El Comercio
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Fecha: enero, 2016
Sobre tocapelotas y sacacuartos
Antonio Ochoa 26-01-2016 | 6:38 | 0

Cada mandamás que se deja caer por estos rincones se explaya sobre la necesidad de evitar que los pueblos se mueran y que las explotaciones agrarias desaparezcan. Pero, después de acunarnos con discursos, retornan a su cómodo sillón parlamentario, se ponen a legislar y causan más estragos que cien incendios y trece años de sequía. Porque no es que las normas que dictan sean inútiles, al contrario, sirven para algo: para dejar nuestra comarca completamente desierta.Desde luego, nadie espera que esta gente cumplan sus promesas, pero, cuando las acciones y las palabras siguen caminos tan opuestos, resulta sospechoso.
Dos clases de cargos políticos afligen la administración con resultados devastadores: los burócratas inútiles que necesitan una montaña de papeles tras la que ocultar su ineptitud y los corruptos que necesitan un montón de dinero para saciar su codicia. Para satisfacer a unos y otros se promulgan cada día dos tipos de leyes: las “tocapelotas” y las “sacacuartos”. Un ejemplo lo ilustrará mejor. ¿Anda usted resfriado y sale una norma que le exige presentar un certificado médico para poder sonarse por la calle? Eso es claramente “tocapelotas”. En cambio, si tiene que sacar un permiso de mocos, más caro cuanto más espesos y verdosos sean, es puro “sacacuartos” y, si le obligan a pagarse un curso para obtener un carnet de manipulador de narices, es una mezcla de ambas.
Espero no estar dando ideas, porque cosas más absurdas se han visto. ¿Piensan que exagero? ¡Pregunten a cualquiera que haya intentado hacerse una casa en un núcleo rural sobre el calvario que le hicieron pasar y sobre lo que le costó conseguirlo! ¿Todos estos papeles, permisos, requisitos y trámites sirven para evitar que los pueblos desaparezcan o para todo lo contrario? ¡Pregunten a un ganadero sobre la cantidad de cursos, papeles y zarandajas que le obligan a tener! ¿Son tan estrictos con la carne y la leche importadas? ¿Ayuda esto a que nuestras explotaciones sean más competitivas o las empuja al cierre? ¿Daño colateral o propósito? ¡Decidan ustedes!

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Escuelas
Antonio Ochoa 26-01-2016 | 6:38 | 0

Según un reciente informe, existe gran número de edificios, propiedad de diferentes administraciones, a los que no se da ningún uso y presentan diversos grados de deterioro. El mayor número de ellos corresponde a escuelas rurales y nuestro suroccidente es una de las zonas en las que más abundan. Nada sorprendente, por cierto, porque su destino es un fiel reflejo de la deriva de nuestra comarca. Muchas de ellas fueron hijas de aquella emigración a América que se llevó a tantos jóvenes a buscar una vida mejor en otras tierras y los devolvió después, ya maduros, a intentar traer una vida mejor para la suya. En ellas convivieron las aulas llenas con los estómagos vacíos. Eran tiempos en los que la educación no era vista como una obligación ni como una atadura, sino como un afortunado privilegio que te permitiría liberarte de la miseria.
Sin embargo, la misma emigración que había contribuido a construirlas fue llevándose a la mayoría de la población joven con la consiguiente caída de la natalidad. Y entonces llegó la administración a poner su granito de arena, primero con una política de centralización de servicios catastrófica que se llevó a los niños pequeños de los pueblos, contribuyendo a romper sus vínculos, y, después, con una brutal reconversión agraria y ganadera que se llevó toda esperanza de futuro. Así, con los niños concentrados en la villas y los jóvenes concentrados en las ciudades, los pueblos y sus escuelas fueron languideciendo poco a poco. Nadie se acordó de ellas, porque eran mucho más rentables políticamente y (demasiado a menudo, por desgracia) económicamente las grandes inauguraciones que las pequeñas reformas y todo el mundo buscaba el beneficio inmediato sin pensar más allá. Las consecuencias de todo aquello las tenemos ahora aquí: aquellos grandes proyectos sólo sirven ahora de mausoleo para los millones que allí se enterraron y las escuelas se están cayendo a trozos. No pierdo la esperanza de que algún día despertemos del letargo y pongamos manos a la obra para recuperarlas junto con nuestros pueblos.

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Tiempos y fotos
Antonio Ochoa 17-01-2016 | 11:14 | 0

Pocas cosas hay que nos hagan más conscientes del rápido paso de los años que los cambios de cifra. Uno se acostumbra a acostarse ayer y levantarse mañana, pero ver cómo, en doce campanadas, pasas del 2015 al 2016 te hace pensar. Te hace darte cuenta de que el tiempo se te escapa de entre las manos y de que hay que vigilarlo estrechamente. Por eso, uno de los regalos publicitarios más típicos de esta época son los calendarios que, al igual que esas máquinas de fichar que hay en la entrada de algunas empresas, sirven para asegurarte de que el año viene a trabajar todos sus días y de que no te escamotea ni uno.
Como cualquier producto de marketing, un calendario ha de llamar la atención al tiempo que hace visible al patrocinador: una imagen del portón de la empresa con el logo y el letrero puede cumplir la segunda función, pero difícilmente la primera. Además, ha de estar adecuado a sus destinatarios: una foto apropiada para un taller mecánico podría no serlo para una tienda de ultramarinos. Por supuesto, esto rige también para las instituciones, como bien parecen saber en el Ayuntamiento de Allande, pues su calendario cumple todos esos requisitos.
Han conseguido huir de las tentaciones de la carne y del autobombo (no hay fotos de ediles macizos ni de inauguraciones) e, incluso, han evitado caer en el tópico del paisaje, centrándose en el paisanaje y su intrahistoria. Maestras, guisanderas y choferes, personas sencillas y queridas que nunca aparecieron en los grandes titulares, pero que dejaron su impronta en el corazón de los allandeses. Conozco (o conocí, ¡ay!) a muchos de los que aparecen en sus hojas: maestras ilusionadas y alumnos curiosos mirando risueños a una cámara muy anterior a las selfies; cocineras de lujo bregando en humildes fogones; héroes del volante de cuando cualquier viaje era una aventura. Ver esas fotos me llena de recuerdos y de agridulce nostalgia y no puedo por menos que aplaudir desde aquí la iniciativa.

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Goteras
Antonio Ochoa 08-01-2016 | 11:21 | 0

Si el secreto de un buen retejador es hacer una gotera nueva cuando tapa las viejas, nosotros nunca obtendremos el título. El año nuevo empieza con las mismas goteras que el antiguo, convertidas con el tiempo en auténticos boquetes. No hemos echado fuera la crisis. No la notamos tanto porque nos hemos acostumbrado a convivir con ella, como si fuera una más de la familia. Pero ahí sigue, a pesar de las macrocifras maquilladas y las microcifras resignadas, devorando nuestro estado de derecho después de haberse tragado el del bienestar y abriendo un abismo cada vez mayor entre los que tienen y los que no. Un enorme agujero en nuestro techo, cuyas exigencias llevamos demasiado tiempo tolerando mientras esperamos que desaparezca por si sólo.
Tampoco hemos arreglado el tema de Cataluña, que empezó como una pequeña mancha de humedad en nuestra constitución y, décadas de chapuzas después, se ha convertido en una catarata (en ambos sentidos: inunda la actualidad política e impide ver con claridad). El tiempo es quizás un buen médico para los resfriados, pero es un mal dentista y lo de Cataluña no es una gripe, es una caries. Esperar que se cure sólo no hará más que empeorarlo. Esto por supuesto, beneficia electoralmente a los nacionalistas y xenófobos de allí y de aquí, pero no creo que a los ciudadanos corrientes de ambos lados les parezca bien. Probablemente, como sucedió antes en Escocia o en Quebec, el tan anatemizado referéndum podría ser un buen inicio para poner a cada uno en su sitio.
Y tampoco hemos conseguido regenerar la vida pública de nuestro país, expulsando a la parasitaria “clase política” existente y recuperando el control sobre nuestra democracia. Nos ha faltado el coraje para completar esta necesaria “segunda transición” y nos hemos quedado a medio camino, que es lo mismo que en ninguna parte. Espero que en este año nuevo que empieza pongamos manos a la obra para solucionar todas esas goteras que nuestro pobre y querido país soporta, porque nadie las arreglará por nosotros.

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