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Autor: Serondina
TIEMPO DE ESFOYONES
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Pilar Arnaldo | 14-11-2016 | 4:34| 0

El pasado sábado se celebró en Navelgas el XXI Festival del Esfoyón y el Amagüesto, una de las citas festivas más importantes del otoño en el Suroccidente. También en el Concejo de Tineo, pero en el otro extremo, en el Cuarto la Riera, desde donde esta columnista escribe, celebramos nuestro esfoyón particular, mucho más modesto pero seguramente más cercano a la tradición.
Nos reunimos los vecinos de La Pontecastru y aquí, a la vieja usanza, realizamos esta tarea ancestral que culmina el ciclo del maíz. El esfoyón -o esfoyaza en otros lugares de Asturias_ consiste en la confección de las riestras que cuelgan de los corredores de hórreos, paneras y casas. Es, como muchos otros trabajos del campo, una tarea colectiva y festiva. Tradicionalmente participaban en ella todos los miembros de la familia y se iba rotando de casa en casa.
Se comienza preparando las panoyas para poder tejer la riestra . Para ello se le quitan las hojas de fuera, y se dejan una pocas -dos o tres- más fuertes dobladas hacia atrás para después poder trenzarlas. Una vez realizada esta tarea, se procede a confeccionar la riestra, tarea que realizan principalmente los hombres. Por cada “enrestrador” se necesita un “apurridor” que le va pasando las panoyas. El enrestrador va colocando tres o cuatro piezas en cada vuelta sujetas con carrizos que previamente, por el mes de agosto, se habían recogido en los prados y se ponían a secar a la sombra. Había dos formas de enrestrar: la llamada “de renazo de burro”, que iba formando nudos y la “de cuadriel.lu”, que teje una coleta. Las hojas restantes –la padana- se metían en sacos, ya que se usaban para confeccionar jergones.
Finalmente, las riestras del maíz se subían al hórreo donde tenían que quedar perfectamente colocadas a la misma altura. Para ello un observador, desde abajo, evaluaba la tarea y comprobaba si estaban alineadas. En la casa campesina asturiana la apariencia no era algo baladí. En que todo quedara perfecto iba el prestigio de sus moradores, especialmente del cabeza de familia. Y tras la tarea venía el convite. Como el esfoyón se realizaba después de la cena y se prolongaba durante unas horas, al finalizar se ofrecía a los asistentes una sobrecena con sidra, castañas, nueces y algún dulce elaborado en la casa.
Pero el esfoyón, además de servir para preparar un producto básico en la dieta campesina para su almacenamiento y posterior consumo, constituía un acontecimiento social relevante por ser una de las reuniones especiales para el cortejo. Las largas noches de otoño eran el momento propicio para entablar las necesarias relaciones entre los jóvenes que, en algún momento futuro, culminarían en matrimonio. Todos, solteros y casados, jóvenes y viejos, participaban de las bromas. Tirar granos de maíz a las mozas, lanzar a algún hombre la panoya rabuca –con el significado implícito que este gesto tenía- era habitual. Como en otras muchas tareas campesinas, trabajo y diversión iban de la mano.
Hoy, unos pocos resistentes que quedamos en las aldeas hacemos grandes esfuerzos por preservar estas tradiciones, navegando a contracorriente en un mundo que prefiere el bullicio del centro comercial o la comodidad de sofá y televisor. ¿Seremos los últimos románticos?

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POR AMOR A LOS RÍOS
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Pilar Arnaldo | 07-11-2016 | 12:45| 0

Un banzáu es, en Asturias, una construcción que se hace en un río para embalsar el agua que, después, se conduce por canales hacia los prados de regadío. Otro de los admirables sistemas de aprovechamiento de recursos que utilizaron nuestros antepasados, verdaderas obras de ingeniería que crearon paisaje y beneficios y que aún perviven en algunas zonas.
Pero El Banzao, con mayúsculas, es una importante asociación de pescadores surgida en Tineo en el año 2003 y que, en la actualidad, cuenta con unos 750 socios. Ellos fueron los principales promotores del proyecto de recuperación de la Laguna del Arenero y su misión es el cuidado de los ríos, las repoblaciones, las actividades relacionadas con la pesca o la concienciación sobre la importancia de nuestros ecosistemas fluviales… Pero sobre todo quiero destacar aquí la importante labor de limpieza de basuras que realizan, no solo en los ríos de la comarca, sino en otros del resto de Asturias y otras comunidades vecinas. Llevan los hombres del Banzao, junto con sus compañeros de Fuentes del Narcea, sacadas de nuestros cauces toneladas de plásticos y otros despojos que, de forma intencionada, dejan bien visibles junto a los contenedores para que la gente los vea y se conciencie con el problema. Porque la retirada de residuos es una de las grandes asignaturas pendientes del mundo rural. Los ayuntamientos tiene que gestionar mucho mejor las recogidas, especialmente de los grandes plásticos de las ganaderías, pero los habitantes de los pueblos tenemos que mentalizarnos de nuestra responsabilidad en el cuidado del entorno. No se trata de echar balones fuera. Las basuras que salen de los ríos las tiran, en su mayor parte, los habitantes de estas zonas. Me comenta Pablo Osendi, responsable de comunicación de la asociación, que si consiguen que una sola persona se conciencie, por cada jornada de limpieza que realizan, creen que esta ya valió la pena. Pues no se puede decir que pidan mucho para tanto como aportan.
Pero nuestros ríos tienen más enemigos que los que lanzan sus basuras a ellos. Creen los miembros de la asociación que las políticas conservacionistas que se aplicaron hicieron mucho daño a estos cauces fluviales. La prohibición de cortar árboles o arbustos de ribera alteró profundamente los hábitats. Una vez más, la visión urbanita del mundo rural, el legislar desde una oficina con bastante desconocimiento del lugar para el cual se legisla, trajo mucho mas daño que beneficio. Se aplicó en Asturias la misma normativa que, pongamos por ejemplo, en Castilla o Andalucía, cuando los ecosistemas son completamente distintos. Así es que en treinta años los ríos sufrieron una alteración total. Un error más del conservacionismo mal aplicado. Pero como a menudo ocurre, la iniciativa particular suple muchas de las deficiencias o errores de las administraciones. Y este es un magnífico ejemplo de ello. Un grupo de hombres que aman nuestros ríos, que los conocen a fondo y que ponen buena parte de su energía y su tiempo libre al servicio de ellos. Muchas gracias por vuestra labor. Todos estamos en deuda con vosotros y especialmente los que habitamos estas maravillosas riberas y nos dormimos todas las noches al arrullo de estas aguas.

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A LAS CASTAÑAS
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Pilar Arnaldo | 31-10-2016 | 9:09| 0

En la zona suroccidental de Asturias a la flor del castaño se la denomina trama. Y la sabiduría popular afirma que desde que cae la trama hasta que empieza a caer el fruto pasan tres meses exactos. Este año la trama cayó muy tarde, a finales de julio, y por eso la cosecha de castañas viene también muy tardía, con casi tres semanas de retraso.
Las castañas son la gran riqueza de esta zona sur del Concejo de Tineo. De sobra conocida es su fama como alimento de supervivencia en épocas de hambruna, sin ir más lejos en los años de la posguerra. Pero en la actualidad, en el valle del Riu Xinestaza se siguen recolectando y son, después de la ganadería, la principal fuente de ingresos de los campesinos de la zona y un alimento importante en la cría del cerdo, ya que hace la carne de este especialmente sabrosa.
El proceso de recolección, como todo, se simplificó bastante con respecto a cómo se realizaba en el pasado. Hoy ya no se sacuden las castañas, simplemente se recogen a medida que van cayendo. Tampoco se guardan en esas características construcciones de piedra circulares que por aquí se conocen como “xoxas”. En cuanto a los otros dos instrumentos de la recolección, las tenazas -especie de pinzas grandes de madera para cogerlas del suelo- y la fardela -bolsa de tela atada a la cintura para donde se van echando cuando se recogen con las tenazas-, todavía sobreviven y son utilizadas por algunas personas. Hay en este valle dos tipos de castañas, la que aquí denominan corriente, de color más oscuro y menos dulce y la valduna, más clara, brillante y mucho más sabrosa. Esta última es sin duda la estrella de las castañas. Mucho más cotizada -se paga hasta el doble que la otra- es muy demandada para la elaboración de postres y otros platos de alta cocina.
Se dice por estos lares que cuando llega la época de las castañas se vacían las consultas de los médicos. No sé cuánto de cierto tiene esta afirmación. Desafortunadamente, no tienen las castañas el poder de curar todas las enfermedades, pero sin duda suponen una inyección de vitalidad que hace olvidar por un tiempo esos pequeños achaques que tanto incordian en el día a día. Tenemos grabado a fuego, en eso que se llama la memoria genética, la importancia de la recolección en nuestra supervivencia; seguramente por eso resulta tan atrayente la tarea. Pero desde la temporada pasada, en esta zona, el largo brazo del fisco -a quien nada se le escapa- impide que los jubilados puedan vender unos pocos sacos de castañas con los que completaban la exigua paga que reciben. Para estas cosas sí estamos en el mapa.

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OTRO PLAN
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Pilar Arnaldo | 24-10-2016 | 10:12| 0

El Gobierno de Asturias lleva unos cuantos meses a vueltas con el llamado Plan Especial para el Suroccidente. En principio, la idea es buena. Que el Suroccidente necesita de medidas especiales nadie lo niega. Las necesita y mucho. En eso seguro que estamos todos de acuerdo.
Parece ser que dicho proyecto cuenta con más de 150 millones de euros y se articula en torno a seis ejes, 14 líneas estratégicas y 33 medidas que, a su vez, se desglosan en 183 acciones. Todo ello con un horizonte de aplicación de diez años. Números no le faltan, desde luego. Por supuesto, también tiene su plan de seguimiento y evaluación articulado en torno a cuatro acciones con sus respectivos nombres rimbombantes. Me pregunto cuántas páginas tendrá dicho documento y cuántas personas y horas de trabajo se habrán empleado en redactarlo.
¿Por qué tengo la impresión de que es más de lo mismo? ¿Por qué tengo una profunda sensación de déjà vu en todo esto? Será que una ya vio tantos planes tan admirables en el papel que luego se quedaron en tan poco… Que en este país nos encantan los papeles ya nadie lo duda. Se abusa tanto de ellos en todos los ámbitos que yo creo que somos, de todos las naciones del mundo, los que más contribuimos a la deforestación del planeta con tanto papeleo. Da la sensación, a estas alturas de la película, que importa más el documento que los hechos. Que esté todo escrito, aunque luego no se haga nada. En fin, dentro de diez años se verá. Porque si no funciona, en ese plazo de tiempo aquí no quedará casi nada. Así que va a resultar fácil de evaluar, no se va a necesitar articular ninguna de esas cuatro acciones, simplemente con la pura observación servirá. O funciona y ayuda a la zona o, para entonces, ya no habrá nada que arreglar.
Mientras tanto solo nos queda desear que empiece pronto a materializarse a ver si este sesudo plan tienen el poder de combatir la desidia y la negligencia con la que el alcalde de Tineo gobierna el Ayuntamiento y hay forma de que nos desbroce las carreteras, porque la situación, en algunas zonas, ya roza el esperpento.

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MUJERES Y RURALES
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Pilar Arnaldo | 17-10-2016 | 10:13| 0

El pasado sábado se celebró el día internacional de las mujeres rurales. Un día para darles visibilidad, hablar de sus problemas, reivindicar sus logros… Pero las mujeres rurales están presentes todos los días del año porque son el pilar sobre el que se sustenta la vida campesina. Lo han sido siempre y lo continúan siendo en la actualidad.
Antaño, cuando la vida en nuestros pueblos era especialmente dura y penosa, ellas se llevaban, por supuesto, la peor parte. Realizaban todos los trabajos del ama de casa, los mismos que realizaba cualquier mujer urbana de la época pero multiplicados y en peores condiciones. Porque las familias campesinas eran muy extensas. Había que cocinar, limpiar, lavar para abuelos, suegros, numerosos hijos, marido, cuñados, tíos… Y en peores condiciones porque había que traer el agua de fuentes, lavar en el río o en los lavaderos, elaborar muchos productos alimenticios que en la ciudad se adquirían en las tiendas. Pero a todo esto se sumaba el trabajo del campo que recaía en gran parte sobre la mujer. Ellas cuidaban los animales menores, cerdos y gallinas, pero también ordeñaban y atendían las vacas. La huerta era responsabilidad absoluta suya y las tierras de cereal u otros cultivos, también. De la recogida de la hierba, uno de los trabajos más duros en el campo, solo se libraban de la siega y no todas. Su tiempo de ocio siempre era activo; mientras que los hombres, al final del día, sobre todo en las largas noches del invierno, jugaban la partida o charlaban con sus vecinos, ellas aprovechaban para hilar, tejer, coser, zurcir.
Hoy la vida de las mujeres en el campo es bastante mejor- la de los hombres también- , pero siguen llevando una carga laboral bien pesada y por supuesto siguen siendo el pilar y sustento de la familia. Buena parte de las ganaderías, en esta zona suroccidental, son de titularidad femenina. Pero además son ellas el sostén social de estos pueblos en declive. La mayor parte de las asociaciones del mundo rural son femeninas y además estas siempre son las más activas. Son ellas las que recuperan tradiciones, las que organizan eventos culturales y sociales, las que dan vida a los pueblos. Las mujeres rurales tomaron la iniciativa y lo hicieron, como siempre, para mejorar sus entornos y las vidas de las personas que las rodean.
A todas las mujeres rurales, a mis antepasadas campesinas, a las vaqueiras y a las de la aldea, a las que parieron en tierras y caminos, a las que sembraron, labraron, cosecharon, cuidaron, curaron y consolaron y, a pesar de la dureza de sus vidas, amaron, celebraron, y fueron las principales depositarias de una cultura rural de la que hoy tantas nos sentimos orgullosas. A todas vosotras, gracias, mil gracias, porque todo lo que hoy somos es el fruto de todo lo que fuisteis. Vuestra valentía construyó nuestro futuro.

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional