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Autor: Serondina
Peligro de extinción
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Pilar Arnaldo | 20-06-2016 | 9:43| 0

El campo asturiano está este año más verde que nunca; no en vano llevamos casi dos meses de lluvias constantes. Me asomo a la ventana y contemplo tanta belleza a mi alrededor que resulta difícil de asimilar. Será eso que llaman el síndrome de Stendhal, pero aplicado al paisaje. Vivir rodeada de naturaleza me parece un lujo extraordinario. Sin embargo, aquí estamos los cuatro de siempre. La gente parece que sigue prefiriendo el centro comercial o cualquier otro pasatiempo urbano a este prodigioso paisaje primaveral.

Leo una vieja entrevista de un diario asturiano a Yves Champetier, economista, ex director del Observatorio europeo del programa Leader y experto en desarrollo rural. Afirma que los ecosistemas tradicionales son un ingente patrimonio cultural, que en estos enclaves la inteligencia de la gente para obtener lo mejor del lugar era algo increíble. Aboga por recuperar esa inteligencia para dar una solución a estos territorios. Me gustan las cosas que dice este hombre. Pienso que si nuestros antepasados supieron gestionar de una manera tan perfecta estos hábitats, ¿cómo nosotros, con una formación mucho más amplia y con toda la tecnología y todos los avances a nuestro alcance no somos capaces?

Algo tendremos que hacer y lo tendremos que hacer entre todos: los que vivimos en el medio rural, los que viven en las ciudades, gobernantes, expertos. Todos. Hace unos treinta años, cuando se constató que el oso pardo estaba en franco peligro de extinción, se dio la voz de alarma y se pusieron en marcha importantes proyectos de recuperación. Se crearon fundaciones, asociaciones, se invirtieron enormes recursos y la situación logró revertirse. Hoy ya no parece que este animal emblemático de Asturias esté amenazado y eso está muy bien. Vaya por delante, para que no se me malinterprete, que creo que es absolutamente necesario conservar todas las especies autóctonas. Pero ahora es el campesino, el habitante del mundo rural, el que está en franco peligro de desaparecer. ¿Estamos dispuestos a hacer un esfuerzo como el que se hizo para la conservación del oso u otras especies animales? Si no lo hacemos, lo que nos espera es muy fácil de imaginar: en menos de veinte años los pueblos se vaciarán casi por completo. Asturias será una macrourbe en el centro y las alas -especialmente la zona occidental-se quedarán totalmente despobladas. Y con los campesinos desaparecerán los pueblos porque el matorral, que ya aumenta de año en año de forma imparable, acabará apoderándose de todo. Y yo pregunto: ¿es ese el paraíso natural que queremos para el futuro?

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El profundo Sur
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Pilar Arnaldo | 14-06-2016 | 9:18| 0

Vivo en el Suroccidente de Asturias. El profundo Sur, lo podríamos llamar. Profundo no por hondo, que es zona bastante montañosa, sino por otros significados de la palabra. Recóndito, sí; intenso, también; pero sobre todo deprimido, sumergido, complicado. Y aquí se hace difícil aplicar aquello de “El Sur también existe”. Porque solo parece existir para los poquísimos que continuamos habitando en él. Apurando mucho podemos decir que también existe en el pensamiento de nuestros amigos y familiares que nos visitan de vez en cuando. O en el de cuatro entusiastas turistas que buscan algo fuera del habitual sol y playa.

Pero no parecemos existir para el complejo entramado de administraciones que legislan, dirigen y gobiernan este país. Ni este rincón de Asturias ni ningún otro de la España rural que día a día vemos morir sin sentir siquiera un atisbo de remordimiento ante una pérdida irreparable en muchos aspectos. Bien es verdad que de vez en cuando salen a la palestra maravillosas ideas, frases rimbombantes y sesudos estudios en los que casi siempre se llega a la conclusión de que el mundo rural corre serio peligro de desaparecer, que hay que protegerlo, que es algo importante y unas cuantas cosas por el estilo. Pero en este caso sí que podemos afirmar que todo esto siempre se queda en el papel. Porque hacer, lo que se dice hacer, no se hace nada, o casi nada, para evitar la desaparición no solo de unos pequeños pueblos sino de todo un paisaje, unos ecosistemas, una forma de vida y una cultura ancestral, milenaria y sobre todo nuestra, genuinamente nuestra, aquella de la que el 90% de la población asturiana procedemos.

Ya sé que somos muy pocos. Que a la hora de votar apenas sumamos. Quizá ahí radique nuestro mayor problema. Pero también es el mayor problema al que ha llegado esta democracia que tenemos, uno de los mayores errores de nuestra clase política y una de las cuestiones por las que ha perdido mucha credibilidad y respeto por parte del pueblo. Nuestros políticos viven y actúan de cara a las próximas elecciones. Solo interesa aquello que proporciona votos. Mientras no existan unos gobernantes serios, rigurosos, con altura de miras y con unos principios éticos que estén por encima de todo interés personal o de partido, ni este ni otros muchos problemas que nos aquejan tienen la más mínima posibilidad de ser resueltos.

A todos los que tienen voz en esto, a los que nos gobiernan, desde los más cercanos de la política municipal a las más altas instituciones nacionales y europeas: hagan todo lo posible por preservar este mundo rural. No escatimen esfuerzos. Será una gran labor que los honrará en el presente y en el futuro.

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional