El Comercio
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SAN BRAS: EL PRESENTE
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Pilar Arnaldo | 06-02-2017 | 17:52| 0

El viernes pasado se celebró en la localidad de Tuña, Tinéu, la feria de San Bras, la primera del año en el Suroccidente astur y una de las citas importantes para ganaderos y gente de los pueblos en general. De lo que supuso esta feria en el pasado y de cómo era ya hablé en la columna anterior, así que hoy voy a tratar la realidad de la feria en el presente.
Como mercado de ganado, San Bras ya no es ni la sombra de lo que era. Las formas de compra- venta de animales han variado bastante y cada vez menos ganaderos acuden con sus reses a las ferias. Hoy el ganado se vende prioritariamente en casa o incluso a través de contratos de venta con las distintas cadenas de supermercados. Apenas unas pocas reses de vacuno y algo de equino es lo que nos podemos encontrar en la que era, hasta hace poco tiempo, la feria que marcaba los precios del año para las siguientes.
Sin embargo, la gente sigue acudiendo en masa a San Bras. No solo los pocos que quedan en estas pequeñas aldeas sino muchos de los que emigraron en los años sesenta, setenta y ochenta a las ciudades del centro de Asturias. Estas personas, hoy jubilados en su gran mayoría, y muy apegados a la tierra que los vio nacer, son los que contribuyen a llenar este tipo de eventos que, sin su presencia, resultarían inviables por la escasa población de los lugares en los que se celebran.
Porque una feria como esta es mucho más que la compra-venta de ganado. Es ser espectador de esos pocos o muchos tratos que se produzcan, es encontrarse con los vecinos, degustar una buena merienda, recorrer los puestos de productos asturianos y sobre todo, comprar buenas naranjas, las mejores, que ya sabemos que San Bras es el patrón de las enfermedades de la garganta. Y volver a los lugares de residencia bien cargado de anécdotas e historias que amenizarán, durante unos cuantos días, los paseos por la Losa de Oviedo o las tardes en los centros sociales de los distintos barrios.
Es muy importante que sigamos todos acudiendo a las ferias y fiestas que se celebran en nuestros lugares de origen. Se trata de un pequeño gesto que contribuye a mantener estos acontecimientos tan significativos para un mundo en declive al que todos tenemos la responsabilidad de preservar. ¡Salvemos nuestros pueblos! No esperemos que otros lo hagan por nosotros.

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SAN BRAS: EL PASADO
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Pilar Arnaldo | 29-01-2017 | 23:07| 0

La primera gran feria ganadera del año en el Suroccidente astur es la de San Bras –Así, “Bras” con r ,que es su nombre tradicional y no “Blas” como se empeñan ahora en poner en carteles y otros anuncios-, en Tuña, el 3 de febrero.
Intentar siquiera dar una pequeña idea de lo que está feria significaba para la gente de la zona, en el espacio de una columna, es tarea bien complicada, pero procuraré hacer una aproximación.
San Bras siempre fue, principalmente, feria de vacuno y equino. Era muy importante porque, al ser la primera del año, marcaba los precios para las futuras. Pero para la gente de todos estos territorios colindantes con Tuña (valle del Ríu Xinestaza, parroquia de Merías, parroquia Quintana, Partíu de Sierra, parroquia de Agüera, Las Alzadas de Tinéu …) era mucho más que una feria. Presentarse en San Bras con una pareja de bueyes bien cuidados y pertrechados con sus buenos aparejos era, seguramente, el súmmum del orgullo campesino, la línea que marcaba el éxito social y profesional, el distintivo de los triunfadores.
Apenas empezaba el año, la gente de estos pueblos ponía la vista en el gran día. San Bras se pensaba, se imaginaba, se discutía, se soñaba. En el chigre, en los filazones, en los encuentros casuales en caleas y caminos era el tema de conversación. Tan importante acontecimiento trascendía, como no podía ser menos, a nuestra región. Quien circulara por la estación de Atocha madrileña en fechas cercanas al 3 de febrero podía sorprenderse si, al acercarse a un corrillo de mozos, se encontraba con que estaban todos exaltados tratando algún ejemplar de ganado vacuno. Eran los hombres de L’Abedul, que durante el invierno se marchaban a Madrid de mozos de estación para aportar un dinero muy necesario para la economía familiar. Trabajaban allí buena parte del año y regresaban en verano para las tareas fuertes del campo. Pero, faltaría más, hacían un paréntesis en su ocupación invernal para venir a San Bras. Y, por supuesto, con el entusiasmo de la venida empezaban allí mismo, entre ellos, los tratos de las reses que los esperaban en sus cabañas asturianas. Que luego el animal respondiese o no a las expectativas ya era otra historia.
San Bras era también una buena merienda. La fecha lo propiciaba, ya que estaban las matanzas recientes y había abundancia de carne. Por supuesto, el lacón llevaba el protagonismo. Quien no dispusiera de un buen lacón cocido y un potente bollo preñado mejor no se dejaba ver por la feria. Eran épocas de escasez, pero quizá debido a ello, se ponía especial atención en ser muy arrogante en estos eventos. Era este otro de esos puntos en los que se jugaba el prestigio de la casa campesina, en este caso de la mujer, que era la encargada de todo lo relacionado con la alimentación de la familia.
Por supuesto, la feria también se aprovechaba para la fiesta y el cortejo. Las mozas y mozos casaderos esperaban ansiosos este día que luego culminaba con buenos bailes en Tuña, en El Bolichero y El Pipo, y en La Pontecastru, en Casa Alonso. Y finalmente, el regreso, con bolsadas de naranjas de Soutu los Infantes, que no serían las mejores del mundo pero sabían a gloria, porque tenían el privilegio de ser las únicas que se comían en todo el año. ¡Otros tiempos!

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IVIERNU
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Pilar Arnaldo | 23-01-2017 | 08:25| 0

Por estas fechas del calendario, con el trigo y el centén ya sembrados, poca tarea había en nuestro mundo campesino tradicional. El invierno es el descanso del labrador, el único periodo de ocio y reposo abundantes, especialmente si nieva.
La nieve paraliza casi del todo el trabajo del campo. Los animales permanecen en la cuadra y prácticamente la tarea del día, para los hombres, se resumía en echar de comer a las vacas. También había que sacarlas al agua y para ello se elegían, de todas las posibles fuentes o lugares para beber, aquel que por alguna característica especial tuviese el agua más tibia. Y a las vacas paridas había que llevársela a la cuadra, templándola previamente en el fuego.
Pero el periodo de nevada también constituía una preocupación grande para la familia campesina. Podían ser unos cuantos días completos en los que había que tirar de las reservas de hierba curada y estas nunca eran lo suficientemente abundantes. Era, pues, necesario administrar bien los recursos porque nunca se sabía cuántas nevadas más podían venir ese invierno. O incluso, de primavera. Para evitar agotar las reservas, la hierba se alternaba con paja, narvaso de maíz o nabos que se sacaban de entre la nieve y se calentaban en la l.lariega. El trabajo más duro que se presentaba durante una buena nevada era, evidentemente, el de quitar la nieve. Había que espalar y abrir “güelga”, es decir, dejar una parte de los caminos que se necesitaban transitar despejados.
Pero el resto era ocio. Eran los días de los grandes filazones, de gente en el chigre a cualquier hora, de sabrosos caldos con los huesos de las matanzas recientes y de fervidinos de vino blanco. De contar historias y jugar grandes partidas de brisca. Si además había un buen fuego, como solía ocurrir, la situación era sumamente atrayente. ¿No creen?
La gran preocupación era que la nevada pillara a la gente desproveída. Ya lo dice el cantar:

Tengo carne na panera,
tengo yerba nel payar,
tengo l.leña no l.liñeiru,
nieva si quieres nevar .

Así que estando bien pertrechados de alimento para las personas o el ganado y leña para calentarse, podía ser una ocasión feliz, un ocio impuesto que siempre venía bien. Pero era necesario administrar recursos. Si había menos actividad también había menos gasto energético. Eso, por lo menos, pensaba un paisano de L´Abangu que, al despertar una mañana y descubrir una gran nevada, se levantó, y pasó por las habitaciones donde dormía su familia con el siguiente mensaje: ”Hai una gran nevada, l.levántome you a echar de comer a las vacas ya vós quedai na cama tola mañana, asina aforramos una comida” de . Pues tenía bastante razón el hombre. A menor gasto energético, menor ingesta de calorías es necesaria. Un auténtico experto en gestión de recursos.

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POR NUESTROS GANADEROS
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Pilar Arnaldo | 16-01-2017 | 07:43| 1

Mañana, martes, se celebra la festividad de San Antón –san Antonio Abad- patrón de los animales y de los ganaderos, aunque este último patronazgo se lo disputa con San Isidro Labrador, que también lo es de los agricultores. Como no parece haber acuerdo sobre cuál de los dos es oficialmente, yo propongo que sean ambos, porque andan los ganaderos bastante necesitados de protectores, si tenemos en cuenta la situación en la que se hallan.
Así que, sin despreciar a San Isidro, hoy le pido a San Antón por nuestros ganaderos asturianos y, especialmente, por los de la Comarca Suroccidental, desde donde escribo. Le pido por ellos porque son la base y puntal del mundo rural y, si desaparecen, desaparecen nuestros pueblos. Esto es indiscutible. Sin la actividad ganadera a las aldeas les quedan los días contados, porque no existe ninguna otra profesión que pueda sustituir a esta para traer vida al campo asturiano.
Y es obvio que lo que necesitan los ganaderos es poder vivir de la ganadería. Para ello es necesario que perciban un justo pago por los productos que comercializan: la carne y la leche. No es de recibo que se le abone al productor el kilo de ternera menos que hace veinte años, no en términos relativos, sino absolutos. O que se tenga que vender la leche a precios por debajo del coste de producción. Es absolutamente inadmisible que los que producen los alimentos se empobrezcan para enriquecer a los que los distribuyen.
Pero hay otros muchos problemas. No se pagan los daños de la fauna salvaje como se tienen que pagar. Para el ganadero todos son trabas y, además, está siempre a expensas de que el guarda de turno quiera, o no, certificar la muerte o los perjuicios en los cultivos. Conozco un caso particular de un ganadero al que no le acreditaron la muerte por ataque de oso en dos ocasiones, la primera porque el animal estaba casi entero devorado y la segunda porque el depredador apenas había comido un trozo. Están también las campañas de saneamiento con sus falsos positivos, que tantos quebraderos de cabeza dan a los propietarios de los animales; la burocracia, ingente, engorrosa y carente de sentido; la lucha desproporcionada contra un matorral que día a día invade y cerca, no solo el espacio, sino el ánimo y la confianza del ganadero.
Pido respeto y consideración para los hombres y mujeres del campo, su papel es importante para mantener nuestra soberanía alimentaria, nuestros pueblos, nuestros paisajes y ecosistemas y nuestra economía. Que las altas instancias divinas los protejan porque las otras – las humanas- parecen haberlos abandonado hace tiempo.

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LAS PANDORGADAS
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Pilar Arnaldo | 08-01-2017 | 23:31| 0

Con la llegada del Año Nuevo, y hasta el Antroxu, comenzaba en nuestros pueblos del Suroccidente la época de las pandorgadas. Eran las famosas mascaradas de invierno que, con diversas variantes, se repiten en buena parte de la región o incluso de la mitad norte de España. Se trataba de una comparsa, formada por hombres jóvenes, que se disfrazaban de una serie de personajes fijos y salían por los pueblos de la comarca a pedir el aguinaldo.
Una de las últimas pandorgadas que se recuerda por esta zona la protagonizaron los mozos de Villar de Zuepos y San Esteban, en el concejo de Belmonte de Miranda. Tuvo lugar por Año Nuevo, en la primera mitad de la década de los cincuenta. El primer lugar que visitaron fue Alcéu, en la parroquia Quintana. Llegaron muy temprano, al amanecer, y el recuerdo de la persona que me lo refiere, mi madre, Carmen Rubio, es de que el pueblo aún dormía cuando oyeron venir, por el camino del Cutrión, a la comparsa. Lo recuerda con intensa emoción. Todo el mundo se echó fuera de las casas para recibirlos. Se trataba de una fiesta inesperada que llenaba, durante unas cuantas horas, el pueblo de alegría y jolgorio. Para cuando llegaron al lugar habitual de reunión, la Calea, ya estaban todos allí, niños, adultos y viejos, esperándolos. Encabezaba la comitiva el ful.lequeiru, vestido con pieles y largas melenas, que llevaba una vara de avellano con un fuelle de piel de cabra u oveja atado en la punta. Hacía mucho ruido, ya que portaba unos cuantos cencerros atados a la cintura. Era el más beligerante de todos y perseguía a la gente con la vara, especialmente a niños y mujeres jóvenes. Había otros personajes más pacíficos como el galán y la dama – una elegante pareja- que paseaban cogidos del brazo. O la jardinera, que traía un cesto con flores de papel y colocaba, con gran amabilidad, una en la pechera de cada espectador. Otro de los personajes de los que había que huir era la escardadora, que pasaba la escarda a las mozas por las piernas. Había médico y sacamuelas, cura, niñera con criatura en brazos, sastre que iba midiendo a la gente con una cinta, gitana que echaba la buenaventura y los encargados de pedir el aguinaldo: un ciego y su criado. Los acompañaba un gaitero, el único que no iba disfrazado.
El ciego pedía limosna casa por casa y tenía un repertorio amplio de coplas para variar en cada una de ellas. A María Jenaro, una vecina de Alcéu, le cantaba:

Dios le dé suerte señora
y San Antonio tamién,
para dar muchas limosnas
a tolos ciegos que ven.

Pasaban el día en el pueblo, recogiendo el aguinaldo que consistía en dinero – escaso por aquellas épocas- y sobre todo, comida. Por la tarde, con lo que sacaban, encargaban la cena en una casa y después había fiesta. En ella aparecían ya sin los disfraces, con la gran sorpresa -sobre todo de los niños- por la transformación. Festejaban durante buena parte de la noche y abandonaban el lugar acompañados de los cánticos de despedida de las mozas.
Eran las formas de diversión de nuestros antepasados, ritos que transgredían el orden natural de las cosas, que celebraban el final de un ciclo y el comienzo de otro y cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Por eso es tan importante recuperarlos y dar noticia de ellos. Estas son nuestras tradiciones y no los Halloween o Papá Noel que abrazamos con entusiasmo y nada tienen que ver con nuestra cultura.

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POR NAVIDAD
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Pilar Arnaldo | 26-12-2016 | 06:32| 1

Estamos en Navidad y es momento de buenos deseos y de peticiones. Pues aquí van las mías: para el campo en general, para el Suroccidente de Asturias en particular, para el Cuarto de la Riera del Concejo de Tineo y para mi Valle del Ríu Xinestaza. Que el Niño Jesús, los Reyes Magos, el Año Nuevo, y la magia de estas fechas lo hagan posible.

Para el campo en general pido prosperidad que es lo que más se necesita. Pido un precio justo para los productos de calidad que aquí se comercializan, especialmente para la carne y la leche de nuestros ganaderos asturianos. También pido un acercamiento de las administraciones al campo. Que se acabe eso de legislar de espaldas al campesino, sin tenerlo en cuenta para nada. Que todos aquellos que desde sus cómodos despachos o desde su privilegiado mundo urbano se permiten el lujo de aconsejar y decidir cómo tenemos que trabajar y vivir tengan un poco de empatía e intenten ponerse en el lugar del campesino que es el que se lleva siempre la peor parte.

Para el Suroccidente de Asturias pido cosas muy concretas. Que vislumbremos el fin de esa autovía que lleva casi veinte años empezada. Que nos arreglen el Corredor del Narcea que tantos accidentes está provocando. Que se proteja la escuela rural y que no vuelva a haber ni un solo caso de niños sin transporte escolar. Que se creen empresas y puestos de trabajo de calidad para que la sangría demográfica no siga aumentando.

Para el Cuarto de la Riera pido que no se cierre la escuela de Tuña. Que nuestros pueblos no sigan perdiendo población. Que arreglen la carretera de La Silva, que allí viven y trabajan unas personas que no merecen tal estado de abandono. Que las extraordinarias asociaciones que aquí trabajan tengan todos los apoyos necesarios para continuar con su labor.

Y para mi Valle del Riu Xinestaza pido que siga siendo ese lugar maravilloso que es. Que todos los que lo habitamos podamos convivir en paz. Que nos permitan seguir trabajando y luchando por conservar nuestras tradiciones y forma de vida y que la prosperidad y la dicha inunde nuestro pequeño paraíso.

Y para todos mis lectores, para los que amáis el mundo rural, para todos los asturianos y para todos los lectores del diario El Comercio, ¡Felices Navidades y que el 2017 os traiga todo aquello que deseáis!

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EL MES MUERTO
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Pilar Arnaldo | 19-12-2016 | 09:41| 0

Diciembre se conoce en el mundo campesino asturiano como el mes muerto. Esta denominación se debe, por una parte, a que es el mes en el que muere el año y por otra a que la tierra está muerta en este momento del invierno, no crecen las hierbas ni se recogen frutos de ningún tipo. Es por eso que el último mes del año es uno de los de menos actividad en el campo. La distribución del trabajo campesino es cíclica y recurrente, cada labor tienen su tiempo y por eso en este momento, recogidas todas las cosechas en el verano y la seronda y realizado el trabajo de la matanza, comienza el periodo de descanso del campo y, por tanto, del campesino.
Pero sabido es que el labrador no tiene vacaciones y todos los meses tienen su tarea. La primera y más importante es plantar el huerto. Ya lo dicen el refrán:
“El que quiera tener buen güertu
que lo plante no mes muertu”
El huerto de berzas es fundamental en la casa campesina ya que la berza es la verdura del potaje asturiano. Cocida con patatas, fabes y el compango _carne curada del cerdo_ constituye un plato exquisito, especial para los largos meses del invierno pero que también se consume en las otras épocas del año. Sirve además como forraje para cerdos y gallinas, por eso el huerto siempre ocupa un lugar próximo a la casa. Pero hay más tareas que realizar en esta época. Los campos están llenos de hoja y hay que limpiarla. También es el momento de arreglar las presas de los prados de regadío, reparar sebes, cuchar… y atizar al embutido de la matanza para que cure.
A pesar de todo esto, hay mucho tiempo libre en esta época del año. Es el momento ideal para los filazones. Las noches son muy largas y dan para mucho. Los hombres jóvenes tendrán tiempo de empezar a planificar las Pandorgadas que se realizarán entre Año Nuevo y Antroxu. Los pequeños también organizarán sus salidas a pedir el aguinaldo. Y a las mujeres nunca les falta labor: hilar, tejer, coser…
Así era nuestro mundo: cíclico, organizado,integral e integrador, complejo y completo. Para dominarlo eran necesarios un conjunto de conocimientos que fueron ignorados y menospreciados por parte del mundo académico y urbano. Por eso hoy es tan importante recuperarlos y dejar constancia de ellos. Se lo debemos a nuestros antepasados campesinos.

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TERRITORIOS DE MONTAÑA
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Pilar Arnaldo | 12-12-2016 | 12:54| 1

La Asociación Española de Municipios de Montaña (esMONTAÑAS) ha acordado recientemente, en reunión celebrada en su sede en Madrid, adoptar las medidas necesarias para impulsar un texto legislativo específico para zonas del país ubicadas en espacios montañosos. A pesar de que hace una semana escasa que nuestra ley de leyes, la Constitución, celebró su vigésimo octavo aniversario y de que esta, en su artículo 130 dice que, “A fin de equiparar el nivel de vida de todos los españoles, se dispensará un tratamiento especial a las zonas de montaña”, este artículo no parece haber alcanzado el adecuado desarrollo.
Sí, tienen razón en esMONTAÑAS en pedir un texto legislativo especial, porque se necesitan leyes especificas para estos territorios, aunque, de entrada, esto de más leyes ponga en guardia a la gente de las montañas. Porque leyes ya hay muchas, demasiadas, y buena parte de ellas muy poco acertadas.
Más que leyes necesitamos soluciones. Soluciones a todos los problemas que padecen estas zonas con una orografía y unas particularidades culturales y sociales señaladas. Es necesario dar instrumentos legales a estos territorios olvidados. Porque no es de recibo que, por ejemplo, a cualquier negocio en una pequeña aldea de montaña se le exijan los mismos impuestos y requisitos que a uno ubicado en una gran ciudad. Es necesario garantizar algunos servicios imprescindibles e incuestionables. Estos que cito son solo un pequeño muestrario: transporte escolar para todos los niños de las aldeas de montaña, independientemente del coste que ello suponga, cobertura digital en las mismas condiciones que en zonas urbanas, infraestructuras adecuadas y sostenibles, servicios sociales adaptados y de calidad, fiscalidad proporcionada. No se trata solo de impedir que se vayan los pocos habitantes que quedan en estas zonas, sino de intentar atraer población hacia ellas. Se puede y se debe dar una oportunidad a nuestras montañas. Estoy convencida de que todavía estamos a tiempo.

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LA MATANZA
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Pilar Arnaldo | 05-12-2016 | 08:23| 0

De todas las actividades tradicionales del mundo rural, la matanza es la que se mantiene más viva en nuestros pueblos. En la mayoría de las casas, por lo menos en el Occidente asturiano, se sigue practicando esta tarea ancestral que tiene como fin proveer de carne a la familia durante el año. Se trata de un acontecimiento social y festivo de gran relieve en nuestras aldeas.
No es de extrañar la importancia de esta labor si se tiene en cuenta que se trataba de asegurar el sustento durante una larga temporada. Del resultado óptimo de ella dependía la alimentación de toda la familia (ya que la carne era la proteína fundamental de la dieta campesina) y el condimento necesario para el potaje que se ponía a diario en la mesa en una o más comidas. Y también iba en ello el prestigio de la casa y, especialmente, el del ama, que en este trabajo llevaba la voz cantante.
De la complejidad de la tarea nos dan cuenta el elevado numero de verbos que tiene la lengua asturiana para las distintas y variadas labores de este proceso: corar,escamar, pelar, colgar, estoucinar, desurdir, llavar, rapar, escarnizar, picar, adobar, amasar, embutir, atar, colgar, salar, afumar. Todas estas acciones tiene como finalidad el aprovechamiento completo de todo el cuerpo del animal y la elaboración de un elevado numero de viandas: jamón,lacón, lomo, chorizo, andoya, chosco, morcilla, adobo, unto, caramiel.la, butiel.lo… Todos con una característica común: ser productos muy ricos y de extraordinaria calidad, debido a la alimentación del animal durante la crianza y engorde y a su elaboración artesanal.
Sería imposible intentar describir, en el espacio de esta columna, una tarea tan compleja. Se realiza, como otras muchas en el campo, de forma colectiva, siguiendo una vieja ley no escrita de reciprocidad equilibrada. Se trata de un trabajo ingente, que dura varios días y que necesita de la labor especializada de hombres y mujeres. Una tarea que perpetúa unos saberes y elaboraciones perfeccionados durante cientos de años y que constituyen una parte muy importante de nuestro patrimonio gastronómico. Y una tarea que cada año se presenta más complicada debido a la escasez de gente en nuestras aldeas. ¿Les quedará mucho tiempo de vida a nuestros tradicionales samartinos? Esperemos que sí, porque por mucha “cocina de fusión” que inventemos no creo que consigamos nunca nada que iguale en calidad y sabor a estos deliciosos productos cuya elaboración nos legaron, con dedicación y maestría, nuestras antepasadas.

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ALDEANOS
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Pilar Arnaldo | 28-11-2016 | 08:31| 0

Recientemente, en el transcurso de un debate parlamentario, la presidenta del PP de Asturias, Mercedes Fernández, zanja la discusión sobre la idoneidad del nuevo patrono de la Fundación Cajastur con la expresión “a ver si no somos aldeanos” referida a la objeción que algunos ponían a este señor por el hecho de no ser asturiano. Me parece, señora Fernández, que no pudo usted emplear una expresión más desafortunada. Desafortunada porque, al llamar aldeanos a quienes usted considera llevados por prejuicios, cortos de miras u ofuscados, está ofendiendo a muchos asturianos. Sí, nos ofende a los que de verdad somos aldeanos, es decir, habitantes de la aldea, que es el recto significado de la palabra. Pero también ofende a la gran mayoría que, aunque no habiten en la aldea, proceden de ella o descienden de aldeanos y a quienes los respetan y valoran. Con esta expresión parece usted abundar en la idea de que la persona que vive en el pueblo está en un grado de inferioridad cultural e intelectual con respecto a los habitantes de las urbes. El viejo prejuicio, que hoy creíamos superado, de que lo rural es sinónimo de pobreza y atraso subyace en sus palabras.
Los habitantes de las aldeas nos sentimos humillados con esta expresión desacertada. Y más cuando es pronunciada en la más alta institución de nuestra comunidad autónoma. Flaco favor le hace usted al maltratado mundo rural con expresiones así. Hoy, cuando a todos se les llena la boca con proyectos para combatir el abandono y despoblamiento de los pueblos, viene usted con su inoportuna manifestación a estigmatizar un poco más nuestros desatendidos núcleos rurales.
Discutan y peléense ustedes todo lo que quieran pero, por favor, dejen en paz a los aldeanos que, a menudo, suelen demostrar bastante más cordura y sentido común que los habitantes de la ciudad. Es posible que, si esas instituciones que sus señorías ocupan estuviesen gobernadas por aldeanos, nos fuera bastante mejor. Porque peor ya es difícil, especialmente en lo referido a este mundo rural al que no demuestra usted mucho aprecio.
“Las palabras nunca son inocentes ni impunes”, afirmaba José Saramago. Pues cuídenlas. Son ustedes nuestros representantes y nos deben respeto.

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional