El Comercio
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Fecha: enero, 2015
Bienvenido Mr. Fernández
Antonio Ochoa 31-01-2015 | 10:28 | 0

No sé si se acuerdan de Berlanga y de aquel Plan Marshall creado para ayudar a la Europa devastada por la guerra. El supuesto “plan para salvar el Suroccidente” me recuerda la película. Por supuesto, nuestro rincón de Asturias está bastante devastado por decenios de abandono, con una economía en estado terminal y una población en fuga y necesita un plan de futuro. Mucha gente viene diciéndolo desde hace años y pidiendo que se haga algo para rescatarnos del olvido. Pero pretender empezar a arreglarlo todo ahora, a cuatro meses de las elecciones no es una respuesta a tantas plegarias, es simplemente un escarnio más. Tal vez en estos tres años de mandato no les dio tiempo a enterarse de que existíamos. Al fin y al cabo, somos pocos y estamos lejos. De hecho, hasta ahora no se han dejado ver mucho por aquí ni han hecho nada que valga la pena por la zona. Probablemente estaban convencidos de que un puñado de votos más o menos no tendría importancia. Pero ahora ven peligrar sus amados sillones después de tanto tiempo y les entran los sofocos y las prisas. La perspectiva de pasar del despacho y la Visa a la cola del paro tiene que ser aterradora.
Así que se han reunido todos los potenciales parados y nos han lanzado su oferta: “Pida usted lo que quiera, que le diremos que sí. Le prometeremos lo que usted quiera. ¡Pero, por favor, vótenos! Nunca hemos trabajado y no sabríamos cómo hacerlo”. Es un mensaje enternecedor; sin embargo, no consigo que me den pena. Quizás sea porque ya me han tomado el pelo demasiadas veces y casi no me queda. Quizás sea porque me encantaría ver a algunos volver al mundo de los mortales. Quizás sea porque, cuando me preguntan qué podrían hacer nuestros políticos para mejorar esta región, lo único que se me ocurre es que los que robaron lo devuelvan. Eso sí que sería un buen plan.

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¿Qué les habremos hecho?
Antonio Ochoa 21-01-2015 | 5:12 | 0

Si alguien te pisa una vez, lo consideras un mero accidente y lo olvidas; si te vuelve a pisar, miras a ver quién es tan torpe; pero, si sigue pisándote, está claro que va a por ti. Esto es lo que sucede en el reciente caso del ganadero multado por llevar leña en el tractor. No dudo que los que crearon esa ley tienen un cochazo oficial y un todoterreno privado para los fines de semana, pero aquí las cosas no son así y cualquiera que haya olido a “cuito” alguna vez lo sabe. El tractor que hay se usa para todo y no parece muy lógico cambiarle el gasoil para bajar al chigre a comprar. Esto es el campo asturiano, no un rancho de California.
Si este hubiese sido un caso aislado, podría pensarse que no fue más que un desdichado incidente debido a una mala redacción de las leyes y a un exceso de celo en su aplicación. Pero ha habido muchos más. Ha habido multas por espantar a los jabalíes de los sembrados (los pobres acaban estresadísimos), por cortar un palo para “guiada” (hay que destruir un árbol entero para fabricar los papeles que te piden para poder cortar una rama) y por muchos otros motivos igual de estrambóticos. No puede ser accidente, ni siquiera torpeza, es que van a por nosotros.
¿Y qué les hemos hecho? Pues existir. El grupo de iluminados que se ha instalado en el poder pretende convertir las alas de Asturias en reservas, desalojando a los paisanos e intenta hacerles la vida imposible. Además, hace falta mucho dinero para mantener todos esos chiringuitos que les permiten vivir como reyes y tiene que salir de nuestros bolsillos. Por eso, los agentes de la autoridad son más recompensados por tener contenta a Hacienda que por proteger a los ciudadanos. Sumen todo eso y sabrán por qué hay que ir con la cartera preparada.

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Cuatro carriles
Antonio Ochoa 16-01-2015 | 5:33 | 0

Ya se habían secado los ríos de tinta que corrieron sobre la suspensión de la Autovía del Suroccidente y ahora nueva tinta vuelve a caer sobre aquella. Cierto es que el papel lo aguanta todo, pero también lo preserva. Antes de que el asunto se convierta en una de esas charcas electorales sobre las que se vierte toda clase de basura, repasemos las hemerotecas virtuales y las anteriores posturas de cada uno. Esta es una región donde los principales partidos son sucursales, la sumisión te ayuda a trepar y la crítica te hunde. Cuando gobernaba el PP en Madrid, la “izquierda” asturiana criticaba el ritmo de las obras y la “derecha” ovacionaba. Cambiaron las tornas, llegó Pepiño Blanco a inaugurar un trocito y a decirnos que el resto se paraba “sine die” y aquellos mismos que protestaban porque iba despacio, fueron a lamerle lo que hubiera menester sin decir ni “mu” (sólo “beeeee”). Y cuando Cascos creo su partido, los ovacionadores del PP se convirtieron en vituperadores y la autovía dejó de ser para ellos tan genial.
Olvidemos, pues, la demagogia y el politiqueo y vayamos a los hechos. La autovía tiene un indudable impacto positivo en las comunicaciones. Sin embargo, sus cuatro carriles son, precisamente, los que hacen más dudoso su impacto sobre la economía; porque dos de ellos traen, pero los otros dos llevan. Si ahora mismo fuese sencillo vivir en Oviedo y trabajar en nuestra zona y viceversa, ¿serían más los que fuesen que los que viniesen? Si los hoteles del centro pudieran usarse de base para visitar el suroccidente y viceversa, ¿aumentarían las pernoctaciones en nuestros establecimientos? Para que la autovía sea en verdad beneficiosa tenemos que trabajar coordinadamente para aumentar el atractivo de nuestra comarca para personas y empresas y tenemos que empezar a hacerlo ya. De lo contrario, esta nueva vía (si llega) no servirá para alimentar nuestra economía sino para acabar de desangrarla.

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Transiciones
Antonio Ochoa 07-01-2015 | 11:25 | 0

Durante el año pasado hemos asistido a una nueva vuelta de tuerca en esa larga serie de transiciones que han sido nuestros último medio siglo. En los setenta, los españolitos habíamos pasado de ser niños asustados a adultos reivindicativos y esa fue la verdadera primera transición. Fue el poder de la calle y no ninguna milagrosa conversión de los franquistas en demócratas lo que acabó con la dictadura. Entonces, una plaga de trepas encabezada por Felipe González se abalanzó sobre las instituciones, echó a todos los que habían luchado altruistamente por la democracia y nos convenció de que nos relajásemos, disfrutásemos y dejásemos la política en sus manos. Los españolitos pasamos de defender nuestros derechos a ser meros usuarios y esa fue la segunda transición. Así pudieron sobornar, infiltrar o destruir todas las organizaciones sociales existentes hasta dejarnos totalmente desarmados en sus manos. Después llegó Aznar con los suyos y nos explicaron que, si nos convertíamos en especuladores, todos seríamos ricos. Así que los españolitos dejamos de ser ciudadanos y nos pasamos a ser individuos insolidarios dispuestos a triunfar a cualquier coste. Esas fue la tercera transición.
Y llegó la crisis y esta enorme estafa piramidal se vino abajo. Nos dimos cuenta de que habíamos sido los primos en un gigantesco timo de la estampita y que nos lo habían robado todo. Con el desengaño llegó la rabia y la impotencia. Miramos alrededor y descubrimos que no había a quién acudir, que estábamos rodeados de contaminación política por todos lados. Y, poco a poco, como medio siglo antes, se empezaron a oír voces sueltas llamando a la acción. Voces que se convirtieron en coros y se unieron en masas corales. Durante este año pasado, los españolitos fuimos dejando de ser víctimas inermes y volvimos a ser ciudadanos reivindicativos. Esta es la cuarta transición (u otra vez la primera) y espero que esta vez sí, por fin, consigamos crear entre todos un país democrático.

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