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La pasión en la mediación
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Lilián Suárez | 22-03-2016 | 17:14

La pasión es una emoción. La podríamos describir como un sentimiento muy fuerte hacia algo o hacia alguien . En su expresión positiva nos hace “sentir”. Sentir intensamente. Pero también tiene otra cara más negativa que es la que nos hace sufrir. También con la misma intensidad.

Cuando estamos en estado de pasiones -positivas como el enamoramiento, la fascinación o la dicha ,o negativas como el  enfado, la ira o la frustración- no deberíamos tomar decisiones.

¿Porqué no deberíamos tomar decisiones importantes en estado de pasiones?

Por lo mismo que no debemos ir a comprar al supermercado con hambre.

Todos sabemos lo que pasa: no hacemos una compra inteligente. Llenamos la cesta de cosas que nos apetecen en ese momento pero que no  necesitamos –y además engordan-, gastamos más dinero de la cuenta y luego lamentamos lo uno y lo otro.

Aún así, algunas de las decisiones importantes de nuestra vida, por ejemplo casarnos o divorciarnos las tomamos en estado de pasiones.

Quizá sea inevitable. Quizá sea así la naturaleza humana y necesitemos de esa energía, de es plus que nos da la pasión, para embarcarnos en proyectos complicados o inciertos.

Cuando una pareja se rompe – los motivos poco importan- suele haber un denominador común a todas ellas:  las pasiones.

Pasiones negativas en forma de ira, de frustración , de dolor, de sentimiento de pérdida, de reproches , de culpa, de miedo ante el futuro, de traición…Somos seres humanos, no podemos evitar las emociones .

Lo que si podemos -y deberíamos- evitar, es que las decisiones importantes que tenemos que tomar ante una crisis estén viciadas por esas pasiones negativas. Aunque en menor medida que en las crisis de pareja, las emociones están presentes también  en cualquier conflicto.

Decisiones importantes, como por ejemplo las que tenemos que tomar en un divorcio en el que existen hijos comunes y la relación como padres debe continuar, o cuando tenemos que discutir una herencia con nuestros hermanos o tenemos un conflicto con nuestros vecinos de escalera, deberían ser tomadas desde la serenidad y el sentido común.

Los mediadores y mediadoras tenemos esto muy presente. Por eso cuando una pareja que se divorcia acude a nosotros ,-o cualesquiera otras personas con un conflicto que deben solucionar, porque la relación ha de continuar- eso es lo primero con lo que empezamos a trabajar.

Y eso, tener en cuenta las emociones, es  lo que marca la diferencia: crear un contexto donde ambas partes se escuchan y son escuchadas, donde se separa “el grano de la paja”, lo que son pasiones que van a contaminar el proceso determinando unas posiciones de partida cerradas, de lo que son intereses y necesidades de las partes y que van a darnos un marco más abierto en el que poder alcanzar acuerdos razonables y realistas, que satisfagan a todas las partes inmersas en el conflicto y en los que nadie se sienta perdedor.

No es fácil. Por eso es tan necesaria la ayuda de un profesional experto para guiar un proceso del que nazcan acuerdos inteligentes y perdurables en el tiempo.

Feliz Semana Santa …de Pasión.