El Comercio
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FELICIDADES PAPÁ
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Cristina Tuero | 22-04-2016 | 14:51

Mi padre cumple hoy 87 años. Así, sin darse ninguna importancia. 87 años de mucha vida. Pero vida de las de antes. De penurias, de escasas oportunidades y, sobre todo, de mucho, mucho trabajo. Nació en 1929 en Quintes y su vida laboral ‘en serio’ empezaba recién cumplidos los 18 años y compró un camión. Vamos que comenzó siendo camionero o transportista. En el 50 cambió las carreteras por la mina, y durante tres años fue entibador, primero en Sotrondio y luego en La Camocha. Fue temporal y más bien enfocado a poder librar el servicio militar de la época que a convertirse en un experimentado minero. Cuando salió del interior de la tierra volvió a coger su camión para, a continuación, llegar a El Musel donde se encargó de hacer bloques de hormigón para la obra del puerto gijonés. Y de ahí a trabajar desde la base, como mozo de almacén, para diversas empresas como el Grupo IFA. Resumiendo: un auténtico currante al que nadie regaló nada.

Tampoco la vida le dejó muy tranquilo. En 1982, cuando contaba con 53 años, le sobrevino un infarto cerebral. El primero de unos cuantos. Algunos muy serios. Otros casi de trámite. Pero en sus últimos treinta años de vida ha tenido que pasar numerosas noches en diversos hospitales asturianos. Pero mira, ahí sigue. Riñendo con mi madre cada poco 🙂 Llevan juntos casi 59 años (los celebrarán en mayo), contra viento y marea. Cuando se jubiló por enfermedad contaba apenas 60 años y como nunca ha sabido estar sin trabajar se dedicó en cuerpo y alma a ayudar a mi madre en la pequeña tienda de ultramarinos que ésta regentó durante casi 30 años.

Yo a mi padre le llegué tarde. Tenía 44 años cuando vine a perturbar el perfecto discurrir de la familia. No estaba planificada. Pero llegué. Y creo que los hijos han sido siempre el auténtico motor de mi padre. A pesar de que esa vida que digo que no le trató bien les arrebató a su primera hija. A mi hermana, a la que no conocí, se le cruzó un tumor cerebral se en su vida con tan solo cuatro añinos. Mi padre lo sufrió desde Asturias porque mi madre se tuvo que marchar con ella a Madrid donde estuvieron ocho largos meses. Cada quince días, más o menos, mi padre iba a verlas. Al final, la perdieron. Fue muy duro. Pero tuvieron que seguir adelante. Para compensar, dos años después, llegó mi hermana, y un poco más tarde mi hermano. Pero, faltaba la sorpresa. Vamos, faltaba yo, que decidí pasarme por aquí 15 meses después de mi hermano para que pudieran estar entretenidos.

No creo que haga falta añadir más. Que Corsino cumple 87 años. Que ha vivido la vida intensamente. Que lo sigue haciendo. Y que si primero fueron sus cuatro hijos, ahora son sus tres nietas las que le hacen aflorar la sonrisa en su cara. Y que, ojalá, la herencia que pueda dejar hoy a mis dos hijas sea la misma que él me va a dejar a mí: que en la vida hay que ser humilde y una buena persona, que el respeto lo da un simple ‘por favor’ o un ‘gracias’ y que es un gran valor, y que para prosperar no hay mejor truco que trabajar, trabajar y trabajar. ¿Quién necesita cosas materiales cuando tiene este gran legado a su alcance?

Papá, ¡¡¡felicidades!!!

 

 

 

 

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