img
Ojodepez y a mucha honra
img
administrador | 19-09-2006 | 01:05

¿Qué es Ojodepez?
Es una parte hueca de un barco, una parte vidriosa de un pez, una parte deformada y objetiva de la realidad, un hatillo de cómics hetéreos y punto.
Y aparte.

Es un fanzine virtual casi siempre, on-line casi siempre, y gratis por vocación y por imposibilidad de ser otra cosa, como diria aquel.
Es un revuelto de aficionados que lo están o lo parecen (locos), y que lo demuestran casi siempre en un revuelto de cómics con el mismo condimento cada quince días: achicoria.
Juzguen ustedes mismos, se van a reír. La achicoria es lo que tiene. 

Ojodepez es además un reencuentro para mí con el mundo del cómic y su submundo, o sus inicios, una manera de pasarlo bien y seguir aprendiendo siempre. Es un esfuerzo encomiable y un logro de más de cincuenta y cuatro números y más de dos años, y lo que te rondaré morena. Es el cobijo ocasional de uno de mis personajes favoritos, Xixo, el central de toda esa peña de mini-personajes que se esconden, junto a otros muchos, bajo su oronda sombra.
Ojodepez, así, todo junto, es un caldo de cultivo de dibujantes estupendos y gente estupenda a la que frecuento poco hace demasiado y a la que hace mucho también le debía un rincón en el desván.
Es sobretodo y será un gran placer. Gracias tíos.

Sobre el autor Daniel Castaño
Por si a alguien le importa lo bastante como para reclamar, aquí presento las señas: Daniel Castaño, ilustrador, dibujante de cómics, humorista gráfico, farolero y ñoño practicante. Nací en el sur, allá abajo de casi todo, en un lugar tan chico como bien lindo al oriente de su homónimo cauteloso. Asturiano por parte de mi padre Aniceto y gallego de mi madre Amalia, adoptado por la tierrina hace tanto que ni me acuerdo. Estudié en la Escuela de Arte de Oviedo, y trabajé algunas veces aquí, en El Comercio, y algunas veces allá, en Gráficos y otros sitios perecederos. Ahora tengo treinta y unos cuantos, aunque me gusta aparentar que no me importa aparentar bastante menos de lo que me gustaría. En realidad allá por los 16 encontre mi cima, creo. Con eso y con todo me paso la vida dibujando. De chico pensaba que para cuando tuviera edad de merecer, podría ver los frutos de mi inversión en tanto tiempo perdido entre dibujos. Perdido, que no añorado. Cuando llegue a esa edad, se lo cuento.