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Autor: Serondina
LA SERONDA II
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Pilar Arnaldo | 10-10-2016 | 8:44| 0

Una de las recolecciones más importantes de la seronda en nuestras tierras era el maíz. Este cultivo, llegado de América en el siglo XVII, pronto ocupó un lugar privilegiado en la casería asturiana por el rendimiento que de él se obtenía. Del maíz se sacaba alimento para humanos y animales, material para el mullido de las cuadras, la fabricación de xergones o como combustible. Nada se desperdiciaba.¡Eso sí que era reciclar!
El maíz sembrado en mayo llega a su punto óptimo para la recolección a últimos de septiembre o primeros de octubre “cuando las barbas de la panoya se ponen negras”. El proceso, como todos en nuestras culturas campesinas, era complejo,según me explican magníficamente mis informantes, Higinio Arnaldo Rubio y Manuel Arnaldo Valdés. Se trataba siempre de obtener el mayor rendimiento y aprovechar todo el producto. Una quincena antes de segarlo se “espuntaba”. Esto consistía en cortar la parte superior de la planta para dar como alimento a las vacas y conseguir así que la panoya, al quedar descubierta, madure mejor. Después se segaba a “foucín” y se agrupaba en haces cónicas llamadas capel.lones. Pasados unos días se recogían las panoyas y se transportaban a la casa cargándolas en el carro sueltas hasta la altura de los “l.ladrales”. Se vaciaban en la vivienda, normalmente en alguna sala y allí estaban hasta el esfoyón, uno de los acontecimientos festivos del otoño que, por su importancia, bien merece un capítulo aparte.
Pero del maíz no solo se aprovechaba la panoya. A la planta desprovista del fruto se la denomina narvaso. Estas plantas de narvaso se agrupaban en capiel.las que, a su vez, se apiñaban para formar una especie de balagar, la ruda. Para construirlo se plantaba en el medio un palo de humeiro (aliso), a ser posible que tuviese pequeñas ramas para enganchar mejor y se iban colocando las capiel.las todo alrededor. Estas se ataban con baldiéganos-planta trepadora que crece en algunos árboles-. El narvaso seco se usaba para alimentar las vacas y también para mullir la cuadra. Se iban sacando por abajo capiel.las a medida que se necesitaban para que las de arriba continuaran impermeabilizando la ruda. Finalmente, para un completo aprovechamiento, se metían las vacas a pastar los restos, la “meruxa”; de esta forma no se desperdiciaba nada. Hasta que, hacia noviembre, en esa misma finca donde se había cosechado el maíz, se sembraba trigo para evitar, mediante la rotación de cultivos, el agotamiento de la tierra.
Todo un ejemplo de manejo eficaz del medio.¡Qué ecologistas éramos cuando no sabíamos nada de ecología!

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INOCENTADA
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Pilar Arnaldo | 03-10-2016 | 1:50| 0

El 28 de diciembre de 1999 se inauguraba el primer tramo (Cueto-Latores) de la autovía A-63 Oviedo-La Espina. ¡Fue un 28 de diciembre! Fecha significada en la cultura tradicional asturiana. Quizá eso explique el posterior desarrollo del proyecto. Porque hoy, 16 años después y con solo una tercera parte del trazado en uso, podemos decir que esta obra fue una triste inocentada para los habitantes de la Comarca Suroccidental. Una tomadura de pelo más de la que ya, por fuerza de la costumbre, casi ni se habla. Tan acostumbrados estamos que no nos inmutamos.
Si echamos mano de hemeroteca, nos enteramos de que era una obra muy importante para la zona interior del Suroccidente asturiano, nuestra primera vía de alta capacidad. Iba a suponer la integración y el resurgir económico-social de la comarca. Casi nada! Pues ese resurgimiento va a tener que esperar, porque el final de esta obra ni siquiera se columbra en un horizonte lejano. Incluso peor. Se va hacia atrás. Un tramo que durante un tiempo estuvo en funcionamiento, Salas-La Espina (un solo carril), desde febrero de 2016 vuelve a estar cortado.
Cuando una obra de estas características se eterniza en el tiempo, el problema no solo es no poder hacer uso de ella, sino que partes ya construidas, en las que se invirtieron grandes cantidades de dinero, se deterioran y contribuyen a aumentar de manera importante los costes finales. Sin contar con que el daño medioambiental que la obra pueda suponer no se amortiza, pero tampoco se va a revertir nunca.
Pues esta es la situación. El gobierno central, a cuyo cargo está la obra, no parece preocupado por acabarla. La crisis fue una magnifica disculpa para todo. ¿Pero no dicen que ya salimos de ella? Tampoco el gobierno regional se ve muy interesado en el problema. Ya se sabe. Fuera de “La Ciudadona”, nada nos inquieta. ¿Y los alcaldes del Suroccidente? Creo que deberían estar reclamando el final de esta autovía como una prioridad absoluta. Pero no se los oye. O esa es, al menos, la sensación que tenemos los habitantes de la zona.

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LA SERONDA
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Pilar Arnaldo | 26-09-2016 | 10:19| 0

Si todas las épocas del año tienen algo especial en la vida de nuestros pueblos, el otoño es, sin duda, una de las mejores. Época de recolecciones, se palpa en ella la satisfacción del aprovisionamiento, la alegría de recoger lo sembrado y cultivado. Esto, unido a la temperatura suave del equinoccio, la armonía de la regularidad de horas del día y la noche y el cromatismo de nuestros bosques caducifolios hacen del comienzo de “la seronda” un periodo muy dulce en el campo asturiano.
El cambio de estación coincide en esta zona con el punto óptimo de maduración de varios frutos, entre ellos los melocotones. Así lo ha dejado recogido nuestro magnífico refranero:

Piescos floríos ya piescos maduros
días ya nueites todo son unos

En cuanto a frutos secos, con las avellanas ya recogidas en el final del verano, la tarea se centra, ahora, en las nueces. Estas se cogen del suelo tras haber sacudido el árbol y se ponen a secar en el hórreo o panera para posteriormente quitarles el “peiro”, envoltorio de color verde que tradicionalmente se consideró venenoso en la cultura asturiana. Es también el momento de recoger el maíz, las fabas que crecen entre este y de empezar a preparar el instrumental para la recolección de las castañas, el fruto más abundante del suroccidente astur. Pero no solo hay que recoger. La vida continúa y hay que prepara la tierra para otras siembras. El alcacer para forraje y, por supuesto, el producto esencial, el trigo, un cereal tan importante en la casería tradicional asturiana que siempre se refirieron a él con el nombre de su producto final: el pan.
Hoy algunas de estas actividades se perdieron irremediablemente y otras perviven a duras penas, gracias al esfuerzo de unos pocos rebeldes y pertinaces que no nos resignamos a dejar morir todo aquello que con tanto esfuerzo nos transmitieron nuestros antepasados. ¿Ganaremos esta batalla o desaparecerá con nosotros todo este legado? El tiempo nos lo dirá… Mientras tanto, dejamos constancia de ello por escrito. Al menos, es una forma de preservarlo del olvido.

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MEJOR LAPONIA QUE EL SUROCCIDENTE ASTUR
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Pilar Arnaldo | 19-09-2016 | 1:07| 0

La región de Laponia, en el extremo norte de nuestro planeta, es una de las más deshabitadas del mundo. Esto no resulta extraño teniendo en cuenta que se trata de un territorio con una climatología adversa en los confines del continente. Lo que resulta asombroso, contemplado desde nuestras latitudes, es que esta región se consolide como un referente mundial en desarrollo social y económico y que allí se haya logrado detener el abandono rural e incluso recuperar tasas de población de hace treinta años. Una, entre muchas de las medidas que se han tomado para ello, ha sido invertir en energías renovables cuyos beneficios revierten en la comunidad. Además, la cobertura móvil alcanza al 95 % del territorio.
Aquí tenemos nuestra Laponia particular en el suroccidente de Asturias, pero solo para lo malo. Porque no somos ningún referente en desarrollo social y económico sino todo lo contrario. Y eso que nuestro país ha sido durante los últimos quince años uno de los más agraciados en el reparto de fondos europeos. ¿Qué se ha hecho con ellos? Mejor no profundizar en el tema… El caso es que estamos abocados a una muerte biológica en un plazo muy corto, unos 20 años dicen los expertos. Y ya sabemos todos que 20 años no es nada…
Tal como están las cosas, una de las prioridades del gobierno asturiano en este momento debería ser este problema. Habría que estar dedicándole tiempo, esfuerzos y medios materiales y humanos. No se trata de una cuestión baladí sino de algo muy serio. Es como si nos fueran a arrebatar una parte importante de nuestra región y la dejáramos ir sin tratar de defenderla. Sin embargo, apenas se habla de ello y mucho menos se hace nada. Ni siquiera hay un proyecto serio, riguroso, que ponga sobre la mesa, un día sí y otro también, uno de los problemas más grandes que tenemos. Aquí seguimos gastando el dinero en tonterías o en monstruosidades, mientras dejamos morir una parte importantísima de nuestro territorio, de nuestro patrimonio y de nuestra cultura. Y ni siquiera nos sonrojamos.

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FERIAS DE ANTAÑO
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Pilar Arnaldo | 12-09-2016 | 11:51| 0

Dos celebraciones de especial interés se repartían tradicionalmente la fecha del 8 de septiembre en el suroccidente astur. Se trataba de la romería de la Virgen del Acebo, en el concejo de Cangas del Narcea y la feria de Nuestra señora, en el Puerto de Somiedo. Según las prioridades del momento, divinas o humanas, las familias acudían a uno u otro lugar o se dividían entre ambos.
Pero como las necesidades del cuerpo suelen ser más acuciantes que las del alma, la feria del Puerto se llevaba la palma. Hasta allí se desplazaban con el ganado los hombres de las familias, adultos y niños, a veces alguna mujer, aunque era menos habitual. En la primera mitad del siglo XX el trato, en estas zonas de la montaña asturiana, era preferentemente de ganado cabrío. Reputados tratantes en castrones del valle del Ríu Xinestaza como Alonso L´Urrión, su madre, Pepa la Urriona, Jerónimo de La Troncada, Aurelio de Agosto, Pepón del Gayo o Benjamín del Homón, o, ya en la zona de Sierra, Angelín de Tabladiel.lu se desplazaban con el ganado a la feria de Nuestra Señora. Iban andando y partían con dos días de antelación. Había dos rutas, por Xinestaza a los Cadavales y hacían noche en La Rebol.lada o por L´Abedul a Cuevas y pernoctaban en Aguasmestas. Solían llegar al puerto al atardecer de la segunda jornada y allí, en un ambiente marcadamente festivo y comercial, comenzaban ya los tratos. Vendían el ganado a compradores castellanos que adquirían las reses de macho cabrío para elaborar cecina y aprovechar su piel para los pellejos de vino. Parece ser que en aquella época, entre los pastores de merino de la Meseta, la carne salada de castrón era el alimento preferido para las largas jornadas en el monte. Para ello era preciso que los animales estuvieran gordos y bien cuidados. Pero los tratantes asturianos no volvían de vacío a sus casas ya que vendían los machos adultos y compraban crías para engordar para la feria siguiente. Muchos de estos propietarios tenían los animales en régimen de aparcería con otros ganaderos a veces de pueblos bastante distantes.
En la segunda mitad del siglo XX, el ganado vacuno fue sustituyendo al caprino y los vehículos de motor comenzaron a trasladar a animales y personas a la feria. Como el viaje era más fácil se desplazaban familias enteras, bien pertrechadas de buenas meriendas, a veces simplemente para pasar un día de recreo. Hoy sigue siendo una de las grandes citas ganaderas y festivas del occidente de Asturias. Sin embargo, estoy segura de que a todos nos gustaría volver a presenciar, por un momento, las exclamaciones de satisfacción de aquellos hombres cuando asomaban a las Penas de Trabanco y por fin daban vista al Puerto, el orgullo con el que atravesaban las calles del pueblo bajo la atenta mirada de los compradores o los apretones de mano que sellaban, no solo una transacción económica, sino un pacto inquebrantable. Eran otros tiempos…

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional