El Comercio
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Fecha: abril, 2016
Disidentes
Antonio Ochoa 21-04-2016 | 10:18 | 0

Hace un montón de años, nuestros antepasados cavernícolas vivían en plena comunión con la naturaleza. Se conformaban con lo que encontraban, soportaban el frío en invierno y el calor en verano y pasaban la mitad del tiempo persiguiendo animales y la otra mitad huyendo de ellos. Llevaban una vida totalmente ecológica y aquellos afortunados que no acababan congelados, famélicos o en la barriga de un lobo morían tranquilamente de viejos a los cuarenta. Era un mundo sencillo, sin las complicaciones del mundo moderno. Hay bastante gente a la que gustaría que las cosas volvieran a ser así y yo no tengo ningún inconveniente. Ningún inconveniente, quiero decir, en que vuelvan ellos. Por lo que a mí respecta, prefiero renunciar a tanta salud y morir a los noventa por culpa del colesterol producido por mi mala vida.
Desgraciadamente, la gente que está en posesión de la verdad no soporta a los disidentes. Hace un montoncito algo menor de años, nuestros antepasados medievales creían firmemente que este mundo era un valle de lágrimas en el que había que sufrir todo lo posible para ganarse el derecho al paraíso. “¡Allá ellos!” – dirán ustedes. Pero las cosas no eran así. Aquellos creyentes no se conformaban con flagelarse a sí mismos. Creían tener el derecho a decidir sobre la vida ajena y, si alguien parecía disfrutar un poco más que ellos, rápidamente lo quemaban a la hoguera para público escarmiento.
“¡Qué suerte vivir en unos tiempos más civilizados!” – dirán ustedes. Pero las cosas no son así. El número de creyentes en las más dispares causas crece día a día y siguen creyéndose en el derecho de decidir sobre la vida de los demás. Afortunadamente, de momento no quemamos herejes en las plazas de los pueblos, pero el humo de las hogueras se alza por doquier en tertulias, whatsapps, facebooks, twitters y demás plazas virtuales modernas. Si es usted un disidente asqueado de esta pseudomoral actual de lo políticamente correcto, tenga cuidado de que estos fanáticos no se enteren o acabará oliendo a chamusquina.

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¿Deficitarios o deficientes?
Antonio Ochoa 21-04-2016 | 10:16 | 0

Leemos que el déficit de las autonomías sigue desbocado, que, en consecuencia, van a subirnos los impuestos y apenas soltamos un bufido de fastidio resignado. Sin embargo, es difícil ensartar tantos absurdos juntos en una sola frase, incluso en una tan estúpida como esa. ¿Qué déficit?, para empezar. ¡Cómo que déficit! ¿Qué clase de administradores gastan más de lo que ingresan? ¿Tanto daño ha hecho la LOGSE a este país que nadie se percata de que eso lleva inevitablemente a la ruina? ¿No nos damos cuenta de que, después de haber saqueado los ahorros de nuestros padres y malvendido nuestro estado del bienestar, ahora pretenden robarles el futuro a nuestros hijos? Y no es algo puntual. “Sigue” así porque, después de todos los sacrificios que nos han hecho tragar a los contribuyentes, los administradores no han hecho ni uno, ni piensan hacerlo.
Lo de las autonomías cae totalmente en el terreno de lo absurdo y sería un buen material para una comedia si no resultase una tragedia para los más necesitados, que son los que sufren las consecuencias. El que afirmó que descentralizando la administración se aumentaría su eficiencia debía estar pensando en algún otro país porque, en este, lo único que hizo fue multiplicar el coste y el nivel de corrupción. Donde antes había un solo Presidente del Gobierno con su correspondiente camarilla, ahora hay veinte presidentes y veinte camarillas peleándose entre ellas para ver quién se lleva el mayor trozo del pastel.
Así que, ¿van a subirnos los impuestos para controlar el déficit? ¡No fastidien! Mientras no se acabe con el despilfarro y la corrupción poco importa que aumenten los ingresos. Por mucha sidra que echemos en una barrica, nunca la llenaremos si no tapamos los agujeros. Y las “barricas” autonómicas, incluida la nuestra, tienen tantos “furacos” que más bien parecen nasas. El problema no es que la Administración sea deficitaria, es que los administradores son extremadamente deficientes. Eso es lo que tenemos que arreglar. ¡Dejémonos de “tiritas” y cortemos la hemorragia o lo tenemos claro!

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San Chuis
Antonio Ochoa 21-04-2016 | 6:46 | 0

Luce un sol frío de principios de primavera. Salgo desde Celón a dar un paseo y mis pies deciden por su cuenta la ruta, mientras mi cabeza salta de una cosa a otra, deteniéndose aquí y allí para tomar impulso. Subo, sólo y ocioso ahora, el camino que tantas veces recorrí, llevando a (o, las más de las veces, dejándome llevar por) las vacas. La vara que mi imaginación convertía en lanza, es ahora bastón de apoyo y las laderas que conocí como tierras de labor son todas ya pastos. Pero los árboles siguen ofreciéndome su sombra y no he olvidado donde encontrar los rebeyones, las moras y los endrinos cuando llegue su tiempo.
Acunado por los recuerdos, llego sin darme cuenta al cruce de El Freisno y tuerzo hacia San Martín, dejando a Pomar a mi izquierda. El agua de las recientes lluvias, acumulada en las rodadas de los tractores, me obliga a hacer un poco de equilibrismo sobre los muros. Pero el camino es llano y pronto alcanzo la pista que lleva al castro, a la que, por cierto, no vendría mal un repaso. Sigo subiendo y, tras las montañas cercanas, van apareciendo Tineo, la Fana de Xenestaza y el Cueto de Arbas, fácilmente reconocibles en la distancia. El horizonte se va ampliando y, cuando llego al pie de la muralla tras el corto pero empinado repecho final, abarca un buen trozo del suroccidente de Asturias. Decenas de pueblecitos se agolpan en las laderas, cercanos y familiares muchos, apenas perceptibles en la lejanía otros. No es de extrañar que este enclave hubiese sido escogido para vigilar las rutas del oro romanas.
Y, mientras paseo por las laberínticas callejas entre ruinas circulares, mi mente da otro salto atrás mucho mas largo y me pregunto cómo serían aquellos nuestros antepasados que las habitaron, si sus niños buscarían moras, rebeyones y endrinos como el niño que fui yo y si algún paseante futuro pasará un día junto a las ruinas de mi casa preguntándose lo mismo sobre mí.

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Hitos de carretera
Antonio Ochoa 02-04-2016 | 12:40 | 0

Si salimos de Cangas siguiendo el Narcea en cualquier dirección, podremos apreciar varios buenos ejemplos de las barbaridades que se han hecho en este país con el dinero público. Dirigiéndonos hacia el centro de la región, a mitad de camino encontraremos unas gigantescas columnas que sostienen aire, cortesía de D. Pepiño Blanco, y, pasando por debajo, un tramo de carretera específicamente diseñado para recaudar multas, cortesía de D. Tini Areces (personajes, por cierto, que aun nos representan en diferentes instituciones para nuestra inmensa vergüenza). Si ve que hacen como que trabajan en alguna de las columnas, es que se aproximan elecciones y, si le sacan una foto de doscientos o trescientos euros, es porque hay que mantener a los que las ganaron y a los que las perdieron.
Siguiendo el río en dirección a la Meseta, nos encontraremos con el túnel de El Rañadoiro que, con un coste poco mayor, podría haberse hecho bastante más abajo y servir para cualquier futura (aunque improbable, lo sé) mejora de la vía. En cambio, hicieron este que, si esa mejora llegase a realizase, habría que dejar para osera y excavar otro. Unos kilómetros más allá, llegaremos a una carretera privada llena de baches tan profundos que invita más a la exploración espeleológica que al tráfico rodado. Por qué se permite que una vía de comunicación tan vital sea todavía privada y esté tan llena de baches habrán de preguntárselo a los que nos han estado gobernando durante todos estos años. Pero quizás tenga algo que ver con ello su proyecto de convertir el centro de Asturias en una macrociudad y la periferia en una macroreserva natural para disfrute de “ecologistas” de fin de semana. Dejarán quedarse a unos cuantos microindígenas pintorescos para que den ambiente y atiendan a los señoritos. Pero no se preocupen, estarán estrechamente vigilados para que no puedan poner en peligro el montaje. Por favor, si me lee algún apache descendiente de Jerónimo, venga urgentemente a darnos unos cursos de supervivencia y resistencia al invasor. Los necesitamos.

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