, pero quizá debido a ello, se ponía especial atención en ser muy arrogante en estos eventos. Era este otro de esos puntos en los que se jugaba el prestigio de la casa campesina, en este caso de la mujer, que era la encargada de todo lo relacionado con la alimentación de la familia.
Por supuesto, la feria también se aprovechaba para la fiesta y el cortejo. Las mozas y mozos casaderos esperaban ansiosos este día que luego culminaba con buenos bailes en Tuña, en El Bolichero y El Pipo, y en La Pontecastru, en Casa Alonso. Y finalmente, el regreso, con bolsadas de naranjas de Soutu los Infantes, que no serían las mejores del mundo pero sabían a gloria, porque tenían el privilegio de ser las únicas que se comían en todo el año. ¡Otros tiempos!

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional