El Comercio
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Autor: administrador
El Ñoño se anima
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administrador | 02-04-2011 | 5:10| 0

No, no se trata de un estado de ánimo, ni de New York tampoco. El ñoño se anima pero de otra manera, mucho más literal. Partiendo desde el principio nuestro niño del frondoso toupé trasciende su etapa meramente estática y empieza su carrera como actor de la animación, simulando movimientos a base de estarse quieto muy seguido y en distinta posición. Si quieren le ganamos un pasito a la imaginación, pues ya se movía en la mente de la gente en cada tira, página o cómic. Eso sí la voz tendrá que seguir paseando por la azotea de cada cual, pasito a pasito. Las tiras animadas son mudas-con-texto, en una variante (cogida por los pelos), de aquel maravilloso y primerizo cine popularizado por Charlotte, Lloyd y compañía.

¿Qué les puedo contar del ñoño como actor? Pues tiene sus asperezas, sus desplantes del divo novato. Ya se sabe que a esa edad uno no está preparado para el éxito de la gente que no lo mira. Debe costar un montón que de repente y sin venir a cuento la gente te quiera un montón, te pida firmas, te acose por las praderas, te arroje prendas de todo tipo vete a saber con qué poco ñoña intención. Así que sí, nos ha pedido un camerino de chocolate, cerezas en todas las habitaciones, un guacamayo que dé las horas cada cuarto de ellas, que todos los guiones estén en verso endecasílabo, tres tristes tigres comiendo pringles en el mismo salón y un largo etcétera. Estamos negociando pues al menos dos de sus exigencias nos parecen innecesarias y poder jugar a las damas con Bobby Fischer poco menos que improbable. A cambio resulta un artista del método, implacable en el trabajo de campo. Fíjense que la escena con la mariposa parece fácil, pero fácil hubo que repetirla más de sesenta y pico veces, las mariposas no son tan sencillo de amaestrar como pueda parecer a primera vista, no. Siempre un aleteo de más, un pétalo de menos, una muerte de más, un coleccionista de insectos de menos. Terrible. Pero al final todo confluyó en una obra con gran impacto emocional y visual, sin duda ninguna.

¿Es esta historia el comienzo de una serie? Quién sabe. Depende de mucha cosas, el deseo de un espíritu libre pertinaz, el peso omnipresente del vil pecunio, la lluvia caprichosa. Si la gente que no permanece permanece atenta es posible que vea algo moverse otra vez.

Y, ya saben, estará en falso 2D, que siempre ayuda.

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Un dibujo apátrida 2
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administrador | 28-05-2010 | 11:42| 0

suso

Por ahí ya comenté lo que estas imágenes sacadas de lo ajeno significaban. El hecho es que se quiera o no constituyen una buena parte de la profesión de ilustrador, están en nuestro orden del día. Y bien a gusto, al menos en la parte que me toca.

Si echamos un vistazo veloz podríamos sacar de ellas docenas de historias sin problemas, no hace falta poseer gran imaginación ni destreza poética. Cada una tiene la suya propia claro, pero no es mal ejercicio casi nunca dejar volar la imaginación. A veces ayuda empezar la casa por el tejado, que diría Fito. Y aprender de una bruja, también.

Todas las ilustraciones completan artículos, poemas o columnas periódicas. Sirvan para sacar lustre al desván que, admitámoslo, se me cae a cachos de puro moho. No dejaré más promesas de enmendarme, demostrado está que no sirven ni como efecto placebo. Al menos cada entrada va bien provista, menos da una piedra, se lo digo yo. Tienen toda la paciencia del mundo.

cultlunabello

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ramiro

wutaotzu

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Ñoñerías de papel 2
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administrador | 18-01-2010 | 10:56| 0

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Si hacen uds, gente que no está, acopio de valor, y en un acto de aplicado proceder le dan buen uso a la etiqueta más gorda del desván (“Tiras Dany El Ñoño”), podrán comprobar, entre otras cosas, que las ñoñerías en esta casa tenían una numeración cabal y bien ordenada. Sí, sí, la tenían. Una a una y siguiendo el juicioso dictamen del tiempo se iban sucediendo en procelosa continuación, cual pollitos tras su clueca progenitora, como debe ser. Pero pasó que entre despedidas, papelerías y felicitaciones las ñoñerías, ¡ay!, perdieron los papeles y ya no sabe uno ni cuantas van, ni cuentas quedan, ni a cuento de qué vienen algunas y ni te cuento por qué nunca se van otras.

¿Es esto grave? Casi nada de lo que pasa aquí lo es, y si lo es lo relativizamos en un periquete, que de filosofías de andar por casa vamos sobrados. Aún así me dio por calcular y deben ir fácil unas veinte y ocho tirando a vuelapluma. No están todas las que son pero de a poco van llegando. Entre ellas esta corta pesadilla de cuatro páginas que ya tuvo su preámbulo en una entrada anterior y que viene, una vez publicado el Ojodepez Nº9, a prometer lo cumplido.

Las pesadillas de Dany amenazan con convertirse en algo recurrente, con aparecer las veces que hagan falta para llenar el subconsciente ñoño de todos sus antagonismos, miedos y soluciones puerilmente absurdas. Es posible que recurra a ellas para escapar de la realidad que le toca, y hasta es probable que lo haga para no tener que enfrentarse a los sueños que anhela. Veremos más pesadillas pues pero no se asusten, que no asustan nada. Casi nada de lo que pasa aquí lo hace. Y lo que lo hace…

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Felices Fiestas :-)
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administrador | 15-12-2009 | 9:11| 0

 

tarnavidad09

No, hoy no pretendemos ser originales. Si fuera junio y la entrada fuera la misma, entonces sí, entonces sería una pretensión lógica. Pero las fechas son las que son y al contrario que las cosas, que lejos del dicho no son así sino como las hagamos, no admiten discusión alguna. Por tanto y por ellas toca felicitar, amar, abrazar, sonreír, besar y desear paz como si el cielo fuera a caernos sobre la cabeza mañana en hora diurna.

Y sí, el ñoño, poco original e iluso de corazón es propenso a dejarse llevar, de forma consciente  y decidida, por el frenesí de buena voluntad que ha de flotar en el ambiente. A veces flota un poquito alto, probad a saltar  dos o tres veces, sin miedo al ridículo, que lo bueno se hace rogar.

Sed felices, gente que no está 🙂

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Ñoñerías 17 a 22: La declamatoria
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administrador | 10-01-2008 | 8:50| 0

De incontinencia verbal sufrimos muchos, de hecho por sufrir la sufren los que tenemos al lado; otra cosa es que tengamos algo que decir, o que tengamos idea de lo que decir o de lo que decimos. El caso es hablar y meter baza, lo que no está nada mal ni nada bien ni todo lo contrario, es un ejercicio la mar de sano. Otra cosa (otra vez), es que uno se crea mucho lo que dice e intente convencer, adoctrinar, sectarizar al personal embuído de una onanista satisfacción por darse la razón a si mismo y que aspire al éxtasis cuando se la den los demás.
El ñoño peca de eso a veces, ante una sociedad que lo arrincona al incomprendido le sale la vena declamatoria absurda y postula cual párroco de pueblo al que todos miran pero nadie escucha su idea de la vida. No es para que le den la razón, no, eso está difícil. La razón es como el peluche que no soltaste hasta que eras demasiado grande para tener peluche y ahora vive en el trastero junto a los trastos de la teletienda: no la soltamos fácilmente ni la damos porque sí. No, como digo, el ñoño sólo quiere que le escuchen, casi nada. En los mundos de internet, que no se parecen a los de Yupi, es más fácil, aquí no te interrumpe ni el tato la perorata y no te lee ni el gato la perorata pero al menos uno se hace la ilusión de que lo escuchan, la ilusión de un ñoño que no quiere más que eso y, que además, sabe escuchar muy bien.
    

La primera tira de Dany el Ñoño salió publicada en el Nº74 de Ojodepez “Especial Censura”, y las que figuran a continuación y por ese orden en los números 69 “Impotencia”, 70 “Políticamente incorrecto”, 71 “Gñ”, 72 “Isra no quiere hacer este tema”, y 73 “Suicidios”.
No dejen de visitarlo amigos.

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Sobre el autor Daniel Castaño
Por si a alguien le importa lo bastante como para reclamar, aquí presento las señas: Daniel Castaño, ilustrador, dibujante de cómics, humorista gráfico, farolero y ñoño practicante. Nací en el sur, allá abajo de casi todo, en un lugar tan chico como bien lindo al oriente de su homónimo cauteloso. Asturiano por parte de mi padre Aniceto y gallego de mi madre Amalia, adoptado por la tierrina hace tanto que ni me acuerdo. Estudié en la Escuela de Arte de Oviedo, y trabajé algunas veces aquí, en El Comercio, y algunas veces allá, en Gráficos y otros sitios perecederos. Ahora tengo treinta y unos cuantos, aunque me gusta aparentar que no me importa aparentar bastante menos de lo que me gustaría. En realidad allá por los 16 encontre mi cima, creo. Con eso y con todo me paso la vida dibujando. De chico pensaba que para cuando tuviera edad de merecer, podría ver los frutos de mi inversión en tanto tiempo perdido entre dibujos. Perdido, que no añorado. Cuando llegue a esa edad, se lo cuento.