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Fecha: julio, 2015
Mosqueo público
Antonio Ochoa 29-07-2015 | 8:01 | 0

Imaginemos que un montón de moscas deciden veranear en nuestra casa. Probablemente resolveremos el problema mediante la combinación de un arma de destrucción masiva, tipo insecticida, y un arma más selectiva, tipo paleta de plástico. Con quince euros de material y una hora de dedicación semanal, arreglado. Ahora, imaginemos que esto sucede, por ejemplo, en una dependencia municipal. Alguno de los trabajadores afectados podría intentar arreglarlo por el método y coste anteriores, pero corre el peligro de ser sancionado por excederse en sus funciones. Lo más probable es que se presente una queja en la junta de personal y, en este punto, los costes se disparan.
Para empezar, hay que hacer una valoración del problema para lo que se contrata a la empresa Contabilidad Volátil, casualmente propiedad de un primo de la alcaldesa. El coste son doce mil euros distribuidos como sigue: mil novecientos de dos comidas de trabajo de la corporación, los sindicatos y la empresa (a base de marisco, por supuesto, que también son invertebrados); cinco mil de viajes para tres personas con todos los gastos pagos a Punta Cana, para observar las moscas caribeñas; cinco mil de margen empresarial y cien para el autónomo que subcontratan para contar las moscas. Tras meses de arduo trabajo, se presenta un informe de cien páginas, noventa y ocho de la Wikipedia, una de portada y una de conclusiones, donde dice que, efectivamente, hay muchas moscas y que, efectivamente, vuelan de un lado a otro sin ningún respeto.
Localizado por fin el problema, hay que buscar una solución por lo que se encarga un proyecto a la empresa Estudios Alados, casualmente propiedad de un alto cargo regional del partido, con su correspondiente estudio de impacto ambiental, sus medidas de contención biológica, sus medidas para la protección de la araña roxa y demás. El coste, otros doce mil; la distribución del dinero y el método de elaboración, igual que el anterior. Y la cosa no acaba aquí…continuará.

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Números
Antonio Ochoa 22-07-2015 | 9:57 | 0

Durante estos días me ha tocado varias veces satisfacer la curiosidad de medios de comunicación y visitantes foráneos sobre La Descarga y me hacen gracia las insistentes preguntas sobre cantidades. Puede ser que el actual bombardeo de informaciones dispares nos empuje a reducirlo todo a números para poder asimilarlo rápidamente, aunque eso es como pedir el potaje en puré para poder tragarlo sin masticar. Tal vez nos han engañado tantas veces con palabras que sólo confiemos en las cifras. “Los números no engañan”- dicen y es cierto, Pero la gente que los emplea sí y no sólo cuando los usa seguidos del “%”. Una cantidad cualquiera, sin el contexto adecuado, es, como mucho, media verdad.
Por eso, cuando hablamos de La Descarga, las cantidades son irrelevantes. Creemos, como Sabina, que no debe reducirse todo al sistema métrico, que los sentimientos y las sensaciones, los pensamientos y las emociones, son más importantes. En realidad, ni siquiera usamos el sistema decimal para los voladores, que cumplen su ciclo vital agrupados en docenas. ¿Cuántas? Pues todas las necesarias para llenar las máquinas, los brazos de los apurridores y el corazón de los cangueses. Ni más, ni menos. Todas cuidadas, mimadas, como aquí sabemos hacer. De hecho, esa es la diferencia que a tantos intriga: “Un cohete es un volador falto de cariño”.
“¿Cuánto dura La Descarga?” – me preguntan también. Pues como la vida misma, una eternidad o un suspiro, que el tiempo es una medida subjetiva, como bien explicó Einstein después de pasar por Cangas un 16 de julio. Cuando apenas hemos terminado de disfrutar del olor de la pólvora de una y ya estamos comentando cosas que se podrían mejorar, estamos empezando la siguiente. ¿Y cuánto cuesta? Pues nada, cualquier cantidad de dinero, cualquier cantidad de sudor, se olvida cuando la Virgen del Carmen se detiene en mitad del puente y el mundo deja de girar por un instante, conteniendo el aliento. La calculadora no puede explicar nada de eso.

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Entre peñas
Antonio Ochoa 13-07-2015 | 10:47 | 0

Casi sin darnos cuenta nos hemos metido otra vez en el Carmen. Las camisas de las peñas abandonan los armarios tras su largo reposo invernal y las medallas de Artesanos y Bienhechoras salen de los cajones. Las calles se llenan de caras nuevas de visitantes, que se vuelven para mirarnos con curiosidad cuando pasamos luciendo orgullosos nuestro uniforme festivo. Nosotros también miramos aquí y allá buscando de nuevo las caras de los viejos conocidos que retornan. Las terrazas se llenan de nostalgias y recuerdos compartidos, noticias viejas y nuevas, compuestas, caipiriñas con sabor brasileño y vino de Cangas con el sabor de nuestra tierra.
Los eventos se van sucediendo como hitos en un camino que nos lleva a la cumbre, al 16 de julio, a La Descarga. Tenemos un anticipo, un aviso, la noche de San Pedro con la tradicional fiesta de El Arbolón, cuando se coloca el árbol que se erguirá como centinela durante todas las fiestas delante de la capilla de Ambasaguas. Después llega el 7 de julio, primer día de novenas, día en el que la Sociedad de Artesanos entrega su Medalla de Oro y día en el que todos nosotros empezamos a ponernos la nuestra como símbolo de lo que somos y declaración de intenciones (que suelen ser una versión más o menos inmoderada del tradicional: “comer, beber y mirar por lo que hay”). En ello estaremos hasta el 14, inicio oficial de las fiestas y en ello seguiremos hasta la Jira a Santana de 22, cuando terminan.
Y, por encima de todo, la pólvora, llenándonos la nariz con su aroma; los ojos, con su luz; los oídos, con su música; la boca, con las palabras, las interminables y recurrentes discusiones. La pólvora llena nuestros sentidos, nuestros corazones y nuestros pensamientos. Nos junta, nos baraja y nos reparte por todos los rincones de la villa. Emborrachémonos pues de pólvora, amistad y alegría, disfrutemos de las fiestas y, sobre todo, que ” nun se manque nadie”.

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Costumbres
Antonio Ochoa 13-07-2015 | 10:46 | 0

Tomar decisiones exige tiempo y esfuerzo y te arriesgas a equivocarse. Decidir cada paso, sería agotador e ineficiente. Para evitarlo, tenemos hábitos y costumbres que nos hacen la vida diaria más sencilla y nos permiten, en teoría, concentrarnos en las cosas importantes. La rutina, a pesar de sus connotaciones negativas, es imprescindible en nuestras vidas, pero debe ser utilizada con criterio y revisada cada cierto tiempo. Si el daño que nos produce un hábito a largo plazo es muy superior al beneficio, es un vicio que debe ser evitado. También puede suceder que un cambio en las circunstancias convierta una costumbre saludable en dañina. Y, por supuesto, es muy mala idea dejar que la rutina se instale en ámbitos en los que es imprescindible nuestra atención continuada, como muchas parejas han aprendido, a su pesar.
No sólo hay, por tanto, vicios de consumo. Tenemos vicios cuando nos movemos y cuando estamos quietos, cuando estamos sólos y cuando nos relacionamos. Y tenemos vicios cuando votamos, mucho más perjudiciales para la salud de la sociedad que el tabaco o el alcohol. El destino de nuestro país, es decir, nuestro destino y el de la gente que queremos, merece que le dediquemos nuestro tiempo y nuestra mente. En un mundo cambiante y muchas veces hostil, votar por rutina, costumbre o tradición es un vicio que causa más molestias a los que nos rodean que el humo de los cigarrillos. Votar a “los tuyos” sin preguntarte que tienen de “tuyo” unos individuos que viven a tu costa, te sangran, te mienten, se ríen de ti, sólo te hablan cuando te necesitan y, de todo lo “tuyo”, sólo les interesa ” tu” voto y “tu” dinero es más dañino para los que son “tuyos” de verdad, “tu” familia, “tus” amigos, “tus” vecinos, que la bebida. Ya es hora de dejar los malos hábitos y, para elegir papeleta, poner en la balanza a unos “nuestros” y a los otros. Los que nos rodean lo agradecerán.

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