Vuelve la ciudad negra

Como desde hace ya veinticuatro años, Gijón y Asturias viven el despliegue de la Semana Negra como el acontecimiento que señala la entrada en el verano. La particular feria ideada por el escritor asturmexicano Paco Ignacio Taibo II y llevada a cabo junto con su equipo, celebra su vigésima quinta edición fiel a sí misma, en esa combinación discutida y exitosa de cultura y ocio que la caracteriza desde su fundación.
La “ciudad negra” ha ido levantándose durante este cuarto de siglo en distintas localizaciones de la ciudad: El Musel inicial, el muelle de Fomento y el entorno del Molinón, donde consiguió asentarse en su más duradero periodo de estabilidad, hasta el fugaz paso por la ubicación mejor dotada, junto al campus universitario gijonés, construida expresamente para albergarla. Desde el viernes regresó a la vera de la bahía, en los solares sin actividad de Naval Gijón. Uno u otro motivo, lo inadecuado o inseguro del lugar, los impedimentos legales, las denuncias vecinales debidas a los ruidos o la oposición del rector por la cercanía a los centros docentes y de investigación, ha ido haciendo desplazarse permanentemente a este campamento ácrata, convirtiendo la itinerancia una de sus señas. Pero lo que no ha conseguido el continuo cambio de ubicación ha sido hacer desistir a los miles y miles de visitantes que acuden a ella.
El variopinto público llena, año tras año, las atracciones, mercadillos, garitos de comida rápida, bares musicales y conciertos. Con fidelidad, aunque con menos aglomeraciones de las que convoca la zona ferial, los asistentes a conferencias, presentaciones de novedades editoriales, coloquios y librerías ocupan las carpas culturales. Su carácter libertario, notoriamente de izquierdas, unido a los problemas de seguridad, ruido y tráfico, ha provocado el rechazo de sectores sociales que pudieran sentir discrepancia política o trastornos por su actividad, al tiempo que otros, como la hostelería de los alrededores, que ve incrementar su negocio, la aplauden sin dudarlo. El marcado tono de reivindicación y denuncia social -la Semana siempre abrazó de buena gana cualquier protesta en curso que la ciudad viviera- fue a la vez acompañado de una actitud abierta y no excluyente.
El pasado año, el relevo en la sede de la Alcaldía, con la edición prácticamente en marcha, enfrió las relaciones con el ayuntamiento gijonés, en el que la Semana Negra siempre había encontrado un aliado firme desde su nacimiento apadrinado por Vicente Álvarez Areces. Las dificultades provocadas por la disputa en la propiedad de la parcela y la oposición de la Universidad a su celebración, así como cierta desconfianza mutua entre la organización y los nuevos munícipes de Foro Asturias, provocaban la impresión de que el acontecimiento vivía sus últimos coletazos, y llegaron a barajarse ubicaciones fuera del concejo. Avilés y Langreo se ofrecieron como alternativas.
En esta ocasión ha sido la alcaldesa Carmen Moriyón quien ha encabezado el apoyo municipal y reorientado la negociación de las condiciones económicas que, como es obligado, han sufrido una merma sustancial en su aportación pública. Lo que no ha impedido la renovación de esta convocatoria obligada del verano gijonés, que recibe visitas de toda Asturias, es referencia nacional y en el mundo hispanohablante en literatura policíaca y social y un símbolo, en sí misma, de las contradicciones, vicisitudes e incertidumbres que habitan nuestros tiempos.

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