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LA SERONDA II
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Pilar Arnaldo | 10-10-2016 | 06:44| 0

Una de las recolecciones más importantes de la seronda en nuestras tierras era el maíz. Este cultivo, llegado de América en el siglo XVII, pronto ocupó un lugar privilegiado en la casería asturiana por el rendimiento que de él se obtenía. Del maíz se sacaba alimento para humanos y animales, material para el mullido de las cuadras, la fabricación de xergones o como combustible. Nada se desperdiciaba.¡Eso sí que era reciclar!
El maíz sembrado en mayo llega a su punto óptimo para la recolección a últimos de septiembre o primeros de octubre “cuando las barbas de la panoya se ponen negras”. El proceso, como todos en nuestras culturas campesinas, era complejo,según me explican magníficamente mis informantes, Higinio Arnaldo Rubio y Manuel Arnaldo Valdés. Se trataba siempre de obtener el mayor rendimiento y aprovechar todo el producto. Una quincena antes de segarlo se “espuntaba”. Esto consistía en cortar la parte superior de la planta para dar como alimento a las vacas y conseguir así que la panoya, al quedar descubierta, madure mejor. Después se segaba a “foucín” y se agrupaba en haces cónicas llamadas capel.lones. Pasados unos días se recogían las panoyas y se transportaban a la casa cargándolas en el carro sueltas hasta la altura de los “l.ladrales”. Se vaciaban en la vivienda, normalmente en alguna sala y allí estaban hasta el esfoyón, uno de los acontecimientos festivos del otoño que, por su importancia, bien merece un capítulo aparte.
Pero del maíz no solo se aprovechaba la panoya. A la planta desprovista del fruto se la denomina narvaso. Estas plantas de narvaso se agrupaban en capiel.las que, a su vez, se apiñaban para formar una especie de balagar, la ruda. Para construirlo se plantaba en el medio un palo de humeiro (aliso), a ser posible que tuviese pequeñas ramas para enganchar mejor y se iban colocando las capiel.las todo alrededor. Estas se ataban con baldiéganos-planta trepadora que crece en algunos árboles-. El narvaso seco se usaba para alimentar las vacas y también para mullir la cuadra. Se iban sacando por abajo capiel.las a medida que se necesitaban para que las de arriba continuaran impermeabilizando la ruda. Finalmente, para un completo aprovechamiento, se metían las vacas a pastar los restos, la “meruxa”; de esta forma no se desperdiciaba nada. Hasta que, hacia noviembre, en esa misma finca donde se había cosechado el maíz, se sembraba trigo para evitar, mediante la rotación de cultivos, el agotamiento de la tierra.
Todo un ejemplo de manejo eficaz del medio.¡Qué ecologistas éramos cuando no sabíamos nada de ecología!

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INOCENTADA
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Pilar Arnaldo | 03-10-2016 | 11:50| 0

El 28 de diciembre de 1999 se inauguraba el primer tramo (Cueto-Latores) de la autovía A-63 Oviedo-La Espina. ¡Fue un 28 de diciembre! Fecha significada en la cultura tradicional asturiana. Quizá eso explique el posterior desarrollo del proyecto. Porque hoy, 16 años después y con solo una tercera parte del trazado en uso, podemos decir que esta obra fue una triste inocentada para los habitantes de la Comarca Suroccidental. Una tomadura de pelo más de la que ya, por fuerza de la costumbre, casi ni se habla. Tan acostumbrados estamos que no nos inmutamos.
Si echamos mano de hemeroteca, nos enteramos de que era una obra muy importante para la zona interior del Suroccidente asturiano, nuestra primera vía de alta capacidad. Iba a suponer la integración y el resurgir económico-social de la comarca. Casi nada! Pues ese resurgimiento va a tener que esperar, porque el final de esta obra ni siquiera se columbra en un horizonte lejano. Incluso peor. Se va hacia atrás. Un tramo que durante un tiempo estuvo en funcionamiento, Salas-La Espina (un solo carril), desde febrero de 2016 vuelve a estar cortado.
Cuando una obra de estas características se eterniza en el tiempo, el problema no solo es no poder hacer uso de ella, sino que partes ya construidas, en las que se invirtieron grandes cantidades de dinero, se deterioran y contribuyen a aumentar de manera importante los costes finales. Sin contar con que el daño medioambiental que la obra pueda suponer no se amortiza, pero tampoco se va a revertir nunca.
Pues esta es la situación. El gobierno central, a cuyo cargo está la obra, no parece preocupado por acabarla. La crisis fue una magnifica disculpa para todo. ¿Pero no dicen que ya salimos de ella? Tampoco el gobierno regional se ve muy interesado en el problema. Ya se sabe. Fuera de “La Ciudadona”, nada nos inquieta. ¿Y los alcaldes del Suroccidente? Creo que deberían estar reclamando el final de esta autovía como una prioridad absoluta. Pero no se los oye. O esa es, al menos, la sensación que tenemos los habitantes de la zona.

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LA SERONDA
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Pilar Arnaldo | 26-09-2016 | 17:10| 0

Si todas las épocas del año tienen algo especial en la vida de nuestros pueblos, el otoño es, sin duda, una de las mejores. Época de recolecciones, se palpa en ella la satisfacción del aprovisionamiento, la alegría de recoger lo sembrado y cultivado. Esto, unido a la temperatura suave del equinoccio, la armonía de la regularidad de horas del día y la noche y el cromatismo de nuestros bosques caducifolios hacen del comienzo de “la seronda” un periodo muy dulce en el campo asturiano.
El cambio de estación coincide en esta zona con el punto óptimo de maduración de varios frutos, entre ellos los melocotones. Así lo ha dejado recogido nuestro magnífico refranero:

Piescos floríos ya piescos maduros
días ya nueites todo son unos

En cuanto a frutos secos, con las avellanas ya recogidas en el final del verano, la tarea se centra, ahora, en las nueces. Estas se cogen del suelo tras haber sacudido el árbol y se ponen a secar en el hórreo o panera para posteriormente quitarles el “peiro”, envoltorio de color verde que tradicionalmente se consideró venenoso en la cultura asturiana. Es también el momento de recoger el maíz, las fabas que crecen entre este y de empezar a preparar el instrumental para la recolección de las castañas, el fruto más abundante del suroccidente astur. Pero no solo hay que recoger. La vida continúa y hay que prepara la tierra para otras siembras. El alcacer para forraje y, por supuesto, el producto esencial, el trigo, un cereal tan importante en la casería tradicional asturiana que siempre se refirieron a él con el nombre de su producto final: el pan.
Hoy algunas de estas actividades se perdieron irremediablemente y otras perviven a duras penas, gracias al esfuerzo de unos pocos rebeldes y pertinaces que no nos resignamos a dejar morir todo aquello que con tanto esfuerzo nos transmitieron nuestros antepasados. ¿Ganaremos esta batalla o desaparecerá con nosotros todo este legado? El tiempo nos lo dirá… Mientras tanto, dejamos constancia de ello por escrito. Al menos, es una forma de preservarlo del olvido.

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MEJOR LAPONIA QUE EL SUROCCIDENTE ASTUR
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Pilar Arnaldo | 19-09-2016 | 11:07| 0

La región de Laponia, en el extremo norte de nuestro planeta, es una de las más deshabitadas del mundo. Esto no resulta extraño teniendo en cuenta que se trata de un territorio con una climatología adversa en los confines del continente. Lo que resulta asombroso, contemplado desde nuestras latitudes, es que esta región se consolide como un referente mundial en desarrollo social y económico y que allí se haya logrado detener el abandono rural e incluso recuperar tasas de población de hace treinta años. Una, entre muchas de las medidas que se han tomado para ello, ha sido invertir en energías renovables cuyos beneficios revierten en la comunidad. Además, la cobertura móvil alcanza al 95 % del territorio.
Aquí tenemos nuestra Laponia particular en el suroccidente de Asturias, pero solo para lo malo. Porque no somos ningún referente en desarrollo social y económico sino todo lo contrario. Y eso que nuestro país ha sido durante los últimos quince años uno de los más agraciados en el reparto de fondos europeos. ¿Qué se ha hecho con ellos? Mejor no profundizar en el tema… El caso es que estamos abocados a una muerte biológica en un plazo muy corto, unos 20 años dicen los expertos. Y ya sabemos todos que 20 años no es nada…
Tal como están las cosas, una de las prioridades del gobierno asturiano en este momento debería ser este problema. Habría que estar dedicándole tiempo, esfuerzos y medios materiales y humanos. No se trata de una cuestión baladí sino de algo muy serio. Es como si nos fueran a arrebatar una parte importante de nuestra región y la dejáramos ir sin tratar de defenderla. Sin embargo, apenas se habla de ello y mucho menos se hace nada. Ni siquiera hay un proyecto serio, riguroso, que ponga sobre la mesa, un día sí y otro también, uno de los problemas más grandes que tenemos. Aquí seguimos gastando el dinero en tonterías o en monstruosidades, mientras dejamos morir una parte importantísima de nuestro territorio, de nuestro patrimonio y de nuestra cultura. Y ni siquiera nos sonrojamos.

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FERIAS DE ANTAÑO
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Pilar Arnaldo | 13-09-2016 | 12:05| 0

Dos celebraciones de especial interés se repartían tradicionalmente la fecha del 8 de septiembre en el suroccidente astur. Se trataba de la romería de la Virgen del Acebo, en el concejo de Cangas del Narcea y la feria de Nuestra señora, en el Puerto de Somiedo. Según las prioridades del momento, divinas o humanas, las familias acudían a uno u otro lugar o se dividían entre ambos.
Pero como las necesidades del cuerpo suelen ser más acuciantes que las del alma, la feria del Puerto se llevaba la palma. Hasta allí se desplazaban con el ganado los hombres de las familias, adultos y niños, a veces alguna mujer, aunque era menos habitual. En la primera mitad del siglo XX el trato, en estas zonas de la montaña asturiana, era preferentemente de ganado cabrío. Reputados tratantes en castrones del valle del Ríu Xinestaza como Alonso L´Urrión, su madre, Pepa la Urriona, Jerónimo de La Troncada, Aurelio de Agosto, Pepón del Gayo o Benjamín del Homón, o, ya en la zona de Sierra, Angelín de Tabladiel.lu se desplazaban con el ganado a la feria de Nuestra Señora. Iban andando y partían con dos días de antelación. Había dos rutas, por Xinestaza a los Cadavales y hacían noche en La Rebol.lada o por L´Abedul a Cuevas y pernoctaban en Aguasmestas. Solían llegar al puerto al atardecer de la segunda jornada y allí, en un ambiente marcadamente festivo y comercial, comenzaban ya los tratos. Vendían el ganado a compradores castellanos que adquirían las reses de macho cabrío para elaborar cecina y aprovechar su piel para los pellejos de vino. Parece ser que en aquella época, entre los pastores de merino de la Meseta, la carne salada de castrón era el alimento preferido para las largas jornadas en el monte. Para ello era preciso que los animales estuvieran gordos y bien cuidados. Pero los tratantes asturianos no volvían de vacío a sus casas ya que vendían los machos adultos y compraban crías para engordar para la feria siguiente. Muchos de estos propietarios tenían los animales en régimen de aparcería con otros ganaderos a veces de pueblos bastante distantes.
En la segunda mitad del siglo XX, el ganado vacuno fue sustituyendo al caprino y los vehículos de motor comenzaron a trasladar a animales y personas a la feria. Como el viaje era más fácil se desplazaban familias enteras, bien pertrechadas de buenas meriendas, a veces simplemente para pasar un día de recreo. Hoy sigue siendo una de las grandes citas ganaderas y festivas del occidente de Asturias. Sin embargo, estoy segura de que a todos nos gustaría volver a presenciar, por un momento, las exclamaciones de satisfacción de aquellos hombres cuando asomaban a las Penas de Trabanco y por fin daban vista al Puerto, el orgullo con el que atravesaban las calles del pueblo bajo la atenta mirada de los compradores o los apretones de mano que sellaban, no solo una transacción económica, sino un pacto inquebrantable. Eran otros tiempos…

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ESCUELAS RURALES
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Pilar Arnaldo | 05-09-2016 | 09:41| 0

Cuando se analizan las causas del abandono de los pueblos siempre se señala, como una de las más determinantes, el cierre de las escuelas rurales. En las tres últimas décadas del siglo XX se clausuraron un gran número de ellas en las aldeas, en muchas ocasiones trasladando a los niños a escuelas-hogar donde pasaban la semana en régimen de internado. Y ese fue uno de los motivos que movió a los padres a abandonar el campo y buscar forma de vida en la ciudad para no tener que separase de sus hijos a edades tan tempranas.
En la actualidad quedan poquísimas escuelas rurales y es opinión común que es absolutamente necesario conservar abiertas aquellas que resistieron el paso del tiempo. Al precio que sea. La situación del mundo rural es tan precaria que ya no soporta una agresión más. Sólo una voluntad absoluta por parte de los gobiernos de preservar los pocos servicios que quedan en los pueblos podría salvar a estos del abandono total. Sin embargo, esta voluntad, en lo que se refiere a la Administración asturiana, no se ve muy clara. El curso pasado se cerraron dos escuelas del Suroccidente, la de Tuña, en el concejo de Tineo y la de Mieldes, en el de Cangas del Narcea. Y en el caso de la primera, además, con una forma de actuar bien poco respetuosa. Se echó el cierre mes y medio después de comenzar el curso, de un día para otro, casi sin previo aviso. Este año parece que esta se vuelve a abrir y eso es una buena noticia que, sin embargo, no exculpa a la Consejería de educación del Principado de haber hecho las cosas rematadamente mal. Porque sacar a los niños de su entorno más próximo para trasladarlos a un lugar bastante alejado, a un colegio nuevo y desconocido, para unos meses, no parece nada acertado. ¿Era necesario tanto trastorno para tan poco tiempo? ¿Justifica el ahorro logrado tanto desbarajuste?
En cuanto a la escuela de Mieldes, este curso permanecerá cerrada aunque con la promesa de abrirla…¡dentro de dos años! Sin comentarios. Absurdo total. Parece que la Consejería cree que es un lujo mantener escuelas rurales para unos pocos niños. Pues no. No se trata de un lujo, sino de una absoluta necesidad. Hay un concepto que se denomina discriminación positiva y que nuestros gobernantes, por lo que se ve, desconocen. Hay situaciones tan graves que no pueden regirse por estrictos criterios económicos. Los pueblos se mueren y, como moribundos, requieren de un tratamiento especial. Un tratamiento en el que no se repare en gastos, en el que se apliquen todas las medicinas necesarias sin importar el coste de estas. Es cuestión de vida o muerte.

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EL VERANO EN LA BRAÑA
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Pilar Arnaldo | 29-08-2016 | 08:19| 0

En el valle del río Xinestaza se sigue practicando la trashumancia. Con la llegada de la primavera, los vecinos de Cabaniel.las, en la parroquia de Tuña, suben con sus ganados a la braña de la Zoreirina, en el extremo sur del Concejo de Tineo, lindando con Cangas del Narcea y Somiedo. No se trata de la famosa alzada vaqueira sino de la denominada trashumancia de radio corto o de valle, con unas características distintas a la anterior. Los brañeiros, a diferencia de los vaqueiros de alzada, no cierran sus moradas de invierno ni trasladan el ganado menor, cerdos y gallinas. Parte de la familia queda en el pueblo y parte sube a la braña con las vacas. Allí cuidan de los animales hasta el otoño aprovechando los ricos pastos de montaña, recogen hierba e incluso siembran patatas o tiene huerta.
Son formas tradicionales de manejo y explotación ganadera ancestrales, que tratan de obtener del territorio el mayor rendimiento posible y que durante miles de años han moldeado el paisaje y la biodiversidad. Formas de explotación de la tierra sostenibles, no agresivas para el medio ambiente, que han establecido vínculos respetuosos entre el hombre y su entorno. Hoy esta trashumancia combina las técnicas tradicionales con elementos del progreso como las placas solares en las cabañas o los vehículos todoterreno para acceder al lugar. Subir a la Zoreirina y pasar allí una velada con los vecinos de Cabaniel.las es una experiencia sumamente agradable. Me cuenta Doni Rubio, de Casa el Calvo, que a los niños de la familia les encanta estar allí, dormir en las cabañas de piedra, modestas, humildes, pero sumamente acogedoras. No me extraña. Los niños suelen tener buen gusto, quizá porque sus elecciones no están motivadas por condicionamientos sociales en ocasiones absurdos.
Y yo me pregunto: ¿Por qué estas formas de vida parecen condenadas a desaparecer? ¿Por qué no somos capaces de encontrar la fórmula para continuar una actividad que durante siglos ofreció al ser humano sustento y protección y contribuyó a mejorar el entorno natural? ¿Por qué abrazamos con entusiasmo todo lo nuevo y ajeno y desdeñamos lo tradicional y nuestro? La respuesta tendremos que buscarla entre todos. Y espero que la encontremos. Por nuestro bien y el del planeta que habitamos.

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HABLANDO DE LOBOS
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Pilar Arnaldo | 22-08-2016 | 07:22| 0

Últimamente salen con mucha frecuencia noticias sobre animales salvajes – lobos, osos, jabalíes- en la prensa. Uso de manera intencionada el enunciado “animales salvajes” a sabiendas de que es una de esas expresiones que no se consideran políticamente correctas. Pero es que yo, particularmente, le empiezo a tener bastante aversión a lo políticamente correcto. Todo el mundo opina desde sus ciudades, desde sus oficinas, desde su vivienda en un sexto piso, pongamos por ejemplo. Cuando la noticia aparece en un periódico con la opción de comentar o en Facebook u otra red social, se leen auténticas perlas. En una ocasión,una señora pedía la pena de muerte para un ganadero que mató a un lobo. Porque el lobo es el bueno de la película. Se ensalza su comportamiento, se dice que tiene no sé cuántas cualidades, que cuida de sus mayores… en fin. Todo un ejemplo a seguir. Pero el lobo mata. Es un gran depredador. Por supuesto que sé que tiene que matar, es un carnívoro y necesita sobrevivir. Lo que no entiendo es ese sufrimiento cuando muere un lobo y que a nadie le dé pena de las ovejas que este mata, o de los potros, o de los terneros. Parece ser que todos estos animales, en el imaginario de los “opinadores” no merecen ninguna compasión. Pues qué quieren que les diga, yo reivindico el derecho de la oveja, el potro y el xatín a dar pena. Faltaría más
Pero además se da la circunstancia de que el lobo es carnívoro y el ser humano también lo es. Y nos disputamos buena parte del botín. Cuando la población de lobos es muy alta en una determinada zona, el ganadero tiene muy difícil su supervivencia como tal. Puede que, para muchos de estos defensores, todos los ganaderos estén por demás. Qué importa. Los supermercados están llenos de productos para llenar nuestros estómagos, incluida la carne que, si no la producimos aquí, sin problema viene del otro extremo del mundo en grandes trasatlánticos “estupendos” para la naturaleza y el medioambiente. Pero yo insisto. El día que nuestros ganaderos, los pocos que van quedando en los pueblos, no soporten más la situación, ¿qué va a pasar? Pues es evidente: abandonarán. Y con ellos se morirán los pueblos. Se convertirán en inmensos matorrales. Algún día un fuego, intencionado o no, arrasará con todo. Pero hay más. ¿Les suena de algo la expresión soberanía alimentaria? Se va a hablar mucho de ella en el futuro. Es algo que hasta la fecha poseíamos pero que vamos perdiendo a medida que no tenemos la capacidad de generar nuestros propios alimentos y dependemos de las importaciones de otros países y de las maniobras de las grandes multinacionales. Y créanme, estas no siempre son de fiar.
Y para que no me caigan chuzos de punta, hago una matización. Me considero una gran defensora de la naturaleza, milité muchos años en un importante grupo ecologista asturiano y por supuesto no quiero erradicar ninguna especie ni vegetal ni animal. Pero tampoco quiero que ahora el malo de la película sea el ganadero. Y si tienen dudas, vengan a los pueblos y entérense de lo que pasa. Es mejor opinar desde cerca que desde lejos.

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FIESTAS PARA RESISTIR
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Pilar Arnaldo | 15-08-2016 | 10:41| 0

Las Palancas es un monte que separa los concejos de Tineo y Belmonte de Miranda por el extremo sur del primero y el suroccidente del segundo. Una extensa pradera al amparo de Penamanteiga, lugar de una gran belleza, un excelente ejemplo de la magnificencia de nuestra montaña asturiana.
Este fin de semana pasado, por segundo año consecutivo, se celebró allí una romería multitudinaria. Resulta increíble la acogida que tiene una fiesta tan nueva en el calendario, sin ninguna tradición y en un lugar tan alejado. El éxito hay que darlo a quien lo merece. En primer lugar a los organizadores: tres jóvenes de Boinás, Diego, Sergio y Miguel. No es tarea fácil preparar un evento de esas características en un lugar como ese. Allí lo único que tienes es un entorno maravilloso, un paisaje sin igual, pero todo lo demás _agua, electricidad y todo cuanto se necesita_ hay que trasladarlo, subirlo hasta allí arriba. Se necesitan valentía y ganas de trabajar. Porque para organizar este tipo de eventos se trabaja y mucho.
El segundo factor de éxito es la acogida tan grande que tuvo por parte de los vecinos de los pueblos de ambas vertientes. El entusiasmo fue tan grande ya desde la primera convocatoria que una tiene la impresión de que la gente llevaba mucho tiempo esperando algo así. Acudieron entusiasmados a la cita vecinos de La Pontecastru, Cabaniel.las,Tourayu y Xinestaza por el lado tinetense y de L´Abangu, L´Abedul, Alcéu, Quintana, Boinás, La Veiga, Bixega y alguno que seguro se me escapa, por el lado de Miranda. Todas las familias, las que residen permanentemente en esos pueblos _cada vez menos_ y las que están fuera pero que por el mes de agosto vuelven a sus lugares de origen, acompañados por sus parientes y amigos, se encontraban allí. Todos bien pertrechados de enormes meriendas, con la pata delantera del cerdo, es decir, el lacón, como protagonista absoluto.
Son importantes este tipo de reuniones para el mundo rural. Por múltiples causas. En primer lugar porque a medida que los pueblos se van quedando sin gente las relaciones sociales se resienten. La desestructuración planea sobre las comunidades en riesgo de abandono. Son necesarios rituales como las fiestas, meriendas de campo y demás para mantener cohesionado al exiguo mundo campesino.
Pero sobre todo porque suponen una inyección de optimismo y vitalidad. Viendo toda esta gente allí reunida un día de verano parece que nuestros pueblos aún pueden resistir. Todavía hay mucha gente que no olvidó sus orígenes. Hay noticias esperanzadoras. Te enteras de que aún queda algún joven urbano que ama sus raíces, la tierra de sus antepasados y a quien le llama bastante más la atención un rebaño de vacas bien cuidadas que todos los pokemom y demás “idiotizadores” del mundo actual. No todo está perdido.
Gracias a todos por hacer realidad un sueño. El de que nuestros pueblos todavía resisten al abandono. Mirandiegos y cotollos, para agosto del 2017 no olvidéis que tenemos una cita ineludible en Las Palancas. Es mucho más que una fiesta. Es un encuentro con nuestro pasado y con nuestro futuro. No faltéis.

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CONOCER EL PASADO
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Pilar Arnaldo | 08-08-2016 | 09:40| 0

Belmonte de Miranda es un concejo pequeño, de una gran belleza y con excelentes recursos naturales pero bastante desconocido para buena parte de los asturianos. No es de los lugares que aparecen con frecuencia en los diarios ni de los que más suenan en las páginas de viajes fuera de nuestras fronteras. Nada que ver, por ejemplo, con su vecino Somiedo, que acapara buena parte del turismo del Occidente de Asturias. De Miranda, si exceptuamos la mina de oro, pocas cosas salen a la prensa.
Sin embargo, desde hace unos años, en una de sus aldeas -en concreto en Vigaña d´Arcéu- se lleva a cabo un importante proyecto científico avalado por la Universidad de León y dirigido por la arqueóloga Margarita Fernández Mier, vecina de esta localidad. Un proyecto arqueológico de gran calado que extrae de las entrañas de la tierra importantes vestigios de nuestro pasado tales como la primera cabaña neolítica documentada en Asturias, una construcción de “solo” unos seis mil años de antigüedad. Estos descubrimientos suponen, para Vigaña y para Belmonte, un auténtico reconocimiento y sitúan estas localidades en el mapa del presente, del pasado y del futuro.
Se necesitarían muchas Margaritas en los pueblos de Asturias. Como mínimo, una en cada valle. Solo una persona con un entusiasmo como el suyo es capaz de liderar un proyecto de tal envergadura y pelear en todas las bandas, consiguiendo vencer recelos, temores y todas las sensaciones negativas que una tarea de este tipo puede generar en un entorno rural donde, de entrada, se suele desconfiar bastante de estas iniciativas novedosas. No es muy partidario el campesino de experimentos y menos si para realizarlos hay que revolver en la tierra. Por eso me parece un gran logro haber conseguido implicar a los vecinos en los talleres que se realizan al finalizar las campañas de excavación. El carácter divulgativo e incluso lúdico de la actividad es uno de sus mayores aciertos. Estoy segura, Marga, de que tu encanto personal y la pasión que sientes por el proyecto, por el mundo rural y por Vigaña contribuyeron en buena medida a ello.
Conocer el pasado de nuestros pueblos, de nuestras sociedades campesinas es importante en cualquier tiempo y lugar pero mucho más en estos momentos en los que la sombra del abandono y de la desestructuración planea sobre estas poblaciones en declive. Hay encuentros casuales que cambian el destino, no solo de las personas, sino también de los territorios. Hace años, en un paraje de los alrededores de Vigaña, se produjo uno de esos felices encuentros. Y todos los que habitamos estas comarcas somos hoy un poco más afortunados por ello.

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional