El PP de Gijón toca fondo

Los últimos episodios de las permanentes tensiones internas en las que vive sumido el Partido Popular de Asturias tienen su origen en la crisis que arrancó con el rechazo de la candidatura de Álvarez-Cascos en 2010. La posterior constitución de Foro Asturias arrastró, además de apoyos procedentes de otros ámbitos ideológicos, a una buena parte de los votantes populares. Mientras en España el PP se convertía en el partido más votado y conseguía una mayoría absoluta inédita, en el Principado quedó relegado al tercer lugar, detrás del PSOE y del partido casquista.
Al ritmo que le permitieron las circunstancias, y una vez digerida la situación, el PP ha ido dando pasos para hacer frente al nuevo rival, con la complejidad añadida de que la diferenciación de Foro no comporte el apoyo o la identificación con posiciones socialistas, que alimentarían a la formación asturiana. De ahí, quizá, la elección de Mercedes Fernández, ‘Cherines’, antaño principal colaboradora de Cascos, para hacerse cargo del partido en la región, designación ratificada el pasado noviembre por un congreso en el que Manuel Pecharromán representó sin éxito las posiciones de la organización en Gijón.
En esa contradicción se ha tenido que desenvolver la junta local gijonesa, presidida por Pilar Fernández Pardo, desde que en junio de 2011 decidió que los cinco concejales que retuvo, de los doce que llegó a obtener, apoyasen a los nueve de Carmen Moriyón para hacerla alcaldesa. La disyuntiva entre romper la hegemonía socialista, que había gobernado en la villa ininterrumpidamente desde 1979, dándole el bastón y la visibilidad a Foro, o atender a la estrategia de su organización y permitir un gobierno de izquierdas, con la consiguiente decepción de sectores de su mismo electorado, ha marcado estos veinte meses de mandato, entre apoyos condicionados y críticas justificativas.
La retirada de Fernández Pardo tras diez años al frente del PP gijonés, forzada por la imposición de una gestora desde la Dirección regional, y acelerada por el portazo del concejal Eduardo Junquera y sus duras críticas por el ‘caso Bárcenas’, deja libre el camino al control de la junta local gijonesa por la presidenta asturiana, y marca quizá el punto más bajo del partido en la villa. Ángeles Fernández-Ahuja garantizará al frente del PP gijonés la sintonía con Mercedes Fernández. ‘Cherines’ asegura que no facilitará la vuelta del PSOE al Consistorio, pero es previsible que endurezca la oposición a Moriyón, por lo que el equipo de Foro contará con un contrincante más duro con el que bregar en el Ayuntamiento.
En cualquier caso, la reconstrucción del PP en Gijón pasa por una renovación, con otras caras y modos, nacida de sus afiliados, lo que no ocurrirá hasta que la Dirección regional entienda que tiene bien atado el proceso. La tutela propia de una organización fuertemente jerarquizada, que es como está estatutariamente estructurado el PP, responde a la desobediencia ejerciendo su autoridad. Es un ejemplo de la prevalencia de los aparatos, lo que bajo uno u otro modelo se repite en todas las formaciones, y que dificulta que nuevos aires recorran las sedes partidarias. Algo parecido, por cierto, a la actitud de quien ha ejercido responsabilidades orgánicas en un periodo dilatado y sólo alude a la falta de democracia interna después de que le señalen la puerta.

Concierto único

La música de Bruce Springsteen tiene la virtud de conseguir aunar, dentro de los cánones del rock clásico, su indiscutible calidad con el beneplácito de miles de seguidores, muchos de ellos verdaderos incondicionales, capaces de anteponer la asistencia a un concierto de ‘el Jefe’ a cualquier otra prioridad. Como todo creador, sus discos pueden tener altibajos. Pero la autenticidad de sus letras y canciones; el espectáculo de sus directos, que se trabaja con entrega; el que pese a su condición de estrella no haga uso de las habituales prerrogativas y siga representando valores de las clases medias trabajadoras,… todo ello consigue que los entusiastas abarquen todas las edades, desde adultos que mantienen su fidelidad y admiración a lo largo de los años, hasta jóvenes que se han sumado a ella. De hecho es, hoy día, una de los pocos artistas, junto con The Rolling Stones y algún otro, capaz de llevar a cabo grandes giras y llenar estadios con decenas de miles de asistentes.

Por eso, la confirmación de que Bruce Springsteen, acompañado por la E Street Band, celebrará en Gijón su único concierto en España el próximo 26 de junio, tendrá, ya está teniendo, consecuencias favorables para la ciudad y para toda Asturias en cuanto a notoriedad y también respecto a los beneficios directos que puedan obtenerse, y en unas fechas que remarcarán el inicio de la temporada veraniega.

Hacía años que no se organizaban conciertos de esta envergadura en Asturias, tras el parcial fracaso del de Paul McCartney en 2004. Quedan en la memoria los éxitos del de Tina Turner en 1990, que inició la serie, o el de los Stones en 1995. Y, por supuesto, los dos previos de Springsteen en 1993 y 2003, con llenos absolutos en ambos, en una secuencia temporal que parece convertir El Molinón en parada fija de ‘el Jefe’ cada diez años, lo que añade aún más interés a la cita de junio y vuelve a situar a Gijón en el mapa de las giras de los grandes conciertos.

Es cierto que en la actualidad no puede jugarse la promoción de una región solamente a la carta de los acontecimientos multitudinarios, pero su incidencia y repercusión no deberían despreciarse. La semifinal de la Copa Davis disputada el pasado septiembre, el habitual paso por Asturias de la Vuelta Ciclista a España, el Descenso del Sella, el próximo partido de la Selección Nacional de Fútbol frente a Finlandia, la Copa del Rey de Hockey y los concursos hípicos internacionales son, cada uno a su escala, acertados reclamos en el ámbito del deporte que contribuyen a difundir la imagen del Principado dentro y fuera de España. Otras instituciones culturales y científicas punteras también merecen todo el respaldo por su papel en la traslación de la idea de una región culta y dinámica: la Fundación Príncipe de Asturias, el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega o la Ópera de Oviedo son algunos ejemplos nítidos de ello.

Ahora, lo que corresponde –sobre todo a los responsables municipales de Gijón, pero también a los demás agentes implicados, como entidades turísticas y hosteleras– es aplicarse al máximo para conseguir el mayor provecho de la actuación de Springsteen y su banda. Una promoción acertada y una gestión eficiente, en la que los riesgos asumidos y el beneficio que se promueve para la región justificarían un coste razonable, deben dar continuidad al éxito que ya de por sí supone la iniciativa.

Laberintos

El magnífico botánico con el que cuenta Gijón dispondrá de un laberinto vegetal, una atracción habitual en parques y jardines europeos que a lo largo de los próximos años podremos ver crecer, y que, a disposición de todos los asturianos y de quienes nos visitan, contribuirá al disfrute de la naturaleza y a la divulgación de su conocimiento en el Jardín Botánico Atlántico. El divertimento de pasillos angostos tendrá un uso recreativo que atraerá la atención sobre la finca La Isla y su flora, su carbayeda cuatro veces centenaria, sus construcciones decimonónicas, sus paseos y macizos vegetales.

Asturias y España se encuentran sumidas en otras encrucijadas más escabrosas y de más difícultoso tránsito, con la recesión y el paro al frente, y el cuestionamiento de las instituciones cada vez más extendido entre la ciudadanía atónita. Aunque las primeras, tibias y lejanas señales de la recuperación económica estarían comenzando a mostrarse en el horizonte, para conseguir el ritmo de crecimiento que ponga en marcha la creación de empleo aún faltarían un buen trecho que recorrer y bifurcaciones en las que decidir una u otra dirección.

En una de las sendas sin salida se encuentran la minería asturiana y, más concretamente, las comarcas mineras. El adelanto del fin de las ayudas pactadas pone en entredicho la pervivencia del sector y, por extensión, la de toda la población dependiente de él. El fracaso de la reindustrialización es una evidencia, pero también lo es que en el contexto energético español la electricidad proveniente del carbón no es, ni mucho menos, la más primada de todas las que componen el suministro de empresas y hogares.

ArcelorMittal, empresa nuclear en la economía asturiana, vive el dilema propio de una bifurcación del camino. Mientras la reapertura del horno alto de Gijón y la recuperación de la producción se inscriben entre las señales tranquilizadoras, el mismo encendido causó una emisión que dañó numerosos vehículos de los barrios próximos y está pendiente de la investigación que determine si tuvo otras consecuencias. Casos como este demuestran que la controversia entre el medio ambiente y la industria no está siempre del todo resuelta, algo imprescindible en los modelos productivos a los que la sociedad actual aspira.

Señal mucho más positiva, en sí misma por los seiscientos empleos que creará, y también por el valor simbólico de la recuperación de la construcción naval en la bahía de Gijón, es la puesta en marcha del astillero Juliana por Armón, lo que demuestra que actividades tomadas por caducas son viables con la gestión adecuada y la oportuna puesta al día en tecnología y estrategias comerciales.

El laberinto institucional es más difuso que el económico, y su solución aún más delicada, pues la organización de lo público sostiene el sistema de representatividad, de derechos y deberes ciudadanos, de obligaciones y libertades, el modelo de convivencia. Las instituciones tienen capacidad para engrasar o entorpecer el funcionamiento de la maquinaria productiva, para trasladar las expectativas de los votantes al gobierno, de arbitrar intereses enfrentados, de redistribuir la riqueza y garantizar los servicios públicos y  su universalidad. No es poco. Mientras nada pueda sustituirlas, tendremos que conformarnos con lo que hay. Pero asumiendo las reformas necesarias para seguir el hilo que conduzca a la salida del dédalo.

Corrupción sin fin

La corrupción ha vuelto a adquirir una presencia permanente en la vida pública española. Las revelaciones que ocupan las primeras páginas de los periódicos amenazan con convertirse en un discurrir rutinario y monótono, que se ve alterado por nuevos episodios que provocan una vez más el estupor y la indignación. El desempleo, las carencias de tantas familias y la desafección respecto a los representantes políticos van de la mano de los casos de malversación, fraude o apropiación de fondos públicos en un magma de desconfianza que socava los cimientos del sistema representativo.

La sensibilidad ciudadana se ve agudizada en esta ocasión, además de por la situación económica, por el ascenso cualitativo del problema. A lo largo del periodo democrático los casos de corrupción, muy significados muchos de ellos, no habían penetrado en el tuétano institucional como ahora lo hacen. El entorno de la familia real (el ‘caso Urdangarin’), relevantes organismos de los partidos en los gobiernos y en la oposición (el ‘caso Bárcenas’, Amy Martin, la fortuna de los Pujol,…) se ven afectados por severas acusaciones que, aun pendientes de su curso judicial, obtienen tibias respuestas por quienes pueden aportarlas.

Asturias no es la región más afectada por esta lacra minadora del sistema, pero no estamos libres de ella. Nuestro ‘caso Renedo’, sobre el que acaba de constituirse la comisión parlamentaria que ha citado a Álvarez Areces y a seis de sus consejeros, recoge imputaciones contra un consejero, una directora general y una alta funcionaria acusados de tejer, en uno u otro grado, junto a dos empresarios, un entramado que disponía de los bienes públicos para provecho propio con pasmoso desparpajo. Los tribunales y la Junta General establecerán sus resoluciones, del mismo modo que determinarán hasta dónde llegan las irregulares en la gestión del Centro Niemeyer.

No conviene, aunque pueda ser comprensible que así se haga, generalizar respecto a las responsabilidades. La sonoridad de un caso de podredumbre no puede contaminar a todos los demás políticos, funcionarios o particulares. El esfuerzo de delimitar la zona afectada –y, por supuesto, para aplicar las garantías legales, con la presunción de inocencia al frente– debería acompañarse del análisis profundo de cada una de las circunstancias que puedan surgir, para, además de canalizar las responsabilidades y las reparaciones precisas, establecer las prevenciones que deban de adoptarse para usos posteriores.

Sería ingenuo pretender la sociedad ideal, en la que la responsabilidad de cada uno de sus miembros basta para procurar su funcionamiento limpio. Pero no lo es que puedan implantarse mecanismos mucho más activos dirigidos a ese fin, y no solamente coercitivos o penales. La ley de transparencia que prepara el Gobierno de Javier Fernández es un paso adecuado que profundiza en la publicación de contratos públicos propuesta por el ejecutivo de Álvarez-Cascos.

Pero, a su vez, ambos son aspectos de una mucho más amplia aspiración: el principio general de publicidad de cualquier acto administrativo y los procesos que le rodean, con las únicas salvedades de la protección de la privacidad y otras salvaguardas a las que haya lugar. Una administración abierta perfectamente posible gracias a las tecnologías de la información y los desarrollos hoy disponibles, que contribuye, además, a su operatividad y a combatir la burocracia ineficiente, bajo la que cómodamente se oculta tantas veces la negligencia.

Tres acuerdos

Frente a los ásperos y agotadores conflictos de intereses de los que es Asturias escenario en tantas ocasiones, merece resaltar algunas avenencias que esta misma semana han tenido lugar y allanado el camino a la resolución de disputas que, directa o indirectamente, tienen gran incidencia en los ciudadanos.
En primer lugar, el enfrentamiento entre los médicos y la administración sanitaria ha vivido un rápido desenlace en los últimos días, hasta la firma del acuerdo del viernes por el Servicio de Salud del Principado (Sespa) y el sindicato médico Simpa tras más de tres meses de enconadas discrepancias. En líneas generales, el Gobierno ha renunciado a reclamar la devolución de parte de los descansos que se disfrutan tras las guardias, y los médicos aceptaron ampliar la jornada durante las tardes. Cabe preguntarse si para este recorrido se precisaba tanto rodeo, y si los veinte mil pacientes que engordan las listas de espera quirúrgicas, y los que están pendientes de consultas y pruebas y han sufrido dilaciones, merecían los trastornos causados.

La gerente del Sespa, Celia Gómez, anunció ayer que serán necesarios cinco meses para reparar los retrasos provocados. En cualquier caso, sea bienvenida la pacificación de la sanidad asturiana, que sigue teniendo ante sí la tarea de garantizar la viabilidad del insustituible servicio que presta, pero sin que pueda seguir incrementándose indefinidamente la cantidad que los presupuestos le asignan.
Las cuentas públicas de Gijón, finalmente aprobadas, han vivido también un tortuoso camino en el que no han faltado idas, venidas y desconfianzas, pese a que las posiciones de Foro y Partido Popular no presentaban, a priori, contradicciones de fondo notables. Los requerimientos sobrevenidos, el acuerdo cruzado de los populares gijoneses con el PSOE para limitar las atribuciones de la Alcaldía y la impuesta tutela de la dirección regional del PP han estado a punto de torpedear las cuentas gijonesas en repetidas ocasiones, en las que han primado los cálculos de poder sobre la gestión de lo público. Los nuevos presupuestos pueden ser discutibles, aunque conjugan la contención y el saneamiento financiero con la atención a políticas sociales. La peor noticia para el principal consistorio asturiano hubiera sido someter el gasto municipal a las incertidumbres de una prórroga, con las dificultades de gestión y las inseguridades que conlleva.
La reapertura del segundo horno alto de ArcelorMittal, el horno ‘B’ de Gijón, es el mejor fruto de la negociación laboral y del entendimiento alcanzado entre los trabajadores y la dirección de la empresa. En los próximos días comenzará a trabajar a pleno rendimiento, y alimentará las líneas de producción de los distintos productos y la economía asturiana, dependiente en buena parte de la siderúrgica. Con la industria auxiliar y El Musel como principales beneficiarios externos y el encadenamiento de actividad económica que desencadena, entre la que no es menor la confianza de comprobar que la multinacional invierte y renueva sus instalaciones.
En las circunstancias actuales, una de las principales obligaciones de los representantes públicos es la de facilitar y promover, bien directamente cuando dependa de ellos, o mediante su capacidad de influencia cuando no sea así, la confianza y la estabilidad, sin las que no es posible el retorno de la inversión y el consumo, imprescindibles para detener la dinámica de la crisis y recuperar el empleo. Y eso no depende de las provisiones presupuestarias, sino de la acción política en su mejor acepción.

El Rey, a los 75

La celebración del 75 cumpleaños del Rey ha venido teñida por la circunstancia de que su figura y la monarquía española se encuentran en el momento de menor popularidad de las cuatro décadas hacia las que se encamina su reinado. La altísima valoración de la que siempre ha gozado don Juan Carlos mantiene notables cotas de aceptación, pero está claro también que en nuestra cambiante sociedad, por factores diversos, la percepción del papel y la función de la corona han variado de forma apreciable con el transcurso del tiempo.

De entrada, es evidente, por la propia exposición a la que los años en la Jefatura del Estado la han obligado. Pese al perfil público por lo general contenido de los reyes –salvo lapsus o yerros concretos, más o menos sonoros–, su continua presencia en la escena política convierte a don Juan Carlos en la figura española más visible, y por tanto más sujeta al escrutinio público, de las últimas décadas. Las nuevas generaciones adquieren otra percepción distinta a la de los que lo vivieron de lo que el Rey representó. Y, quizá como síntoma del asentamiento de la institución, la familia real ya no queda al margen de la crítica, lo que no es obstáculo para su reconocimiento. Al contrario, asumir tanto los elogios como los reproches, y considerar lo que haya en ellos de razonable, no puede sino fortalecerla. Recordemos que una de las monarquías más asentadas del mundo, la británica, es objeto –la institución y sus miembros individualmente– de mordacísimos reproches.

El elemento determinante del deterioro de la imagen real ha sido, de todas formas, el supuesto aprovechamiento personal de la situación de privilegio que el marido de la infanta Cristina, Iñaki Urdangarin, llevó a cabo a través de sociedades presentadas como sin ánimo de lucro, con las que contrataba con administraciones públicas, entre otras entidades. Los privilegios vinculados al carácter simbólico de la función real, difícilmente justificables al margen de esa condición, se convierten en extemporáneos si son utilizados contra su finalidad en beneficio particular.

El problema territorial español, acrecentado recientemente en Cataluña y larvado en el País Vasco, incide también en el descrédito de la figura del monarca en esas comunidades, dado que el Rey representa la unidad del Estado y su integridad. En Asturias, a pesar de la notoria tradición republicana, la relación con la monarquía se articula de forma particular a través de la institucionalidad del Principado, reforzada con el matrimonio de don Felipe con la asturiana Letizia Ortiz y estrechada mediante la labor de la Fundación Príncipe de Asturias. Unos vínculos que corroboran la general ausencia de conflicto en la región entre lo español y lo asturiano y la también extendida aceptación de la corona como simbólico árbitro de la convivencia.

Una mediación para la que el Rey carece de poder ejecutivo, pero con clara influencia efectiva, especialmente en labores representativas dentro y diplomáticas fuera de España. La entrevista que TVE emitió el viernes con motivo del cumpleaños regio, pese a eludir las cuestiones más espinosas, mostró a un monarca cercano con los problemas de los españoles y dispuesto a seguir en activo, como hasta ahora, orgulloso del príncipe Felipe, a quien consideró el heredero mejor preparado de la historia de España, y confiado en que su sucesión queda en buenas manos.

El desahucio nacional

En el drama personal y familiar del desahucio de la vivienda habitual se concentran las peores consecuencias de la situación económica en la que nos encontramos. En el hecho de privar a una familia de su domicilio por no poder hacer frente a las obligaciones contraídas se reflejan las circunstancias por las que está pasando una colectividad. El empleo abundante y el crédito fácil facilitaron el acceso a la vivienda en propiedad para amplios grupos sociales. La memoria de que la economía es cíclica y las alertas ante la previsible burbuja inmobiliaria no bastaron para determinar los riesgos que a cada uno le cabía asumir. El desempleo creciente, el endurecimiento del crédito y el desplome de los precios de la vivienda hicieron el resto.
Algunos de los casos que han pasado por el servicio de intermediación del Ayuntamiento de Gijón, tal como Iván Villar relata hoy en EL COMERCIO, ponen de manifiesto que no todos los que suscribieron créditos hipotecarios, que ahora se han vuelto su peor pesadilla, lo hicieron por encima de sus posibilidades, ni engañados por la entidad bancaria. Y la solución no es sencilla, pues una vez determinada la buena fe de las partes, el banco ha de responder de sus operaciones, el particular de sus compromisos y la sociedad de que ninguno de sus miembros se vea privado de una vivienda digna. Por eso, apoyos como el anteriomente mencionado, que contribuyen a facilitar un entendimiento entre los implicados, son la mejor utilidad que las instituciones públicas puedan aportar a sus ciudadanos ante un problema de incidencia creciente: sólo en este año que termina mil quinientos procedimientos de desahucio fueron iniciados en Asturias, un tercio más que en 2011.
Según una extendida opinión, subrayada por la imagen exterior de España ante la crisis de la deuda, el nuestro es un país desahuciado, sin posibilidades sencillas de solución y en el que las medidas adoptadas no hacen sino agravar las cosas, en espera del tan ansiado ‘tocar fondo’ que no acaba de llegar. Desahucio que, como en el enfermo sin esperanza, un mal encadena otro, y en el que la crisis económica y social deriva en crisis política sin precedentes en la democracia. El cuestionamiento de la clase política y del mismo sistema afecta a los partidos, a las instituciones, monarquía y Constitución incluidas, como partes sustanciales del propio origen de nuestro actual marco de libertades, la imperfecta pero práctica transición, que facilitó hasta el momento el periodo de convivencia pacífica más extenso del que nuestra historia ha disfrutado. La incapacidad de gestionar con previsión y solvencia ha desatado a su vez las tensiones territoriales –en busca de un supuesto responsable externo de las carencias propias–, más o menos aplacadas todos estos años pero no resueltas. El desmembramiento nacional tendría consecuencias no sólo económicas para todos: un hipotético Estado catalán no sería el mejor garante de las libertades ciudadanas, vistos algunos tics mesiánico-populistas recientemente aflorados.
Es preciso combatir, en fin, esa idea de desahucio general que nos embarga y que se manifiesta también en el abandono de proyectos, no todos irrealizables, ni faraónicos, aunque algunos necesiten un replanteamiento a fondo ante el desmoronamiento de las previsiones financieras que los sustentaban. Por ejemplo, el llamado plan de vías gijonés, que no sólo prevé soterrar el ferrocarril y establecer un nuevo acceso a la ciudad desde el centro de Asturias, sino en el que la villa se juega su futuro con la apertura de un nuevo espacio céntrico, o que la oportunidad quede bloqueada en un enorme solar yermo durante lustros.

No es cuestión de suerte

A la vez que los bombos de la Lotería de Navidad desgranan su fortuna anual, cuyos primer y tercer premio han dejado algunas trazas en Oviedo, Gijón, Nava y Castrillón, y que –en otro orden del azar– el Casino de Asturias plantea su cierre temporal ante la acumulación de pérdidas de los últimos años, un movimiento ciudadano organizado de mil y un maneras, sobre el que EL COMERCIO viene dando cuenta de todas las iniciativas de las que tenemos noticia, se ha ido poniendo en marcha de una forma desconocida hasta ahora para tratar de echar una mano a aquellos que la necesitan y paliar, en la medida de las fuerzas de cada uno, las carencias más básicas que otros sufren.
En la empresa, en la parroquia, en la asociación de vecinos o de padres, en el club deportivo, en los colegios y en el supermercado. En la Agencia Tributaria, en el Grupo Covadonga, en la entidad bancaria, en la Escuela Politécnica o en el Conseyu de la Mocedá. En pequeños establecimientos y en corporaciones. Conciertos, sorteos, cenas, recogidas de material y de alimentos. Con aportaciones económicas, en especie o por medio del trabajo voluntario, regular o esporádico. Mediante la puesta en marcha de iniciativas o en apoyo de otras que ya están en marcha y mantienen vivas organizaciones como Cáritas, Cruz Roja o la Cocina Económica. El Banco de Alimentos, en el proyecto más ambicioso emprendido por la ONG hasta hoy, superó los 100.000 kilos previstos en pocos días.
Una oleada de apoyos de la que –aunque en estos tiempos de dominio del marketing puede atribuirse en parte a la intención de las organizaciones de construirse una imagen positiva– hay que destacar la gran corriente de generosidad que prevalece ante la identificación de carencias concretas que los ciudadanos entienden que pueden solucionar con su ayuda directa, en un gesto de sincero altruismo. Tanto da que las motivaciones sean religiosas, caritativas o simplemente cívicas a la hora de ensalzar unas actuaciones que siempre han existido, pero que en esta ocasión han superado amplia y espontáneamente las dedicaciones habituales. Las principales organizaciones estiman que el número de voluntarios que entregan parte de su tiempo ha subido en más del 20%: son decenas de miles en Asturias los que participan asiduamente en estas tareas.
Se suma, por tanto, este movimiento de ayuda al colchón familiar, que hacía de amortiguador de las inclemencias de la crisis. Más de cinco millones y medio de parados en España, más de cien mil en el Principado, son un volumen ingente, una cuarta parte de la población activa, tanto como para que la incidencia de la situación económica fuera aún mucho mayor. Es cierto que sus consecuencias están llegando desde hace tiempo a estratos sociales que se consideraban muy alejados de la pobreza, y que la exclusión social afecta en ocasiones a familias de clases medias que se habían desenvuelto más o menos holgadamente.
Los sistemas de protección social, las traídas y llevadas sanidad pública, pensiones y servicios sociales están cumpliendo su función primordial, manteniendo las redes asistenciales activas y garantizando que cualquier persona, esté en la situación que esté, pueda disponer de las atenciones básicas para una existencia digna. Preservarlos es cuestión esencial, para la que es preciso abordar su mantenimiento de forma práctica y realista, aunque sin desvirtuar su sentido. No ha de ser cuestión de suerte el que estos mínimos estén garantizados para todos, a la vez que es un orgullo que la sociedad, bien institucionalmente, bien a través de movimientos sociales, responda en favor de sus conciudadanos.

Un cierto optimismo

El pasado miércoles, Jaime Guardiola, el consejero delegado de Banco Sabadell, matriz del asturiano Herrero, desgranó en Gijón, en el marco del Fórum EL COMERCIO y ante casi dos centenares de empresarios y representantes de instituciones económicas del Principado, su visión acerca de la situación en la que nos encontramos con profundo conocimiento de causa y aplastante sentido común. Es evidente que el alto ejecutivo de la quinta entidad financiera española, y antes directivo de BBVA, representa a una de las partes con mayores implicaciones en la coyuntura actual y, como es natural, se debe a su empresa. Pero también lo es que la atalaya de su cargo y su capacidad de plantear un análisis objetivo convierten el suyo en un cualificadísimo diagnóstico que es obligado tener en alta consideración.
Guardiola ve la situación general «ligeramente mejor», con el mundo en su conjunto en crecimiento y EEUU encarando la recuperación. El mercado de capitales, por lo que afecta a España, experimenta una cierta «reversión» de sus tendencias que hace suponer que a partir de ahora mejoren las condiciones de financiación. «Y más cuando se active el rescate», vaticina, que prefiere denominar ‘línea preventiva’ –pues no es propiamente una operación como las de Grecia, Irlanda o Portugal– ya que el término posee «connotaciones de desprestigio» que no contribuyen a restaurar la imagen de España. En todo caso, la recuperación tardará aún en llegar, aunque predice para el final de 2013 la vuelta al crecimiento.
No tiene ninguna duda el consejero delegado del Sabadell de que «la economía se ha ajustado». El descenso de los costes laborales ha mejorado claramente la competitividad y, además, «no hay posibilidad de caídas mucho mayores». Porque el ajuste está siendo «brutal, mucho más de lo que sería bueno», y provoca la quiebra de empresas viables. La visión que ha prevalecido es la de restringir antes que la de «transformar la economía para hacerla competitiva».
El ejecutivo del Sabadell-Herrero da cuenta de la magnitud de la reconversión del sector financiero al resaltar que de 65 entidades vaya a quedar apenas una decena en la previsión más generosa, que algunos reducen a cuatro o cinco grandes grupos. Sin embargo, la permanente «sensación de que las medidas han ido llegando tarde», de que no han sido siendo suficientes, le ha dado al proceso un carácter de provisionalidad. También ve «difícilmente sustituible» por los bancos la función de las cajas de ahorro en cuanto instrumentos de construcción del tejido social del territorio.
Subraya Jaime Guardiola que «el crédito es necesario, pero no suficiente, ya que por sí mismo no soluciona nada». Antes deben venir los buenos proyectos y, después, la financiación que los empuje. El exceso de crédito, y la alegría en su dispensación, fue precisamente una de las circunstancias de las que nos llevaron a la crisis actual. El riesgo de que, una vez recuperada la confianza no haya crédito disponible es también real.
Sobre el impuesto a la banca que el Principado incluye en los Presupuestos de 2013, cuya institución anunció también el Ejecutivo de Rajoy con carácter nacional, considera que supondrá mayores «costes para los clientes». Aunque corresponde a los gobernantes la decisión sobre cómo obtener los ingresos, existe un «ambiente claro de mejorar la productividad de la Administración» como alternativa.
Un diagnóstico, en fin, que a la vez que realista, apunta señales de optimismo. Habrá que agarrarse a ellas.

Mudanzas

A punto de cumplir 105 años, llenos de actividad y de disfrute de la vida hasta última hora, no puede culparse al uso arrojadizo que unos y otros han hecho de la única obra de Oscar Niemeyer en España de un deceso atribuible a las propias leyes de la naturaleza. Sus escultóricas edificaciones le sobreviven ya, aunque él no diera tampoco más importancia, en su personal visión de la existencia, a la posterioridad, al hecho de perdurar más o menos, algo que quizá facilitó su longevidad. Confiemos en que el Centro Niemeyer, una vez que se solventen las contradicciones y se aclaren las acusaciones de la forma en que corresponda, las últimas entre quienes no hace tanto formaban parte del mismo equipo promotor, consiga atender las funciones para las que fue ideado. Natalio Grueso, su ideólogo y primer director, rompe hoy en EL COMERCIO y LA VOZ DE AVILÉS su silencio y explica pormenorizadamente a José María Urbano sus razones y lo que según él pudo ser uno de los proyectos culturales más importantes de España.

A unos centenares de metros de la cúpula blanca se alza el extremo más occidental del gran complejo industrial de ArcelorMittal, que extiende por los concejos de Gijón y Avilés los hornos altos y factorías. El acuerdo finalmente conseguido recoge la aceptación de los trabajadores de una sustancial reducción salarial y permitirá la reapertura del horno ‘B’, así como de la planta de galvanizado, al calor de los incrementos de producción previstos en el sector automovilístico nacional, lo que allana el presente del gran motor de la industria asturiana. Esperemos que, esta vez sí, las inversiones lleguen a término en esa gran maquinaria que es Arcelor y que pretende moverse con agilidad, pese a sus dimensiones, al ritmo que marca la batuta del mercado.

Mucho más lentamente, paralizado con el pinchazo inmobiliario que habían promovido las cuentas de la lechera, avanza el principal proyecto urbanístico que afronta Gijón desde hace una década, destinado a renovar una parte sustancial de su estructura urbana y agilizar sus comunicaciones con la zona central asturiana. El soterramiento de las vías, la entrada del ferrocarril a lo largo de la ciudad, la apertura de un nuevo espacio desde el oeste hasta el mismo centro, las edificaciones singulares previstas,… cuentan con un modesto plan alternativo, que pondría en uso una pequeña parte del túnel horadado bajo las calles. Algo habrá que ir haciendo, sí, pero la duda sobre si el proyecto no implica un aplazamiento hasta el olvido del plan inicial no se desvanece.

De mudanzas no entienden las posiciones que sostienen el Servicio de Salud del Principado y los médicos: tras dos meses cumplidos ya de huelga, las posturas se mantienen y la discusión sobre en qué proporción deben compensarse con descansos, además de dinerariamente, las horas de las guardias, obliga a suspender operaciones, aplaza consultas y pruebas, engorda las listas de espera y deteriora el clima profesional. Por separado cada una de las partes tiene sus razones. Ahora falta que las hagan casar, por sí mismos o buscando una mediación, para que no sean una vez más los pacientes, que también sufren sus particulares restricciones, quienes sigan pagando un pato que no es suyo.

El Comercio Digital

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