Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba y Cayo Lara coincidieron en la mañana de ayer en el vuelo que les trajo al Principado para participar en la campaña electoral de las elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo domingo. No se vieron afectados por las cancelaciones de los últimos días, causadas por las nieblas, pese a los modernos sistemas para facilitar el aterrizaje y el despegue instalados en el Aeropuerto de Asturias. No pudieron utilizar todas la ventajas que el AVE pondría a disposición de los viajeros, aunque el viaje en tren a Madrid ya ha ido acortando su duración, dado que parte del trazado discurre por vías de alta velocidad. Si hubieran elegido la carretera, habrían podido hacer el viaje íntegramente por autopista y autovía, con parada en los peajes de Guadarrama y del Huerna.
No se puede afirmar que hoy día nuestra región sufra de aislamiento, una de sus señas geográficas históricas. Aunque la localización periférica en la península, unida a determinadas carencias en comunicaciones, cuyo reparo a través de la culminación de las infraestructuras ha ido aplazándose a los largo de los años (la citada alta velocidad ferroviaria, con los túneles de Pajares horadados y sin uso, y para la que el tramo Lena-Gijón ni siquiera cuenta con previsión; o la autovía del Cantábrico, que lleva un cuarto de siglo en construcción), así como el coste de los vuelos, consiguen mantener viva la percepción de que los obstáculos orográficos se mantienen en su integridad, y de que Asturias está aún más distante de los centros de decisión de lo que verdaderamente se encuentra.
Las elecciones anticipadas del 25 de marzo, fuera del calendario habitual, y que han coincidido con las andaluzas, están teniendo la virtud de hacer visible Asturias y sus problemas de una forma diferenciada a los de las demás regiones para el resto de España. Ayer, Rajoy insistió en Oviedo en la inconveniencia de que la región quede convertida «en una isla», refiriéndose, en su caso, a que fuera una de las pocas comunidades que quedara al margen del mapa azul que rige en casi toda España y al que es previsible que se sume también Andalucía por vez primera. Aunque ante la división del electorado asturiano, en el mejor de los casos para su partido, el de conseguir remontar el resultado de hace diez meses de Foro, necesitase de algún tipo de apoyo de la formación de Álvarez-Cascos. Rubalcaba, por su parte, prefiere, como es natural, la diferenciación de Asturias por la vía de la resistencia a la ola popular, y basó su discurso en Pravia en la alternativa que representa frente a «la casa de los líos» del Gobierno de Asturias y «los destrozos que hace el Partido Popular allí donde manda». Finalmente, Cayo Lara en Gijón prefirió apoyar la campaña a través de su respaldo a la huelga general, confiando en que de camino a la protesta del 29, recoger votos el 25.
Y como la visión proyectada desde Asturias pasa por el relato que de ella se hace, Álvarez-Cascos criticó ayer en Ribadesella la distribución de los tiempos en los informativos de TVE, en los que habría resultado perjudicado Foro Asturias frente a quienes vinieron de Madrid a participar en la campaña electoral, que vendría a ser un ejemplo de la marginación a la que alude habitualmente el presidente del Principado para sustentar la necesidad de una formación independiente a los grandes partidos para defender los intereses de Asturias.

