El Comercio
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Fecha: febrero, 2015
Degaña
Antonio Ochoa 28-02-2015 | 9:55 | 0

Cuando viajo junto a ese riachuelo rodeado de prados y envuelto en bosques salvajes hasta donde alcanza la vista, pienso que el “Paraíso Natural” tiene aquí su razón de ser. Cuando repaso en mi memoria la interminable sucesión de noticias negativas que han afectado a este rincón de Asturias en los últimos años, pienso alguien quiere convertirlo en un infierno. Todos los concejos del suroccidente han sufrido durante décadas los efectos de una reconversión salvaje de la que la actual crisis es sólo un capítulo más. Bajo el pretexto de integrarnos en Europa, la ganadería primero y la minería después fueron casi erradicadas. El resultado de ello es que ahora importamos filetes de mentira y carbón malo, haciéndonos más pobres, y exportamos jóvenes preparados para que hagan más ricos a otros países.
El concejo de Degaña, más pequeño, alejado y dependiente de estos recursos, sufrió con especial intensidad el proceso. La reconversión (demolición) de la minería fue especialmente sangrante; una disparatada sucesión de despropósitos cuyos responsables, parece ser, se van de rositas. Una gestión empresarial que confundía el suroccidente con Sudáfrica y una gestión política que confunde el Principado de Asturias con el de Mónaco, han dejado la minería en una situación casi terminal. Aunque consiga recuperar algo, ya no volverá a ser lo que era. Y, para rematar, aquellos fondos mineros que tendrían que habernos ayudado a salir a flote se invirtieron en hormigón y asfalto que, sin duda, producen substanciosos beneficios políticos y económicos a los gobernantes, pero muy poca riqueza para los gobernados.
Por eso, los jóvenes y mayores que salen a reivindicar el bachillerato para Cerredo cuentan con mi apoyo. Pero les animo a que no se queden ahí, a que sigan reivindicando un futuro en Degaña más allá de los estudios. Porque, de lo contrario, el año en que terminen bachiller será el último que pasen en su tierra fuera de las vacaciones.

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Fantasía y Ciencia Ficción
Antonio Ochoa 24-02-2015 | 5:44 | 0

Dentro de poco saldrán los programas electorales de los distintos partidos políticos y ya han empezado a soltar avances para ver si nos animamos y los compramos. Este tipo de obras genera bastante controversia entre los especialistas. Aunque todos están de acuerdo en englobarlos dentro de la ficción literaria, a la hora de determinar en cada caso concreto si es fantasía o ciencia ficción surge el desacuerdo. La diferencia entre una y otra es tenue y en muchos casos se mezclan. Para ayudar a nuestros lectores podría decirse (como receta casera, no como norma) que si aparecen extraterrestres y naves espaciales es ciencia ficción y si aparecen magos y tipos peleando con espadas es fantasía. La primera exige cierto respeto por las leyes científicas y cierta verosimilitud que la segunda suele pasar por alto. Intentemos verlo en algún caso concreto.
Podemos, por ejemplo, intentar catalogar el cuento de la autovía de La Espina. Está claro que la primera parte, la finalización de las obras empezadas, pertenece a la ciencia ficción. Es posible e, incluso, verosímil que podamos llegar a verla en un futuro no demasiado lejano. La segunda parte, su prolongación hacia la costa, la meseta o ambas, ya es harina de otro costal. Aquí dependerá mucho del enfoque que se le dé. Si se enmarca dentro de un futuro donde una nueva especie de políticos dedica el dinero de los impuestos exclusivamente a mejorar la vida de los ciudadanos, es (queremos creer) ciencia ficción. Si se enmarca, en cambio, en un futuro donde los responsables de la actual corrupción generalizada se convierten a la honradez y persiguen el fraude, entonces es fantasía pura.
Durante estos meses nos habremos de soportar una avalancha de cuentos de este tipo y, para no perder el buen humor, puede resultar divertido intentar determinar a cuál de los dos géneros pertenece cada uno de ellos. Les animo a que lo hagan.

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Nieve
Antonio Ochoa 13-02-2015 | 8:43 | 0

Como sucede en la mayoría de las cosas de la vida, el recuerdo que nos quedará de esta “nevadona” dependerá mucho de que la hayamos disfrutado o la hayamos sufrido. Para todos aquellos que hayan tenido que limpiar carreteras, alimentar a sus reses aisladas o abrirse camino para satisfacer sus necesidades básicas, su final es un alivio. Los niños que se han divertido tirando bolas y haciendo muñecos, las televisiones que han llenado horas de emisión con baratas imágenes de nieve, las estaciones de esquí y negocios paralelos que temían pasar un año en blanco, los whatsapperos y facebookeros que se han hinchado a hacer y mandar fotos, esperarán anhelantes por otra. He de decir también que los servicios públicos han funcionado con sorprendente eficiencia y que no se vieron desbordados más allá de lo razonable.
Y ahora que se anuncia sol en nuestro futuro climatológico, gruesos nubarrones se ciernen sobre nuestro futuro político. El frente de bajas presiones del caso Villa, que se estaba diluyendo, se ha tropezado con el frente de altas presiones del caso Musel que, después de años enfriando en Bruselas, viene cargado de granizo. Las isobaras están tan juntitas en el mapa que no caben más y todas en alto, preparadas para dar leña. El Gobierno Autonómico ha empezado a repartir palas y palos entre los potenciales afectados antes de que sea tarde. El Sr. Areces, que se había refugiado en Madrid, está preparando el paraguas por si le alcanza allí. La televisión asturiana ha empezado a enviar a sus reporteros por todo el mundo a ver si aparece una buena guerra o alguna catástrofe que les evite el bochorno de tener que tapar la noticia con reportajes folclóricos. Y nosotros esperamos ansiosos la oportunidad de mandarnos chistes sobre el tema por Whatsapp y de ver como algunas bolas de nieve bien apretadas se estrellan en determinadas narices que llevan demasiados años mirándonos desde arriba.

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Omisión de investigación
Antonio Ochoa 06-02-2015 | 10:06 | 0

Decía un amigo que ahora no hace falta ir al circo para divertirse, la actual comisión de investigación del caso Villa es suficiente. Claro que sería más gracioso si fuésemos meros espectadores y no, como es el caso por desdicha, los payasos pobres que acaban recibiendo todas las tortas que se pierden. Esos fondos que tan alegremente se repartieron unos cuantos tendrían que haber servido para crear industrias y haber evitado el actual desastre. Aparte de eso, la cosa no tiene desperdicio. Resulta que todos parecen asumir sin reparos que Villa, que puso y quitó a su antojo en esta región durante décadas, era, en realidad, un capo mafioso. Ahora bien, cuando alguien se dedica a saquear la caja, sólo quiere alrededor suyo dos clases de gente: los que cierran los ojos y los que ponen la mano. Cada uno de los que ascendieron apoyados por él es, por tanto, sospechoso de pertenecer a una de estas categorías y debería dar unas largas explicaciones.
Tal vez hayan escuchado ustedes el chiste (existen muchas versiones) del individuo que dice a voces en un bar: “En Argentina no hay más que corruptos y futbolistas”. Un tipo grande como un armario se le encara enfadado y le espeta: “¡Oiga, que mi abuelo es argentino!” El sujeto ve su tamaño y le contesta rápidamente: “¡Ah! ¿Y en qué equipo juega?” Me pregunto en qué equipo han estado jugando los componentes y comparecientes de la famosa comisión durante todos estos años.
Hasta la etimología es engañosa en esto. Uno pensaría que “comisión parlamentaria” significa “grupo de parlamentarios que se reúne para comer”. Pero no, “comisión” no viene de “comer”, sino de “cometer”. Lo que cometen no está claro; pero, desde luego, no es una investigación seria sobre los fondos mineros. Si lo fuese, tendrían que celebrarla en el Tartiere para poder usar uno de los fondos como banquillo de los acusados.

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